INTEGRACIÓN DE LOS NAVARROS EN LA MONARQUÍA ESPAÑOLA


LA ANEXIÓN DE NAVARRA A LA CORONA ESPAÑOLA

Los dos motivos principales de la anexión del Reino de Navarra a la Monarquía de España fueron:

1. el apoyo y la dependencia de Navarra a la Monarquía Francesa, enemiga de España, a través del Tratado de Blois.

2. el hecho de que el papa Julio II excomulgara a los reyes de Navarra y les desposeyera del reino, alegando connivencias de la Casa Real navarra con el Protestantismo, que se estaba extendiendo por el sur de Francia y su alianza con el monarca francés, declarado cismático.

A pesar de los diversos intentos de reconquista, Fernando el Católico había seguido trabajando para consolidar la incorporación institucional de Navarra a sus dominios. En 1513, las Cortes de Navarra, convocadas en Pamplona por el virrey castellano y sólo con la asistencia de beamonteses, nombraron a Fernando el Católico rey de Navarra. El 7 de julio de 1515 las Cortes de Castilla en Burgos, sin ningún navarro presente, anexionan el Reino de Navarra al de Castilla. El nuevo rey se comprometió a respetar sus fueros, su Consejo Real y sus propias Cortes. Los reyes posteriores continuaron jurando las leyes propias navarras.

En 1516, el cardenal Cisneros ordena eliminar todos los signos defensivos de Navarra, debido a la imposibilidad de defender con el ejército castellano todos los castillos. Francia siguió intentando anexionar Navarra utilizando a los agramonteses y a Enrique II de Albret, hijo de los reyes destronados, y la invadió en 1521, pero al conquistar momentáneamente Pamplona, no sólo no proclama rey de Navarra a Enrique II, sino que ni siquiera le permite la entrada en Navarra. La invasión francesa será finalmente derrotada en la batalla de Noain en 1521.

Cuando Carlos I llegó a reinar la Monarquía Española decretó un nuevo perdón, incluyendo a los excluidos del anterior, a condición de que se le prestase juramento de fidelidad. Así terminaron los intentos por recobrar la independencia de la Alta Navarra. Tras una irregular ocupación de la Baja Navarra, incluida San Juan de Pie de Puerto por parte de las tropas del emperador Carlos V, en 1528, éste decide abandonar el territorio por su difícil defensa. En esta parte del reino de Navarra continuó la dinastía Albret-Foix, que posteriormente llegaría a reinar en Francia a partir de 1620.

Mientras tanto, los franceses son derrotados en Milán, que tienen que abandonar. Francia se ve acosada por todos lados, pero resiste a los ingleses cerca de París, a los alemanes en Borgoña y a los españoles en Bayona. Las tropas de Carlos V entran en la Provenza francesa, ponen sitio a Marsella, que no se rinde, lo que anima a Francisco I a contraatacar, haciéndolo en Pavía, donde cae prisionero, junto a Enrique II.

La batalla de Pavía, ocurrió el 24 de febrero de 1525, allí fueron apresados Francisco I y Enrique II, y llevó a que el primero firmara en enero de 1526 el Tratado de Madrid. En su artículo séptimo se pedía que dejara de apoyar al rey navarro en los intentos de reconquistar Navarra. Enrique II se escaparía en 1527.

La dinastía Habsburgo establecerá en Pamplona la figura de un virrey, permaneciendo con gran actividad las cortes del reino. La Diputación del Reino nacerá en 1576 como órgano permanente de gobierno y de representación de las Cortes en los períodos que éstas no se reunían; a lo largo de cinco siglos esta institución ha sido el núcleo de la administración foral de Navarra y en la actualidad pervive en el Gobierno de Navarra, también llamado oficialmente Diputación Foral de Navarra.

El fin de las rivalidades internas del siglo XV, que concluyó con la victoria del bando beaumontés y la conquista castellana, supuso un resurgimiento económico que permitió recuperar el equilibrio demográfico, alterado por la prolongada guerra civil, estabilizó la vida económica y configuró sólidamente la estructura institucional del Reino de Navarra, que así continuó llamándose hasta mediados del siglo XIX.

Durante el siglo XVI la Navarra peninsular va integrándose en la Monarquía española, no presentando inestabilidad de calado y permaneciendo con la corona castellana cuando hacia 1640 el sistema territorial de la monarquía de los Austrias entra en crisis con la separación de Portugal y la revuelta de Cataluña. Pese a todo, y de manera paulatina, conforme la rivalidad franco-española se traslade a otros ámbitos, los navarros ocupan posiciones y cargos institucionales de la Monarquía Española, tanto en España como en el resto de las colonias, especialmente durante los siglos XVII y XVIII.

Durante la Guerra de Sucesión Española, Navarra (a pesar del fiero sentimiento anti-francés del pueblo) se posicionará a favor del duque de Anjou (futuro Felipe V) en lugar de por el archiduque Carlos de Austria (como lo hicieron los reinos de la Corona de Aragón). Es por ello por lo que tanto Tudela como Sangüesa fueron ocupadas por las tropas austracistas. A la finalización del conflicto, Navarra, al igual que las provincias vascas, conservaron sus fueros frente a los reinos de la Corona de Aragón, declarados traidores por Felipe V y despojados de sus prerrogativas forales por los Decretos de Nueva Planta.



LA INTEGRACIÓN DE LOS NAVARROS

La monarquía española se empeñó en integrar a los navarros y reforzar su proximidad política. Exigió un proceso lento y complejo de acomodación y encaje institucional, político y personal de los navarros en la Monarquía de los Austrias debido a que anteriormente a la invasión de 1512 fue un reino independiente aunque algunas épocas formó parte del Reino de Aragón, en otra ocasión con Sancho III Garcés el Mayor compartiendo el mismo rey o bajo la órbita de influencia de reyes franceses.

Este encaje institucional pasaba por el cese de las continuas pretensiones legitimistas de los Albret de Baja Navarra ante la usurpación de la Navarra peninsular orquestadas desde París o Pau; así como el encuentro de un nuevo estatus del reino y de los navarros en la monarquía de tal manera que satisfaga sus intereses.


1. Las pretensiones legitimistas de los Albret

En 1527, Carlos I de España, evacúa la Baja Navarra, porque era difícil de defender al estar al otro lado de la barrera pirenaica. Enrique II de Albret se convierte en rey de Baja Navarra. Durante la mitad del siglo XVI no cesan de alertar sobre una posible conspiración legitimista sobre la Navarra peninsular, para reponer en el trono a Enrique II de Albret, o más adelante a su hija Juana III o a su nieto Enrique III.

Las cancillerías europeas, salvo las de España y sus aliados, reservaban el título de Rey de Navarra para Antonio de Borbón de Francia, marido de Juana III de Albret, y muy en particular para su hijo Enrique III de Navarra y IV de Francia desde 1572.

Estos reclamos legitimistas que se elevaron desde Pau o desde París, particularmente intensos en la segunda mitad del siglo XVI enturbiaron la imagen de los navarros y no facilitaron el acomodo de estos en la monarquía española. En un momento de máxima tensión e incertidumbre, en 1598, la Diputación de Navarra, creada en 1576, tuvo que salir en defensa del honor y fidelidad colectiva del reino porque ciertos rumores sobre un arbitraje papal, fueron acordados para atender las reivindicaciones legitimistas en torno a su usurpación, y habían llegado a preocupar seriamente.

Tras la llegada de Enrique IV de Borbón a la corona de Francia, las relaciones hispano-francesas cambiarían sustancialmente.

Enrique de Borbón, calvinista convertido al catolicismo, hereda bajo su mando el reino de Baja Navarra y Francia, y por lo tanto olvida las viejas pretensiones de la familia de su madre, los Albret. Se disipan las disputas sobre fidelidad personal entre agramonteses y beamonteses. Los gobernantes de la Monarquía admitieron la evidencia que los navarros como católicos y como españoles, eran tan fieles y leales como los castellanos.


2. El nuevo estatus legal e institucional de Navarra

Entre la invasión de 1512 y la retención en la batalla de Noain de 1521, las alternativas de poder son inciertas debido a la guerra hispano-francesa en Italia y la complejidad sucesoria de España tras la muerte de Felipe el Hermoso de Austria.

Fernando el Católico no pudo imponer su voluntad como conquistador. No juró los fueros en Pamplona haciéndolo en su nombre el virrey marqués de Comares. En 1513 las Cortes de Navarra, convocadas en Pamplona por el virrey castellano y sólo con la asistencia de beamonteses, nombraron a Fernando el Católico rey de Navarra.

En ellas, se establecieron dos únicas condiciones de la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla:
a. una misma ley sucesoria
b. un mismo gobierno, el Consejo de Castilla, con el mantenimiento de los fueros y costumbres del reino.

Carlos I actuó como heredero legítimo de su abuelo, pero adoptando una actitud más apaciguadora y pactista. No configuró el gobierno al Consejo de Castilla, sino al Real de Navarra. Mantuvo las instituciones del reino medieval, sus fueros y costumbres, y sus Cortes de Navarra, pero su encaje fue lento y necesitó de diversas reformas.

Las instituciones del rey fueron menores e inmediatas, las del Reino fueron lentas y profundas. Los tribunales de Pamplona (Consejo, Corte Mayor y Cámara de Comptos) se definieron los primeros años en los tribunales del rey.

Las principales reformas de las instituciones del Reino de Navarra durante el siglo XVI fueron:

El juramento de los fueros por el príncipe heredero, nunca fue tradición navarra, se estableció en 1551 como era costumbre en Castilla.

En la década de 1560, los Tres Estados (tribunales) proclamaron 3 axiomas básicos en los que se fundamenta el Fuero General de Navarra:
1º. no pueden hacerse leyes generales decisivas, sino a petición de las cortes
2º. las leyes de corte están por encima de cualquier otra norma
3º. toda ley debe resultar del acuerdo entre rey y reino

Se amplió la base social del Consejo, especialmente en el Brazo Militar, dejando de ser un reducto de "ricoshombres y caballeros", para convertirse en una asamblea más numerosa, abierta, flexible y más representativa de la región.

Se amplió la base de la Diputación, creada en 1576, cuyos diputados son elegidos por los Tres Estados.



LA UNIÓN DE NAVARRA COMO EQUEPRINCIPAL

En Castilla prevaleció la idea de que lo ocurrido en 1512 fue solo una restauración dinástica de unos reyes que giraban en la órbita de influencia del Reino de Francia, y por lo tanto enemiga de España. Pero tampoco olvidaron que dicha restauración fue apoyada por las armas.

En Navarra, mientras unos trabajaron para preservar la personalidad diferenciadora del reino, otros sopesaron los beneficios y ventajas de una unión más estrecha con Castilla. Pero todos comprendieron la necesidad de hacer compatible lo uno y lo otro, es decir el mantenimiento de las instituciones forales unida a una monarquía en plena expansión colonial de la que sacar provecho.

El reino de Navarra se incorporó a la Monarquía Española en una unión "equeprincial" o entre iguales, y no en unión "accesoria" o subordinada, entendida en el sentido de haber sido "adeaquetum et non submissum regno Castellae", cuyos naturales de Navarra son considerados a efectos jurídico-políticos como naturales del reino de Castilla para honras, oficios, derechos y beneficios.

El acta de la unión recoge que:
"en el año de 1513, fue unido e incorporado a dichos reinos de Castilla y León, y aunque quedó el reino distinto en territorio, fuero y leyes, no lo quedó lo quedó en la comunicación y aptitud para los oficios reales y beneficios eclesiásticos, por haberse hecho en calidad de equeprincipal, en la cortes generales que se celebraron en la ciudad de Burgos en 1515. De manera que el haberla incorporado no fue por modo se supresión sino por el de unión principal; y así cada reino tuvo su naturaleza antigua en leyes, territorio y gobierno, aunque los naturales con derecho igual y recíproco para obtener promiscuamente, los de Castilla en Navarra y los de Navarra en Castilla."

En una unión tan desigual, el miembro pequeño podría ser el que más perdiera, o bien mediante ciertos acuerdos y condiciones pactadas podría ser el que más ambicionara ganar. Y esto fue lo que lejos de molestar a los navarros, planteó un problema a los castellanos.

Todo tenía que ver en cuanto a la "reserva de oficios y cargos institucionales", Fernando el Católico y Carlos IV de Navarra acordaron reservar que todos los cargos y oficios institucionales de Navarra estarían ocupados por navarros, mientras que a los navarros se les permitiría la ocupación de un relevante número de cargos y oficios en las instituciones de Castilla. Para ser navarro debía cumplir unos rigurosos requisitos legales como haber nacido en Navarra (ius solis) y ser hijo de padres navarros (ius sanguinis), por otra parte a los castellanos no les atraía tanto Navarra.

La presencia de navarros en oficios y beneficios civiles y eclesiásticos en Castilla y sus posesiones de Ultramar fue tan numerosa como la de aragoneses, valencianos y catalanes juntos, fue una excepción de leyes hecha a su favor que funcionaban como castellanos, especialmente en los Colegios Mayores de Castilla, cantera que aportaba los altos cargos institucionales.

El interés de los navarros por obtener "mercedes generales" del reino de Castilla como pago a sus servicios realizados en sus instituciones se vio incrementada en el siglo XVII.

Durante el periodo 1642-1654, Cortes navarras pidieron "mercedes" como premio a su fidelidad en el momento de las revueltas de Cataluña y de Portugal, y como recompensa de los tercios con que habían servido al rey en aquellos conflictos. Solicitan mayor número de plazas en el Consejo de Castilla, en los de Italia e Indias.

A mediados del siglo XVII, la preeminencia alcanzada por los navarros y "vizcaínos" no pasaba desapercibida, constituyendo un núcleo de poder en la Monarquía Española, que culminaría durante el siglo XVIII, en la llamada "hora navarra".




LA INTEGRACIÓN DE LA ALTA NOBLEZA

En el momento de la invasión la alta nobleza navarra mantenía estrechos lazos familiares con las principales casas tituladas de Castilla y de Aragón.

Los tres títulos del Reino de Navarra estaban casados con castellanas:

1. Conde de Lerín, hijo de Leonor de Aragón, hermanastra del rey Fernando el Católico, estaba casado con Brianda Manrique, hija del primer duque de Nájera.

2. Pedro de Navarra, mariscal del Reino de Navarra, casó en 1498, en la Aljafería de Zaragoza, ante los Reyes Católicos, con Mayor de la Cueva, dama de la reina Isabel I de Castilla, que era hija de don Beltrán, hecho duque de Alburquenque y de Mencía de Mendoza.

3. Alonso de Peralta, hijo de Troilos Carrillo de Acuña, elevado a marqués de Falces en 1513, casó con Ana de Velasco, de la familia del Condestable de Castilla.


Esta familiaridad que mantenían las tres casas nobiliarias titulares de Navarra (Beaumont, Navarra y Peralta) con linajes de la alta nobleza de Castilla y Aragón era antigua, lo que se manifestó en estrechas relaciones de colaboración.

Díaz de Aux, II señor de Catedraita (1455-1514) luchó en la defensa del Rosellón contra los franceses en 1493 dirigiendo la compañía de armas del infante don Alonso. Dos de sus hijos y un yerno murieron en la batalla de Rávena en 1512, y en la conquista de Nápoles perdió una hija y un nieto.

Ana de Beaumont, dama de honor de Carlos I, era hermana del III conde de Lerín y casada con Juan de Mendoza.

Francés de Beaumont, primo del conde del III conde de Lerín, prestó juramento a Carlos I en San Pablo de Valladolid.

Gastón de Peralta, III marqués de Falces, fue corregidor de Toledo y virrey de Nueva España (1566-1568).

Pedro de Navarra, I marqués de Cortés, bajo la órbita del cardenal de Talavera y luego del Príncipe de Éboli, fue corregidor de Córdoba (1530-1532), y de Toledo (1532-1537), asistente de Sevilla (1537-1548), gobernador de Galicia (1548-1522), presidente de Santiago en el Consejo de Órdenes (1552-1552) y con entrada en los consejos de Estado y Guerra.

Francisco de Navarra, hermano de Pedro de Navarra, fue rector de la Universidad de Salamanca (1529-1539), visitador de la Universidad de Alcalá, Inquisidor de la Suprema (1537) y obispo de Ciudad-Rodrigo (1541), de Badajoz (1545), y de Valencia (1556).


Las tres casas de Beaumont, Navarra y Peralta se desarraigaron de aquel reino durante el siglo XVI en virtud a una relación de enlaces matrimoniales con otras casas de la alta nobleza española y de servicios a la monarquía de los Habsburgo.

Brianda de Beaumont, hija única de Luis de Beaumont, IV conde de Beaumont, casó a la muerte de su padre en 1565 con Diego Álvarez de Toledo, hermano segundo del Gran duque de Alba, que a su muerte terminó gobernando ambas casas, la de Beaumont y la de Alba.

Jerónima de Navarra, II marquesa de Cortes, en 1565 casó con Martín de Córdoba y Velasco, hermano del conde de Alcaudete y virrey de Navarra.

Antonio de Peralta, IV marqués de Falces, dejó una hija que Felipe II llevó a la corte en 1593 y casó con un noble flamenco, Jacques de Croy.

Jaime Díaz de Aux Armendáriz, II señor de Cadreita (1455-1514) casó con Leonor de Beráiz de familia noble de Tudela. Su hijo, Luis casó con Inés de Castejón.

Luis Díaz de Aux Armendáriz, IV señor de Catedraita (1550-1592) y nieto de Jaime casó con la hija de un secretario de Felipe II, mientras que su hermano Lope Díaz de Aux Armendáriz, llegó a ser presidente de la Audiencia de Méjico y gobernado de Nueva España, porque su sobrina Inés casó con Gastón de Peralta, III marqués de Peralta, virrey de Nueva España.



LA INTEGRACIÓN DE LOS CABALLEROS EN LA CARRERA DE ARMAS

En la anexión de Navarra, la baja nobleza navarra formada por hombres de armas y letras, habían servido a Luis de Beaumont, tratado por estos como un beaumontés y no a Fernando el Católico, rey al que nunca habían conocido. Tras la conquista

La participación de los beaumonteses en la conquista de Navarra junto a los castellanos, al igual que algunos agramonteses, facilitó la confianza del rey Carlos I y la integración en los Reales Ejércitos de España, en lugar de servir a los antiguos cabezas de mando.

Así aparecen varias familias nobles navarras integrándose en los Tercios Reales de Carlos I y Felipe II, realizando carrera de armas en una actividad que ellos consideraban noble.

Diego de Larrea, caballero de la villa de Falces y señor del palacio de Beaunza-Larrea cerca de Pamplona, murió en el ataque al castillo de Maya (valle de Baztán) en 1522, donde resistieron los últimos franco-navarros.

Francés de Beaumont, señor de Arazuri y primo del III conde de Lerín, fue nombrado por el Emperador corregidor de Asturias en 1517 y le concedió el hábito de Santiago en 1518. Defendió la causa del rey en la batalla de Villalar y en la revuelta de las Comunidades de Castilla. Participó en la batalla de Noáin apresando al general francés Asparrós, llegando a ser Capitán General de la frontera del Rosellón. Gracias a su mujer Beatriz Ycart, dama de Isabel II y de familia de caballeros de Barcelona, también consiguió ser capitán General de la guardia imperial.

Francés de Alava y Beaumont (Vitoria 1519-Valencia 1586), sobrino de Francés señor de Arazuri, capitán general de la provincia de Álava participó en la conquista de Navarra. Su abuelo Diego de Álava, diputado general de Álava desplazó a la vieja nobleza de los López de Ayala de la diputación, mientras que su padre, Fernando de Álava, casó con Magdalena Beaumont, consiguiendo así que su tío Diego de Álava Esquivel obispo de Castilla promocionó los ascensos. Participó en las campañas de Flandes, Alemania e Italia, fue caballero de Calatrava en 1547, combatió en Mühlberg en 1547 y en el Rosellón, fue maestre de Campo en Siena en 1549, estuvo en el asedio de Metz en 1552, en la batalla de San Quintín en 1557 y junto al Emperador en sus últimos años en Brudelas. Fue embajador en la corte de Francia en 1562, y a su vuelta ascendió a Capitán General de Artillería en 1572 y consiguió un puesto en el Consejo de Guerra.

Jerónimo Ayanz y Beaumont (1553-1613), señor de Guenduláin. Su padre sirvió al Emperador y combatido en San Quintín, su tío León fue capitán en Perú y su tío Francisco inquisidor en Cuenca y en Murcia.nSu vida militar empezó en el Mediterráneo, siguió en Italia y Flandes, donde fue herido en Gembloux en 1578 y terminó en Portugal en 1580 y en el Atlántico en la campaña de azores de 1583. Su tío León, el inquisidor de Murcia y sus matrimonios con Blanca y luego Luisa Dávalos Pagán le permitieron llegar a ser corregidor de Murcia y gobernador de Matos en 1595. Desde 1597 estuvo en la corte como Administrador General de Minas, siendo ingeniero e inventor de numerosos tipos de máquinas.

Jerónimo Ayanza Javier, sobrino de Ayanz y Beaumont llegó a ser I conde de Guenduláin, gracias a las recomendaciones de su tío y a ser el paje de Felipe III.



LA INTEGRACIÓN DE LOS HIDALGOS EN LA CARRERA BUROCRÁTICA

La mayoría de los hidalgos que sirvieron a la monarquía española se incorporaron en las milicias, una minoría consiguió realizar oficios de pluma como escribanos, secretarios, contadores, etc. Pero dentro de este ámbito algunos llegaron a ascender a cargos relevantes, a conseguir grandes fortunas y alcanzar honores y matrimonios indispensables desde su origen.

Fue este último caso, el ejemplo de los Idiáquez guipuzcoanos durante tres generaciones: Alonso Idiáquez, fue secretario personal del Emperador. Su hijo, Juan Idiáquez (1540-1614), fue embajador y secretario del Consejo de Estado, y los sobrinos de este, Francisco y Martín, ocuparon también las secretarías de Estado de Italia y del Norte.

Francisco de Eraso (1507-1570), emigrado a la Corte de los Católicos como escribiente, supo introducirse en la órbita de Francisco Vázquez de Molina, gran ministro de Carlos I, para desde allí ascender cargos de relevancia y llegar a ser el secretario personal del emperador en 1546. Durante el reinado de Felipe II, Eraso se afianzó en el poder con la protección de Ruy Gómez de Sival, amigo personal del rey, llegando a ser secretario de los Consejos de Indias y de Órdenes de España, y secretario de Estado y de Guerra en la cámara de Castilla. Consiguió una fortuna y títulos nobiliarios mediante concesiones de real merced y retribuciones de favores.

Martín de Gaztelu (1510-1580), fue uno de los protegidos de Eraso, pero fue su tío Andrés de Gaztelu miembro de la secretaría del Emperador quien le introdujo en la corte. Eraso le consiguió la secretaría personal de Carlos I durante su retiro en Yuste, encargándose del testamente el hombre más poderoso de Europa. En 1560, siendo secretario del rey Felipe II, viajó en diversas misiones en Flandes e Italia.


Juan de Ciriza (1560-1630), pamplonés que emigró a la corte de la mano de un familiar, Juan Vicente Marcilla de Caparroso, del Consejo de Aragón. Allí conoció a Francisco Sandoval, primer valido de Felipe III, hecho duque de Lerma, quién le promocionó en una carrera brillante: secretario general de la Capitanía General de la Caballería de España, secretario personal de Felipe III en 1605, secretario del Consejo de Guerra en 1610, secretario del Consejo de Estado en 1612, y secretario del Estado en Italia en 1624. Hasta que en el reinado de Felipe IV y su valido, el Conde-Duque de Olivares le apartó de alto poder.