martes, 27 de octubre de 2015

Vascos en la Armada de la Carrera de Indias Occidentales del siglo XVII

Para principios del siglo XVII, ya se había conformado formalmente una escuadra que tenía la función de escoltar a los navíos mercantes conocida como la Armada de la Guarda de la Carrera de las Indias Orientales. Estaba integrada por ocho galeones y dos o tres pataches dotados de artillería pesada con tripulaciones específicas de 1.100 marinos y 998 soldados. Las embarcaciones de la armada que resguardaban a las Flotas de Nueva España eran solamente, la capitana, la almiranta y dos pataches.

Las flotas del siglo XVII transportaron por término medio entre diez y doce millones de pesos. El peso era una moneda de plata procedente de México y Perú, muy valorada en el comercio internacional por tener mayor aleación de metal que los peninsulares. Al sur, la ruta del Perú por el estrecho de Magallanes era difícil y quedó pronto descartada por las enormes dificultades que los vientos y corrientes imponían a la navegación marítima.

La Carrera de Indias se convirtió en una empresa más de todo aquel entramado económico del Imperio español que formaban la producción minera, la construcción naviera, la industria armamentística, el comercio mercantil, y el transporte de las Carreras de Indias y de Flandes. En este último sistema mercante, los vascos actuaban como testaferros del comercio oficial con las potencias europeas. En cada uno de estos sectores económicos la presencia vasca fue notable y creciente durante los reinados de la Monarquía austracista.

La preferencia vasco-cántabra de la Corona en detrimento de los intereses criollo-andaluces, así como la mentalidad emprendedora de los vascos, fue generando una situación de tensión con el resto de participantes nacionales. Los generales, almirantes y capitanes de los galeones de la Carrera de Indias eran, además de militares, comerciantes, testaferros y mercaderes.


COMBATE NAVAL ENTRE NAVÍO HOLANDESES Y ARMADA DE LA GUARDA DE LA CARRERA DE INDIAS


Para los Oquendo, Ibarra, Larraspuru, Echazarreta, Echeverri, etc., la Carrera de Indias no solo significaba un fiel servicio a su rey, sino también un negocio y una manera de enriquecimiento personal. El contrabando de metales precioso propició el enjuiciamiento y condena de algunos mandos vascongados, como también sucedía a otros marinos del resto de España.

Un ejemplo de empresa privada de la Carrera de Indias podía estar constituido por asentistas y constructores navales que aportaba barcos y comandantes pilotos que dirigían los mismos. Fue el caso de la asociación formada en 1662 por los asentistas Jacinto Antonio de Echeverri y Miguel de Aristiguieta, dueños de las naos El Buen Jesús San Ignacio, y el general Juan de Echeverri, hermano del primero, quien haría el viaje en conserva de los Galeones. Los beneficios se repartían a partes igual, que a veces se obtenían del comercio ilegal.

En 1643, el Consejo de Indias reconoció que:
“El crédito de Sancho de Urdanibia, Juan de Irárraga y de Juan de Echeverri es grande. Entre los tres trajeron todas las confianzas de los vizcaínos de Sevilla y Cádiz”.

El comandante de la Carrera de Indias también podía asumir funciones de financiero, concediendo crédito a la Casa de Contratación para la organización de una flota de galeones. Ejemplo de esto fue el general Miguel de Echazarreta cuando, en 1630, financió con 22.000 ducados los pertrechos y provisiones que necesitaba la flota que debía zarpar ese año.

A pesar del interés particular de los comandantes de la Carrera de Indias, también existía una gran consideración en servir a su rey y la nación española. Su riqueza y grandeza era la misma que la de la Corona. Un ejemplo de este interés común en desarrollar toda esta empresa comercial y militar quedó patente en una carta que en 1673 el comandante José de Veitia y Linaje, autor del Norte de la Contratación de las Indias Occidentales, envió a Jacinto Antonio de Echeverri. En ella pedía la transmisión de sus profundos conocimientos en el campo de la tecnología naval y de la navegación trasatlántica que había acumulado durante generaciones, en los astilleros y en la mar. Así pues Veitia pedía en sus misiva que:
“lo primero es que v.m. se recobre en su salud y cierto que teniéndola le debemos suplicar sus servidores que no defraude a la nación española de la gloria que le podrá resultar de ver reducida a ciencia inteligible preceptos ciertos y con demostraciones matemáticas la arquitectura naval y creo firmemente, sin pasión, que ninguno en toda España puede igualar a v.m. en esto”.

La mayoría de estos altos mandos de las Armadas y Flotas de Indias enriquecidos terminaron mezclándose con la nobleza y alta burguesía del resto del país, especialmente la andaluza, asumiendo también su escala de valores. Existía la clara idea de salir de los cerrados círculos familiares y entrar en lo más granado del resto de España.

Juan de Echeverri, el que fue general de Galeones, escribía desde Cádiz a su madre:
“Nosotros tenemos corta parentela por haber sido mi padre y abuelos solos, y más vale que sea así que no muchos y pobres, sobre esto la memoria de mi padre es de criado del rey, mi hermana también casó en casa honrada y aunque no dejó hijos, basta el haberse casado para la suposición del lustre. Hoy, con lo que yo he corrido en puestos y caudal es mucho mayor la obligación de acomodarse Mariana y si fuese con persona que suponga menos que Juan de Beresiartua no tendría.v.m. ni yo disculpa. Así su comodidad, no tanto hemos menester en la sobra de hacienda como en el lustre de la persona y casa. Cuando una familia se singulariza en una república, es muy ordinario, y casi forzoso, el casarse fuera y tener muy pocos parientes dentro, como sucede en ese lugar a los más honrados, y cuando fuera del lugar se pierden todas las esperanzas, el más decente en él de los que v.m. me nombre es D. J. de B. Porque, aunque tiene menos parientes que los otros, son de más lustre y no dice v.m. si se puso el hábito que le hicieron merced porque si no, sería forzoso que se le pusiese primero…”

Estos eran los deseos de un almirante vascongado de la Monarquía austracista: riqueza, honor y posición social. Pero el ascenso social de un marino o militar vascongado afectaba a toda su familia o grupo social. Por ejemplo, el matrimonio de Juan Domingo de Echeverri no solo interesó a sus familiares que vivían en Cádiz o Vascongadas, también afectó a  los altos oficiales de la Carrera de Indias de su mismo origen vasco, como por ejemplo a Antonio Isasi Idiáquez y Juan de Irárraga, que tomaron partida en la elección de la novia.


ARMADA DE LA GUARDA DE LA CARRERA DE INDIAS


La identificación de los mandos vascos de la Carrera de Indias con el espíritu y la idea de Monarquía Universal de los Austrias, sobre todo de Felipe IV, era absoluta, mucho más acusada que en los procedentes del resto de España. Puede asegurarse que esa fidelidad y objetivos eran mutuos.

Aunque la mentalidad mercantilista de los vascongados la España del siglo XVII quedase patente con su protagonismo en cada una de las actividades económicas que enlazaban el Imperio americano con la metrópoli, también existía una fidelidad e identificación con el proyecto de dominio mundial. Esta mentalidad quedó de manifiesto en uno de los personajes más extraordinarios de la historia naval española, Tomás de Larraspuru, quien escribía en 1627 a su rey, después de atracar en Sanlúcar, de vuelta con treinta y cinco naves: 
“Los tesoros del mundo deseo ver a los pies de Vuestra Majestad para mayor grandeza suya y aumento de la Fe Católica y ser instrumento para muchos efectos del servicio de Vuestra Majestad.

En 1632, el general azcoitiarra Larraspuru, respondía mediante carta al consejero real de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, Fernando Ruiz de Contreras, que lo requerían para dirigir todas las operaciones:
“Acabo de recibir la carta de v.m. en que me representa la voluntad de su Majestad no se admita la excusa de la falta de salud que di con el ultimo correo y que luego parta al ejercicio de mi cargo. Lo que puedo decir a v.m. es que los achaques se han agravado de modo que me hallo hoy con tercianas dobles y que cuarenta y un días ha que llegué aquí guardo cama y en esta ocasión si con dinero pudiera comprar la salud lo hiciera para obedecer con el amor y veras que debe como lo he hecho por el pasado cuando lo he podido”

A pesar de su deseo de servir en la Armada de su majestad moría en su casa natal de Azcoitia por cuestiones de salud.

Larraspuru fue uno de los personajes más extraordinarios de la historia naval española. Estaba especializado en la persecución de bucaneros y corsarios de la ruta de Indias. A su pericia náutica y militar de Larraspuru hay que sumar sus conocimientos en construcción de buques. Fue sin duda uno de los más cualificados arquitectos navales de la Europa del siglo XVII.

Abundan las referencias en las que se refleja que en aquella escala de valores existía algo superior a la riqueza. Cuando en 1645 a Pedro de Ursúa y Arizmendi se le encargó que comandase la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias interinamente, por ausencia del titular, solicitó que se le expidiese título de Capitán General, “para ser mejor obedecido”. No aspiraba a aumentos de sueldo ni ninguna otra ventaja económica, sólo el título “honrando con él mis canas y la calidad de mi persona, que siendo tan conocida, he llegado a este puesto por treinta años continuos de servicios, ascendiendo por los puestos de la milicia que me han sido decentes”.

Otros marinos se ganaron el ascenso luchando heroicamente en los combates. Fue el caso de Juan de Urbina que llena todo el ánimo más capaz”, quien, en 1646, fue recompensado por rey con el puesto de capitán general de la Armada de Barlovento.

En 1686 el donostiarra Francisco García Galán ofreció a la Corona una escuadra de cuatro fragatas y un barco luengo, tripulados con su gente y comandada por él mismo, para actuar de corsarios en aguas americanas. En semejantes circunstancias a las de Urbina y Ursúa, García Galán reclamaba a cambio los títulos de general, almirante, gobernador y sargento mayor, y su argumento fue el siguiente: “ya que vamos a perder las vidas en servicio de Su Majestad, tengamos la honra de esta graduación”.

La fidelidad a la Monarquía hispánica se demostró en dos claras figuras de la historia naval española: Carlos de Ibarra y Antonio de Oquendo. 

El eibarrés Carlos de Ibarra atravesó el océano Atlántico siete veces entre 1630 y 1638, tres como almirante y cuatro como general. Reclamó con insistencia a su rey un título nobiliario en compensación a sus logros y los de sus antepasados. El rey Felipe IV le otorgó, en 1632, un título italiano, muy devaluado respecto a los títulos de Castilla, por lo que renunció a él en sentidísima carta al presidente del Consejo de Castilla:
“Vuestra Señoría Ilustrísima me ha hecho merced de decirme como Su Majestad, Dios le guarde, me ha hecho merced de un título en Italia. La que yo tenía suplicada era de un título en Castilla en remuneración de tantos y tan honrados servicios como hicieron mi abuelo y dos hermanos suyos, en tiempos del Señor Emperador y del Señor Rey Don Felipe Segundo y de los muchos que continuaron mi padre y dos hermanos suyos y los de mi hermano y míos y tanta sangre derramada en su servicio y pues no he sido merecedor de esta merced, tampoco lo soy de la que ahora se ha servido Su Majestad hacerme, y así suplico a V.S.I. se sirva de representar a Su Majestad estas razones para que me tenga por excusado de aceptar esta merced.” 

Finalmente, Carlos de Ibarra quedó satisfecho cuando en 1639 recibió el título de marqués de Caracena y vizconde de Centenera.


ANTONIO DE OQUENDO


El donostiarra Antonio de Oquendo, el marino español más prestigioso del siglo XVII. Como otros muchos, llegó a figurar como general de la Flota de Nueva España los años de 1612, 1614 y 1625 y como general de Armada de la Carrera de Indias en 1623 y 1635, incluso al frente de galeones.

Durante el trayecto de la expedición de 1623, perdió dos galeones cargados de plata con el mar en calma, pereciendo en el accidente mucha gente. La causa principal fue la falta de carena. Al regresar a España fue encarcelado y sometido a la pertinente investigación y juicio, cuyo resultado fue favorable y exento de responsabilidad en el desastre.

La propia Junta de Guerra de Indias sometía a la voluntad del rey la posibilidad de no publicar la sentencia, atendiendo a que Oquendo “ha padecido mucho en la persona y en la hacienda y en su reputación y crédito sin culpa ninguna, habiendo cumplido con las obligaciones de su cargo como debía y podía, aunque el viaje y sucesos de él fue de muchos trabajos y daños, como Dios se sirvió de ordenarlo. El monarca ordenó la publicación de la sentencia, sin embargo, el crédito y la reputación de Oquendo fueron determinantes en su absolución final.

A pesar de la situación complicada que se sufría en la Carrera de Indias, en 1632, el rey confiaba ciegamente en su general Oquendo hasta el punto de que no se le proporcionaron las reglamentarias instrucciones al partir con rumbo al Nuevo Mundo “remitiéndolo a vuestra prudencia, pues como tan experimentado y gran marinero elegireis lo mejor y que más conviniere a mi servicio”.

Otro de los aspectos destacables de los almirantes y generales vascongados de la Carrera de Indias fue su dedicación a la construcción naval, ya que además de ser unos sobresalientes marinos, poseían unos extraordinarios conocimientos en el diseño y fabricación de navíos. 

Almirantes y generales vascos cuya técnica fue aprendida en astilleros de la costa del Cantábrico y en el transcurso de los viajes transoceánicos contaron con el reconocimiento de los contemporáneos. Apasionantes trayectorias de hombres de mar fueron la vida y obra de Antonio de Oquendo, Carlos de Ibarra, Miguel de Echazarreta, Juan Pérez de Portu, Manuel Serrano de Rivera, Sancho de Urdanibia, Pedro de Ursúa, Martín de Chabarrieta, Cebrián de Lizarazu, Miguel de Echezarreta, Tomás de Larraspuru, Juan Bitrián y Beaumont, Diego de Egués y Beaumont, Alonso de Múxica, Juan de Irárraga, Andrés de Aristizábal, Antonio de Isasi Idiáquez, Martín de Orbea, Juan López de Echaburu, Diego de Urrutia, Diego Porter Casanate, Juan de Arizmendi, Lucas de Berroa, Tomás de Mundaca, los Echeverri (encabezados por Juan de Echeverri), los Vallecillas (montañeses, pero dentro del círculo cantábrico), Domingo Diego (en la misma situación que los Vallecillas), etc.

Los marinos vascongados han pasado a la historia de la marina universal con letras grandes gracias a sus heroicas hazañas y peripecias muy dignas de cualquier elogio y consideración. En la defensa de la Flota de la Carrera de Indias quedó patente su valentía.

Entre sus almirantes más valerosos se encontraba Juan Martínez de Recalde, quien escoltó tres Flotas de Indias, logrando gran fama durante el reinado de Felipe II al rescatar un galeón cargado de oro en la isla de Madeira.


JUAN MARTÍNEZ DE RECALDE


Juan Pérez de Portu, nacido en Hernani, fue almirante de las Flotas de Indias desde 1603 a 1615 en varias ocasiones. En 1616 consiguió el premiso real para la construcción de cuatro naves guardacostas en La Habana, pero murió siendo general en Manfredonia (Sicilia) en 1618.
En 1597, la flota de galeones de la Carrera de Indias, que rebosantes de oro y plata, traía de América el almirante Juan Gutierrez Garibay, consigue burlar a la flota inglesa al mando de Essex, Howard y Raleigh, con 120 buques y otros 25 holandeses, situadas al acecho en las cercanías de las Azores con la intención de interceptar los convoyes. Garibay volvió a comandar esta expedición en 1600 y 1602.

Los fracasados ingleses, no solo no pudieron dar alcance a Garibay, sino que además al regresar se encontraron con que una flota española había intentado invadir Inglaterra.
En agosto de 1638, Carlos de Ibarra consiguió defender una flota de unos 4 convoyes mercantes y 10 escoltas, que avistaron una flota holandesa de 17 velas cerca de la Habana sin poder tomarla. Fue el llamado Combate de Cabañas contra la armada de Cornelis Joll “Patapalo”, cuya objetivo fue la captura, en aguas del Caribe, de los galeones de la Carrera de Indias destino a la península. Carlos de Ibarra comandaba la nave capitana, mientras que Pedro de Ursúa lo hacía en la almiranta. Los holandeses se retiraron tras seis horas de duro cañoneo, mientras que la flota de Ibarra tuvo que invernar en el Virreinato de Nueva España sin regresar a España por precaución a ser capturada.


ARMADA DE LA GUARDA DE LA CARRERA DE INDIAS


El 3 de septiembre Sancho de Urdanivia consiguió soportar un segundo intento de la flota holandesa, hasta que con la ayuda de Ibarra consiguieron llegar a Veracruz el 22 del mismo mes y salvar los convoyes mercantes. Para Ibarra, resistir fue vencer. En julio de 1639, esta flota llegó a Cádiz cargado con el oro, la plata y las mercancías acumuladas durante años.

Juan de Irárraga presentaba en 1647 veintitrés años de servicio. Comenzó en la Armada del Océano. Acompañó a Fadrique de Toledo por el Canal de la Mancha y por Brasil. Fue capitán de pataches con destino a la Margarita. En 1630, sondeó y reconoció el pasaje de Caicos y Mayaguana, en las Bahamas. En 1642 se le nombró almirante de la Flota de Tierra Firme.

Antonio de Isasi inició sus servicios en la Carrera de Indias en 1640 combatiendo contra los franceses. Navegó al frente de navíos ligeros haciendo, prácticamente, guerra de corso. Isasi pertenece ya a otra generación de hombres de la Carrera de Indias.
Juan de Isarraga y Antonio de Isasi encabezaron como capitán y almirante la Armada de Tierra Firme de 1646.
El elemento más preciado para que un español del siglo XVII resaltase su honra era, sin lugar a dudas, un hábito de orden militar, preferentemente de la Orden de Santiago. Era distinción, pero también garantía para acceder a la otra vida del mejor modo posible. La honra alcanzaba a la muerte en forma de sudario con el emblema de la orden en su costado. El almirante vasco Andrés de Aristizábal, cuando supo que el galeón, Nuestra Señora de Juncal, capitana de la Flota de Nueva España de 1631, donde navegaba, se estaba hundiendo sin remedio en poco tiempo, pidió su mortaja, su sudario, y con una cruz en la mano comenzó a encomendarse a Dios y con él todos sus soldados, artilleros y marineros.


En 1717, la Casa de Contratación, verdadero órgano de gobierno de las colonias ultramarinas, y el Consulado se trasladaron de Sevilla a Cádiz. Durante todo el siglo XVIII esta última ciudad se convirtió en la base de operaciones mercantiles comercio ultramarino español. Dos fueron las causas de este traslado de sede comercial: por un lado, la pujanza de los comerciantes de la bahía de Cádiz; por el otro, el aumento del calado de los barcos hizo que muchos encallasen en la barra de Sanlúcar.

El sistema de flotas se mantuvo y demostró ser de una enorme eficacia al impedir los ataques de piratas y corsarios. Para las flotas de guerra enemigas siempre fue difícil interceptar los convoyes debido a la información que de sus rutas solían disponer los españoles. Los avisos, pequeños navíos muy veloces, daban cuenta rápidamente de los peligros e informaban a la Corona de la llegada de la Flota. El mayor obstáculo siempre fueron las tormentas y los temibles huracanes.

Sólo en muy contadas ocasiones las flotas no pudieron alcanzar sus puertos de destino. El sistema de convoyes navales se mostró durante más de dos siglos como el medio más eficaz para asegurar el próspero comercio entre España y sus provincias de ultramar de las Indias Occidentales.
Este sistema defensivo de la Carrera de Indias perduró, con diversas modificaciones, hasta 1778, cuando Carlos III lo suprimió y liberalizó el mercado, concediendo licencia a numerosos puertos peninsulares y americanos. 

domingo, 25 de octubre de 2015

Santiago de Aristeguieta y Arbelaiz

Capitán de la Real Armada en el siglo XVI




Natural de Igueldo, San Sebastián, Guipúzcoa, donde nació en 1540. De muy joven se dedicó al mar (a los 14 años), navegó a la Provincia de Terranova, hasta que hizo 26 viajes siendo capitán de armada, dando siempre buena cuenta de lo que estaba a su cargo.

Tuvo nao propia en compañía de su tío Juan López de Herrezu y de su hermano Juan de Aristeguieta, siendo mandador de la misma.

En 1554, fuede capitán bajo el mando de Luis de Carvajal en la nave que trasladó a rey Felipe II al reino de Inglaterra.

En 1568 hizo la jornada a la Florida en compañía de Pero Meléndez.

Sirvió como capitán en la nao nombrada el Matoliú de la Real Armada del cargo de general Alonso de Bazán, en la escuadra de Fernando Gallitano, en las jornadas de la guarda de estos reinos y de las Indias los años 1591, 1592 y siguientes.

El rey Felipe II le otorgó la merced de uno de los galeones de la Armada con título de capitán de ella y honorario de la mar.

Murió en Lisboa el año 1596 al mando de la nao Sebastián de Gurbide de la Real Armada.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Torre-palacio de Isasaga en Azkoitia


El Palacio de Isasaga se encuentra en el municipio guipuzcoano de Azkoitia, bordeando el río Urola y fuera del casco urbano, en el polígono industrial de Umansoro, en la carretera que va de Azkoitia a Zumárraga.

Fue levantado en el siglo XV, en estilo Cristiano medieval. De planta rectangular y tejado a cuatro aguas, posee un sistema constructivo de mampostería y sillería. Su acceso original se realiza a través de un puente de dos ojos construido en piedra sillar y mampostería. Junto a la puerta de entrada tenía una plaza de armas. La entrada principal conserva un arco apuntado y de medio punto y sus ventanas podemos ver restos de las antiguas torres del medioevo ya que conserva ornamentos góticos del XVI.

FRONTAL Y LATERAL DE LA TORRE-PALACIO DE ISASAGA

El mayorazgo de Isasaga se fundó en 1561, siendo su dueño Antonio de Eguino, que casó con Jordana de Areisti e Isásara, tuvieron dos hijos Antonio y María. Fue contador mayor de cuentas del emperador Carlos V y miembro de su Consejo de Hacienda.

POSTERIOR Y LATERAL DE LA TORRE-PALACIO DE ISASAGA

domingo, 18 de octubre de 2015

Exposición Blas de Lezo y la Defensa de Cartagena de Indias en Alcorcón


La Asociación cultural Blas de Lezo ha organizado la exposición Blas de Lezo y la Defensa de Cartagena de Indias que tiene lugar en el centro comercial Corte Inglés de Alcorcón (Madrid) desde el 7 al 28 de octubre de 2015. Se puede visitar en horario de comercio de forma gratuita. La organización también realiza tres conferencias para los jueves 15, 22 y 29 a las 19:00 con una duración de hora y media en la sala de reuniones del restaurante de este centro, cuya entrada también es gratuita hasta llenar aforo.




La organización quiere conmemorar el 275 aniversario de la gran victoria española y la mayor derrota inglesa 1741-2016: la gran victoria de la población de Cartagena de Indias liderada por el general almirante Blas de Lezo y comandado por el virrey de Nueva Granada Sebastían de Eslava, en la que participaron con relevancia Carlos Desnaux y Melchor de Navarrete. 






Comienza la exposición con unos paneles explicativos del desarrollo de la Guerra del Asiento para ir concretando en la final Defensa de Cartagena de Indias.





La muestra reúne un conjunto de artículos relacionados con la vida militar del marino vascongado al servicio de la Real Armada española del siglo XVIII, en especial con la defensa de Cartagena de Indias de 1741 frente a la Armada inglesa: réplicas de vestimentas de soldados y oficiales de la Real Armada española del siglo XVIII, y otra de la casaca de Blas de Lezo, monedas inglesas de la época conmemorativas de la falsa victoria, una espada original del Cuerpo de Caballerías, dos réplicas de espada oficial de la Real Armada, y una bandera del Imperio español.








Esta exposición es un homenaje a los ingenieros militares españoles con mención especial a todos aquellos que participaron en la construcción y reconstrucción de las defensas de Cartagena de Indias: Bautista Antonelli, Cristóbal Roda, Juan de Somodevilla, Juan de Herrera y Sotomayor, Juan Bautista Mac-Evans, Lorenzo de Solís, Francisco de Murga, Pedro Zapata de Mendoza y Antonio de Arévalo. Por eso presenta un interesante conjunto de planos cartográficos de las estructuras defensivas y de la ciudad en el siglo XVIII y fotografías de las mismas en la actualidad.





Un muro expone los escudos de los siete regimientos de infantería que participaron en la defensa de la ciudad neogranadina en 1741:
- Infantería de Marina
- Regimiento de Infantería España nº 18
- Regimiento de Infantería Navarra nº 25
- Regimiento de Infantería Toledo nº 35
- Regimiento de Infantería Zaragoza nº 12
- Regimiento de Infantería Cartagena nº 70
- Regimiento de Infantería Asturias nº 31




Cuatro esculturas, dos en forma de busto y otras dos de cuerpo entero representan a Blas de Lezo y a Sebastián de Eslava. Las estatuas de busto incluye un escudo de armas de su linaje. La réplica de la escultura original esculpida por Vicente Ferrer Dalmau aparece Blas de Lezo junto a un cañón de artillería 






La aportación creativa a este evento llega de los pinceles de Alejandro Vallespin y Gonzalo Moreno, un duo de artistas especializados en pintura militar y naval que forman la sociedad Arte Militar y Naval. Las obras se pueden ver en su blog http://www.artemilitarynaval.es/.

Destaca el cuadro Blas de Lezo contempla la victoria, un óleo sobre lienzo, en el que el almirante guipuzcoano observa la retirada de los navíos ingleses tras su derrota desde las murallas de Cartagena.

BLAS DE LEZO CONTEMPLA LA VICTORIA


También hay un perfil artístico de la fragata comandada por Blas de Lezo durante el conocido apresamiento del navío inglés Stanhope. Para ello, han utilizado como referente el impresionante cuadro que Cortellini pintó sobre el episodio y que se aloja en el Museo Naval de Madrid. 



La más moderna de las obras que han reflejado este hecho de armas ha sido Apresamiento del navío inglés Stanhope. Un óleo que Richgard pintó en 1960 inspirado en la versión del cuadro de Cortellini, y que ahora presentan la sociedad Arte Militar y Naval.

APRESAMIENTO DEL NAVÍO INGLÉS STANHOPE


Esta es una réplica del Navío le Foudroyant, pintado originalmente por Jean Bérain. Es un navío francés de 80 cañones de artillería construido en Bert en 1693. En este barco navegó Blas de Lezo por primera vez a los 12 años al comienzo de la Guerra de Sucesión española. Tuvo su bautismo de fuego en la costa de Vélez-Málaga, donde perdió la pierna izquierda el 24 de agosto de 1704. Es propiedad de la Asociación cultural Blas de Lezo. 

NAVÍO LE FOUDROYANT


A. Vallespin & G. Moreno retratan al almirante Blas de Lezo al finalizar el asedio a Cartagena de Indias con la frase que en carta envió a su oponente Edward Vernon: "Para venir a Cartagena es necesario que el Rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta solo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres"




Arte Militar y Naval realiza tres réplicas de los originales retratos del almirante Blas de Lezo y del virrey Sebastián de Eslava.

RÉPLICA DEL RETRATO A BLAS DE LEZO


RÉPLICA DEL RETRATO DE SEBASTIÁN DE ESLAVA


RÉPLICA DEL RETRATO DE SEBASTIÁN DE ESLAVA


Y como no, los dos artistas de las sociedad Arte Militar y Naval retratan almirantes de los diferentes cuerpos la Real Armada española del siglo XVI con sus respectivas vestimentas.

1. LA FLORIDA: GRANADERO DE BATALLÓN DE INFANTERÍA DE MARINA
2. CARTAGENA DE INDIAS: FUSILERO DE BATALLÓN DE INFANTERÍA DE MARINA
3. LA HABANA: SOLDADO DE BATALLÓN FIJO


1. LA GUAIRA: GRANADERO DEL REGIMIENTO DE VITORIA
2. PORTOBELO: OFICIAL DEL REGIMIENTO DE TOLEDO


1. CARTAGENA DE INDIAS: ABANDERADO DEL REGIMIENTO DE ARAGÓN
2. LA FLORIDA: FUSILERO DE INFANTERÍA DE MARINA


Sin embargo, a pesar de estas extraordinarias obras pictóricas relacionadas con Blas de Lezo y la Real Armada de la Ilustración española, la más original de todas las presentes realizadas por A. Vallespin & G. Moreno es este Mapa ilustrado del Imperio español en su máxima extensión territorial cuando las Coronas de España y de Portugal formaron el Imperio de la Monarquía hispánica durante los reinados del Felipe II, Felipe III y Felipe IV.



Al pie de esta imagen aparece el Libro de Leyes, que simboliza el compendio de Leyes de Indias, cuerpo legislativo de inspiración cristiana y marco jurídico regulador de los derechos y deberes de los pobladores del Nuevo Mundo, los cuales fueron considerados desde el principios como súbditos de la Corona y, por ello, colocados bajo su amparo protector. Aunque no siempre fueron enteramente cumplidos, las Leyes de Indias constituyeron un eficaz freno a la avidez explotadora de aventureros y oportunistas. A ambos lados del libro y custodiándolos, están los leones, símbolos históricos de las soberanía española. Estuvieron presentes en los mascarones de proa de de los buques de la Real Armada española encargados de la protección y defensa de las comunicaciones marítimas de la Monarquía Católica y territorios de Ultramar.

El libro está ubicado sobre un atril coronado por una cruz, siendo un elemento principal ya que la religión fue parte fundamental de la acción civilizadora española en América, Asia, África y Oceanía.

En la parte baja de la imagen aparece escrita sobre una orla la leyenda: "Recuerda España, tú registe el Imperio de los mares". España fue la cabeza del primer Imperio global, el primero que se extendió sobre los mares, el primer Imperio oceánico. Esta leyenda está actualmente inscrita en la entrada del Arsenal de la Carraca de San Fernando, Cádiz. Anteriormente, estaba sobre una estructura de madera en la misma puerta del arsenal, pero ahora se encuentra en el Museo Naval de Madrid.

En los laterales de la imagen aparecen las Columnas de Hércules. Estas fueron incorporadas al escudo por el rey Carlos I, haciendo alusión al Imperio de Ultramar. El lema "Plus Ultra" (Más allá) inscrito sobre las columnas es heredero de la frase latina "Non Terrae Plus Ultra" (No hay tierra más allá) que lo contradice. Sí que existía tierra más allá; España trascendió el mundo mediterráneo fundando la primera entidad política de ámbito mundial. Con razón se podía decir que el sol no se ponía en los dominios del Imperio español.

Delante de las dos columnas se apoyan dos personajes: a la izquierda un indígena, que representa que representa la comunidad allende los mares; a la derecha el hombre hispánico, vestido de la época de los grandes descubrimientos y portando un sextante, representa al navegante y descubridor.

En la parte alta hay dos banderas, la de la izquierda es la antigua bandera de la Corona de Portugal, y la de la derecha es la Cruz de Borgoña representando a la Monarquía de los Reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón. Ambas, junto con el escudo de los Austrias en el centro, coronan el mapa.




La sala cuenta con una zona de ventas donde se pueden adquirir láminas y cuadros de Arte Militar y Naval, libros y videos biográficos, artículos de merchandishin relacionados con Blas de Lezo como banderas, gorras, chapas y pins, y réplicas de pistolas del siglo XVIII y de estatuas del original de Ferrer Dalmau con un precio de 1.290 €.


RÉPLICAS DE PISTOLAS DEL SIGLO XVIII

ARTILUGIOS DE MARINAR Y MINIATURA DE LA FRAGATA BLAS DE LEZO

RÉPLICAS DE ESCULTURA BLAS DE LEZO POR FERRER DALMAU

sábado, 17 de octubre de 2015

Domingo de Idíaquez y Goicoechea


Coronel de Infantería, teniente del castillo de Amberes, gobernador de Dendermonde, superintendente de astilleros de Guipúzcoa y virrey de Navarra, siglos XVI y XVII.


Domingo de Idíaquez y Goicoechea era natural de Astigarraga, Guipúzcoa, donde nació en 1559. Fue hijo natural de Francisco de Idiáquez, vecino de Azcoitia, y de Catalina de Goicoechea, natural de Astigarraga, villa del valle y alcaldía mayor de Arería.

Comenzó a servir con 15 años de edad en los Reales Tercios españoles , siendo su primer hecho de armas conocido el 6 de febrero de 1580, cuando era alférez de una de las 4 compañías destacadas del Tercio del Estado de Milán que se hallaban en Gibraltar, junto a otras tres del Tercio de Sicilia, para tomar parte en la campaña de anexión de Portugal.

En el verano de 1582 pasó a Flandes como alférez reformado en el tercio de Pedro de Paz, que había estado acuartelado en Sicilia. En octubre de 1583 recibió una compañía en dicho tercio con la que sirvió en el asedio de Dendermonde un año más tarde, en agosto de 1584. Su compañía se quedó de guarnición durante los siguientes tres años a las órdenes de los capitáanes Juan del Águila y Juan de Rivas.

A finales de junio de 1587 todo el tercio de Juan del Águila se congregó en Dendermonde para tomar parte en el asedio de Sluis (La Esclusa),  para el que también fue llamada la Compañía de Idiáquez, sustituída en la guarnición por otra del Tercio de Mondragón. El entonces soldado Alonso Vázquez, perteneciente a su mismo tercio, narró diariamente las peripecias de aquel complicado asedio en que las trincheras se inundaban de agua cavando apenas a la altura de las rodillas. Aunque una vez privada la plaza de su comunicación marítima y plantadas las baterías en julio, las dificultades comenzaron a allanarse. Domingo de Idiáquez se erigió en protagonist al tomar una esclusa entre las dos puertas de la villa que daban al muro batido por la artillería española, donde consiguió fortificarse y rechazar todos los intentos del enemigo para desalojarle el 28 de julio. Una vez reforzado, se tendió un puente entre los diques y pudo apuntarse directatamente una pieza contra una de las puertas el 2 de agosto, por lo que la guarnición tuvo que capitular el dia 5.


Antes de que finalizara el año, Domingo de Idíaquez y Goicoechea fue nombrado gobernador del castillo de Amberes, que gobernó en numerosas ocasiones dadas las reiteradas ausencias de su superior, Cristóbal de Mondragón, uno de los generales de los Tercios de Flandes.


A finales de mayo de 1593, intentó enviar refuerzos a la plaza de Geertruidenberg, sitiada por las tropas de Mauricio de Nassau, pero no pudo hallar ningún pasadizo. El 25 de junio, la guarnición defensora tuvo que capitular.

El 17 de diciembre del año siguiente, fue nombrado gobernador de Dendermonde, sustituyendo a Miguel de Esquivel, dirigiendo la ciudad y el castillo durante cinco años.

En 1601, fue nombrado superintendente de la fábrica de navíos y arqueamientos de la provincia de Guipúzcoa y de la conservación de los plantíos de los montes, con un sueldo de 800 reales mensuales, en sustitución del general Urquiola. Este era un cargo desempeñado hasta entonces por marinos. Idiáquez carecía de capacitación técnica, pero en su elección había pesado más la necesidad de privar a las Juntas provinciales de cualquier intervención en la política de talas y plantaciones, que era preciso subordinar a las apremiantes necesidades de la construcción naval.

Desde 1611 hasta 1617, fue capitán general de Melilla. Durante su mandanto, recibió a su hijo segundo Martín de Idíaquez, como héroe de Nordlingen, al mando de una compañía de caballos que le confirió su padre.

En el verano de 1617, fue nombrado virrey de Navarra, cargo que conllevaba ser el maestre de campo de Pamplona, y que desempeñó hasta su muerte en Pamplona en abril de 1619.


En 1590, había casado con
Maria Camarena y San Juan en Amberes, teniendo cuatro hijos, dos varones y dos hembras. Los varones fueron Alonso de Idiáquez y Camarena, que fue también superintendente de la fábrica de navíos y plantaciones de Guipúzcoa, y Martin de Idiáquez, maestre de campo de infantería española. Las hembras se llamaron Ursula y Ana. Su nieto fue Cristóbal de Idiáquez y Gaínza y su bisnieto Alonso de Idiáquez y Echániz.

Esta saga familiar fue la propietaria de un mayorazgo en Azcoitia, la llamada casa-torre Idiáquez (Idiakaitz), sita frente a la parroquia y del palacio Etxe Beltz.

jueves, 15 de octubre de 2015

Ideal de la Hispanidad: un movimiento fundado por intelectuales vascos


La expresión Hispanidad apareció en la segunda década del siglo XX para denominar a las personas, países y comunidades que comparten la lengua española (o castellana) y poseen una cultura relacionada con España. En ella se incluyen 29 naciones y algo más de 472 millones de personas, en África, América, Asia, Europa y Oceanía.

El Día de la Hispanidad es el 12 de octubre de 1492, día del descubrimiento y llegada de los primeros españoles a América. Esta fecha marca el nacimiento de una nueva identidad producto del encuentro y fusión de los pueblos y culturas indígenas existentes en el continente americano y en España.

El concepto de la Hispanidad se fue desarrollando como un movimiento filosófico, histórico y cultural que integra a todas las naciones y etnias de habla hispana a ambos lados del Atlántico. No incluye ninguna nota racial que pueda señalar diferencias poco agradables entre los diversos elementos que integran a las naciones hispánicas. Todas ellas han heredado un patrimonio común, transmitido por antepasados comunes, aunque luego cada una haya aumentado su herencia con nuevos bienes y nuevas glorias, que constituyen el patrimonio intangible y soberano de cada una de las naciones hispánicas.

La Hispanidad reúne a todos los pueblos hispánicos este aspecto agradable y simpático de nuestra gran familia de naciones, aunque con distintos nombres y significaciones.


BANDERA DE LA HISPANIDAD

El primer antecedente de la Hispanidad fue ideado por el poeta vasco Ramón de Basterra y Zabala, considerado la voz del futurismo, trabajó como vate oficial de la revista Hermes.

A través de su poesía fue manifestando Basterra su peculiar arte e  ideología. Su deseo de renovación española tras el desastre del 98 y la liquidación de las últimas colonias del Imperio, su ideal de nuestra cultura vinculada a Roma, el concepto de la hispanidad, en suma, de todos los pueblos de la Península y de América, hermanos en lengua, fe y tradición: la SobreEspaña, antecedente de la Hispanidad que cincelarían años después otros dos vascos llamados Zacarías Vizcarra y Ramiro de Maeztu.

El ideal de vida representado en el siglo XVIII por los ideales Ilustrados y Liberales y que Basterra denomina carlotercismo, refiriéndose al reinado de Carlos III, es el símbolo de la renovación española que el poeta propuso, puesto que para él, el esplendor de la cultura europea se produjo en el siglo XVIII, es decir, en pleno racionalismo.

La hispanidad que Basterra relataba en sus obras en prosa, como La obra de Trajano escrita en Rumanía, y Los Navíos de la Ilustración escrita en Venezuela, hace referencia a los marinos ilustrados del siglo XVIII, hombres de ciencia y guerra, que llevaron en sus barcos los ideales liberales y progresistas con destino a las Américas. En estas obras, Basterra meditaba sobre la España imperial heredera de los valores de Roma.

En Los Navíos de la Ilustración, Basterra empezó a transformar el panorama cultural. Basterra se encontró en Venezuela con los papeles de la Compañía Naviera Guipuzcoana de Caracas, fundada en 1728, y vio que los barcos del conde Peña Florida y del marqués de Valmediano, de cuya propiedad fueron después partícipes las familias próceres de Venezuela, como los Bolívar, los Toro, Ibarra, La Madrid y Ascanio, llevaban y traían en sus camarotes y bodegas los libros de la Enciclopedia francesa y de la Ilustración española. Por eso atribuyó Basterra la independencia de América al hecho de haberse criado Bolívar en las ideas de las Sociedades Económicas Amigos del País de aquel tiempo. Su error fue suponer que acaeció solamente en Venezuela lo que ocurría al mismo tiempo en toda la América española y portuguesa, como consecuencia del cambio de ideas que el siglo XVIII trajo a España.


RAMÓN DE BASTERRA

La decimoquinta edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua (1925) explicaba que la voz "hispanidad" era todavía un sinónimo de "hispanismo" o modo peculiar de hablar español que se aparta de las reglas comunes.

En la llamada Generación del 98, cuyo origen estuvo en la pérdida de los restos ultramarinos del antiguo Imperio español (1898), la pregunta sobre nuestra identidad fue casi obsesiva. En la definición y desarrollo del ideal de la Hispanidad tomaron parte varios intelectuales, literatos y filósofos pertenecientes a esta Generación, entre los que se encontraban algunos vascos como Ramiro de Maeztu, Zacarías Vizcarra, Ramón de Basterra, Miguel Unamuno o Pío Baroja.

En enero de 1913 la Unión Ibero-Americana de Madrid, inspirada por su presidente Faustino Rodríguez San Pedro, 
propuso instaurar el Día de la Raza entendida como Fiesta de la Raza española.

En 1917 la República de Argentina tomó la iniciativa y estableció durante la presidencia de Irigoyen la celebración del 12 de octubre como su Día Nacional "en homenaje a España, progenitora de naciones, a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y la armonía de su lengua, una herencia inmortal". El Día de la Raza es el nombre que fueron recibiendo en un principio las respectivas fiestas nacionales de la mayoría de los países hispanoamericanos.

Al año siguiente, en 1918 el gobierno de Antonio Maura, durante el reinado de Alfonso XIII, hizo oficial el 12 de octubre el día nacional de España con el mismo término.



BANDERA DEL IMPERIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA

El primero en utilizar el término Hispanidad fue el sacerdote vasco, radicado en Argentina, Zacarías de Vizcarra y Arana, quien en 1926 propuso en Buenos Aires que se utilizarse el término Hispanidad para sustituir al de Raza, en el sentido de Día de la Raza, por el de Día de la Hispanidad, y obtuvo amplia difusión en los ambientes hispanistas.

El argumento utilizado era que "si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?"

Para Vizcarra era importante definir las dos acepciones análogas de la palabra Hispanidad:

1. significa el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía. Era de índole geográfica.

2. expresa el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos católicos de estirpe y cultura hispánica. Tenía un carácter ético.

A Vizcarra se le atribuye la creación de la palabra Hispanidad, descrita en su publicación La hispanidad y su Verbo (1926) en Buenos Aires. Escribía en dicha publicación:

"de que no existe palabra que pueda sustituir a Hispanidad... para denominar con un solo vocablo a todos los pueblos de origen hispano y a las cualidades que los distinguen de los demás... significa, en primer, lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía; expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica."
Por esta definición, la inclusión del imperio portugués en la hispanidad parece clara, hasta porque no hay presencia española relevante en Oceanía, pero no es bien así. En 1936, el monseñor concretó que:
"...tenemos que España y su estirpe, es decir, toda la Hispanidad, debe cumplir todavía dos brillantes misiones en la Cristiandad, para salvar a la Humanidad en su más terrible crisis..."

ZACARÍAS VIZCARRA

Uno de los pioneros defensores de la Hispanidad fue el filósofo y escritor Miguel de Unamuno y Jugo. Fue catedrático y rector de la Universidad de Salamanca y afiliado al Partido Socialista.

En 1927, Unamuno publicó un comentario a la obra La restauración nacionalista, del argentino Ricardo Rojas, en el que con el término de Hispanidad definía la comunidad de pueblos de habla española y encerraba en él "aquellas cualidades espirituales, aquella fisonomía moral, mental, ética, estética y religiosa".

Unamuno ya prefería referirse a la Hispanidad en lugar de Españolidad dejándolo escrito en un artículo, en el que afirmaba:

"Digo hispanidad y no españolidad para atenerme al viejo concepto histórico-geográfico de Hispania que abarca toda la Península Ibérica para incluir a todos los linajes, a todas las razas espirituales, a las que han hecho el alma terrena y a la vez, celeste de Hispania."
Unamuno se sentía "doblemente español, por vasco y por español".

Argumenta que Unamuno presentó la creación de una identidad hispana como un proyecto a largo plazo, basado en la relación de diferenciación e integración que existe entre España y las otras naciones del mundo hispánico, destaca el papel primordial que desempeñó la lengua castellana en la construcción de esta identidad.

Mientras que Miguel de Unamuno razonaba el concepto de la Hispanidad de origen puramente español, y concretamente vasco, otro español y vasco llamado Ramiro de Maeztu lo lanzaba en su obra Defensa de la Hispanidad. Mientras Unamuno razonaba su concepto de Hispanidad como exiliado en Hendaya, Maeztu lo defendía como embajador en Buenos Aires.


MIGUEL DE UNAMUNO

Ramiro de Maeztu fue un observador de la realidad española, que sufrió el hundimiento de los negocios de su familia en Cuba cuando la isla se emancipó de España en 1898. Vivió el Desastre del 98 en primera persona. Desde la relativa distancia de ser hijo de inglesa, estar casado con una inglesa y haber vivido quince años en Inglaterra, el gobierno del general Primo de Rivera le nombró en 1928 embajador de España en la Argentina.

Allí tuvo ocasión de tratar con Zacarías de Vizcarra, el introductor en 1926 de la idea de la Hispanidad, de quien recibió gran influencia de su filosofía y de este movimiento cultural emergente. Pero es al regresar a España cuando Maeztu comenzó a desarrollar su defensa de la Hispanidad, precisamente el mismo año en el que se proclamó la República.

El 15 de diciembre de 1931, Maeztu fundó en Madrid la revista católica y monárquica Acción Española. En su primer número publica un artículo titulado La Hispanidad que comienza:

"La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?"
"El 12 de octubre, (día del descubrimiento de América) mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad. El concepto Hispanidad debe comprender y caracterizar a la totalidad de los pueblos hispánicos."
A lo largo de 1932 y 1933, Maeztu fue definiendo su idea de la Hispanidad, que quedó materializado en la primavera de 1934, cuando editó su libro Defensa de la Hispanidad. Se trataba de una recopilación de artículos editados en la revista Acción Española. Aquella defensa influyó de manera determinante en la consolidación de una alternativa política hispánica frente a las pretensiones globalizadoras del comunismo soviético.

Para él, la Hispanidad es el resultado del Imperio español, una Monarquía misionera a la que el mundo designaba propiamente con el título de Monarquía católica.

"La Patria es espíritu. Ello dice que el ser de la Patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan."
Maeztu adoptó las dos acepciones geográfica y ética, que había propuesto con anterioridad Vizcarra, en un texto conciso y riguroso:
"la Hispanidad aparece dividida en veinte Estados lo que no logra destruir lo que hay en ellos de común y que constituye lo que pudiera denominarse la hispanidad de la Hispanidad."

RAMIRO DE MAEZTU

Para Maeztu, la Hispanidad se debe emplear para referir también al pueblo portugués y al mundo lusófono, como lo hace con el pueblo español y al mundo hispánico, porque este concepto abarca a dos realidades históricas y culturales distintas: la lusitanidad y la españolidad.

"No veo inconveniente en aceptar la distinción entre hispanidad, lusitanidad y castellanidad. Más aún, creo que será necesario complementarla con otra: la de hispanidad y españolidad, porque hay españoles, como los vascongados, que no nos sentimos incluidos en la castellanidad, pero sí en la españolidad y más aún en la hispanidad..."

Advierte, Ramiro de Maeztu para lo siguiente:

"... estar siempre prevenidos de que hispanidad tiene dos sentidos: el más amplio, que abarca también los pueblos lusitanos, y el más restringido, que los excluye."
El 12 de octubre de 1934, Zacarías de Vizcarra aprovechó el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires en el teatro Colón para convencer de la consolidación necesaria en la idea de la Hispanidad, su origen, denominación y conceptos, tomando las ideas de Maeztu y que se concretaban en una declaración titulada Apología de la Hispanidad:
"América es la obra de España. Esta obra de España lo es esencialmente de catolicismo. Luego hay relación de igualdad entre hispanidad y catolicismo, y es locura todo intento de hispanización que lo repudie."

DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA, 12 DE OCTUBRE DE 1492

Finalmente, el 12 de octubre de 1935 fue celebrado en Madrid como nuestra Fiesta Nacional con el nombre de Día de la Hispanidad. Ramiro de Maeztu pronunció un discurso en la Academia Española de la Lengua sobre el descubrimiento y la colonización de América. Y con el título El Día de la Hispanidad publicó un artículo en el número inaugural de Hispanidad, revista quincenal cuyo primer número está fechado precisamente el 12 de octubre de 1935. En el segundo número de esa revista puede leerse:
"La conmemoración de la fiesta de la Hispanidad. Con gran brillantez se ha celebrado este año el día de la Hispanidad. Toda España se ha sumado a su conmemoración. Y no solamente en España. En América, ni qué decir. En cuanto al extranjero, allí donde existe un núcleo de españoles se han reunido y han brindado por la cultura española."
(Hispanidad, nº 2, 1 noviembre 1935, pág. 26.)

Ese mismo día de la Hispanidad, en Sevilla, se inauguró el XXVI Congreso Internacional de Americanistas. El día siguiente, 13 de octubre de 1935, se inauguró una estatua del Cid Campeador en el centro de Buenos Aires con la presencia del presidente de Argentina, del embajador de España y de otras representaciones. Pronunciaron los obligados discursos oficiales dos oradores que no llevaban apellidos de origen español pero que supieron sentir y proclamar el ideal de la Hispanidad.


DEFENSA DE LA HISPANIDAD, POR RAMIRO DE MAEZTU

Un año después, en octubre de 1936, Ramiro de Maeztu fue asesinado en Aravaca (Madrid) por el bando republicano durante una saca de la cárcel de las Ventas tras el estallido de la Guerra Civil. La Defensa de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu volvió a publicarse en 1938, durante la guerra civil, y su idea sentó una de las bases ideológicas de la España levantisca y alzada contra quieres pretendían convertir España en una república comunista y subordinada a la Unión Soviética.

Miguel de Unamuno fue desposeído del cargo como rector de la Universidad de Salamanca por el Gobierno de la República al dar su apoyo al bando franquista. El 12 de octubre de 1936 tuvo un grave enfrentamiento con el general Millán Astray, solucionado rápidamente por la intervención de doña Carmen Polo de Franco. El 31 de diciembre de 1936, falleció en Salamanca el polémico, original, desbordante, a veces contradictorio, tanto en su pensamiento como en su actividad política, Miguel de Unamuno.

Durante ese mismo año del estallido de la Guerra Civil, otro gran español llamado Manuel García Morente desarrolló la idea de la Hispanidad también en Buenos Aires. García Morente simboliza la "índole íntima del hombre hispánico" en la figura del "caballero cristiano", y esa figura la toma de otro vasco que no es un vasco cualquiera: San Ignacio de Loyola. El caballero hispánico es simbolizado entre el caballero cristiano del vasco universal San Ignacio de Loyola y el hombre de acción que Baroja describe en Memorias.

El designar Hispanidad como constelación espiritual superadora de la Región y de la Nación, a base de lengua y literatura fue afirmado en 1909 por Miguel de Unamuno, seguido por el Zacarías de Vizcarra en 1926; defendido por Ramiro de Maeztu en 1934. Y consolidado por los Institutos de Cultura Hispánica en todo el mundo.

Tras el final de la guerra, el 12 de octubre de 1939 tuvo lugar en Zaragoza la celebración oficial del día de la Raza con una especial devoción a la Virgen en el día del Pilar, pero sobre todo como Día de la Hispanidad, símbolo de la nueva política interior y exterior. En esta celebración participaron representantes de algunas naciones hermanas.

Germán Vergara, encargado de Negocios de Chile encabezó el discurso:

"Las fiestas de la Hispanidad han tenido en Zaragoza un escenario incomparable. El significado profundo de las fiestas fue la compenetración íntima del homenaje a la Raza y la devoción de Nuestra Señora del Pilar, es decir, el símbolo de la unión cada vez más estrecha de América y España. Chile participa con fervor en el homenaje que se rinde a la Hispanidad y se enorgullece de su origen y de sus firmes tradiciones hispánicas."


MAPA DE LA HISPANIDAD