RELACIONES FRONTERIZAS DE LOS PIRINEOS

RELACIONES FRONTERIZAS DE LOS PIRINEOS

Historiadores y arqueólogos coinciden en señalar que la cultura neolítica fue común en ambos lados. La red viaria construida por el Imperio romano para permeabilizar la alta montaña y llevar su gobierno a los confines, determinó durante siglos el esquema de las comunicaciones.
 
Posteriormente, la presión de la invasión musulmana por el sur y la carolingia por el norte, originaron notables movimientos de población en dirección a los Pirineos, lo que le confirió un papel geopolítico de primer orden.
 
El Camino de Santiago sirvió como cauce de intercambio cultural y económico, al tiempo que los regentes y condados a uno y otro lado establecían acuerdos o declaraban guerras que desde la Edad Media han venido determinando las características de cinco áreas culturales bien definidas: vasca, gascona, occitana, catalana y aragonesa.
 
La orografía, el clima y la economía, por un lado; las costumbres, la religión o la política, por otro, han marcado diferencias entre los habitantes de ambos espacios de la alta montaña, pero precisamente por ello, se han propiciado los intercambios y las interrelaciones de todo tipo.
 
También lógicamente, han surgido los conflictos y las diferencias, en muchas ocasiones a propósito de la utilización de pastos, del movimiento de ganado en busca de las mejores hierbas en cada temporada, o de la propiedad de las aguas. Los montañeses han resuelto sus diferencias mediante un sistema de alianzas o tratados todavía vigentes que se conocen como facerías, pactos para poner orden en sus relaciones comerciales y administrativas de vecindad. Entre los más antiguos se cita el Tratado de las Tres Vacas, que vincula a los valles de Batetous y Erronkaribar (Roncal), concretamente a los pastores de Issor e Izaba, enfrentados violentamente por el aprovechamiento de aguas y pastos. El pleito quedó resuelto el 6 de octubre de 1375, comprometiendo a Issor al pago anual a sus vecinos roncaleses de "tres vacas de dos años, de un mismo pelaje y cornaje y sin tacha de lesión alguna".
 
Entre la guerra civil de 1936-39 y la posguerra, la frontera pirenaica quedó clausurada para la entrega de ayuda a la República por acuerdo del Comité Internacional de No Intervención, aunque ello no impidió totalmente el paso de voluntarios y apoyo material para los defensores de la legalidad. Cuando ya todo estaba perdido, los refugiados españoles buscaron en el país vecino a través del paso de Portbou acogida y paz, aunque encontraron campos de concentración, humillación  y maltrato. Pero sin duda, uno de los episodios bélicos de mayor proyección tuvo como protagonista a la 43 División, al mando de Antonio Beltrán, que logró el paso desde Bielsa, por el Col de la Gela y en dirección a Aragnouet, de más de cinco mil civiles asediados por las tropas franquistas.
 
A pesar de la clausura de la frontera, durante la Segunda Guerra Mundial la actividad fue notable por casi medio centenar de pasos que sirvieron para poner a salvo a civiles y militares del bando aliado que, huyendo del nazismo y con la ayuda de guías o passeurs, avezados contrabandistas en muchos casos, entraban de manera clandestina gracias a redes organizadas. Una de las más activas, integrada en la organización Pat O´Leary, la dirigió el anarquista Francisco Ponzán. Con base en Tolosa de Languedoc, utilizaban los pasos de Andorra, pero también burlaron la vigilancia de fronteras a través de Puigcerdá y Banyuls. En territorio vasco y navarro actuaron redes como la Marie Clarie, Combat... Los refugiados eran conducidos a Gibraltar o Portugal y puestos a salvo en avión o en barco.
 
Los Pirineos también fue escenario de enfrentamientos armados entre los resistentes republicanos, el maquis y la guardia civil. En octubre de 1944 se realizó una gran operación de invasión por Val d´Aran, Erronkari (Roncal), Echo, Boltaña y Ordizeto. Durante más de una década miles de estos combatientes dejaron su vida en una montaña que, paradójicamente tanta vida ha procurado a lo largo de los siglos. Una montaña hoy, definitivamente, sin límites.