martes, 31 de marzo de 2015

Rodrigo Ximénez de Rada


Eclesiástico e Historiador, Arzobispo de Toledo y Primado de España que pasó a la historia por escribir Cronicón de las cosas sucedidas en España


RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA

Natural de Puente la Reina, donde nació en 1170. Rodrigo Ximénez de Rada se educó en Bolonia (Italia) y París, donde adquirió una amplia cultura. De vuelta a España, fue Obispo de Osma (1208) y arzobispo de Toledo (1209). Defensor de la primacía de la sede toledana, puso la primera piedra de la nueva catedral de estilo gótico.

Desde Toledo influyó notablemente tanto sobre Alfonso VIII como sobre Fernando III. Tomó parte en la preparación diplomática de la batalla de las Navas de Tolosa (1212) contra los almohades, en la que participó personalmente como cronista.

BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

En 1214, el rey le donó el castillo del Milagro y su territorio comprendido entre el puerto de los Yébenes al puerto Marchés y de aquí hasta el río Estena, Abenójar y las hoces del Guadiana, el campo de Arroba y Alcoba, Robledo de Miguel Díaz, el Sotillo de Gutier Suárez, y las Navas de Ancho Semeno. A este territorio le agregó el 7 de noviembre el villar de Pulgar.

En 1217, recibió de manos del papa Honorio III el encargo de organizar la cruzada de todos los reinos cristianos contra los musulmanes en calidad de legado pontificio. Fracasó en sus expediciones contra Cáceres, en 1217, y Requena, en 1218.

En 1231, siendo vasallo de Fernando III de Castilla, conquistó con sus huestes Quesada y Cazorla (en la actual Jaén). Tras la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón, en 1238, reclamó la jurisdicción de Toledo sobre esta ciudad. Falleció en Lyon, de regreso de un viaje que había hecho para visitar al papa Inocencio IV.

ESCULTURA DE XIMÉNEZ DE RADA

Además de eclesiástico y hombre de armas fue historiador. Su obra más conocida es De rebus Hispaniae, también conocida como Cronicón de las cosas sucedidas en EspañaHistoria gótica Crónica del toledano, en la que se describe la historia de la Península Ibérica hasta 1243. Realizó la primera crónica de la legendaria batalla de Clavijo. Asimismo escribió una interesantísima Historia arabum, excepcional en la época por su atención a la cultura arabo-islámica.

Fundamentalmente, su mérito reside en que utilizaba un método crítico como historiador, cuestionando inteligentemente sus fuentes, haciendo uso de la documentación y recurre a fuentes árabes para contrastar sus datos (aspecto sumamente valioso, pues entonces sólo la historiografía árabe prestaba aprecio al ámbito económico y social).

Su De rebus Hispaniae, que sigue el modelo de la Crónica najerense, se convirtió en fuente de primer orden para la Estoria de España de Alfonso X el Sabio. La obra fue traducida pronto al romance y, por estas dos vías, influyó enormemente en la concepción de una historia de España unitaria dominante hasta el siglo XV.

CALLE RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA EN PUENTE LA REINA

DE REBUS HISPANIAE

sábado, 28 de marzo de 2015

Segunda batalla de Albelda


La segunda de las dos batallas de Albelda fue una derrota de Muza ibn Muza a manos de Ordoño I de Asturias y García Iñiguez Arista de Pamplona, en el verano de 859.

La alianza entre los Arista y los Banu Qasi se rompió en el 859 debido a la actitud desleal de Muza ibn Muza. Este no solo no acudió en auxilio de su sobrino García Iñiguez Arista cuando los normandos desembarcaron en sus tierras y le hicieron prisionero, sino que ese año realizó una incursión por el territorio pamplonés, tomó un castillo e hizo prisioneros a sus habitantes.

García Iñiguez pidió ayuda al rey Ordoño I de León. Este se la concedió gustoso, ya que deseaba derrotar a Muza por la insolencia y osadía demostradas. En abril de ese año Ordoño había enviado a Toledo a su hijo Lupo para ponerse al frente de los rebeldes de esa ciudad. Una muestra de la alianza entre asturianos y navarros la proporcionó el matrimonio entre Leogundia, hija de Ordoño I de unos veinte años, y García Iñiguez.


EXPANSIÓN TERRITORIAL DE LOS REINOS HISPÁNICOS A MEDIADOS DEL SIGLO IX


El rey Ordoño I tomó la iniciativa. En aquellos años la tierra de Amaya no estaba aún repoblada y las de Álava y Al-Qila eran las más cercanas a la frontera del Banu Qasi. En ella, Muza ibn Muza había fortificado la plaza de Albelda desde los días de la primera batalla de Albelda. Ordoño movilizó sus tropas y se dirigió hacia el Ebro. En la frontera sitió Albelda.

Muza ibn Muza se enteró del asedio cuando estaba realizando una razzia en tierras de Pamplona. Abandonó la empresa y corrió en socorro de Albelda. Como presentar batalla en los llanos del río Iregüa hubiese sido peligroso para él, decidió establecerse en los cerros del Monte Laturce, llamados luego montes de Clavijo, desde donde dominaba a las tropas sitiadoras. Ordoño se vio obligado a desalojarlas de aquella posición dominante.

El rey asturiano contaba con numerosas tropas, por lo que mantuvo el cerco de Albelda con parte de ellas, y con el resto se dedicó a enfrentarse a Muza. Durante varios días hubo escaramuzas y emboscadas. En una de ellas cayó el propio Muza, que fue herido y escapó gracias a la ayuda que le prestó en el campo de batalla un antiguo aliado que ahora militaba en el bando asturiano. La huida de su jefe provocó el desconcierto entre las filas de los Banu Qasi, lo que supo aprovechar Ordoño causando numerosas bajas a sus enemigos. Entre ellas se contó a un tal García, yerno de Muza y casado con una hija suya llamada Oria. A los siete días Albelda fue asaltada y arrasada, siendo muertos o ejecutados todos sus defensores.

La derrota de Muza fue tan aplastante que su prestigio nunca se recuperó y supuso el rápido declive de todas sus anteriores victorias. El pueblo llano así debió de sentirlo, pues inventó el mito de la batalla de Clavijo y la aparición de Santiago Matamoros.
























ESTATUAS DE ORDOÑO I DE ASTURIAS E ÍÑIGO ARISTA DE PAMPLONA

martes, 24 de marzo de 2015

Juan Ortiz de Zárate

Explorador y gobernador de Asunción, adelantado y capitán general del Río de la Plata y fundador de la provincia de Nueva Vizcaya en el virreinato del Río de la Plata durante el siglo XVI

JUAN ORTIZ DE ZÁRATE

Natural de Orduña, Vizcaya, donde nació en 1521. Marchó siendo todavía adolescente a América, fue nombrado uno de los primeros oidores de la Audiencia del Perú. Desde 1534, intervino en la conquista del Perú, a las órdenes de Diego de Almagro. Participó en combates y refriegas y fue herido en un lance entre Pizarro y Almagro, lo que le hizo buscar refugio en Charcas (Bolivia) en 1546.

Allí se hizo rico con explotaciones ganaderas y mineras. Su fortuna la invirtió en exploraciones en el Rio de la Plata. Por la conquista de tales territorios fue nombrado adelantado del Río de la Plata por el virrey del Perú, el licenciado Lope García de Castro.

Tras unos años de andanzas por el Alto Perú reemplazó al gobernador, con sede en Asunción, Francisco Ortiz de Vergara. Quiso confirmar su cargo ante el rey Felipe II y regresó a España en 1567.

Al volver, trajo cientos de colonos, hombres y mujeres, con la intención de repoblar las tierras de su gobernación. También introdujo miles de cabezas de ganado vacuno, equino y ovino, origen posiblemente de su riqueza pecuaria. Le secundó en sus planes Juan de Garay, su sobrino.

En 1572, el rey le designó gobernador y capitán general del Río de la Plata. Con el propósito de hacerse cargo de este puesto, organizó una expedición que desembarcó al año siguiente en el gran estuario formado por la desembocadura conjunta de los ríos Paraná y Paraguay.


ESTUARIO FORMADO POR LOS RÍOS PARANÁ Y PARAGUAY

Ortiz se disponía a remontar su curso cuando lo sorprendió un ataque indígena en la isla de San Gabriel, en la que se hizo fuerte hasta 1574, cuando fue auxiliado por Ruy Díaz Melgarejo y Juan de Garay, quienes habían salido con tal propósito desde Asunción.

Ortiz de Zárate llamó a la región Nueva Vizcaya y fundó, en 1575, la ciudad de Zaratina de San Salvador (Zarate), próxima al estuario del Río de la Plata, antes de ocupar efectivamente, al año siguiente, su puesto de gobernador en Asunción, capital de la entonces llamada Provincia Gigante del Paraguay.

En 1576, falleció en Asunción, siendo sucedido en el cargo por su hijo Diego de Ortiz y Mendieta.

La tercera bandera de la Brigada Paracaidista del Ejército de Tierra Español, lleva su nombre, el Tercio Ortiz de Zárate.

domingo, 22 de marzo de 2015

Aportación lingüística del Latín al Euskera


LA FORMACIÓN DE LAS LENGUAS ROMANCES HISPÁNICAS

El antiguo latín que se hablaba durante la época de romanización en la Hispania peninsular sufrió una continua evolución, dando lugar a las diferentes lenguas romances como el gallego, el leonés, el castellano, el aragonés y el catalán, además del mozárabe, que pronto se perdió.

Las áreas geográficas en las cuales se hablaban estos romances no correspondían siempre a la extensión del territorio que representan estos topónimos. Por ello, para darles mayor precisión geográfica e histórica, se formaron los compuestos galaico-portugués, astur-leonés, navarro-aragonés, etc.

Las llamadas Glosas Emilianenses de finales del siglo X constituyen el primer testimonio escrito del castellano y el vascuence: pero el desarrollo del primero es coetáneo al de otras variantes romances, como el gallego y el catalán, y aún del aragonés y del leonés.

De las lenguas romances señaladas, el castellano fue extendiéndose, no por imposición de ningún poder superior sino por una muy superior capacidad expansiva debida, al parecer, a sus características fonéticas y léxicas, flexibilidad sintáctica, su simplicidad y su carácter innovador, lo que le permitió llegar a ser la lengua común de todos los pueblos que conformaron la realidad conocida en el futuro como España. El hecho por el cual, el castellano fuese la lengua del reino que mayor expansión geográfica alcanzó durante los últimos siglos de la Reconquista influyó de manera muy positiva en su hegemonía sobre las demás.

La lengua primaria de Vascongadas y el uso lingüístico básico y fundamental, es decir, el euskera ha sido el centro de organización de la vida vasca desde los orígenes, que se confunden con la génesis del pueblo. Pero el euskera, a lo largo de su historia, ha convivido siempre estrechamente con otras lenguas y la sociedad vasca ha estado definida habitualmente por una pluralidad lingüística.

Durante la edad Media no ha habido “lenguas nacionales”, ya que no existían naciones. Los romances surgen sobre una base latina, en un largo proceso evolutivo en el que intervinieron distintos factores históricos y literarios entre otros. En todos los territorios que estuvieron bajo la férula de Roma, el latín era generalizado en su uso como lengua culta, la de la iglesia, la del pensamiento, la de ciertas formas de poesía e historia, y solo a partir de cierto momento, se puede decir que aquello ya no es latín, sino romance. Las lenguas vernáculas conviven con el latín durante siglos. Luego todos los pueblos adoptaron o aceptaron, el romance como la lengua común, conservando los vascos el euskera como su lengua primitiva.


LOS INTELECTUALES DE MI ALDEA, POR VALENTÍN DE ZUBIAURRE


EL CASTELLANO EN EUSKAL HERRIA

Algunos de los hábitos articulatorios y ciertas particularidades gramaticales del euskera ejercieron poderosa influencia en la formación del idioma castellano por dos motivos:

1- el condado de Castilla se fundó en un territorio de influencia vasca, cuyos habitantes hablaban el euskera, en un momento en el cual este romance estaba en formación.

2- la participación de vascos y navarros en la Reconquista y repoblación peninsular en el Reino de Castilla. Por tanto, es una lengua vasco-románica surgida en la Reconquista.

Su origen se encuentra en el habla de los vascos romanizados de Cantabria, norte de la provincia de Burgos, franja occidental de Álava colindante con la provincia de Burgos y los habitantes de la comarca vizcaína de las Encartaciones. Estas tierras en la época romana estaban habitadas por várdulos y autrigones. Su cercanía con la meseta, que desde épocas neolíticas fue foco cultural de las nuevas técnicas y costumbres, conseguiría que se irradiara el latín y la cultura romana con más fuerza. De la romanización de los autrigones y várdulos surgiría el actual pueblo de Castilla y su lengua, el castellano. Pero esta lengua romance se diferencia de las demás gracias a la gran aportación que ejerció sobre ella el pueblo vasco y el euskera.




PESCADORES DE BERMEO, POR AURELIO DE ARTETA



LA LENGUA ROMANCE DE NAVARRA: EL NAVARRO-ARAGONÉS

El navarroaragonés era una lengua romance hablada en el valle del Ebro durante la Edad Media, anterior al castellano, con reductos actuales en el Pirineo aragonés, conocidos como aragonés y préstamos en el castellano de La Rioja, Comunidad Foral de Navarra (primordialmente a variante hablada en La Ribera de Navarra), Aragón y Comunidad Valenciana, con diferentes gradaciones.

Tiene su origen en el latín vulgar, sobre un acusado sustrato vascón. Evoluciona del latín vulgar en la zona comprendida entre la Rioja Alta y la Ribagorza, comarca de Huesca, zonas bajo influencia vasca. La lengua recibe, en su período medieval, la denominación entre los lingüistas de navarroaragonés, por abarcar los romances afines aragonés y navarro, así como el riojano.

La expansión del Reino de Navarra sobre tierras musulmanas y cristianas, con la consiguiente repoblación con cristianos del Reino de Navarra, llevaría consigo el idioma por todo el territorio conquistado. La anexión por el Reino de Navarra de los condados aragoneses supuso una importante influencia de la lengua navarroaragonesa sobre los territorios posteriores de la Corona de Aragón.

Como es natural, por su extensión geográfica y la diferente evolución histórica de Navarra y Aragón, con períodos de unión y separación, el navarro-aragonés no presenta uniformidad absoluta. Menéndez Pidal e Yndurain ya señalaron algunas diferencias. Éstas han sido realzadas más tarde por Alvar y otros lingüistas navarros.

En todo caso, se trata sólo de matizaciones dentro de la unidad lingüística general. Estas diferencias se centran en las grafías qu > co, quo (coatro, quoatro), gu > go, gu (jegoa, yegua), representadas en aragonés comúnmente por qua, gua, y en la forma de escribir el sonido actualñ, que en navarro era yn, inn e ynn (seinnor, seynnor), mientras que en aragonés se usaba ny, nni, ng, nn.

A estas diferencias se añade a veces la conservación del grupo mb y la forma del sufijo -mente, las cuales, aun siendo características del navarro, no son privativas de él, pues existen también en aragonés, junto a las soluciones comunes m, -miente, -mientre, -mient, -ment.

Son, pues, pocas las diferencias. Por lo tanto, se puede seguir diciendo que el navarro-aragonés representa la unidad general básica de la lengua romance hablada y escrita en Navarra y Aragón conjuntamente desde el siglo X al XV.

La primera constancia escrita de esta lengua está en las Glosas Emilianenses, en el Monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja).


CHISTULARIS


LAS LENGUAS ROMANCES EN EL PAÍS VASCO

Al caer el Imperio Romano, el antiguo latín evolucionó en los territorios de la Hispania post-romana, dándose una sucesión de varios idiomas románicos en el norte de España, desde el este, con el gallego, hasta el oeste, con el catalán, en el que participó el románico vasco.

María Teresa Echenique considera que siempre hubo un cierto bilingüísmo vasco/romance en la zona de habla euskérica, lo que facilitaría los contactos. Echenique habla de un continuum en los idiomas románicos del norte de España (desde el gallego al catalán) en el que participaría el románico vasco. De hecho, hasta época reciente se documenta en el País Vasco un romance que ha sido calificado de "criollo", en el que se mezclan palabras en castellano y en euskera, incluso cuando los hablantes consideran que están hablando castellano.

El castellano es una lengua romance del grupo ibérico, originada en el condado de Castilla, en las actuales provincias de Burgos, Vizcaya y Álava, y más tarde reino medieval de Castilla, que incluía aproximadamente la actual provincia de Burgos, la totalidad de la comunidad autónoma de Cantabria y parte de las comunidades autónomas del País Vasco y La Rioja, cuyo centro es la zona de la Bureba, donde se halla el corredor de la Bureba, paso obligado para acceder a la meseta ibérica desde el norte peninsular. En esta área se supone que se hablaba euskera habitualmente en el siglo V, cuando se empezó a considerar una lengua bárbara y el latín como lengua propia de la cristiandad.

El latín era hablado y escrito por las clases cultas, como lengua de Estado transmisora de cultura escrita, mientras que el euskera lo mantenían popularmente en zonas rurales, era solamente un "habla", pues no se manifestaba escrito, y se reforzaba por las repoblaciones con "navarros" durante la Reconquista. Por ello no es extraño que los primeros textos en lengua romance que se conocen, los Cartularios de Valpuesta del siglo IX (Burgos), como en las Glosas Emilianenses, de finales del siglo X o con más probabilidad a principios del siglo XI, que se conservan en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja), incluyan nombres personales y frases en euskera.

Hoy está claro, que parte del actual País Vasco forma parte de la cuna del español o castellano y no sólo la Álava castellana u occidental, sino también las Encartaciones de Vizcaya.

Como ha demostrado en una voluminosa tesis doctoral I. Echeverria Isusquiza:
“las Encartaciones parecen corresponder, a la llegada de los romanos, a la parte ya indoeuropeizada de la Península, de modo que, lejos de ser éste un espacio castellanizado más o menos recientemente, su lengua romance habría surgido sin interrupción de la evolución lingüística de ámbito ya indoeuropeo a la llegada de los romanos”.

DANTZARIS, POR VALENTÍN DE ZUBIAURRE



LOS PRIMEROS TEXTOS EN ROMANCES HISPÁNICOS

La primera constancia escrita del navarro-aragonés y del vascuence está en las Glosas Emilianenses, surgido en el Reino Navarroaragonés, a principios del siglo XI. Son pequeñas anotaciones manuscritas, realizadas en las lenguas latín, romance y euskera medieval, entre líneas o en los márgenes de algunos pasajes del códice latino Aemilianensis 60. Su nombre se debe a que fueron compuestas en el Monasterio de San Millán de la Cogolla (Millán o Emiliano procede del latín Aemilianus), perteneciente a la región de La Rioja y por aquel entonces parte del Reino de Navarra.

Se consideró como primer testimonio escrito de un dialecto romance hispánico, que será embrión o ingrediente básico del complejo dialectal que conformará el castellano, es decir, la lengua que ya hablaba por entonces el pueblo llano. Las Glosas Emilianenses, son en total más de mil de las cuales unas cien están en romance, contienen además dos de ellas escritas en lengua vasca que constituyen también uno de los primeros testimonios escritos conocidos, no epigráficos, en dicha lengua.

Las dos breves glosas en lengua vasca son el testimonio escrito no epigráfico más antiguo del euskera del que se tiene noticia. La aparición de restos en euskera y la abundante toponimia de la región en dicha lengua son muestras de que estas glosas debieron ser escritas en zona de contacto lingüístico vasco-románico.


Los Cartularios de Valpuesta son una serie de documentos que van desde el año 804 hasta el 1200, y que serían el primer testimonio escrito del que se tiene noticia de un dialecto romance hispánico (si bien no hay consenso entre los expertos acerca de su autenticidad).

Escritos en el Monasterio de Santa María de Valpuesta (Burgos), se trata de manuscritos en los que se copiaron las escrituras originales (privilegios, derechos, títulos de propiedad y en general, documentos) de los archivos de la corona, de obispados, monasterios, iglesias, localidades o de personas privadas, con objeto de conservar, previamente autentificados, sus respectivos derechos, en caso de pérdida de sus originales. En estos primeros textos en latín se entreven algunas palabras con fonética claramente castellana; pero los primeros textos escritos plenamente en castellano no aparecen hasta el 1200.

El estatuto de autonomía de Castilla y León los menciona en su preámbulo como uno de los primeros testimonios escritos en lengua castellana. Por ello, Valpuesta (sito en el valle de Valdegovía, Burgos) al igual que San Millán de la Cogolla, se atribuye el título de “Cuna del Castellano”.

La presencia de patronímicos vascos es abundante: Anderkina ("pequeña señora"), Enneco ("mi pequeño"), Ozoa ("el lobo"). Se utiliza el euskera en expresiones: mie ennaia ("mi hermano"). Palabras de parentesco: eita (padre), ama (madre), ennaia (hermano), amunnu (abuela). Palabras de respeto como Anderazu ("anciana señora" con el significado de "doña") que se encontrarían posteriormente, en los textos riojanos del siglo XI. Así como topónimos vascos de la zona: Margalluli, Yrola, Zopillozi, etc.


Las Glosas Silenses son comentarios en lengua romance peninsular realizados por copistas medievales en los márgenes de un texto en latín. Datan de finales del siglo XI y, al igual que las Glosas Emilianenses o los Cartularios de Valpuesta, su finalidad es aclarar los pasajes oscuros del texto latino. Se encontraron en el archivo del monasterio de Santo Domingo de Silos, de donde procede su nombre, en la región española de Castilla y León. Sin embargo, estas glosas pueden ser sólo copias cuya versión original fuera muy anterior, probablemente poco posterior al manuscrito latino que contiene las glosas de San Millán, que puede ser también el lugar original de su procedencia.


TARDE DE DOMINGO EN VASCONIA

sábado, 21 de marzo de 2015

El Almirante Invicto: la Doctrina Imperfecta

Valiente, honorable, buen estratega... muchos son los adjetivos que se pueden aplicar a grandes héroes como el almirante Nelson, cuyo nombre aún resuena en Gran Bretaña. Sin embargo, también son características, éstas y muchas otras, de las que pudo presumir Blas de Lezo, un oficial tuerto, cojo y manco de la marina española que consiguió resistir el ataque de 186 navíos ingleses con 26.000 soldados con sólo 6 barcos y apenas 3.000 hombres, durante el Siglo XVIII. Lo que diferencia a Blas de Lezo de Nelson es que él jamás perdió un combate, mientras que el almirante británico tuvo que retirarse derrotado en varias ocasiones ante sus "enemigos íntimos", los españoles.



viernes, 20 de marzo de 2015

Martín de Gaztelu

Escribano, mayordomo mayor, testamentario y secretario de Estado del emperador Carlos V, además fue secretario de las órdenes de Calatrava y Alcántara con Felipe II.


MARTÍN GAZTELU REALIZA LA PRESENTACIÓN DE JUAN DE AUSTRIA AL EMPERADOR CARLOS V, POR EDUARDO ROSALES

Natural de Gaztelu, en Guipúzcoa, donde nació en 1510. Fue uno de los protegido del secretario real Eraso, pero fue su tío Andrés de Gaztelu, miembro de la Secretaría del emperador, quien le introdujo en la Corte de Carlos V. En 1560, siendo secretario real de Felipe II, viajó en diversas misiones en Flandes e Italia.

Eraso le consiguió la Secretaría Personal de Carlos V durante su retiro en Yuste, encargándose del testamente el hombre más poderoso de Europa.

En 1570, Martín de Gaztelu, como fiel secretario que había permanecido en el monasterio de Yuste con el emperador, acabó el inventario de lo habido en la recámara de éste, registrando por primera vez cerveza en España en la Edad Moderna.

Más tarde, ya en el reinado de Felipe II, tomó parte en el oscuro asunto de la muerte del príncipe Carlos, hijo de Felipe que abdicó y testó ante él in articulo mortis de sus derechos al trono y posesiones.

Entre muchos otros escritos de Gaztelu, se conserva una de las primeras reglas de "etiqueta de palacio" en la Corte española, dadas el 31 de diciembre de 1575 y refrendadas por él: Etiqueta y ordenanzas que el rey don Felipe II, rey de las Españas, mandó se guardasen por los criados y criadas de la Casa Real de la Reina nuestra señora.

jueves, 19 de marzo de 2015

Aportación lingüística del Euskera al Castellano

ÁREAS DE INFLUENCIA VASCOIDE

Existen dos áreas geográficas donde el euskera ha influenciado y aportado rasgos fonéticos, sintácticos o gramaticales, comunes a las lenguas que se hablaban en dichos territorios:

1- Rasgos que tienen un epicentro en la zona vasca y que se difunden a zonas limítrofes afectando al castellano, al navarro-aragonés, al gascón y en parte al dialecto occidental del catalán. De este tipo de rasgos puede discutirse si se trata de una innovación local compartida o de un influjo de la pronunciación vasca, aunque los datos de reconstrucción del protovasco inducen a creer que al menos la mayoría serían rasgos de origen vasco.

2- Rasgos que se extienden desde Aquitania por la cornisa Cantábrica hasta Galicia y el norte de Portugal. En ocasiones se ha considerado que se habrían originado en un substrato previo desconocido que habría influido en toda la zona, incluso sobre el euskera. Este substrato supuestamente explicaría una serie de coincidencias fonéticas comunes entre el galaico-portugués y el vasco-aquitano, como la caída de /n/ intervocálica y la palatalización del diptongo /au/ originario, así como los restos de un sistema de cuenta vigesimal en Zamora, Santander y Portugal (sistema que es el único existente en vasco).

Se ha propuesto incluso identificar este substrato con los ligures (Gamillscheg). Con todo, tampoco puede descartarse el origen vasco de estos rasgos o que ese substrato fuese euskérico, y los ligures son un pueblo del que, aunque muy mencionado en las fuentes, apenas se sabe nada seguro sobre su lengua.


VERSOLARIS, POR VALENTÍN DE ZUBIAURRE


SUBSTRATO VASCO EN LENGUA CASTELLANA

Se llama Adstrato lingüístico a la influencia léxica, fonética y gramatical que dos lenguas ejercen entre si durante la convivencia en un mismo territorio, pero sin implantarse una sobre la otra. Por ejemplo, el dominio romano en la península ibérica produjo la desaparición de las lenguas aborígenes de la región, con excepción del vascuence. Sin embargo, muchas de sus características aún quedan como sustrato en el castellano; así, algunos lingüistas consideran que la desaparición de la inicial latina -f resultando una -h, inicialmente aspirada y posteriormente muda, parece deberse a la influencia vascuence, pues esta lengua rechazaba el fonema /f/.

El Substrato es el influjo que una lengua que desaparece ejerce sobre la que se implanta. Cuando el fenómeno se produce al revés, se llama Superestrato.

El substrato vasco en las lenguas románicas comprende todos los fenómenos de interferencia lingüística o influjos lingüísticos léxicos, fonéticos y gramaticales del euskera (o más correctamente su antecesor histórico, protoeuskera, pre-protoeuskera o prerrománico) sobre algunas variantes del latín de la península Ibérica y sobre algunas de las lenguas romances que le sucedieron como lenguas habladas.

El castellano, idioma romance cuya raíz fue el latín, se vio impregnado de elementos vascos con una serie de rasgos que le confieren una fuerte personalidad entre sus lenguas hermanas románicas.

Las variedades de navarro-aragonés son las hablas romances que tuvieron un mayor contacto con el euskera. Estas variedades presentan igualmente varios de los cambios fonéticos del castellano que han sido atribuidos a una posible influencia vasca.

El estudio de la etimología, origen y evolución de las palabras aporta claras evidencias del contacto e influencia mutua entre las lenguas. Esta influencia se ve también en el caso del euskera. Desde que se produjo el primer contacto con el latín, en torno al siglo II a. C., el euskera y las lenguas romances se han influido mutuamente, de diferentes maneras. Obviamente, la influencia se ha producido sobre todo desde el latín hacia el euskera, pero también existen algunas aportaciones vascas a las lenguas romances (al aragonés, al castellano y al gascón principalmente).

La influencia posible del substrato vasco-aquitano no habría sido antigua, sino que se habría podido prolongar hasta tiempos relativamente tardíos. Parece confirmada la idea de Coromines de que la lengua vasca tuvo una gran vitalidad y prestigio en la Baja Antigüedad y Alta Edad Media.

No en vano, el Reino de Navarra es uno de los protagonistas del inicio de la Reconquista, junto a eso, las tierras que los castellanos iban ganando a los árabes se repoblaban con vascos y navarros, que, lógicamente, llevaron sus hábitos lingüísticos y, además, ocuparon puestos preeminentes en la corte castellana hasta el siglo XIV. El Camino de Santiago, en pleno apogeo entonces, recorría precisamente la ruta desde Aquitania a Galicia pasando por el País Vasco.


ROMERÍA VASCA, POR AURELIO DE ARTETA


RASGOS LINGÜÍSTICOS CASTELLANOS DE INFLUENCIA VASCA


1- RASGOS SINTÁCTICOS

1- Presencia de la A ante un complemento directo de persona, como: “miró a su hermano”, frente a “miró su herida”.

2- Repetición del complemento indirecto, como: “le dije al moderador que...”



2- RASGOS FONÉTICOS

1- Estructura vocálica con sólo 5 vocales: a, e, i, o, u. No distingue como el catalán o el gallego entre e/o abierta y cerrada.

2- Betacismo o la indistinción entre V y B, es decir que ambas letras suenen como B, bien oclusiva como bala, o bien fricativa como lobo, no se oponen como labiodental y bilabial respectivamente, en otras lenguas si ocurre.

3- Caída de /f/ inicial, tras pasar por una fase de aspirada /h/. El cambio también se encuentra en el gascón por lo que la explicación a partir del substrato vasco parece plausible. Sin embargo, el cambio se encuentra también en las variedades interiores más arcaicas del sardo, en el italiano calabrés y en variedades rumanos (meglenorrumano e istrorrumano). En estos otros casos, el recurso al vasco no parece razonable. De hecho, es posible que dicho cambio incluso en español originalmente no tenga que ver con el vasco.

Como ejemplo, harina: farina > harina en castellano, pero farina en catalán, italiano y provenzal, fariña en gallego, farinha en portugués, farine en francés y faina en rumano; en vasco es irin.

4- Pérdida de las sibilantes sonoras que se ensordecen y pasan a confundirse con las sordas. Esta simplificación hace que el complicado sistema de sibilantes del castellano antiguo se convierta en uno similar al del euskera. Este rasgo también diferencia al gallego del portugués. Sin embargo, este reajuste es tardío y no se dio hasta el siglo XVI, por lo que podría ser independiente de la influencia del euskera.

5- Aparición eventual de una vocal protética delante de /r/ inicial. Este fenómeno se documenta con claridad en gascón y castellano antiguo (así ‘arredondo’ por ‘redondo’), aunque ha dejado algunos rastros en el actual (arrepentirse cast. ant. ‘repentirse’ lat. ‘repaenitere’; ‘arruga’ lat. ‘ruga’). Nuevamente la epéntesis también se da en italiano, con lo cual la influencia vasca no sería la única posibilidad.

6- Existencia de una apicoalveolar /s/ en oposición a un fonema dentoalveolar o dental /s
̺/, /θ/. Sin embargo, la primera también se encuentra en varios dialectos romances del norte de Italia, lo que descartaría la influencia vasca.

7- La introducción del sufijo -rro. Este fenómeno está presente en vocablos como carro, cerro, cazurro, guijarro, pizarra, etc.; llevaba consigo un fonema extravagante y ajeno al latín y a todas las lenguas románicas, que es, sin embargo, uno de los rasgos definidores del sistema fonético español; se trata del fonema ápico-alveolar vibrante múltiple de la /r/.


LOS BOLOS, GUIPÚZCOA, POR JOAQUÍN SOROLLA



PRESTAMOS VASCOS AL CASTELLANO

Los vasquismos son abundantes en el léxico del castellano. En época medieval, el euskera tuvo una fuerte influencia en la lengua castellana, que fue perdiendo a partir del siglo XV. Así se encuentra en términos de respeto como el personaje del Cantar del Mio Cid, “Minaya Álvar Fáñez” o “Miecha don Ordonio”; donde Minaya está por mi hermano y Miecha por mi padre. Minaya de eusk. anaia (hermano) y Miecha de aita (padre), término con variantes eita, ecta, echa en documentos medievales y que es el que da origen a los topónimos con el prefijo cha- como Chamartín.

Es notorio el número de términos vascos en la poesía del riojano Gonzalo de Berceo (s. XIII) como azcona (lanza), gabe (loco, privado; eusk. gabe sin), socarrar, zatico (mendrugo) o la expresión Don Bildur para mentar al diablo (eusk. beldur miedo). Por otra parte, también se pueden encontrar préstamos en la jerga de los fabricantes de trillos de Cantalejo (Segovia) denominada gacería y en la jerga de los canteros de Pontevedra, fala dos arxinas.

agur: término vasco de despedida procedente del latín augurium
alud, lurte: derrumbamiento de tierra; euskera: elur (nieve), lur (tierra)
aquelarre: reunión nocturna de brujas; eusk: aker-larra (campo del diablo)
azcona: arma arrojadiza; eusk: azkon (dardo)


cencerro: campana que se cuelga a la cabeza de los rebaños para saber dónde se encuentran estos; eusk: zinzerri
chabola: casucha; eusk: txabola, pasó de indicar la caseta temporal de los pastores vascos en la montaña a referirse a las casuchas en barracón en las que se apiñaban los mineros de Trápaga y Ortuella a principios del siglo XX.
chaparro: rechoncho; eusk: txapar (chaparro, mata de encina)
charro: algo recargado de adornos, de mal gusto; eusk: txar (malo)
chatarra: hierro viejo; eusk: txatar
chirimbolo: rodaja circular; eusk: txirimbol
chispear, chirimiri: lluvia fina; eusk: zirimiri
cococha: barbilla de la merluza; eusk: kokotxa


gamarra: del euskera gamarra
izquierda: eusk. ezkerr
jorguín: hechicero; eusk. sorgin (bruja)
laya: instrumento agrícola; eusk: lai (laya)
mochil: joven que ayudaba y llevaba los recados a los campesinos, del que deriva mochila; eusk: mutil (muchacho) y mothil (criado)
narria: un tipo de carretilla; eusk. narria
órdago: expresión del mus; eusk: hor dago (ahí está)
socarrar; del eusk. su (fuego) y gar (llama)
zamarra: chaqueta de piel con lana y su variante chamarra; del eusk. zamar (lana esquilada, vellón de lana)
zatico / zatillo: mendrugo de pan y zatiquero: panadero; eusk: zati (trozo, pedazo)
zulo: agujero; del eusk: zulo agujero
zurrón; del eusk: zorro (saco)

También existen términos muy específicos vascos como chacolí (un tipo de vino vasco), chistu (flauta típica vasca), pacharán (un licor navarro) o zorcico (tipo de composición musical vasca en octavas; zortzi: ocho); términos que la Real Academia reconoce pero indicando su uso dialectal en el País Vasco (larra, 'prado'), o préstamos muy recientes que incluye el Diccionario de la Real Academia y fácilmente reconocibles como euskéricos, tales como aberzale, aurresku o lendakari.

Otros términos posibles pero poco claros son cachorro o guitarra y en otros casos hay palabras en las que se sospecha la intervención de un substrato vasco o vascoide.


LOS REMEROS, POR MANUEL LOSADA



NOMBRES Y APELLIDOS CASTELLANOS DE ORIGEN VASCO

Aparte de los apellidos fácilmente reconocibles como vascos y que se encuentran con normalidad como apellidos castellanos, por ejemplo Mendizábal, son numerosos los apellidos vascos incorporados a la onomástica española.

La más exitosa aportación del euskera a la antroponimia mundial es el nombre Javier. Proviene del pueblo de Javier (Navarra), y se popularizó porque habiendo nacido allí, Francisco de Jassu, tomó como nombre religioso el de Francisco Xavier. Javier es un topónimo que es una de las diversas variantes de Etxaberri (casa nueva). 

Por otra parte, el apellido de probable origen vasco más extendido es García (formas antiguas: Garsea, Garzea, Gartzia), que se cree proviene del vasco medieval gaztea (joven) o de hartza (oso). Al comienzo fue usado como nombre, pero al cabo de los años, al prohibirse el uso de nombres no cristianos, se pasó a usar como apellido; pero Michelena no considera segura esta relación.

Otros patronímicos de origen vasco son los siguientes, si bien eran muy comunes en la Edad Media como nombres de pila, actualmente se los conoce más como apellidos:

Íñigo proviene de Eneko, que significa “mi pequeño” o “hijo” está compuesto de Ene “mi” + el diminutivo ko.

Jimeno derivado de Xemeno también significa “pequeño hijo”, compuesto de Xeme “hijo” + el diminutivo no.

El que sean nombres vascos en origen no quiere decir que sean nombres de raíces etimológicas de la lengua vasca necesariamente, sino que se consolidaron en un ámbito lingüístico vasco. Por ejemplo, Lope es de origen latino Lupus; y Aznar proveniente del vasco medieval azenari que significa "zorro", también documentado como Azeari, que a su vez descienden del término latino asinarius cuyo significado es "asno".

Tanto Galindo como Martín son germánicos; y Sancho derivado del sanctus latino que significa “santo” o de raíz eusquérica anso más un S protética. Un patronímico, que aunque no tenga origen vasco, fue popularizado en territorio lingüístico vasco y comenzado a utilizar en otras tierras fuera de este ámbito.

Velasco, Belasco y Blasco son provenientes del vasco Belasko "pequeño Bela", proveniente a su vez de Bela, tratándose este de una adaptación fonética vasca del patronímico visigodo Vigila + el diminutivo (s)ko.

Urraco de Urrako que significa "pequeño Áureo", a su vez es proveniente de Urre “oro, áureo” + el diminutivo ko. Si bien este nombre es conocido más por su modalidad femenina, Urraka, que fue nombre de condesas de Gascuña o reinas de Navarra y de Castilla

Otros conocidos apellidos de origen vasco son:

Mendoza de Mendi-otza, “Monte Frío”; Barrios a partir de berrioz, “nuevo caserío” formado por la unión matrimonial entre miembros de dos caseríos vecinos; Bolívar de bolu-ibar “vega del molino”; Cortázar de korta-zahar “establo viejo”; Chaves: de etxabe “casa de abajo”, el escudo del apellido Chaves consiste en dos llaves cruzadas; Ercilla aparentemente de erze+illa “pastizal”; Muñoz de muno-otz “colina fría”; Ochoa: de otso-a “el lobo”; Ortiz es una adaptación vasca de Fortuno.

Es destacable la onomástica navarra del ámbito pirenaico, y en concreto de Jaca al Nervión en los siglos X, XI, XII. Destacan estos nombres como García, Sancho, Enneco/Íñigo, Galindo, Aznar, Oveco, Jimeno o Lope. Estos nombres fueron muy frecuentes en las gentes navarras de la época, como ejemplarizan los nombres de los reyes y nobles del condado de Pamplona y el reino de Navarra. Tuvieron origen en ese ámbito geográfico navarro pirenaico y después se extendieron por toda la península.

Durante los siglos de formación del lenguaje castellano y abandono del latín en tierras consideradas como vascas, navarras, riojanas, aragonesas y castellanas van surgiendo lospatronímicos terminados en -ez. Partiendo de un nombre del padre, el apellido del hijo se formará con el nombre del padre, seguido del sufijo -ez, que indica procedencia familiar. Por ejemplo, Lope se transformará en apellido Lope + ez = López. La partícula -ez significa "hijo de". En un sentido onomástico, los términos que la llevan son derivados, ocupan un momento posterior.

Como ejemplos del uso de este patronímico en tierras navarras y vizcaínas durante el Medievo, tomemos las sagas de reyes navarros del Reino de Navarra y la saga de señores de Vizcaya: Sancho Garcés, fue hijo del rey García; García Sánchez fue hijo del rey Sancho; Diego López de Haro, hijo del señor Lope de Haro.

Así tenemos que: Martínez de Martín, Gómez de Gome, Rodríguez de Rodrigo, Jiménez de Jimeno, Fernández de Fernando, Pérez de Pedro, Márquez de Marco, Idiáquez de Idiaco, Ramírez de Ramiro, Iñiguez de Iñigo, Velázquez de Velasco, Sáez, Suarez, Gálvez, etc. son ahora apellidos, antes patronímicos, formados con el nombre del padre más el sufijo -ez, que indica procedencia paternal.

Muñoz, Siyoniz, Ruiz, Imaz, Estebaranz, Sanz, etc., son casos particulares de patronímicos.

El sufijo -ez es derivado del euskérico -is, que al escribirlo se transforma en -iz, y más tarde, evolucionando durante los siglos, en -ez.

Por ello, hay que constatar que, una serie de apellidos que surgen durante el medievo como patronímicos, son comunes a un conjunto de tierras vascas, navarras, riojanas, castellanas y aragonesas. La razón principal es la simbiosis entre sus lenguas, los romances (castellanos, navarro-aragonés) y el euskera. 

Además están los valiosísimos ejemplos de nombres vascones en el Bronce de Ascoli como Arrenez(s), Eneguez(s) o el popularismo -(V)belez(s) por no hablar ya de los Chavarris, Chaornas, Iturioz, Chavez, Mendozas, Velascos, etc. 

Los apellidos simples, Martínez, García, Rodríguez, Sánchez, Jiménez, etc., muy frecuentemente fueron en origen compuestos por una parte patronímica y una parte toponímica. Por ejemplo Martínez de Quel fue un apellido formado en zonas de la ribera navarra y en La Rioja, y denominaba a personas apellidadas Martínez y originarias de la localidad riojana de Quel, que llegaban a un cierto sitio de la ribera navarra y de La Rioja, donde había otros Martínez. Entonces los funcionarios municipales o del señorío, los curas en las partidas de bautismo de sus descendientes, etc., los distinguían durante la época del medievo de los otros Martínez con el topónimo de procedencia.

Y como ejemplos tenemos los de centenares de personalidades, que han hecho historia y cuyos nombres han sido escritos seguidos de su patronímico y toponímico correspondiente:

García de Cortázar, García de Aldama, García de Labastida, Pérez de Unzueta, Pérez de Abendaño, Pérez de Alonso, Pérez de Gárate, Pérez de Viana, Pérez de Igea, Pérez de Navarrete, Pérez de Salcedo, Pérez de Vitoria, Pérez de Elciego, Pérez de Mioño, Pérez de Arriola, López de Haro, López de Mendizabal, Martínez de Iturrioz, Martínez de Leyre, Martínez de Mendía, González de Legizamon, González de Mendoza, González de Butrón, Fernández de Ochoa, Fernández de Murga, Ruiz de Arteaga, Ruiz de Gamboa, Gómez de Ulloa, Sánchez de Zamudio, Sáenz de Buruaga, etc.

Con el tiempo la parte toponímica se fue perdiendo, el indicativo de procedencia -de se fue perdiendo en su uso ante registro, aunque aún sigan quedando muchos apellidos con esta preposición.

Por lo tanto, si además el castellano es una lengua históricamente tan utilizada por las gentes en el territorio vasco como el euskera, también lo deberían ser los apellidos que terminan en -ez. Normal que abunden tanto los apellidos de personalidades históricas vascas y navarras con terminación en -ez: Sancho Garcés, García Sánchez, Diego López de Haro, Martínez de Isasti, Martínez de Irala, Martínez de Recalde, etc.

Por haber hay, y muchos más, García Iñiguez, Pérez de Unzueta , Lope de Aguirre, González de Legizamon, García Jiménez, García Azenariz, Pérez de Abendaño, López Iturriaga, Martínez de Iturrioz, López Salazar, Fernández de Ochoa,...

miércoles, 18 de marzo de 2015

Besamanos a Fernando el Católico por vizcaínos

Besamanos a Fernando el Católico por vizcaínos en 1476 es una pintura de Francisco de Mendieta realizada en 1609.




Tras jurar los Fueros del Señorío de Vizcaya, Fernando de Trastamara, el Rey Católico, recibía la pleitesía de las Juntas Generales del Señorío como su legítimo rey de Castilla y señor de la provincia, reunidas en Guernica junto al árbol, el 30 de julio de 1476. Los líderes de los bandos nobiliarios Oñacinos y Gamboinos están arrodillados ante su rey. Detrás de ellos aparecen los señores feudales, cabezas de linaje nobiliario con sus respectivos escudos de armas. Arriba a la derecha aparecen los dos lobos símbolos del escudo de armas del Señorío desde tiempos de Diego López de Haro. Y, cómo no, el escudo de la Monarquía de los Reyes Católicos sobre el trono real.

La inscripción dice en vascuence vizcaíno:
"Esto es cómo en los años mil y cuatrocientos y setenta y seis, el día treintaavo de julio el señor rey Fernando quinto debajo del árbol de Gernica confirmó a los vizcainos sus fueros y ellos tenerle por Señor."




sábado, 14 de marzo de 2015

Entrevista a Pablo Victoria


Os ofrezco una interesante entrevista que Fernández Barbadillo hizo a Pablo Victoria publicada hace ya algunos años referida a la vida y gloria del almirante Blas de Lezo.

Pablo Victoria fue senador y diputado del parlamento de Colombia y escritor de una novela basada en la batalla de Cartagena de Indias, con el título El día que España derrotó a Inglaterra, publicada por la editorial Altera.

Pedro Fernández Barbadillo es profesor del Instituto de Humanidades de la Universidad San Pablo-CEU.


PABLO VICTORIA


¿Nos puede describir el personaje de Blas de Lezo, sus orígenes, su trascendencia, su pasado militar?

Entresaco algunos episodios de su vida. Blas Lezo, que nació en Pasajes (Guipúzcoa) el 3 de febrero de 1689, entró en la historia militar en la Guerra de Sucesión española. Es un joven guardiamarina que se enfrenta por primera vez a otro joven, Edward Vernon, en 1704 en la batalla por Gibraltar. Allí pierde la pierna izquierda a causa de un cañonazo; se la amputan sin anestesia alguna. Alejandro de Borbón le dirige una carta a Luis XIV diciéndole que no ha conocido a nadie con tanto valor; Felipe V lo quiere nombrar su asistente de cámara y le concede una ‘merced de hábito’ reservada a los más encumbrados personajes del Reino.

Lezo continúa en la marina, sin embargo. En 1705 lo envían a socorrer a Peñíscola, ciudad leal a Felipe V, y luego a Génova, donde en combate liquida al navío británico Resolution y captura otros barcos. Se le concede que pueda entrar en su puerto natal arrastrando los navíos. ¡Tenía 16 años! En 1706 participa en el asedio a Barcelona, puerto bloqueado por la Armada británica. Destinado al fuerte de Tolouse, pierde el ojo izquierdo por una esquirla de cañón.

En 1712, Lezo, al mando del navío Campanella, bombardea Barcelona para apoyar los ejércitos de Felipe V que la asedian. Una bala de mosquete le inutiliza el brazo derecho, rompiéndole los tendones. Tenía 23 años. Es de allí, de ser cojo, tuerto y manco, que en Cartagena de Indias lo llamarían “medio-hombre”.

En 1715 participa en la reconquista de la isla de Mallorca, fiel al pretendiente austriaco, que se rinde sin disparar un tiro. Luego es asignado al Mar del Sur, en el Perú, donde se destaca por limpiar el Pacífico de corsarios y piratas. En las indias se casa con Doña Josefa Pacheco de Bustos y se le nombra General de Marina. Regresa a Cádiz en 1730. En 1731 se le encomienda cobrar en Génova dos millones de pesos que esa ciudad debe a la Corona española; ingresa en el puerto con seis buques de guerra, amenaza con bombardear la ciudad, recobra los dos millones y obliga a los genoveses a rendir honores a la bandera española.

En 1732 vuelve a demostrar sus habilidades como marino en la reconquista de la fortaleza de Orán que se había perdido a los musulmanes.

En 1737 es destacado a Cartagena de Indias donde ocurre su más glorioso episodio. Durante 67 días defiende con tesón la plaza del feroz asalto inglés y derrota la más importante Armada que el mundo había visto con 6 navíos y 2.830 hombres.

Lezo murió en Cartagena. Su tumba es desconocida. España lo olvidó, sin saber que había salvado su imperio de la invasión británica.




Los españoles establecieron fuerte protección para la población indígena en resguardos, ejidos y similares. La jornada de ocho horas era habitual. Parece que los ingleses estaban completamente seguros de su victoria en Cartagena de Indias

Tan convencidos estaban los ingleses que pusieron a circular monedas que decían en su anverso: “Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741” y “La arrogancia española humillada por el almirante Vernon”. En las monedas aparecía Blas de Lezo, arrodillado, rindiendo la espada ante el conquistador Vernon. Cuando fueron derrotados, escondieron todos los documentos, recogieron las monedas y guardaron un silencio de siglos sobre aquella epopeya.


¿De qué medios disponían los españoles y cuál fue la estrategia de Blas de Lezo para derrotar a los invasores?

Los británicos habían traído 8 navíos de tres puentes y 90 cañones cada uno; también otros 28 navíos de dos puentes y 50 cañones, más 12 fragatas de 40 cañones cada una, que hicieron su aparición seguidas de dos bombardas y 130 embarcaciones de transporte de tropas donde transportaban un ejército de asalto de 10.000 hombres; entre ellos, un contingente de 2.763 soldados oriundos de la colonia norteamericana, al mando de Lawrence Washington, hermano del futuro libertador de Estados Unidos, George Washington, y 1.000 negros macheteros de Jamaica. Otros 12.600 marinos completaban aquella formidable armada de 23.600 combatientes, 180 naves y 2.620 cañones navales, más distintas piezas de artillería de desembarco que se aprestaban a asaltar la fortaleza militar más grande jamás construida en Occidente. Los ingleses contaban con 3.000 piezas de artillería concentrada en los barcos y en tierra.

En frente, los españoles contaban con 990 bocas de fuego distribuidas a lo largo de las fortificaciones, dispersas y distantes. Los españoles se defenderían con 2.230 hombres veteranos, más 600 indios traídos del interior de la provincia.


De haber conquistado Cartagena de Indias, ¿qué cree que habría ocurrido en el imperio español?, ¿se habría derrumbado?

Lo más importantes es entender que los planes británicos no paraban en la conquista de Cartagena, pieza clave en la ruta del tesoro americano y llave de las Antillas. Los ingleses pretendían no sólo privar de recursos a España, sino destruir las flota del Pacífico, avanzar desde Cartagena hacia el interior de la Nueva Granada, conquistar el Perú y sus ricos yacimientos de Plata y rendir al Imperio. Es decir, apoderarse de todo él y hacer capitular a la metrópoli.


Lezo era vasco. ¿Hubo muchos vascos en la conquista de América y, luego, en la vida posterior de los virreinatos (comerciantes, soldados, gobernantes, clérigos...)?

La verdad es que a la pericia navegante de los vascos se debe el mantenimiento del comercio con América por la construcción de buques mercantes y de guerra. Sus marinos fueron destacadísimos en empresas de esta índole, amén de que el departamento (provincia) más próspero de Colombia, Antioquia, se debe a la colonización vasca y a su empuje empresarial. En aquel entonces , los vascos entendían a España como la Patria común y defendían un concepto más amplio de Estado, con alcances universalistas y no parroquiales.


Los planes británicos no paraban en la conquista de Cartagena de Indias, pieza clave en la ruta del tesoro americano y llave de las Antillas Usted es hispanoamericano. ¿Cree que está justificado el tono crítico, que a veces se acerca al desprecio, de ciertos sectores españoles e hispanoamericanos con la Conquista y la Colonia?

A mi juicio el tono crítico con que se ve a España hunde sus raíces en dos fenómenos: el fenómeno de la Leyenda Negra, diseminada por holandeses e ingleses que pusieron los recursos de la propaganda y la imprenta a estos fines, y el patriotismo que era menester consolidar a partir de la expulsión de España de sus territorios de Ultramar. Esto último se apoya en lo primero.


RETRATO Y FIRMA DE BLAS DE LEZO


Ahora en muchos países de América ha surgido un movimiento indigenista que sostiene que los “pueblos originarios” sufren discriminación y explotación desde hace 500 años? ¿Está justificada esta opinión? ¿Era la vida antes de la llegada de los españoles tan inocente y buena como afirma Rigoberta Menchú?

La llamada explotación es una farsa; en primer lugar, porque los españoles en América establecieron fuerte protección para la población indígena en resguardos, ejidos y similares. La jornada de ocho horas era habitual. Esta situación, es cierto, se deterioró con la salida de los españoles y el poder detentado por las oligarquías criollas. Los indios dejaron de estar protegidos y las horas de trabajo se prolongaron para todos.

Sin embargo, justo es decirlo, la situación económica también se deterioró para todos por el caudillismo y el mesianismo, las rivalidades y las guerras civiles. Es decir, en unos territorios donde durante trescientos años hubo paz y riqueza, ahora imperó la guerra y la contienda. La inversión decayó y con ella se vino abajo la productividad en las manufacturas y la agricultura. La consecuencia fue un deterioro permanente del nivel de vida que terminó por arrastrar a la mayoría de la población.

Entonces, lo que se llama “explotación” no es más que la pobreza impuesta por el deterioro general del clima de trabajo que repercute con mayor fuerza en las clases populares e indígenas y menos en las blancas que, por lo general, son más productivas y activas.

Ahora bien, pertenece a la mitología americana decir que la población indígena era inocente y buena; al contrario, las crónicas de la época nos afirman que los indios varones era borrachos, mentirosos e irresponsables y preferían poner a trabajar a sus mujeres mientras ellos se divertían, holgazaneaban y se emborrachaban. Además, los principales esclavistas eran las castas altas indias que oprimían a las castas de menor abolengo.

De lo contrario, nadie podría explicarse cómo Hernán Cortés conquistó el imperio azteca con tan sólo un puñado de hombres. Lo que hizo fue reclutar a los indios oprimidos para que se rebelaran y pelearan contra los aztecas que les imponían cuotas de sangre para sus sacrificios humanos.