sábado, 23 de abril de 2016

García Íñiguez contra muladies, vikingos y cordobeses

 
García I Iñiguez sucedió a su padre Íñigo Arista coronándose rey de Pamplona en el 852. Adoptó una serie de medidas protectoras, destacando entre ellas el establecimiento de alianzas con el poderoso Reino de Asturias y con el Condado de Aragón. Esta política de alianzas conllevó una serie de batallas contra la supremacía del emir de Córdoba y de sus poderosos aliados Banu Qasi.


GARCÍA I ÍÑIGUEZ
 
Ese mismo año de 852, tropas asturianas y vasconas se enfrentaron a las de Musa II ibn Muza de Tudela en las proximidades de Albelda de Iregua: batalla de Albelda. Venció el caudillo de los Banu Qasi, de forma que se hacía con el control de casi la totalidad de la actual La Rioja.
 
Tres años más tarde, en 855, Musa II realizaba una dura razzia contra Álava y se apoderaba de Huesca. Entre 852 y 859, fue nombrado valí de la Marca Superior de Al-Ándalus. Musa II conseguía dominar un amplio territorio alrededor del valle del Ebro, por ello, trató de implantar una base militar en una zona estratégica vía de comunicación entre las actuales Soria y Logroño, disponiéndose a fortalecer la guarnición militar en Albelda.


INCURSIÓN DE VIKINGOS SOBRE COSTA CANTÁBRICA

 
Durante su reinado, García I tuvo que gobernar ante diferentes adversidades como la invasión normanda que sufrió su reino en 858. Una incursión de vikingos remontó el río Ebro desde Tortosa hasta Tudela, dejando atrás Zaragoza. Subieron por su afluente, el río Aragón, por el río Arga, hasta Pamplona, capital que fue saqueada y García I apresado. Sólo tras pagar un costoso rescate de 70.000 monedas de oro por sus nobles el rey pudo regresar a Pamplona.
Este momento de debilidad fue aprovechado por Al-Ándalus para lanzar un fuerte ataque sobre los Pirineos, que de mala manera pudieron soportar los pamploneses. Estos decidieron fomentar y proteger los pasos pirenaicos del Camino de Santiago, vía religiosa, artística, comercial y política que tanto aportó a los reinos cristianos hispánicos durante la Reconquista.
 
Viendo la amenaza que suponía la fortaleza de Albelda sobre los dominios orientales del Reino asturiano, Orñodo I, en alianza política y militar con el rey pamplonés García I, emprendió una ofensiva contra Albelda en el 859. Tras una dura lucha, Ordoño tomó la fortaleza, causando una gran derrota para Muza II: segunda batalla de Albelda. El rey asturiano conseguía el control de toda la zona riojana y que Lope ben Muza, gobernador de Toledo e hijo de Muza II, se declarase vasallo. 
 
Aunque Musa II continuase peleando contra navarros y cordobeses hasta su muerte en el 862, esa victoria cristiana motivó la quiebra del poder de los Banu Qasi y la consiguiente reacción cordobesa en forma de aceifas y batallas.


ACEIFA SARRACENA
 
La importancia de esta batalla de Albelda ha llevado a identificarla con la legendaria de Clavijo, lugar próximo a Albelda, en la que, según invención posterior, habría combatido el apóstol Santiago en la vanguardia del ataque cristiano para poner fin al Tributo de las Cien Doncellas. Al margen de leyendas, la Crónica de Alfonso III recoge que en la batalla participaron los navarros, pero ya junto a los asturianos.
 
En 860, se produjo la repoblación de Amaya, haciéndose imparable la expansión de la Monarquía asturiana. De esta forma se constituyó una línea defensiva de municipios amurallados y castillos al suroeste de Álava, en el corredor de la Bureba y norte de Burgos, lo que garantizaba una protección de las tan arrasadas tierras de Álava y Navarra. De este núcleo defensivo se originaría años mar tarde el futuro Condado de Castilla.
 
Tras la victoria cristiana en Albelda, el emir Muhammad I consideró de tal gravedad la alianza entre Pamplona, Aragón y Asturias que al año siguiente hizo intervenir al ejército cordobés, dirigiéndolo a Navarra con la intención de asegurarse un pago regular de tributos. El paso de las huestes musulmanas fue implacable, numerosos castillos fueron tomados y el heredero al trono, Fortún Garcés, fue hecho prisionero sin regresar hasta 22 años después. Pamplona fue castigada, y se retomó el pago anual de impuestos, que fueron abonados con regularidad. Por eso en los siguientes años no se sucedieron intervenciones en la zona, que se desplazaron hacia Álava.
 
 
EMIR MUHAMMAD I
 
 
En la década siguiente García Íñiguez actuó de forma autónoma y la alianza con los Banu Qasi se renovó solo para atacar al Emirato cordobés. En el año 870 se estableció una alianza entre el caudillo pamplonés y varios magnates pirenaicos, como Aznar II Galíndez, para ayudar a Amrus ibn Umar de los Banu Qasi en su lucha contra el emir. Al año siguiente prestó su ayuda a Lope ibn Muza en una nueva revuelta contra Córdoba. Los Banu Qasi volvieron a controlar todo el valle del Ebro, incluidas grandes urbes como Zaragoza, Huesca o Lérida.
 
Muhammad I respondió con prontitud y contundencia, pues toda la franca norte de su Emirato estaba compuesta de estados hostiles: Asturias, Pamplona, Aragón, los condados precatalanes de la Marca Hispánica y los Banu Qasi. Con regularidad, las aceifas cordobesas se fueron sucediendo: Huesca en 873; Navarra en 873, 874 y 978; Álava y Castilla en 877; Álava 890; Zaragoza y Tudela en 879; Zaragoza, Borja y Tarazona en el trienio 879 -881.
 
Tras estos años de expediciones militares, los magnates del norte hispánico claudicaron ante el emir, incluido Lope ibn Muza.
 
ACEIFA SARRACENA
 
Navarra consiguió superar las dificultades y en 880 Fortún Garcés el Monje recuperaba su trono. Su reinado se caracterizó por una situación de debilidad, mostrando una fidelidad hacia el emir que fue aprovechada por Lope ibn Muza para apoderarse de algunas fortalezas como Castro Salviniano, cerca de Luesia, en 891, y Aibar, junto a Sangüesa, en 892.
En 882, Al-Mudir encabezó las tropas del valí de Zaragoza, Ababdella, y del emir de Córdoba, remontando el río Ebro hasta llegar a Cellorigo, lugar de paso para cruzar los montes Obarenses. En esos momentos, el territorio de Álava era gobernado por el conde Vela Jiménez, bajo soberanía del rey de Asturias Alfonso III, pero perteneciente a la dinastía de los Jimeno de Pamplona. Este conde se encargó de organizar la defensa de Álava, resistiendo hasta dos veces en su fortaleza de Cellorigo ante los sarracenos en la batalla de Cellorigo. La contienda causó muchas bajas en ambos ejércitos, pero el castillo no fue tomado.


ALFONSO III DE ASTURIAS

 
En el segundo intento del 883, Al-Mudir acudió sin la ayuda de las tropas de Ababdella. Tras haber saqueado Monjardín y otros pueblos de Navarra intentó librar una nueva batalla en Cellorigo, pero el resultado fue peor que el anterior. En ambas derrotas Al-Mudir también fue derrotado en ciudades castellanas como Pancorbo y Castrojeriz siendo perseguido por Diego Rodríguez y por Vela Jiménez en su huida por orden de Alfonso III.
 
Fortún Garcés el Tuerto fue el último representante de la dinastía Iñigo. Las influyentes maniobras políticas de los reyes asturianos, Ordoño I y Alfonso III, habían vinculado a Pamplona con su reino mediante el alzamiento de la dinastía Jimeno. Alfonso III se había casado con Jimena, perteneciente a la influyente familia navarra de los Jimeno, que poco después ocuparan el trono de Pamplona.