sábado, 14 de marzo de 2015

Entrevista a Pablo Victoria


Os ofrezco una interesante entrevista que Fernández Barbadillo hizo a Pablo Victoria publicada hace ya algunos años referida a la vida y gloria del almirante Blas de Lezo.

Pablo Victoria fue senador y diputado del parlamento de Colombia y escritor de una novela basada en la batalla de Cartagena de Indias, con el título El día que España derrotó a Inglaterra, publicada por la editorial Altera.

Pedro Fernández Barbadillo es profesor del Instituto de Humanidades de la Universidad San Pablo-CEU.


PABLO VICTORIA


¿Nos puede describir el personaje de Blas de Lezo, sus orígenes, su trascendencia, su pasado militar?

Entresaco algunos episodios de su vida. Blas Lezo, que nació en Pasajes (Guipúzcoa) el 3 de febrero de 1689, entró en la historia militar en la Guerra de Sucesión española. Es un joven guardiamarina que se enfrenta por primera vez a otro joven, Edward Vernon, en 1704 en la batalla por Gibraltar. Allí pierde la pierna izquierda a causa de un cañonazo; se la amputan sin anestesia alguna. Alejandro de Borbón le dirige una carta a Luis XIV diciéndole que no ha conocido a nadie con tanto valor; Felipe V lo quiere nombrar su asistente de cámara y le concede una ‘merced de hábito’ reservada a los más encumbrados personajes del Reino.

Lezo continúa en la marina, sin embargo. En 1705 lo envían a socorrer a Peñíscola, ciudad leal a Felipe V, y luego a Génova, donde en combate liquida al navío británico Resolution y captura otros barcos. Se le concede que pueda entrar en su puerto natal arrastrando los navíos. ¡Tenía 16 años! En 1706 participa en el asedio a Barcelona, puerto bloqueado por la Armada británica. Destinado al fuerte de Tolouse, pierde el ojo izquierdo por una esquirla de cañón.

En 1712, Lezo, al mando del navío Campanella, bombardea Barcelona para apoyar los ejércitos de Felipe V que la asedian. Una bala de mosquete le inutiliza el brazo derecho, rompiéndole los tendones. Tenía 23 años. Es de allí, de ser cojo, tuerto y manco, que en Cartagena de Indias lo llamarían “medio-hombre”.

En 1715 participa en la reconquista de la isla de Mallorca, fiel al pretendiente austriaco, que se rinde sin disparar un tiro. Luego es asignado al Mar del Sur, en el Perú, donde se destaca por limpiar el Pacífico de corsarios y piratas. En las indias se casa con Doña Josefa Pacheco de Bustos y se le nombra General de Marina. Regresa a Cádiz en 1730. En 1731 se le encomienda cobrar en Génova dos millones de pesos que esa ciudad debe a la Corona española; ingresa en el puerto con seis buques de guerra, amenaza con bombardear la ciudad, recobra los dos millones y obliga a los genoveses a rendir honores a la bandera española.

En 1732 vuelve a demostrar sus habilidades como marino en la reconquista de la fortaleza de Orán que se había perdido a los musulmanes.

En 1737 es destacado a Cartagena de Indias donde ocurre su más glorioso episodio. Durante 67 días defiende con tesón la plaza del feroz asalto inglés y derrota la más importante Armada que el mundo había visto con 6 navíos y 2.830 hombres.

Lezo murió en Cartagena. Su tumba es desconocida. España lo olvidó, sin saber que había salvado su imperio de la invasión británica.




Los españoles establecieron fuerte protección para la población indígena en resguardos, ejidos y similares. La jornada de ocho horas era habitual. Parece que los ingleses estaban completamente seguros de su victoria en Cartagena de Indias

Tan convencidos estaban los ingleses que pusieron a circular monedas que decían en su anverso: “Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741” y “La arrogancia española humillada por el almirante Vernon”. En las monedas aparecía Blas de Lezo, arrodillado, rindiendo la espada ante el conquistador Vernon. Cuando fueron derrotados, escondieron todos los documentos, recogieron las monedas y guardaron un silencio de siglos sobre aquella epopeya.


¿De qué medios disponían los españoles y cuál fue la estrategia de Blas de Lezo para derrotar a los invasores?

Los británicos habían traído 8 navíos de tres puentes y 90 cañones cada uno; también otros 28 navíos de dos puentes y 50 cañones, más 12 fragatas de 40 cañones cada una, que hicieron su aparición seguidas de dos bombardas y 130 embarcaciones de transporte de tropas donde transportaban un ejército de asalto de 10.000 hombres; entre ellos, un contingente de 2.763 soldados oriundos de la colonia norteamericana, al mando de Lawrence Washington, hermano del futuro libertador de Estados Unidos, George Washington, y 1.000 negros macheteros de Jamaica. Otros 12.600 marinos completaban aquella formidable armada de 23.600 combatientes, 180 naves y 2.620 cañones navales, más distintas piezas de artillería de desembarco que se aprestaban a asaltar la fortaleza militar más grande jamás construida en Occidente. Los ingleses contaban con 3.000 piezas de artillería concentrada en los barcos y en tierra.

En frente, los españoles contaban con 990 bocas de fuego distribuidas a lo largo de las fortificaciones, dispersas y distantes. Los españoles se defenderían con 2.230 hombres veteranos, más 600 indios traídos del interior de la provincia.


De haber conquistado Cartagena de Indias, ¿qué cree que habría ocurrido en el imperio español?, ¿se habría derrumbado?

Lo más importantes es entender que los planes británicos no paraban en la conquista de Cartagena, pieza clave en la ruta del tesoro americano y llave de las Antillas. Los ingleses pretendían no sólo privar de recursos a España, sino destruir las flota del Pacífico, avanzar desde Cartagena hacia el interior de la Nueva Granada, conquistar el Perú y sus ricos yacimientos de Plata y rendir al Imperio. Es decir, apoderarse de todo él y hacer capitular a la metrópoli.


Lezo era vasco. ¿Hubo muchos vascos en la conquista de América y, luego, en la vida posterior de los virreinatos (comerciantes, soldados, gobernantes, clérigos...)?

La verdad es que a la pericia navegante de los vascos se debe el mantenimiento del comercio con América por la construcción de buques mercantes y de guerra. Sus marinos fueron destacadísimos en empresas de esta índole, amén de que el departamento (provincia) más próspero de Colombia, Antioquia, se debe a la colonización vasca y a su empuje empresarial. En aquel entonces , los vascos entendían a España como la Patria común y defendían un concepto más amplio de Estado, con alcances universalistas y no parroquiales.


Los planes británicos no paraban en la conquista de Cartagena de Indias, pieza clave en la ruta del tesoro americano y llave de las Antillas Usted es hispanoamericano. ¿Cree que está justificado el tono crítico, que a veces se acerca al desprecio, de ciertos sectores españoles e hispanoamericanos con la Conquista y la Colonia?

A mi juicio el tono crítico con que se ve a España hunde sus raíces en dos fenómenos: el fenómeno de la Leyenda Negra, diseminada por holandeses e ingleses que pusieron los recursos de la propaganda y la imprenta a estos fines, y el patriotismo que era menester consolidar a partir de la expulsión de España de sus territorios de Ultramar. Esto último se apoya en lo primero.


RETRATO Y FIRMA DE BLAS DE LEZO


Ahora en muchos países de América ha surgido un movimiento indigenista que sostiene que los “pueblos originarios” sufren discriminación y explotación desde hace 500 años? ¿Está justificada esta opinión? ¿Era la vida antes de la llegada de los españoles tan inocente y buena como afirma Rigoberta Menchú?

La llamada explotación es una farsa; en primer lugar, porque los españoles en América establecieron fuerte protección para la población indígena en resguardos, ejidos y similares. La jornada de ocho horas era habitual. Esta situación, es cierto, se deterioró con la salida de los españoles y el poder detentado por las oligarquías criollas. Los indios dejaron de estar protegidos y las horas de trabajo se prolongaron para todos.

Sin embargo, justo es decirlo, la situación económica también se deterioró para todos por el caudillismo y el mesianismo, las rivalidades y las guerras civiles. Es decir, en unos territorios donde durante trescientos años hubo paz y riqueza, ahora imperó la guerra y la contienda. La inversión decayó y con ella se vino abajo la productividad en las manufacturas y la agricultura. La consecuencia fue un deterioro permanente del nivel de vida que terminó por arrastrar a la mayoría de la población.

Entonces, lo que se llama “explotación” no es más que la pobreza impuesta por el deterioro general del clima de trabajo que repercute con mayor fuerza en las clases populares e indígenas y menos en las blancas que, por lo general, son más productivas y activas.

Ahora bien, pertenece a la mitología americana decir que la población indígena era inocente y buena; al contrario, las crónicas de la época nos afirman que los indios varones era borrachos, mentirosos e irresponsables y preferían poner a trabajar a sus mujeres mientras ellos se divertían, holgazaneaban y se emborrachaban. Además, los principales esclavistas eran las castas altas indias que oprimían a las castas de menor abolengo.

De lo contrario, nadie podría explicarse cómo Hernán Cortés conquistó el imperio azteca con tan sólo un puñado de hombres. Lo que hizo fue reclutar a los indios oprimidos para que se rebelaran y pelearan contra los aztecas que les imponían cuotas de sangre para sus sacrificios humanos.