Logroño - Nájera


Desde la iglesia de Santiago el Real de Logroño, el Camino de Santiago pasa por la vieja puerta del Revellín y atraviesa los barrios modernos de la ciudad siguiendo la avenida del Marqués de Murrieta.  

Durante algún tiempo La Rioja fue parte del Reino de Pamplona. Al pasar definitivamente al Reino de Castilla, se hizo evidente la necesidad de reforzar las defensas frente a la vecina Navarra. Por ello, durante la celebración de las Cortes de Carrión, en 1188, Alfonso VIII instó a las aldeas de los Corcuetos a que se unieran en una villa fuerte, Navarrete, a la que el mismo rey concedió el fuero de Logroño, en 1195. Coincide en los mismos años la fundación de la villa con la del hospital de peregrinos de San Juan de Acre, por María Rámirez y construido por su hijo Martín de Bastan, quien los entregó a la Orden de San Juan de Jerusalén. Hoy solo quedan las ruinas.

NAVARRETE

El Camino de Santiago estaba en pleno esplendor y su paso se estableció a través de la calle Mayor. El caserío de Navarrete ocupa un cerro llamado Tedeón, en cuya cúspide estaba el castillo. Las calles se extienden por la ladera oriental al sur como semicírculos concéntricos y en los adornos de sus casas más viejas es fácil descubrir motivos jacobeos. Una de las seis puertas del recinto amurallado recibió el nombre de Santiago. Fue villa de realengo hasta que en 1379 pasó al señorío del linaje castellano de los Manrique.

En la misma calle Mayor se alza la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XVI. En 1564, el papa Pío V concedió el jubileo perpetuo que podían ganar todos los que vinieran a ella cada 23 de mayo, fiesta conmemorativa de la batalla de Clavijo y de la aparición de Santiago. La iglesia medieval se alzaba en lo alto del cerro, junto al castillo. El templo actual se hizo siguiendo los dos gustos de la época, el renacentista y el gótico tardío. Al primero corresponde el entablamento que recorre los muros en el interior, y al segundo las bóvedas de crucería que cubren las tres naves. En 1598 se hizo el coro y en 1664 la portada, atribuida a Francisco Herrera el Mozo, pintor y arquitecto de la corte de Carlos II. Pero si algo destaca en el templo es el esplendoroso retablo barroco, uno de los mejores de todo el Camino de Santiago, realizado en 1702. Hay también un altar dedicado a las santas Justas y Rufina, patronas de los alfareros, que en buen número trabajan en la villa y que son los herederos de una producción de gran calidad que se remonta a los alfares romanos de Tricio.

Por debajo de la calle Mayor queda la calle Nueva, el paseo sigue entre los arcos pintorescos de los cocinos. Ya a la salida, la portada románica y dos ventanas del antiguo Hospital de San Juan se reaprovecharon como fachada del centenario.

IGLESIA DE VENTOSA

Ventosa se alza a los pies del alto de San Antón. La Iglesia de San Saturnino ocupa la parte más alta del pueblo. Este santo, primer obispo de Toulouse, es una de las devociones más vinculadas al Camino Francés. Ya existía con esta advocación en 1034, cuando se la menciona como dependencia de San Millán de la Cogolla. Veinte años después pasó a Santa María la Real de Nájera. La nave es del siglo XVI, cubierta con las bóvedas de crucería y, posteriormente, se añadieron el coro, del siglo XVII, y el crucero, del XVIII.

En el último tramo de esta etapa hasta Nájera, el Camino llega al Alto de San Antón, dicho nombre alude a un viejo hospital de peregrinos ya desaparecido que había en las inmediaciones, cruza la pasarela del río Yalde, entre Alesón y Huércanos.

CAMINO DE VENTOSA A NÁJERA

Nájera es una población de origen musulmán, Náxara, que significa en árabe "lugar de peñas", y a su río Naila le llamaron Naxarilla. En sus parajes tuvo lugar, según el Códice Calixtino la legendaria lucha entre Roldán y el gigante Ferragut, que tanto se prodigó en la iconografía románica.

Fue un punto fundamental para el avance de la reconquista. Fue tomada en 923 por Ordoño II de León en colaboración con Sancho I Garcés de Pamplona. Este último mandó reconstruir el castillo, incorporando la ciudad a su reino.

Sancho I incorporó también las tierras recuperadas en La Rioja junto con el Ducado de Cantabria y las donó a su hijo García I Sánchez, primer rey de Nájera luego también de Pamplona al morir su padre, con la denominación de Reino de Nájera-Pamplona.

Posteriormente, a lo largo de los siglos X y XI, se convirtió en la capital efectiva del extenso Reino de Nájera-Pamplona. La destrucción de Pamplona por Abderramán III, en 924, hizo que durante décadas fuera Nájera la resistencia preferida del rey y la Corte. En ella reinaron sucesivamente Sancho Garcés II Abarca, García Sánchez II el Temblón y Sancho Garcés III el Mayor.

Con este último monarca, denominado "Rex Hispaniarum", alcanzó Nájera la cima de su fama y esplendor, como capital de un gran imperio que abarcaba todas las tierras reconquistadas hasta el momento, y se extendía desde las costas de Galicia hasta el Condado de Barcelona y más allá de los Pirineos hasta Toulouse.

NÁJERA Y RÍO NAILA

En aquella época Nájera fue escenario de trascendentales acontecimientos en la historia de España. Aquí Sancho III celebró Cortes y otorgó el famoso Fuero de Nájera, origen de la legislación navarra y base del derecho nacional. Durante su reinado se acuñó en Nájera la primera moneda de la Reconquista, en ella se lee "Imperator in Naiara".

La ruta jacobea era en esa época una poderosa corriente revitalizadora, no sólo en el plano espiritual sino también en el cultural y en el económico. Sancho el Mayor desvió el trazado del Camino de Santiago para que pasara por Nájera. Favoreció las peregrinaciones a Santiago de Compostela, estableciendo alberguería y hospitales, y convirtiendo a la ciudad en punto clave de la ruta jacobea.

A la muerte de Sancho el Mayor, el vasto imperio se repartió entre sus hijos García, Fernando, Ramiro y Gonzalo, convirtiéndose Nájera en cuna de los Reinos de Navarra, Castilla y Aragón. En Nájera se quedó su primogénito, el rey García III el de Nájera, porque nació, vivió y fue enterrado en esta ciudad, y fue su gran benefactor. Fue un gran rey, típico representante de los monarcas medievales.

IGLESIA DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Después de reconquistar Calahorra fundó la Iglesia de Santa María la Real, tras el milagroso hallazgo de la imagen de la Virgen María que el propio monarca descubrió en una cueva durante una jornada de caza. Cerca de la nueva iglesia hizo construir una gran alberguería para atender a pobres y peregrinos.

La capitalidad compartida duró hasta 1076, cuando Nájera pasa a Castilla. Su rey, Alfonso VI, confirma los fueros que había concedido décadas antes Sancho III el Mayor. Facilitó la instalación de una comunidad benedictina dependiente de Cluny en Santa María la Real. Los monjes debieron convivir durante los siglos con los canónigos regulares del Cabildo. Esta convivencia y las relaciones con el obispado de Calahorra, que se vio desplazado de la sede najeriense, fueron difíciles y generaron no pocos pleitos. A partir de entonces, Nájera pasó a convertirse en residencia preferida de monarcas y nobles castellanos, y en testigo de sus disputas, intrigas y batallas.

Tras la breve posesión de Nájera por Alfonso I el Batallador, Alfonso VII el Emperador la recuperó para Castilla, en 1136, convocando en Nájera las Cortes de su reino dos años después. Finalmente, donó el Reino de Nájera a su hijo Sancho III el Deseado. Alfonso VIII el de las Navas, hijo del anterior y de Blanca de Navarra, también nacido en Nájera, anexionó definitivamente La Rioja a Castilla.
ESCUDOS DE LOS REINOS MEDIEVALES QUE HAN TOMADO NÁJERA
EN LA FACHADA PRINCIPAL DEL LA IGLESIA DE SANTA MARÍA LA REAL


Las malas relaciones con el obispado y la falta de nuevas donaciones están en el origen de una nueva época de crisis que llevó al borde de la ruina material a la iglesia de Santa María. La ciudad aún fue testigo de hechos notables, como la proclamación de Fernando III el Santo como rey de Castilla en 1217, o la célebre Batalla de Nájera en 1367 en la que los partidarios de Pedro I el Cruel vencieron a los de Enrique de Trastámara, que dos años después consiguió hacerse con la Corona castellana. El apoyo de la villa a Enrique hizo que este le concediera el privilegio de celebrar dos ferias anuales.

Juan II, en 1438, le concedió el título de ciudad, al que se sumó el de Muy Noble y Muy Leal, otorgado por Enrique IV. Este rey castellano donó el señorío de la ciudad en 1465 a Pedro Martínez de Lara obtuvo el señorío de la ciudad. Los Reyes Católicos confirmaron en esta donación en 1482 y le concedieron el título de duque de Nájera llamado "duque de Forte". El emperador Carlos I visitó Nájera tres veces y Felipe II una vez, de paso para las Cortes de Tarazona.

FERNANDO III EL SANTO, CORONADO REY DE CASTILLA Y LEÓN EN NÁJERA

Durante la guerra de la Independencia contra las tropas de Napoleón fue ocupada por los franceses, que confiscaron bienes e impusieron fuertes contribuciones a los najerinos, saqueando cuanto de valor material y artístico hallaron en la ciudad.

La ciudad, siguiendo el condicionante del Camino, se fue alargando entre el cerro y el río Najerilla, a base de ir adicionándose los sucesivos barrios al núcleo primitivo del Palacio del Rey y el área del Mercado. Al igual que de Logroño, Laffi se llevó una grata impresión de Nájera, dejando una exacta descripción de la situación topográfica de la misma:
"...aquí (Nájera) se ve uno de los mejores lugares que hay en estos países, puesto en una llanura, y pasa por mitad de él un río no grande, sobre el cual hay un grandioso puente. De la parte de poniente hay un altísimo monte, que cubre la población, de modo que la mitad de ella no es atacada de la lluvia, ni le da el sol más que por la mañana hasta mediodía. Es un lugar provisto de todo."

La riqueza de la ciudad permitía dar una buena acogida hospitalaria a los peregrinos. Además de lo que ya hemos visto comentado por Laffi en el siglo XVII, en este fragmento de Künig, dos siglos antes, su referencia es también muy favorable:
"Allí dan de grado por amor de Dios en los hospitales, y tienen todo lo que puedas apetecer. A excepción del hospital de Santiago, toda la gente es muy burlona. Las mujeres del hospital arman mucho ruido a los peregrinos, pero las raciones son muy buenas."

Antes de cruzar el río Najerilla, los peregrinos deben pasar por el barrio de San Fernando, así llamado por haber sido proclamado aquí rey Fernando III el Santo el 1 de mayo de 1218. La redificación del puente sobre el río Najeri se atribuye a san Juan de Ortega, en el siglo XII, pero nada queda del puente medieval, que tras muchas reparaciones fue sustituido por el actual en el siglo XIX. En 1886, fue sustituido por el actual. En este barrio se encuentra el convento de Santa Elena, del siglo XVII, en el que vive una comunidad de monjas clarisas.

El Hospital de la Cadena, en el barrio de San Fernando, existía ya en 1227, cuando María Pérez le legó sus bienes y ella misma ofreció su vida al cuidado de los pobres. En su origen fue una leprosería, por eso el nombre de Hospital de San Lázaro que ostentó en alguna época, que terminó por convertirse en hospital de peregrinos. Las descripciones del siglo XIX aportan una imagen de un edificio "de pobre aspecto y débil construcción, no contíene más que una pequeña y mal ventilada habitación".


MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA

Al otro lado del río, dentro ya de la ciudad, el primer edificio de interés que hay es la Iglesia parroquial de Santa Cruz, a donde se trasladó la capilla de la misma advocación que se encontraba en el monasterio de Santa María y que era atendida por los clérigos regulares. Es un templo de tres naves y crucero que se comenzó a construir en el siglo XVI pero que no se terminó hasta mediados del siglo XVII.

El Hospital de la Abadía o del Emperador, por el apoyo que le dio Alfonso VII, y su albergue del cual dependía fue fundado por el rey García, el cual instituyó que se acogiese en ella a los peregrinos enfermos y menesterosos "como si cada uno de ellos fuese Cristo en persona".

El Hospital de la Piedad es una fundación de 1648, llevada a cabo por una congregación de treinta y cuatro personas, que con su ayuda atendía seis camas.

El actual Monasterio de Santa María la Real de Nájera es el resultado de la reconstrucción de una iglesia anterior que fue fundada en 1052 por el rey García. Aquella iglesia pasó a depender de Cluny en 1075 durante el reinado de Alfonso VI. Tampoco se conserva la fábrica románica del edificio, ni siquiera el magnífico retablo de oro.

Este monasterio es un denso conjunto artístico de primera categoría. La iglesia se comenzó a construir en 1422 y las obras duraron casi un siglo. El resultado es un impresionante templo gótico de tres naves, crucero y triple cabecera, todo él cubierto con bóvedas de crucería. A los pies de la nave central se alza el coro, que conserva una magnífica sillería labrada en madera de nogal por los hermanos Amutio a finales del siglo XV y principios del XVI. Destaca, sobre la silla abacial, la gigantesca estatua marcial del fundador del monasterio, el rey García. Una amplia y rica iconografía se desarrolla en respaldos y misericordias.

SEPULCROS DE LOS REYES SANCHO Y BLANCA

Bajo el coro se encuentra el panteón real con los doce sepulcros de los reyes y reinas de Nájera-Pamplona. Fueron realizados en el siglo XVI y son especialmente interesantes los de los reyes fundadores, García y Estefanía, con estatuas orantes. Por el panteón se accede a la cueva excavada en la que el rey García halló la imagen de la Virgen según cuenta la leyenda. La que se venera ahora es la Virgen de la Rosa, procedente del desaparecido alcázar, fortaleza y palacio de los reyes que se encontraban entre el castillo y el barrio de Santa María. En un lateral está la capilla de la Santa Cruz, hoy panteón de infantes, junto al que se encuentra la tapa del sepulcro de doña Blanca de Navarra, del siglo XII, mujer de Sancho el Deseado, y que se trata de una obra maestra del arte románico funerario. En este panteón de sonoros nombres medievales, corresponde a reforma manierista con numerosas imágenes de reyes y nobles supuestamente aquí sepultados

Ya en el claustro, en el muro de la iglesia se encuentra el mausoleo de Diego López de Haro, del siglo XIII, y la puerta de San Juan de estilo plateresco. Las arquerías del claustro se decoran con tracerías platerescas finalmente labradas en piedra. Especialmente bella es la puerta de la Luna. En el lado norte se encuentra la capilla de la Vera Cruz y la puerta de Carlos I, que da paso a la Escalera Real, del XVI, y se cubre con una cúpula renacentista.
 SEPULCRO Y BLASÓN DE DIEGO LÓPEZ DE HARO, SEÑOR DE VIZCAYA

El edificio de la antigua cárcel del partido, que primeramente fue residencia del abad del monasterio de Santa María y botica, está ocupado actualmente por las salas del museo Najeriense, que expone piezas relacionadas con la arqueología, el arte y la cultura popular de Nájera y su comarca. Son muy interesantes los moldes para la elaboración de cerámica procedentes de Tricio, la antigua Tritium romana, que fue uno de los mayores centros de producción de Terra Sigillata Hispanica, y la colección de azulejos mudéjares procedentes del desaparecido alcázar de la ciudad, lujosa residencial real en la que se alojó varias veces Carlos I.

La salida de Nájera de la ruta jacobea discurre bajo los muros de Santa María la Real por una empinada cuesta entre las dos peñas que dan nombre a la ciudad. Desde lo alto y entre pinos el peregrino dejará la Nájera hospitalaria y descubrirá la planicie donde, no muy lejana, aparece Azofra, el siguiente hito del Camino Compostelano.

CAMINO DE SANTIAGO POR LA RIOJA

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