PARTICIPACIÓN EN LA EXPANSIÓN ECONÓMICA DEL IMPERIO

BASES DE LA COLONIZACIÓN VASCA EN AMÉRICA

La participación de los vascos y navarros en la empresa colonizadora y civilizadora de América, como parte integrante de la Corona de Castilla, fue no sólo vasta y multiforme, sino particularmente intensa. Se encontraban entre los pueblos de España que más contribuyeron a la formación y consolidación de la cultura y civilización de Hispanoamérica.

Las bases de la colonización vasca en América fueron:

1. la pronta incorporación de las tierras vascas a la Corona de Castilla

2. la hidalguía cuasi universal facilitada por Castilla por dicha incorporación que permitió el acceso a las administraciones americanas, al comercio de ultra mar y al servicio de armas en la Armada

3. el elevado porcentaje de vascos y navarros implicados en la empresa colonizadora comparado con otros grupos de población españoles en una administración cada vez más compleja y centralizada, una economía de base mercantilista y corporativista, y las posibilidades de ascenso social

4. el desajuste mayor entre población y recursos en tierras vascas, donde muchos de ellos encontraron los bienes que las limitaciones de su tierra les negaban, junto a los bienes encontraron honores al servicio de la monarquía

5. el espíritu emprendedor y aventurero de los vascos, la empresa colonial pareció hecha a la medida de la idiosincrasia socio-profesional vasca y de su espíritu emprendedor

Las gentes vascas participan desde el primer momento en la nueva economía atlántica de comerciantes, mineros, administradores, militares, etc. La labor evangelizadora también fue numerosa y decisiva.


La conquista española se debe a cuatro causas principales:

1. la causa psicológica: eran mundos distintos, y las formas de actuar de los españoles no tenían nada que ver con las americanas, y al hacer la guerra menos aún.

Se encontraron dos mundos muy diferentes, y chocaron, como era de prever. Aun así la conquista española, es una de las grandes epopeyas de la Historia, porque con tan poca gente, en territorio desconocido, se enfrentaron a pueblos poderosos y ganaron los españoles.

2. la colaboración indígena: sin esa ayuda, por muy superior que sea la ventaja armamentística española, nada que hacer.

Las tribus indígenas americanas eran belicosas, las dominantes no aceptaba que hubiera tribus a su alrededor sin ser sometidas. Esto lo prueba el hecho de que Cortés como tantos conquistadores vascos contaran con muchos aliados al conquistar el Imperio, pues unas tribus sometían a las otras, y encontraron en los españoles el libertador y aliado que necesitaban. Por otra parte, cuando las tribus autóctonas se aniquilan entre ellas, el camino se hace más despejado para el recién llegado.

3. la cuestión vírica: la verdad es que España no planeó ni ejecutó ningún plan genocida.

El derrumbe de la población indígena no está ligado a los enfrentamientos bélicos con los conquistadores, sino a una variedad de causas, entre las que sobresale la del contagio microbiano y viral. La introducción de enfermedades en las poblaciones indígenas causó estragos y las diezmó considerablemente.

4. la industria minera: la suerte de encontrar minas de oro y plata a finales del siglo XVI que financiase la labor colonizadora y el establecimiento de rutas comerciales.

Las mina de oro de Choco en Colombia y las de plata en Potosí en Bolivia, y de Guanajuato y Zacatecas en México.


El periodo de consolidación de la colonización del imperio ultramarino comprende el inicio de reinado de Felipe II a mediados del siglo XVI hasta la Guerra de Sucesión en 1700.


La consolidación del imperio colonial se fundamenta en tres ejes de acción:

1. El afianzamiento de las instituciones de gobierno y administración en la península y en ultramar

2. El desarrollo de la economía de la plata y materias primas, cuya consecuencia es la Carrera de Indias o sistema de comercio atlántico


3. La transmisión cristiana evangelizadora, así como la culturización hispánica del barroco y el mestizaje racial



CONTRATACIÓN DE VASCOS EN SEVILLA HACIA LAS INDIAS

Desde el primer momento, los "vizcaínos" participan en la nueva economía y comercio atlánticos, desde las costas andaluzas hasta el Cantábrico y el mar del Norte, serían maestres y capitanes, suministradores de fletes, pilotos de barcos, y demás oficios relacionados con la mar. Se establecen nutridas colonias de marineros y pilotos vascos, mercaderes muchos de ellos, en Sevilla, Triana, Palos, Huelva y Sanlucar de Barrameda.

La escasez de tierras cultivables y la gran presión demográfica, obligaban a las provincias vascas a importar bienes de consumo necesarios tales como cereales, textiles, vino y otros, que en parte encontraban en el sur de la península. También se implican en el comercio, exportando el hierro vascongado hacia el sur de España y hacia el sur y suroeste oceánicos.

Hombres de negocios y marineros vascos participan en la actividad comercial que Sevilla mantenía con las comarcas del interior y con las ciudades europeas más activas del momento a través de las rutas marítimas del Atlántico y del sur peninsular. Mercaderes y marineros vascos fueron contratados por el cabildo hispalense en más de una ocasión para aprovisionar de grano a la ciudad.

A partir de 1475, los mercaderes vascos ya participaban junto con los andaluces en las rutas comerciales por la costa norteafricana. Hubo hombres que no dudaron en defender los intereses castellanos, como hiciera Juan de Mendaro en 1476 en aguas marroquíes. Juan de Lacosa había navegado con anterioridad por estas aguas, llegando incluso a Guinea. A finales del siglo XV, andaluces y vascos realizan una operación conjunta sobre la isla de Lanzarote, mientras que naves vascas combaten con las lusitanas en las costas andaluzas y en las africanas.

Desde el siglo XIV existe en Cádiz el Colegio de Pilotos Vizcaínos, cuyos estatutos son aprobados por los Reyes Católicos, a cuya institución se le concedió la exclusividad en el suministro de prácticos de navegación para los buques que acudían al puerto.

En el siglo XV, aparece una Calle de los Vizcaínos en Sevilla, ubicada entre la catedral, el río y la muralla, y desde la cual solían negociar mercaderes y banqueros. En esta ciudad contaban con una representación importante en el popular barrio de la Mar. Desde tiempos pasados, disfrutaban de importantes exenciones en la aduana de Sevilla gracias a los privilegios concedidos por los monarcas Fernando IV y Alfonso IX a las localidades de Bermeo, San Sebastián y Guetaria.

Cuando se produjo el descubrimiento de América, estos mercaderes y transportistas vascos aprovechan la oportunidad que les permite la Corona española para expandir su red comercial por el Nuevo Mundo. Las industrias vascas encuentran nuevas posibilidades, especialmente para las fábricas navales y para las ferrerías. Este acontecimiento universal llegó oportunamente, pues, a finales del siglo XV, las exportaciones de productos férricos a Inglaterra retrocedían, y América se consolidaría como el nuevo mercado.

El comercio con las Indias, centralizado en Sevilla, organiza un monopolio castellano del que participan plenamente las Provincias Vascas tanto por sus derechos forales como por expreso deseo de la Corona. La dimensión americana significaba una auténtica ruptura del tradicional sistema industrial vascongado, creando empresas capitalistas a partir de la acumulación de capital. 

Sevilla se convierte en foco económico de primer orden europeo, de allí parten cada primavera la Carrera de Nueva España, con rumbo a Veracruz y otros puertos de América Central y Antillas, y la Carrera de Tierra Firme, hacia Cartagena de Indias y Porto Bello.

Ante la colonización americana, los Reyes Católicos fundan en 1503, la Casa de Contratacion de las Indias, el organismo encargado de coordinar y promover las empresas ultramarinas hacia el Nuevo Mundo descubierto.

A la Casa de Contratación, en las primeras décadas del siglo XVI, llegan continuas noticias de tierras recién descubiertas en uno y otro confín del mundo. Naves repletas de riquezas y objetos insospechados arriban con frecuencia a los muelles de Sevilla.

Esta institución sirve de factoría, de tribunal de comercio y de escuela de pilotos, en sus distintas épocas, hallándose muy relacionado este organismo con la historia marítima de Guipúzcoa y Vizcaya, porque en él desempeñaron cargos de la mayor confianza muchos hombres nacidos en dichas tierras, así como por haber sido organizadora de expediciones en que tanto sobresalieron los referidos marinos.

Los vascos poco a poco van alcanzando una posición preeminente en la Carrera de Indias y se van internando en la Casa de Contratación: altos funcionarios y dirigentes como los Matienzo, Recalde, Isasaga y Zárate en el s. XVI.

Desde 1524, la Casa de Contratación queda subordinada en el Consejo de Indias, institución con amplias competencias en su ámbito territorial, e integrado por el presidente, los consejeros y los letrados. Los apellidos vascos fueron numerosos desde su fundación hasta el ocaso de los Austrias.


Las cualidades administrativas de algunos guipuzcoanos y vizcaínos fueron apreciadas en lo que valían desde que comenzó a funcionar la Casa, desempeñando funciones de responsabilidad desde el primer momento. Juan López de Recalde es uno de los primeros en ser nombrado factor contador en Sevilla, cargo que ocupa durante muchos años, y cuyos servicios fueron excepcionales, contándose entre otros el apoyo que prestó a la causa del Emperador durante la guerra de las Comunidades.

Otro guipuzcoano distinguido desempeñó así mismo un puesto principal en la mencionada casa, el comendador de Rodas, Pedro Ochoa de Isasaga. En 1507, a la muerte de León Pinerlo, jurado de la ciudad de Sevilla y gran amigo de Colon, fue nombrado para sustituirle en el cargo de Juez Oficial el referido Comendador señalándose 100.000 reales de sueldo hasta su fallecimiento que tuvo lugar en 1515.

En el siglo XVII, los siguientes guipuzcoanos continuaron ocupando en la referida Casa importantes cargos: El Conde de la Puebla del Maestre, Presidente, y en otros destinos Alberro, Eguino, Munive, Ibarlota, Martinez de Isasti, Urquizo, Oña, Inunrriza y Berozpe, entre otros.

Por otro lado, en 1543 se crea el Consulado de Cargadores de Indias de Sevilla, institución que además de organizar las actividades propias de carácter gremial, reunió otras de los ámbitos judicial, financiero y mercantil de gran importancia en el buen funcionamiento de los negocios de la Carrera de Indias. Adquirió tan protagonismo que se convirtió en el verdadero órgano rector del comercio ultramarítimo.

Hasta mitad del siglo XVII, la presencia vasca en esta institución es irregular, siendo a partir de la misma cuando siempre hay algún vasco en los cargos de prior, cónsul y consiliario. El primer contratista será Adriano de Legaso en la década de 1630 y gran hombre de confianza de los cargadores para adquirir contrato de comercio con la Corte.

Otros cónsules muy activos serán Miguñe de Vergara, Pedro de Abendaño y Juan de Munibe, este último, ascendiente del ilustrado conde de Peñaflorida fundador de la Vascongada Amigos del País, será uno de los más poderosos mercaderes indianos y tenía a su hermano Andrés de contador en la Casa de Contratación. Otros mercaderes vascos influyentes en el Consulado son Jerónimo de Orozco y Ayala, Juan de Olarte y Ayo y Martín de Tirapu.

Igualmente los vascos desempeñan magistraturas del cabildo municipal y formando parte del cabildo catedralicio de la Iglesia de Sevilla. Las relaciones entre la provincia y la casa de Sevilla fueron tan importantes, que los mercaderes de Guipúzcoa pidieron a mediados del siglo XVI, la creación de un Cónsul que les representase en el gran número de asuntos comerciales y marítimos en que ellos intervenían.

El poder económico dependía en gran medida del control de los medios financieros. En la ciudad que fuera centro y destino distribuidor de la plata indiana, el sistema bancario estuvo sostenido por la iniciativa privada. También los vascos fueron pioneros entre los banqueros establecidos en Sevilla: Juan Iñiguez, Pedro de Morga y Domingo de Lizarrazas, por citar algunos de tantos que hicieron grandes fortunas.

Cuando la banca desaparece a comienzos del siglo XVII, un poderoso grupo, el de los compradores de oro y plata, consolida su posición, actuando en muchos aspectos como verdaderos banqueros, Casi todos eran vascos: los Arriola, Pedro Aramburu, Juan Cruz de Gainza, Lorenzo Ibaru y Galdona, etc.

Al frente de las flotas indianas se establecen los Armendáriz, Oquendo, Ibarra, Zaldívar, Ursúa, Larraspuru, entre otros, en el s. XVII, obteniendo del cargo indudable provecho. O el negocio perlífero, que tiene que ver con Domingo de Zubizarreta, Sanco de Lizaur, Juan Lopez de Arrenchulueta y Martín de Ochandiano.

Igualmente, en la administración de las tierras descubiertas, los vascos desempeñan puestos de responsabilidad: Francisco Lizarra, contador en San Juan de Puerto Rico; Martín Ochandiano, tesorero en Cubagua; Cristobal de Oñate, veedor en Nueva Galicia; etc. La lista sería interminable.

Toda esta abundante presencia vasca en los órganos de gobierno de la Administración y en los centros de decisión económica, en los cargos de funcionarios ejecutivos en la Casa de Contratación y en otras instituciones relacionadas con el tráfico indiano, resultó beneficio pala la comunidad vasca. El tráfico de influencias tan habitual de la Edad Moderna repercutió en la predisposición de contratar las necesidades de aprovisionamiento a empresas establecidas en las Provincias Vascongadas.

La Casa de Contratación organizaba las flotas de Indias, elegía la unidades navales, avituallamiento, seleccionaba el personal, el armamento y pertrechamiento general de los convoyes. Los oficiales de la Casa inclinaron la balanza en la contratación en favor de los intereses vascos. Dos grandes argumentos defendían los dirigentes y funcionarios de estos organismos: la probada experiencia marinera y el excelente material industrial en naves, armamento y pertrechos construidos en sus astilleros y ferrerías. Estas llegaron a gozar de una posición privilegiada.

Este hecho coincide con el ascenso de vascos a puestos influyentes de la administración del Estado, como la Secretaría del monarca, ocupada por Antonio de Eraso, Juan de Ibarra, Pedro de Zuazola, Alonso IdiaquezJuan de Amézqueta, Martín Arano de Valencegui, Juan Pérez de Ercilla,  Juan de Insausti, Domingo de Echeberri, Íñigo Vélez de Guevara y Tassis, Juan Bautista de Arzamendi, etc.


Además de la aprobación de la Real Cédula de 1571, por la cual ordenaba la fabricación de varias unidades navales en los astilleros vizcaínos y guipuzcoanos, beneficiando a la industria autóctona y a sus habitantes.

Dos privilegios aportados por la Corona beneficiaron enormemente a los vascos en su auge económico:

- solo los navíos construidos en el Cantábrico participan en la Carrera de Indias

- todo el hierro exportado a América debe ser vizcaíno


La demanda de buques que el imperio comercial y militar español necesitaba generó prosperidad económica en las tierras vascas y cantábricas durante siglos. Gran empleo surgió en los astilleros constructores de buques, miles de hombres se emplearían en los diferentes oficios como leñadores, carpinteros, calafates, toneleros, etc. Pero también se emplearán como marinos, capitanes, maestres, contramaestres, marineros, y demás oficios relacionados por la mar, tanto para las Rutas Comerciales como para la Real Armada.

La demanda del hierro vizcaíno también aportó muchísimo empleo y prosperidad a los vizcaínos, pues aunque en América existían minas de minerales preciosos se ausentaba del hierro. El hierro extraído se exportaba para construir naves, levantar edificios, herrar las caballerías, fabricar armas y escuderías, etc. El hierro vascongado, sus minas y herrerías transformarán América.

Desde América llegaron caudales abundantísimos que propiciaron una riqueza sin precedentes en unas provincias vascas tradicionalmente pobres. Por dar un dato, solamente en la escribanía número 19 de Sevilla llegaron en 18 años (1630-1694), remesas por un valor de más de 5 millones de pesos, una cantidad considerable.


Los ferrones vascos se beneficiaron enormemente, la Casa de Contratación les compraba armas blancas y de fuego, armaduras, herramientas de labranza y minería, herrajes, calderas, y herrajes. Pero por otra parte, se vieron obligados a responder a la demanda cada vez mayor de los colonos de la Indias: roturación de nuevas tierras, laboreo intensivo de las minas, erección de nuevas poblaciones, instalaciones agroindustriales, talleres artesanales, fábricas navales, etc.; es decir, necesidades de un mercado incipiente de proyección incalculable, que además, contaba con la protección y fomento de la Corona que tal efecto decretó la exención arancelaria para los víveres y pertrechos destinados al abastecimiento de las tierras recién descubiertas.

Numerosos comerciantes y marineros de las provincias vascongadas participarán en el tráfico, cada vez mayor, que propiciaban las incesantes expediciones y el movimiento mercantil de poblaciones necesitadas de todo tipo de bienes y en dependencia casi absoluta del aprovisionamiento peninsular.

En los protocolos notariales de Sevilla ha quedado constancia de decenas de operaciones de flete de mercancías procedentes de las provincias vascongadas y de todo tipo de manufacturas, de procedencia muy diversa, consignadas a comerciantes vascos establecidos en las primeras poblaciones de las Antillas. Asimismo, las escrituras de los escribanos hispalenses testimonian las numerosas obligaciones contraídas entre embarcaciones vascas y los oficiales de la Casa para el transporte de pasajeros y pertrechos.

Pionero entre los industriales y mercaderes vascos, fue el bilbaíno Pedro de Arbolancha. Atraído desde joven por el comercio naviero, fue uno de los primeros traficantes de comercio con las Antillas, aprovechando sus cargos de contador en la isla Española y visitador de Indias.

Miguel de Gaviria había remitido en 1508 una importante partida de herrajes y azadones a Antonio y Pedro de Llanos en la Española, y cuyo importe habría de intentar cobrar el mercader Andrés de Aróstegui, destinado en la isla. Por esa fecha, los mercaderes vizcaínos Sancho Ortiz de Urrutia y Juan de Urrutia iniciaban su andadura en el mercado indiano en Santo Domingo y Venezuela, cargando manufacturas. En 1536, habían logrado amasar una fortuna calculada en más de 50.000 ducados.

Juan de Iranzo, que mantenía una intensa actividad con comerciantes de Puerto Rico, en 1514 remitió a dicha isla con Bartolomé Fernández, maestre de la  nao Santa  Ana, 25 toneladas de mercaderías diversas.

Igualmente, en Sevilla se desarrolla la actividad comercial de un grupo de vascos que muy pronto se incorporan al tráfico de exportación de productos coloniales (especialmente colorantes) hacia puertos y mercados europeos, como por ejemplo Juan de Lezcano, de san Sebastián; Juan de Gaviola, de Lequeitio; o Pedro de Balmaseda.

El comercio indiano fue literalmente monopolizado por los vascos a partir de la segunda mitad de s. XVII, controlando totalmente el Consulado en Sevilla, la Casa de Contratación, la construcción de buques para la Real Armada y las Rutas Comerciales. Otros se dedicarán a la compra y venta de oro y plata, por lo que controlarán también la financiación y la banca.

La influencia de los vascos en estos organismos es notable, cuando en 1680 la cabecera de las flotas se traslada a Cádiz. Los cargos de cónsules del Consulado de Cargadores de Indias de Sevilla estaba ocupada por Sebastián de Arria y Antonio Legorburu, mientras que la Secretaría del Consejo de Indias estaba dirigida por José de Veitia. La carrera de Veitia debió de ser de gran utilidad para sus paisanos vascos de Sevilla y de Madrid. En 1672, publicó su célebre Norte de la Contratación de las Indias, una obra clásica, donde Veitia vertió los resultados de sus muchos años de servicio en la Casa de la Contratación. En 1677, fue hecho secretario y consejero del Consejo de Indias. A los cinco años abandonó en cargo de secretario, pero mantuvo el de consejero hasta 1685. En el Consejo, Veitia coincidió con otros vascos como Pedro Gamarra, Jerónimo de Eguía, Francisco de Amolaz, Antonio de Otálora o José de Manurga.

Media docena de vascos obtendrán el control total de la Carrera de Indias: Juan Ochoa de Yurretauría, Juan Cruz de Gainza, Pedro de Azpilcueta, Juan de Langarica, Juan de Alday y Miguel de Vergara. Formarán la Hermandad de los Vizcaínos. Todos ellos aportarían suculentos legados y beneficios a las tierras vascongadas.




LA APORTACIÓN A LA EXPANSIÓN ECONÓMICA EN AMÉRICA

La Monarquía se convirtió en el motor de importantes empresas particulares y de economía regionales, debido a que una gran parte de las élites orientaron sus negocios e inversiones hacia las nuevas necesidades de la Corona, especialmente hacia la economía de guerra y el abastecimiento del Imperio colonial.

Desde la segunda mitad del siglo XVI, se abren nuevas oportunidades de negocio cuando la Corona entra en un lago periodo de guerras con las principales potencias europeas. Entonces, hombres de negocios de Vizcaya y Guipúzcoa enfocaron su producción hacia las necesidades de la guerra naval y de la defensa de los convoyes de plata de la carrera de Indias. Y desde el último tercio del mismo siglo, se desarrollan actividades enfocadas en la construcción naval para la Armada y la flota de Indias, las exportaciones de hierro a Sevilla y América, el corso marítimo, el transporte de mercancías en las carreras de la Armada y flotas de Indias y el comercio colonial.

Durante la Modernidad, una parte importante de la producción naval se orienta hacia la fabricación de grandes barcos para la Corona y para los grandes mercaderes que comerciaban con las Indias. A partir de la Pragmática Real de 1563, la industria naval guipuzcoana comenzó a recibir regularmente pedidos de grandes barcos para la Armada y la carrera de Indias, experimentando una auge industrial de este sector, que contrarrestó la crisis de la tradicional industria vasca de barcos de pequeño y mediano calado.

Los astilleros de los puertos de Pasajes y de las riberas del Oria, especializadas en la construcción de grandes naves para las flotas reales y la carrera de Indias, experimentaron una gran prosperidad económica.

Aparecen las nuevas élites familiares navieras, compuestas por hombres de negocios con capitales originados en el comercio indiano, como los Echeverri, los Olazabal de Rentería, los Uriarte, los Soroa, los Aizpurua, los Amézqueta, los Arriola, los Zelarain, Miguel de Aristeguieta, Antonio de Lajust, Blasco de Echeveste, Pedro de Aróstegui, Juan Ignacio de Ulacia, Joseph de Iriberri, Ramón de Aizpurua, Santiago de Tellería, Onofre de Isasti, etc.

Los hombres de negocios eran en muchas ocasiones cargos al servicio del rey. El cargo de tenedor de bastimentos y mayordomo de la Artillería y Municiones Reales en la plaza de San Sebastián estuvo durante el siglo XVI en poder de los poderosos clanes familiares donostiarras de los Laborda, los Ercilla y los Beroiz. Maestro de fábricas reales y destacado constructor naval fue el guipuzcoano Ignacio de Soroa.

La industria de la construcción naval incentivó amplios sectores de la economía local y comarcal a través de los arriendos de los astilleros, de la producción y comercialización de la madera y del hierro, de la actividad de otras industrias y oficios relacionados con ella, como la armera, y la ancorera. Otro tipo de actividades relacionadas con las necesidades de guerra naval y de la flota de Indias se desarrollaron con fuerza durante los siglos XVI y XVII, como fueron las actividades corsarias lucrativas, el comercio colonial, y las carreras de generales y almirantes de la Armada Real, con su correspondiente contratación de guarnición y dotación de gentes marineras.

Muchas veces los constructores estaban relacionados con cargos en la Armada y al servicio del rey, lo que les situaba en una posición ventajosa para conseguir los contratos con la Corona. Son los casos de los Oquendo, los Villaviciosa, Tomás de Larraspuru, Agustín de Ojeda, Antonio de Urquiola, Francisco Díaz Pimienta, Antonio de Gaztañeta, Juan Bautista de Denesteve, Domingo de Goyzueta, etc. Para estas élites polivalentes, estos cargos fueron oportunidades de negocio.


Vascos y navarros estuvieron presentes desde los inicios de la conquista de América, involucrados en el descubrimiento geográfico, la conquista administrativa, la evangelización y humanitarismo de los nativos, la explotación de sus recursos y la defensa de los territorios.

El Nuevo Mundo ofrece la posibilidad de hacer fortuna, pero fue sobre todo en el siglo XVII cuando empiezan a destacar en el comercio colonial que sentaría las bases de capitalización de las poderosas familias del siglo XVIII.

La industria del hierro se orientó hacia las Indias debido a que, desde los inicios de la conquista americana, la extracción del hierro vasco se benefició de la protección real para su exclusiva importación en el mercado peninsular y americano, y de la concesión de un régimen arancelario privilegiado.

Los ferrones de los valles de Oyarzun, de Deva, de Elorrio, etc. dirigieron su producción hacia Sevilla, el corazón económico del Imperio español y punto de partida de la carrera de Indias, desde allí, el hierro vasco se transportaban en gran medida hacia las Indias. Se trata de nuevas elites, que sobrevivieron a la crisis siderúrgica del finales del siglo XVI, pasando a liderar un tráfico activo en el que participaban en la producción de la ferrerías, como propietarios y mediante arriendos y adelantos, disponían de barcos de gran tonelaje para el transporte, poseían almacén o tienda en Sevilla o Cádiz, y a través de su red familiar, con base en América, hacían llegar su hierro a las Indias. Destacaron familias como los Alzola de Elgoibar, los Zuaznábar de Oyarzún, los Oquendo, Arriola o Lajust de San Sebastián, los Ubillo de Zumaya, los Beingolea de Leiqueitio, los Arespacochaga de Elorrio, etc.

Las oportunidades económicas de ofrecía Monarquía española reorganiza la actividad económica e inversiones comarcales hacia los puertos marineros, allí se desarrolla una próspera industria naval, se transportan los productos férreos fabricados por los ferrones vascos y otros productos que llegan desde Castilla hacia Sevilla, se organizan incursiones corsarias y expediciones militares para proteger las flotas de Indias y los dominios del Imperio, hasta se mantiene un comercio encubierto de esclavismo, piratería y contrabando.

Las alianzas empresariales entre emprendedores de villas del interior y de la costa,  mediante sociedades comunes y uniones matrimoniales, o mediante la integración de negocios relacionados en una cadena, produce una primera economía provincial, es decir, un conjunto de negocios y de matrimonios entre familias asociadas en estas empresas.

El comercio heredado de la Edad Media, como el comercio de la lana y del hierro con el norte de Europa o la pesca de ballenera, entraba en crisis a finales del siglo XVI. Los hombres de negocios que reorientaron su empresa hacia las nuevas oportunidades que ofrece la Corona fueron los triunfadores de la crisis y los nuevos gobernantes de la comunidad durante el siglo XVII. Así se elevaron los guipuzcoanos Oquendo, Berois, Lajust, Amézqueta, Aristeguieta, Soroa, Otaegui, Tompes, Urtarte, Leizaur, Arriola, Berrotarán o Zuaznavar, o los vizcaínos Martínez de Recalde, Arespacochaga, Beingolea, Elosu, Otalora, Zabala, entre otros muchos.

Los Oquendo son un buen ejemplo de ese ascenso y aristocratización a los largo de tres generaciones. Gentes nuevas de origen modesto que, desde mediados del siglo XV, se enriquecen gracias a las Indias y al servicio al rey, con una mezcla de comercio, contrabando, corso, construcción de naos y servicios navales a la Corona, colocando sus capitales en rentas seguras de tierras y juros, prebostazgos y casas-torre, que consiguieron hábitos y otros honores, que entroncaron con lo otras elites guipuzcoanas, emparentando con descendientes de antiguos parientes mayores, y que continuaron al servicio real y los negocios con la Corona, obteniendo señoríos, censos y encomiendas y, por último, títulos nobiliarios, ya sea de la mano del soberano, ya sea por vía de matrimonios. Estas familias siguen entroncando durante el siglo XVII, concentrando sus mayorazgos, como muestra el ejemplo de los Oquendo, cuyos descendientes reunían siete mayorazgos a finales del siglo.


La posición de cargos en la burocracia o el control de recursos económicos fue un medio para favorecer a parientes, amigos y dependientes, siguiendo las pautas de grupo que reunían la sociedad vasca del momento, beneficiando sus empresas o afines y generando una red clientelar. Miguel de Oquendo, como general de la Escuadra del Cantábrico, dirigió sectores muy importantes de la economía naval de la Corona y de la provincia. La preparación de la Escuadra de Guipúzcoa en 1582 y en 1587, hechas e hitos clave en la supremacía de España como gran potencia militar de Europa, quedaba depositada en esta. Felipe II le dispuso a su cargo 500.000 ducados en 1587 para organizar una gran Armada, la “Invencible”, para la construcción de navíos, la fundición de artillería, la compra de armas, el aprovisionamiento de materiales y víveres, los salarios de los oficiales y los sueldos de la tropa marinera. Un caudal de dinero que distribuía directamente para la consecución de grandes negocios en su provincia con su red clientelar.


Además, la posición de altos cargos en las instituciones de la Monarquía permitía favorecer la promoción de otros cargos burocráticos a un amplio círculo de amistades, familiares y dependientes. Los Oquendo tuvieron a su cargo el nombramiento de numerosos puestos de capitanes y mandos de la Armada, para sus hombres de confianza.