jueves, 31 de marzo de 2016

Literatura navarra en la Modernidad

 
El siglo XV es un periodo de transición entre la Edad Media y el Renacimiento, dominado ya por las corrientes humanistas de origen italiano. En Navarra, tras el reinado de Carlos III (1397-1425), etapa de paz y prosperidad, llega una época conflictiva: divisiones del reino que derivan en cruentas guerras de bandería, en el contexto de las luchas entre Carlos, Príncipe de Viana, y su padre Juan II de Aragón, quien usurpa el trono de Navarra que correspondía a su hijo por derecho legítimo. Han de sumarse las luchas nobiliarias, motivadas por intereses económicos, entre los beamonteses y agramonteses.
 
Esta situación de crisis y división interna hace de Navarra un reino apetecible por sus vecinos. Podía ser absorbido por Francia, territorio con el que estaban vinculas las últimas dinastías reinantes, o bien por Castilla o por Aragón, reinos con los que había mantenido a lo largo de la historia importantes relaciones. Este proceso culminó con la conquista castellana en 1512 y la anexión a la Corona de Castilla en 1515. Los sucesivos intentos de recuperación del reino por parte de los reyes privativos de Navarra, los Albret o Labrit, resultarían infructuosos.
 
Todos estos hechos históricos determinan unas consideraciones culturales. A partir de este momento el castellano va a ser el vehículo privilegiado para la expresión literaria. El romance navarro había conocido un profundo proceso de castellanización, hasta el punto de terminar identificándose ambos idiomas, y ya no se puede hablar de un romance navarro con rasgos diferenciales.
 
La pujanza del castellano se extiende a todo el ámbito peninsular y, desde 1492, americano.
 
Durante el siglo XV, el vascuence sigue siendo el idioma mayoritariamente hablando por el pueblo en algunos territorios, y lo seguirá siendo hasta entrado el siglo XIX, pero se trata de un idioma con escasa consideración social y todavía no ha llegado ha convertirse en vehículo de cultura escrita.
 
También en este siglo, han desaparecido aquellas minorías lingüísticas de la Edad Media, poblaciones que empleaban el occitano, el árabe o el hebreo. Por lo tanto, apenas hay ya aportaciones de estas lenguas a la literatura.
 
Una hecho clave para la difusión de la cultura que se produce en el siglo XV es la invención de la imprenta, que permite la difusión de cientos de ejemplares de las obras que antes sólo podían circular en número muy reducido a través de copias manuscritas. La imprenta permite el conocimiento de los textos de los grandes clásicos griegos y latinos, que ahora se difunden merced a las investigaciones de los humanistas del Renacimiento. Existen libros impresos en Navarra desde fechas muy tempranas, por imprentas que funcionaban en Pamplona, Estella, Irache y Tudela.
 
Los siglos XVI y XVII corresponden al momento histórico en que alcanza su máximo esplendor la Monarquía hispánica: Carlos V y Felipe II ejercen su hegemonía sobre medio mundo: Europa, norte de África, América... Es el momento, como dice el tópico, en el que en los territorios del Imperio español no se pone el sol. Sin embargo, con los reinados de los Austrias menores llegaría la decadencia. En lo cultural, estas dos centurias constituyen los dos Siglos de Oro de las artes y las letras españolas, y se suceden dos grandes movimientos artísticos: el Renacimiento y el Barroco, cuyas características generales resultan bien conocidas.
 
Sobre la literatura navarra, llama la atención la extensa nómina de literatos, algunos con una extensa producción literaria y de gran calidad. Hay un predominio de corrientes con contenido religioso (ascética y mística) y el didactismo, que como de igual manera ocurre en la literatura que se produce en las Provincias vascas. Pero por lo general, los autores navarros cultivan todos los géneros de la época, por lo menos en narrativa y lírica. Apenas existen dramaturgos, aunque hay constancia de una intensa vida teatral en ciudades como Pamplona y Tudela.
 
 
CARLOS, PRÍNCIPE DE VIANA
 
 
NARRATIVA
 
Margarita de Navarra o de Valois, escribió El Heptamerón, colección de relatos a la manera del Decamerón de Boccacio. Pero se ha discutido si corresponde abordar su estudio dentro de la historia  literaria de Navarra. Su obra pertenece más bien al dominio de la literatura francesa, en cuyo contexto puede ser mejor estudiada.
 
Antonio de Eslava, natural de Sangüesa, publicó en 1609 la primera parte del libro intitulado Noches de invierno. Colección de relatos  que sigue una técnica constructiva similar a la de Boccacio y Margarita de Navarra: varios personajes se reúnen en tertulia y cada uno de ellos comenta una historia. Un pequeño marco narrativo da unidad al conjunto. Como el título sugiere, son relatos apropiados para ser contados en las largas noches de invierno, de hecho, Shakespeare se inspiró en el capítulo cuarto de esta obra para La Tempestad.
 
Jualián Íñiguez de Medrano, nació probablemente en el palacio de los Vélaz de Medrano de Igúzquina, al frente de su libro La silva curiosa de Julián de Medrano (París, 1583) estampa su condición de "caballero navarro". Es la típica miscelánea renacentista que incluye refranes, sentencias, cuentos, montes, proverbios, epitafios, chistes, anécdotas... Recoge además algunas narraciones en prosa y varias composiciones poéticas, en especial de temas pastoriles y amorosos. En esta obra se inspiró Lope de Vega para escribir su comedia Lo que ha de ser.
 
Baptista Remiro de Navarra nos advirtió, en Los peligros de Madrid (1646), acerca de los lugares donde corría riesgo el forastero que acudía a la Villa y Corte. Los diez peligros de que consta el libro son: "Peligro primero. En la calle y Prado Alto", "En el Soto", "En casa", "De noche", "En el Trapo", "De la calle Mayor", "De la cazuela", "De Prado Bajo", "De los baños de julio", "De la ausencia". Se trata de un retrato costumbrista de los sitios donde el desprevenido visitante a la gran ciudad podía ver peligrar especialmente su bolsa: por ejemplo, podía ser asaltado por las damas pedigüeñas en la calle Mayor, donde estaban las tiendas. Ramiro de Navarra describe también con viveza el ambiente para las mujeres, y otros espacios de diversión y entretenimiento para los madrileños de aquella época.
 
Antonio Juárez de Ezpeleta, natural de Estella, fue gobernador de Zacatecas (México) y escribió Talamo fausto de Celesia, novela en prosa y verso. De esta obra habla el hisotriador estellés Francisco Eguía y Beaumont, autor de algunas comedias como La Fe en Pamplona y su primer Obispo, en dos partes: El peregrino de Acaya y El bosque sagrado, representadas en Pamplona y Estella. Sería este el primer dramaturgo navarro conocido.
 
Otros autores que produjeron destacadas obras literarias fueron Raimundo Lumbier y Ángel, Diego Castillo y Artiga, Martín Esparza y Ureta, Bernando Sartolo, Carlos Bayona, fray Manuel de la Concepción, Jaime de Corella, Francisco Javier Garro, Diego Arotza, Pedro de los Ángeles, Luis de Mur y Navarro, etc.
 
 
MARGARITA DE NAVARRA
 
 
DRAMÁTICA
 
Durante los siglos XVI y XVII, Navarra conoció una intensa vida teatral, aunque el único autor de teatro que se conoce fue Francisco Eguía y Beaumont. La propia calle de las Comedias de Pamplona indica la existencia de una vida teatral propia, estudiada por Maite Pascual en varios trabajos sobre el teatro en Pamplona y en Tudela.
 
Durante el siglo XVIII son varios los autores navarros que escriben el género del teatro. Destaca Cristóbal María Cortés y Vita (Tudela, 1740 – Tudela, 1804). Escribió varias tragedias de corte neoclásico, de las que la más destacada es Atahualpa (Madrid, Imprenta de Sancha, 1784), texto que cuenta con una edición moderna (1993) debida a Ignacio Arellano. Otros títulos de la producción literaria de Cortés fueron Égloga entre Fileno y Menandro, Anatomía del amor, Pelayo, El conde don García de Castilla, Sancha de Navarra o el amor conyugal y Eponina.
 
Vicente Rodríguez de Arellano y del Arco (Cadreita-Madrid, 1815), cultivó tanto los géneros líricos y narrativos como dramáticos, muy celebrado en su época y hoy casi desconocido.
 
En el ámbito de la dramaturgia, realizó una amplia labor en Madrid entre los años 1790 y 1806, siendo muy famoso, aunque su valor literario no fuese realmente alto. Compuso, tradujo y refundió muchas obras de teatro: El atolondrado, Ausgusto y Teodoro o Los pajes de Federico II, La dama labradora, El domingo o el cochero, El Duque de Pentiebre, El Esplín, Jerusalén conquistada por Godofredo de Bullon, Lo cierto por lo dudoso o la mujer firme, Marco Antonio y Cleopatra, La ópra cómica, El pintor fingido, Las tardes de la Granja, etc. En prosa escribió el Decámeron español o Colección de varios hechos históricos raros y devertidos (Madrid, por Gómez Fuentenebro y Cª., 1805), colección de relatos históricos y novelas cortas distribuidas en tres tomos.
 
Juan de Agramont y Toledo (1707-1769), autor dramático nacido en Toledo, aunque de ascendencia navarra, del que se conservan varias piezas manuscritas en la Biblioteca Nacional de Madrid.
 
 
LÍRICA
 
Vicente Rodríguez de Arellano no sólo cultivo una amplia obra teatral, también se dedicó al género de la lírica. Escribió una silva dedicada a la muerte de Carlos III, Navarra festiva en la aclamación de su católico monarca el señor D. Carlos IV (Pamplona, en la imprenta de Benito Coscullula, 1789). Ese mismo año escribió en la prensa de Pamplona, Extremos de lealtad y valor heroico navarro, un poema que en 1357 consiguieron liberar al rey Carlos II de Navarra de la prisión francesa en que se encontraba encerrado. Años antes después publicó un tomo de Poesías varias (Madrid, Repullés, 1806).
 
Francisco Javier Arizcun e Irigoyen, publicó Métricos reveresntes ayes de un pecador arrepentido (Madrid, 1747); Pascual Rodríguez de Arellano dio a las prensas un poemario rococó llamado Delicias de Manzanares (Madrid, Ibarra, 1785). Algunas obras de teatro clásico español fueron adaptadas a las normas neoclásicas por él, como por ejemplo Marta la piadosa, de Tirso de Molina, con el nuevo título de La beata enamorada.
 
El más destacado poeta navarro del siglo XVIII fue Manuel Pedro Sánchez Salvador y Berrio (Pamplona, 1764 -1813). Fue militar y político que empleó el seudónimo poético de Doralio. Cultiva una poesía de corte neoclásico. Tras su muerte se publicaron sus Poesías de Doralio (Londres, 1818), que incluyen doce idilios y varios sonetos, églogas, elegías, letrillas, odas y canciones.
 
Otros poetas dieciochescos fueron Fray José Alberto Gay, Fermín de Ripalda o Fermín Sarasa.
 
 
JUAN DE PALAFOX Y MENDOZA
 
 
RELIGIOSA
 
En cuanto a la literatura religiosa, hay que destacar el libro editado por González de Ollé en 1995 Sermones navarros medievales. Una colección manuscrita de la Catedral de Pamplona, escrito en el siglo XIV.
 
El siglo XVI es muy brillante, lleno de autores, algunos de ellos muy importantes. La poesía religiosa está representada por el P. Miguel de Castillo (Tafalla, 1599 – Cartuja de El Paular, 1649), religioso cartujo, autor de Aula Dei (Zaragoza, 1637), poema didáctico-descriptivo que invita a dejar las veleidades del mundo y gozar de la vida retirada en religión. Por su parte, José de Sarabia es un buen ejemplo de soldado-poeta. Es famoso por una sola composición, la Canción real a una mundaza, incluida en el Cancionero de 1628 y que durante cierto tiempo fue atribuida a Mira de Amescua. Está formada por siete estancias de nueve versos cada una y desarrolla el tema barroco de la voluntad de la Fortuna (desengaño, vanitas vanitatum, fugacidad de la belleza).
 
El corellano fray José de Sierra y Vélez, fue autor de varias poesías y lector de Teología en el Colegio de la Merced de Huesca.
 
Ejemplos de poesía mística femenina fueron Ana de San Joaquín y sor Jerónima de la Ascensión, autora de unos Ejercicios espirituales, escritos en Zaragoza en 16665, que es obra póstuma donde se recogen algunos versos suyos.
Entre la ascética y la mística se mueven buena parte de la obra del venerable Juan de Palafox y Mendoza, hombre de Iglesia (obispo de Puebla y luego de Burgo de Osma), hombre de Estado (virrey de Nueva España) y prolífico literato (verdadero polígrafo). Entre sus títulos destacan Varón de deseos, El pastor de Nochebuena o Varias poesías espirituales.
 
Y por último, Juan de Andosilla y Larramendi es autor de Christo nuestro señor en la cruz, hallado en los versos de Garcilaso, sacados de diferentes partes y cuadros con ley de entonces (Madrid, 1628). Como el título indica, se trata de un centón formado principalmente con versos de Garcilaso de la Vega.
 
Juan de Amiax, natural de Viana, publicó Ramillete de Nuestra Señora de Codés (Pamplona, Carlos de Labayen, 1608). La obra, que va encabezada por un Prologo a los devotos de Nuestra Señora de Codés y las habituales poesías laudatorias del autor y la obra, resume la historia de la ermita construida en los montes de Yoar y de sus moradores, diversos milagros y apariciones de la Virgen, etc. En esos paisajes en prosa se intercalan algunos sonetos del autor en alabanza de Nuestra Señora de Codés y otras composiciones poéticas diversas, circunstancia  que justifica el título de Ramillete que tiene la obra.
 
 
ASCÉTICO-MÍSTICA
 
La prosa ascético-mística está representada por fray Diego de Estella, fray Pedro Malón de Echaide en el siglo XVI, y por Leonor de Ayanz en el siglo XVII. A estos se les sumará Axular en lengua vascuence.
 
Fray Diego de Estella (Estella, 1524 – Salamanca, 1578) redactó en castellano Tratado de la vida, loores y excelencias del glorioso Apóstol y bienaventurado Evangelista San Juan (Lisboa, 1554).
 
En el Libro de la vanidad del mundo (escrito periódicamente entre Toledo y Salamanca, 1562-1576) reflexionaba el fracaso sobre las frivolidades mundanas, que son "vanidad de vanidades". La obra consta de tres partes, de cien capítulos cada una.
 
Cien son también las Meditaciones devotísimas del amor (Salamanca, 1576), donde Diego de Estella ponderaba los beneficios del amor a Dios y de sus recompensas, en una prosa natural y elegante.
 
 
DIEGO DE ESTELLA
 
 
Si sencillo y claro es el estilo de Diego de Estella, todo lo contrario es el del agustino fray Pedro Malón de Echaide, autor de La conversión de la Magdalena (Barcelona, 1588), escrita en un estilo "vehemente y fogoso", que ha llegado a ser calificado de "oriental" por su lujo, gala y adorno. Del cascantino Malón de Echaide sólo nos ha llegado esa obra, en la que analiza al personaje bíblico en los tres estados de pecadora, penitente y en gracia, pero debió de escribir otras; por ejemplo, en el prólogo indica que tenía compuesto un Tratado de San Pedro.
 
Igual que Huarte de San Juan, hace una apasionada defensa de la lengua castellana en el contexto del debate sobre la validez de las lenguas vulgares, además del latín, para las ciencias y los comentarios escriturísticos.
 
Para Menéndez Pelayo la obra La conversión de la Magdalena es el "libro más brillante, compuesto y arreado, el más alegre y pintoresco de nuestra literatura devota", "halago perdurable para los ojos".
 
Leonor de Ayanza (o de la Misericordia), biznieta del tercer conde de Lerín, fue discípula de Santa Teresa y escribió con prosa sencilla y sobria una Relación de la vida de la venerable Catalina de Cristo, obra importante para la historia de la reforma teresiana.
 
Compuso además algunos textos poéticos (un soneto, unas octavas reales...) A nuestra Madre Catalina de Cristo, que acompañan a la Relación.
 
Entre las composiciones ascético-místicas hay que incluir el famoso soneto No me mueve, mi Dios, para quererte, de San Francisco de Javier.
 
Pedro de Aguerre y Azpilicueta (Urdax, 1556-1644), más conocido como Axular, primer autor en prosa de la lengua vasca con Guero (Burdeos, 1643), obra de tema ascético escrita en dialecto labortano.
 
 
DIDÁCTICA
 
Durante los siglos XVI y XVIII surgieron una serie de autores navarros cuyas obras tienen un carácter más didáctico que literario. Entre los navarros destacan Juan Huarte de San Juan, Martín de Azpilicueta, fray Bartolomé de Carranza, Alonso López de Corella, Francisco de Tornamira, Antonio de Eguaras o Pedro de Navarra.
 
Juan Huarte de San Juan (San Juan Pie de Puerto, Navarra, 1529 - Baeza, 1588), es autor de Examen de ingenios para las ciencias, sobre las diferencias que existen en los hombres. Esta obra alcanzó amplia difusión en Europa y ocupa un lugar destacado entre las obras precursoras de la ciencia moderna por la actitud científica y la búsqueda de un método para el examen descriptivo de los fenómenos psíquicos.
 
 
JUAN HUARTE DE SAN JUAN
 
 
La tendencia de esta literatura didáctica se va a acentuar notablemente en el siglo XVIII, el siglo ilustrado de las Luces y la Razón. Muchos de los escritores de este género literario no son de conocimiento estrictamente literario, sino que corresponden más bien a estudiosos, eruditos, historiadores, gramáticos..., es decir, a autores que cuentan con una producción sobre materias que escapan en rigor de los límites de la literatura (entendida ésta en cuanto producto de creación, como obra de plena ficción).
 
Autores de literatura didáctica, la historia y la erudición, destaca Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena, natural de Marcilla, quien fuese el fundador de la Real Academia Española. Otros autores de esta época fueron Jerónimo de Ustariz (Navarte, 1670), con su Teoría y práctica del comercio; Juan de Goyeneche, mecenas e impulsor del desarrollo industrial; Tomás Fermín Arteta; Tomás de Burgui, autor de San Miguel Excelsis; o Juan de Escóiquiz, entre otros.
 
Y en un plano secundario: Manuel Silvestre de Arlegui, José Gil de Jaz, Pedro Javier Cáseda, Joaquín Elizondo, Francisco de Latrorre y Ocón o José Goya y Muniain.
 
 
VASCUENCE
 
Bernard Dechepere publicó en 1545 la primera obra en lengua vasca, Linguae Vasconum Primitiae (Burdeos, 1545), que pese a su título latino contiene poesías en vascuence pertenecientes a diversos géneros y de temas varios (religioso, amoroso, patriótico, etc.).
 
Pedro de Aguerre y Azpilicueta (Urdax, 1556-1644), más conocido como Axular, primer autor en prosa de la lengua vasca con Guero (Burdeos, 1643), obra de tema ascético escrita en dialecto labortano.
 
Joaquín de Lizarraga (1748-1835), que escribió textos de carácter religioso y algunas poesías como Joanes-en Ebangelioa, Sanduen bizitzac, Coplac y Doctrina euscaras.
 
 
FRANCISCO NAVARRO VILLOSLADA
 
 
HISTORIOGRÁFICA
 
El sacerdote navarro Juan de Palafox y Mendoza fue estudioso de problemas sociales y asuntos sobre los indios de Nueva España y obras de carácter polémico.
 
Nombrado en 1642 virrey de Nueva España, escribió De la naturaleza y virtudes del indio en 1650. Donó su gran biblioteca Palafoxiana al Seminario Archidiocesano de Puebla.
 
El jesuita pamplonés José Moret, filósofo y teólogo, se convierte en el primer cronista del reino de Navarra por acuerdo de las Cortes navarras en 1654, año en el que se encontraba como lector de Teología en Segovia. Sus obras más importantes son Investigaciones históricas de las antigüedades del reino de Navarra, que publicó en 1665, y los Annales del reino de Navarra, publicados en 1674 y 1691 que incluyen las apreciaciones de la batalla contra los musulmanes en el pueblo navarro de Valdejunquera. Más tarde, en 1709, el también jesuita Francisco de Alesón se encargó de elaborar un tercer volumen de estos Annales de reino.
 
Francisco Navarro Villoslada, natural de Viana, fue el creador del periódico Pensamiento Español, para la difusión de su ideología de corte tradicional y católica. A través de este órgano atacó a los demócratas y krausistas. Fue, además, director del Semanario pintoresco español y El arpa del creyente. Apoyó la causa de Carlos María de Isidro durante las Guerras Carlistas, al tiempo que no dudó en alabar al general Espartero. De su obra literaria cabe citar: Doña Blanca de Navarra, crónica del siglo XV, Doña Urraca de Castilla, memoria de tres canónigos y Amaya o los vascos en el siglo VIII.
 

lunes, 28 de marzo de 2016

Literatura navarra en el Medievo


ESTUDIOS SOBRE LA LITERATURA DE NAVARRA

Tradicionalmente se ha venido repitiendo el tópico sobre la insignificante aportación literaria de escritores navarros en lengua castellana. La inexistencia de una Historia de la Literatura en Navarra de forma rigurosa y completa es lo que ha motivado que el Equipo HILINA de la Universidad de Navarra se dedique a su investigación en el proyecto Historia de Literaria de Navarra, desde sus orígenes hasta nuestros días. 

El pionero en el estudio literario de Navarra fue José Zalba, con el artículo Páginas de la historia literaria de Navarra, publicado en 1924 en la revista Euskalerriaren Alde, que ofrece una serie de breves apuntes sobre varios escritores navarros desde los orígenes medievales hasta el siglo XX.

Manuel Iribarren hizo el segundo intento con Escritores navarros de ayer y de hoy(Pamplona, Editorial Gómez, 1970), presentada en formato diccionario, con breves referencias para cada autor.

José María Corella Iráizoz fija una primera Historia de la literatura navarra, Ensayo para una obra literaria del viejo Reino (Pamplona, Ediciones Pregón, 1973), que se completa con una pequeña antología de textos, una bibliografía y sendos índices onomástico y toponímico.

Fernando González Ollé realiza para el Gobierno de Navarra en 1989 unos rigurosos y eruditos trabajos monográficos, y en especial, su síntesis Introducción a la historia literaria de Navarra, que alcanza solo hasta finales del siglo XIX.

Otras aportaciones posteriores son las de Félix Maraña en su trabajo Pamplona y otros relatos, y las de José María Romera Gutiérrez en la entrada Literatura de la Gran Enciclopedia Navarra.

Emilio Echevarren y Tomás Yerro reunieron dos tomos antológicos en Escritos navarros actuales (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1990), importantes por reunir variados textos de varios autores contemporáneos.

Por último, José María Larrea Muxica y Periko Díez de Ultzurrun centraron su atención en los escritores en vascuence, en dos volúmenes de su trabajo Nafarroako euskal idazleak(1987 y 1994).

 
HISTORIA DE LA LITERATURA NAVARRA,
POR JOSÉ MARÍA CORELLA


CARACTERÍSTICAS DE LA LITERATURA NAVARRA EN LA EDAD MEDIA


1- Escritos Literarios

Algunos historiadores de literatura incluyen en sus estudios obras que en sentido estricto no pertenecen al terreno de la literatura sino que son tratados de filosofía, historia, oratoria, ciencias, artes, etc. Esta tendencia es más acusada cuando se trata de la Edad Media, porque son muy pocos los textos estrictamente literarios y por ellos los investigadores tratan de rellenar el vacío con obras de corte más científico y erudito, que no son literatura, aunque puedan aportar algunos valores literarios.


2- Límites Geográficos

Los límites geográficos del Reino de Pamplona y más tarde de Navarra fueron muy variables en el periodo medieval, ya que en algún momento pertenecieron las Vascongadas, la merindad de Ultrapuertos, territorios de La Rioja y Aragón, etc. Se considera literatura navarra a las obras que los escritores concebían dentro de los territorios en comprendía en territorio en cada momento.


3- Orden Lingüístico

Hay que tener en cuenta la riqueza y diversidad idiomática de Navarra a lo largo de su historia:

el latín: lengua culta ligada a los monasterios, difusores de cultura.

el vascuence: lengua del pueblo en buena parte del territorio, pero se trata de una lengua de tradición oral que pasó tardíamente a ser escrita, pues sus primeras manifestaciones literarias escritas no se presentan hasta el siglo XVI.

el romance navarro: dialecto romance derivado del latín en territorio navarro, también  conocido como navarroaragonés, aunque con rasgos lingüísticos propios que permiten diferenciarlo según demostraron los estudios de Fernando González Ollé y Carmen Saralegui. Fue la lengua oficial de la Corte navarra, ya que facilitaba el entendimiento con el resto de reinos cristianos.

el árabe: lengua hablada por población musulmana.

el hebreo: lengua hablada en importantes juderías de ciudades como Pamplona, Estella, Viana, Los Arcos, Tudela, etc. que cuentan con la protección real.

los dialectos occitanos: lenguas correspondientes a la población de origen franco

Habría que considerar la extensión geográfica y difusión social de cada una de estas lenguas, pero lo que no hay ninguna duda es que todas ellas dejaron testimonios literarios escritos durante la Edad Media, con la excepción del euskera de tradición oral y cuyas primeras manifestaciones literarias impresas se encuentran a partir del siglo XVI.


4- Influencia Política y Cultural

Esta tierra fue cruce de culturas, idiomas y religiones, encrucijada de caminos, y esa circunstancia tuvo importantes repercusiones culturales. Más aún, teniendo en cuenta la importancia del proceso histórico de la Reconquista, y las relaciones que mantuvo con sus poderosos vecinos (Aragón, Castilla, Francia), y los largos periodos de unión dinástica con Aragón y con Francia.

La importancia del Camino de Santiago y la reforma de la cultura cluniacense, con la correspondiente llegada de ideas y movimientos artísticos de Europa, fueron factores muy influyentes en el desarrollo de la diversidad cultural de Navarra.

De igual manera, fueron determinantes las relaciones políticas y diplomáticas establecidas con los demás reinos hispánicos y con los territorios franceses.

Estos factores históricos determinaron los hechos culturales, y por lo tanto los literarios.


ITINERARIOS DEL CAMINO DE SANTIAGO POR NAVARRA


PRIMEROS TESTIMONIOS LITERARIOS
 
El monasterio benedictino de San Salvador de Leire fue un importante núcleo de extensión del romance navarro.

Un importante documento escrito en el romance navarro son las Glosas del monasterio de San Millán de la Cogolla del siglo X, monasterio situado en territorio riojano, pero bajo dominio del Reino de Pamplona en aquel momento. Las glosas son breves apuntes en lengua romance que los copistas colocaban interlineadas o en los márgenes de documentos latinos para aclarar determinadas palabras cuyo significado latino empezaba ya a serles dificultoso entender.
 
Gonzalo de Berceo, (Berceo, 1197 – 1264), fue un poeta riojano, el primero conocido en escribir en lengua castellana, que además incluía palabras en euskera.
 
Antiguamente, aparte del castellano se conocía el euskera en La Rioja, y por eso Gonzalo de Berceo, uno de los primeros escritores en lengua castellana utilizaba palabras vascas comobildur "miedo" ("Don Bildur"), gabe "sin" o "privado de"; o çatico que viene del euskera zatiko"pedacito", entre otras más.

 
MONASTERIO SAN MILLÁN DE LA COGOLLA


Los primeros literatos son abades del monasterio navarro de San Martín de Albelda en el siglo X. Salvio, es autor de la Regla a las vírgenes sagradas, y de varios himnos religiosos. Vigila, colector de Concilios, historiador y poeta, es autor del Códice Vigilano, o Códoce Albendense.
 
El Poema de la reina Leodegundia (Versi domna Leodegundia regina) se conserva en el misceláneo Códice de Roda, que aparece haber sido escrito hacia finales del siglo X. Se trata de una canción epitalámica (87 versos latinos distribuidos en trípticos) compuesta para las bodas de esta princesa asturiana con un infante o rey navarro. Con las letras iniciales de los versos se lee esto acróstico: “Leodegundia pulc(h)ra Ordonii filia” (Leodegundia, bella hija de Ordoño).
 
Cotarelo nos ha ofrecido una versión castellana del mismo:
“Brote copioso raudal de duces loas, tan dulces como los arpegios de la flauta, y batamos palmas celebrando jubilosos a la excelsa hija de Ordoño, Leodegundia. / Flor preciadisima de famosa estirpe regia, ornato de la alcurnia paterna, gloria sublime de la materna. / Con himnos de suave melodía, alabemos sus virtudes esplendentes, su clara elocuencia, su hondo saber en letras humanas y sagrada doctrina...” 
 
 
Este poema demuestra que en este temprano momento ya existía una actividad cultural literaria y musical, en el reino de Pamplona. En el mismo Códice de Roda se conservan otros textos interesantes como las genealogías de los reyes navarros y un elogio de Pamplona, en latín también.

CÓDICE DE RADA


LITERATURA HEBRAICA Y ÁRABE

Durante los siglos XI y XII, las mejores muestras literarias son hebraicas. La ciudad de Tudela, y en concreto su judería (la más importante de Navarra), fue el lugar de origen de tres judíos navarros ilustres y universales: Yehudá Ha-LevíAbraham Ibn Ezra y Benjamín de Tudela. La cultura hispano judía alcanza un gran desarrollo en estos siglos en torno al reino de taifa de los Banu Hud en Zaragoza, y Tudela sería una prolongación de la taifa zaragozana hasta en año 1119, en que es incorporada a la Cristiandad por Alfonso I en Batallador.
 
Estos tres judíos nacieron en Tudela en una franja temporal de unos cincuenta años entre los siglo XI y XII, en un momento que es considerado la Edad de Oro de la comunidad judía. Representan la poesía, la ciencia y los libros de viajes, siendo su conjunto una singular aportación a la cultura de ese momento.

 
Yehudá Ha-Leví (Tudela, 1075 - Alejandría, 1141), poeta, médico, filósofo y teólogo judío, considerado el mejor poeta sefardí, fue llamado por Menéndez Pelayo “príncipe de los poetas hebreico-hispanos”.
 
Hombre de profundos conocimientos, especialmente en los campos de la medicina (área que llegó a desempeñar profesionalmente), filosofía griega y literatura de los rabinos, realizó importantes estudios sobre la Biblia hebrea. Escribió Sefe ha-kusari donde intenta demostrar la verdad del judaísmo frente al cristianismo y mahometanos.
 
Su obra fundamental es Kitab alhuyya wa-l-dalil fi nusr al-din al-dalil (Libro de la prueba y del fundamento sobre la defensa de la religión menospreciada), escrita entre los años 1130 y 1140, traducida al hebreo por Yehuda' ibn-Tibbon en 1167 como Sepher ha-Kuzar y comúnmente conocida bajo el título del Cuzary, obra a caballo entre la tradición y el idealismo, que parte de cinco discursos que Cuzar, rey de los cuzareos, mantiene con un sabio hebreo, uno cristiano y un doctor musulmán, acerca de su conversión al judaísmo.

 
YEHUDA HA-LEVI


Sus más de 800 poemas, algunos de los cuales todavía se cantan en las sinagogas, se clasifican en diversas categorías: poesías báquicas, amorosas, florales, festivas, enigmáticas, amistosas, latréuticas (de glorificación al Creador), marítimas, epitalámicas,... Destacan las Siónidas(poesía sagrada) y el Qesudá o Himno de la Creación. Por esta riquísima poesía, tanto litúrgica y como secular (casi 400 poemas en cada género), escrita en hebreo, le coloca como el más interesante de los que practicaban este arte en la Edad Media.
 
Poesía amorosa, centrada en la descripción de la belleza de la amada:
“La cierva lava sus vestidos en las aguas
de mis lágrimas y los tiende al sol de su esplendor.
No precisa agua de manantiales, pues tiene mis ojos,
ni sol, con la belleza de su figura”.

 
Poesía báquico, que canta al vino:
“Las copas son pesadas,
son arcilla como las vajillas de barro,
mas al llenarlas de vino se hacen leves
lo mismo que los cuerpos con las almas”.
 
 
Estos poemas, traducidos al castellano, los compuso Yehudá Ha-Levi en hebreo, pero también es autor de varias cancioncillas o jarchas. Las jarchas son la primera muestra de una manifestación literaria en lengua romance peninsular y el más antiguo testimonio de poesía lírica en una lengua románica. Las jarchas han perdurado en el tiempo en escritura hebrea y árabe. No son composiciones autónomas, sino estrofas que cierran a modo de estribillos o finida los poemas llamados muwassahas o moaxajas.
 
Jarchas de Yehudá Ha-Leví en su original hebreo y traducción castellana:

“Bayse meu qorazón de mib.
¡Ya Rabb, si se me tornarad!
¡Tan mal me dóled li-l-habib!
Enfermo yed: kuand sanarad?”

“Garid bos, ay yermanellas,
kom kontener he mew male.
Sin el-habib non bibreyo:
ad ob l`irey demandare?”

(Vase mi corazón de mí.
¡Ay, Señor, si se me volverá!
¡Tanto dolor por el amigo!
Enfermo está: ¿cuándo sanará?)

(Decid vos, ay, hermanitas,
cómo contendré mi mal.
No viviré sin mi amigo,
¿a dónde le iré a buscar?)

Partidario de una religión basada en la simbiosis de la fe con la razón, se mostró en contra del pensamiento de Ibn Gabirol, que daba demasiada importancia al mundo humano y material. Fue autor del importante poemario en lengua hebrea Diwan (Diván), escrito en Toledo, que incluye piezas religiosas y profanas, de variada temática, del que aún se conservan algunas elegías y panegíricos.
 
Abraham Ibn Ezra (Tudela, 1089 - Londres, 1184), es el segundo ilustre judío tudelano. Erudito, poeta, astrónomo, astrólogo, bohemio y vagabundo, comentarista de las Escrituras. Es autor de obras poéticas, gramaticales, de matemáticas, anatomía y astronomía, filosofía, etc. Fue conocido por su libro Séfer Sahot y otros libros sobre la Biblia.

 
BENJAMÍN DE TUDELA


Benjamín de Tudela o Minyamin bar Yonah (Tudela, 1130 -1173), sabio musulmán famoso por hacer un largo viaje por el Mediterráneo, Tierra Santa y Asia Menor, y escribir en 1166 en hebreo Massaoth shel Raffi Binjamin, esto es, un itinerario o libro de viajes, que fue traducido al latín por Arias Montano (Amberes, 1575) con el título Itinerarium Benjamini Tudelensis. Es una obra geográfica y guía comercial, más que literaria, aunque se ha dicho que inaugura el género del libro de viajes y tiene algunas descripciones interesantes, con cierto valor literario. Fue el primer europeo en llegar a China. Hablaba el hebreo, el arameo, el castellano, árabe, griego, latín y euskara.

 
Abul Abbas al-Tutilí, el ciego de Tudela (Tudela, finales siglo XI -1126), destaca entre los autores árabes navarros. Fue compositor de numerosas jarchas, poeta callejero, seguidor de Ciego de Cabra, que escribió ciento cuarenta y nueve zéjeles, coplas y moaxajas.
 


APORTACIÓN DEL MESTER DE CLERECÍA
 
El mester de clerecía aporta a la literatura medieval obras importantes como la Vida de Santo Domingo de Silos o los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, y también el Libro de Alexandre y el Poema de Fernán González.
 
Pertenecen al mester autores cultos que emplean la cuaderna vía, es decir, escribir “a sílabas cuntadas, ca es gran maestría”. En Navarra se dispone del poema llamado Roncesvalles latino, enmarcado en esta culta corriente literaria, pero cuya composición está escrita en latín y no en romance.
 
El Roncesvalles latino data de finales del siglo XII o principios del XIII, y es una composición de 42 estrofas en elogio del Hospital de Roncesvalles. Se conserva en los folios 89v-90v del Códice La Pretiosa de la Real Colegiata de Roncesvalles y fue publicado en 1884 por el P. Fita. Empieza así:
 
“Domus venarabilis, domus gloriosa,
domus admirabilis, domus fructuosa,
Pirineis montibus, floret sicut rosa,
universis gentibus, valde gratiosa”


GONZALO DE BERCEO
 
 
APORTACIÓN DEL CANTAR DE JUGLARÍA

El siglo XIII transforma los principios de la sociedad feudal y trae el desarrollo de la poesía vernácula. En el caso de Navarra, es importante la influencia del Camino de Santiago como vía de introducción de nuevas ideas y corrientes. Por este camino iban y venían los juglares, que recitaban las poesías compuestas por los trovadores. A veces el trovador (compositor) hacía a la vez de juglar (recitante).

Algunos juglares navarros fueron Juan de Navarra, Sancho de Echalecu, Arnant Guillén de Ursúa, García de Churri... Pero también existieron juglaresas, como por ejemplo, una tal Graziosa, que recitaba en la Corte de Carlos III el Noble.

En el siglo XV, trovadores navarros que frecuentaron la Corte del Príncipe de Viana fueron Francesch de Mescua (Francisco de Amescua o de Amézcoa) y Juan de Valtierra.

En este contexto de la poesía cancioneril, destaca el famoso Cancionero de Herberay des Essarts, compuesto entre 1461 y 1464 en torno a la Corte olitense de la regente doña Leonor, infanta de Navarra, probablemente en el mismo Olite. En este cancionero escriben importantes poetas castellanos (Mena, Santillana, Macías, Alfonso de la Torre...) y también el navarro Carlos de Arellano, que está representando con dos poemas.

Hay que recordar unas coplas escritas en este siglo, devotas e ingenuas, que Carlos Idoate publicó en 1982, en la revista Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, cuyo tema es el elogio de la Eucaristía y la Virgen.


 
APORTACIÓN AL MESTER DE JUGLARÍA

La aportación navarra al mester de juglaría es más determinante. Su principal obra es el Cantar de Roncesvalles (o Roncesvalles navarro), que, en una copia con posible datación en 1310, constituye uno de los pocos restos conservados de la épica juglaresa peninsular. El hallazgo de este fragmento del Cantar de Roncesvalles confirma la existencia de cantares de gesta en suelo hispánico y en lengua vernácula, y fue publicado por Menéndez Pidal, el patriarca de las investigaciones sobre los cantares de gesta.

Sólo se conservan dos hojas escritas por las dos caras, con un total de cien versos, que entronca con el tema carolingio de la batalla de Roncesvalles y la derrota de Roldán y de los demás pares de Francia en los desfiladeros pirenaicos. El texto conservado describe la lamentación del emperador Carlo Magno ante los cadáveres de sus paladines, episodio recogido también en la célebre Chanson de Roland; pero destaca la ausencia de determinados detalles de la materia rolandina francesa. Estos versos corresponden a ese paisaje en que el emperador encuentra los cadáveres de los Pares
:
"Sacat al arçobispo d´esta mortaldade.Levémosle a su terra, a Flánderes la ciudade.”El enperador andava catando por la mortaldade,vido en la plaça Oliveros o jaze,el escudero crebando por medio del braçale..."

En ese momento se escribieron otras composiciones inspiradas en hechos históricos, pero escritas en provenzal. Uno de los más famosos trovadores de ese momento fue Guillermo de Tudela, autor de la Cansó de la Crozada contra´ ls erejes de Albergés (La canción de la Cruzada contra los albigenses).

Guilhem Anelier de Toulouse es autor de Las guerras civiles en Pamplona, poema también en provenzal de más de cinco mil versos dodecasílabos, repartidos en 104 tiradas, que incluye varios vocablos navarros, y cuyo valor es más histórico que literario.

El conde Teobaldo de Champagne, quién reinaría en Navarra en el periodo 1234-1253 como Teobaldo I, fue trovero más que trovador, es autor de unas cincuenta canciones (pastorales, serventesios, chansones, descorts o lamentaciones).

 


OBRA LEGISLATIVA

Las obras legislativas escapan al terreno de la estricta literatura, aunque a veces incorporen determinados pasajes o elementos con valor literario, como por ejemplo, los exempla contenidos en el Fuero general de Navarra, especie de apólogos, patrañas o cuentecillos a la manera de los de El conde Lucanor de don Juan Manuel.

Algunas de estas obras fueron el Liber Regum, el Fuero de Estella, los Fueros de la Novenera, el Fuero extenso de Tudela, el Fuero general de Navarra, de mediados del siglo XIII, del que destacan sus apólogos o exemplos.

El libro de recopilaciones legales Libro de Felipe de Navarra, fue escrito en el siglo XIII por el autor que lleva su nombre, mientras que el siglo XIV destaca el pensador villavés Pedro de Atarrabia.
 

FUERO GENERAL DE NAVARRA


OBRA HISTORIOGRÁFICA MEDIEVAL

La temática de la obra historiográfica se divide en dos periodos: la Reconquista y el periodo renacentista.

Rodrigo Ximénez de Rada, arzobispo de Toledo fue el alma de la memorable batalla de las Navas de Tolosa y un destacado cronista, hasta el punto de haber sido clasificado como “padre de la historia de España”. Es autor de Rerum in Hispania gestarum libri IX o Historia Gothica que abarca hasta el año 1243, y también se conoce como De rebus Hispaniae; el Breviarum Ecclesiae Catholicae y una Historia Arabum.

Fray García de Eugui, escribió en el siglo XIV, una Crónica de los fechos subcedidos en España dende sus primeros señores fasta el rey Alfonso XI.

El Príncipe de Viana, Carlos de Aragón (Peñafiel, 1421 – Barcelona, 1461) destaca por su faceta de humanista, mecenas y poeta de cancionero. Tradujo a los clásicos, escribió una, compuso obras poéticas, mantuvo correspondencia con los sabios de la época y favoreció a varios poetas navarros, catalanes, valencianos, aragoneses y castellanos (como Ausias March o Joan Roïç de Corella). Es autor también de Lamentación a la muerte del rey don Alfonso, Epístola a todos los valientes letrados de España, Milagros del famoso santuario de San Millán de Excelsis y Cartas e requestas poéticas. También se ocupó en traducciones de las Ethicas de Aristóteles y de La condición de la nobleza de Angelo de Milán.

Cerrando el panorama del siglo XV está Francisco de Navarra, nacido en Tafalla a fines del siglo XV e hijo del mariscal Pedro de Navarra. Jurista y cronista a quien se le atribuye una Historiografía general de España, pero cuyo texto no es conocido.

 
RODRIGO XIMENEZ DE RADA

miércoles, 23 de marzo de 2016

Crisis conciliar y cambio social


La Iglesia navarra se transformó radicalmente en la década de 1960, al compás de profundos cambios socioeconómicos, políticos y eclesiásticos, que modificaron no sólo la realidad navarra, sino el entorno español e internacional. A raíz del Plan de Promoción Industrial de 1964, Navarra, que era una sociedad esencialmente agrícola y rural, conoció un acelerado proceso de industrialización y urbanización, que cambió buena parte de sus fundamentos socioeconómicos y políticos. Las nuevas realidades sociales plantearon nuevos retos a la Iglesia, en especial en el terreno de las relaciones laborales y del movimiento obrero, parte del cual se desarrolló con su colaboración. En el contexto nacional el régimen de Franco entró en crisis y se comenzó a plantear su sustitución por un sistema democrático.


FRESCOS DE LA ADORACIÓN DEL CORDERO EN EL ÁBSIDE
DE LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE ARTÁIZ


Estas transformaciones coincidieron con el proceso de reforma abierto por el Concilio Vaticano II (1962-1965), que puso en tela de juicio buena parte de las pautas de comportamiento de la Iglesia preconciliar. La reforma litúrgica, el replanteamiento de la disciplina eclesiástica, etc. dieron pie a otras controversias de mayor calado.

En Navarra el Seminario Diocesano entró en crisis (1967-1968) y quedó reducido a la mínima expresión. El clero vivió una crisis de identidad, que provocó abundantes secularizaciones. Además se desmantelaron numerosos grupos y asociaciones religiosas. Mientras tanto proseguían las modificaciones en la organización de la diócesis, que se fueron sucediendo tanto en los arciprestazgos como en las zonas pastorales a partir de 1969-1971.

Eran los cambios que supusieron el cierra de una etapa histórica y la apertura de otra, en la que se inserta el presente que hoy vivimos.



domingo, 20 de marzo de 2016

Presencia navarra en la Jerarquía eclesiástica española


La práctica de designar eclesiásticos nacidos fuera de Navarra para ocupar las diócesis de Pamplona y Tudela siguió ejerciéndose en los siglos XIX y XX, con independencia de los regímenes políticos que se sucedieron en España durante ambas centurias. La mayoría mantuvieron el privilegio de designación o presentación de obispos, al que renunció el rey Juan Carlos I en 1976. Durante el siglo XIX dos obispos navarros rigieron la sede de Pamplona durante 24 años (José Javier de Uriz, 1815-1829 y Pedro Cirilio de Uriz, 1861-1879) y otro la de Tudela apenas un año (Juan Ramón de Larumbe, 1817-1818). Por contra, obispos nacidos fuera de Navarra rigieron ambas diócesis durante 226 años, 176 en Pamplona y 50 en Tudela, que a partir de 1851 no volvió a tener obispo propio.

Esta situación fue compensada con creces por los 32 navarros que ocuparon 33 sedes episcopales del resto de España (cinco de ellas arzobispales) durante 490 años, cifra que duplica ampliamente la inversa. 9 de ellos lo hicieron durante el siglo XIX por espacio de 102 años. Pudieron ser más, pero la proclividad hacia el carlismo de parte del clero navarro dificultó la promoción de clérigos navarros al episcopado. A pesar de que esta inclinación siguió presente en el sector del mismo durante la primera mitad del siglo XX, la pujanza de la Iglesia local y su peso en el ámbito nacional se hicieron sentir decididamente, haciendo inevitable el nombramiento de abundantes obispos navarros, hasta el punto de superar por cinco en el siglo XX la cifra alcanzada en el siglo XVIII, con la particularidad de que ahora han sido episcopados mucho más largos que los de entonces. En total, en la vigésima centuria 22 navarros han regido diócesis españolas durante 388 años. Abundaron sus designaciones en el primer cuarto de siglo y en sus dos décadas centrales. Uno de ellos, Eustaquio Ilundaín, arzobispo de Sevilla (1920-1937), alcanzó la púrpura cardenalicia en 1925, dignidad que también recayó en 1959 en Arcadio Larraona, un canonista navarro que pertenecía a la congregación claretina y era profesor en Roma. En 1969 el arzobispo de Pamplona, Arturo Tabera, fue nombrado cardenal, hecho que no se producía desde 1390, cuando fue designado Martín de Zalba.


SEMINARIO DIOCESANO DE PAMPLONA


La relación de los obispos navarros de los siglos XIX y XX refleja la dimensión del hecho y su presencia en la mitad de las diócesis españolas:

Almería
Rosendo Álvarez Hernández (1989-2002)

Ávila
Rafael de Múzquiz (1799-1801)
Ramón Fernández de Piérola (1887-1890)

Barcelona
Pedro Martínez de San Martín (1832-1849)
Manuel Irurita Almándoz (1930-1936)
Miguel Díaz Gómara, adm. apostólico (1939-1942)

Barbastro
Nicanor Mutiola e Irurita (1928-1935)

Bilbao
Pablo Gúrpide Beope (1955-1968)
Antonio Añoveros Atáun (1971-1978)

Burgos
José Cadena y Beope (1955-1968)
Luciano Pérez Platero (1944-1963)

Cádiz
Antonio Añoveros Atáun (1964-1971), aux. desde 1954

Calahorra
Miguel José de Irigoyen y Dolarea (1850-1952)

Cartagena
Miguel de los Santos Díaz Gómara (1935-1949)
Javier Azagra Labiano (1978-1998), aux. desde 1970

Ciudad Real
Emeterio Echeverría Barrena (1943-1954)

Gerona
Juan Agapito Ramírez de Arellano (1798-1810)

Hueva
José María Zarandia y Endara (1851-1861)
Javier Osés Flamarique (1977-2001), aux. desde 1969

Jaca
Rosendo Álvarez Hernández (1985-1989)
José María Conget Arizaleta (1990-2001)

Lérida
Jerónimo María de Torres (1783-1816)
Manuel Villar y Olleta (1816-1861)
Pedro Cirilio de Uriz y Labairu (1850-1861)
Manuel Irurita Almándoz (1927-1930)

Lugo
Antonio Ona de Echeve (1960-1979), aux. desde 1956

Málaga
Antonio Añoveros Atáun (1952-1954)

Mondoñedo
Jacinto Argaya Goicoechea (1957-1968)

Orense
Pedro José Zarandia y endara (1847-1851)
Eustaquio Ilundáin Esteban (1905-1920)

Osma
Miguel de los Santos Díaz Gómara (1924-1935)

Oviedo
Francisco Javier Baztán y Urniza (1905-1920)
Manuel Arce Ochotorena (1938-1944)

Plasencia
Juan Pedro Zarranz Pueyo (1946-1973)

San Sebastián
Jacinto Argaya y Aldunate (1968-1979)

Santiago de Compostela
Rafale Múzquiz y Aldunate (1801-1821)

Segovia
José Cadena y Eleta (1901-1905)
Luciano Pérez Platero (1929-1944)

Sevilla
Eustaquio Ilundáin y Esteban (1920-1937)

Sigüenza
Pablo Gúrpide Beope (1951-1955)

Tarazona
Santiago Ozcoidi y Udave (1907-1916)
Nicanor Mutiloa e Irurita (1935-1946)
Miguel José Asurmendi Aramendía (1990-1995)
Carmelo Borobia Isasa (1995-...)

Tarragona
Manuel Arce Ochotorena (1944-1948)

Valencia
Jacinto Argaya Goicoechea, aux. (1952-1957)
José María García Lahiguera (1969-1978)

Vitoria
Ramón Fernández de Piérola (1890-1904)
José Cadena y Eleta (1905-1913)
Miguel José Asurmendi Aramendía (1995-...)

Zamora
Miguel José Irigoyern y Dolarea (1848-1850)
Manuel Arce Ochotorena (1929-1938)

Zaragoza
Miguel de los Santos Díaz Gámara, aux. (1920-1924)
Carmelo Borovia Isas, aux. (1990-1995)


MONSEÑOR FRANCISCO PÉREZ GONZÁLEZ,
ARZOBISPO DE PAMPLONA Y OBISPO DE TUDELA


La fluida comunicación y el intercambio existente entre Navarra y el resto de España en la provisión de sedes episcopales se han demostrado como un sistema eficaz, que hace buena la dimensión universal de la Iglesia y, si bien exige de los designados un esfuerzo de inserción en su respectiva diócesis, les proporciona una mayor imparcialidad en el ejercicio de su autoridad episcopal. Además, ha sido beneficioso para los clérigos navarros, que han ejercido el ministerio episcopal con ventaja en el resto de España. Por ello, resulta sorprendente la postura del nacionalismo vasco, tanto en sus organizaciones políticas como en un sector minoritario del clero navarro, que durante la II República y en las últimas décadas del siglo XX ha reclamado la designación de obispos navarros para las sedes episcopales de Navarra, sin exigir en paralelo la dimisión de los obispos navarros ejercientes en otras diócesis, españolas o extranjeras.