viernes, 9 de octubre de 2015

Ciudad fortificada de Laguardia

El rey navarros Sancho VII Garcés el Fuerte fue el promotor de la construcción de este castillo, quien además se propuso fortificar entera la villa de Laguardia, convirtiéndola en plaza fuerte y baluarte inexpugnable. Esta fortificación debió comprender todas las murallas que, partiendo del castillo de Sancho Abarca, rodeaban toda la villa.

Elevados y fuertes, de trecho en trecho, a distancia proporcionada, se alzaban unos torreones cuadrangulares salientes del muro, adornados con almenas y saeteras.

 

Laguardia queda marcada por su función castrense, de tal manera que su casco urbano se compone de tres calles longitudinales que a su vez se encuentran cruzadas por tres cantones. Existen otras dos calles menores paralelas a las principales, una calleja transversal que une las calles Mayor y Páganos, y una plaza rectangular en el centro. Todo ello delimitado por el recinto amurallado.

Esta muralla, tenía comunicación con el exterior a través de cuatro puertas:
- al oeste: la Puerta de Páganos
- al sur: Mercadal
- al sureste: la Puerta de San Juan
- al nordeste: Santa Engracia

La Puerta de Carnicerías, al este, se abrió en el siglo XV.

 


Debido al papel defensivo y al carácter militar de la villa, que por su situación se veía envuelta muy a menudo en contiendas de diferentes reinos, los habitantes de Laguardia se dividían en organizaciones barriales de carácter cívico-militar. A ellos correspondía la defensa de las murallas que rodeaban la villa.

En un principio hubo cuatro, cada una de ellas estaba bajo la advocación de un santo.
- Santa Engracia; defendía la zona de muralla comprendida entre esta puerta y la de San Juan.
- San Juan; desde el Mercadal hasta San Juan.
- San Nicolás; Desde la puerta de Mercadal hasta la puerta de Páganos.
- San Antonio; desde la puerta de Páganos hasta la de Santa Engracia.

Hoy en día queda aún en Laguardia, como recuerdo de aquellas vecindades, la presencia de hornacinas que contienen imágenes de Santos, en las puertas de acceso a la villa.

Posteriormente aumentaron las vecindades, y cada una quiso tener su propia imagen. Por ello también encontramos estas hornacinas con sus correspondientes Santos en algunas de las calles del interior.

De las antiguas imágenes solamente se conserva la de San Antonio Abad, recientemente restaurada y perteneciente al siglo XIII.