lunes, 31 de octubre de 2016

Juan de Rada


Capitán general y conquistador del Imperio inca durante la primera mitad del siglo XVI



Este Navarro participó en la conquista de México y Honduras con Hernán Cortés, y este último lo envió a Roma como su embajador ante el papa Clemente VII, llevándole "un rico presente de piedras ricas y joyas de oro, y dos indios maestros de jugar palo con los pies", según la crónica de Bernal Díaz del Castillo.

Estuvo diez días en Roma, en abril de 1529, al cabo de los cuales el Pontífice le obsequió una suma de ducados, una recomendación para que fuera nombrado capitán y le dieran una buena encomienda de indios, un memorial para Hernán Cortés y unas bulas perdonando a sus soldados los desmanes cometidos. E incluso el Papa lo hizo Conde palatino, esto es, un título nobiliario reconocido en el interior del palacio papal. Consiguió también que Clemente VII legitimara a tres hijos naturales de Hernán Cortés (Martín Cortés, Luis de Altamirano y Catalina Pizarro), le otorgara el patronato del Hospital de la Concepción o de Jesús, y los diezmos y primicias de las propiedades de Cortés para construir templos y hospitales, cosa ésta que la Corona no aceptó por atentar con lo convenido en el Regio Patronato.

Al retornar a México, ninguna de las recomendaciones hechas por el Papa a su favor le fueron concedidas, pues Cortés ya no mandaba en México. Decidió entonces pasar al Perú en la expedición de Pedro de Alvarado, que arribó a su destino en 1534. Cuando Alvarado prefirió retirarse y de vender su ejército a precio de oro a Diego de Almagro, Rada se quedó en el Perú, sumándose a los almagristas, siendo entonces hecho capitán.



EXPEDICIÓN DE DIEGO DE ALMAGRO A CHILE


Acompañó a Almagro en la expedición para el descubrimiento de Chile, y luego lo apoyó durante la Guerra Civil que culminó en la derrota almagrista en la batalla de las Salinas. Tras de la muerte de Diego de Almagro, se convirtió en tutor de su hijo Diego de Almagro el Mozo, reemplazando en dicha función a Diego de Alvarado. Por instigación de los pizarristas, tanto Almagro como Rada pasaron a establecerse en Lima.

Habiendo quedado reducido a la miseria los almagristas, estos también pasaron a Lima, juntándose en torno de Almagro el Mozo. Todos ellos, conocidos como los "Caballeros de la Capa", planearon asesinar a Francisco Pizarro, cansados de esperar la llegada del juez enviado por la Corona, Cristóbal Vaca de Castro, quien se demoraba debido a los temporales. Pero por consejo de Rada, tuvieron el cuidado de que el joven Almagro no participara directamente en el hecho, para evitar que corriera peligro.

Se cuenta a propósito una anécdota, según la cual Pizarro llamó a Rada para entrevistarse, produciéndose el encuentro en la huerta solariega de Pizarro. Éste preguntó a Rada si era cierto que andaba comprando armas para asesinarle. Rada respondió que, efectivamente, había comprado armas pero que era para su defensa, ya que corría el rumor de que el marqués había ordenado matar al juez Vaca de Castro y que pensaba hacer lo mismo con los almagristas. Pizarro, con rostro airado, replicó que todo eso era falso, ya que él, más que nadie, deseaba la llegada del juez para de una vez resolver las diferencias entre los conquistadores. Dicho ello, despidió a Rada, no sin antes regalarle unas naranjas que cortó de su huerto, que eran las primeras en brotar en suelo del Perú.



ASESINATO DE FRANCISCO PIZARRO A MANOS DE LOS ALMAGRISTAS,
SEGÚN UN GRABADO DEL SIGLO XIX. UNA VERSIÓN MUY EXTENDIDA ATRIBUYE A RADA LA ESTOCADA MORTAL EN LA GARGANTA, QUE ACABÓ CON LA VIDA DEL MARQUÉS GOBERNADOR.


En junio de 1541, los almagristas, encabezados por Rada, asaltaron la casa de Pizarro, vociferando “¡Muera el tirano!”. Como pretexto insinuaron que el marqués quería asesinar a Almagro el Mozo; tan solo pretendían adelantársele. Viendo que Pizarro se batía ardorosamente apoyado por unos cuantos fieles, Rada recurrió a una estrategia para doblegarlo: tomó a uno de sus propios correligionarios, de apellido Narváez, y lo empujó hacia Pizarro, quien lo atravesó con su espada, pero el peso del cuerpo lo hizo retroceder, lo que fue aprovechado por sus atacantes para rodearlo y matarle a estocadas. Se dice que fue Rada quien le dio la mortal estocada en el cuello al marqués, pero otros dos se disputan tal hazaña: Martín de Bilbao y Juan Balsa.

Muerto el marqués, Almagro el Mozo pasó a aposentarse en la casa de Pizarro y al poco tiempo fue reconocido por el Cabildo colonial como Gobernador del Perú, aunque todos sabían que Rada era quien realmente tenía las riendas del poder.

Cuando Pedro Álvarez Holguín alzó la bandera del rey en el Cuzco, Almagro el Mozo y los suyos abandonaron Lima y se adentraron a la sierra, en busca de sus adversarios. Rada le siguió, ya investido como capitán general, pero empezó a sentirse mal de salud en Huarochirí. Era ya por entonces un hombre de avanzada edad. Algunos atribuyeron el origen de su enfermedad a un veneno que le había suministrado Juan Balsa, aunque Pedro Pizarro, el cronista, sostuvo que ese mal era solo consecuencia de un golpe en la pierna que le ocurrió a Rada cuando acudió a matar a Pizarro. Lo cierto es que Rada se vio obligado a renunciar al mando, aconsejando a Almagro que eligiera como su sucesor a García de Alvarado o a Cristóbal de Sotelo. Llegado a Jauja, Rada empeoró a tal grado que ya no pudo continuar el viaje al Cuzco; poco después falleció en 1541.



ASESINATO DE FRANCISCO PIZARRO

viernes, 28 de octubre de 2016

Los mitos del nacionalismo vasco, por José Díaz Herrera

 
 
 
Los mitos del nacionalismo vasco. De la Guerra Civil a la Secesión
José Diaz Herrera, Editorial Planeta, Barcelona (2005), 887 páginas, prólogo de César Vidal
 
Traición del nacionalismo vasco en la Guerra Civil
 
Una ambivalencia del nacionalismo vasco se remonta ya a la Segunda República y la Guerra Civil. Tras el fracaso de la negociación con el primer gobierno republicano para conseguir un estatuto, pactaron con el general Orgaz la organización de un golpe de estado que al final no llegó a intentarse. Ya en plena Guerra Civil lograban la aprobación del Estatuto, que Díaz Herrera considera ilegal, ya que "es aprobado con el voto de cincuenta diputados de la Cámara, cuando se necesita un quórum de dos tercios de un Parlamento de 450". Poco antes habían estado negociando con Franco, aunque las conversaciones acabaron en fracaso. Ya durante el conflicto, el comportamiento del PNV no sería en absoluto leal a la República, según el autor. Y es que "durante los tres primeros meses de la Guerra Civil no hicieron nada". Más tarde, cuando el PNV había "facilitado la caída del frente norte frente a Franco", Aguirre y Prieto pactaron que los nacionalistas contribuyeran en la defensa de Cantabria, mientras el Ejército republicano lanzaba una ofensiva en Belchite con el objetivo de distraer las fuerzas nacionales y detener el avance de Franco en el norte, lo que permitiría llegar al invierno, cuando los avances eran más costosos.
 
La batalla de Belchite se libró, con 32.000 bajas por parte del ejército republicano. Pero los nacionalistas vascos no cumplieron su parte. Estuvieron negociando con los italianos, que avanzaban hacia Santoña, donde estaban las fuerzas vascas. Cuando llegó el CTV enviado por Mussolini, los vascos se rindieron, en una nueva contribución a la caída del frente norte ante los nacionales. A este episodio dedica José Díaz Herrera un capítulo de los 26 que forman el libro. Con ello quiere destruir "el mito de los valientes vascos que lucharon con arrojo para defender la democracia", que en cualquier caso ya había sido destruida por ambos bandos. Una vez acabada la Guerra Civil, el PNV se planteó llegar a un acuerdo con los carlistas navarros, que se habían sumado como un hombre al bando nacional, "porque creían que estaban ya en contra de Franco y se volvían a centrar en el Foralismo". También quiere desmontar "el mito de que los vascos fueron siempre víctimas, nunca verdugos", incidiendo en que, por ejemplo, si bien el bando franquista mató a quince curas, los nacionalistas acabaron con la vida de 45 sacerdotes.
 
 
ETA y el PNV
 
Esta ambivalencia del Nacionalismo vasco, que le llevó a pactar con un bando y otro de la Guerra Civil y de la II Guerra Mundial es fruto de lo que José Díaz Herrera considera "una concepción totalitaria y mesiánica del poder", que tiene siempre el mismo objetivo, la creación de un Estado independiente vasco. A ese objetivo "sacrifican cualquier otro valor, como lograr una sociedad con valores modernos y progresistas".
 
En opinión del autor, una prueba de que el objetivo último del Nacionalismo justifica cualquier otra consideración es que "ETA ha salido de las entrañas del PNV, con el que nunca ha roto el cordón umbilical" y que la banda asesina y el Nacionalismo "son lo mismo". En el libro vienen detallados varios episodios en los que se pone de manifiesto la estrecha relación entre el partido nacionalista vasco y la banda terrorista. Apenas dos años después de formada la banda asesina, son detenidos 150 etarras. El lehendakari en el exilio José María Leizaola, envió un telegrama al Departamento de Estado de EE.UU. en el que se lamentaba de que el gobierno de Franco hubiera "detenido a 150 patriotas vascos" que son "militantes nuestros". En esos momentos el PNV "pone a disposición del la ETA a 300 jóvenes" de su organización. En otra ocasión se encontraba fuera de España con Tarradellas, que le recriminó al político vasco su relación con los terroristas, y le advertía que al final "el PNV acabaría siendo rehén de los terroristas". Leizaola le respondió "tú ocúpate de lo vuestro, que nosotros nos ocuparemos de lo nuestro".
 
 
Cupo, clientelismo y democracia
 
Una de las principales aportaciones del libro, según el propio autor, es el análisis histórico y económico del concierto económico y del cupo vasco. Según Díaz Herrera, los vascos "no han hecho una contribución fiscal al resto de España" ni antes de la primera verdadera reforma fiscal, de 1965, ni después con la llegada de la democracia. El cupo calcula la aportación del País Vasco al PIB nacional y aplican el mismo porcentaje a la contribución que hacen al fisco. Pero "hay de 450 a 500 servicios que provee el Estado y que la autonomía vasca no paga". Ello supone un privilegio del País Vasco, que "está viviendo del saqueo constante al Estado central". Una sobrefinanciación que permite que la policía autonómica vasca, por ejemplo, pueda pagar "sueldos de 100.000 pesetas más que los policías nacionales". El dinero con el que no se contribuye al resto de España se crea "toda una red de clientelismo que no permite desbancar del poder al PNV". José Díaz Herrera propone acabar con el cupo y con el concierto económico, preguntándose "¿Porqué tiene que haber discriminaciones?".
 

lunes, 24 de octubre de 2016

Expedición naval para invadir Inglaterra en 1588: la "Armada Invencible"


Armada Invencible es el nombre de la Grandísima y Felicísima Armada española enviada por Felipe II para invadir Inglaterra en el año 1588.


La reina británica Isabel I, contraria a España, había favorecido a los rebeldes de los Países Bajos: firmó con ellos un tratado de ayuda militar a cambio de la presencia de sus tropas en Holanda. En ese mismo año, el corso entre España y Las Indias se recrudeció y, en mayo, Felipe II ordenó la captura de todas las naves inglesas ancladas en puertos españoles. En septiembre, Francis Drake inició una campaña de ataque sistemático a las colonias españolas del área del Caribe.

La invasión de Inglaterra por parte de la Armada tenía como finalidad la dominación de la rebelión en Flandes y terminar con la piratería de los corsarios ingleses que tanto perjuicio causaban a los buques españoles.
Felipe II ordenó la construcción de una gran armada, despertando una gran actividad febril en los astilleros y puertos de Guipúzcoa y Vizcaya, que aportan naves, aparejos, artillería y municiones, capitanes, marinos, tripulaciones y guarniciones.

La gran armada constituida por 130 naves, 2.000 cañones, 30.000 soldados de infantería y 500 soldados a caballo, salió del puerto de Lisboa en mayo de 1588. Una serie de tempestades hicieron que la marcha fuera lenta y bordeando con dificultades la costa hasta La Coruña.

Las Armadas Guipuzcoana y Vizcaína participaron en aquel intento de asalto, de la mano de Juan Martínez de Recalde y Miguel de Oquendo, como capitanes de sendas armadas. Junto a ellos, otro el bilbaíno Martín de Bertendona capitanea la Armada de Levante.

Juan Martínez de Recalde es segundo jefe de la expedición, por detrás del duque Medina Sidonia, pero tiene a su mando las Escuadras de Oquendo y Bertendona, la nao capitana es la San Ana.

Miles de soldados y marinos vascos se encuentran en las armadas de Guipúzcoa y Vizcaya, gentes de Bermeno, Sopelana, Guecho, Plencia, San Sebastián Zarauz, Fuenterrabía, Pasajes y Zumaya. Lo mejor de la marinería vasca se vuelva con la empresa de derrotar al enemigo inglés y ocupar su territorio.


La Armada Invencible salió del puerto de La Coruña el 22 de julio de 1588 en dirección al Canal de la Mancha, donde llegan un semana después.

Tras ser hostigada la Armada por las naves inglesas en el Canal de la Mancha, el primer enfrentamiento serio con los ingleses ocurrió a la altura de Calais, el 31 de julio. La armada inglesa está al mando del almirante Howard y Francis Drake. Los ingleses utilizan bancos incendiarios, y otras tretas y estratagemas.

Poco más tarde, frente a Gravelinas, se desata un terrible tormenta hace dispersar la flota causando grandes destrozos. El furioso temporal dura once días. Los vientos impulsaron hacia el Norte a los restos de la escuadra que, ante la imposibilidad de volver al Canal y acudir al encuentro de Farnesio en Holanda. Por otra parte, las tropas de Farnesio no llegan a tiempo a las costas de Flandes según lo planeado.

Finalmente se opta por un largo y duro regreso rodeando las islas Británicas. Recalde agrupa las naos dispersas. Nuevas tormentas, a la altura de Irlanda, remataron el desastre. Aun así algo más del 50% de las embarcaciones (67) logró llegar al puerto de Santander. La gran mayoría de las naves que se perdieron fue debida a las inclemencias meteorológicas y sus elementos, y no a la fuerza de combate inglés.


Armada de Vizcaya, capitán general Juan Martínez de Recalde, compuesta de 14 navíos (10 naos y 4 pataches), 1200 marineros, 2000 soldados y 250 piezas de artillería:
Santa Ana
El Gran Grin
Santiago
La Concepción de Zubelzu
La Concepción de Juanes del Cano
La Magdalena
San Juan
La María Juan
La Manuela
Santa María de Monte-Mayor
Patax la María de Aguirre
Patax la Isabela
Patax de Miguel Suso
Patax San Esteban

Armada de Guipúzcoa, capitán general Miguel de Oquendo, compuesta por 12 navíos, y otros 2.600 hombres:
Santa Ana
Nuestra Señora de la Rosa
San Salvador
San Esteban
Santa Marta
Santa Bárbara
San Buenaventura
La María San Juan
Santa Cruz
La urca Doncella
Patax la Asunción
Patax San Bernabé

Armada de Levante, capitán Martín de Bertendona (10 navíos)

Armada de Castilla, general Diego Flores de Valdés (16 navíos)

Armada de Portugal, bajo el cargo del Duque de Medina-Sidonia (12 navíos)

Armada de Andalucía, capitán general Pedro de Valdés (11 navíos)


Las pérdidas españolas fueron cuantiosas en hombres, naves y, sobre todo, en marinos experimentados. Tras esta batalla, si bien España lo conservó aún durante varias décadas, comenzó el declive de su dominio marítimo, que sería heredado por los ingleses.

Tras el fracaso de la Armada, Felipe II y su gobierno se aseguraron de que todos sus soldados y marineros fueran adecuadamente recompensados por sus servicios. Se enteraron de que algunos veteranos estaban siendo despedidos sin recibir sus pagas convenientemente, ante lo que el rey dictaminó lo siguiente:
"Esto es contra la charidad christiana y muy ageno de mi intención, que ha sido y es no sólo de que los que me han servido y sirven sean pagados de lo que han de haver, pero gratificados en lo que hubiere lugar."

Como contraste, el gobierno inglés se desentendió de los soldados que cavaban de defender Inglaterra ante la invasión de sus enemigos y se negó a compensar a los heridos y enfermos, teniendo los comandantes que hacerse cargo de sus propios hombres ante el desinterés gubernamental. Confiaban en que (como escribió el ministro Burghley) "por muerto o por enfermedad, o algo parecido (…) podamos ahorrarnos algo de la paga general".

Los historiadores ingleses Colin Martin y Geoffrey Parker han escrito al respecto:
"(Bughley) tenía intenciones de que esos desafortunados no recibieran nada por su participación en la derrota de la Armada española (…). Quienes habían contraído enfermedades o habían sido heridos durante la campaña de 1588 quedaron abandonados a la caridad individual de sus capitanes o de las ciudades donde fueron desembarcados. Quizás sólo la mitad de los hombres que lucharon por Inglaterra en 1588 vivieron para celebrar las Navidades siguientes."

Sin embargo, España y Felipe II han pasado a la historia como los tiranos, e Inglaterra e Isabel como los defensores de la justicia. Y los mismos españoles han acabado creyéndose esta visión de su historia, teniendo que esperar a las últimas décadas para empezar a ver publicados trabajos en los que la historia de la España de aquellos días es presentada a la luz del conocimiento sin prejuicios… principalmente de manos de historiadores ingleses.

viernes, 21 de octubre de 2016

Tomás de Endaya


Fue general y maestro de campo de las islas Filipinas, comerciante, constructor naval, y alcalde de Manila a finales del siglo XVII y principios del XVIII
 




Nacido en Orio, Guipúzcoa, en el siglo XVII, en Orio, aunque otras fuentes aseguran que Tomás de Endaya lo hizo en San Sebastián.
 
Llegó a las islas Filipinas en 1669, después de haber estado sirviendo como soldado en España. Durante su estancia de más de tres décadas en las islas Filipinas llegó a ser capitán a guerra de la provincia de Bay, dos veces alcalde de Manila, varias veces teniente de gobernador y capitán general de diversas provincias de las islas Filipinas.
 
Dentro del archipiélago, consiguió, por sus propios méritos, todos los grados que median entre el puesto de soldado sencillo con que empezó y el de maestre de campo general.
 
Con su eficiencia y capacidad de gestión se ganó la confianza de las autoridades superiores y, al mismo tiempo que fue ascendiendo en el escalafón militar. Se le fueron encomendando tareas que, aunque relacionadas indirectamente con el comercio, le pusieron en contacto con marineros, carpinteros, labradores que serían más tarde una de las bases sobre la que asentaría su influencia comercial.

Actividades que iban desde el aprovisionamiento de trigo en la Laguna de Bay para las travesías de los galeones, hasta de los cortes de madera para la construcción de barcos, convirtieron a Tomás de Endaya en el regidor interino de esta región en 1679.

Con el tiempo, llegó a ser en tres ocasiones (años 1670, 1677 y 1681) el general de galeras de la Carrera del mar del Sur, controlando el comercio filipino con el Virreinato de la Nueva España. Supo extender su poder sobre el el reparto de la carga de los barcos que hacía la ruta comercial de la Carrera de Indias Orientales, entre Manila y Acapulco, enriqueciéndose con gran rapidez y concentraron los beneficios en unos pocos.
 
En 1691 fue nombrado maestre de campo de Filipinas con un sueldo de 1.000 pesos anuales.


GALEÓN ESPAÑOL DEL SIGLO XVII


También se distinguió en la construcción de buques. En 1694, por orden del el gobernador de Filipinas, Fausto Cruzat, construyó el galeón San José, el más grande que se había hecho en las islas hasta el momento, ante el asombro de todo el mundo. Se botó en Cavite en menos de nueve meses desde el inicio de su fabricación, lo que generó alguna polémica por las duras condiciones laborales de sus trabajadores. Al poco tiempo, el galeón quedó destrozado en la costa de Lubang por causa de un potente tifón, y más de 400 personas murieron ahogadas.
 
En la propuesta de candidatos que presentaba el gobernador Gabriel de Curucelaegui recomendaba en primer lugar a Endaya y afirmaba que era "un sujeto a todas luces benemérito y que pudiera lucir mejor a vista de vuestra majestad en España que en Filipinas".
 
Supo ganarse el favoritismo de gobernadores filipinos como Juan de Vargas, de Gabriel de Curucelaegui y de Fausto Cruzat, pero también la pérdida de influencia con Domingo de Zabalburu. Las redes políticas y familiares que había conseguido establecer permitieron conservar su prestigio y patrimonio gracias a comienzos del siglo XVIII. Sus protegidos y familiares como José Pestaña, Miguel de Elorriaga, Pedro de Abendaño y José de Aguirre fueron ascendiendo en la escala social por otras vías, lo que finalmente repercutió en el acaparamiento de gran parte de la carga del galeón y de importantes cargos y oficios de la ciudad.
 
Miguel de Elorriaga, casado con una sobrina de Tomás de Endaya, y que había llegado como piloto a Filipinas, fue nombrado general de galeras por recomendación de su suegro, Bernardo de Endaya.
 
El gran aliado comercial de Tomás de Endaya fue Francisco de Atienza Ibáñez. Desde 1680, establecieron estrategias que controlaban las redes comerciales, acaparando el reparto de boletas, la carga del galeón y la venta de productos en Acapulco, la India, Siam o Mindanao.
 
El hermano de Tomás, Bernardo de Endaya, pudo ascender en la sociedad de Manila gracias matrimoniar con la hija de una de las familias más poderosas y a situarle varias veces como cargador de la nao de Acapulco y general de galeras.
 
En 1708, Tomás de Endaya recibió mediante carta el agradecimiento rey Felipe V por haber acogido en su casa a los misioneros apostólicos de una expedición avengelizadora a China.
 
Fueron las acusaciones del gobernador Gabriel de Curucelaegui sobre tráfico ilícito y prácticas monopolísticas, además de fraude a la hacienda real, las causas que le llevaron a Tomás de Endaya a perder su fortuna y regresar a la España peninsular. Por eso, su último cargo militar fue el de capitán general de Canarias en 1712.
 
Su hijo, Manuel de Endaya, fue obispo de Oviedo.

lunes, 17 de octubre de 2016

Vasconia visigoda

 
Durante el establecimiento del Reino Hispano-visigodo, la mayor parte del territorio de las actuales Euskadi y Navarra fue integrado en el mismo, especialmente los de la actual Álava y gran parte de Navarra, pues eran las de mayor peso demográfico, económico y cultural. Sólo permaneció al margen de la estructura estatal visigoda la vertiente norte de las actuales provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra, poco pobladas y mucho más atrasadas en los aspectos cultural y económico.

El hecho de que no existiese un poder político firme y estable en estas zonas no significa ni unidad étnica de los habitantes ni unidad política, pues si no existió una estatalidad visigoda claramente establecida en el Reino Hispano-visigodo, menos aún existió un poder único y centralizador vascón.

Las zonas llanas de la futura Navarra se dedicaron a la agricultura administradas por grandes propiedades, no sin mano de obra esclava. La Romanización fue más intensa en los Valles del Aragón, Arga y Ega. Al norte de estos territorios vivían sociedades aferradas a sistemas sociales gentilicios, que practicaban el pastoreo y una agricultura quizá en la fase de recogida simple de alimentos; es decir, en una fase posiblemente muy similar a la que habían conocido los cántabros antes sus contactos con Roma.

Esta situación explica las frecuentes irrupciones depredatorias que durante los comienzos de la Edad Media realizaron al sur. La crisis política junto a la crisis económica y social que afectaron al mundo romano a partir del siglo III provocaron el desmoronamiento del aparato político-administrativo romano, la desaparición de las formas romanizadoras, el afianzamiento del elemento rural vascón y de sus formas triviales.

CONCILIO DE TOLEDO, CÓDICE VIRGILIANO
 

La ciudad de Victoriaco (Vitoria) fue refundada por Leovigildo, mientras que Ologicus (Olite) fue fundada por Suintila. La ciudad de Pompelon (Pamplona) fue la más importante del dominio godo en la zona, aportando esta diócesis, sus obispos a los concilios nacionales y provinciales: III de Toledo (589), II de Zaragoza (592), XII de Toledo (681), XIII de Toledo (683) y XVI de Toledo (693); mientras que los vascones al norte de los Pirineos enviaron sus obispos a Dax y Olorón a los concilios de Agde (506), Orleans (541 y 549), Mâcon (549), París (573 y 614) y Burdeos (662).

De igual manera que en la Antigüedad fue una importante ciudad hispanorromana, Pamplona fue durante esos siglos una importante ciudad hispano-goda, fortaleza resistente contra las expediciones de saqueo llevadas a cabo por bandas guerreras provenientes de las zonas montañosas septentrionales, entre las que estaban los vascones. Así lo demuestra el De laude Pampilone, un escrito descriptivo y laudatorio de la ciudad.

Además de Pamplona, las ciudades de Calagurris y Cascantum, al sur del Ebro, y Tarazona en el centro de Tarraconensis, mantuvieron sus obispados, continuando con su herencia cristiana.

Algunas otras ciudades del valle del Ebro como Vareia, Curnonium, Ergavia y Graccuris, del centro y oeste como Andelos, Tarraga y Araceli, y del este del como Iluberri y Cara debieron subsistir, aunque de menor su importancia y dependiendo administrativamente de otras ciudades con obispados.

Pero los godos no habían pretendido ocupar el territorio euskaldún, como los romanos en parte, sino simplemente reprimir las rebeliones de aquellas tribus inquietas. Estas, en ocasiones, se lanzaban a las llanuras alavesas y a las zonas costeras cantábricas en un intento de conquista considerado por historiadores (Caro Baroja, Sánchez Albornoz o Menéndez Pidal por ejemplo) como el primer episodio de la vasconización del actual País Vasco, es decir, las antiguas tierras de las tribus celtas de várdulos, caristios y autrigones.

Todo este proceso se produjo en los siglos VI y VII, tras la caída del Imperio romano de Occidente. Por el otro lado del Pirineo la vasconización también se produjo hacia el norte, es decir, hacía el territorio dominado por los francos. Descendiendo a los llanos del Adour y del Garona, vasconizaron la región francesa que a partir de entonces se llamaría Gascuña (Vasconia). De modo efectivo, esta influencia se consolidó hasta Bayona, puerto vasco por excelencia durante la Edad Media.

 

LA CONVERSIÓN DE RECAREDO, POR MUÑOZ DEGRAIN

De esta primera colonización de las tres provincia Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, los lingüistas aseguran que provienen los muy escasos topónimos en –ain y que de una segunda colonización, en torno el siglo X, vienen los nombres en –uri y algunos en –oz, también muy escasos. Mientras, en el sur de Francia hasta el Garona se imponían los sufijos en –ac, muestra de la lengua de oc. Estas grandes diferencias toponímicas prueban la diferencia esencial entre el núcleo vascón del norte de Navarra y las zonas vasconizadas (Vascongadas) en la Edad Media.

Resulta muy interesante ver las poblaciones del País Vasco cuyos nombres demuestran que las colonizaciones vasconas de los siglo VI y X tuvieron escasa incidencia en ellos, siendo muy superior la toponimia de base celtíbera y mayor aún, la posterior, romanizante o latina y de base castellana. Por ejemplo en Álava, de 420 poblaciones sólo hay 2 con sufijo –uri, 3 con –ain y 1 con –oz. En Guipúzcoa, de 90 poblaciones hay 5 terminan en –ain, y en Vizcaya, de 119 sólo hay 3 en –uri, de la colonización del siglo X. En cambio, en Navarra hay 69 con sufijo –ain y 48 con oz.
 
Por otra parte, la palabra "vasco" no aparece en Francia hasta las crónicas de San Gregorio de Tours, en el siglo VI, y en España hasta las cartas del obispo Tajón de Zaragoza. Para los francos no hubo más vascos que los de España, como se comprueba en las cartas del poeta bordelés Ausonio a San Paulino de Nola, en las cuales se reconoce la victoria vascona sobre los francos del duque Bladastes, seguida de la invasión de Aquitania, es decir, parte de la región que los romanos llamaron Novempopulania.

 
HISPANIA AÑO 700, ANTES DE LA INVASIÓN

viernes, 14 de octubre de 2016

Documentos sobre Blas de Lezo y el sitio de Cartagena de Indias en lengua inglesa


El Reino Unido trató de ocultar la derrota naval más humillante que sufrió su real flota en toda su historia. En un principio el almirante Edward Vernon envió emisarios a relatar su victoria tras las primeras operaciones del enfrentamiento. En Londres, la noticia fue celebrada con fiestas, se acuñaron medallas conmemorativas y se prepararon para recibir a Vernon como un héroe.

Pero la supuesta victoria nunca aconteció, y Blas de Lezo obligó a la inmensa flota a retirarse. El rey Jorge II sintió tanta vergüenza que ordenó a sus cronistas que no relatasen nada referente a dicha efeméride militar. Para Gran Bretaña nunca ha existido oficialmente, de hecho, en la cartela del retrato de Edward Vernon expuesto en el National Maritime Museum de Greenwich figura un relato de las victorias del almirante inglés sin mención alguna de lo ocurrido en Cartagena de Indias en 1741.



A VIEW OF CARTAGENA WITH THE SEVERAL DISPOTIONS OF THE BRITISH FLEET UNDER THE COMMAND OF ADMIRAL VERNON, POR ISAAC BASIRE (1741)


Pero, a pesar del intento de los británicos de borrar cualquier referencia escrita sobre su peor derrota naval de la historia, existen algunas fuentes que permiten obtener una visión inglesa de la batalla. Es el caso Tobias Smollet, autor de una de las principales obras de la literatura inglesa clásica The Adventures of Roderick Random (Las aventuras de Roderick Ramson), publicada en 1748, traducida al español por Carlos Llorach y editada por Editorial Montesinos. Este literato anglosajón fue cirujano de la Royal Navy y participante en la batalla de Cartagena de Indias, quien dejó escrito en un relato autobiográfico una visión de aquella efeméride bastante crítica con el mando inglés.

El documento Authentic Papers relating to the expedition against Carthagena: Being the resolutions of the councils of war, fue editado en en 1744, en Londres, por L. Raymond. En él transcribió las resoluciones de los consejos de guerra que se hicieron después de la expedición inglesa contra Cartagena de Indias, tanto a oficiales de tierra como de mar e incluye copias de las cartas entre el almirante Vernon y el general Wentworth y entre el almirante y el “Gobernador de Cartagena”.

Otro documento anterior a este, editado en Londres en 1743 por M. Cooper, An account of the expedition to Carthagena with explanatory Notes and observations, intenta exponer la expedición a Cartagena con notas explicativas y observaciones.

Una investigación de un colombiano, Alberto Henrrique Torres, publicado en Cartagena de Indias en 1955 por la editorial Casanalpe, se basa en fuentes anglosajonas para la descripción de la batalla. Su Homenaje a Don Blas de Lezo. El último biógrafo del Almirante Edward Vernon. Una visión inglesa de su asalto a Cartagena de Indias, es posiblemente la única obra biográfica de Blas de Lezo y el sitio de Cartagena de Indias escrito en español pero basado en textos ingleses.

Otras investigaciones interesantes escritas en lengua inglesa, incluso francesa, fueron:

- Admiral Vernon and the Navy, por Douglas Ford, en Londres en 1907.

- Blas de Lezo, por Frederic Miller, para Alphascript Publishing, en 2010.

- True Account of Admiral Vernon’s conduit of Cartagena, por John Pembroke, reeditada por James A. Michener para la publicación estadounidense Caribbean, en el estado de Maryland en 1990.

- Repertoire des navires de guerre français, por Jacques Vichot, destaca como gran reportaje en lengua francesa, editado en 1976 para la Association Des Amis Des Musees De La Marine.


GRABADO DE UN MAPA DEL ALMIRANTE VERNON DEL SIGLO XVIII


Esta es una relación de diferentes documentos y publicaciones en lengua inglesa expuestos de forma cronológica:

The Conduct of Admiral Vernon Examined and Vindicated (1741)

An Account of the Expedition to Carthagena (1743)

Authentic Papers Relating to the Expedition to Carthagena (1744)

Journal of the Expedition to Carthagena (1744)

Original Papers Relating to the Expedition to Carthagena (1744)

The Adventures of Roderick Random (1748)

An Account of the Expedition Against Cartagena (1757)

The Life of Admiral Vernon by an Impartial Hand (1758)

An Account of the Expedition to the West Indies (1759)

The Naval History of Great Britain (1779)

Naval and Military Memoirs (1804)

The Naval History of Great Britain (1818)

A Memorial of Admiral Vernon (1861)

Admiral Vernon and the Navy (1907)

The Attack upon the Spanish Main by Admiral Vernon (1908)

A History of the British Army (1910)

Admiral Vernon’s Medals (1918-1919)

The Navy in the War of 1739-1748 (1920)

War and Trade in the West Indies (1936)

John Morris and the Carthagena Expedition, 1739-1740 (1940)

The Cartagena Expedition: Evacuation Two Centuries Ago (1941)

The Angry Admiral: The Later Career of Edward Vernon, Admiral of the White (1953)

The Vernon Papers (1958)

The Defeat of Admiral Vernon at Cartagena (1963)

War at Sea in the West Indies, 1739-1748 (1963)

The War of Jenkins’ Ear: A New Voice in the Wentworth-Vernon Debate (1967)

Health and Military Factors in Vernon’s Failure at Cartagena (1992)

Amphibious Warfare in the Eighteenth Century: The British Expedition to the West Indies 1740-1742 (1993)

The Emergence of Britain’s Global Naval Supremacy: The War of 1739-1748 (2010)



ESCULTURA DE BLAS DE LEZO
EN LA FACHADA DE LA DIPUTACIÓN FORAL DE GUIPÚZCOA

lunes, 10 de octubre de 2016

Martín de la Ascensión Aguirre


Misionero en Japón, uno de los llamados 26 mártires de Nagasaki




Nació en Beasáin, Navarra, en 1567. Martín de Loinaz y Amunabarro estudió filosofía y teología en la Universidad de Alcalá. Fue admitido en la Orden de los Hermanos Menores en 1585, en el convento de San Bernardino de Madrid.

Ordenado sacerdote, solicitó ir a misiones, y, del convento del Santo Angel de Alcalá, fue enviado a México (1590), donde se le encomendó enseñar filosofía y teología en el convento de Churubusco; luego fue trasladado a Filipinas, y enseñó en Luzón.

En 1595, fray Martín, junto con su alumno Francisco Blanco, fue enviado a las misiones del Japón, donde desempeñó, gran actividad apostólica y asistencial en Meaco, luego en Osaka, donde fue guardián. A fines del mismo año se desató la persecución y Martín fue arrestado con 3 terciarios franciscanos: Joaquín Saccakibara, Tomás y Antonio Kosaki, respectivamente de 15 y de 13 años.

Con los jesuitas Santiago Kisai, Pablo Miki y Juan Soan de Goto fueron llevados a Meaco, donde ya estaban presos otros cristianos. Les cortaron la oreja izquierda y luego fueron expuestos a las burlas de las gentes de las ciudades y pueblos por donde pasaban en camino a Nagasaki. Allí fueron crucificados con otros 25 compañeros.

El 5 de febrero de 1597 en Nagasaki murieron crucificados 6 religiosos hermanos menores y 17 terciarios franciscanos. Era el final de un largo calvario recorrido por ciudades y regiones entre suplicios de diverso género y recepciones triunfales por parte de cristianos y paganos. A pesar de la dureza de la persecución contra la Iglesia, desencadenada por instigación de los bonzos, no se cerró la época de la asombrosa difusión del cristianismo en el Japón.


MARTÍN DE LA ASCENSIÓN EN NAGASAKI

MONUMENTO A LOS 26 MÁRTIRES EN NAGASAKI

Mártir del Japón, sacerdote de la Primera Orden y Canonizado por Pío IX el 8 junio 1862. 
San Martín de la Ascensión, de Guipúzcoa, treinta años. Dicen que su pureza era muy grande, tal vez por eso cantaba tanto. A pie se fue hasta Sevilla cuando recibió la orden de partir para Filipinas, y en el viejo convento de la plaza de San Francisco se repartía con un compañero las horas de la noche para llenarlas de oración. Su apostolado en Japón, en Osaka, fue breve, su muerte espléndida.
P.Diego Yuki, SJ., Director del Museo de los 26 mártires La Colina de los Mártires Nagasaki

ESTATUA A SAN MARTÍN DE ASCENSIÓN EN BEASAIN

viernes, 7 de octubre de 2016

Monumento a Íñigo López de Loyola



El monumento a Íñigo López de Loyola es una escultura del catalán Joan Flotats tallada en bronce, que fue instalada en los primeros años del siglo XX en la avenida de San Ignacio, a poca distancia del Palacio de la Diputación. Esta pieza se emplazó a la entrada de la casa natal de San Ignacio en el Santuario de Loyola, en Azpeitia.

En 1950, el escultor Áureo Rebolé realizó una copia en argamasa y piedra artificial del bronce original, sustituyendo a la anterior, que a su vez fue sustituida en 2005 por un grupo en bronce, que sigue fielmente el modelo original de Joan Flotats. 


Esta obra conmemora el lugar y el momento en que Íñigo López de Loyola cayó herido en la defensa del castillo de Santiago durante la Guerra de Navarra. Compuesto por cuatro figuras, centra la composición el joven Íñigo de Loyola, tendido en una camilla, con su pierna herida por el impacto de una bala de cañón que descansa que está apoyada sobre un cojín; dos camilleros se disponen a depositar la camilla en el suelo, en tanto que un soldado que sostiene un casco en su brazo izquierdo se inclina sobre el noble vascongado para interesarse por su estado de salud. Completa el conjunto un perro que se arrodilla junto al cuerpo del militar herido.

Poco después del intento frustrado de recuperación del trono por Juan de Albret en octubre de 1512, Fernando el Católico en el año 1513 ordenó comenzar la modernización de las fortificaciones de la ciudad, construyendo el Nuevo Castillo de Santiago, adelantado hacia el sur, donde hoy se encuentra el antiguo Archivo General de Navarra.

El monumento está situado en el punto de la antigua muralla del viejo castillo de Pamplona en el que cayó herido un joven capitán guipuzcoano del ejército imperial llamado Iñigo López de Loyola. Estaba al servicio del duque de Nájera, integrado en el Ejército de Castilla en el que estaban incluidas guarniciones de vascos y navarros beamonteses. Luchaba frente a las tropas francesas enviadas en 1521 contra España por el rey francés Francisco I, al mando del general André de Foix, señor de Asparros, que más tarde serían derrotadas primero en el sitio de Logroño y más tarde en la batalla de Noain.

El ataque trataba de aprovechar la debilidad interna de Castilla a causa del levantamiento de los comuneros, y contaba con el apoyo de Enrique II de Navarra. Fue su tercer intento de recuperación del trono. 

 

lunes, 3 de octubre de 2016

Literatura historiográfica moderna

 
Esteban de Garibay y Zamalloa, natural de Mondragón, donde nació en 1533, comenzó su obra historiográfica con la redacción de Los Quarenta Libros del Compendio Historial (1556-1566), que serían publicados más tarde (por Plantino, en Amberes, 1570-1572). Antes había viajado hasta Sevilla y fijado su residencia entre Toledo y Madrid, entrevistándose con Felipe II (1575). Simultáneamente comienza Origen, discursos e ilustraciones de las dignidades seglares de estos reynos que publica parcialmente en 1596.
 
Gracias a la influencia de la familia de consejeros reales de origen guipuzcoano los Idiáquez, fue nombrado cronista del rey Felipe II en 1592. Publicó Letreros e insignias reales de todos los serenísimos Reyes de Oviedo, León y Castilla, en 1593, e Ilustraciones Genealógicas de los Catholicos Reyes de las Españas, en 1594, que es sólo una parte de sus investigaciones genealógicas Grandezas de España.
 
La mayoría de sus trabajos los realizó en castellano, pero en muchas ocasiones utilizó el euskera en sus obras, siendo muy conocidos, por ejemplo, los refranes que recopiló. Al igual que hizo Lope García de Salazar acerca de las guerras de banderizos, recogió abundantes canciones y cantos fúnebres (eresiak) como Milia Lasturkoren eresia, dedicadas a estos episodios históricos.


ESTEBAN DE GARIBAY

El jesuita pamplonés José Moret, filósofo y teólogo, se convierte en el primer cronista del Reino de Navarra por acuerdo de las Cortes navarras en 1654, año en el que se encontraba como lector de Teología en Segovia. Sus obras más importantes son Investigaciones históricas de las antigüedades del reino de Navarra, que publicó en 1665, y los Annales del reino de Navarra, publicados en 1674 y 1691 que incluyen las apreciaciones de la batalla contra los musulmanes en el pueblo navarro de Valdejunquera. Más tarde, en 1709, el también jesuita Francisco de Alesón se encargó de elaborar un tercer volumen de estos Annales de reino.


ANNALES DEL REYNO DE NAVARRA


Fracisco Navarro Villoslada, natural de Viana, fue el creador del periódico Pensamiento Español, para la difusión de su ideología, de corte tradicional y católica. A través de este órgano atacó a los demócratas y krausistas. Fue, además, director del Semanario pintoresco español y El arpa del creyente. Apoyó la causa de Carlos María de Isidro durante las Guerras Carlistas, al tiempo que no dudó en alabar a Espartero. De su obra literaria cabe citar: Doña Blanca de Navarra, crónica del siglo XV, Doña Urraca de Castilla, memoria de tres canónigos y Amaya o los vascos en el siglo VIII.


 
FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA