viernes, 30 de octubre de 2015

Urdaneta en las islas Molucas


El cosmógrafo Andrés de Urdaneta recibió su bautismo de mar a los 17 años, en la Expedición a la Especiería (Molucas) al mando de García Jofre de Loaysa que Carlos V envió en 1525. Se trataba de la segunda expedición transpacífica española en la carrera que Castilla y Portugal mantenían por el dominio de aquellas islas de enorme valor económico. El responsable náutico de la expedición era el también guipúzcoano Juan Sebastián Elcano, que mandaba la nao Sancti Spiritus. En esta nave embarcó Urdaneta, en un cargo sin especificar pero de responsabilidad, era una especie de estudiante en prácticas. Durante el trayecto Urdaneta hizo de letrado, firmó como testigo documentos trascendentales como el testamento de Elcano, asumió diversas responsabilidades náuticas y criticó varias veces en su diario a su jefe directo por su gestión náutica.

La expedición, compuesta de 7 naves, zarpó el 24 de julio de 1525 de La Coruña. Tras reponer provisiones en La Gomera, se dirigieron al estrello de Magallanes pero, en vez de navegar al sudoeste para alcanzar la costa de Brasil aprovechando los vientos Alisios, descendieron sin embargo por la costa de África hasta llegar a la costa de Guinea. Tras un incidente con una nao portuguesa, el 15 de octubre fondearon en la isla de San Mateo y, a partir de ahí, pusieron rumbo en dirección a Brasil, a donde llegaron el 5 de diciembre.


ANDRÉS DE URDANETA, POR VÍCTOR VILLÁN


Una fuerte tempestad hizo que la nao capitana se separase del resto de la flota. Tras muchos incidentes y algún motín, el 26 de mayo atravesaban el Cabo de Hornos adentrándose en el océano Pacífico.

El 30 de julio de 1526 fallecía el capitán Loaysa sucediéndole al mando Juan Sebastián Elcano quien, a su vez, morirá unos días más tarde. En tales condiciones, el 14 de septiembre recalaban en la isla de Guam donde apareció un marinero de la expedición de Magallanes llamado Gonzalo de Vigo que se convertirá, debido al conocimiento adquirido de lenguas, costumbres y conocimientos, en una de las fuentes de referencia para Urdaneta. Finalmente, el 6 de octubre solo una de las 6 naves iniciales al mando de Carquizano llegaba a su destino, la isla de Mindanao (Caraga).

En enero de 1527, llegaban a Tirode, en el archipiélago de las Molucas, asentados en Zamafo. Los expedicionarios identificaron las fortificaciones de los portugueses. Al mismo tiempo, Urdaneta se convertía un mediador entre los expedicionarios y los caciques locales de la región. Ante la negativa de los castellanos de abandonar la isla, el primer contacto violento con los portugueses tuvo lugar el 18 del mismo mes. Desde ese momento varios enfrentamientos esporádicos se fueron sucediendo y en uno de ellos Urdaneta sufrió heridas de pólvora.

Durante 9 años, Urdaneta permaneció en la isla de Gilolo (Halmahera) dedicándose a la construcción y reparación de naves, demostrando sus dotes de diplomático, estratega y observador, mientras mantenía una rivalidad con algunas tribus moluqueñas y con los portugueses.

La posición española en las islas Molucas se reforzó con la llegada de la expedición de Álvaro de Saavedra, pero terminó tras la firma del Tratado de Zaragoza de 1529, por el cual el rey Carlos V entregaba los derechos de colonización de las islas Molucas y Filipinas al rey de Portugal. A pesar de la marcha de los castellanos asentados en estos dominios, Urdaneta permaneció en la región durante varios años más.

Del fracaso de los intentos de retornar a América por el Pacífico y de su trato con navegantes asiáticos, fue adquiriendo conocimientos sobre los pueblos, la geografía, el clima y la navegación local que resultarán cruciales para el tornaviaje de 1565. Además llegó a aprender el malayo y algunas otras lenguas del sudeste asiático (el tidore, el ternate, el chamorro, etc.).



MAPA DE LAS ISLAS MOLUCAS DEL SIGLO XVII


Tras la toma de Tidore por los portugueses y el peligro de sublevación de los nativos contra los europeos establecidos, el 15 de febrero de 1535 Urdaneta emprendió el regreso a España a través de los dominios portugueses Malaca y Cochín, hasta alcanzar Lisboa el 26 de junio de 1536, dando así la vuelta al mundo.

En la capital lusa, la Guardia Mayor le requisó sus escritos, sus libros y todos los materiales acumulados durante su estancia en el Pacífico: una documentación de gran valor técnico y estratégico, que incluía los derroteros de los viajes de Loaysa y Saavedra, mapas y otras memorias. No obstante, el 26 de febrero de 1537 pudo entregar a Carlos V en Valladolid una Relación escrita de los sucesos de la armada del comendador Loaisa desde el 24 de julio de 1525 hasta el año de1535, que era un relato del viaje, hecho de memoria, que reflejaba sus dotes de observación, el gran conocimiento de las islas y su interés por los rendimientos de aquellas.

En todo caso, la expedición de Loaysa había servido para asentar las bases del conocimiento para que 30 años más tarde se consumara el tornaviaje a través del Pacífico y, con él, la consolidación de la presencia de Castilla en las Filipinas y la apertura de una de las rutas comerciales fundamentales de la modernidad.



NATIVOS DE LA ISLA DE LOS LADRONES ANTE UNA EMBARCACIÓN COLONIZADORA

jueves, 29 de octubre de 2015

Vascos ilustres del Imperio Español (1492 · 1898)

 

 
Neure euskaldunai gomutagarri
Vascos ilustres del Imperio Español (1492 · 1898)

1º Juan Sebastián Elcano
2º Juan de Urbieta
3º Miguel López de Legazpi
4º Andrés de Urdaneta
5º Miguel de Oquendo y Segura
6º Catalina de Erauso
7º Blas de Lezo
8º Cosme Damián de Churruca
9º Tomás de Zumalacárregui
10º Miguel Unamuno

Zure ohorez ta laialtasun

martes, 27 de octubre de 2015

Vascos en la Armada de la Carrera de Indias Occidentales del siglo XVII

Para principios del siglo XVII, ya se había conformado formalmente una escuadra que tenía la función de escoltar a los navíos mercantes conocida como la Armada de la Guarda de la Carrera de las Indias Orientales. Estaba integrada por ocho galeones y dos o tres pataches dotados de artillería pesada con tripulaciones específicas de 1.100 marinos y 998 soldados. Las embarcaciones de la armada que resguardaban a las Flotas de Nueva España eran solamente, la capitana, la almiranta y dos pataches.

Las flotas del siglo XVII transportaron por término medio entre diez y doce millones de pesos. El peso era una moneda de plata procedente de México y Perú, muy valorada en el comercio internacional por tener mayor aleación de metal que los peninsulares. Al sur, la ruta del Perú por el estrecho de Magallanes era difícil y quedó pronto descartada por las enormes dificultades que los vientos y corrientes imponían a la navegación marítima.

La Carrera de Indias se convirtió en una empresa más de todo aquel entramado económico del Imperio español que formaban la producción minera, la construcción naviera, la industria armamentística, el comercio mercantil, y el transporte de las Carreras de Indias y de Flandes. En este último sistema mercante, los vascos actuaban como testaferros del comercio oficial con las potencias europeas. En cada uno de estos sectores económicos la presencia vasca fue notable y creciente durante los reinados de la Monarquía austracista.

La preferencia vasco-cántabra de la Corona en detrimento de los intereses criollo-andaluces, así como la mentalidad emprendedora de los vascos, fue generando una situación de tensión con el resto de participantes nacionales. Los generales, almirantes y capitanes de los galeones de la Carrera de Indias eran, además de militares, comerciantes, testaferros y mercaderes.


COMBATE NAVAL ENTRE NAVÍO HOLANDESES Y ARMADA DE LA GUARDA DE LA CARRERA DE INDIAS


Para los Oquendo, Ibarra, Larraspuru, Echazarreta, Echeverri, etc., la Carrera de Indias no solo significaba un fiel servicio a su rey, sino también un negocio y una manera de enriquecimiento personal. El contrabando de metales precioso propició el enjuiciamiento y condena de algunos mandos vascongados, como también sucedía a otros marinos del resto de España.

Un ejemplo de empresa privada de la Carrera de Indias podía estar constituido por asentistas y constructores navales que aportaba barcos y comandantes pilotos que dirigían los mismos. Fue el caso de la asociación formada en 1662 por los asentistas Jacinto Antonio de Echeverri y Miguel de Aristiguieta, dueños de las naos El Buen Jesús San Ignacio, y el general Juan de Echeverri, hermano del primero, quien haría el viaje en conserva de los Galeones. Los beneficios se repartían a partes igual, que a veces se obtenían del comercio ilegal.

En 1643, el Consejo de Indias reconoció que:
“El crédito de Sancho de Urdanibia, Juan de Irárraga y de Juan de Echeverri es grande. Entre los tres trajeron todas las confianzas de los vizcaínos de Sevilla y Cádiz”.

El comandante de la Carrera de Indias también podía asumir funciones de financiero, concediendo crédito a la Casa de Contratación para la organización de una flota de galeones. Ejemplo de esto fue el general Miguel de Echazarreta cuando, en 1630, financió con 22.000 ducados los pertrechos y provisiones que necesitaba la flota que debía zarpar ese año.

A pesar del interés particular de los comandantes de la Carrera de Indias, también existía una gran consideración en servir a su rey y la nación española. Su riqueza y grandeza era la misma que la de la Corona. Un ejemplo de este interés común en desarrollar toda esta empresa comercial y militar quedó patente en una carta que en 1673 el comandante José de Veitia y Linaje, autor del Norte de la Contratación de las Indias Occidentales, envió a Jacinto Antonio de Echeverri. En ella pedía la transmisión de sus profundos conocimientos en el campo de la tecnología naval y de la navegación trasatlántica que había acumulado durante generaciones, en los astilleros y en la mar. Así pues Veitia pedía en sus misiva que:
“lo primero es que v.m. se recobre en su salud y cierto que teniéndola le debemos suplicar sus servidores que no defraude a la nación española de la gloria que le podrá resultar de ver reducida a ciencia inteligible preceptos ciertos y con demostraciones matemáticas la arquitectura naval y creo firmemente, sin pasión, que ninguno en toda España puede igualar a v.m. en esto”.

La mayoría de estos altos mandos de las Armadas y Flotas de Indias enriquecidos terminaron mezclándose con la nobleza y alta burguesía del resto del país, especialmente la andaluza, asumiendo también su escala de valores. Existía la clara idea de salir de los cerrados círculos familiares y entrar en lo más granado del resto de España.

Juan de Echeverri, el que fue general de Galeones, escribía desde Cádiz a su madre:
“Nosotros tenemos corta parentela por haber sido mi padre y abuelos solos, y más vale que sea así que no muchos y pobres, sobre esto la memoria de mi padre es de criado del rey, mi hermana también casó en casa honrada y aunque no dejó hijos, basta el haberse casado para la suposición del lustre. Hoy, con lo que yo he corrido en puestos y caudal es mucho mayor la obligación de acomodarse Mariana y si fuese con persona que suponga menos que Juan de Beresiartua no tendría.v.m. ni yo disculpa. Así su comodidad, no tanto hemos menester en la sobra de hacienda como en el lustre de la persona y casa. Cuando una familia se singulariza en una república, es muy ordinario, y casi forzoso, el casarse fuera y tener muy pocos parientes dentro, como sucede en ese lugar a los más honrados, y cuando fuera del lugar se pierden todas las esperanzas, el más decente en él de los que v.m. me nombre es D. J. de B. Porque, aunque tiene menos parientes que los otros, son de más lustre y no dice v.m. si se puso el hábito que le hicieron merced porque si no, sería forzoso que se le pusiese primero…”

Estos eran los deseos de un almirante vascongado de la Monarquía austracista: riqueza, honor y posición social. Pero el ascenso social de un marino o militar vascongado afectaba a toda su familia o grupo social. Por ejemplo, el matrimonio de Juan Domingo de Echeverri no solo interesó a sus familiares que vivían en Cádiz o Vascongadas, también afectó a  los altos oficiales de la Carrera de Indias de su mismo origen vasco, como por ejemplo a Antonio Isasi Idiáquez y Juan de Irárraga, que tomaron partida en la elección de la novia.


ARMADA DE LA GUARDA DE LA CARRERA DE INDIAS


La identificación de los mandos vascos de la Carrera de Indias con el espíritu y la idea de Monarquía Universal de los Austrias, sobre todo de Felipe IV, era absoluta, mucho más acusada que en los procedentes del resto de España. Puede asegurarse que esa fidelidad y objetivos eran mutuos.

Aunque la mentalidad mercantilista de los vascongados la España del siglo XVII quedase patente con su protagonismo en cada una de las actividades económicas que enlazaban el Imperio americano con la metrópoli, también existía una fidelidad e identificación con el proyecto de dominio mundial. Esta mentalidad quedó de manifiesto en uno de los personajes más extraordinarios de la historia naval española, Tomás de Larraspuru, quien escribía en 1627 a su rey, después de atracar en Sanlúcar, de vuelta con treinta y cinco naves: 
“Los tesoros del mundo deseo ver a los pies de Vuestra Majestad para mayor grandeza suya y aumento de la Fe Católica y ser instrumento para muchos efectos del servicio de Vuestra Majestad.

En 1632, el general azcoitiarra Larraspuru, respondía mediante carta al consejero real de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, Fernando Ruiz de Contreras, que lo requerían para dirigir todas las operaciones:
“Acabo de recibir la carta de v.m. en que me representa la voluntad de su Majestad no se admita la excusa de la falta de salud que di con el ultimo correo y que luego parta al ejercicio de mi cargo. Lo que puedo decir a v.m. es que los achaques se han agravado de modo que me hallo hoy con tercianas dobles y que cuarenta y un días ha que llegué aquí guardo cama y en esta ocasión si con dinero pudiera comprar la salud lo hiciera para obedecer con el amor y veras que debe como lo he hecho por el pasado cuando lo he podido”

A pesar de su deseo de servir en la Armada de su majestad moría en su casa natal de Azcoitia por cuestiones de salud.

Larraspuru fue uno de los personajes más extraordinarios de la historia naval española. Estaba especializado en la persecución de bucaneros y corsarios de la ruta de Indias. A su pericia náutica y militar de Larraspuru hay que sumar sus conocimientos en construcción de buques. Fue sin duda uno de los más cualificados arquitectos navales de la Europa del siglo XVII.

Abundan las referencias en las que se refleja que en aquella escala de valores existía algo superior a la riqueza. Cuando en 1645 a Pedro de Ursúa y Arizmendi se le encargó que comandase la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias interinamente, por ausencia del titular, solicitó que se le expidiese título de Capitán General, “para ser mejor obedecido”. No aspiraba a aumentos de sueldo ni ninguna otra ventaja económica, sólo el título “honrando con él mis canas y la calidad de mi persona, que siendo tan conocida, he llegado a este puesto por treinta años continuos de servicios, ascendiendo por los puestos de la milicia que me han sido decentes”.

Otros marinos se ganaron el ascenso luchando heroicamente en los combates. Fue el caso de Juan de Urbina que llena todo el ánimo más capaz”, quien, en 1646, fue recompensado por rey con el puesto de capitán general de la Armada de Barlovento.

En 1686 el donostiarra Francisco García Galán ofreció a la Corona una escuadra de cuatro fragatas y un barco luengo, tripulados con su gente y comandada por él mismo, para actuar de corsarios en aguas americanas. En semejantes circunstancias a las de Urbina y Ursúa, García Galán reclamaba a cambio los títulos de general, almirante, gobernador y sargento mayor, y su argumento fue el siguiente: “ya que vamos a perder las vidas en servicio de Su Majestad, tengamos la honra de esta graduación”.

La fidelidad a la Monarquía hispánica se demostró en dos claras figuras de la historia naval española: Carlos de Ibarra y Antonio de Oquendo. 

El eibarrés Carlos de Ibarra atravesó el océano Atlántico siete veces entre 1630 y 1638, tres como almirante y cuatro como general. Reclamó con insistencia a su rey un título nobiliario en compensación a sus logros y los de sus antepasados. El rey Felipe IV le otorgó, en 1632, un título italiano, muy devaluado respecto a los títulos de Castilla, por lo que renunció a él en sentidísima carta al presidente del Consejo de Castilla:
“Vuestra Señoría Ilustrísima me ha hecho merced de decirme como Su Majestad, Dios le guarde, me ha hecho merced de un título en Italia. La que yo tenía suplicada era de un título en Castilla en remuneración de tantos y tan honrados servicios como hicieron mi abuelo y dos hermanos suyos, en tiempos del Señor Emperador y del Señor Rey Don Felipe Segundo y de los muchos que continuaron mi padre y dos hermanos suyos y los de mi hermano y míos y tanta sangre derramada en su servicio y pues no he sido merecedor de esta merced, tampoco lo soy de la que ahora se ha servido Su Majestad hacerme, y así suplico a V.S.I. se sirva de representar a Su Majestad estas razones para que me tenga por excusado de aceptar esta merced.” 

Finalmente, Carlos de Ibarra quedó satisfecho cuando en 1639 recibió el título de marqués de Caracena y vizconde de Centenera.


ANTONIO DE OQUENDO


El donostiarra Antonio de Oquendo, el marino español más prestigioso del siglo XVII. Como otros muchos, llegó a figurar como general de la Flota de Nueva España los años de 1612, 1614 y 1625 y como general de Armada de la Carrera de Indias en 1623 y 1635, incluso al frente de galeones.

Durante el trayecto de la expedición de 1623, perdió dos galeones cargados de plata con el mar en calma, pereciendo en el accidente mucha gente. La causa principal fue la falta de carena. Al regresar a España fue encarcelado y sometido a la pertinente investigación y juicio, cuyo resultado fue favorable y exento de responsabilidad en el desastre.

La propia Junta de Guerra de Indias sometía a la voluntad del rey la posibilidad de no publicar la sentencia, atendiendo a que Oquendo “ha padecido mucho en la persona y en la hacienda y en su reputación y crédito sin culpa ninguna, habiendo cumplido con las obligaciones de su cargo como debía y podía, aunque el viaje y sucesos de él fue de muchos trabajos y daños, como Dios se sirvió de ordenarlo. El monarca ordenó la publicación de la sentencia, sin embargo, el crédito y la reputación de Oquendo fueron determinantes en su absolución final.

A pesar de la situación complicada que se sufría en la Carrera de Indias, en 1632, el rey confiaba ciegamente en su general Oquendo hasta el punto de que no se le proporcionaron las reglamentarias instrucciones al partir con rumbo al Nuevo Mundo “remitiéndolo a vuestra prudencia, pues como tan experimentado y gran marinero elegireis lo mejor y que más conviniere a mi servicio”.

Otro de los aspectos destacables de los almirantes y generales vascongados de la Carrera de Indias fue su dedicación a la construcción naval, ya que además de ser unos sobresalientes marinos, poseían unos extraordinarios conocimientos en el diseño y fabricación de navíos. 

Almirantes y generales vascos cuya técnica fue aprendida en astilleros de la costa del Cantábrico y en el transcurso de los viajes transoceánicos contaron con el reconocimiento de los contemporáneos. Apasionantes trayectorias de hombres de mar fueron la vida y obra de Antonio de Oquendo, Carlos de Ibarra, Miguel de Echazarreta, Juan Pérez de Portu, Manuel Serrano de Rivera, Sancho de Urdanibia, Pedro de Ursúa, Martín de Chabarrieta, Cebrián de Lizarazu, Miguel de Echezarreta, Tomás de Larraspuru, Juan Bitrián y Beaumont, Diego de Egués y Beaumont, Alonso de Múxica, Juan de Irárraga, Andrés de Aristizábal, Antonio de Isasi Idiáquez, Martín de Orbea, Juan López de Echaburu, Diego de Urrutia, Diego Porter Casanate, Juan de Arizmendi, Lucas de Berroa, Tomás de Mundaca, los Echeverri (encabezados por Juan de Echeverri), los Vallecillas (montañeses, pero dentro del círculo cantábrico), Domingo Diego (en la misma situación que los Vallecillas), etc.

Los marinos vascongados han pasado a la historia de la marina universal con letras grandes gracias a sus heroicas hazañas y peripecias muy dignas de cualquier elogio y consideración. En la defensa de la Flota de la Carrera de Indias quedó patente su valentía.

Entre sus almirantes más valerosos se encontraba Juan Martínez de Recalde, quien escoltó tres Flotas de Indias, logrando gran fama durante el reinado de Felipe II al rescatar un galeón cargado de oro en la isla de Madeira.


JUAN MARTÍNEZ DE RECALDE


Juan Pérez de Portu, nacido en Hernani, fue almirante de las Flotas de Indias desde 1603 a 1615 en varias ocasiones. En 1616 consiguió el premiso real para la construcción de cuatro naves guardacostas en La Habana, pero murió siendo general en Manfredonia (Sicilia) en 1618.
En 1597, la flota de galeones de la Carrera de Indias, que rebosantes de oro y plata, traía de América el almirante Juan Gutierrez Garibay, consigue burlar a la flota inglesa al mando de Essex, Howard y Raleigh, con 120 buques y otros 25 holandeses, situadas al acecho en las cercanías de las Azores con la intención de interceptar los convoyes. Garibay volvió a comandar esta expedición en 1600 y 1602.

Los fracasados ingleses, no solo no pudieron dar alcance a Garibay, sino que además al regresar se encontraron con que una flota española había intentado invadir Inglaterra.
En agosto de 1638, Carlos de Ibarra consiguió defender una flota de unos 4 convoyes mercantes y 10 escoltas, que avistaron una flota holandesa de 17 velas cerca de la Habana sin poder tomarla. Fue el llamado Combate de Cabañas contra la armada de Cornelis Joll “Patapalo”, cuya objetivo fue la captura, en aguas del Caribe, de los galeones de la Carrera de Indias destino a la península. Carlos de Ibarra comandaba la nave capitana, mientras que Pedro de Ursúa lo hacía en la almiranta. Los holandeses se retiraron tras seis horas de duro cañoneo, mientras que la flota de Ibarra tuvo que invernar en el Virreinato de Nueva España sin regresar a España por precaución a ser capturada.


ARMADA DE LA GUARDA DE LA CARRERA DE INDIAS


El 3 de septiembre Sancho de Urdanivia consiguió soportar un segundo intento de la flota holandesa, hasta que con la ayuda de Ibarra consiguieron llegar a Veracruz el 22 del mismo mes y salvar los convoyes mercantes. Para Ibarra, resistir fue vencer. En julio de 1639, esta flota llegó a Cádiz cargado con el oro, la plata y las mercancías acumuladas durante años.

Juan de Irárraga presentaba en 1647 veintitrés años de servicio. Comenzó en la Armada del Océano. Acompañó a Fadrique de Toledo por el Canal de la Mancha y por Brasil. Fue capitán de pataches con destino a la Margarita. En 1630, sondeó y reconoció el pasaje de Caicos y Mayaguana, en las Bahamas. En 1642 se le nombró almirante de la Flota de Tierra Firme.

Antonio de Isasi inició sus servicios en la Carrera de Indias en 1640 combatiendo contra los franceses. Navegó al frente de navíos ligeros haciendo, prácticamente, guerra de corso. Isasi pertenece ya a otra generación de hombres de la Carrera de Indias.
Juan de Isarraga y Antonio de Isasi encabezaron como capitán y almirante la Armada de Tierra Firme de 1646.
El elemento más preciado para que un español del siglo XVII resaltase su honra era, sin lugar a dudas, un hábito de orden militar, preferentemente de la Orden de Santiago. Era distinción, pero también garantía para acceder a la otra vida del mejor modo posible. La honra alcanzaba a la muerte en forma de sudario con el emblema de la orden en su costado. El almirante vasco Andrés de Aristizábal, cuando supo que el galeón, Nuestra Señora de Juncal, capitana de la Flota de Nueva España de 1631, donde navegaba, se estaba hundiendo sin remedio en poco tiempo, pidió su mortaja, su sudario, y con una cruz en la mano comenzó a encomendarse a Dios y con él todos sus soldados, artilleros y marineros.


En 1717, la Casa de Contratación, verdadero órgano de gobierno de las colonias ultramarinas, y el Consulado se trasladaron de Sevilla a Cádiz. Durante todo el siglo XVIII esta última ciudad se convirtió en la base de operaciones mercantiles comercio ultramarino español. Dos fueron las causas de este traslado de sede comercial: por un lado, la pujanza de los comerciantes de la bahía de Cádiz; por el otro, el aumento del calado de los barcos hizo que muchos encallasen en la barra de Sanlúcar.

El sistema de flotas se mantuvo y demostró ser de una enorme eficacia al impedir los ataques de piratas y corsarios. Para las flotas de guerra enemigas siempre fue difícil interceptar los convoyes debido a la información que de sus rutas solían disponer los españoles. Los avisos, pequeños navíos muy veloces, daban cuenta rápidamente de los peligros e informaban a la Corona de la llegada de la Flota. El mayor obstáculo siempre fueron las tormentas y los temibles huracanes.

Sólo en muy contadas ocasiones las flotas no pudieron alcanzar sus puertos de destino. El sistema de convoyes navales se mostró durante más de dos siglos como el medio más eficaz para asegurar el próspero comercio entre España y sus provincias de ultramar de las Indias Occidentales.
Este sistema defensivo de la Carrera de Indias perduró, con diversas modificaciones, hasta 1778, cuando Carlos III lo suprimió y liberalizó el mercado, concediendo licencia a numerosos puertos peninsulares y americanos. 

domingo, 25 de octubre de 2015

Santiago de Aristeguieta y Arbelaiz

Capitán de la Real Armada en el siglo XVI




Natural de Igueldo, San Sebastián, Guipúzcoa, donde nació en 1540. De muy joven se dedicó al mar (a los 14 años), navegó a la Provincia de Terranova, hasta que hizo 26 viajes siendo capitán de armada, dando siempre buena cuenta de lo que estaba a su cargo.

Tuvo nao propia en compañía de su tío Juan López de Herrezu y de su hermano Juan de Aristeguieta, siendo mandador de la misma.

En 1554, fuede capitán bajo el mando de Luis de Carvajal en la nave que trasladó a rey Felipe II al reino de Inglaterra.

En 1568 hizo la jornada a la Florida en compañía de Pero Meléndez.

Sirvió como capitán en la nao nombrada el Matoliú de la Real Armada del cargo de general Alonso de Bazán, en la escuadra de Fernando Gallitano, en las jornadas de la guarda de estos reinos y de las Indias los años 1591, 1592 y siguientes.

El rey Felipe II le otorgó la merced de uno de los galeones de la Armada con título de capitán de ella y honorario de la mar.

Murió en Lisboa el año 1596 al mando de la nao Sebastián de Gurbide de la Real Armada.

viernes, 23 de octubre de 2015

Toma de Calahorra


Un suceso mitológico fue el detonante de la toma de Calahorra por parte del rey pamplonés García III Sánchez. La leyenda se remonta al año 1044 y sostiene que durante una partida de cetrería en la que el rey había cruzado el río Najerilla, encontró dentro de una cueva una imagen de la virgen sobre una piedra. El hallazgo impulsó al rey levantar el Monasterio de Santa María la Real y fundar la orden de la Terraza. Parece que este suceso está en el origen de la decisión de García III de tomar la ciudad de Calahorra.

Pero, además, la conquista fue precedida por dos golpes maestros de García contra territorios islámicos con el apoyo de la taifa de Toledo. El primero, devastando tierras y cosechas en Zaragoza en el verano de 1044. El segundo, siete meses después, saqueando amplias zonas próximas a Tudela.


CIUDAD DE CALAHORRA (RIOJA)


En noviembre del año 1044, acudieron a una convocatoria del rey García, su hermano Fernando y su hermanastro Ramiro. Junto a ellos asistieron seis obispos: Álava, Nájera, Pamplona, Urgel, Oca y Palencia, además de los grandes magnates de los reinos. Llegaron a un acuerdo para vertebrar estrategias de los ejércitos y buscar el momento propicio para el asalto.

Durante cinco meses antes del ataque, se hicieron grandes talas de árboles en los montes de San Millán y Cameros; se fueron aprovechando después los de Nájera y Viguera para la fabricación de ingenios de guerra como catapultas, arietas y trabucos, que también se obtenían de la madera de la sierra de Isasa, sobre el Arnedo y Peralta, donde se trabajaban estas armas necesarias para el combate. Otras armas defensivas y ofensivas como casquetes, lorigas, cotas de malla, escudos, adargas, espadas, dardos, arcos y útiles de zapador eran fabricados por los herreros del Pirineo y Vizcaya, y la artillería por los armeros de Álava, Nájera y Pamplona.


GARCÍA III SÁNCHEZ


Se preparó una numerosa hueste con recluta en todas las provincias de la corona, bajo los senescales (jefes de la nobleza), señores de las villas, oficiales y mandaderos del rey, sus príncipes y sus prelados. Todas las milicias se fueron concentrando en la gran meseta del camino de Nájera y ciñeron la ciudad en atacar por la parte de Nájera y cortar así los posibles socorros por la parte de Tudela.

Las murallas de Calahorra descendían en fuertes pendientes hacía el río Cidacos y la vega del Ebro. En el recinto amurallado, la puerta de poniente embocaba con el camino de Nájera.

El inicio de la contienda tuvo lugar el 30 de abril de 1045. No se dispone de una crónica fiel de la batalla, por lo que algunos relatos tienen la particularidad de ser más o menos literarios, cuando no adolecen de una exaltación hiperbólica.


MONASTERIO SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA


Los historiadores convienen en paralelismos y contrastes existentes en la reconquista de ciudades tan importantes como Calahorra o Barbastro. Esta última fue también reconquistada varias veces, la primera en el año 1063 por un ejército europeo con la indulgencia papal. Y, aunque perdida en el 1064, con cruel lucha las dos veces, fue definitivamente rescatada del islam en 1100. Aunque la diferencia esencial con Calahorra es que ésta había sido ya una ciudad cristiana a finales del siglo X. Desde el año 923, conquistada por Sancho I Garcés y con la ayuda del rey asturiano Ordoño II, se mantuvo cristiana hasta el 966. También esto explica por qué en 1045 no hubo una resistencia feroz de puros musulmanes, pues la numerosa presencia de cristianos mozárabes desde el interior de la ciudad siempre podía operar como una columna de ataque desde dentro.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Torre-Palacio de Isasaga

 
 

El Palacio de Isasaga se encuentra en el municipio de Azkoitia, bordeando el río Urola y fuera del casco urbano, en el poligono industrial de Umansoro, en la carretera que va de Azkoitia a Zumárraga.

Fue levantado en el siglo XV, en estilo Cristiano medieval. De planta rectangular y tejado a cuatro aguas, posee un sistema constructivo de mampostería y sillería. Su acceso original se realiza a través de un puentecillo de dos ojos construido en piedra sillar y mampostería. Junto a la puerta de entrada tenía una plaza de armas. La entrada principal conserva un arco apuntado y de medio punto y sus ventanas podemos ver restos de las antiguas torres del medioevo ya que conserva ornamentos góticos del XVI.

 

El mayorazgo de Isasaga se funda en 1561, siendo su dueño Antonio de Eguino, que casó con Jordana de Areisti e Isásara, tuvieron dos hijos Antonio y María. Fue contador mayor de cuentas del emperador Carlos y miembro de su Consejo de Hacienda.

domingo, 18 de octubre de 2015

Exposición Blas de Lezo y la Defensa de Cartagena de Indias en Alcorcón


La Asociación cultural Blas de Lezo ha organizado la exposición Blas de Lezo y la Defensa de Cartagena de Indias que tiene lugar en el centro comercial Corte Inglés de Alcorcón (Madrid) desde el 7 al 28 de octubre de 2005. Se puede visitar en horario de comercio de forma gratuita. La organización también realiza tres conferencias para los jueves 15, 22 y 29 a las 19:00 con una duración de hora y media en la sala de reuniones del restaurante de este centro, cuya entrada también es gratuita hasta llenar aforo.




La organización quiere conmemorar el 275 aniversario de la gran victoria española y la mayor derrota inglesa 1741-2016: la gran victoria de la población de Cartagena de Indias liderada por el general almirante Blas de Lezo y comandado por el virrey de Nueva Granada Sebastían de Eslava, en la que participaron con relevancia Carlos Desnaux y Melchor de Navarrete. 






Comienza la exposición con unos paneles explicativos del desarrollo de la Guerra del Asiento para ir concretando en la final Defensa de Cartagena de Indias.





La muestra reúne un conjunto de artículos relacionados con la vida militar del marino vascongado al servicio de la Real Armada española del siglo XVIII, en especial con la defensa de Cartagena de Indias de 1741 frente a la Armada inglesa: réplicas de vestimentas de soldados y oficiales de la Real Armada española del siglo XVIII, y otra de la casaca de Blas de Lezo, monedas inglesas de la época conmemorativas de la falsa victoria, una espada original del Cuerpo de Caballerías, dos réplicas de espada oficial de la Real Armada, y una bandera del Imperio español.









Esta exposición es un homenaje a los ingenieros militares españoles con mención especial a todos aquellos que participaron en la construcción y reconstrucción de las defensas de Cartagena de Indias: Bautista Antonelli, Cristóbal Roda, Juan de Somodevilla, Juan de Herrera y Sotomayor, Juan Bautista Mac-Evans, Lorenzo de Solís, Francisco de Murga, Pedro Zapata de Mendoza y Antonio de Arévalo. Por eso presenta un interesante conjunto de planos cartográficos de las estructuras defensivas y de la ciudad en el siglo XVIII y fotografías de las mismas en la actualidad.






Un muro expone los escudos de los siete regimientos de infantería que participaron en la defensa de la ciudad neogranadina en 1741:
- Infantería de Marina
- Regimiento de Infantería España nº 18
- Regimiento de Infantería Navarra nº 25
- Regimiento de Infantería Toledo nº 35
- Regimiento de Infantería Zaragoza nº 12
- Regimiento de Infantería Cartagena nº 70
- Regimiento de Infantería Asturias nº 31




Cuatro esculturas, dos en forma de busto y otras dos de cuerpo entero representan a Blas de Lezo y a Sebastián de Eslava. Las estatuas de busto incluye un escudo de armas de su linaje. La réplica de la escultura original esculpida por Vicente Ferrer Dalmau aparece Blas de Lezo junto a un cañón de artillería 






La aportación creativa a este evento llega de los pinceles de Alejandro Vallespin y Gonzalo Moreno, un duo de artistas especializados en pintura militar y naval que forman la sociedad Arte Militar y Naval. Las obras se pueden ver en su blog http://www.artemilitarynaval.es/.

Destaca el cuadro Blas de Lezo contempla la victoria, un óleo sobre lienzo, en el que el almirante guipuzcoano observa la retirada de los navíos ingleses tras su derrota desde las murallas de Cartagena.

BLAS DE LEZO CONTEMPLA LA VICTORIA


También hay un perfil artístico de la fragata comandada por Blas de Lezo durante el conocido apresamiento del navío inglés Stanhope. Para ello, han utilizado como referente el impresionante cuadro que Cortellini pintó sobre el episodio y que se aloja en el Museo Naval de Madrid. 



La más moderna de las obras que han reflejado este hecho de armas ha sido Apresamiento del navío inglés Stanhope. Un óleo que Richgard pintó en 1960 inspirado en la versión del cuadro de Cortellini, y que ahora presentan la sociedad Arte Militar y Naval.

APRESAMIENTO DEL NAVÍO INGLÉS STANHOPE


Esta es una réplica del Navío le Foudroyant, pintado originalmente por Jean Bérain. Es un navío francés de 80 cañones de artillería construido en Bert en 1693. En este barco navegó Blas de Lezo por primera vez a los 12 años al comienzo de la Guerra de Sucesión española. Tuvo su bautismo de fuego en la costa de Vélez-Málaga, donde perdió la pierna izquierda el 24 de agosto de 1704. Es propiedad de la Asociación cultural Blas de Lezo. 

NAVÍO LE FOUDROYANT


A. Vallespin & G. Moreno retratan al almirante Blas de Lezo al finalizar el asedio a Cartagena de Indias con la frase que en carta envió a su oponente Edward Vernon: "Para venir a Cartagena es necesario que el Rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta solo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres"




Arte Militar y Naval realiza tres réplicas de los originales retratos del almirante Blas de Lezo y del virrey Sebastián de Eslava.

RÉPLICA DEL RETRATO A BLAS DE LEZO


RÉPLICA DEL RETRATO DE SEBASTIÁN DE ESLAVA


RÉPLICA DEL RETRATO DE SEBASTIÁN DE ESLAVA


Y como no, los dos artistas de las sociedad Arte Militar y Naval retratan almirantes de los diferentes cuerpos la Real Armada española del siglo XVI con sus respectivas vestimentas.

1. LA FLORIDA: GRANADERO DE BATALLÓN DE INFANTERÍA DE MARINA
2. CARTAGENA DE INDIAS: FUSILERO DE BATALLÓN DE INFANTERÍA DE MARINA
3. LA HABANA: SOLDADO DE BATALLÓN FIJO


1. LA GUAIRA: GRANADERO DEL REGIMIENTO DE VITORIA
2. PORTOBELO: OFICIAL DEL REGIMIENTO DE TOLEDO


1. CARTAGENA DE INDIAS: ABANDERADO DEL REGIMIENTO DE ARAGÓN
2. LA FLORIDA: FUSILERO DE INFANTERÍA DE MARINA


Sin embargo, a pesar de estas extraordinarias obras pictóricas relacionadas con Blas de Lezo y la Real Armada de la Ilustración española, la más original de todas las presentes realizadas por A. Vallespin & G. Moreno es este Mapa ilustrado del Imperio español en su máxima extensión territorial cuando las Coronas de España y de Portugal formaron el Imperio de la Monarquía hispánica durante los reinados del Felipe II, Felipe III y Felipe IV.



Al pie de esta imagen aparece el Libro de Leyes, que simboliza el compendio de Leyes de Indias, cuerpo legislativo de inspiración cristiana y marco jurídico regulador de los derechos y deberes de los pobladores del Nuevo Mundo, los cuales fueron considerados desde el principios como súbditos de la Corona y, por ello, colocados bajo su amparo protector. Aunque no siempre fueron enteramente cumplidos, las Leyes de Indias constituyeron un eficaz freno a la avidez explotadora de aventureros y oportunistas. A ambos lados del libro y custodiándolos, están los leones, símbolos históricos de las soberanía española. Estuvieron presentes en los mascarones de proa de de los buques de la Real Armada española encargados de la protección y defensa de las comunicaciones marítimas de la Monarquía Católica y territorios de Ultramar.

El libro está ubicado sobre un atril coronado por una cruz, siendo un elemento principal ya que la religión fue parte fundamental de la acción civilizadora española en América, Asia, África y Oceanía.

En la parte baja de la imagen aparece escrita sobre una orla la leyenda: "Recuerda España, tú registe el Imperio de los mares". España fue la cabeza del primer Imperio global, el primero que se extendió sobre los mares, el primer Imperio oceánico. Esta leyenda está actualmente inscrita en la entrada del Arsenal de la Carraca de San Fernando, Cádiz. Anteriormente, estaba sobre una estructura de madera en la misma puerta del arsenal, pero ahora se encuentra en el Museo Naval de Madrid.

En los laterales de la imagen aparecen las Columnas de Hércules. Estas fueron incorporadas al escudo por el rey Carlos I, haciendo alusión al Imperio de Ultramar. El lema "Plus Ultra" (Más allá) inscrito sobre las columnas es heredero de la frase latina "Non Terrae Plus Ultra" (No hay tierra más allá) que lo contradice. Sí que existía tierra más allá; España trascendió el mundo mediterráneo fundando la primera entidad política de ámbito mundial. Con razón se podía decir que el sol no se ponía en los dominios del Imperio español.

Delante de las dos columnas se apoyan dos personajes: a la izquierda un indígena, que representa que representa la comunidad allende los mares; a la derecha el hombre hispánico, vestido de la época de los grandes descubrimientos y portando un sextante, representa al navegante y descubridor.

En la parte alta hay dos banderas, la de la izquierda es la antigua bandera de la Corona de Portugal, y la de la derecha es la Cruz de Borgoña representando a la Monarquía de los Reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón. Ambas, junto con el escudo de los Austrias en el centro, coronan el mapa.




La sala cuenta con una zona de ventas donde se pueden adquirir láminas y cuadros de Arte Militar y Naval, libros y videos biográficos, artículos de merchandishin relacionados con Blas de Lezo como banderas, gorras, chapas y pins, y réplicas de pistolas del siglo XVIII y de estatuas del original de Ferrer Dalmau con un precio de 1.290 €.


RÉPICAS DE PISTOLAS DEL SIGLO XVIII

ARTILUGIOS DE MARINAR Y MINIATURA DE LA FRAGATA BLAS DE LEZO

RÉPLICAS DE ESCULTURA BLAS DE LEZO POR FERRER DALMAU