Representación política de Navarra en la Corte Borbónica


Navarra, desde su integración en la Monarquía Universal española, tras formar Corona con Castilla en relación de igualdad de reinos "aequae principale" gestionó su gobierno desde las instituciones localizadas en su territorio como el Consejo Real y la Diputación del Reino no solo en su relación con el virrey y las Cortes sino que hubo de relacionarse con el monarca y sus organismos polisinodiales asentados en la Corte.  

Desde la esfera económico-social un grupo de navarros ha triunfado en la Corte, desde la gestión de gobierno o funcionarial un elenco brillante de nombres de igual origen navarro ha ocupado puestos importantes en el gobierno central (ministros, secretarios), en el territorial (virreyes, gobernadores, presidentes de audiencia especialmente en América) y en el eclesiástico (con igual relevancia en obispados americanos fundamentalmente). La nobleza navarra, durante el siglo XVII, se había ajustado fielmente a un cierto perfil de servicio a la Monarquía, plenamente asumido a finales del siglo XVI, y estaba muy satisfecha de sus empleos militares y gubernativos, tanto como el de su origen de sangre. Salvo excepciones, se consideraba honrada con los títulos de sus servicios militares, políticos y religiosos. Además, entendía que esto era lo mejor para el rey y para ella misma. No se vio ningún indicio de "aburguesamiento" de la nobleza que se relacione con la afluencia de dinero sino todo lo contrario. Se trata de la reafirmación de una nobleza profundamente renovada, pero que ha sido reclutada y que se vertebra, básicamente, en torno al ideal de servicio a la Monarquía.

Muchos de estos protagonistas han proyectado navarridad en el Reino de España, han colaborado en el desarrollo institucional de Navarra y concretamente en la relación del viejo reino con la Corte de la Monarquía española.

Para el buen éxito de estas gestiones, en más de una ocasión, la Diputación del Reino recabó de algunos de esos esclarecidos navarros triunfantes en Madrid con capacidad de influencia en la gestión política.


1. RELACIÓN DE NAVARRA CON LA CORTE ESPAÑOLA

El gobierno de Navarra ha estado siempre cohesionado con la Corte dado que diferentes cuestiones se relacionan con el poder central, con el que hay que convenir, o al que reclamar determinados "negocios".

Las relaciones entre el monarca y sus instituciones por un lado, y el reino de Navarra desde sus Cortes y más permanentemente con su Diputación, desde otro, han intentado forjar siempre un equilibrio de poder que el gobierno de un pueblo vinculado a la Monarquía española bajo el principio del pactismo, exigía para  la adecuada y armónica permanencia del mismo en aquella.

Con este fin, las Cortes de Pamplona de de 1797, daban poder a sus diputados "por lo que conviene a la causa pública" para que...
"entiendan en las cosas y casos que conduzcan al beneficio común" y en concreto "puedan entender con los síndicos, y su parecer en los agravios y contrafueros, quebrantamiento de leyes y reparos de agravios que se hicieren a dichos Tres Estados..., o a alguna dignidad..., persona particular o alguna ciudad, villa o lugar de dicho Yllustrisimo Reyno, así por cedulas reales, o en otra cualquiera manera por su Majestad o por su Virrey, o cualquiera otro oficial real o ministro suyo o por otra cualquiera persona que se puede decir o entender ser agravio y en quiebra de los fueros, libertades, usos y costumbres... haciendo las protestaciones, requerimientos, autos, diligencias, o cosas que sean necesarias... con expresa facultad de que a este fin puedan enviar a la Corte de su Majestad correo o correos con las cartas y despachos que fueren necesarios y en los casos que a dichos señores diputados o la mayor parte parezca se agravio de calidad o importancia, puedan nombrar o enviar a uno o más de los diputados o síndicos u otra persona de las llamadas a Cortes o a quien les pereciere para pedir el remedio a la persona real y a los demás que con derecho se pueda y deba."
En este supuesto, entre los asuntos que convenía despachar en la Corte estaban los relacionados con el oficio de depositario general, los expedientes del tabaco y las lanas, el estanco del chocolate, las fábricas de los archivos y servicios.

La Diputación del Reino para éstos y otros asuntos y con motivos bien diversos enviaba legados o comisionados, solicitaba la influencia de navarros en la Corte o nombraba agentes permanentes junto a la Administración central del Estado.


2. PROTOCOLO

El exquisito protocolo seguido por Navarra respecto a acontecimientos relacionados con la monarquía queda reflejado en un buen número de ocasiones en las que la comisión pretendía manifestar la adhesión al Monarca con motivo de su pesar o alegrías por parte de Navarra. Así por ejemplo, con motivo del pésame al rey en 1598 o las enhorabuenas al mismo en 1601, 1605, 1629 entre tantas otras ocasiones.

Existieron diversos ceremoniales e instrucciones sobre exequias y proclamación de rey. Acaecida la muerte del soberano, la repercusión es diferente si estaba o no reunido el reino. En el citado año 1598, al no haber Cortes, se junta la Diputación por mandato del virrey para escuchar la carta de Felipe III de Castilla y V de Navarra en la que se notificaba el fallecimiento de su padre y corroboraba en su puesto al mismo virrey. Éste opinó que como demostración de dolor se hicieran funerales antes del alzar del rey. La Diputación creyó conveniente reunir Cortes, pero el virrey señaló la falta de poder para convocarlas. Los diputados decidieron ponerse de luto y enviar legados al nuevo rey para darle el pésame y besarle la mano como señor.

Por el contrario, al fallecer este monarca las Cortes estaban reunidas y deciden que los diputados se vistan de luto, vayan a visitar al virrey y mandan legados a la Corte.

Los asuntos de la familia real tienen eco en el ánimo de reino que expresaba a través de la Diputación. Viajes de la reina, su muerte o la de sus hijos, bodas y nacimientos de príncipes repercuten en la actuación de la Corporación. Las comisiones enviadas a la Corte estaban formadas por tres miembros a veces con poder limitado por el tiempo y otras con encargos secundarios. En 1601, la comisión iba a felicitar a la reina por el nacimiento de su hijo a la vez que se ocupaba reservadamente de otros negocios. En 1605, como en 1629, otras comisiones de tres diputados se trasladan a la Corte con semejante intención. En 1644 se le une una carta del rey en la que notifica la muerte de la reina Isabel, y en consecuencia se manda a Madrid una persona que de el pésame al monarca. Finalmente en 1679 el obispo de Pamplona en su calidad de diputado, estaba en la frontera con Francia esperando a la nueva reina para darle la enhorabuena por su matrimonio con el monarca español.

Estas adhesiones llegaron a manifestarse incluso por partida doble con motivo de la llegada a la Casa de Borbón en 1701, año en el que en obispo de Pamplona, en su calidad de diputado, dio la bienvenida al rey en nombre de la Corporación y luego ésta mandó a Madrid a dos de sus miembros con idéntico fin.

No cabe duda que la acción cortés de la Diputación obtendrá en más de una ocasión un eco político. La Corporación así lo ve en 1600, en que comenta como un rey anterior se le suplicó que los navarros pudiesen ocupar cargos en Castilla, y ahora, parece oportuno insistir en el deseo, pues los legados venidos del parabien de boda sabían de la buena disposición real en favorecer a Navarra.

No todas estas comisiones se realizaban a la Corte, y aunque no era habitual que el rey pasase por Navarra, el 5 de enero de 1711 la Diputación vio un papel del virrey en el que le notificaba la visita del monarca a Tudela dentro de 3 o 4 días por lo que resuelve ir toda la Comunidad para acudir al besamanos a los reyes. Meses después se repite la cortesía ante la visita de los reyes a Corella.

Aunque no siempre se pudo invitar al rey a visitar Navarra, por falta de medios económicos, como ocurría en 1626 en que el monarca se acercaba a Aragón, el reino procuró se presencia siempre que pasaba por cercanías. En julio de 1802, la Diputación se entera que los reyes van a ir a Barcelona y pasarán algunos días en Zaragoza. Se les invita por medio del Príncipe de la Paz. El rey aceptó y estuvo algunas horas en Tudela en el mes de agosto.

El despacho con el rey llevó, en ocasiones, al comisionado a trasladarse a lugares lejanos, como ocurriría en 1558 cuando, según cuenta en una carta el Mariscal de Navarra al Reino hubo de viajar a Inglaterra y Flandes para solicitar del rey el reparto de unos agravios que se lograron en Bruselas.

En todo caso, lo normal era que los despachos al rey fueran a la Corte y su resolución tuviera episodios diversos en atención al contenido político del asunto. Así en 1523 el emperador Carlos prometió a los mensajeros que le visitaban que remediaría el agravio de los jueces extranjeros "de aquí a medio años a más tardar". La contestación era dilatoria. En cambio, Felipe II enviaba una carta a las Cortes navarras en 1595 en la que decía que le había sido muy desagradable la conducta de Juan de Anaya, virrey interino, que había alojado tropas de Olite y le mandaba que retirara esta gente a la frontera de Castilla "porque mi real intención y voluntad es que de ninguna manera se contravenga a las leyes juradas". Si una contestación era dilatoria y otra es respetuosa con la foralidad, en 1749 la postura de la Administración del Estado por medio del ministro Marqués de la Ensenada, fundaba la negativa a lo representado por el Reino en que "no hay ley, fuero ni ordenanza que haya sujetado a la suprema autoridad a no alterar o formar nuevo método para la administración de la justicia".

La relación del Reino con la realeza tuvo especial tensión durante la época liberal del siglo XIX. En sesión de 13 de febrero de 1834 la Diputación navarra vio un oficio del Comandante General de Navarra Tomás Zumalacárregui en el que fue declara traidora a la institución a la que acusa de vender "el Reyno que le fue confiado a un bajo y vil precio". Ante semejante acusación, el 11 de agosto la Diputación del Reino se dirigió a la reina diciéndole que:
"desde los primeros movimientos acaecidos en este desgraciado país, se pronunció por los justos derechos de la Augusta Hija de Vuestra Majestad, Reina y Señora Doña Isabel, y que durante los diez tristes meses transcurridos ha cooperado a favor de la justa causa, dentro del círculo de atribuciones, a satisfacción de las autoridades superiores que han representado y representan la persona de Vuestra Majestad, se cree hoy en el caso, puesta a Sus Reales Pies de exponerle: Que esta Corporación debe su existencia a las Cortes de este Reino, las cuales elegían sus individuos de sus tres Estamentos... Pero hoy, Señora que Vuestra Majestad ha tenido por conveniente no acceder a la súplica de reunión de Cortes de Navarra y por el contrario ha ordenado la elección de los tres procuradores que representan su población en las Cortes generales de España, con arreglo al Estatuto Real dado por Vuestra Majestad, considera esta Diputación concluida la misión que hacía existir porque no se halla en el caso de las relaciones que eran la esencia de su instituto..."


De la correspondencia entre Pamplona y Madrid se deduce que esta misiva a la reina se suspendió a instancia de los procuradores navarros que opinaban que aún siendo verdad lo que la Diputación decía:
"todavía, no solamente no se ha dicho por Su Majestad que quedan abolidos los fueros de Navarra... sino que al contrario, Su Majestad no ha hecho en el Estatuto Real otra cosa mas que renovar nuestras antiguas leyes, según las cuales los navarros deben conservar sus Cortes y sus Fueros."

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