FUNDACIÓN DE FUEROS POR ALFONSO XI



LA FUNDACIÓN DE AZCOITIA

En 1.324, el rey de Castilla Alfonso XI concedió a los pobladores de la villa guipuzcoana de Azcoitia una serie de prerrogativas para poblar dicho lugar, reunidas en una carta-puebla que fue confirmada y ampliada en 1.331.

El fundamento de esta carta era la de proteger a dichos habitantes de los excesos y males que continuamente propinaba la familia banderiza de los Balda, formada por poderosos señores, o parientes mayores, que no conocían otro medio de vida que la guerra y la extorsión. De hecho, en el escudo nobiliario de dicha familia se contenía el lema revelador de "Antes Balda que Azcoitia". Por tanto, para evitar el acoso de dicha familia, el rey castellano concedía favores y mercedes a los guipuzcoanos de Azcoitia para que vivieran en paz y se dedicaran a actividades tan provechosas como el comercio.


LOS PRIVILEGIOS DE TOLOSA

Igualmente, Alfonso XI, viendo la importancia que tenía la villa guipuzcoana de Tolosa y el interés que tenían los navarros en integrarla es su jurisdicción, concedió a la misma en 1.326, y desde Valladolid, la exención de cualquier tipo de impuesto para reforzar su adhesión a Castilla. Y fueron tan importantes estos privilegios concedidos a Tolosa que todos los reyes de Castilla hasta Enrique IV (hermano de Isabel la Católica), en 1463, los confirmaron y reconocieron.

Además, fueron muy efectivos estos privilegios, otorgados según el Fuero de Vitoria, no sólo para evitar la absorción por Navarra, sino también para proteger el lugar de las luchas de los banderizos o parientes mayores. Por eso, nada menos que otras 23 poblaciones guipuzcoanas se integraron en la jurisdicción de Tolosa con el fin de acogerse a las mismas garantías y protecciones de dicha villa.


LA HERMANDAD DE LAS MARISMAS

Para proteger sus intereses comunes, los puertos de la cornisa cantábrica, desde el siglo XIII, se asociaban para defender éstos y otros privilegios variados. Empezaron asociándose los puertos de Santander, pero ya en 1296 estos puertos, más los puertos vascos de Bermeo, Guetaria, San Sebastián y Fuenterrabía, se reunieron en el puerto santanderino de Castro Urdiales para constituir la Hermandad de la villa de las Marismas de Castilla, también conocida como Hermandad de las Marismas.

Se constituyó para defender sus derechos y exenciones comunes, pero siempre teniendo en cuanta que se constituían al servicio del rey de Castilla, por entonces Fernando IV. Y, aunque estaban sometidos a la autoridad del rey, gozaban de la suficiente autonomía como para firmar tratados comerciales con otros puertos extranjeros, como franceses e ingleses.

A pesar de la tan común fragmentación jurídica y administrativa de la época medieval, jamás se constituyeron como si fuesen una estado independiente, sino como un cuerpo autónomo dentro de la Corona de Castilla.

Durante el siglo XIV, esta Hermandad empezó a fraccionarse según las distintas afinidades regionales, y consta que en 1349 los puertos guipuzcoanos se asociaron entre sí en hermandad, pero siempre bajo la autoridad del rey de Castilla, entonces Alfonso XI.



LA PROTECCIÓN DE SALINAS DE LÉNIZ

En 1331, la villa guipuzcoana de Salinas de Léniz, hoy Leintz-Gatzaga, fue beneficiada por el rey de Castilla, Alfonso XI, con el título de villa, además de ponerla bajo su especial protección con el fin de librarla de los Guevara, una poderosa familia de belicosos parientes mayores. A cambio de esta protección y de una serie de exenciones de impuestos, el rey de Castilla se beneficiaría de la sal que produjeran las salinas de dicha villa, y que era esencial para la conservación de carnes y pescados.



LA VOLUNTARIA ENTREGA DE LA COFRADÍA DE ARRIAGA

Álava se había incorporado a Castilla en el año 1200, reinando en Navarra Sancho VII el Fuerte. Su territorio se dividió en dos partes, una de ellas perteneció al concejo de Vitoria, que era de realengo, es decir, que dependía directamente del rey de Castilla. La otra parte pertenecía a la Cofradía de Arriaga, lugar cercano a Vitoria, y que se constituía en una serie de señoríos con jurisdicción privada. Y ambas circunscripciones se disputaban la posesión de 45 pueblos.

Entonces, el rey de Castilla Alfonso XI tuvo que mediar en el pleito en 1332, con el resultado de que, y por aceptación de todas las partes, en adelante toda la tierra de Álava pasaba a ser de realengo. Acto seguido, la Cofradía de Arriaga se disolvió y Alfonso XI se comprometió a no permitir jamás que el territorio de Álava se desprendiera de la Corona.



LA CONCESIÓN DE LOS PRIVILEGIOS DE RENTERÍA

En su fundación, los Fueros se convertían en leyes por el acto exclusivo del rey. Antes de que mediara la intervención del mismo, sólo existían costumbres y usos del pueblo, los cuales se convertían en verdaderas leyes o fueros cuando el rey se decidía a intervenir.

Alfonso XI otorgó muchos fueros a distintas localidades vascas, y una de las que recibió protección de este rey fue la villa guipuzcoana de Rentería, la cual compitió durante muchos años con la villa de San Sebastián por el dominio del puerto de Pasajes, situado en medio de estas dos localidades.

Efectivamente, en 1338 Alfonso XI concedió Fuero a Rentería desde la localidad de Alcalá de Henares, según el modelo del propio Fuero de San Sebastián, con especiales ventajas para las poblaciones marítimas y mercantiles. En dicho fuero, el rey de Castilla se cuidó especialmente de que San Sebastián no impidiera la entrada de mercancías en Rentería por vía marítima, así como de no cobrarle tampoco aranceles por ello. Además, procuró igualmente que dicho puerto pudiera beneficiarse del tránsito de las mercancías que llegaban desde Navarra, tránsito que San Sebastián pretendía monopolizar. Los puertos guipuzcoanos eran vitales para que Navarra pudiera desarrollar su comercio.

Por tanto, la intervención del rey castellano procuró el establecimiento de un auténtico orden legislativo para el desarrollo justo y homogéneo de las poblaciones vascas.



LA REDACCIÓN DEL CUADERNO VIZCAÍNO DE 1342

Los vascos tuvieron una participación realmente brillante en la batalla del Salado, acaudillados por el rey castellano Alfonso XI, y que se dio en 1340 a orillas del río Salado (Cádiz). Esta batalla fue vital para el avance de las huestes cristianas con el objetivo de arrebatar a los musulmanes su último reducto, el Reino de Granada. La vanguardia del ejército castellano estuvo formada por el señor de Vizcaya, Juan Núñez de Lara, casado con María Díaz II de Haro, procedente de una importante familia castellana. Asimismo, la infantería guipuzcoana fue mandad por el también guipuzcoano Amador de Lazcano.

Por todo ello, el rey de Castilla quiso compensar sus fieles servicios aprobando el Cuaderno del Señorío de Vizcaya de 1342. Esta fue la primera compilación legal vizcaína, y que se redactó en lengua castellana. Algunos mitologistas han querido afirmar que se escribió en euskera, lo cual es completamente falso.

Se redactó el cuaderno para establecer claramente las competencias que había de tener el señor respecto al señorío. Por otra parte, se recogieron en el mismo distintos usos y costumbres, los cuales se convirtieron en ley en este año de 1342 reunidas las Juntas Generales, con los representantes más importantes de Vizcaya, en torno al árbol de Guernica. Y allí el señor de Vizcaya, como antes el rey de Castilla en Guipúzcoa, los sancionó convirtiéndolos en ley. Esta compilación sería la que preparó la definitiva redacción del Fuero de Vizcaya en 1452. Destacan asimismo en este Cuaderno los capítulos 23 y 28, dedicados respectivamente a la defensa de la libertad personal y a la libertad de comerciar.

El asedio de Algeciras (Cádiz) por las huestes cristianas tuvo lugar entre los años 1342 y 1344, en el empeño de controlar el peligroso estrecho de Gibraltar, por donde se deslizaban las invasiones provenientes de Marruecos. La participación vasca fue tan importante en este sitio que el rey Alfonso XI concedió a San Sebastián distintas mercedes y privilegios, como se puede ver en una Real Cédula de 1345, donde el rey habla de ello expresivamente:
"Al tiempo que Nos teníamos cercada la nuestra ciudad de Algeciras por el gran menester en la guarda de la mar, que nos vinisteis á servir con naos."


EL TRASLADO DE DEVA

En 1343, Alfonso XI accedió a conceder a los habitantes de la localidad guipuzcoana de Deva, hoy Deba, el traslado de la misma a orillas del mar, justo donde desembocaba el río Deva. La importancia de este traslado está fundamentada en que de esta manera la vía y el puerto de Deva eran camino natural por donde pasaban las lanas de Álava, Castilla, Navarra y Aragón hacia los países del norte de Europa.

Si el rey castellano Alfonso XI concedió fuero a la población guipuzcoana de Deva, la protección sobre dicha villa continuó con su sucesor Pedro I el Cruel. De tal manera que en 1362 se expidió una sentencia para que el señor banderizo Juan López de Gamboa tuviera totalmente prohibido el apoderarse de alguno de los territorios que estaba bajo la jurisdicción de Deva. Con ello el monarca de Castilla propinaba un nuevo golpe a las luchas civiles de los nobles banderizos, mientras favorecía a Deva en su aspiración a vivir libre e independiente de cualquier parcialidad o bandería. Además, esta protección continuó muy firme y sólida en el siglo XV, hasta el punto de que todos los habitantes de Deva estaban prontos y dispuestos a realizar cualquier servicio a favor del rey de Castilla.

Igualmente, este mismo rey concedió en 1346 un privilegio a los habitantes de un cierto valle guipuzcoano, que se hallaban dispersos y diseminados por el mismo, para constituir la villa de Elgoibar. La constituyeron con el modelo del importante Fuero de Logroño y a manera de un pueblo cercado y torreado para defenderse principalmente de la poderosa familia banderiza de los Olaso. Esto permitió además que estos habitantes pudieran dedicarse con tranquilidad y sosiego al trabajo del hierro en las herrerías, antes llamadas ferrerías.



LOS FUEROS A OTRAS VILLAS DE GUIPÚZCOA Y ÁLAVA

Además, Alfonso XI entregó también fuero a cuatro villas guipuzcoanas más que fueron Eibar (1346), Elgueta (1335), Soraluce-Placencia de las Armas (1343) y Zumaya (1347). En estas concesiones se siguieron los modelos de los fueros de Logroño, Mondragón, Vitoria, San Sebastián y Estella.

Asimismo, este rey también concedió fuero a siete villas alavesas: El Burgo (1337), Cárcamo (1332), Fresneda (1332), Mendoza (1332), Monreal (1338), San Vicente de Arana (1326) y Villarreal (1333). Y en estas concesiones se siguieron los modelos del Fuero Real, procedentes del otorgado en el siglo XIII por Alfonso X el Sabio, y de los fueros de Vitoria y Logroño.