lunes, 31 de julio de 2017

Juan Antón de Astigarribia

Marino y mercader esclavista del siglo XVI




Nacido en Motrico en la primera mitad del siglo XVI. Juan Antón de Astigarribia se dedicó al comercio y al transporte marítimo de productos entre las áreas atlántica y mediterránea en la época de la gran expansión económica de la Corona española. Comerciaba con manufacturas de hierro vasco, frutos secos, pescado en salmuera, cereales e incluso esclavos negros.

Seguía los itinerarios usuales de muchos marinos de la época, para muchos de los vascos dedicados al transporte y el comercio: desde las costas del norte de Europa hasta casi el fondo del Mediterráneo, atracando en Inglaterra, Flandes, los Países Bajos, Francia, España, Portugal, Italia y Grecia. 

Navegaba en una nao gruesa de 300 toneladas denominada La Trinidad, con la que efectuó muchos viajes y "ganó muchas sumas e cuantías de ducados", una verdadera fortuna para la época.

Fue un hombre decidido y firme en el mantenimiento de la disciplina de la tripulación. No dudó en abandonar a su suerte a su paisano y escribano de la tripulación, Martín de Arexmendi, en una prisión lejos de su tierra, desafiando todas las consecuencias de acciones como éstas.

El historiador José Antonio Azpiazu Elorza estudió la vida de Juan Antón de Astigarribia, un mercader de Mutrico en el tráfico de esclavos en el Mediterráneo en libro con el título Esclavos y traficantes. Historias ocultas del País Vasco.

jueves, 27 de julio de 2017

Rasgos personales de Blas de Lezo




A lo largo de su carrera el teniente general de la Armada española Blas de Lezo demostró siempre una gran disponibilidad para ejercer las tareas encomendadas y un entusiasmo por su profesión que le valieron para obtener un destino muy codiciado, como era el mando de la Escuadra de Cartagena de Indias, y asumir la defensa de aquellas costas. Su prudencia y experiencia le llevaron a revisar y mejorar las defensas de la ciudad desde su llegada, en marzo de 1737. El 18 de marzo de 1740 escribió al rey de España para informarle de las necesidades y problemas que tenía la ciudad:
"Si vuestra Majestad no se digna a dar prontas providencias para el reparo y seguridad de estos dominios… sucederá a esta ciudad lo mismo que se ha experimentado en Portobello… sin que con los navíos que tengo me halle en estado de llamar ni divertir a los enemigos ni impedir sus operaciones."

Una de sus cualidades era hacer partícipes a los demás de sus ideales y creencias. Así, cuando partió de Cádiz en la última flota hacia Tierra Firme el 3 de febrero de 1737, junto a Pedro Fidalgo, gobernador y capitán general de la plaza y provincia de Cartagena de Indias, también iban embarcados aproximadamente 170 polizones de los 63 se incorporaron al Batallón Fijo. Blas de Lezo les inculcó el orgullo de pertenecer a un conjunto de hombres valientes que defendían el honor de un país. Su talento para distribuir las tareas según las capacidades y su acierto en delegar cometidos lograron que estos hombres orgullosos de su nueva condición militar se entregaran plenamente a la defensa de la plaza que les había dado una nueva vida.

Hombre de gran iniciativa, Blas de Lezo fundó a su llegada a Cartagena de Indias junto a Pedro Fidalgo la Compañía de Armadores de la ciudad para combatir el comercio clandestino extranjero que se estaba efectuando en las costas. Defendiendo como siempre los intereses de España, estableció como condición en el decreto que aprobaba el Reglamento que los oficiales que practicaran el corso debían de cumplir la condición "de ser vasallos de Su Majestad". Esta fidelidad al rey guió siempre su comportamiento como hombres de armas.

Pero sin duda, donde afloraron los rasgos más concluyentes de la personalidad de Blas de Lezo fue cuando se vio involucrado en situaciones extremas; sin duda la más intensa fue la que vivió en la defensa de Cartagena de Indias. España realizó esta defensa contra "la escuadra mas numerosa y fuerte que vieron jamás aquellos mares, una maravillosa selba flotante de buques, arboles, entenas y jarcias… que amenazaba con terror y espanto".




Fue un excelente líder, ejemplo y motivación para los oficiales y la tropa de marina, les animaba a resistir y les arengaba para conseguir la victoria. Prueba de ellos fue su discurso enérgico y sentido que hizo a las tripulaciones de los navíos Dragón y Conquistador cuando se enteró de que pretendían abandonar sus barcos en cuanto avistaron a la Armada inglesa entrando en la bahía interior.
"Llamé toda la gente arriba a quienes hice mi oración y oida por ello respondieron unánimes y conformes,… y que estaban prontos á cumplir con su obligación."

Hombre valiente, nunca se acobardó y estuvo dispuesto al combate con sus barcos, por lo que le pareció inconcebible la resolución del virrey de hundir los navíos Dragón y Conquistador. Pensó que se trataba de un error no ofrecer resistencia al acceso del enemigo a la bahía interior de Cartagena de Indias y prescindir de unos navíos que podían tener utilidad más adelante. Y así lo anotó en su diario:
"Don Sebastián de Eslava ha conseguido la ruina de estos navíos tirando a la Marina, de que se ha declarado enemigo capital y de los más opuestos a ella."

Si bien su actitud ante sus superiores fue siempre de lealtad, cooperación y compromiso, siempre expuso sus opiniones de manera franca y constructiva:
"… asegurarle que por nuestra parte no habría dificultad y que para esto no tenía el Rey y eramos vasallos, y que si todo sé havia de sacrificar lo haríamos con gusto…"


miércoles, 19 de julio de 2017

Pedro Aingo de Ezpeleta

Historiador teólogo, arbitrista, economista de principios del XVII


Nacido en Tudela en 1595, Pedro Aingo de Ezpeleta estudió en la Universidad de Valladolid. Llegó a ocupar los cargos de profesor de teología y filosofía en el colegio Pinciano y de canónigo de la iglesia de Astorga.

Fue autor de dos obras: Fundación de la Santa Iglesia Catedral de Astorga; Vida, predicación y martirio de su primer obispo San Efrén, discípulo del apóstol Santiago, Madrid, 1634; y Resoluciones prácticas, morales y doctrinales de dudas ocasionadas de la baja de la moneda de vellón en los reinos de Castilla y de León, Madrid, 1654.

Aunque se mostraba arbitrista, en gran parte fue partidario de la teoría cuantitativa en materia monetaria, pronunciada por el también navarro Martín de Azpilcueta. Por eso estudió las cuestiones económicas derivadas de la llegada del oro y la plata americanos y de la depreciación de la moneda bajo Felipe IV.




viernes, 14 de julio de 2017

La historiografía legendaria de vascofranceses

Algunos títulos de recientes publicaciones en Francia llegan al esoterismo o la ciencia ficción en cuanto al origen e historia de los vascos y vascones se refiere. Títulos como El misterio de los vascosEl enigma vascoOrigen misterioso del pueblo vascoHistoria secreta del País Vasco, etc., obras que aparecen en las colecciones de esoterismo al lado de los temas de los druidas, de los templarios, de los cátaros, de los rosacruz, etc.

El origen está en que tras el nacimiento de la Mitomanía vascohispanófila en el siglo XVI, apareció la colaboración interesada de algunos legitimistas agramonteses navarros y suletinos del siglo XII. Arnaud Oihenart de Mauleon, P. Moret y otros escritores vascofranceses comenzaron a impugnar el alineamiento hispano-beamontés de Navarra desde 1512.


MAPA HISTÓRICO DEL PAÍS VASCO FRANCÉS


Este vasquismo pre-paleolítico fue defendido también por abates del siglo XVIII y XIX. Así, Philippe Veyrin calificó este periodo de "edad teológica de la vascofilia". El abate Diharce de Bidassouet aseguró, por ejemplo, en su tratado sobre historia y lingüística vasca Histoire des Cantabres que el vascuence era la lengua del Creador. El título largo de este tratado publicado en París en 1825 lo dice todo: Historia de los cántabros o de los primeros colonos de toda Europa, con la de los bascos, sus descendientes directos que existen todavía, y su lengua asiática basca, traducción y reducción a los principios de la lengua francesa.

Otro abate, Perocheguy, afirmó que el eusquera era el idioma originario anterior a la Torre de Babel, y a parecida conclusión ya había llegado en Guipúzcoa el jesuita Manuel de Larramendi

El más concluyente fue un tercer abate, Dominique Lahetjuzan, cura de Sare, que presumía del curioso título de nobleza de ser "salvaje de origen". En su obra Essai de quelques notes sur la langue basque par un Vicaire de Capmpagne sauvage d´origine, publicada en Bayona en 1808, opinaba que el vascuence era la lengua originaria de la Humanidad y prueba de la divinidad del libro sagrado, cuyos primeros protagonistas (Adán, Eva, Caín y Abel) eran de origen vasco. Concluyó con esta frase rotunda: "El vasco es una lengua original: la divinidad del Génesis lo demuestra, como viceversa: la originalidad del vasco prueba la divinidad del Génesis".

Y por ese camino, sin ironía alguna, llegaron a decir que el nombre Eva viene de "ez-bai", cuya pronunciación es fonéticamente "e-ba", y cuyo significado es "si-no" en euskara, porque "era natural de Adán, en medio de su alegría, diera a su mujer un nombre que perpetuase el recuerdo de su privación y de su goce".

Su argumento consistirá en la reivindicación de una Vasconia unitaria dividida en dos áreas, citerior o íberopirenaica (bajonavarra) y ulterior o aquitanocantábrica (gascona y bizcaína), sin solución de continuidad etnolinguística entre ambas: la primera, territorio vascón originario, y la segunda, área vasconizada entre los siglos V y VI.


DANZAS VASCAS (MUSÉE BASQUE ET DE L´HISTOIRE DE BAYONNE)


En el trasfondo de esta interpretación se esconde ya la idea de una gran Navarra euskaldún, concebida desde la fidelidad y mentalidad francófila de algunos de sus defensores como una suerte de protectorado ibérico o marca hispánica occidental al servicio del Reino de Francia.

En la Francia del siglo XIX, donde todos lo fueros habían desaparecido en la Revolución de 1789, la necesidad de literatura exótica llevó a un descubrimiento de las regiones rurales donde se conservaban aún lenguas y culturas diferentes de las oficiales. El País Vasco fue una de las zonas privilegiadas por esta moda y ello explica el relativo éxito de las obras del contrarrevolucionario suletino Joseph Augustin Chaho y de la mucho más rigurosa del medievalista Francisque Xavier Michel, catedrático en Burdeos, que publicó en 1857 Le Pays Basque, sa population, sa langue, ses moeurs, sa littérature et sa musique.

En el año 1900, el abad francés J. Espagnolle publicó su libro titulado L´Origen des Basques (El origen de los vascos) en el que afirmara con total convicción que los vascos provenían del pueblo judío. A fin de que su teoría tuviera consistencia, el lector debía aceptar en primer lugar que el pueblo de la antigua Esparta era judío. Para abonar esta afirmación Espagnolle citó a un historiador de la antigua Gracia que escribió: "El amor al dinero es una característica de los espartanos". Por si fuera prueba suficiente, también sostuvo que en Esparta, como en Judea, escaseaban los artesanos.

Muchos curas vascos ha habido hasta los siglos XIX e incluso principios del XX que han seguido manteniendo que el vascuence era la lengua que se hablaba en el paraíso. En fecha tan reciente como 1910, el presbítero José García Oregui y Aramburu publicó un panfleto titulado: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. Gloriosísimo Descubrimiento, Reconocimiento y Demostración de la Lengua Paradisíaca en el Vascuence.


HENDAYA DESDE FUENTERRABÍA, POR DANIEL VAZQUEZ DÍAZ


Todas estas entusiastas fantasías introspectivas tienen una cierta lógica. Cuando estos abates del País Vasco francés, allá por el siglo XVIII, buscaban la grandeza y supremacía de lo suyo en lo más remoto, no pueden encontrarlas en los datos históricos, prehistóricos y científicos, y menos todavía en un idioma que carecía de literatura. Tuvieron que ir más allá de los pueblos conocidos, tienen que buscar los orígenes en la misma entraña de la tierra, en la aparición del hombre como culminación de la Creación. Ahí nos encontramos ya con el Nearderthal, del cual han aparecido algunos restos en el Paleolítico vasco, en la cueva de Isturiz, restos como los que aparecieron también en Bañolas, en Gibraltar, y tal vez antes en Orce y en Atapuerca. Estos quasihumanos, y con más seguridad los cromañones que vivieron miles de años después, tendrían unas características, digamos raciales, genéticas, craneales… parecidas, y hablarían a base de sonidos más o menos onomatopéyica.

El eminente explorador africanista y antropólogo inglés Henri Stanley escribió con suave ironía pero con clara burla sobre esta idea generalizada entre los vascos acerca de su especial origen:
"En muchos aspectos, como la lengua, el vestir, las costumbres, la superstición o la idea favorable que tienen de sí mismos, los vascos se parecen bastante, en mi opinión, a los galeses. Cada vascongado, al igual que cada galés, es descendiente de un rey o de un noble de alto rango. Adán fue el primero que habló vasco, si bien los hay que afirman que lo que habló fue galés. Noé habló vasco. Los diez mandamientos de ha dicho que fueron escritos en vasco."

 SAINT JEAN PIED DE PORT

lunes, 10 de julio de 2017

Reconquista por tierras andaluzas siglo XIV


En el siglo XIV, el rey navarro Felipe III, de la dinastía Évreux, estuvo muy deseoso de contribuir a la Reconquista con una expedición militar conjunta con Castilla y Aragón para tomar el Reino musulmán de Granada. Pero, finalmente, esta intención se malogró en 1331 al firmar el rey castellano Alfonso XI una serie de treguas con el rey nazarí.

Felipe III tenía un gran espíritu belicoso-religioso, precisamente en ese mismo año de 1331 llegó a Aviñón (Francia) para formalizar con el papa una expedición militar a Tierra Santa junto a los reyes de Aragón y Bohemia (Chequia). Sin embargo, esta cruzada tampoco se materializó.

SELLO DE FELIPE III DE NAVARRA


Aunque la Reconquista había terminado de forma teórica para el Reino de Navarra después de la gloriosa participación de Sancho VII el Fuerte en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, la participación de las Provincias vascongadas fue incluso superior.

Esta colaboración fue debida al progreso de los vascos en su relación con el sur peninsular y al fortalecimiento de la vinculación al Reino de Castilla y León. Para los marinos vascos, las costas andaluzas se estaban convirtiendo en estratégicas bases de las expediciones ultramarinas. Tomaron en consideración que para tener el control de rutas comerciales atlánticas y mediterráneas era necesario finalizar la reconquista total de la península, y por tanto, la liquidación del Reino de Granada, empresa en la que los marineros vascos pusieron todo su empeño y lealtad al Reino de Castilla.

Los marinos vascongados que participaban en estas expediciones y asedios no eran profesionales, y alternaban las profesiones de transporte, comercio y pesca con las propiamente bélicas. Tanto barcos como tripulaciones podían incorporarse a las flotas reales o servir de forma autónoma mediante el corso. La integración en tales actividades se hacía a través de solidaridades de sangre y vecindad, que constituían una especie de compañías entorno a sus jefes naturales.

BATALLA DEL SALADO


Juan Núñez de Lara, señor de Vizcaya, que había participado en los sitios de Antequera, Ronda y Gibraltar, formaría de nuevo la vanguardia del ejército castellano del rey Alfonso XI al mando de la caballería y los concejos andaluces en otro decisiva hecho de armas, la batalla del Salado (Cádiz) en 1340. Juan Núñez de Lara estaba casado con María Díaz II de Haro, procedente de una importante familia castellana

Esta batalla, en la que participaron un buen número de naturales del Señorío, fue vital el avance de las huestes cristianas en el objetivo de arrebatar a los musulmanes su último reducto, el Reino de Granada. El ala izquierda del ejército estaba formado por tropas asturianas, leonesas, vizcaínas, guipuzcoanas y alavesas a las órdenes del señor leonés Pero Núñez de Guzmán.

Asimismo, la infantería guipuzcoana fue mandada por el también guipuzcoano Amador de Lazcano, cuya participación fue tan sobresaliente que Alfonso XI le nombró gobernador de Cazorla (Jaén). Finalmente, en la famosa Crónica de Alfonso XI consta de versos tan laureada participación:
"Leoneses, asturianos, gallegos, portugueses,vizcaínos, guipuzcoanos y de la montaña y alaveses,cada unos bien lidiaban que siempre será hazaña y la mejoría daban al muy noble rey de España."
Alfonso XI recompensó los esfuerzos  realizados por Juan Núñez de Lara y sus huestes "gentes de a pie de las montañas de Vizcaya, de Guipúzcoa y de Álava" en esta batalla aprobando el Cuaderno foral de Vizcaya de 1342. Muchos de ellos hablaban tanto en castellano como en euskera.

A todos estos combatientes, el jurisconsulto Gutiérrez, citado por Larramendi, fueron llamados: 
"Cántabros y bascongados, caballeros, hijosdalgo desde ab initio, recuperadores de España y nobles de sangre." 


ASEDIO DE ALGECIRAS


Dos años después, el Reino de Castilla efectuaba el asedio de Algeciras (Cádiz), que duró de 1342 a 1344, con la intención de controlar el peligroso estrecho de Gibraltar, por el que navegaban las invasiones provenientes de Marruecos. Los guipuzcoanos tuvieron una importante participación en este asedio, no sólo por el bloqueo marítimo al puerto desde el estrecho mediante embarcaciones, sino también con tropas de infantería.

El rey Alfonso XI concedió a San Sebastián distintas mercedes y privilegios en una Real Cédula de 1345, donde escribió en referencia:
"Al tiempo que Nos teníamos cercada la nuestra ciudad de Algeciras por el gran menester en la guarda de la mar, que nos vinisteis á servir con naos."
También el rey navarro Felipe III tomó parte en el asedio a la ciudad andaluza, no sólo procurando dinero y pertrechos para el sitio, que se llevaron a los puertos de Guipúzcoa, sino también presentándose personalmente, en 1343 en el campamento de Alfonso XI. Desgraciadamente, dos meses después el bravo rey navarro moría en dicho asedio víctima de una grave enfermedad.

viernes, 7 de julio de 2017

Cipriano Barace Mainz

Misionero jesuita del siglo XVII y mártir durante una expedición evangelizadora en el Virreinato del Perú.




Natural de Isaba, Navarra, donde nació en 1641. Estudió Filosofía y Teología, lo que le permitió ser nombrado beneficiado de la parroquia de Isaba. Su vocación religiosa le hace alistarse en la Compañía de Jesús, a imitación de San Francisco Javier por quien Barace sentía una gran admiración.

A los 29 años, Cipriano viajó a la provincia jesuita del Perú, siendo ordenado sacerdote en Lima el 11 de junio de 1673. Según una descripción de 1672 que se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla, su aspecto físico era el de un hombre con "buen cuerpo, blanco, algo rubio, señales de heridas sobre ambas cejas…".

En 1674, después de haber pedido ir a las misiones de Chile, fue enviado a Mojos, en el Alto Perú, donde los jesuitas meditaban fundar misiones.



LÁPIDA A BARACE EN RECUERDO EN SU CASA NATAL


El 28 de julio de 1675, acompañado del Padre Pedro Marbán y del hermano José del Castillo, con un indio mojo como intérprete, salió de Santa Cruz de la Sierra en una canoa, por el río Guapay abajo, a adentrarse y explorar los llanos de Mojos, la actual Bolivia. Se encontraron con un país inmenso, donde la gente vivía dispersa, con familias separadas por odios profundos, que se negaban a convivir formando poblados. A su vez las diversas naciones se odiaban entre sí y no mantenían relaciones comerciales entre ellas. A todo este desorden social se agregaba el clima, las inundaciones casi permanentes, las diversas lenguas, las distancias y la pobreza.

Empezó a explorar los ríos Mamoré, Itenes, Bení y otros afluentes del Madeira, a su vez afluente del Amazonas. En aquel territorio fundó la primera población indígena con indios moxos, a la que bautizó con el nombre de Loreto (25 de marzo de 1682). En este tiempo su compañero y superior, el padre Marbán, compuso la primera gramática de la lengua moja. Tras cinco años de enfermedades y pobres resultados es enviado a territorio de los indios chiriguanos en la actual Paraguay, donde tampoco obtuvo éxito en sus esfuerzos. Es enviado a Santa Cruz donde pasó el tiempo muy ocupado aprendiendo a tejer y a armar un telar que más tarde había de introducir en Mojos.

Así, regresó al territorio de los moxos de Bolivia, después de haber estado cierto tiempo, aunque sin provecho alguno, entre los indios chiriguanes, a donde llega con grandes ideas de organización y donde se lanza a la creación de misiones por todo el norte Boliviano. Organizó a las familias en pueblos de 500 a 600 habitantes y fundó su primera misión el día 25 de marzo de 1682 con el nombre de Nuestra Señora de Loreto. En 1687, “doce leguas río abajo de Loreto”, fundó la actual ciudad de Trinidad, cabeza del departamento actual de Bení.



CASA NATAL DE BARACE


Con el crecimiento de los pueblos surgió el problema del abastecimiento. Los indios alegaban que las tierras vecinas no podían alimentar a tanta gente reunida y el padre Barace se percató del peligro que amenazaba a su ciudad. Expuso a su superior la idea de traer ganado, semillas, arados y otras cosas útiles para la misión. Acompañado de un puñado de indios se fue río arriba luchando contra la corriente del Río Grande. En Santa Cruz de la Sierra recorrió las casas de los hacendados y con limosnas que obtuvo de los españoles, reunió hasta 200 reses para trasladarlas hasta Loreto y Trinidad.

El cómo llevar los animales hasta Loreto era un problema casi insoluble. Bajar más de 400 kms. río abajo era tarea arriesgadísima en aquel tiempo, sin otro medio que las frágiles piraguas de los indios en aguas plagadas de caimanes. Aquí surgió el «mayoral y vaquero» que llevaba adentro y emprendió la marcha terrestre hacia Loreto. Tuvo que desaguar ríos, atravesar pantanos, romper selva, repuntar el ganado que quería volverse y luchar con los indios que le abandonaban. Su tenacidad era admirable. El obispo de La Paz, contemporáneo suyo, Nicolás Urbano de la Mata escribió en su valioso libro: "Ibase quedando solo el ganado, el Padre, con increíble tesón lo rodeaba, metiéndose a veces hasta la rodilla en los pantanos y lodazales". En 54 días de marcha llegó a Loreto con 84 cabezas de ganado vacuno. Este se multiplicó de tal manera que hoy día el departamento de Bení cuenta con dos millones de cabezas, descendientes de las que llevó el Padre Barace.

Tras recorrer unos 500 kilómetros llegó a su destino, Loreto, muerto de hambre y de sed, después de 54 días de caminata y con tan sólo 86 reses. Entró en el poblado sobre el toro madrina, que era el que abría paso a la manada. No obstante, aquellas reses fueron suficientes para multiplicarse y en poco tiempo los moxos pudieron comer carne de vaca y utilizar a estos animales en las tareas agrícolas. Todavía hoy a esta ruta que empleó Cipriano se le conoce con el nombre de Camino Barace.

La ciudad de Trinidad le dedicó una plaza el año 1925, en atención a su memorable marcha internando en la comarca amazónica de Bolivia las primeras cabezas de ganado vacuno. Puesta en marcha la reducción de Loreto, su inquietud misionera y exploradora lo llevó a 14 leguas al norte del río Mamoré. Pronto empezó a recorrer los alrededores y a ponerse en contacto con los indios, pescando y cazando con ellos para poder subsistir. Con gran esfuerzo consiguió atraer a algunas familias para que hicieran un pueblo en aquel lugar que él había elegido. Pero como muchas familias estaban divididas por odios profundos empezó la ardua labor de conciliación, haciendo de hombre bueno. Sus negociaciones tuvieron éxito y logró pacificar a las gentes que consintieron en vivir formando una ciudad que él mismo trazó. Los organizó en familias con su cabeza autoritaria, juez, alcalde, policías y otras autoridades.

Antonio de Orellana -biógrafo del padre Barace y superior suyo en el momento de su martirio-, en la obra Compendio de la vida del padre Cipriano Barace escrita al año siguiente de su muerte, lo describe como “un personaje ungido de santidad, aventurero, bondadoso, optimista, confiado, desprendido y entregado a la salvación de los indígenas”.

Formó agricultores con arado, ganaderos, herreros, carpinteros, tejedores. Construyó una iglesia de tres naves, con curiosas maderas talladas, de la que fue arquitecto y obrero. A esta ciudad la llamó Santísima Trinidad, y hoy es la capital del Bení. Cuando tuvo dos mil habitantes empezó a catequizarla. Compuso canciones religiosas, pero en lo que más insistía el Padre era el rosario y en la frecuencia de los Sacramentos, que iluminaba la vida espiritual de los mojos que llegaron a ser los más fervorosos cristianos del oriente boliviano.

Su espíritu explorador le llevó a descubrir la antigua ruta de los incas llamada de Coroyco, que acortaba el camino de Lima de 40 jornadas en 15. Para ello tuvo que realizar, acompañado de indios, cuatro expediciones sucesivas, descubriendo a los indios caches y el paso para el Virreinato de Lima. Cuatro años de esfuerzos en la que le daban por muerto, pero volvió a Trinidad, donde se le recibió casi como a un resucitado. El padre Barace hizo jornadas durísimas por terrenos tan húmedos que no se podía encender fuego alguno, o tuvo que "valerse de la industria, buscar algunos palos, que entretejidos unos con otros sirviesen de mal segura barca".



ITINERARIO DEL VIAJE SEGUIDO POR BARACE


El primer Diccionario francés de Historia Eclesiástica atribuye a Barace (“de patria isabense” que dicen los documentos de la época) la fundación de al menos quince puestos de misión y el bautismo de al menos 11.000 indios.

Después algo más de 25 años trabajando con los moxos y otras tribus como los cirionenos, tapacuras, guarayanos o moremonos, el 17 de agosto de 1702 sale de Trinidad, acompañado de cuatro indios y una mula, para adentrarse en territorio de los baures con quienes llegó a establecer una buena relación de amistad. Pero las guerras tribales entre ellos generaron una situación difícil de la que ya no pudo salir.

Así, el 16 de septiembre de 1702, cuando pasaba por una zona pantanosa en su camino hacia una de las misiones, se encontró con un grupo de indios armados con arcos, flechas y macanas. Dispararon sobre él una lluvia de flechas hiriéndole en el muslo y en el brazo; uno de ellos, a la vez que le arrebataba la cruz le daba un mortal golpe en la cabeza con su macana, acabando así con su vida a los 61 años de edad, 27 de ellos dedicados a evangelizar y a proteger a las diferentes tribus del Alto Perú, el actual estado boliviano del Beni.

Las aventuras y penalidades que sufrió a lo largo de los 27 años que pasó como misionero, son inimaginables. Leer su biografía es entrar en la vida de un tipo de hombre que en la actualidad es difícil imaginar: aventurero, comerciante, médico y cirujano, arquitecto, explorador, ganadero, escritor, relaciones públicas, etc.

Como escritor aparece Cipriano Barace en la Biblioteca de escritores de la Compañía de Jesús con las siguientes obras y relaciones:

Misión de los Mojos. Publicada en francés también como Mission de Moxes
Arte, vocabulario, confesionario, catecismo y cantos sagrados en lengua moja, en la Biblioteca de lenguas indígenas de América.
Estado floreciente de las Misiones de Mojos y sus vecinos. Experiencias y correrías a varias naciones de infieles, vecinas a los Majos
Del gran fruto que se hace en el pueblo de San Javier de los Coseremonos
Costumbres y vida de los indios Chiriguanos, con algunas apuntaciones sobre su lengua
Fundación de la misión de Nuestra Señora de Loreto de los indios Majos
Del nuevo pueblo que acaba de fundarse en Mojos bajo la advocación de la Santísima Trinidad
Memorial de las esperanzas que hay de introducir nuestra Santa Fe en la nación de Chapacuras
Cánticos en honra de la Virgen Nuestra Señora en lengua castellana y moja, para uso de los indios
Relación de la Provincia de Mojos conservada en el Archivo Romano de la Compañía de Jesús. Está firmada por los misioneros Pedro Marbán, Cipriano Barace y José Castillo.



RELIEVE EN ROBLE DEL MARTIRIO DE CIPRIANO
SILLERÍA DEL CORO DE ISABA


Cipriano Barace tuvo la virtud, reconocida todos sus biógrafos, de ser plenamente aceptado por la población indígena a pesar de haber irrumpido en sus territorios en plena época colonial. Aprendió la lengua y respetó las costumbres de los indios moxos y otras tribus, e hizo de su territorio un espacio de hombres libres después de haberse enfrentado con dureza a los colonos que querían esclavizar a los indígenas. La introducción de la ganadería hasta esa zona no sólo les permitió sobrevivir entonces, sino todavía hoy, pues en la región del Beni la ganadería es el motor económico de la zona.

Es curioso observar cómo hoy, los ganaderos del Beni se han agrupado creando un movimiento anti-globalización al que han denominado Fundación Cipriano Barace.

Barace es reconocido por todos los sectores de la Iglesia como una referencia a imitar. Actualmente está en proceso de beatificación.

lunes, 3 de julio de 2017

Blas de Lezo en el Museo Naval de Madrid


El Museo Naval de Madrid posee un extraordinario conjunto de pinturas, estatuas, armas y diversos objetos relacionados con marinos vascongados, que van desde Juan Sebastián Elcano o Miguel de Oquendo del siglo XVI hasta Cosme Damián Churruca, Antonio Gaztañeta o José de Mazarredo del XVIII. Pero por encima de todos estos valerosos marinos destaca uno inigualable en valor, estrategia y éxito: Blas de Lezo y Olavarrieta.

La sección dedicada al siglo XVIII, el periodo de la Ilustración, comienza con la exposición de un par de retratos de Blas de Lezo y de Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, ministro de Marina durante buena parte del reinado de Felipe V y hombre de confianza del marino guipuzcoano en la Corte borbónica.



Retrato de Blas de Lezo es un óleo sobre lienzo, cuyo pintor es desconocido, fechado en 1853. Lo que si se conoce es que se trata de una copia del original del siglo XVIII y que perteneció a algún descendiente del marino, José de Lezo, que donó al museo.




Reconquista de Orán. Desembarco de las tropas en un lugar llamado Las Agudas es un óleo sobre lienzo realizado por Manuel Calderón en 1994. En realidad es una copia de un original de Domenico Maria Sani. 

El lienzo representa el desembarco de las tropas en la playa de Las Aguadas (Argelia) el 29 de junio de 1732, en plena reconquista de Orán. En primer plano, la caballería española marcha contra los argelinos que se precipitan en su retirada. En el mar, las galeras protegen a las tropas formadas por las de 25.000 soldados y dispuestas a desembarcar desde el resto de buques y navíos.

Blas de Lezo participó en la recuperación de Orán durante la Guerra de Sucesión como segundo jefe de la escuadra de Francisco Cornejo. Una vez tomada la plaza, Lezo tuvo que regresar con sus navíos desde Cádiz para romper el nuevo bloqueo. Allí dispersó a los argelinos y capturó su nave capitana.





La fragata de Blas de Lezo remolcando al navío Stanhope, es un óleo sobre lienzo de autor anónimo fechado en 1820. Es una de las múltiples pinturas que representa un hecho de armas poco conocido, aun cuando se trata del apresamiento de un navío por parte de una pequeña fragata, cuyo dirección queda atribuida a Blas de Lezo. Seguramente se trata de un ataque de una pequeña división española de buques contra un convoy británico. El Stanhope llevaba bandera española izada sobre la británica en señal de rendición.

Algunas fuentes señalan que ocurrió en 1710, otras varios años después. Incluso pudiera ser que la fragata fuera alquilada a los franceses, dada la escasez de buques de la Armada de entonces. El que el Stanhope fuera un buque de la Compañía de Indias, y no de la Royal Navy, no ayuda mucho a indagar, ya que en esta clase de buques es más difícil rastrearlos en los Archivos y listados. Lo que si es cierto es el valor de Blas de Lezo y de su tripulación, a bordo de una pequeña fragata, enfrentándose a un navío que le triplicaba en fuerza.




Combate de una fragata española con el navío británico Stanhope es un óleo sobre lienzo (143 x 250 cm), pintado por Ángel Cortellini Sánchez, a principios del siglo XX.





Ataque británico en Bocachica (Cartagena de Indias) es un óleo sobre lienzo realizado en 1994 por Luis Fernández Gordillo. Se trata de una copia de una litografía de los Episodios marítimos, editados en 1849, cuyo título original es Ataque a Cartagena de Indias por los ingleses en 1741.

El cuadro representa el inicio de la batalla, el 13 de marzo, aunque los defensores ya estaban prevenidos. Ante el infructuoso intento de desembarcar en la Boquilla y la incapacidad de los navíos de gran tonelaje de pasar a través de Bocagrande, la flota inglesa procedieron a un ataque masivo a Bocachica, tanto a los fuertes de Isla de Baru como a los de Tierra Bomba.





Exvoto dedicado a la Virgen por la victoria de Cartagena de Indias es un óleo sobre lienzo de pintor anónimo fechado en 1749, y actualmente expuesto en el Museo Naval de Madrid. Con esta ofrenda el capitán Carlos Zumarra quiso agradecer a María Santísima de la Consolación los favores recibidos por la victoria de Cartagena de Indias. Cuando la Providencia había acompañado a una persona en momentos difíciles era habitual encargar una pieza como esta tabla.




Medallas acuñadas en Inglaterra para conmemorar las campañas del almirante Edward Vernon en Portobello, Chagres y Cartagena de Indias. Conmemoraciones que se convirtieron en vergüenzas a ocultar por parte de la Monarquía británica, que trató de borrar todas las pruebas históricas, incluidas esta serie de medallas esculpidas en bronce y cobre que hoy en día custodia el Museo Naval de Madrid.

En algunas de esta medallas aparece Blas de Lezo arrodillado y entregando una espada al almirante inglés Edward Vernon en señal de rendición por el sitio de Cartagena de Indias de 1471, lo cual nunca ocurrió. 





Escultura que representa a Blas de Lezo realizada en bronce en 2013 por Fernando Montero de Espinosa. Es una donación de la Asociación Amigos del Museo Naval.