GUERRAS Y ALIANZAS DE FRONTERA

GUERRAS Y ALIANZAS DE FRONTERA

Por derechos de guerra contra Inglaterra, a mediados del siglo XV y comienzos del XVI, el rey de Francia se hizo con las regiones Basques del Labort (Lapurdi). La Baja Navarra o Navarra norpirenaica y el Bearn sólo fueron Francia desde 1620, a partir del acta de anexión de Luis XII, hijo de Enrique IV, rey francés y navarro, y vizconde de Bearn.
 
La parte sur-pirenaica del reino de Navarra fue anexionada a Castilla por conquista, a comienzos del XVI con la decisiva participación bélica de los guipuzcoanos.
 
Desde principios del siglo XVI, el Pirineo Occidental fue una linea permanente de fuego contra la monarquía hispana por franceses y navarros, casi siempre coaligados entre sí, y desde Enrique IV, unidos.
 
Una villa de frontera de la época sabe lo que es guerra y siempre tiene por enemigos al vecino fronterizo, que es considerado de la peor calaña, y cuando peor se le considere más noble será la causa de la defensa. La ceremonia vecinal es siempre un alarde militar, una revisión anual de los vecinos armados y dispuestos en formación militar para procurar la defensa de la villa.
 
 
En 1558, según narra el alcalde de Tolosa, el bachiller Martínez de Zaldivia, que pasó una temporada en Fuenterrabía, narra el terrible saqueo de San Juan de Luz, cuando una alianza de guipuzcoanos y navarros tomó represalias directas contra otro navarro, el señor de Labret cuyos territorios arrasaron, pero sobre todo contra la capital de Labort. Comenta que la fama de aquellas gentes les llega por ser muy beliciosa, dedicadas especialmente al corso y a la piaratería de barcos que llegan de las Indias, y con cuyas riquezas construyeron grandes edificios.
 
Según testimonia Lope de Isasti, también unos años antes, en 1541, hicieron otro saqueo, quemando la villa y dando muerte a muchos franceses, hasta la recuperación de Fuenterrabía, como represalia a la toma de este villa por los franceses. Comenta por propia experiencia, los tres ataques sucesivos que los franceses hicieron en Behobia sin lograr poner pie en España por la resistencia de los guipuzcoanos.
 
Tras presentar Fuenterrabía como villa de frontera del Reino de Castilla, escribe que "de los términos que dividen los reinos de Castilla de los de Francia, que tocan a la jurisdicción de Fuenterrabía, se ha tenido partucular ciudado para defenderlos, porque ha habido grandes contiendas resultando de ellas muertes y pleitos con los de la casa de Urtubia y lugar de Endaya eb Francia; y para tomar asiento en ellos con comisión de los señorores Reyes de Castilla y Francia fueron nombrados..." Isasti describe los robos y daños que hicieron los franceses desde 1550 hasta 1555, motivo por el que los guipuzcoanos fletaron una armada, apresaron miles de embarcaciones de diverso tamaño durante años y asolaron las ciudades portuarias francesas del Golfo de Vizcaya.
 
Isasti, comenta que en el año 1579, la Provincia de Basques y Biarne organizaron una grupo de asalto para atacar Fuenterrabía. Los guipuzcoanos intentan frenarles al paso de Beobia, batiendoles en retirada.
 
Sobre Irún, Isasti describe que “Irun Uranzu es pueblo bien conocido y respetado de franceses, muy pasajero y ultimo de toda España por la parte de Oriente, de 400 vecinos fronterizos y belicosos, que por estar tan cerca de Francia es fuerza, que siempre estén sobre sus armas: y para demostración de esto hacen alarde cada año en dia de San Pedro, y se juntan hasta 300 hombres naturales de la tierra con sus arcabuces muy puestos en orden, dispensando con gran destreza... En todos los rebatos de Francia (sus habitantes) son los que primero salen a la defensa, y le impiden la entrada de España así con armas, como cegando los caminos; y envian derepente avisos a toda la provincia de Guipúzcoa, para que acuda con sus armas, y toda la gente se suele alojar en este pueblo”.
 
Incluso marca la distancia fronteriza entre Irún y un castillo francés sito justo en frente, en Beohobia, a dos tiros de arcabuz del rio Bidaso, raya de Francia.
 
Descibe el espectacular alarde de Irún de 1582, por haber participado en él, y ante la llegada de un emisario de Felipe II. Martínez de Isasti, de apellido y casa de linaje noble, llega a magnificar la contribución que los Parientes Mayores han hecho para guardar la frontera guipuzcoana con Francia frente a los ataques, como es el caso de Juan Beltrán de Iraeta.
 
En 1654, el jesuita pamplonés Jose Moret escribió en latín el libro Empeños del valor y bizarros desempeños, con el subtítulo El Sitio de Fuenterrabía, en el que describe el salvaje asedio que duró más de dos meses, en verano de 1638, y que terminó con una victoria pírrica de los guipuzcoanos con el concurso de las tropas reales y de las navarras. El libro documenta el contexto político de la épica, la etnografía descriptiva del asedio basada en los diarios de guerra de la villa, y poniendo de relieve al caballero pamplonés de la Orden de San Juan de Malta y Gran Prior en el reino de Navarra, Martín de Redín y Cruzat, a quien dedica su obra.
 
El asedio de Fuenterrabía de 1638, ocurrió en gran conflicto social de sus vecinos con su alcalde, Domingo de Egia, por litigios jurisdiccionales, que solucionaron en la defensa del bien común. Según cuenta Moret, la motivación de la resistencia de la ciudad no persigue la defensa del territorio español sino la honra española: "todo el peso de la honra española cargaba sobre sus hombros".
 
La obra de Moret no sólo relata la conciencia de la naturaleza guerrera y fronteriza de los guipuzcoanos, que se exigían una ferrea solidaridad para protegerla, también de los navarros que, participaron activamente en la defensa del sitio para mantener su propia linea jurisdiccional.
 
Y es que al carecer de plazas fuertes en el contorno pirenaico, la organización militar de los navarros combinaba diferentes forma de resistencia militar y civil. El valle de las Cinco Villas montó 1.500 hombres armados y hubo de privilegiar una defensa semiguerrillera y vecinal, pueblo por pueblo. En Vera, que domina el Campo de Labort y propicia para las escaramuzas, se aprovechó la cercanía de las casas entre si para cercarlas, a modo de trinchera de defensiva, tras distribuir en ellas a los vecinos de las casas más dispersas en el monte. La zona de Maya, compuesta por Errazu, Arizkun y otros lugares del Bazán, contó con 800 hombres armados, mientras que Burguete aprovechó su emplazamiento fortificado, dirigido por el caballero militar Redín, el cual organizó en Valcarlos unas guerrillas en el valle del Rocal, Salazar y Ayencoa.
 
Cada vez que Moret trata un lugar fronterizo lo expolica en términos como "contiguo a", "confinante con", o con los verbos "alindar" y "confinar", por ejemplo en frases como "Vidasoa es lindero entre España y Francia" o "el fuerte de Burguete que está en los Pyrenéos junto a Roncesvalles". Moret llama a los navarros de España como "montañeses del Pyrinéo" y "españoles que alindan por el Pyrinéo", considerando a esta cadena montañosa un lugar de paso, una linde con dos lados habitados por gentes españolas y francesas, abundando en sus escritos el apelativo "pasos del Pyréneo"; así era también para Alesón, quién le sudeció en la culminación de su crónica del reino de Navarra, iniciadas por encargo de las Cortes navarras, quien consideraba que los que daba al otro lado de los montes era la baja Navarra o lado francés del Pirineo.
 
Sin embargo, ambos jesuitas y cronistas navarros no imaginaban necesaria una unificación de dichas jurisdicciones entre diversos lugares pirenaicos a base de laguna centralización jurídica y militar. Así como Isasti se consideraba español por ser guipuzcoano de Lezo, Moret también se consideraba español pero por ser navarro de Pamplona cuyo padre era amigo del linaje de los Redín de la misma ciudad. Sobre Redín, Moret explica que dejó sin tropas a Pamplona para enviarlas en socorro a Fuenterrabía, porque así se lo pidió el Rey, de quien era él servidor, y lo había sido antes en Galicia, gobernandola en sus lindes contra los ejércitos portugueses.
 
Moret legitima que tras la victoria de Fuenterrabía, la villa recibe de Felipe IV cuantiosas y urgentes mercedes jurídicas, las reparaciones de las murallas y casas destruidas y se la concesión de la prebenda del paso de la ría, en perjuicio de Irún, y de Patronato de la iglesia de Elgoibar.
 
Según Gorosabel, a la villale supo a poco estos privilegios y decidió pedir al rey otras más, por haberle defendido la plaza, elaborando una reclamación de 23 mercedes suplementarias: exención de tributo y concesión de tercias reales; el derecho exclusivo del desembarque de mercancías hacia Navarra y Aragón (en posesión de Bilbao y San Sebastián); la modificación de los usos de las Juntas de Guipúzcoa para que Fuenterrabía ocupe el primer asiento y voto; la disposición de cédula rela confirmando todos los privilegios, fueros, exenciones y costumbres de la villa, incluyéndose en ellas las ejecutorias que tenían ganadas a Irún, Lezo, Pasajes, barrio de Jaizubía y otros pueblos; el derecho de exclusivadad de contrabando en estos lugares colindantes; el traslado de la feria franca que se hacía en Irún en septiembre a Fuenterrabía; etc.
 
Para los vecinos de Fuenterrabía, ganar una batalla contra Francia, en el marco de la Guerra de los Treinta Años, con el decisivo apoyo de las tropas de la Provincia, del rey y de Navarra, fue considerado como un acto de servicio al rey en beneficio de sus dos provincias (Guipúzcoa y Navarra), pero también como un acto para conseguir privilegios y mercedes a la villa. Mercedes suplementarias que Felipe IV no concedió y que a las demás villas colindantes les pareció muy bien, puesto que ellas también merecían.
 
Y es que los Austrias solían llevar la contienda de sus guerras hasta el límite de sus fronteras y privilegiar a las provincias y villas que las defendieran. La gesta vasca creció en esa estrategia de los Austrias, y la frontera guipuzcoana fue su trampolín. Para los eclesiásticos vascos y navarros que narraban los hechos de estas contiendas, las consideraban justas y lícitas debido a su creencia nobiliaria en la jerarquía natural de los humanos.
 
Consideraban lícitas estas guerras en toda la cristiandad, para combatir el protestantismo, con la autoridad del Papa, Emperador o Rey; y consideraban causa justa, para la recuperación de la fe, salvación de la patria y de los cristianos.
 
Pero también hubo alianzas entre soberanos y entendimientos entre sus nobles terratenientes. Lope de Isasti presenció en persona, en 1615, a las entregas matrimoniales que se hicieron el ríos Bidasoa entre la infanta Ana de Austria (hija de Felipe III) con el Borbón Luis XIII; y a la vez, entre la hermana de éste, Isabel de Borbón con el príncipe Felipe IV. El mismo Tratado de los Pirineos, trata en gran medida de alianzas, asuntos comerciales o concesiones jurisdiccionales. Y es que tras las durísimas batallas de los años 30 en la frontera guipuzcoana, y de los años 40 en el entorno de Perpiñán, sitiada y tomada por Francia, los reyes franceses ya se habían resuelto por trazar una línea de frontera exterior de todo un mismo y unificado interior, el único para todas las regiones francesas.




FUENTERRABÍA, EL INICIO DE FRONTERA

Fuenterrabía es un ejemplo arquetípico de lugar defensivo y fronterizo de un dominio personal, pues pertenece al rey de España y está enclavada en el último tramo del río Bidasoa, que en el periodo austracista, ambas orillas son jurisdicción propia.
 
Así fue el inicio de la frontera franco-española, y así describe esta villa el mejor informante local de comienzos del XVII, un vecino de Lezo, el sacerdote Lope Martínezde Isasti:
 
"Esta villa está fundada en lo último de España en frontera de Francia. Es plaza fuerte, cuyos muros bata el mar Cantábrico y la baña el río Vidaso, el cual divide a España de Francia, y todo él es de la Corona de Castilla y jurisdicción de esta villa..."
 
"El río Vidaso, es mojón entre España y Francia por sentencia dada entre ambas naciones, y la villa de Fuenterrabía está en continua posesión, gozando los honores y provechos del río: y la justicia pasa a la otra parte de la ribera y al baja mar hace sus asuntos judiciales y escrituras".
 
"La gloria de ganar este río, y ser distrito de España se debe principalmente a los del pueblo de Irun Uranzu, jurisdicción de esta villa..."
 
"El rey Alonso XIX le dió un privilegio en la era de 1240, que es del nacimiento de 1203, por el cual le hace merced de los términos de Fuenterrabía, que en él se señalan..."
 
"Ha sido sitiada diversas veces por ejércitos de franceses, que la han combatido y se han defendido con valor en compañía de la gente de Guipúzoca, y de los circunvecinos, haciendo notables batallas..."

La Fuenterrabía de los Austrias es un típico lugar de límites en la Europa premoderna, un espacio muy relevante por ser lindero de jurisdicciones poco claras con otra villa, San Juan de Luz, que incluye Hendaya, donde asienta como señor el rey de Francia; a principios del siglo XVII, se trata de un navarro-bearnés, quien además era rey de la Navarra norpirenaica. Por eso, los monarcas españoles fueron otorgando a esta villa una muy amplia jurisdicción y de muy especiales prebendas, aunque como en cualquier otro lugar sus competencias internas estén claramente delimitadas entre el alcalde (de los vecinos), el Corregidor (del rey) y las Juntas generales (de todas las villas de la Provincia de Guipúzcoa).
 
Como los vecinos de Fuenterrabía se hallaban siempre en pie de guerra, en cada acto de defensa reivindicaron prerrogativas y privilegios que fueron perjudicando los derechos e intereses de las villas contiguas, e incluso, perjudicando a una institución de rango superior como es la propia Juna Provincial.
 
Fuenterrabía se hallaba siempre en pleitos por reivindicaciones de jurisdicción, o por peleas sangrientas, como por ejemplo con los de Hendaya, los otros ribereños del Bidasoa, a cuyos habitantes no pertenece el río. Lezo también denuncia a Fuenterrabía, porque sus habitantes desean seguir apacentando ganado en sus tierras o sin tener que pedir autorización específica al alcalde de Fuenterrabía, o porque no quieren la intromisión de Fuenterrabía en los desembarcos de los navíos que llegan al puerto marítimo de Pasajes desde América. Siempre pleitea con Irún, por ser esta otra plaza fuerte contigua con Francia y, en partes substanciales, sometida a jurisdicción de Fuenterrabía.
 
Y hasta con la Diputación también pleitea, ante por la apropiación indebida del cobro de peaje por sacar objetos valiosos a Francia, competencia que correspondía a la provincia, y no a la villa.
 
Este gran marco jurisdiccional y competencial que consigue la villa de Fuenterrabía, así como numerosos privilegios, prebendas, derechos y libertades, están relacionadas con la defensa militar del territorio frente a un poderoso y amenzante enemigo de España durante los siglo XVI y XVII: Francia.
 
Pero esta cuestión de las competencias jurisdiccionales propias de Fuenterrabía, se hace extensivo a las otras contiguas en territorio guipuzcoano, ampliando su poder de actuación entre sus villas vecinas, por ejemplo, de Irún, Lezo y Pasajes. Así pues, Fuenterrabía consigue en esta época el privilegio de carga y descarga de mercancías, de demolición de casas construidas, de exequias de personas reales, de imposición de sisas, de servicio militar, de reconocimiento de pesas y medidas, etc.
 
Desde su pírrica victoria de 1638 contra los franceses, Fuenterrabía se convirtió en una ciudad extraparlamentaria, pues dejó de asistir a Juntas Provinciales, reivindicando el primer asiento de mayor honor entre los procuradores, asiento que le fue denegado con el argumento de que Fuenterrabía fue "decisivamente defendida" por muchísimos otros guipuzcoanos y castellanos que también acudieron allí en la dura pelea contra los franceses. En 1651, ante su negativa de seguir asistiendo y ocupando asiento según su rango, fue separada y expulsada de Guipúzcoa, por acuerdo de las Juntas generales en Tolosa. Incluso fue considerada "extraña" a la Provincia, no así Irún, que se había desmarcado de la tutela hondarrabitarra.
 
En 1653, Fuenterrabía vulve a asistir de nuevo a Juntas generales en su asiento habitual, tras prestar "obediencia y sumisión" a la Provincia.

La habitual conflictividad de los vecinos Fuenterrabía también se extendió hacia los vecinos de Hendaya durante esto dos siglos: su causa principal fue la supuesta pertenecía de las dos orillas del río Bidasoa. Los sucesos de 1510 y 1610 son dos ejemplos con cien años de intervalo entre si:
 
En 1510 los hendayeses apresaron una barcaza hondarrabitarra que, fletada por unos navarros, bajaba río abajo cargada de lana, asesinando a algunos marineros. De inmediato hubo una sangrienta escalada de represalias por ambas partes. La situación se solucionó cuando los Gobiernos español y francés nombraron comisarios que reconocieron la falta de jurisdicción de Hendaya en las orillas del río y su correspondiente castigo.
 
En 1617 los vecinos hendayeses protegen a varias personas fugadas a las cuales se habían ordenado detención. Llegando a Hendaya los comisarios de Fuenterrabía para detenerlos, fueron maltratados y apresados, incluso quemaron su embarcación. Y como de costumbre, hubo una cascada de represalias mutuas: embargo de barcos franceses que fondeaban en Pasajes; encarcelamiento de vecinos hondarrabitarras que transitaban por Bayona; colocación de un enorme mástil francés en un islote del Bisasoa  en señal de posesión; abordaje del islote con cien hombres armados y destrucción del mástil por parte del Cabildo de Fuenterrabía, etc.
 
De nuevo, la intervención de ambos Gobiernos centrales acabó con la escalada de violencia.