viernes, 31 de mayo de 2019

Nacionalismo vasco: Ombligo del Mundo, por Manuel Zamorano




Nacionalismo vasco: Ombligo del Mundo
Manuel Zamorano Gallego, editorial Sepha,  (2009), 141 páginas

Manuel Zamorano, que ha sufrido las políticas nacionalistas de forma muy directa mientras ejerció como ertzaina, ha consultado códices, manuales, documentos, etc., para llegar a conclusiones muy diferentes a las versiones oficiales sobre la historia del pueblo vasco. Estudios independientes a la causa nacionalista atribuyen el origen del "pueblo vasco" a pueblos que para nada son los "más antiguos de la Península". Más que sospechoso es el silencio hermético guardado por los dirigentes nacionalistas vascos. Como también lo es su silencio frente al proyecto de la Liga Vasco Españolista que ideó el fundador del PNV, Sabino Arana, en su último año de vida, tratando la dirección del PNV de justificarlo como el producto de presuntos desvaríos de la enfermedad que padecía pero que en realidad no le afectaba a su estado mental. El hermetismo de la Fundación Sabino Arana para la consulta de muchos de sus documentos no parece propio de una democracia sana en esta región española.

viernes, 24 de mayo de 2019

Francisco de Aranaz Berroterán y Gainza


Gobernador de la ciudad de Caracas y capitán general de la provincia de Venezuela en 1692 y en 1704

ESCUDO DE ARMAS DE BERROTARÁN

Francisco de Aranaz Berroterán y Gainza nació en Irún, en 1661. Pertenecía a linaje nobiliario y casa solariega reconocidos. Sus padres fueron Gracia de Gainza Arizmendi y Martín de Aranaz Berrotarán y Otazu, natural de Irún, capitán de los Reales Ejércitos, dueño de la casa de Berrotarán. En algunos documentos su apellido se escribe como Berrotarán.

Durante su etapa militar ascendió al alto cargo de maestre de campo en la Real Infantería española, ingresando en la Orden de Santiago en 1692.

En 1693, marchó a América para desempeñar su recién nombrado gobernador de Caracas y capitán general de Venezuela en dos ocasiones, la primera entre 1693 y 1699, durante el reinado de Carlos II de Habsburgo, y la segunda entre 1704 y 1706, durante el de Felipe V de Borbón.

Al comenzar su mandato, en sustitución del marqués del Casal, se propagó una oleada de viruela y vómito negro en la ciudad. Se encargó de socorrer a los enfermos y visitó a los agricultores a fin de que estos mantuviesen los campos de cultivo activos. Encargó la recogida de bastimentos y bienes a la isla Margarita, Cumaná y otras partes para remediar las necesidades de la población de la ciudad.

En Caracas inauguró las casas reales, la contaduría, la cárcel, y la sala de armas a muy poca costa de la Real Hacienda, sino con dinero de su propiedad y el trabajo de muchos de los naturales. Se llevó a cabo el censo de 1696, que contabilizó una población de 6.000 habitantes. El 1 de marzo de 1694, se fundó Altagracia de Orituco.

Mientras realizaba sus obligaciones en la administración, también desarrolló explotaciones agroganaderas; poseía una hacienda de cacao con esclavos en Caucagua, otra de trapiche en Guarenas y un hato de ganado en San Diego, jurisdicción de San Sebastián de los Reyes.

MAPA DE CARACAS DEL SIGLO XIX

En 1697, organizó el jornal de los indios con gran prudencia, así como la forma de la distribución de su trabajo, evitando el comercio furtivo. Armó a su costa en diferentes ocasiones diversas embarcaciones para defender la ciudad y puerto marítimo de posibles ataques piratas y mercantes extranjeros, tan habituales en las costas del mar Caribe y que suponían un comercio clandestino.

Además, organizó expediciones para destruir las poblaciones que aquellos mercantes extranjeros habían establecido en las orillas del río Orinoco para extraer metales y alimentos, de cuya financiación se encargó él mismo. Dispuso otra expedición para el descubrimiento de unas minas de oro por la cuenca del el río Orinoco.

En 1698, apresó a dos barcos de guerra con 35 hombres armados, para desalojar del cabo de Quadera y de la ensenada del Giguerote a unas embarcaciones piratas que estaban causando asaltos a los puertos mercantiles de Cumaná, Cumanagote, Margarita y la Trinidad.

Acudió a la defensa del puerto de la Guayra, ocupado por los franceses, a los que consiguió desalojarlos. Después remodeló las fortalezas del puerto, construyendo dos nuevos baluartes, fosos, cortadoras, terraplenes, explanadas y cureñas, y reorganizó una mejor Infantería portuaria, cuyos costes pagó en parte con su propio caudal. Se encargó de comunicar avisos y ordenes por mar y tierra a los capitanes de tres fragatas mercantes cargadas de cacao al mando del almirante Ignacio de Barrio que se hallaban en Puerto Cabello antes de partir a España, con la intención de liberarlas de una escuadra francesa que las esperaba en aguas cercanas a su ruta. Además, informó también al virrey de Nueva España y a la Corte de la pérdida de Cartagena.

Organizó un servicio de escoltas de civiles armados que vigilaban las riberas del río Tuy para controlar la seguridad de caminos y rutas comerciales de los asaltos y extorsiones que hacían los zimarrones y fugitivos.

Envió un contingente de infantería y caballería a la provincia del Río Orinoco para combatir a un grupo de indios negros zimarrones que, ayudados por franceses, estaban causando perjuicios a los vecinos. Aquellos indios fueron reducidos, civilizados y convertidos al cristianismo.

Se casó en Caracas el 23 de diciembre de 1700 con Luisa Catalina de Tovar y Mijares de Solorzano, hija del capitán de caballos corazas y caballero de Santiago Manuel Felipe Tovar Bañez Mendieta y de su segunda esposa, María Mijares de Solórzano.

En 1701, financió con su caudal la reorganización de la Guarnición de la plaza de Cumaná.

En 1703, en atención a sus particulares servicios, el rey Flipe V de Borbón le entregó la merced de Título de Castilla para él y sus sucesores, con la denominación de marqués del Valle de Santiago.

Por influencia de Francisco de Berroterán, un familiar de su linaje, Juan de Berrotarán y Zimista, fue gobernador de la ciudad de Santiago de León, en Caracas (Venezuela) en 1703. Era también natural de Irún y caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó en 1690.

MAPA DEL VIRREINATO DE NUEVA GRANADA

En 1704, la Real Audiencia de la Isla Española le requirió para la sustitución de Nicolás Eugenio de Ponte como gobernador de Caracas y capitán general de la Provincia de Venezuela, cargo que desempeñó durante dos años. Se encargó de la construcción de dos embarcaciones guarda-costas para erradicar el comercio clandestino.

En 1706, recibió el título de primer marqués del Valle de Santiago años antes sentenció el rey. Además fue señor de Berrotarán y dueño del palacio de Berrotarán en el barrio de Saisubia, de Irún. Su escudo de armas consiste en un castillo, coronado de tres flores de lis, y está rodeado por el lado derecho de corazones y por el izquierdo de ocho estrellas, y en medio un árbol del que cae un animal que parece puerco espín.

Murió el 20 de diciembre de 1713 en Caracas.

La urbanización El Marqués, en Caracas, debe a su nombre a que estas tierras pertenecieron a Berroterán.

El ayuntamiento de Irún decidió poner su nombre a una calle en 1887.

sábado, 18 de mayo de 2019

Aplicación de los fueros modélicos de Logroño y de Jaca


Los fueros vascongados surgieron durante la Baja Edad Media, otorgados por los reyes de Castilla; no existen fueros escritos anteriores a la invasión musulmana. La Corona de Castilla es el origen de los ordenamientos jurídicos forales vascongados, pues nunca hubo fueros a un poder que los otorga. Lo que si existió es un conjunto de costumbres y usos locales conforme a los cuales se formalizó el fuero mediante puesta por escrito, promulgación y sanción soberana.

La recepción de Fueros y la titularidad de villa proporcionaban a los habitantes de las mismas un amplio grado de autogobierno: los fueros daban a cada región vasca leyes locales, impuestos y tribunales independientes. Estos fueros eran diferentes para cada región.

Dentro del Señorío de Vizcaya, existía unas diferencias entre los fueros de las Encartaciones y la Tierra Llana, que poseían el fuero de Vizcaya, y entre los fueros de la ciudad de Orduña y de las villas fundadas en los siglos XIIII y XIV.

Aunque los fueros se trataban de leyes particulares muy variados entre sí, es cierto que se inspiraban unos en otros, que se formaban familias según el modelo que cada territorio adoptaba para reglamentarse y que, bajo su aparente diversidad, presentaban cierta uniformidad normativa peninsular que no respeta las fronteras entre los reinos hispánicos. Por ejemplo, los fueros de Jaca y Huesca en Aragón fueron de una misma familia gestada en el siglo XI.

En otros lugares se aplicó el fuero de otros por considerarlo modélico y eficaz, es el caso del Fuero de Logroño, concedido por el rey de Castilla Alfonso VI en 1095 para favorecer el rápido crecimiento de la población al ocupar la ciudad en una situación fronteriza. Posteriormente, fue mejorado en 1157. Fortalecer esta ciudad concediéndole igualdad jurídica de derechos, libertades y privilegios a sus habitantes, fueran francos o del lugar, suponía fortalecer el reino. Este fuero de población fue modelo para cerca de 80 ciudades más en todo el norte peninsular, suponía una concepción muy moderna de la sociedad y daba un trato de consideración a los peregrinos.

El rey de Navarra Sancho el Sabio se inspiró en el fuero de Logroño para implantarlo en Vitoria, en 1181, durante su ocupación de la ciudad. Y este Fuero de Vitoria fue un nuevo foco de implantación en otras villas, ya que los señores de Haro extendieron a la misma Haro y a todo su señorío de Vizcaya.

En efecto, el fuero modélico de Logroño fue otorgado a varias villas y ciudades de Vizcaya. Valmaseda es la primera villa en recibirlo a finales del siglos XII, en 1199, por el señor de Bortendo, Lope Sánchez de Mena.

En ese tiempo se fijó la estructura territorial de Vizcaya, puesto que se configuraron entonces las villas y las anteiglesias. A finales del siglo XII, el señor de Bortendo fundó la primera villa que fue Valmaseda (1199).

En el siglo XIII, las siguientes villas obtuvieron sus cartas puebla:

Orduña (1229), Bermeo (1236), Ochandiano (1254) y Lanestosa (1287) por Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya.

Plencia/Gaminiz (1299) por Diego López de Haro.


En el siglo XIV consiguieron fueros municipales:

Bilbao (1300) por Diego López de Haro

Portugalete (1322), Lequeitio (1325) y Ondárroa (1327) por María Díaz de Haro

Villaro/Areatza (1338) por Juan Núñez de Lara

Villavicio de Marquina (1355), Elorrio (1356), Guernicaiz (1366), Guernica (1366) y Durango (1372) por Tello.

Ermua (1372), Miravalles/Ugao (1375), Munguía, Rigoitia y Larrabezua (1376) por el infante Juan.


El Fuero de Vitoria, sancionado en 1181 y derivado del Fuero de Logroño, también fue modelo para otras muchas ciudades de Álava y Guipúzcoa.

La fundación de estas villas y la obtención de sus correspondientes cartas-puebla y titularidad empezaron a documentarse por escrito a partir del siglo XIII.

Por otra parte, el Fuero de Logroño también fue implantado en otras zonas del Reino de Castilla, especialmente en Burgos y Cantabria (Castro Urdiales, Laredo, etc.)


El Fuero de Jaca también fue modelo de aplicación a otras villas recién fundadas en Navarra y en Vascongadas. El foro de Jaca fue fundado en 1077 y renovado en 1134. Este fue aplicado en Estella en 1090 y renovado en 1164, a su vez, este Fuero de Estella sirvió de fuero modelo para fundar el Fuero de San Sebastián en 1180. No resulta tan extraño que el fuero modélico de Jaca se implantara en villas de territorios diferentes cuando en aquellas fechas los reinos de Aragón y Navarra estaban unidos bajo un mismo rey, y las fronteras de Navarra llegaban al Cantábrico.

El Fuero de San Sebastián, fundado por Sanchi VI de Navarra, también fue modelo de fundación de los de Fuenterrabía, Rentería, Hernani, Usúrbil, Orio, Zarauz, Guetaria, Zumaya y Motrico.




MAPA DE FUNDACIÓN DE VILLAS VIZCAÍNAS Y GUIPUZCOANAS POR REYES CASTELLANOS (EXCEPTO SAN SEBASTIÁN)

martes, 14 de mayo de 2019

Urdaneta, cosmógrafo universal


El 16 de octubre de 1538, fray Andrés de Urdaneta tomaba parte de la Expedición a la Especiería liderada por Pedro de Alvarado que partía desde Sevilla. A la llegada en Guatemala, Alvarado comenzó los preparativos de una flota para iniciar el viaje, pero sus malas relaciones con el virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, hicieron que el mando de la expedición pasase a poder de Villalobos, que volvería a fracasar en el intento de tornaviaje. Alvarado moría en 1541, durante la insurrección indígena en Nueva Galicia.

A partir de entonces, Urdaneta ya hacía las funciones de corregidor y más tarde visitador de varias poblaciones de la Nueva España, pudiendo así conocer la costa norte del virreinato. Entre sus cometidos destaca la investigación sobre la fracasada expedición de Cabrillo a la costa californiana en 1542. Además, escribió un relato sobre variados temas como la navegación por el Caribe, la formación de los ciclones tropicales, la reproducción de las tortugas marinas o la curación de las fiebres tropicales.



Por orden del virrey, en 1547, Urdaneta fue nombrado almirante de una armada que debía de organizar para pacificar el Perú, pero el éxito de Lagasca hizo innecesaria la expedición.

El 20 de marzo de 1553, en México, Urdaneta ingresó en la Orden de los agustinos, muy implicados en la educación de las élites indígenas, con quienes había mantenido contactos a raíz de su expedición, y fue nombrado maestro de novicios en uno de los establecimientos mexicanos de la orden. Mientras tanto,  compatibilizaba responsabilidades eclesiásticas con actividades náuticas, ya que participó en la fracasada expedición a Pensacola de Tristán de Luna y Arellano en 1559, y mantuvo estrechas relaciones con su posterior conquistador, Pedro Menéndez de Avilés.

A pesar de los sucesivos naufragios que hacían creer que la vuelta por la ruta del Pacífico seguía siendo un camino imposible, la voluntad política de la Monarquía española no cesó en su empeño. Fue el virrey de Nueva España, Luis de Velasco, quien puso en conocimiento al rey Felipe II la existencia de un experto marino retirado en un convento del virreinato con la suficiente experiencia como para emprender una expedición que llegase a las islas del este asiático y volviera a Nueva España.

El virrey Velasco se había asegurado que este monje agustino sumaba años de experiencia marinera y de peripecias viajeras, con suficiente caudal de conocimientos y vivencias acumulados como para ser capaz de materializar tan complicada aventura.

Había estado en la expedición de Loaisa, siendo uno de los 17 supervivientes de los 105 hombres que llegaron a las islas Molucas. Fueron casi 10 años de aventuras y dificultades, en las islas y puerros o fortalezas de Tidore, Gilolo, Terrenate, Zamafo, etc., describiendo derroteros de navegación y analizando el clima y las corrientes marítimas de aquellas islas. En su retorno hacia Lisboa había pasado por Banda, Java, Malaca, Cochín, Ceilán, Cabo de Buena Esperanza, Santa Elena, etc.

Su fama de cosmógrafo había traspasado los muros del convento agustino, y más aún su desafiante frase: Él sabría volver de Filipinas a México, atravesando el Pacífico, "hasta en carreta".

El virrey Velasco sugirió al rey que escribiera personalmente a Urdaneta y le convenciera para que se incorporase a una nueva expedición para llegar a Oriente e intentar la ruta del tornaviaje. Felipe II envió una carta de petición a Urdaneta con el siguiente texto:
"Devoto Padre fray Andrés de Urdaneta, de la Orden de San Agustín. Yo he sido informado que vos, siendo seglar, fuisteis en la Armada de Loaisa y pasasteis el Estrecho de Magallanes, donde estuvisteis ocho años en nuestro servicio. Y porque ahora nos habemos encargado a D. Luis de Velasco, nuestro visorrey en esa Nueva España, que envíe dos navíos al descubrimiento de las islas del poniente hacia los Malucos, y les ordene lo que han de hacer conforme a la instrucción que se le ha enviado, y porque, según la mucha noticia que dice que teneis de las cosas de aquella tierra y entender, como entendéis, bien la navegación de ella y ser buen cosmógrafo, sería de gran efecto que vos fuésedes en los dichos navíos, así para lo que toca a la navegación como para el servicio de Dios nuestro Señor y nuestro. Yo vos ruego y encargo que vayáis en los dichos navíos y hagáis lo que por el dicho Virrey os fuera ordenado, que, de más del servicio que haréis a nuestro Señor, yo seré muy servido y mandaré tener cuenta con ello para que recibáis merced en lo que hubiere lugar. De Valladolid a 24 de septiembre de 1559. Yo el Rey."


Fue gracias a una petición directa de Felipe II el hecho que convenció a Urdaneta desempeñar tan difícil empresa, cansado de tantas peripecias marinas, pero una petición real no ofrecía cuestionamiento, y Urdaneta aceptó la petición del monarca. Eso sí, ante todo Urdaneta deseaba respetar los acuerdos de Zaragoza formados por Carlos V, padre de Felipe II, y el reino de Portugal, por el cual los archipiélagos de las Molucas y las Filipinas eran dominios de Imperio luso. Su expedición exploraría en Nueva Guinea, pero no en esas regiones, al menos que fuese por cuestiones humanitarias para rescatar a los que allí habían quedado de las anteriores expediciones. Bajo esas condiciones emprendería aquella aventura. Por otra parte, Felipe II sabía, puesto que fue informado de ello, que las Filipinas caían en la demarcación portuguesa según el Tratado de Tordesillas, pero también que aquel archipiélago no estaba habitad por portugueses. El virrey Velasco aceptó las condiciones de Urdaneta para alistarse, porque era el vasco quien poseía, según él mismo afirmaba, el secreto del tornaviaje.

Siendo ya designado Urdaneta como director técnico, este eligió a Miguel López de Legazpi como capitán general de la expedición. Así parece deducirse de la carta del virrey Velasco:
"Miguel López de Legazpi, natural de la provincia de Lepuzcoa, hijodalgo notorio de la casa de Lezcano, de edad de cincuenta años y más de veintinueve que está en esta Nueva España. Y de los cargos que ha tenido y negocios de importancia que se le han cometido ha dado buena cuenta, y a lo que de su cristiandad y bondad hasta ahora se entiende, no se ha podido elegir persona más conveniente y más a contento de fray Andrés de Urdaneta, que es el que ha de gobernar y guiar la jornada porque son de una misma tierra y deudos y amigos, y conformarse ha."

Se trataba de un abogado guipuzcoano Zumárraga, que había desempeñado varios cargos administrativos importantes en el Virreinato de Nueva España, como por ejemplo alcalde de la ciudad de México. Era un rico terrateniente, con una familia numerosa y una posición sólida y estable, pero bastó la petición real de Felipe II para dejarlo todo y entregarse a la causa de su monarca, muy superior a sus intereses personales.

A principios de la década de 1560, comenzaron los preparativos de la expedición transpacífica. Mientras Urdaneta escribía un Derrotero de la navegación que debía hacerse desde Acapulco para las islas de Poniente, dirigió la construcción de la flota, contratando a sus tripulantes.

El apresto de las naos duró meses y aun años. Lo que ocurrió es que durante la preparación de la expedición, fallecía el virrey Luis de Velasco, y sus funciones las asumió interinamente la Real Audiencia de Nueva España, que no se mostraba tan proclive a las peticiones de Urdaneta, y sí a seguir los verdaderos deseos de Felipe II, que eran los de ocupar y colonizar las Filipinas, para controlar el océano Pacífico por sus dos extremos oriental y occidental. Oficialmente se dijo que se dirigían a Nueva Guinea, pero que en el curso del viaje se abrirían ciertas instrucciones secretas, que de momento se guardarían en el camarote del capitán, dentro de un cofre bajo tres llaves custodiadas por sendas personas, según costumbre de esos tiempos.


URDANETA, LEGAZPI Y MARTÍN DE RADA EN LA CONQUISTA DE FILIPINAS

El día 21 de noviembre de 1564, partió del puerto de Navidad la expedición formada por cuatro barcos y un pequeño bergantín. Mientras que Legazpi era el gobernador y capitán general de las Islas de Poniente, Urdaneta era el director náutico y espiritual de la expedición, esta última función bajo el título de "protector de los indios" de las tierras por descubrir, y con la misión expresa de encontrar el camino de vuelta a América desde Asia.

Cuando llevaban varias jornadas de navegación, Legazpi decidió abrir el cofre para leer las instrucciones ante la oficialidad de la flota y el propio Urdaneta. El documento ordenaba un cambio de derrota: en lugar de la ruta inicialmente prevista a Nueva Guinea, la flota debía por rumbo a las islas Filipinas.

Grande fue el enojo de Urdaneta, y manifestó que "a haber sabido en tierra que había de seguirse esta derrota, no viniera la jornada", y no le quedó más remedio que atender las peticiones reales, ya que siempre fue un fiel servidor del rey. Insistió en que las Filipinas caían en zona portuguesa, por más que otros oficiales dijeran lo contrario. Los medios técnicos disponibles no calculaban con precisión el trazado del antimeridiano, pero posteriormente demostró que llevaba razón. 

jueves, 9 de mayo de 2019

Placa conmemorativa a Blas de Lezo en Santander


En la ciudad cántabra de Santander se encuentra una placa conmemorativa al gran marino vascongado del siglo XVIII, Blas de Lezo y Olavarrieta. Está situada detrás del edificio de la Comandancia Naval y fue colocada en julio de 2011. Se trata de un pedestal de mármol y una lápida encima, el suelo está rodeado de flores.

Aparece una frase pronunciada por el mismo Blas de Lezo en petición al rey Felipe V y escrita por algún cronista real con fecha de 1735:
"Que tan mal trecho cuerpo no era una buena figura para permanecer entre tanto lujo y que su lugar era la cubierta de un buque de guerra; Pidió el consiguiente permiso al Rey y este se lo concedió."




Existen además un número importante de calles que llevan su nombre en Agüimes, Alicante, Almería, Benidorm, Cartagena, Córdova, Dos Hermanas, Fuengirola, Huelva, Vicalvaro, Málaga, la Oliva, Las Palmas de Gran Canaria, Torredonjimeno, San Blas, Madrid y Valencia. En el País Vasco en Irún, Lasarte-Oria, Lezo, pasajes y San Sebastián.

sábado, 4 de mayo de 2019

Vascos en la repoblación de las regiones mediterráneas


Numerosas son las fuentes documentales que permiten conocer el proceso repoblador de norte a sur peninsular, sobre todo, a partir de la batalla de las Navas de Tolosa, durante los siglos XIII y XIV:

1. Libros de repartimiento: consignaban los repartos de bienes inmuebles (tierras, edificios) que se efectuaban entre los conquistadores o repobladores.

2. Nóminas de pobladores: recogen los nombres de los repobladores.

3. Cartas pueblas: establecen los fueros y libertades de los pobladores, y reparto de tierras entre los mismos.

En las zonas de Valencia y Murcia, por ejemplo, gracias a los Libros de Repartimiento se conocen los lugares de procedencia de los pobladores así como los que iban a ocupar. La aportación repobladora navarra en el levante se extendió por decenas de localidades, aunque estas no tengan una toponimia propiamente vascófona.

En Valencia: Albaida, Albalat, Albalat deis Sorells, Alcudia, Alfafar, Bairen, Barchell, Beniamen, Benioral, Bocairente, Bixquert, Campanar, Carcagente, Castellón de Albufera, Chinqueir, Cocentaina, Coscollar, Gandía, Garuvel, Gatova, Godella, Godelleta, Gorga, Játiva, Liria, Lullen, Marchelenes, Marines, Masamagrell, Muro, Onteniente, Patraix, Polop, Roteros, Rizafa, Segorbe, Turch y Valencia

En Murcia: Alguazar, Alquerías, Cotillas y Tiñosa

Los pobladores norteños desempeñaron asimismo el papel esencial en la repoblación de las lejanas tierras andaluzas, las últimas en ser conquistadas. Durante el siglo XIV, paralelamente también se fundaron y poblaron, villas en territorio vascongado como Elgueta, Monreal, Eibar, Villanueva de Marquina o Zumaya, a la vez que Diego López de Haro fundaba Bilbao otorgando a los nuevos moradores el Fuero de Logroño.


EXTENSIÓN DEL FUERO DE LOGROÑO

En la Edad Media y casi hasta el siglo XIX, se denominaba "vizcaíno" a todo el que procedía de las provincias orientales del golfo de Vizcaya. Así, Juan de la Cosa, de Santoña, era conocido como "el vizcaíno". Por extensión, se aplicó este nombre a todos los de origen vasco.

Ya en tiempos de Alfonso X el Sabio, participaron vizcaínos en la repoblación de Cádiz. El mayor porcentaje de pobladores aportaron a Sevilla y otras importantes localidades andaluzas: la cornisa cantábrica y la zona central castellana principalmente los burgaleses, los montañeses y los vizcaínos.

Los pobladores de Jerez de la Frontera fueron en su mayor parte castellanos leoneses, participando asimismo numerosos contingentes de aragoneses, catalanes y navarros. Al igual que Córdoba, Sevilla se vio vaciada de sus habitantes musulmanes que prefirieron optar por no vivir bajo el gobierno de un rey cristiano y fueron repobladas por gentes venidas del norte.

El descubrimiento de América dio nuevo auge a la ciudad de Cádiz, acudiendo muchos vascos a establecerse en ella, como comerciantes o navegantes. Prueba de su presencia e influencia en la ciudad es el hecho de que en 1500 los Reyes Católicos confirman los privilegios y dan carta de Real Cédula a las Ordenanzas del Colegio de Pilotos Vizcaínos de Cádiz, considerado hoy como el primer precedente de la Facultad de Ciencias Náuticas de la Universidad de Cádiz.

En el siglo XVI, los vizcaínos de Cádiz colaboraron en la formación de una escuadra para ayudar a defender la ciudad.

A principios del siglo XVII, un grupo de cargadores de Indias, de mayoría guipuzcoana, fundó la Venerable, Inmemorial y Pontificia Cofradía del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y María Santísima de la Amargura, en el convento de los agustinos, acogiendo en su seno a los vizcaínos residentes en Cádiz.

En 1647, el vasco Sancho de Urdanibia edificó la Iglesia de San Agustín, que casi se puede considerar el templo de la región vasca en Cádiz, aunque, en la misma época, los pilotos vizcaínos mantenían su capilla propia en la Catedral Vieja.

La repoblación fue una ingente tarea que abarcó varios siglos y en la que se involucraron todos los territorios de España sin que la fragmentación regnícola la afectase. Por razones obvias cada reino se ocupó principalmente de poblar sus espacios naturales de expansión (Castilla el centro y sur peninsular, Navarra y Aragón el valle del Ebro, Cataluña el Mediterráneo), pero también participaron indistintamente en toda aquella nueva tierra que necesitase aportación de hombres. Los navarros se extendieron por toda la península, y los vascos por gran parte de ella.

Ciertamente, si alguien pudiera trazar con seguridad su genealogía hasta algún antepasado cordobés o sevillano de la segunda mitad del siglo XIII, se encontraría con seguridad con un castellano, un leonés o incluso un vizcaíno pero no con un andalusí.


España y los españoles fueron la culminación de la evolución que ha conducido a los prehistóricos pueblos a través de los siglos a formar la sociedad que hoy formamos, sociedad notablemente homogénea si la comparamos con otras europeas.


DISTRIBUCIÓN POBLACIONAL DE LOS REINOS HISPÁNICOS EN LA BAJA EDAD MEDIA