Oportunidades económicas de los navarros en la Corte de los Borbones


Las palancas de la riqueza de la llamada Hora Navarra por Caro Baroja, y el triunfo de los navarros en la corte madrileña durante el siglo XVIII, se debe principalmente a dos razones: las necesidades de emigración de Navarra, y el apoyo y solidaridad necesaria que la familia y el grupo de navarros les ofreció para escalar posiciones sociales y económicas en la corte de Madrid.

Durante el siglo XVIII, numerosos cántabros, gallegos, alaveses y navarros emigraban estimulados por una agricultura restrictiva, un ecosistema agresivo, un poblamiento restringido y unas costumbres familiares que incluían que algún miembro saliera de la aldea con destino a Madrid.

Los navarros lograron alcanzar las más altas cotas de la administración, la milicia, la economía o la Iglesia, llegando a ser un grupo de referencia. En el campo de la economía consiguen aprovechas las oportunidades económicas o palancas de la riqueza, que surgen en el mercado debido a mejoras técnicas, productivas o de distribución.

De todos los sectores económicos, el más complicado y selecto en el que triunfaron los navarros en la Corte fue el de los financieros y banqueros. Requería mucha voluntad, conocimientos y contactos.

La presencia de altos cargos de hidalguía navarra, vizcaína o guipuzcoana en los puestos de secretarios de validos o ministros es una constante desde el siglo XVI, gracias a su fidelidad a la monarquía, que les permitieron aprovechar las oportunidades económicas.

Los navarros desarrollaron una estrategia de vinculación entre la economía navarra y las necesidades de servicio del estado, precisamente a finales del siglo XVI, cuando el Reino sufría una recesión por culpa del hundimiento del imperio y una crisis que derivó en la legitimización de la nueva dinastía borbónica.


1. EL ABASTECIMIENTO MILITAR

La principal necesidad de financiación de la monarquía las ocupaba el pago a las fuerzas armadas, el 80% del presupuesto nacional, y dentro de este gasto, el abastecimiento y armamento militar absorbía la mayor parte. El abastecimiento militar durante el siglo XVIII, permitió un número más amplio de negocios y oportunidades.

La complejidad de este negocio aumenta a medida que el asentista extiende su radio de acción, porque se multiplican de forma exponencial las tareas de coordinación. Era muy complicado coordinar las compras en lugares distantes, conseguir los transportes necesarios, distribuir las mercancías hacia los lugares donde se movían continuamente los ejércitos, con un lento y selectivo sistema de información por aquel entonces, y hacer frente al pago de todos los involucrados, con grandes riesgos de fluctuación de las necesidades del ejército en grano o municiones y la más imprevisible capacidad de cobro desde la Real Hacienda.

Las posibles quiebras en el negocio se podían cubrir con la obtención de privilegios y la protección real en otros negocios complementarios, no siempre lícitos como el contrabando o la extracción de plata.


¿Cómo llegaron los navarros a controlar el negocio armamentístico militar de las Reales Armadas y Ejércitos Reales?

El hombre clave a finales del siglo XVII fue, Juan de Goyeneche, tesorero de la Reina, secretario personal de Carlos II, este accedió al control de los negocios de la corona, vinculado al entorno del ministro de Hacienda (el conde de Oropesa) y controlando la tesorería general de milicias, puesto desde el cual gestiona las cuestiones financieras y necesidades del ejército.

Goyeneche fue banquero de la nobleza castellana y navarra que supo aprovechar las oportunidades tanto político-administrativas como económico-financieras, y conectar los intereses burocráticos de la monarquía con sus intereses económicos personales y de sus paisanos navarros.

Era vital el conocimiento de las necesidades militares de la Corte madrileña. Desde su posición, Goyeneche fue introduciendo navarros que se establecieron en estratégicos cargos de la administración central para después servir a los intereses de los negocios y finanzas de las compañías navarras, manteniendo el vínculo y hasta lazos familiares. Juan de Goyeneche fue el pionero de todos los burócratas navarros en la corte madrileña con claros objetivos comerciales.

La Real Congregación de San Fermín de los Navarros en la Corte de Madrid, también tuvo un importante papel en las relaciones y los contactos que se fraguaron entre sus miembros, ilustres nobles, prelados e importantes hombres de negocios, las finanzas o la cultura.

Algunos hombres de negocios navarros, la mayoría de Pamplona, fueron José Soraburu, Juan Mendinueta, Esteban Moriones, José Aldaz, Adán Maculain, José Vidarte o los Muntiola empezaron a ofrecer en la década de 1690 sus servicios a la corona para realizar diversos asentamientos militares, casi siempre en Navarra y sus alrededores y sobretodo de víveres. Víveres al presidio de Pamplona, camas al de Fueterrabía, transportes de municiones de Eugui a Zaragoza o a Lérida, y un largo etc.

El cambio dinástico y la Guerra de Sucesión fueron esenciales para el aprovechamiento de esta palanca de riqueza, ya que Navarra fue un lugar estratégico para el trasporte de tropas borbónicas tanto españolas como francesas. Las fábricas armamentísticas de Eugui o el grano de los campos de Navarra propiciaron los contratos entre hombres de negocios navarros de Madrid y de Navarra, llegando a ocupar altos cargos en la administración madrileña, Soraburu como Tesorero de Guerra, Mutiloa a Tesorería General o Jerónimo Aranguren al Vínculo. Goyeneche, Valdeolmos, Iturralde, Sesma influyeron en la política para asegurar que todo siguiera funcionando, ganar proyección política y hacer grandes negocios.

Desde la Guerra de Sucesión hasta la década de 1760, el dominio de los navarros en los grandes asientos militares es casi absoluto. Controlan los presidios africanos, víveres al ejército y a la marina, suministros y materiales de todo tipo, etc. Esta dinámica fue creciendo, de tal manera que los navarros alcanzan los mayores puestos de la administración borbónica, como ministros de Hacienda, Iturralde, Muzquiz o Garro, o siete Tesoreros Generales.

La Guerra de Sucesión y el apoyo al candidato borbónico, permitió acceder a los navarros a numerosos contratos de abastecimiento militar, de tropas estacionadas en Pamplona o Fuenterrabía, más tarde de tropas en tránsito y al de regiones enteras. Al finalizar la guerra, se ocuparon del abastecimiento de todas las fuerzas armadas españolas. El endeudamiento de la corona y los impagos de contratos fueron saldados con la concesión de rentas y cobros de impuestos en arrendamientos o el control de negocios ilegales. Los navarros aceptaron el reto y pronto controlaron los pilares de la Hacienda: los ingresos y los gastos.


2. EL COMERCIO Y EXPORTACIÓN DE LANA

La otra gran palanca de riqueza para los navarros durante el siglo XVIII fue el comercio y la exportación de lana. Los navarros que triunfaron en esta actividad procedían del Baztán, de Pamplona y especialmente de la Ribera. Consiguieron aprovechar la importante exportación de lana española a Europa para disponer de otra notable base de ascenso social y económico.

La clave del éxito se fundamentó en base a la alianza que hicieron los hombres de negocios en Navarra y los financieros navarros en Madrid, consiguieron aprovechar la oportunidad de una fuerte demanda europea y vincularla a la capacidad financiera y de contratación lanera, dando como resultado un beneficioso tráfico de lana hacia las tierras navarras, y desde allí hasta Europa.

Los cuantiosos rendimientos de este negocio, mitad legal y mitad contrabando, reforzó la posición de los hombres de negocios navarros en Madrid, hasta el punto de conseguir atraer la compra y distribución de la mayor parte de las cabañas de los grandes propietarios. Pamplona se convierte en un gran centro de intermediación comercial y financiera.

Juan Bautista Dutari, natural de Zugarramurdi, consiguió entrar en los poderosos Cinco Gremios Mayores de Madrid, establecer proveedores de varias partes de España y utilizar los instrumentos financieros y de provisión de medios de pagos que le ofrecía el mercado entre comerciantes y proveedores. Gracias a este sobresaliente emprendedor, aparece Pamplona en los servicios de intermediación financiera entre proveedores y comerciantes.

Miguel de Arizcum, comerciante de la Ribera navarra, es de los primeros navarros en participar de forma muy activa en la explotación y comercio lanero, gracias al arrendamiento de la renta de lanas entre 1731 y 1748. Consiguió desviar buena parte de las exportaciones y el contrabando de lana, con destino a Europa, hacia los puestos aduaneros navarros.

A mitad del siglo XVIII, fueron varios los comisionistas navarros residentes en poblaciones como Corella o Cintruénigo, los que controlaban todo el circuito terrestre de comercialización desde los lavaderos hasta Bayona. La logística y producción era compleja, había que atender desde el pago de salarios y gastos de rebaños a Extremadura o Soria, pastores, hierbas, esquilado, lavaderos y transportes.

Pedro Ligues, fue otro navarro de la Ribera, con una gran capacidad organizativa en la producción y transporte de lana hasta Francia, pero con dificultades en la financiación. Por eso se asoció a la Casa Dutari en Madrid, y cuyo acuerdo resultó un gran éxito.

A principios del siglo XIX, la familia de los Gambra, liderada por Pedro Vicente Gambra era propietaria de casi toda la ganadería ovina del Valle del Roncal. Algunos de sus hijos participaron el Sitio de Zaragoza luchando contra el francés. Aprovechando sus contactos con empresas armeras de Navarra, terminaron ayudando al Corso Terrestre de Navarra en la organización de guerrillas y en la obtención de armas.




La presencia en Madrid de todos los mayores propietarios de rebaños de España, ofreció a Dutari y Ligues una gran oportunidad, incrementando considerablemente su producción. En la década de 1770, importaban grandes cantidades de lana, más de lo que podían producir, a Londres, Rouen o Amsterdam, abriéndose a nuevos mercados europeos.

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