SOCIEDAD

EDAD MEDIA

1. Organización socio-económica vasca en la Edad Media

2. Estructura social vasca en la Alta Edad Media

3. Estructura social vasca en la Baja Edad Media

4. Economía vasca y navarra en el Edad Media

5. Estamentos sociales vizcaínos en la Edad Media


EDAD MODERNA

6. Pesca ballenera

7. Ascenso de una nueva Oligarquía socioeconómica

A comienzos del siglo XVI se produce un gran aumento de población en los señoríos vascongados, esto origina un aumento de la demanda que provoca un incremento de la renta de la tierra. Los prebostazgos  y mayorazgos formados por talleres artesanales, huertas y casas de labranza, ferrerías, astilleros, etc. serán patrimonio de las familias de mercaderes dedicadas al floreciente comercio ultramarino. Durante los siglos XVI y XVII se genera una nueva clase social dominante, basada en prebostes rurales o propietarios de varios centros de producción. Esta nueva oligarquía funda prebostazgos y mayorazgos, acaparando una gran cantidad de terrenos, huertas de labranza, ferrerías o astilleros, consigue hábitos, y en los casos más elevados, se apropian de señoríos y obtienen títulos nobiliarios.

La inversión más acusada en estos centros de producción se produjo, poco a poco, entre quienes habían formado un capital fuera de los señoríos vascongados, tanto dentro de España como en las tierras descubiertas: contadores de hacienda, secretarios y consejeros reales, gobernadores, administradores de rentas, financieros, militares, marineros, mercaderes, etc.

Esta emergente clase social, que controla la economía y la política consigue su fortalecimiento local logrando posiciones en la burocracia real, en la corte Austracista de Madrid y en sus diversas instituciones a su servicio. Ejercen cierta función de "centralidad" con respecto a unas provincias en vías de formación que no eran aún sino un agregado heterogéneo, y muchas veces contradictorio, de comunidades locales que configuraban un "espacio político policéntrico formado por agregación". Estos oligarcas consiguieron una importante capacidad de arbitraje en la resolución de conflictos entre villas. También obtienen cargos en la corte y en las provincias para sus allegados y deudos, contribuyendo a la configuración de una trama de familias dominantes en las provincias.


VENDEDORAS DE PESCADO EN ONDARROA


Desde estas posiciones se promocionaban a amigos y allegados en cargos provinciales al servicio del rey, como superintendentes de fábricas y plantíos de Guipúzcoa, superintendentes de las fábricas de Cantabria, o tenedores de los bastimentos y astilleros reales, y que estuvieron relacionados con ventajosos negocios particulares que prosperaron al arrimo de la Corona.

Son los casos de los Idiáquez, Zuazola, Garibay, Aróstegui, Amézqueta, Echeberri, Ipeñarrieta, Araiz, López de Recalde, Zárate, Gaztelu, Martínez de Ondarza Pérez de Ercilla, Bamboa, Berástegui, Arriola, Aliri, Insausti, Oquendo, Eraso, etc. Personajes que aunque establecidos en la corte, personalmente o mediante familiares y amigos, mantuvieron su palacio, bienes y capital, ostentaron cargos honoríficos como secretarios de la Juntas Generales y de las Diputaciones, y gozaron de estrechas relaciones clientelares a través de fieles mediadores, como muestra, por ejemplo, la vinculación entre Juan de Idiáquez y su administrador en San Sebastián, Domingo de Echeberri.

[La cuenca del Deva, canal de transporte de la lana castellana hacia los puestos marítimos consigue el control de los Idiáquez; la saga de los Idiáquez se convierte en la cúspide de una trama clientelar entre la provincia y la Corona. Su prestigio fue tan inmenso que fueron solicitados continuamente por las villas guipuzcoanas para conseguir privilegios y favores reales, o para defender los intereses frente a otras.

El prebostazgo de San Sebastián corresponderá a los Engómez, familia de mercaderes gascones, mientras que el de Fuenterrabíadesde donde se exportó el hierro navarro a Burdeos e Inglaterra, estará en manos de los Benesa, una familia de marinos y mercaderes muy poderosa. Todo esto sirve para caracterizar el advenimiento de una nueva clase burguesa.

Martín García de Loyola, hermano de San Ignacio, regresó a Guipúzcoa después de hacer la Américas, comprado varios caseríos y tierras, en la misma Azpeitia, y en Urrestilla y Beizama y fundó mayorazgo de Loyola. Como él muchos otros marcharon a las Indias en el siglo XVI, consiguieron una fortuna en aquellas empresas del Virreinato del Perú o de Nueva España y regresaron a sus tierras de origen donde lo invirtieron.

Francisco de Urdinola, militar, administrador y comerciante, es otro notable ejemplo del ascenso socioeconómico de esta elite indiana. Regresó a principios del siglo XVII para comparar la torre que él consideraba como origen de su familia, la casa de Urdinolarena, con sus centros de labranza, el caserío de Gabiria y las tierras de Laransadi y Elizquibe.


MERIENDA EN LA FIESTA DEL PUEBLO, POR MAURICIO FLORES KATEROTXIPI


8. Cambio de poder entre las Élites socioeconómicas en el siglo XVI

La emergencia de esta oligarquía supuso una renovación importante de las elites locales y provinciales. A finales de la Edad Media y durante el siglo XVI, se produce el desbancamiento político de los antiguos "parientes mayores" que ocuparon el poder durante la baja Edad Media y que propiciaron las Guerras de Banderizos.

Al comenzar la Edad Moderna, se genera un cambio de orden a favor de las nuevas familias que se elevaron sobre la base del servicio a la Corona, y se produce un nuevo orden político de las villas y de la Monarquía.

Pero no se trató de una sustitución radical de los antiguos linajes al frente del poder político y económico, muchos se adaptaron al cambio y aprovecharon las oportunidades de mantener mejores posiciones e influencias entroncando con las familias de las nuevas elites y participando en los nuevos círculos de poder al servicio de la Corona.

Así, por ejemplo, durante ese período de tiempo, en San Sebastián, los Berastegui, descendientes de parientes mayores rurales, entroncan con los Engómez y Montaot, principales comerciantes de la villa; o los Butrón-Múxica con los Idiáquez.

En estos procesos de cambio social y de construcción política y económica no se dieron siempre de forma pacífica, ya que los intereses de los líderes de las nuevas actividades chocaron con los intereses establecidos de los viejos linajes y su actividad tradicional. Así, entre 1578 y 1582 hubo una serie de conflictos por el control del gobierno municipal de San Sebastián. Un choque de intereses entre, por un lado, las elites emergentes dedicadas a las nuevas economías y formados por Miguel de Oquendo y sus amigos y capitanes de mar, que dirigían la preparación de una armada para la campaña de las Azores.

Del otro lado, el círculo familiar de Juan López de Aguirre y sus primos, Martín de Santiago, el alcalde de la villa, y Esteban de Santiago, eran miembros de la oligarquía cargohabiente de San Sebastián a lo largo del siglo y principales hombres de los tradicionales negocios (expediciones a Terranova y comercio con el Norte de Europa) que se vieron perjudicados por las exigencias de la nueva economía de guerra.


PESCADORES


En aquellos enfrentamientos, unos y otros contaron con sus parientes, socios y dependientes, llegando a movilizar a sectores populares. Aquel conflicto se resolvió fue ganado por Miguel de Oquendo y sus capitanes de mar, que ocuparon alcaldías y regidurías durante las últimas década del siglo XVI y el primer tercio del XVII, mientras que Juan López de Aguirre y sus parientes perdieron sus posiciones en el gobierno municipal.

De un modo general, las familias gobernantes de las villas a lo largo de los siglos XVI y XVII fueron aquellas que se hallaban vinculadas a las riquezas de la Corona y del imperio colonial. Esta vinculación, más o menos estrecha, sirvió para reforzar la articulación política de las villas y provincias en el seno de la Monarquía.

Las relaciones en la corte y en las elevadas instancias civiles y eclesiásticas, el control y dirección de economías pujantes a la sombra de la Corona, los cargos y honores al servicio del rey y el control de los cargos municipales y eclesiásticos fueron elementos importantes de la hegemonía en las villas de estas nuevas elites.

El prestigio y la influencia de estas nuevas élites se alimentaron también mediante su política de donaciones, fundando conventos, financiando iglesias y retablos, creando capillas, otorgando donativos a hospitales, a fundaciones asistenciales y a maestros de escuelas.


BASERRITARRA CON VACA Y TERNERA, POR AURELIO DE ARTETA


9. Proceso de Aristocratización

El Proceso de Aristocratización de esta oligarquía conlleva 2 etapas:

1. La formación de la Oligarquía de grandes propietarios de los centros de producción

El proceso de formación de esta oligarquía vasca no es muy lento, la acumulación de varios mayorazgos en un mismo propietario se forma en dos o tres generaciones. Estos oligarcas son en gran número hijos y nietos de indianos que invierten toda la riqueza acumulada en su lugar de oriegn después de hacer la Américas.

La ley del mayorazgo vascongado se basaba en el derecho castellano por el cual, un conjunto de bienes vinculados entre sí podían pasar al heredero, normalmente el mayor de los hijos, de forma que el grueso del patrimonio de una familia no se diseminaba, sino que sólo podía aumentar.

Como ejemplos podrían servir los fundadores de la Sociedad Vascongada Amigos del País. Xabier de Munibe, conde de Peñaflorida, heredero de 15 mayorazgos y 4 patronatos extendidos por las tres Provincias; Felíz María Samaniego, rico hacendado de Laguardia y heredero de tres mayorazgos en Tolosa;  Manuel Ignacio de Altuna, Joaquín de Eguía e Idiaquez, Hurtado de Mendoza y Juintorrea, etc.


2. La ejercicio de poder de esta Oligarquía en su propio beneficio, y restringiendo el poder a los demás, en su caso a las masas de campesinos y personal empleada en sus mayorazgos, patronatos y prebostes rurales principalmente.


MULAS EN LA PLAZA


10. Control político de las Élites cargohabientes

Debido a la continuada prosperidad de esta nueva clase social emergente, aparece la nueva ideología de la clase dominante, conocido como el Igualitarismo. Los denominados oligarcas, que acaban de apoderarse de la tierra, intentan hacer con los poderes locales e integrarse en los viejos linajes, en un proceso de aristocratización.

Estos nuevos propietarios de los centros de producción imponen décimas a los inquilinos de sus tierras y la realización de otros cargas señoriales como hacer carbón, vigilar sus viveros, plantar árboles, etc.

Las cargas señoriales, tanto directas (percepción de diezmos y rentas) como indirectas (privilegios fiscales) contribuyen a crear un clima de descontento que, en un período de crisis, con el odio atizado por la escasez y la miseria, servirá para dirigir la fuerza de la rebelión contra los beneficiarios de tales rentas y privilegios, que se verán endurecidos o amortiguados según el peso de las cargas señoriales.

De esta manera, la estructura económica de la sociedad vasca en el siglo XVIII corresponde a la de una sociedad dividida en diezmeros (perceptores de diezmos) y consumidores (campesinos). En base a esta estructura económica se organizará la superestructura jurídico-política y se establecerán los mecanismos de poder que garanticen a la oligarquía el ejercicio de los cargos de gobierno.

Las restricciones legislativas puestas por la Hermandad Municipal ordenaban que la cualidad de concejal estuviese unida a la posesión de cierta riqueza y disponibilidades económicas.

La condición de vecino se vincula a cualidades nobiliarias, que pese a la generalidad aparente de que todos los ciudadanos eran hidalgos, estas cualidades debían probarse y ser acreditadas. Por eso si un vecino quería ser elegido deberá acreditar su origen familiar, siendo este proceso muy caro. Había que tener los ducados suficientes para entablar el proceso, pagar a los escribanos y a los informantes, acreditar cierto porte de vida, y hasta tener una cierta edad y autoridad sobre los demás.

Este mecanismo de poder "millarista", característico de la oligarquía, gobernó internamente las villas y ciudades de las Provincias Vascongadas desde el siglo XVII hasta mediados del XIX cuando se aplicó la Constitución liberal.


PUERTO DE GUETARIA


Este sistema de acumulación de poder económico, social y político fue descrito por escritores y cronistas, algunas veces criticado con dureza, como fue el caso del jesuita Larramendi:
"Aunque todos sean nobles, no todos pueden entrar en los cargos honoríficos de la república; para eso, además, son menester los "millares" que liarán, esto es, tanta hacienda, que haya de seguridad a la república para sanearse de los daños que puede causarle un mal cargohabiente."
Según la Ordenanzas de las Hermandades, era imprescindible una cierta renta o capital en bienes inmuebles para ser elegido o poder elegir cargos.

En las Ordenanzas municipales de la Hermandad de Azpeitia de 1463, establecen que los cargos de la Provincia deben ser "buenos omes, ricos, e abonados", a comienzos del XVI Azpeitia tenía tres mil habitantes y a sus concejos abiertos acudían a veces más de trescientos hombres.

Estas ordenanzas reformadas en 1705, establecía:
"Que los electos para Alcalde y Fiel sean entre todos los vecinos más ricos abonados de la primera representación y autoridad y que los Regidores sean hombres principales, buenos cristianos, ricos y de experiencia."

Según el escritor Gurruchaga, en la Azpeitia de fines del siglo XV (cuando la oligarquía aún no estaba organizada) de 3.000 vecinos que tenía la villa, eran concejales 300 (un 10 %). En el siglo XVIII, con una población de cerca de 5.000 había únicamente de cuarenta a cincuenta "millaristas" algo menos del 1%.

En las Ordenanzas de Rentería, de 1606, con una oligarquía en formación ya se establece la cantidad de riqueza necesaria: "los alcaldes, jurados mayores, mayordomo y sindico poseyesen cada uno de ellos cien mil maravedis en bienes raíces".

Para ser cargo elector y elegible en Elgoibar se requerían 500 ducados. En Tolosa "Se operaba una distinción entre los electores de cabeza entera (6.000 mrvs. de bienes raíces en el término jurisdiccional de la villa) y los de media cabeza (3.000 mrvs. si bien eran solo e1ectores, pero no elegibles)"

En el caso de Oñate, las Ordenanzas de 1762 disponían que para ser electo eran necesarios "500 ducados de vellón en bienes raíces en el distrito y jurisdicción de esta villa, libres de todo censo, deuda y gravamen, y qua no estén en concurso, ni privados de su goce y administración".


BOINAS EN LA PLAZA


Según el historiador local Ramiro Larrañaga, Soraluze/Placencia de las Armas exigía en sus Ordenanzas, además de ser noble de sangre y de vida honesta, la condición de "millarista" (posesión de bienes suficientes) para ejercer cargo público.

El derecho a la "hidalguía universal" fue establecido por los reyes castellanos para todos los vizcaínos, por pertenecer a lugar y linaje conocidos, y tener sangre limpia sin ser contaminada por los invasores islámicos. Pero este tipo de privilegios que consideraba a todos los vizcaínos como nobles, no dejó de ser  pura retórica, que nunca pasó a la práctica entre nobles y súbditos.

Lejos de existir una sociedad equilibrada de poderes y libertades, donde impase un Igualitarismo entre sus miembros por derecho de hidalguía, ocurrió todo lo contrario. Las diferencias entre los nobles y villanos se acrecentaron y agravaron más entre ambos estamentos sociales con respecto a otras jurisdicciones del Reino de España.

Con todo esto, así surgieron las machinadas, revueltas producidas durante los siglos XVII y XVIII, que tiene su origen en la actitud de las masas campesinas al final del Antiguo Régimen por las crisis de subsistencia ante la escasez de alimentos y la fuerte carga tributaria de los oligarcas locales.

Como en tantas partes de España y de Europa, solo los hacendados en inmuebles o heredades en tierras disponían de voto y de capacidad para ser elegidos gobernantes municipales o provinciales.


LAYADORES, DE AURELIO ARTETA


11. Machinadas: Revueltas socioeconómicas en la Modernidad

Durante los siglos XVII y XVIII, se dan una serie de revueltas sociales denominadas Asonadas o Machinadas, en referencia al patrón de los ferrones, San Martín, porque las bases de estos insurrectos están compuestas de ferrones y campesinos. Su origen radica en la aparición de circunstancias desfavorables como una coyuntura agraria grave, la exigencia de tributación y la exigencia de aportación militar.

Los fueros garantizaban: La hidalguía universal, la exención fiscal de determinados productos, y la exención del servicio militar, así como la libertad de comercio. Pero se cometen algunas infracciones en cuanto al cumplimiento de estas leyes forales, bien por parte de las Juntas Generales Provinciales o bien por mercaderes, clérigos y clase urbana. Se producen entonces una serie de insurrecciones entre las clases trabajadoras como los campesinos y ferrones contra la burguesía dominante de las instituciones de Gobierno Provincial como comerciantes y notables urbanos.

Estas revueltas sociales se producen en el marco de los diversos levantamientos que se tiene lugar en el Reino de España durante los siglos XVI, XVII y XVIII, como la revuelta de las Comunidades de Castilla y la de los Segadores de Cataluña. Son también las primeras luchas entre el campo y la ciudad.


Las victimas de estas insurrecciones populares son hombres poderosos con beneficios agrarios, cosecheros de vinos, propietarios rurales o inversores de negocios y clérigos como por ejemplo Domingo de Castañeda, alto funcionario de la Audiencia del Corregidor en 1632, Pedro Fernández de Castañeda, alcalde de Bilbao, y Pedro de Villela, comisario de galeones.

En las aldeas se iniciaban las revueltas para dar muerte a los poderos que no respetaban las leyes forales y derechos de las clases más desfavorecidas. Esta era la mentalidad de esta clase social y en una época preindustrial. En las machinadas de 1718 y 1766, las más graves, la insurrección se produjo por la escasez de grano de maíz ante el establecimiento de aduanas que también incrementaron el precio. Se sublevaron los comerciantes porque controlaba el tráfico de mercancías y los campesinos porque controlaba el contrabando.

Ante la brutalidad de ferrones y campesino, estas asonadas fueron durísimamente reprimidas por las instituciones de la Provincia y Ayuntamientos, pasando a garrote vil a decenas de personas, y llevando a prisión o condenando al destierro a multitud de otras.

Los amotinamientos y revueltas sociales, no se producen en defensa de los fueros, sino de las ventajas fiscales y garantías de subsistencia que contienen estos ordenamientos jurídicos forales. También es una lucha entre los conservadores de la burguesía rural y clerical contra los comerciantes y clases liberales urbanas. Supone un preaviso de lo que sucederá en el siglo XIX con las guerras de la legitimidad monárquica o cambio de régimen.


Las causas de las machinadas fueron de tres tipos: económicas, políticas y sociales.

1. Económicas: la escasez de grano o la imposición de impuestos o aranceles en época de carestía podía provocar la rebelión de los campesinos, secundadas por los trabajadores de las herrerías. Así sucedió en 1739 en Azpeitia, en que el precio del pan fue la causa principal de la revuelta.

2-. Políticas: las provincias vascas disfrutaban de unos fueros reales generosos que garantizaban privilegios como la "hidalguía universal" de vizcaínos y guipuzcoanos, la exención fiscal de ciertos productos o la exención del servicio militar. El intento de rebajar o anular estas ventajas políticas, económicas y sociales también llevó a levantamientos, como el de 1731 en Irún por una leva militar, o la Machinada de 1717, uno de cuyos catalizadores fue el decreto que trasladaba las aduanas del puerto interior al puerto de mar, lo que suponía un grave perjuicio para el comercio vizcaíno.

3. Sociales: tras las guerras de banderizos de finales de la Edad Media, las mayores tensiones sociales se producían ahora entre los sectores rurales (donde los campesinos y los jaunchos compartían intereses) y la naciente burguesía, que solía aparejar el poder político provincial y real. En este contexto, las Machinadas también pueden interpretarse como levantamientos de los campesinos contra el poder de las ciudades.


Se produjeron machinadas en:

1638, 1639, 1718: por el intento de trasladar las fronteras (en éste último año se quemaron los barcos aduaneros y se mató al recaudador de impuestos).

1731: en Irún a raíz de la leva de marinería

1733: en Placencia de las Armas, por la fábrica de armamento

1738: en Vitoria se levanta el pueblo contra los notables

1739: en Azpeitia por la subida del grano o pan

1749: en Hernani por recortes de tierras comunales

1766: los de Azpeitia y Azkoitia para que bajen el precio de los granos, sumándose a la misma pueblos de todos las provincias

1773: se dan revueltas en Donostia por la subida del impuesto de la sidra

1784: se dan revueltas en Vitoria por las restricciones en la venta del vino

1803: en Vitoria otra vez, una multitud ataca la casa del recaudador de impuestos

1804: se produce en Vizcaya la última de las machinadas, la Zamacolada



12. Machinada de 1718

La fuerte depresión producida por las malas cosechas y las demandas fiscales de 1713, precipitaron la asonada por causa del Real Decreto de 31 agosto 1717, por el que se intentan trasladar las aduanas interiores o fronteras económicas a los Pirineos y a los puertos de mar. Ello implicaba un gravamen sobre los productos importados, que en el caso de las zonas costeras suponía el incremento de precios de los artículos básicos de consumo.

Aunque los sucesos más sangrientos ocurrieron en Bilbao, el radio de localización de la revuelta es amplio: Mundaca, Vergara, Mondragón, Motrico, Deva, Elgoibar, Eibar, Placencia, Elgueta, Arechavaleta, Escoriaza, Salinas de Leniz y Oñate.

Los acontecimientos se desarrollaron entre el 31 de agosto de 1717 y el 1 de enero de 1723, aunque lo más grave sucedió entre marzo 1717 y enero 1718.

Se quemaron casas de notables, ultrajaron a clérigos, eliminaron físicamente a oligarcas, entre ellos al Diputado General, Enrique Arana.

Los vecinos de Bilbao se armaron para defenderse de los campesinos, ya que la asonada llegaba a Somorrostro, Portugalete, Bermeo. Y se difunde a Guipúzcoa, concretamente al valle de Deva. Felipe V envió al mariscal Blas de Loyola al frente de tres mil hombres, y al fiscal general del reino.

Los protagonistas del motín fueron los campesinos de Begoña, Erandio, Abando, Deusto, Sondica, y la animosidad se centraba contra los notables rurales y autoridades forales y la oligarquía, que englobaba a patronos y comerciantes.

La represión se saldó con 32 penas de muerte, penas de prisión, multas y confiscaciones de bienes. Sin embargo los amotinados consiguieron la modificación del Real Decreto de 1717, al obtener la exención de gravámenes a los productos que se importasen para el propio consumo, excepto para el cacao, azúcar, tabaco y demás productos coloniales.


PORTUGALETE, POR ECHARTE


13. Machinada de 1766

El foco del motín se localizó en Guipúzcoa, capitaneada por Azcoitia y Azpeitia, en las zonas de Elgoibar, Eibar, Mondragón, Deva, Motrico, Zumaya, Cestona, Guetaria y Zarauz, prolongándose tímidamente hasta Hernani. Mientras que las fuerzas defensoras del orden establecido son los donostiarras, autoridades y comerciantes, aunque las villas de Tolosa y Vergara se posicionaron con las autoridades. Se produce, por lo tanto, otro choque entre la burguesía y el campesinado, el campo contra la ciudad.

Es obvio que en la expansión de las matxinadas tuvieron siempre un papel determinante las redes de tabernas, mesones, mercados, ventas y ferias, y la presencia de notarios y secretarios municipales. Los aldeanos, a toque de campana tañida, se congregaban en las puertas de los ayuntamientos y se decidía la partida hacia los centros de poder, siendo destacable el papel dirigente de las mujeres campesinas.

Los matxines actuaban contra los estancos, aduanas, levas y acaparamiento de comestibles, con la profunda convicción de que los precios deberían ser regulados en épocas de escasez y que los comerciantes acaparadores son los criminales, los saqueos, muertes, incendios formaban parte de un ritual purificador. Por otra parte, protestaban y actuaban sin negar ni poner en duda su lealtad a la Corona.

Al grito de "Viva el Rey" y "Viva los Fueros" recriminan la violación de las libertades aldeanas por parte de recaudadores de impuestos, comerciantes y malos gobernantes provinciales.

El alcalde de San Sebastián, Manuel Arriola, junto al coronel Kindelan y con 300 soldados, más los vecinos de Irún, Oyarzun, Rentería, Hernani y Urnieta partió en dirección a Azpeitia.

En Loyola detienen a 74 oficiales y peones que trabajaban en la construcción del colegio de los Jesuitas, junto con otros detenidos posteriormente, sumando más de trescientos en dos días. Los encausados fueron juzgados de forma sumarísima y se dictaron varias penas de muerte (no ejecutadas) y numerosas multas, confiscaciones de bienes, destierros y prisión en galeras.


MERIENDA VASCA EN ONDÁRROA


14. Zamacolada de 1804

La última de las Machinadas, en 1804, conocida como la Zamacolada, debe su nombre a su protagonista, Simón Bernardo de Zamacola. Es uno de los últimos ejemplos de este enfrentamiento entre los juanchos, aristócratas rurales, y los burgueses, en especial los bilbaínos. Esta revuelta, exclusivamente vizcaína, es la causa de la diferencias de intereses entre la burguesía mercantil bilbaína y la aristocracia rural.

Entre 1801 y 1804, se produjeron varios hechos que llevaron a la revuelta: las Juntas Generales de Vizcaya, liderados por Simón Bernardo de Zamacola proponen la creación de un puerto en Olabeaga, es decir, fuera de Bilbao. Esto conlleva que los barcos no lleguen hasta el Arenal, en el centro mismo de Bilbao, resultado muy perjudicial para el comercio de la ciudad.

En 1804, son enviados representantes de la Juntas Provinciales a las Cortes, entre ellos varios ilustrados de la Sociedad Bascongada de Amigos del País, obtienen la aprobación en Madrid para la construcción de un puerto libre en Abando. En el mismo año las Juntas aprueban un proyecto de Servicio Militar Obligatorio para toda la provincia.

Ante estas dos medidas, suceden revueltas en Bilbao, siendo apresados el Corregidor de la Corona y las autoridades provinciales, apoderándose del depósito de armas de Abando. Los amotinados consiguen que la Juntas revoquen el proyecto de Servicio Militar, pero en compensación acuerdan pagar a la Corona un millón de reales.

Esta última medida impositiva fue la que provocó el estallido de las anteiglesias cercanas a Bilbao, en especial la de Begoña. El promotor de la idea tiene que huir. Tanto el Ayuntamiento de Bilbao como la Diputación solicitan el envío de refuerzos al ejército.

Con ello comienza la represión, condenando a los municipios tumultuosos y a la Villa de Bilbao a sufragar los gastos de manutención de las tropas desplazadas. Las Juntas Provinciales condenaron a los responsables con penas de prisión, con el cumplimiento de del servicio militar, con el destierro o con multas.


DÍA DE FIESTA, POR JOSÉ ARRÚE


EDAD CONTEMPORÁNEA


15. Ascenso de las Oligarquías del siglo XVIII

Durante el siglo XVIII, muchas familias ascienden rápidamente en la jerarquía de las instituciones de la Administración central, del Ejército y Marina y de la Iglesia, y ocupan posiciones de gran poder económico y financiero en los mercados de la Peninsular y de las Indias, de forma mucho más rápida de lo que era habitualmente en los procesos de ascenso social típicos de los siglo XVI y XVII, pasando incluso, en dos generaciones, de campesinos comerciantes a virreyes o consejeros reales.

Este el caso de los alaveses Ruiz de Apocada, de los vizcaínos Negrete, Ordeñana y Gardoqui, o de los baztaneses Goyeneche, Gastón de Iriarte, o Múzquiz, entre tantos otros. Esta movilidad social provoca la diversificación y multiplicación de estamentos y clases sociales muy diferentes, incluso dentro de un mismo grupo de parentesco.

Campesinos, comerciantes, virreyes, generales, obispos y títulos pueden ser entre sí hermanos o primos, o tíos y sobrinos, y mantener relaciones estrechas, formando parte de una misma red social, un círculo de intereses diversificados entre las instituciones de la Monarquía, con conciencia de pertenencia grupal y con intercambios de servicios y solidaridades entre sus miembros.

Estas élites forma un nuevo estamento social mezcla de elementos “nobles” y “burgueses” que, muestran una diferenciación novedosa con respecto a la tradicional aristocracia del Antiguo Régimen. En algunos casos, son familias de la nobleza media que consiguieron títulos durante su ascenso social en el siglo XVII, en otros, son familias con ascensos muy rápidos y recientes. Como gozan de hidalguía originaria, o de nobleza universal, les resulta más fácil acceder a las posiciones de estatus y gobierno reservados para aristócratas.

Ministros como Juan Bautista de Iturralde, marqués de Murillo, Sebastián de La Cuadra, marqués de Villarías, Juan Bautista de Orendain, marqués de la Paz, o Miguel de Múzquiz, conde de Gausa, son nobles, pero también fueron campesinos.



CAMINO DE LA FIESTA, POR AURELIO DE ARTETA


Provenientes de familias de aldeas y villas montañeras que gozaron de hidalguía colectiva, consiguen su ascenso a las altas instituciones de del Estado, mediante el desarrollo de negocios mercantiles y financieros, o gracias al apadrinamiento de sus parientes vinculados. Una vez que consiguen títulos nobiliarios y cargos en la alta administración, continuaron con sus negocios mercantiles y financieros, a veces como socios capitalistas de sus parientes comerciantes y banqueros.

Este nuevo estamento social del siglo XVIII significó el tránsito de las elites dirigentes del Estado, que mostró una mayor relación entre el paso del Antiguo Régimen al Estado liberal, que una transición del feudalismo al capitalismo. La revolución liberal en España fue una revolución política realizada por “notables”, antes que un tránsito socioeconómico desarrollado por “burgueses”. Una clase dirigente surgida en el proceso de construcción del Estado burocrático, financiero y militar que derivó en la formación del Estado liberal y constitucional.

La característica más destacable de estos agentes es que se trata de elites administrativas, financieras y mercantiles que se relacionan con la construcción económica, administrativa, militar y cultural del Estado moderno.



Desde finales de la Edad Media, según se consolidaba la Monarquía hispánica, familias de nobleza vasca y navarra integradas a su servicio fueron entroncando con familias de las aristocracia castellana y aragonesa, como muestran las trayectorias de los condes de Orgaz, Ayala, Salinas, Javier, Lerín, y sus dominios pasaron a formar parte de los grandes estados castellanos, como el ducado del Infantado, el ducado de Alba o el ducado de Granada de Egea.

Pero, la dinámica de las familias del siglo XVIII fue diferente, ya que las alianzas principales entre administradores, financieros, comerciantes y militares se establecieron entre la clase de nuevos servidores de la Monarquía, por su posición y cargo desempeñado, antes que por su titulación nobiliaria. Ejemplos fueron las alianzas de los Goyeneche-Balanza-Ovando, los Múzquiz-Clemente, los Uztáriz-Fajardo-Montserrat, o La Quadra-Las Casas-O´Reilly-Girón.

Estas elites, aun siendo nobleza titulada, se sintieron diferentes de la aristocracia tradicional, y creían en otros valores. Aquellas carreras y empresas en el ámbito de la Monarquía tuvieron importantes consecuencias en las comunidades de origen: desviaron hacia sus familias abundante riqueza, aumentaron las haciendas locales y provinciales, reconstruyeron sus casas y palacios, representaron de diversas mareas su hegemonía y practicaron un intenso patrocinio mediante su política de donaciones construyendo iglesias, ermitas y capillas, fundando conventos, capellanías, escuelas, hospitales y obras públicas.



16. Fractura social del siglo XIX

La participación de estas élites en este proceso de construcción política, social y cultural fue un fenómeno diferencial que conllevó resistencias y fracturas internas. Una parte de la nobleza navarra y vasca se había quedado el margen de aquel fenómeno, manteniéndose circunscrita a los límites tradicionales del Viejo Reino y los territorios históricos.

Incluso, es probable que aquellas familias de la vieja aristocracia hubieran quedado resentidas al ser desplazadas por la nueva oligarquía. Como ejemplos los baztaneses en Navarra, que patrimonializaron palacios e incluso lo intentaron con la catedral de Pamplona.

Se produjo una fractura entre elites tradicionales y elites progresistas o liberales. Las diferencias entre conciencia política y entorno sociocultural entre unas y otras elites tuvieron consecuencias notables para las posteriores defensas ideológicas durante las Guerras Carlistas.

Así lo puso de manifiesto en sus Memorias Joaquín Ignacio Mencos, conde de Guendulain: “Puede asegurarse que la opinión popular, la de la clase media en general, y la de la nobleza más autóctona en el país, pertenecían al partido del Pretendiente don Carlos V. Una parte del alto comercio, y las casas más relacionadas con la Corte y que contaban sus hijos en el Ejército nos habíamos declarado en favor de los derechos de la hija (Isabel II) del difunto Monarca Fernando VII”.

Las elites ilustradas del último tercio del siglo XVIII, evolucionaron durante el siglo XIX a las elites liberales, especialmente moderadas, que fundaron la Nación liberal y constitucional.