martes, 31 de marzo de 2015

Rodrigo Ximénez de Rada


Eclesiástico e Historiador, Arzobispo de Toledo y Primado de España que pasó a la historia por escribir Cronicón de las cosas sucedidas en España


RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA

Natural de Puente la Reina, donde nació en 1170. Rodrigo Ximénez de Rada se educó en Bolonia (Italia) y París, donde adquirió una amplia cultura. De vuelta a España, fue Obispo de Osma (1208) y arzobispo de Toledo (1209). Defensor de la primacía de la sede toledana, puso la primera piedra de la nueva catedral de estilo gótico.

Desde Toledo influyó notablemente tanto sobre Alfonso VIII como sobre Fernando III. Tomó parte en la preparación diplomática de la batalla de las Navas de Tolosa (1212) contra los almohades, en la que participó personalmente como cronista.

BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

En 1214, el rey le donó el castillo del Milagro y su territorio comprendido entre el puerto de los Yébenes al puerto Marchés y de aquí hasta el río Estena, Abenójar y las hoces del Guadiana, el campo de Arroba y Alcoba, Robledo de Miguel Díaz, el Sotillo de Gutier Suárez, y las Navas de Ancho Semeno. A este territorio le agregó el 7 de noviembre el villar de Pulgar.

En 1217, recibió de manos del papa Honorio III el encargo de organizar la cruzada de todos los reinos cristianos contra los musulmanes en calidad de legado pontificio. Fracasó en sus expediciones contra Cáceres, en 1217, y Requena, en 1218.

En 1231, siendo vasallo de Fernando III de Castilla, conquistó con sus huestes Quesada y Cazorla (en la actual Jaén). Tras la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón, en 1238, reclamó la jurisdicción de Toledo sobre esta ciudad. Falleció en Lyon, de regreso de un viaje que había hecho para visitar al papa Inocencio IV.

ESCULTURA DE XIMÉNEZ DE RADA

Además de eclesiástico y hombre de armas fue historiador. Su obra más conocida es De rebus Hispaniae, también conocida como Cronicón de las cosas sucedidas en EspañaHistoria gótica Crónica del toledano, en la que se describe la historia de la Península Ibérica hasta 1243. Realizó la primera crónica de la legendaria batalla de Clavijo. Asimismo escribió una interesantísima Historia arabum, excepcional en la época por su atención a la cultura arabo-islámica.

Fundamentalmente, su mérito reside en que utilizaba un método crítico como historiador, cuestionando inteligentemente sus fuentes, haciendo uso de la documentación y recurre a fuentes árabes para contrastar sus datos (aspecto sumamente valioso, pues entonces sólo la historiografía árabe prestaba aprecio al ámbito económico y social).

Su De rebus Hispaniae, que sigue el modelo de la Crónica najerense, se convirtió en fuente de primer orden para la Estoria de España de Alfonso X el Sabio. La obra fue traducida pronto al romance y, por estas dos vías, influyó enormemente en la concepción de una historia de España unitaria dominante hasta el siglo XV.

CALLE RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA EN PUENTE LA REINA

DE REBUS HISPANIAE

sábado, 21 de marzo de 2015

El Almirante Invicto: la Doctrina Imperfecta

Valiente, honorable, buen estratega... muchos son los adjetivos que se pueden aplicar a grandes héroes como el almirante Nelson, cuyo nombre aún resuena en Gran Bretaña. Sin embargo, también son características, éstas y muchas otras, de las que pudo presumir Blas de Lezo, un oficial tuerto, cojo y manco de la marina española que consiguió resistir el ataque de 186 navíos ingleses con 26.000 soldados con sólo 6 barcos y apenas 3.000 hombres, durante el Siglo XVIII. Lo que diferencia a Blas de Lezo de Nelson es que él jamás perdió un combate, mientras que el almirante británico tuvo que retirarse derrotado en varias ocasiones ante sus "enemigos íntimos", los españoles.



viernes, 20 de marzo de 2015

Martín de Gaztelu

Escribano, mayordomo mayor, testamentario y secretario de Estado del emperador Carlos V, además fue secretario de las órdenes de Calatrava y Alcántara con Felipe II.


MARTÍN GAZTELU REALIZA LA PRESENTACIÓN DE JUAN DE AUSTRIA AL EMPERADOR CARLOS V, POR EDUARDO ROSALES

Natural de Gaztelu, en Guipúzcoa, donde nació en 1510. Fue uno de los protegido del secretario real Eraso, pero fue su tío Andrés de Gaztelu, miembro de la Secretaría del emperador, quien le introdujo en la Corte de Carlos V. En 1560, siendo secretario real de Felipe II, viajó en diversas misiones en Flandes e Italia.

Eraso le consiguió la Secretaría Personal de Carlos V durante su retiro en Yuste, encargándose del testamente el hombre más poderoso de Europa.

En 1570, Martín de Gaztelu, como fiel secretario que había permanecido en el monasterio de Yuste con el emperador, acabó el inventario de lo habido en la recámara de éste, registrando por primera vez cerveza en España en la Edad Moderna.

Más tarde, ya en el reinado de Felipe II, tomó parte en el oscuro asunto de la muerte del príncipe Carlos, hijo de Felipe que abdicó y testó ante él in articulo mortis de sus derechos al trono y posesiones.

Entre muchos otros escritos de Gaztelu, se conserva una de las primeras reglas de "etiqueta de palacio" en la Corte española, dadas el 31 de diciembre de 1575 y refrendadas por él: Etiqueta y ordenanzas que el rey don Felipe II, rey de las Españas, mandó se guardasen por los criados y criadas de la Casa Real de la Reina nuestra señora.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Besamanos a Fernando el Católico por vizcaínos, por Francisco de Mendieta


Besamanos a Fernando el Católico por vizcaínos en 1476 es una pintura de Francisco de Mendieta realizada en 1609.



Tras jurar los Fueros del Señorío de Vizcaya, Fernando de Trastamara, el Rey Católico, recibía la pleitesía de las Juntas Generales del Señorío como su legítimo rey de Castilla y señor de la provincia, reunidas en Guernica junto al árbol, el 30 de julio de 1476. Los líderes de los bandos nobiliarios Oñacinos y Gamboinos están arrodillados ante su rey. Detrás de ellos aparecen los señores feudales, cabezas de linaje nobiliario con sus respectivos escudos de armas. Arriba a la derecha aparecen los dos lobos símbolos del escudo de armas del Señorío desde tiempos de Diego López de Haro. Y, cómo no, el escudo de la Monarquía de los Reyes Católicos sobre el trono real.

La inscripción dice en vascuence vizcaíno:
"Esto es cómo en los años mil y cuatrocientos y setenta y seis, el día treintaavo de julio el señor rey Fernando quinto debajo del árbol de Gernica confirmó a los vizcainos sus fueros y ellos tenerle por Señor."




sábado, 14 de marzo de 2015

Entrevista a Pablo Victoria


Os ofrezco una interesante entrevista que Fernández Barbadillo hizo a Pablo Victoria publicada hace ya algunos años referida a la vida y gloria del almirante Blas de Lezo.

Pablo Victoria fue senador y diputado del parlamento de Colombia y escritor de una novela basada en la batalla de Cartagena de Indias, con el título El día que España derrotó a Inglaterra, publicada por la editorial Altera.

Pedro Fernández Barbadillo es profesor del Instituto de Humanidades de la Universidad San Pablo-CEU.


PABLO VICTORIA


¿Nos puede describir el personaje de Blas de Lezo, sus orígenes, su trascendencia, su pasado militar?

Entresaco algunos episodios de su vida. Blas Lezo, que nació en Pasajes (Guipúzcoa) el 3 de febrero de 1689, entró en la historia militar en la Guerra de Sucesión española. Es un joven guardiamarina que se enfrenta por primera vez a otro joven, Edward Vernon, en 1704 en la batalla por Gibraltar. Allí pierde la pierna izquierda a causa de un cañonazo; se la amputan sin anestesia alguna. Alejandro de Borbón le dirige una carta a Luis XIV diciéndole que no ha conocido a nadie con tanto valor; Felipe V lo quiere nombrar su asistente de cámara y le concede una ‘merced de hábito’ reservada a los más encumbrados personajes del Reino.

Lezo continúa en la marina, sin embargo. En 1705 lo envían a socorrer a Peñíscola, ciudad leal a Felipe V, y luego a Génova, donde en combate liquida al navío británico Resolution y captura otros barcos. Se le concede que pueda entrar en su puerto natal arrastrando los navíos. ¡Tenía 16 años! En 1706 participa en el asedio a Barcelona, puerto bloqueado por la Armada británica. Destinado al fuerte de Tolouse, pierde el ojo izquierdo por una esquirla de cañón.

En 1712, Lezo, al mando del navío Campanella, bombardea Barcelona para apoyar los ejércitos de Felipe V que la asedian. Una bala de mosquete le inutiliza el brazo derecho, rompiéndole los tendones. Tenía 23 años. Es de allí, de ser cojo, tuerto y manco, que en Cartagena de Indias lo llamarían “medio-hombre”.

En 1715 participa en la reconquista de la isla de Mallorca, fiel al pretendiente austriaco, que se rinde sin disparar un tiro. Luego es asignado al Mar del Sur, en el Perú, donde se destaca por limpiar el Pacífico de corsarios y piratas. En las indias se casa con Doña Josefa Pacheco de Bustos y se le nombra General de Marina. Regresa a Cádiz en 1730. En 1731 se le encomienda cobrar en Génova dos millones de pesos que esa ciudad debe a la Corona española; ingresa en el puerto con seis buques de guerra, amenaza con bombardear la ciudad, recobra los dos millones y obliga a los genoveses a rendir honores a la bandera española.

En 1732 vuelve a demostrar sus habilidades como marino en la reconquista de la fortaleza de Orán que se había perdido a los musulmanes.

En 1737 es destacado a Cartagena de Indias donde ocurre su más glorioso episodio. Durante 67 días defiende con tesón la plaza del feroz asalto inglés y derrota la más importante Armada que el mundo había visto con 6 navíos y 2.830 hombres.

Lezo murió en Cartagena. Su tumba es desconocida. España lo olvidó, sin saber que había salvado su imperio de la invasión británica.




Los españoles establecieron fuerte protección para la población indígena en resguardos, ejidos y similares. La jornada de ocho horas era habitual. Parece que los ingleses estaban completamente seguros de su victoria en Cartagena de Indias

Tan convencidos estaban los ingleses que pusieron a circular monedas que decían en su anverso: “Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741” y “La arrogancia española humillada por el almirante Vernon”. En las monedas aparecía Blas de Lezo, arrodillado, rindiendo la espada ante el conquistador Vernon. Cuando fueron derrotados, escondieron todos los documentos, recogieron las monedas y guardaron un silencio de siglos sobre aquella epopeya.


¿De qué medios disponían los españoles y cuál fue la estrategia de Blas de Lezo para derrotar a los invasores?

Los británicos habían traído 8 navíos de tres puentes y 90 cañones cada uno; también otros 28 navíos de dos puentes y 50 cañones, más 12 fragatas de 40 cañones cada una, que hicieron su aparición seguidas de dos bombardas y 130 embarcaciones de transporte de tropas donde transportaban un ejército de asalto de 10.000 hombres; entre ellos, un contingente de 2.763 soldados oriundos de la colonia norteamericana, al mando de Lawrence Washington, hermano del futuro libertador de Estados Unidos, George Washington, y 1.000 negros macheteros de Jamaica. Otros 12.600 marinos completaban aquella formidable armada de 23.600 combatientes, 180 naves y 2.620 cañones navales, más distintas piezas de artillería de desembarco que se aprestaban a asaltar la fortaleza militar más grande jamás construida en Occidente. Los ingleses contaban con 3.000 piezas de artillería concentrada en los barcos y en tierra.

En frente, los españoles contaban con 990 bocas de fuego distribuidas a lo largo de las fortificaciones, dispersas y distantes. Los españoles se defenderían con 2.230 hombres veteranos, más 600 indios traídos del interior de la provincia.


De haber conquistado Cartagena de Indias, ¿qué cree que habría ocurrido en el imperio español?, ¿se habría derrumbado?

Lo más importantes es entender que los planes británicos no paraban en la conquista de Cartagena, pieza clave en la ruta del tesoro americano y llave de las Antillas. Los ingleses pretendían no sólo privar de recursos a España, sino destruir las flota del Pacífico, avanzar desde Cartagena hacia el interior de la Nueva Granada, conquistar el Perú y sus ricos yacimientos de Plata y rendir al Imperio. Es decir, apoderarse de todo él y hacer capitular a la metrópoli.


Lezo era vasco. ¿Hubo muchos vascos en la conquista de América y, luego, en la vida posterior de los virreinatos (comerciantes, soldados, gobernantes, clérigos...)?

La verdad es que a la pericia navegante de los vascos se debe el mantenimiento del comercio con América por la construcción de buques mercantes y de guerra. Sus marinos fueron destacadísimos en empresas de esta índole, amén de que el departamento (provincia) más próspero de Colombia, Antioquia, se debe a la colonización vasca y a su empuje empresarial. En aquel entonces , los vascos entendían a España como la Patria común y defendían un concepto más amplio de Estado, con alcances universalistas y no parroquiales.


Los planes británicos no paraban en la conquista de Cartagena de Indias, pieza clave en la ruta del tesoro americano y llave de las Antillas Usted es hispanoamericano. ¿Cree que está justificado el tono crítico, que a veces se acerca al desprecio, de ciertos sectores españoles e hispanoamericanos con la Conquista y la Colonia?

A mi juicio el tono crítico con que se ve a España hunde sus raíces en dos fenómenos: el fenómeno de la Leyenda Negra, diseminada por holandeses e ingleses que pusieron los recursos de la propaganda y la imprenta a estos fines, y el patriotismo que era menester consolidar a partir de la expulsión de España de sus territorios de Ultramar. Esto último se apoya en lo primero.


RETRATO Y FIRMA DE BLAS DE LEZO


Ahora en muchos países de América ha surgido un movimiento indigenista que sostiene que los “pueblos originarios” sufren discriminación y explotación desde hace 500 años? ¿Está justificada esta opinión? ¿Era la vida antes de la llegada de los españoles tan inocente y buena como afirma Rigoberta Menchú?

La llamada explotación es una farsa; en primer lugar, porque los españoles en América establecieron fuerte protección para la población indígena en resguardos, ejidos y similares. La jornada de ocho horas era habitual. Esta situación, es cierto, se deterioró con la salida de los españoles y el poder detentado por las oligarquías criollas. Los indios dejaron de estar protegidos y las horas de trabajo se prolongaron para todos.

Sin embargo, justo es decirlo, la situación económica también se deterioró para todos por el caudillismo y el mesianismo, las rivalidades y las guerras civiles. Es decir, en unos territorios donde durante trescientos años hubo paz y riqueza, ahora imperó la guerra y la contienda. La inversión decayó y con ella se vino abajo la productividad en las manufacturas y la agricultura. La consecuencia fue un deterioro permanente del nivel de vida que terminó por arrastrar a la mayoría de la población.

Entonces, lo que se llama “explotación” no es más que la pobreza impuesta por el deterioro general del clima de trabajo que repercute con mayor fuerza en las clases populares e indígenas y menos en las blancas que, por lo general, son más productivas y activas.

Ahora bien, pertenece a la mitología americana decir que la población indígena era inocente y buena; al contrario, las crónicas de la época nos afirman que los indios varones era borrachos, mentirosos e irresponsables y preferían poner a trabajar a sus mujeres mientras ellos se divertían, holgazaneaban y se emborrachaban. Además, los principales esclavistas eran las castas altas indias que oprimían a las castas de menor abolengo.

De lo contrario, nadie podría explicarse cómo Hernán Cortés conquistó el imperio azteca con tan sólo un puñado de hombres. Lo que hizo fue reclutar a los indios oprimidos para que se rebelaran y pelearan contra los aztecas que les imponían cuotas de sangre para sus sacrificios humanos.


jueves, 12 de marzo de 2015

Movimiento Foralista por intelectuales y políticos vascos y navarros


Durante el siglo XIX gran parte de los vascos y navarros tomaron profundo odio al Liberalismo masón y democrático, dando lugar a un largo debate sobre la conveniencia de eliminar los regímenes forales de origen medieval que pervivían en España, especialmente los vascongados y navarro. Todas las demás particularidad jurídicas de los distintos reinos, condados, señoríos o ciudades habían ido derogándose durante la Edad Moderna, sobre todo ante la llegada de los Borbones, con la implantación de los Decretos de Nueva Planta y su concepto centralista del Estado.

Tras la Revolución francesa, el modelo de organización territorial y racionalización legislativa francés fue adquirido por varios países de Europa, entre ellos España.

A la muerte de Fernando VII, se derogó el antiguo Régimen absolutista y con él, los fueros y particularismos legislativos. La llegada de Isabel II al trono supuso el establecimiento del Estado liberal y una ley homogénea y uniformadora para todos los territorios, que generó el alzamiento de un frente a favor de Carlos V y el estallido de hasta tres guerras civiles.

La mayor parte de vascos y navarros tomaron parte del bando absolutista carlista frente al liberal isabelino. Las dos guerras carlistas son el ejemplo de una lucha por mantener el Régimen absolutista y foral, pero dentro de un contexto español.

Su lema fue "Dios, Patria, Rey", pues sus ideales eran la vuelta al trono del rey legítimo, Carlos V, hermano de Fernnado VII, y no la reina "usurpadora" Isabel II, el mantenimiento del Régimen absolutista y foral en lugar del Constitucionalismo, y la religión católica frente al Liberalismo.

El pacto de Vergara entre el bando isabelino liberal de Espartero y el carlista absolutista de Maroto, hizo acabar la I Guerra Carlista, pero Isabel II tuvo que restituir los Fueros sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía, es decir, sin contenido alguno real, como los había tenido hasta entonces.

La respuesta inicial de gran parte de los vascos y navarros ante la idea del centralismo uniformador y la filosofía jacobina liberal y masónica, su igualitarismo forzado, fue el Foralismo. No todos fueron foralistas carlistas, ya que en las ciudades el fenómeno de la industrialización, los ideales liberales, democráticos e ilustrados fueron defendidos por una burguesía naciente.

Los fueristas trataban de hacer comprender a un gobierno de cretinos masones que la política represiva centralista solo llevaría al desastre. No fue una cuestión identitaria, pues todos se consideraban españoles, nunca plantearon una secesión respecto a España.


JURAMENTO A LOS FUEROS VASCONGADOS POR EL PRETENDIENTE AL TRONO, CARLOS VII, DURANTE LA III GUERRA CARLISTA

Este debate parlamentario se realizó en tres momentos: el primero, en el Congreso tras la I Guerra Carlista en 1840; el segundo, en el Senado en 1864; y el tercero, otra vez en el Congreso, después de la III Guerra Carlista en 1876. En estos debates parlamentarios, participaron varios diputados vascos que defendieron el mantenimiento de los fueros por considerarlos justos, legítimos y eficaces. En este ideario también participaron literatos y hombres de la cultura euskalduna.

Un primer desencadenante de estos debates surgió de los ideales de políticos y escritores vascos y navarros de tendencia liberal y constitucionalista, como es del caso de Zuaznavar.

José María de Zuaznavar fue magistrado, académico, escritor e historiador navarro (1764-1840). En su obra Ensayo histórico-crítico sobre la legislación de Navarra (1820) constituyó un duro alegato contra la permanencia de las instituciones forales del viejo reino de Navarra. Para Zuaznavar, la desaparición del fuero beneficiaría a la unidad constitucional española, el fuero no era más que una compilación de origen moderno posterior al nacimiento del reino navarro.

Esta crítica dio origen a las corrientes de signo contrario que trataban de buscar en la historia la legitimación de la Foralidad del Reino de Navarra. Surgiendo en primer lugar Yanguas y Miranda.

ESTATUA DEDICADA A LA LEY FORAL NAVARRA

José Yanguas y Miranda fue político, escritor e historiador navarro nacido en Tudela, en 1782, que llegó a ser secretario de la Diputación de Navarra. Es el máximo exponente navarro al Romanticismo, contemplaba el Fuerismo liberal bajo ambientación de Romanticismo político. Estudiando la incorporación de Navarra al Reino de España sin que hubieran vencidos. Para Yanguas el respeto a los Fueros navarros por parte de la Corona española, tras la anexión en 1512, hizo que el pueblo navarro correspondiera con muestras de cariño.

Consideraba a la historia y los fueros como elementos característicos de la identidad navarra, publicando un Diccionario de los Fueros y Leyes de Navarra (1828). En esta obra nombró a los fueros como "tan nombrados por todos, como desconocidos de la mayor parte de los navarros", también pregonaba que los navarros eran descendientes de los vascones, ciudadanos romanos por voluntad de Vespasiano. Pero el fundamento de su obra estaba basado en el nacimiento de los fueros en la invasión de los árabes a España. Surgiendo la necesidad de los navarros de designar un rey o caudillo.

La Contrageringonza o Refutación jocoseria del Ensayo Histórico Crítico sobre la Legislación de Navarra (1833), fue un encargo oficial para contrarrestar el ensayo histórico-crítico de Zuaznavar.

La Historia compendiada del Reino de Navarra (1832), basada en los Anales del padre Moret, agregó investigaciones propias y opiniones personales, terminando con una exaltación de la unión de Navarra a la Corona de Castilla.

La Crónica de los Reyes de Navarra, escrita por Carlos, Principe de Viana (1842) y su Diccionario de Antigüedades (1840 y 1843), son estudios y síntesis de la historia de Navarra.

Fueron sus más inmediatos seguidores el pamplonica Joaquín Mencos y Manso de Zúñiga, conde de Guendelain, y Ángel Sagaseta de Ylurdoz. Políticos liberales que como la mayoría se convencían que el mantenimiento de los fueros pasaba por su adecuación a la unidad constitucional.

JURAMENTO A LOS FUEROS VASCONGADOS BAJO EL ÁRBOL DE GERNIKA POR EL REY DE CASTILLA Y SEÑOR DE VIZCAYA, FERNANDO EL CATÓLICO, 30-07-1476

José Alonso Ruíz de Conejares, fue un abogado, jurista y magistrado navarro, nacido en Corella en 1781. Llegó a ser ministro de Justicia en 1841. En 1848 publicó su Recopilación y Comentarios de los Fueros y Leyes. Presentaba a Navarra como un reino independiente, que mantuvo unas peculiaridades durante su unión con Castilla de igual a igual. Fue el impulsor del Pactismo a mediados del siglo XIX, ideas que hoy en día defienden los nacionalistas, de no reconocer a España como entidad superior sino paritaria. De este punto partió uno de los pilares del ideario de Sabino Arana.

Tanto José Alonso como su seguidor Pablo Ilarregui, no rompen con España, sino lo contrario, afirmando que las leyes de 1839 y 1841, es decir, la Ley Paccionada, son la mejor adecuación del régimen foral al modelo constitucional. Ambos autores defendieron esta doctrina, del foralismo constitucionalista, y consideraron a Baldomero Espartero.


En los debates parlamentarios del Congreso de los Diputados de 1840 se distinguió el diputado guipuzcoano Valentín de Olano. Ante las acusaciones que algunos diputados progresistas lanzaron sobre las provincias Vascongadas por considerarlas desleales a la Monarquía debido a su apoyo al pretendiente carlista, Olano reivindicó repetidamente la total lealtad de los vascongados:
"Lo único para lo que he tomado la palabra ha sido para que se sepa que los vascongados somos dignos de pertenecer a esta gran Nación, que queremos abrazar a los demás y que todos somos hermanos. Pues qué, ¿no lidiaron setecientos años los vascongados contra los moros? En los descubrimientos del Nuevo Mundo, ¿no van mezclados siempre nuestros nombres con los de los demás españoles? En la guerra de la Independencia, ¿no nos levantamos en masa padre por hijo como manda el fuero?..."

El alavés, Ramón Ortíz de Zárate, natural de Arriola (1817), estudió en las Universidades de Oñate, Zaragoza y Madrid. Fue procurador síndico, diputado a Cortes y diputado foral. Desde muy joven se dedicó al periodismo; escribió muchos trabajos en defensa de los derechos de los vascos. Una de sus ideas favoritas fue la unión de los vascos peninsulares, "Laurak-Bat" (las 4 en 1), por medio de congresos, reuniones, exposiciones agrícolas e industriales. Escribía sobre la necesidad de una existencia vascongada, una política vascongada y una bandera vascongada, e hizo un llamamiento para escapar de los ideales liberales.
"Los fueros, buenos usos y costumbres dé las provincias Vascongadas sufren todos los días y sufrirán constantemente en lo sucesivo repetidos ataques del gobierno supremo, cualquiera que sea el color político de los hombres que ocupen el Poder."
"Aconsejamos a los alcaldes vascongados que procuren aislarse cuanto les sea posible de los jefes políticos y defender los fueros de los golpes que todos los días les dirigen estos delegados del Poder."
Se refería a los gobernadores civiles.

ESCUDO LAURAK-BAT (LAS 4 EN 1)

Sin embargo, Ortíz de Zarate se sentía español, como expresó en 1855 en frases como: "El pueblo vizcaíno, forma notable contraste con su hermano, el pueblo español". Habla también de nuestros hermanos de allende el Ebro. "Nosotros constituimos un pueblo hermano, pero distinto del resto de la monarquía". Llamaba a España "nuestra querida Patria". Y como otros tantos foralistas, sostenía que el modelo administrativo de regímenes forales debía extenderse al resto de provincias españolas.

Consideraba a las Diputaciones Provinciales y al Estado Liberal, importado de Francia, pero que fueron trasplantados, lamentablemente, "a nuestra patria". Lamentaba que las Cortes de Cádiz de 1812 no hubieran tomado los Fueros vascos como modelo de una Constitución:
"Así no hubieran fracasado, porque el pueblo español rechazará siempre lo que no sea español. Este es nuestro carácter nacional. Copiar las leyes vascas era hacer una legislación a la española."
Se consolaba pensando en "que el pueblo los acogerá (los consejos), con entusiasmo y más tarde reclamará la opinión de que se estudien los fueros vascongados y se apliquen en cuanto se pueda a las Diputaciones provinciales de la monarquía".

Explicó su vocación política con estas palabras:
"Convencido de que todos los partidos políticos son infecundos en la administración pública, me he consagrado en la administración pública, me he consagrado por completo a la defensa de los fueros y a la defensa de los intereses generales de España, que todos aman igualmente, confundiéndose en lazo fraternal los hombres de encontradas banderías políticas."
Calificaba a la ley de 1839 de "constitutiva y confirmatoria del régimen foral". Pedía que se unieran los vascos, pero esa unidad era del "Irurak-bat" (las 3 en 1), las tres provincias vascas sin navarra, es decir, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.

ESCUDO HIRURAK-BAT (LAS 3 EN 1)

El senador guipuzcoano Joaquín Barroeta Aldamar se encargó del grueso de la argumentación histórica a favor de los fueros, finalizando su larga intervención con las siguientes palabras:
"Aquí concluyo, señores, deseando que las relaciones de fraternidad de las Provincias Vascongadas con las demás provincias de la Monarquía no se alteren jamás, que sean las que fueron durante muchos siglos, que todas defiendan con valor y gloria a esa buena y amada reina que preside los destinos de España, nuestra patria querida."
El también senador alavés Pedro de Egaña reclamaba la conservación de los fueros porque el pueblo vascongado había vivido feliz y se había administrado eficientemente con ellos durante siglos. Respondía así al senador liberal Sánchez Silva:
"Los vascongados no quieren solamente su felicidad propia, sino que también desean la de sus hermanos, a quienes nunca han abandonado cuando han tenido necesidad de ellos.... Nos llamamos vascongados porque no queremos renegar de nuestro nombre de pila; pero eso no quita que, siendo vascongados, seamos tan españoles como su señoría (Sánchez Silva) y como el mejor español."
En 1876, tras la última guerra carlista, se retomó la cuestión foral, esta vez de forma definitiva. El diputado alavés Mateo Benigno de Moraza reivindicó el indudable patriotismo de sus paisanos:
"Si la Nación nos ha dispensado grandes actos de protección, nosotros también hemos procurado dentro de nuestras instituciones responder, en la medida escasa de nuestras fuerzas, a cuanto la Nación ha exigido de aquel pobre país; y como ayer tuve la honra de demostrar, los vascongados han sido los que con el mayor interés de han consagrado siempre, sin que esto se inferir ofensa a nadie, a todo aquello que haya podido reclamar el bien de la Patria y el engrandecimiento de la Nación."

EMBLEMA CARLISTA: LA CRUZ DE BORGOÑA

El conde de Llobregat, diputado vizcaíno, defendió el régimen foral vasco por considerarlo el tradicional español y último resto de "aquellas grandes instituciones municipales españolas, que para mí son tan importantes y tan gloriosas, que constituyen el nervio y vida de nuestra nacionalidad; y que, enemigas de todo lo que es despotismo en cualquier forma que aparezca, son fundamento histórico de este país y uno de los principios de su Constitución interna."

Recordaba el amor por los fueros que fueron una parte del amor que los vascos sentían por su patria, España, y recordaba los sacrificios que por ella realizaron desde siempre:
"... y sólo os ruego que consideréis el patriotismo de aquel país, lo mucho que ha trabajado y ha defendido siempre a la Nación española: sus fronteras han sido abrasadas; Fuenterrabía ha sido destruida; San Sebastián ha sido quemado doce o catorce veces; y sin embargo siempre hemos estado dispuestos en nuestras guerras con Francia a morir al lado del pendón de Castilla y a sostenerlo con nuestros propios medios, arruinándonos y dando vidas y haciendas y todo lo que poseíamos en defensa de la madre Patria."

El diputado vizcaíno Camilo de Villavaso reclamó en el Congreso para los vascos un españolismo de mayor abolengo que el de otros:
"... antes que otras regiones de España, antes que otros reinos que hoy componen este glorioso haz de la nacionalidad española, entró en la unidad nacional con un grande espíritu de españolismo y de sentimiento patrio."

También, el diputado vizcaíno Vicuña declaró:
"Y al llegar a este punto, tengo que hacer una manifestación de españolismo, propia de estas provincias, y debo empezar haciéndola por mi mismo... No sé qué predomina en mí, si el afecto a las Provincias Vascongadas o el afecto a la Nación española; ni los recuerdos de la infancia me hacen olvidar en lo más mínimo mi carácter de español, ni las ocupaciones y tráfago de la vida de las grandes poblaciones borran jamás de mi memoria el dulcísimo recuerdo de las alegres montañas y de los verdes valles del país eúskaro. Y este sentimiento que existe en mí, existe también en todos los vascongados, y se prueba en el curso de su historia. De nada sirve que algunas nubes pasajeras puedan ser causa de que los enemigos de aquel país le pretendan presentar como enemigo encarnizado de la nacionalidad española. Señores, la historia de las Provincias Vascongadas va constantemente unida y enlazada a la historia de España."

CASA DE JUNTA Y ROBLE DE GERNICA

El diputado general de Vizcaya, Fidel de Sagarminaga, se sentía español pero con la necesidad de que esa españolidad respetase el Fuero. Afirmaban defender las foralidades vascongadas "sin perjuicio de las altas y mayores facultades del Estado, pues que de una sola nación se trataba” ya que “el derecho de los vascos consiste en continuar nuestra historia y tradición, no en provecho solamente propio, sino en provecho común de la nación española. Los vascongados no han sido nunca otra cosa que españoles."

De la ley del 1839 escribió:
"Confirmaron (los legisladores españoles), pues, los fueros, y al confirmarlos no trataron de abolirlos; salvaron la unidad constitucional, y al salvarla declararon que la confirmación era sin perjuicio de las altas y mayores facultades del Estado, pues que de una sola nación se trataba."

De la ley del 1876 decía:
"La ley del 21 de Julio de 1876 comprende todos los requisitos de legitimidad que la constitución española vigente del mismo prescribe, y en este concepto merece nuestro respeto y acatamiento, como todo lo que de las potestades del Estado dimanan. Así, pues, la obedecemos y ponemos sobre nuestra cabeza en señal de rendimiento."

Después combatió esta ley, cuyas razones que aconsejaban el respeto a los fueros eran: el derecho tradicional y escrito; la importunidad de abolirlos en tiempos alterados; la peculiar naturaleza vascongada. Se congratulaba ante la defensa que de los fueron han hecho, no sólo vascos, sino también, gentes de "otras tierras con las que otros vínculos no nos ligaban que los generales de la patria española."

Para Sagarminaga, el derecho de los vascos "consistía en continuar nuestra historia y tradición no en provecho solamente propio, sino en provecho común de la nación española y en servirla y atenderla, dadas las reformas que el curso de los tiempos reclamaba, con el mismo espíritu que constantemente nos guiara."

Acerca de la identidad de los vascos, el parlamentario Sagarminaga declaró en el Congreso, en 1876:
"El señor Cánovas, que tan bien conoce la historia de su patria, que la conoce en realidad como pocos, sabe que los vascongados no han sido nunca otra cosa que españoles, y aquellos entre los españoles que más originalidad y pureza en su españolismo tuvieron."

PLAZA DE LOS FUEROS DE PAMPLONA

La intervención parlamentaria fue terminada por el diputado guipuzcoano Fermín Lasala, defendiendo el régimen foral con las siguientes palabras:
"He hablado hoy por última vez probablemente con mandato vascongado, cumpliendo un deuda de honor, el deber más sagrado. Si no bastara, defendería todavía con todo ardor la causa vascongada ante el Monarca español, las Cortes españolas, y para bien de España, nuestra patria común ayer, nuestra patria común hoy, nuestra patria común siempre."
Liborio de Ramery y Zuzuarregui, escritor, publicaba en El Fuerista, y reconocía que los pueblos vascos se habían unido voluntariamente a Castilla, pero recordaba que esta integración fue bajo el respeto a los fueros y su identidad. Afirmaría por su cuenta que el peligro para la autonomía vasca no venía de "la noble Castilla ni la magnánima nación española sino del liberalismo destructor"

No fueron pocos los autores españoles ajenos al País Vasco que alabaron los fueros como garantía de prosperidad pacífica. Entre ellos, destacaron Fermín Caballero con su libro Fomento de la población rural (1864) y Miguel Rodríguez Ferrer con Los vascongados. Su país, su lengua y el Príncipe de Luis Luciano Bonaparte (1873) con prólogo de Cánovas del Castillo.

Después de la abolición foral, el periodista catalán Juan Mañé y Flaquer publicó la extensa relación de su viaje a Vasconia en 1876, El oasis. Viaje al país de los fueros, cuyos tres volúmenes aparecieron entre 1878 y 1808. Se trata de una evocación nostálgica de la vida de las Vascongadas y Navarra durante la época isabelina.

La mayor gloria de las letras en Euskera es posiblemente el poeta y músico Jose María Iparragirre, nacido en Villarreal de Urrechua, en 1820. Por su facilidad para conectar con el pueblo, su magistral empleo de los registros familiares y coloquiales del euskera, y su habilidad para componer letras y músicas que llegaron directamente a la sensibilidad de las gentes cultas y sencillas, está considerado como uno de los mayores bersolaris de toda la historia literaria y musical del País Vasco.

Carlista desde el inicio, no aceptó el Pacto de Vergara y emigró, recorriendo Europa cantando en euskera y en castellano. Tuvo una vida bohemia y aventurera que le sirvió para que le apelaran de "bardo vasco", imagen que apoyaba con una inseparable guitarra y la improvisación de cantos y versos; fue un gran bertsolari. Su obra, escrita mayoritariamente en euskera (aunque también escribió en castellano, francés, inglés e italiano), recoge algunas de las canciones más significativas y populares de la actualidad.

En 1858, regresó y compuso en Madrid Gernikako Arbola, himno al árbol de Guernica, canción que fue estrenada en el café San Luis de Madrid de la calle de la Montera en 1853 y fue una improvisación en la que le acompañó al piano el maestro Juan María Blas de Altuna. Se dice que, rodeado de un grupo de paisanos suyos, improvisó el himno y no anotó nunca la música.

Como buen despertador del espíritu vasco propagó el culto al árbol de Guernica, símbolo de los Fueros y recorrió los pueblos de Euskadi alcanzando mucha popularidad. Su música en cambio no es de estilo tradicional vasco, y se quejaba del abandono que sufrió por los propios vascos en su exilio, y su miseria final frente a la indiferencia general. Fue un fuerista, no un separatista.

MONUMENTO A JOSÉ MARÍA IPARRAGIRRE EN GERNIKA

Iparraguirre es autor de otras muchas bellas canciones, como el Ara nun diran, donde a su vuelta a España exclamó cuando la divisaba desde Hendaya:

"Ara España. Lur oberican
ez du Europa guziac."


(Ahí está España. Tierra mejor
no la hay en Europa entera
)

Dice así este canto titulado en realidad, Nere etorrera lur maitera (Mi regreso a mi tierra querida), con frecuencia censurado y mutilado, en el séptimo verso.

Extracto del poema Amerikatik urretxuako semiei, escrito desde su exilio en Argentina, se honra de España y prefiere La Habana, colonia española, antes que la emancipada Argentina, pues en Cuba lucharon los hijos de marinos vascos como Cosme Damián Churruca.

"Ez bada, ez etorri
gaur lur onetara
il edo bici ode da;
juatea Habana 'ra;
au da gure banderá
España'ren onra
Churruca'ren semeac
ara guango gerá."


(No vengais a esta tierra, no,
para vivir o para morir,
más vale que
vayais a La Habana;
Allí está nuestra bandera
honra de España.
Los hijos de Churruca
allí debemos ir)


Gernikako Arbola

Gernikako arbola
da bedeinkatua
Euskaldunen artean
guztiz maitatua.
Eman ta zabal zazu
munduan frutua
adoratzen zaitugu
arbola santua

Mila urte inguru da
esaten dutela
Jainkoak jarri zuela
Gernikako arbola.
Zaude bada zutikan
orain da denbora
eroritzen bazera
arras galdu gera
Ez zera eroriko
arbola maitea
baldin portatzen bada
Bizkaiko Juntia.
Laurok hartuko degu
pakian bizi dedin
euskaldun jendia.

Betiko bizi dedin
Jaunari eskatzeko
jarri gaitezen danok
laister belauniko.
Eta bihotzetikan
eskatu ezkero
arbola biziko da
orain eta gero.

Arbola botatzia
dutena pentsatu
denak badakigu.
Ea bada jendia
denbora orain degu
erori gabetanik
eduki behar degu.
Beti egongo zera
uda berrikoa
lore aintzinetako
mantxa gabekoa.
Erruki zaite bada
bihotz gurekoa
denbora galdu gabe
emanik frutua.

Arbolak erantzun du
kontuz bizitzeko
eta bihotzetikan
Jaunari eskatzeko,
gerrarik nahi ez degu
pakea betiko,
gure lege zuzenak
hemen maitatzeko.
Erregutu diogun
Jaungoiko Jaunari
pakea emateko
orain eta beti.
Baita indarra ere
zerorren lurrari
Euskal Herriari.



El árbol de Guernica

El árbol de Guernica
es símbolo bendito
que ama todo euskaldún
con entrañable amor.

Árbol santo: propaga
tu fruto por el mundo
mientras te tributamos
ferviente admiración.

La tradición nos dice
que el árbol de Guernica
hace más de mil años
por Dios plantado fue.

Árbol santo: no caigas,
que sin tu dulce sombra,
completa, irremisible,
nuestra perdición es.

No caerás, ¡oh roble!,
si cumple sus deberes
Vizcaya. Un noble abrazo
sus hijos se han de dar.

Y así las cuatro hermanas
te prestarán su apoyo
para que el vascohablante
viva libre y en paz.

Para que nunca muera
el símbolo sagrado
doblemos la rodilla
e invoquemos a Dios.

Y el árbol sacrosanto
vivirá eternamente
siendo el himno de gloria
de nuestra redención,

En tiempos ya lejanos,
¡oh patria siempre amada!,
de tu suelo quisieron
el árbol arrancar.

Unámonos, hermanos,
y luchemos sin tregua
por defender el trono
de nuestra libertad.

Roble antiguo y sin mancha:
consérvate lozano,
con primavera eterna,
con eterno verdor.

Ten piedad de nosotros
y préstanos tu sombra,
pues te adoramos todos
con santa devoción.

El árbol nos responde:
"Vivid apercibidos
y que yo nunca muera
debéis siempre pedir".

No deseamos guerra,
que en paz con nuestras leyes
sabias, libres y amadas,
deseamos vivir.

Queremos, ante todo,
que con la paz fecunde
la tierra que sustenta
el árbol secular.

Su sombra bienhechora
derrame generoso
sobre el pueblo vascohablante
libre, noble y audaz.

EJÉRCITO CARLISTA

Nere etorrera lur maitera

Nere etorrera lur maitera
Ara nundiran mendi maiteac
ara nundiran celayac,
baserri eder zuri-zuriac,
iturri eta ibaiac.

Hendayan nago zoraturican,
zabal-zabalic beguiac;
¡ara España!¡Lur oberican
ez du Europa guciac!

Gero pocic, bai, Donostiara,
Oquendoarren lurrera,
ceru polit au utzi bearra,
nere anayac, ¡au pena!

Iruchulueta maitagarria
lore tokia zu zera:
Veneziaren graci guciak
gaur Donostian ba dira.

¡Oh! Euscal-erri, eder maitea,
ara emen zure semea,
bere lurrari mun eguitera
beste gabe etorria.

Zuregatican emango nuke
pocic, bai, nere bicia;
beti zuretzat, il arteraño,
gorputz ta anima gucia.

Agur, bai, Donostiaco
nere anaia maiteac,
Bilbaotican izango dira
aita zarraren berriac;
eta gañera itz neurtuetan,
garbi esanez, eguiac,
Sudamerican zer pasatzan dan
jakin dezaten guciac.


Mi regreso a mi tierra querida

Ahí están los montes queridos,
ahí están los prados
los caseríos bonitos, blancos, blancos,
las fuentes y los regatos.

Estoy en Hendaya loco de contento
anchos, anchos los ojos;
¡ahí está España! ¡Tierra mejor
no la hay en Europa entera!


Luego, contento a San Sebastián,
a la patria de Oquendo,
cielo tan lindo tener que dejar,
¡qué pena, hermanos!

Iruchulo querido,
tú eres un florido jardín:
de Venecia las gracias todas
tiene nuestra Donostia.

¡Oh, Euskalherría hermosa y querida!
aquí está tu hijo,
que por besar tu suelo,
sin más, ha venido.

Por ti daría
contento mi vida;
para ti hasta la muerte,
cuerpo y alma del todo.

Adiós, pues,
hermanos queridos de Donostia,
desde Bilbao tendréis
del viejo padre noticias;

y además,
os contaré en verso
lo que pasa en Sudamérica
para que todos lo sepan.

CARTEL CARLISTA

Extracto del poema Amerikatik urretxuako semiei:

Ez bada, ez etorri
gaur lur onetara
il edo bici ode da;
juatea Habana 'ra;
au da gure banderá
España'ren onra
Churruca'ren semeac
ara guango gerá.


No vengais a esta tierra, no,
para vivir o para morir,
más vale que
vayais a La Habana;
Allí está nuestra bandera
honra de España.
Los hijos de Churruca

allí debemos ir.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Juan de Alcega


General de Marina y caballero de la Orden de Santiago, que destacó en el campo de las matemáticas y la sastrería en la segunda mitad del siglo XVI



Juan de Alcega era natural de Fuenterrabía. Perteneciente a un linaje de marineros cuyo miembro más sobresaliente fue su padre también llamado Juan de Alcega, general en la flota de la Carrera de las Indias durante las primeras décadas del reinado de Felipe II.

En la España del siglo XVI, el interés por las matemáticas se desarrolló en dos ámbitos claramente distintos: primero, como disciplina teórica en el seno de la cultura académica (mundo al que no pertenecía Alcega); y segundo, como base de aplicaciones prácticas en diversos campos técnicos y artesanales. Un buen ejemplo de cómo se incorporaron los saberes matemáticos a esa práctica artesanal se encuentra en la que fue la gran contribución de Alcega a la ciencia, que fue calificada por críticos e historiadores como "la primera obra de sastrería impresa en España", sirviendo de modelo a otras posteriores.

Se trata del Libro de Geometría, Práctica y Traça, publicado en Madrid en 1580. en las prensas de Guillermo de Drouy. Su título completo es Libro de geometria, practica y traça : el qual trata de lo tocante al officio de sastre para sapedir el paño, seda o otra tela que sera menester para mucho genero de vestidos ... y para saber como se an de cortar los tales vestidos, con otros muchos secretos y curiosidades tocantes á este arte, compuesto por Joan de Alcega, natural de la provincia de Guipuzcoa.

Estaba ilustrado por 135 xilografías destinadas a facilitar la comprensión del texto. Se presenta dividido en secciones: hombres, mujeres, clero, etc. 
Alcega dividió su obra en tres partes:
1. la primera incluye un interesante apéndice acerca del origen y principio de la vara de medir, trata cómo pueden reducirse paños y telas;
2. la segunda describe diversos tipos de vestidos y patrones (mantillos de seda, capas, mantos militares, sayas, vasquiñas, etc.);
3. la última explica cómo usar tablas para reducir anchos y largos de las telas que forman los vestidos descritos.


Contó con una segunda edición impresa en 1586 y en la actualidad se han editado ediciones facsímiles del mismo, resultando su consulta imprescindible para conocer la técnica de confección de las vestimentas hace más de cuatrocientos años.

Al igual que algunos de los sastres contemporáneos y posteriores como Martín de Andújar o el Sastre del Campillo, Alcega estaba fascinado por el arte de la geometría práctica. Creía que sin ella no era posible lograr la perfección de la alta costura. No parece que se trate de una publicación fortuita u ocasional, de hecho, adjunta la aprobación de dos maestros del oficio.

 LIBRO DE GOEMETRÍA DE JUAN DE ALCEGA



jueves, 5 de marzo de 2015

Errebonbilloak: el Alarde de Elorrio y la victoria de Lepanto


El primer domingo de octubre tiene lugar en la villa vizcaína de Elorrio, la fiesta conocida como Errebonbilloak. Es un alarde militar cuyo origen parece estar en las antiguas milicias con que cada municipio participaba en la defensa o en la guerra. Según la tradición popular, este caso está relacionado con el regreso a la villa de las milicias municipales que participaron en el Combate de Lepanto de 1571.

El desfile militar está formado por una compañía de fusileros integrada por vecinos y vecinas de cualquier edad sin ningún tipo de exclusión, los errebonbillos. Comienza a las seis de la mañana dando el primer recorrido, y realizan algunas descargas de fusilería en lugares determinados. El único lugar de disparo que ha cambiado con el tiempo ha sido la casa del alcalde. Por la tarde, vuelven a dar otro recorrido por la villa. Por la noche se realiza una procesión con la imagen de la virgen del Rosario, terminando con un baile, un aurresku en la plaza Mayor.



La primera noticia que existe en la actualidad sobre la realización de alardes en la villa de Elorrio data de 1575, aunque como en muchas villas del Señorío de Vizcaya, se realizaban con mucha anterioridad. Desde 1630, el alarde de Elorrio se hace conjuntamente al de la anteiglesia de San Agustín de Etxeberria, que antes de la fusión de ayuntamientos, hacía su propio alarde.

Pero antes de esta fusión de alarde, al menos desde el siglo XVI y parte del XVII, se organizaba en Elorrio dos tipos de muestras de armas según el estamento social de sus moradores: una de hijosdalgo, pertenecientes a un linaje noble o casa solariega, en una fecha determinada, y otra en la que concurrían todos los vecinos cuando eran necesaria la defensa del Señorío.

A finales del siglo XVI o principios del XVII, al igual que en Durango, se fundó la Cofradía del Rosario en Elorrio. La fiesta del Rosario ha tenido en Elorrio una gran relevancia ya que, durante la procesión del primer domingo de octubre, participan los errebombillos haciendo salvas de honor al paso de la imagen de la virgen. Acto que muy probablemente se realizaba desde hace muchos años, aunque no haya quedado reflejado en los libros conservados.



Sobre el origen de la participación de los armados en la procesión existe una versión popular atribuida a varios hijos del linaje nobiliario de Amandarro, participantes en el combate de Lepanto. De vuelta a Elorrio, vieron que se estaba celebrando la procesión con la Virgen del Rosario y al pasar ésta, armaron los arcabuces que traían y comenzaron a lanzar tiros al aire en honor de la virgen. Otra versión, parecida a la anterior pero más lógica, dice que estos soldados elorrianos, al llegar al puerto de Campazar y contemplar su villa natal, comenzaron a disparar sus armas al aire en señal de alegría y anuncio de su vuelta. Estas salvas se hicieron costumbre anual y se incorporaron a la procesión del Rosario que la villa comenzó a celebrar. Esta ha sido la tradición transmitida de forma oral entre las gentes, aunque no existan documentos que verifiquen con precisión su origen formal.

Elorrio, de gran tradición industrial, se especializó en la fabricación de armas blancas. De un informe del mes de marzo de 1575 se conoce que se podían fabricar, cada mes, de 2.000 a 3.000 picas, 1.500 lanzas y gran cantidad de otras armas. Espadas, corazas, armaduras, arcabuces, mosquetes, bombardas, cañones, lanzas y picas, eran empleadas por los Tercios de Infantería y por las Armadas navales de la Monarquía hispánica de Carlos I y Felipe II y fabricados en esta villa. De ahí que también celebrasen la noticia no solo de la llegada de sus soldados elorrianos sino además de la victoria de Lepanto, la victoria de sus armas.


lunes, 2 de marzo de 2015

Fundación de la Diócesis de Pamplona


La predicación del Cristianismo está unida a la creación de la sede episcopal de Pamplona, y su primera noticia de su existencia data del año 589, cuando Liliolo suscribió como obispo de la ciudad en las actas del III Concilio de Toledo, en el que tuvo lugar la conversión oficial del reino visigodo a la fe católica y el abandono de la herejía arriana.

La diócesis de Pamplona estuvo presente en un momento decisivo de la historia de la Iglesia española, cuando el Cristianismo católico se adoptó como religión oficial del Estado, entonces encarnado en la Monarquía visigoda. En realidad, se ha mantenido hasta el siglo XX, con independencia de cuáles fueran los poderes políticos soberanos que sucedieran en la península Ibérica o cual fuera su ámbito territorial, excepción hecha de los estados musulmanes.

La ausencia de referencias a los obispos de Pamplona en las actas de tres concilios de la provincia Tarraconense, celebrados en el 516, 524 y 540, ha llevado a pensar que la erección de la sede episcopal tuvo lugar entre el 540 y el 589. Pero resulta que es una fecha muy tardía, en comparación con las vecinas diócesis de Zaragoza (siglo III) y Calahorra (siglo IV). La ausencia de obispos pamploneses de los concilios provinciales y nacionales no tiene que considerarse como una prueba de la inexistencia de la diócesis, porque no difieren mucho de otras diócesis vecinas.

A falta de noticias precisas hay que tener en cuenta la conversión mayoritaria de los habitantes de las ciudades hispanas durante el siglo IV y la formación de sedes episcopales en aquellas ciudades que tenían un territorio dependiente, como era el caso de Pamplona. Estos presupuestos han permitido deducir a autores como A. J. Martín Duque, L. García Moreno o R. Jimeno que la sede episcopal pamplonesa tuvo que crearse a finales del siglo III o primeros del IV.

A lo largo de la historia, la organización eclesiástica se ha basado en el principio de la adaptación a las realidades políticas. Por eso la diócesis pamplonesa quedó inicialmente adscrita a la Provincia eclesiástica de Tarragona, que coincidía con la provincia civil Tarraconense, forjada en época romana y conservada por los visigodos.


LA CONVERSIÓN DE RECADERO DURANTE EL III CONCILIO DE TOLEDO