sábado, 27 de febrero de 2016

Concilios ecuménicos bajo-medievales


En el Concilio de Constanza (1414-1417), reunido para acabar con el Cisma de Occidente, los obispos se organizaron por naciones: francesa, inglesa, alemana, italiana, española. Dentro de eta última estaban los aragoneses, catalanes, castellanos, portugueses y navarros. Aunque cada grupo funcionaba según los intereses de su respectivo reino, defendidos por los embajadores laicos que habían enviado sus reyes, es muy sintomática esta agrupación de obispos por naciones. Fruto de esta organización del concilio fue la participación de seis representantes de cada nación en la elección papal, además de los cardenales.

Los seis representantes de la nación española fueron dos castellanos, dos aragoneses, un portugués y un navarro, puesto este último que ocupó Nicolas Duriche, obispo de Dax, que era un francés de Evreux. La elección papal recayó en Martín V (1417). Paradójicamente, además de utilizar a un obispo francés para representar a Navarra, Carlos III premió a un noble castellano que había sido guarda del cónclave: Ferrán Pérez de Ayala, merino mayor de Guipúzcoa.

Esta imbricación de nombres y representantes de los diversos reinos hispánicos refleja las conexiones existentes en la vida religiosa de todos ellos, más allá de la compartimentación diocesana y de las fronteras políticas existentes entre los reinos españoles. Era una imagen de cohesión que anticipaba, en el ámbito religioso, el proceso unitario que iban a emprender a lo largo del siglo XV.


CONCILIO DE CONSTANZA