FORALIDAD COMO MANIFIESTO MEDIEVAL DEL ANTIGUO RÉGIMEN


La pervivencia de los fueros hasta el siglo XIX ha sido presentada por el nacionalismo vasco como la prueba de la existencia de un Estado vasco separado del español, que se lo habría anexionado en 1839. Los fueros son una manifestación, de origen medieval, de la pluralidad jurídica que caracterizaba al Antiguo Régimen. Fueros existieron en toda Europa durante muchos siglos, no siendo España o las vascongadas ninguna excepción.
 
La única diferencia consistió en que mientras que en el resto de Europa fue llevándose a cabo la unificación de legislaciones a lo largo del siglo XIX, como consecuencia de la industrialización, el liberalismo y el movimiento codificador, en España no se realizó de forma completa a causa de las componendas políticas forzadas por las guerras carlistas. Fueros los hubo en toda Europa y podían ser territoriales, gremiales o estamentales.
 
Por cierto, el Fuero Viejo de Vizcaya era un fuero estamental no aplicable a la totalidad de la población, sino exclusivo de los nobles del Señorío. Hacer depender la existencia de una nación de la existencia de aduanas interiores, que existieron en todos los países de Europa hasta la Revolución Francesa, es un disparate semejante a sostener que ya que los distintos estamentos sociales (caballeros, clero, pueblo llano, comerciantes, militares) estaban sujetos a jurisdicciones distintas, ello quiere decir que cada estamento conformaba una nación distinta.
 
Para los nacionalistas vascos, los fueros son las pruebas de los derechos históricos del pueblo vasco, la única constitución que reconocen. Si esto se respetara, habría que recordar que entonces no habría Estatuto de Autonomía, ni Comunidad Autónoma del País Vasco, ni Euskadi, sino Señorío de Vizcaya, Provincia de Guipúzcoa y Provincia de Álava, regiones políticamente tan distintas como León y Valencia.
 
Si los derechos históricos forales, que sostienen los nacionalistas como legado y prueba de sus soberanía respecto al Estado central, se hubiesen conservado inalterados e inmutables durante los tiempos, el invento centralista de Ajuria Enea no existiría, no habría ikurriña, ni Ertzaintza, tampoco habría un Aberri Eguna, ni un lehendakari, sino guipuzcoanos, vizcaínos y alaveses que  seguirían siendo súbditos del Señor de Vizcaya y Rey de legítimo de España.
 
No existiría una imposición del euskera batua, sino un libre mantenimiento de cada uno de los dialectos del euskara en sus respectivos territorios, ni habría pretensiones anexionistas sobre el Reino de Navarra. Esos derechos históricos son también incompatibles con los Tratados de la Unión Europea.
 
En referencia a los fueros en su conjunto, conviene recordar que no son sólo regionales, sino también municipales, universitarios, gremiales y personales. Eso que llaman algunos nacionalistas  los derechos históricos no es más que la reivindicación de una Constitución interna que agrupara a las 3 provincias e intentando sumar a Navarra y que históricamente nunca existió, pero enfrente de la Constitución externa, idealista y afrancesada, que consideran paradójicamente a la externa española.

En realidad, esos derechos históricos son los fundamentos de la legitimidad española del Antiguo Régimen tradicional, aquellos que con tanta fuerza defendieron los tradicionalistas carlistas en las Guerra de la Legitimidad monárquica, Dios, Patria, Rey y Fueros:

1. La Religión Católica, Apostólica Romana, con la unidad y consecuencias jurídicas con que fue amada y servida tradicionalmente en nuestros reinos.

2. La constitución natural y orgánica de los estados y cuerpos de la sociedad tradicional.

3. La federación histórica de las distintas regiones y sus fueros y libertades, integrante de la unidad de la Patria española.

4. La auténtica Monarquía tradicional, legítima de origen y ejercicio.
 
5. Los principios y espíritu y, en cuanto sea prácticamente posible, el mismo estado de derecho y legislativo anterior al mal llamado derecho nuevo.


Y es que, en realidad, los derechos de soberanía e independencia del pueblo vasco que reclaman los nacionalistas no parten de la reivindicación de las derechos históricos o leyes forales, como liberales que son, no admiten que el derecho de soberanía se base, a su vez, en un deber previo natural y tradicional que supone un encaje institucional en la monarquía y estado españoles.

El Reino de Navarra, el Señorío de Vizcaya y las Provincias de Álava y Guipúzcoa no han estado unidos políticamente jamás, si no ha sido en su común pertenencia a la Monarquía Española.
No se puede hablar de derechos históricos de los vascos, sino de los Fueros de dichos territorios, diferentes unos de otros.

Los Fueros recogían libertades concretas. No tenían nada en común con las constituciones nacidas de la Revolución que proclaman la Libertad abstracta, que no sale nunca del papel y permite que los gobernados sean oprimidos por los gobernantes.

El nacionalismo vasco recurre a los derechos históricos, no se atreve a decir Fueros, en un intento de justificar el derecho a la independencia. Pero desconoce la esencia de los Fueros, que incluso los desprecia.