INSTITUCIONES


INTRODUCCIÓN

A finales del siglo XIV, marinos y comerciantes vizcaínos fundan en Cádiz el Colegio de Pilotos Vizcaínos, cuyos estatutos fueron aprobados por los Reyes Católicos, a cuya institución se le concedió la exclusividad en el suministro de prácticos de navegación para los buques que acudían al puerto. A esta institución acudían aquellos vizcaínos que llegaban desde el Señorío a Cádiz para emprender el oficio de navegante y transportista. Esta ciudad portuaria ofrecía importantes rutas comerciales hacia puertos de África desde el siglo XIII, y hacia la América desde finales del XIV.

En el siglo XV, ya existía una "Calle de los Vizcaínos" en Sevilla, ubicada entre la catedral, el río Guadalquivir y la muralla, y desde la cual solían negociar mercaderes y banqueros. En esta ciudad contaban con una representación importante en el popular barrio de la Mar. Desde tiempos pasados, disfrutaban de importantes exenciones en la aduana de Sevilla gracias a los privilegios concedidos por los monarcas Fernando IV y Alfonso IX a las localidades de Bermeo, San Sebastián y Guetaria.

A principios del siglo XVII, un grupo de cargadores de Indias, de mayoría guipuzcoana, fundó la Venerable, Inmemorial y Pontificia Cofradía del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y María Santísima de la Amargura, en el convento de los agustinos, acogiendo en su seno a los vizcaínos residentes en Cádiz. En 1647, Sancho de Udanibia edificó la Iglesia de San Agustín, considerado como el centro de reuniones de los vascos afincados en Cádiz, aunque, en la misma época, los pilotos vizcaínos mantenían su capilla propia en la Catedral Vieja.

La Real Compañía Guipuzcoana de Carcas fue fundada en 1728, bajo licencia de Felipe V y su ministro José Patiño y tuvo el privilegio de monopolizar todo el comercio de exportación e importación entre España y Venezuela, así como de combatir el contrabando.

Gestionada por capitalistas vascos, la sede se estableció en San Sebastián, y desde 1751, en Madrid, mientras que su sede central en la Provincia de Caracas se estableció en La Guaira. En 1785 se convirtió en la Real Compañía de Filipinas. Los barcos de esta compañía mercantil partían desde los puertos de Guipúzcoa y llegaban a La Guaira y Puerto Cabello. Una vez abastecida la provincia de Caracas, la empresa podía vender y comprar en las provincias de Cumaná, Margarita y Trinidad y de regreso, los barcos atracaban en Cádiz y pagaban los derechos convencionales.
Durante la Modernidad, las elites vascas y navarras fundaron Reales Congregaciones en las principales ciudades españolas donde recibían una gran cantidad de inmigrantes e inversores (Madrid, Sevilla, Cádiz). Su idea inicial fue la adoración a sus santos, San Ignacio de Loyola y San Fermín, por los navarros y vascos que en aquellas ciudades trabajaban, pero llegaron a convertirse en sedes de relaciones sociales y comerciales entre los ya establecidos en cargos institucionales y posiciones mercantiles, y los recién llegados.

En Madrid se fundaron durante el siglo XVIII la Real Congregación San Fermín de los Navarros y la Real Congregación de las Tres Provincias Vascongadas. Lugares de reunión entre comerciantes, financieros, secretarios reales y gobernantes oriundos de estos lugares, dónde se establecieron redes clientelares, se formalizaron suculentos negocios y se promocionaron carreras en las instituciones del Imperio.

FACHADA DEL COLEGIO DE PILOTOS VIZCAÍNOS DE CÁDIZ


1. SALA DE VIZCAYA

El Fuero del Vizcaya consagra en su Título I, Ley XVI: "Que todos los naturales de este dicho Señorío de Vizcaya, Tierra Llana, Villas y Ciudad, Encartaciones et Durangueses eran Notorios Hijos-Dalgo..."

Con base en esta consideración de los vizcaínos y de sus Fueros, existía la Sala de Vizcaya, una de las que formaban la Chancillería de Valladolid, y que era donde se fallaban las causas civiles, criminales y de hidalguía de los vizcaínos de origen.

La Sala de Vizcaya estaba formada por el Juez Mayor de Vizcaya. En dicha sala no había Oidores ni Alcaldes. Le acompañaban dos escribanos, un repartidor y tasador y uno o dos relatores.

El Juez Mayor de Vizcaya resolvía, de acuerdo con el Fuero, los asuntos de los naturales, vecinos o moradores del Señorío de Vizcaya, Tierra Llana, Villas, Ciudad, Encartaciones y Durangueses.

En la Sala de los Hijosdalgo, los pleitos se iniciaban sin que sobre ellos hubiese recaído sentencia alguna de otro Tribunal en primera instancia. Sin embargo los de la Sala de Vizcaya llegaban a la Chancillería después de fallados en primera instancia por el Corregidor del Señorío y demás Justicias de él. La sentencia del Juez Mayor de Vizcaya podía apelarse en revista al Tribunal de Oidores, sentencia esta que firmaban los tres oidores de rúbrica. Esta última sentencia, aunque muy rara vez se hacía, podía ser recurrida ante el Consejo Real, por la suplicación que se llamaba de las "mil y quinientas" y por la de "injusticia notoria". Para los vizcaínos de origen, este Tribunal actuaba aun cuando los hechos que motivaran el procedimiento hubiesen ocurrido fuera del territorio del Señorío de Vizcaya.



2. REAL CONGREGACIÓN DE LAS TRES PROVINCIAS VASCONGADAS EN LA CORTE BORBÓNICA

La Real Congregación de Naturales y Originarios de las Tres Provincias Vascongadas fue fundada en Madrid el año 1713, un grupo de vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses, para dar culto a San Ignacio y atender las necesidades morales y físicas de todos los vascongados residentes en Madrid que lo necesitasen.

La congregación se puso bajo el patronazgo de San Ignacio de Loyola, y su primer hermano mayor fue el rey Felipe V de España. Los Estatutos o Constituciones se publicaron en Madrid en 1722. Uno de sus objetivos fue siempre socorrer a los vascongados pobres en casas, hospitales y cárceles de Madrid.

Su nombre original fue Real Congregación Nacional de Hijos, y Originarios de las tres muy nobles, y muy leales provincias de Cantabria, posteriormente se cambió al de Real Congregación Nacional de los Hijos y Naturales de las muy nobles y muy leales provincias del Señorío de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava.

A la constitución de esta congregación asistieron 124 vascos, entre ellos Juan de Idiáquez y Eguía, Bruno Mauricio de Zabala, capitán general de Buenos Aires, Juan Bautista de Iztueta, y José Zárate y Murga, marqués de Montesacro.

Unos años después, en 1741, se compró en 500.000 reales el espacio de terreno situado entre las calles de Alcalá y Barquillo, denominado Buenavista, pensando levantar ahí su casa e iglesia encargando a Ventura Rodríguez el proyecto, pero se permutó por otro más conveniente. En 1773 se habilitó la antigua capilla para iglesia de la Congregación dirigiendo las obras Manuel de los Heros. En diciembre de 1775 la Congregación estableció un acuerdo fraternal con la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, comprometiéndose la primera a costear la cátedra de Física experimental del Seminario de Vergara.
La prosperidad de la institución duró hasta la invasión francesa y las oleadas desamortizadoras subsiguientes. En 1843 consiguió la devolución de parte de sus bienes merced a las gestiones del senador Joaquín Berroeta Aldamar. Después de un periodo de esplendor, casi desaparece por las leyes de desamortización del patrimonio eclesiástico, pero en 1864 resurge con fuerza. A finales del siglo pasado se reconstruyó la iglesia, situada en la calle del Príncipe nº 31, con dinero de los socios, aportaciones de los vascos de América, Diputaciones y dinero propio. En la fachada están los escudos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya habiendo reconstruido la iglesia entre 1895 y 1898. Fue consagrado el templo el 20 de julio de 1898 e inaugurado el 21 del mismo mes y año bajo la advocación de San Ignacio. Su imagen, obra del escultor y pintor Arturo Mélida, figura en el altar mayor. Fuera del retablo están las imágenes de San Prudencio y de San Martín de Aguirre.

En marzo de 1936, fue atacada e incendiada en los disturbios de la Guerra Civil. Sus techos se desplomaron y el edificio quedó abandonado hasta 1940, año en que se inició su reconstrucción y se solicitó una subvención a las tres Diputaciones. Ha recibido recientemente la ayuda de 150.000 euros de las tres diputaciones vascas, que permitirá una gran mejora en la reparación de la fachada de la iglesia. Se trata de un frente neorrománico del siglo XVIII muy bonito, pero muy deteriorado, por el paso del tiempo y un incendio masivo en plena Guerra Civil. También se reparó la estructura del templo y de la casa rectoral adyacente, también propiedad de "Los Oriundos". 

Durante casi trescientos años, esta institución ha mantenido las tradiciones vascas en la capital del reino. Es propietaria del templo de San Ignacio, de Madrid. Los domingos y festivos se celebra una misa bilingüe en euskera y castellano, y el día del Corpus, el culto adquiere un matiz regional con la participación de dantzaris y txistularis de la Euskal Etxea de Madrid. Los días normales reciben a unas cien personas, pero en las fechas patronales, como San Ignacio, San Prudencio y la Virgen de Begoña, vienen muchas más. La mayoría de los asistentes son vascos radicados en Madrid o amigos que están de paso, aunque la iglesia está abierta a todo el mundo.
Se mantiene la celebración de las honras fúnebres y se realizan bodas en concordia con la parroquia de San Sebastián, explican desde la Congregación, que nació con 109 socios y hoy reúne a más de 600 miembros. Por ubicación, depende del Obispado de Madrid, pero es el de Guipúzcoa el que envía a sus sacerdotes.
Los religiosos de esta iglesia proceden de Euskadi. Por lo general son capellanes que vienen a completar sus estudios en Madrid, mientras tanto dan misas en la iglesia de la Congregación. La relación con la Iglesia vasca es muy estrecha, también lo es con su Administración, comprometida a colaborar para resucitar el antiguo esplendor del edificio.

De momento, lo que jamás se ha deteriorado es el espíritu con el que se adquirió. "Los Oriundos" ayudan en casos particulares a vascos necesitados en Madrid y visitan a los que se encuentran ingresados en el Hospital de Parapléjicos de Toledo. Pero también hay espacio para la fiesta. En la iglesia de San Ignacio se celebran de modo regular conciertos del Orfeón Vasco de Madrid. Y no son los únicos. También hay actuaciones de grupos corales y musicales del País Vasco.



3. REAL CONGREGACIÓN SAN FERMÍN DE LOS NAVARROS EN LA CORTE BORBÓNICA

La Real Congregación de San Fermín de los Navarros fue una agrupación que integró a todos los navarros residentes en la Corte, con el fin de rendir culto al santo patrono y ejercer la beneficencia. Fue fundada en 1683, en el reinado de Carlos II.

Ente los miembros fundadores de la Real Congregación se encontraban burócratas de relevante poder en la Corte, como Esteban Fermín de Marichalar miembro del Consejo real; Gaspar de Legasa secretario real y oficial de la secretaría de Guerra; José Bruñón secretario real y oficial segundo de la secretaría de Guerra; fray Diego de Castejón abad del monasterio benedictino de Nuestra Señora de Montserrat, en Madrid; Ildefonso Bayona prior de Santa María de Sar; el doctor Juan de Echávarri protomédico y médico real; el licenciado José Gurpegui abogado de los Reales Consejos; y Bernardo de Mendiri mercader de lonja.

La Real Congregación atravesó un período de esplendor en la primera mitad del siglo XVIII en la que coincidieron como congregantes ilustres nobles, prelados e importantes hombres de negocios, las finanzas o la cultura. Se encontraban entre ellos Juan de Goyeneche, sus hijos el Marqués de Belzunce y el Conde de Saceda, Miguel Gastón de Iriarte, Juan Bautista Iturralde, Gerónimo de Uztariz, Juan Antonio de Aldecoa o Juan Antonio Pérez de Arellano, entre otros muchos. Las relaciones y los contactos que se fraguaron entre sus miembros en el seno de la Real Congregación tendrían consecuencias del mayor interés tanto desde el punto de vista religioso como económico o artístico.

SEDE PRINCIPAL DE LA CONGREGACIÓN: LA IGLESIA DE SAN FERMÍN


La primera sede de la congregación fue la iglesia de la Trinidad de la calle Atocha de Madrid desde 1673. En 1890, se inauguró la nueva y actual sede que es la iglesia de San Fermín de los Navarros, situada en el barrio de Chamberí, en la calle Eduardo Dato número 10. Fue construida por  los arquitectos Eugenio Jiménez Correa y Carlos Velasco Pintado, en estilo neomudéjar madrileño.

La fachada principal tiene arco apuntado rodeado por un alfiz de granito que da acceso al templo, situados a ambos lados se hallan los escudos de Navarra y de España. La imagen de San Fermín se alza justo encima, en una hornacina con forma de arco de herradura. Su interior es de estilo gótico y en él destacan el Retablo Mayor del arquitecto José Yárnoz con una escultura de bulto redondo de San Fermín de Fructuoso Orduño, y unas vidrieras en las ventanas con el escudo de Navarra.

IGLESIA DE SAN FERMÍN DE LOS NAVARROS EN MADRID



4. REAL COMPAÑÍA GUIPUZCOANA DE CARACAS

A comienzos del siglo XVIII, existían algunas compañías extranjeras que intervinieron en el comercio de las colonias españolas, como la Real Compañía de Guinea y la Compañía de Asiento, francesa e inglesa respectivamente, dedicados a la venta de esclavos en las colonias españolas. Estas empresas aprovecharon el asiento para contrabandear, lo cual perjudicó en gran medida los intereses económicos del gobierno metropolitano y del rey de España.

En consecuencia, el comercio ilegal aumentó en forma alarmante hasta tal punto que el contrabando holandés de tabaco llegó a superar el comercio legal español provenientes de América, y fue necesario combatirlo.




En 1728, el rey Felipe V y su ministro José Patiño aceptaron la propuesta de los comerciantes vascos liderados por el representante de la Diputación foral de Guipúzcoa, Felipe de Aguirre y decretaron la creación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, realizándose así la idea de sus fundadores: Raimundo de Arteaga, Marqués de Valmediano, Ignacio de la Plaza, José de Areyzaga y Francisco de Munibe, Conde de Peñaflorida. Su último director fue José de Lopeola.

Esta compañía tuvo el privilegio de monopolizar todo el comercio de exportación e importación, así como de combatir el contrabando.

Operó desde 1728 hasta 1781 (en 1785 se convirtió en la Compañía de Filipinas), tuvo gran influencia en el desarrollo económico, social y político de la colonia, y fue gestionada por capitalistas vascos, principalmente de la provincia de Guipúzcoa. Bajo el patrocinio de San Ignacio se formó esta sociedad mercantil, cuya dirección residió en San Sebastián y, desde 1751, en Madrid, mientras que su sede central en la Provincia de Caracas se estableció en La Guaira.


ACCIÓN DE LA COMPAÑÍA


Las bases del contrato fueron las siguientes:

1. El Rey concedía a la empresa el monopolio comercial con la provincia de Caracas. En tal virtud, era la única que podía vender en la provincia toda clase de mercancías importadas; así como también comprar los frutos del país y llevarlos a España en las cantidades necesarias al consumo de la metrópoli. Los barcos de la empresa podían salir directamente de los puertos de Guipúzcoa y llegar a La Guaira y Puerto Cabello. Una vez abastecida la provincia de Caracas, la empresa podía vender y comprar en las provincias de Cumaná, Margarita y Trinidad y de regreso atracar en Cádiz y pagar los derechos convencionales.

2. La Guipuzcoana debía vigilar las costas y perseguir el contrabando, desde las bocas del Orinoco hasta Río Hacha. Sus barcos, debidamente armados con 40 o 50 cañones, recorrerían las costas. Sus capitanes recibieron patentes de corso, esto es, autorización para apresar las naves contrabandistas y confiscar sus mercancías. Además, la empresa debía mantener varias embarcaciones pequeñas y quinientos hombres para el servicio de guardacostas en el litoral.

El rey garantizó a la Guipuzcoana que ninguna otra persona o empresa recibiría permiso para intervenir en este comercio. Se declaró la protección del Rey a la empresa y se despacharon instrucciones a las autoridades coloniales para que se le dispensara toda clase de facilidades. Por último, el Gobernador de la provincia de Caracas fue nombrado Juez Conservador de la Compañía. De esta manera fue consagrado el carácter oficial de la empresa, en cuyas manos quedó el control económico de las provincias.



EDIFICIO DE LA SEDE DE LA COMPAÑÍA GUIPUZCOANA DE CARACAS EN LA GUAIRA 


El 15 de julio de 1730, zarparon del Puerto de Pasajes, las primeras naves: los navíos San Ignacio y San Joaquín, y las fragatas Santa Rosa y Guipuzcoana, con un total de 86 cañones y 561 tripulantes. Llegaron a Puerto Cabello el 4 de septiembre.

Los resultados de su actividad fueron plenamente satisfactorios, y puede decirse que los, empresarios lograron los objetivos que se habían propuesto al constituir la empresa:

Primero: Aseguraron el comercio con las provincias venezolanas, que antes beneficiaba en gran parte a los contrabandistas extranjeros.

Segundo: Aseguraron el envío de frutos a España, regularizando y aumentando los embarques de cacao y tabaco, principalmente, y de esta manera pudieron rebajar los precios de dichos frutos en la Península.

Tercero: Consiguieron frenar y disminuir el contrabando, persiguiendo y hostilizando a los ingleses, holandeses y demás extranjeros que venían ejerciendo ilegalmente gran parte del comercio de la colonia.

Cuarto: Influyó decisivamente en la política interna de la Provincia de Venezuela, a través de los gobernadores de origen vasco que dirigieron la provincia y la Capitanía General de Venezuela después de su creación en 1777.

Quinto: Los navíos de la Compañía Guipuzcoana fueron los responsables de la introducción de las ideas del Enciclopedismo y de la Ilustración en Venezuela, como señala Ramón de Basterra en su obra Los navíos de la Ilustración.

Así pues, no es casualidad que las ideas republicanas de Montesquieu (la división de los poderes, etc.) y de otros filósofos y pensadores europeos, encontraran pronta difusión en Venezuela, donde las familias terratenientes caraqueñas conocían y discutían estas ideas (que durante bastante tiempo estuvieron vetadas en la propia España) lo cual fue el origen, a su vez, de los ideales de independencia americanos. Y tampoco es casualidad que estos ideales surgieran originalmente en Caracas, antes que en otras partes de Hispanoamérica, por el mismo motivo. La frase del Himno Nacional de Venezuela "seguid el ejemplo que Caracas dio" hace referencia a este hecho.

Sexto: La Compañía Guipuzcoana también promovió y tomó parte activa en la exploración del territorio venezolano (por ejemplo, con la expedición de límites en la cuenca del Orinoco en 1750 comandada por José de Iturriaga).


EDIFICIO DE LA SEDE DE LA COMPAÑÍA GUIPUZCOANA DE CARACAS EN LA GUAIRA


Las inversiones de la Compañía Guipuzcoana fueron muy positivas, pues se construyeron caminos, se fomentaron las siembras y se impulsó el crecimiento de la economía. La compañía se afianzó y estableció un servicio regular entre España y Venezuela. Cada dos meses, un buque mercante proveía a la colonia con artefactos europeos y exportaba los productos del país.

Para fomentar la agricultura y estimular a los hacendados, estableció premios anuales, favoreció la entrada de trabajadores libres y trajo al país más de dos mil esclavos negros, que vendió a los propietarios, lo que permitió el ensanche de los cultivos tropicales. La producción del café aumentó considerablemente, y alcanzó en 1808 a 1000.000 quintales.

En 1767 se desarrolló la plantación de algodón, y en 1768 se implantó el cultivo de añil, cuya exportación llegó a un millón de libras.

En pocas palabras, a la Compañía Guipuzcoana debió Venezuela su relativa prosperidad económica del siglo XVIII, pero de igual manera, comerciantes, marineros y trabajadores relacionados contribuyeron al desarrollo económico de los puertos marítimo guipuzcoanos, especialmente los de San Sebastián y Pasajes.


COMERCIANTES EN EL PUERTO DE PASAJES


El establecimiento de la Compañía Guipuzcoana significó un cambio profundo en la economía de la Provincia de Caracas. Era la única empresa que podía vender mercancías europeas en Venezuela y la única también que podía comprar los frutos que se exportaban desde allí a España.

Desde su establecimiento, los precios de las mercancías pasaron a ser fijados por comerciantes de la misma empresa, los cuales, naturalmente, eran evaluados de acuerdo a sus conveniencias, en perjuicio de tanto de los consumidores como de los productores locales. Estos no podían comprar ni vender libremente, sino a la empresa, a los precios que ésta fijaba. Además, la compañía estaba en condiciones de castigar cualquier violación a las tarifas y precios impuesta por ella. Por ello, ciertos sectores coloniales comenzaron a oponerse a la operación de la Compañía. Mientras que al principio fue una oposición sorda y legal en tanto que pacífica, llegaría más tarde a ser frontal y violenta.

Entre los movimientos que tuvieron lugar en contra de la Compañía Guipuzcoana, destacan el de Andrés López del Rosario, de 1730 a 1733, y el de Juan Francisco de León, de 1749 a 1750.

Cuarenta años después, en 1789, La Guaira se benefició con el decreto de la Libertad de Comercio sancionado por Carlos III.


REAL CÉDULA DE FUNDACIÓN DE LA COMPAÑÍA



5. REAL SOCIEDAD ECONÓMICA BASCONGADA DE AMIGOS DEL PAÍS

El origen de la fundación de la Sociedad Bascongada tuvo lugar en las periódicas reuniones que un grupo de particulares ilustrados guipuzcoanos celebraban para conversar sobre matemáticas, física, geografía e historia, discutir problemas de actualidad, y escuchar música.

En estas reuniones destacaron tres personalidades: el marqués de Altuna, Miguel de Altuna, el marqués de Narros y el conde de Peñaflorida, Javier María Munibe. En 1764, estos tres ilustrados decidieron poner en práctica sus conocimientos y fundaron la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País.

En 1765, el octavo Conde de Peñaflorida, Javier María Munibe obtuvo licencia real de Carlos III para la creación de una Sociedad de ilustrados masónicos, dedicando su esfuerzo en cuatro direcciones: agricultura, industria y comercio, las ciencias, y la historia y buenas letras para el fomento económico y cultural. Su sede estaba en la localidad guipuzcoana de Azcoitia. Ante los logros de la misma crearon un Seminario en Vergara, con la constitución de dos cátedras superiores en ciencias modernas.


PALACIO DE INSAUSTI, SEDE CENTRAL EN AZCOITIA


Se fundaba así una institución de capital trascendencia en la cultura vascongada, adaptándose a las circunstancias y economía particular de la muy noble y muy leal Provincia de Guipúzcoa, que sirviese de academia para el fomento de la agricultura, la industria y el comercio.

El conde de Peñaflorida, el marqués de Narros, el marqués de Altuna, Campomanes y otros ilustrados fueron conocidos como los Caballerizos de Azcoitia. Percibieron que España tardaba en desarrollar su potencia económica. Lamentaron la falta de industria y la baja productividad. Los pensadores liberales y los llamados afrancesados buscaron difundir los avances y el pensamiento de la Ilustración. Comenzaron a trabajar para introducir las más avanzadas técnicas en la agricultura, la industria, la arquitectura, la medicina, etc. La economía política, una ciencia que estaba naciendo, fue objeto también de atención especial.

Sus planes se debatían y aprobaban en Juntas Generales, celebradas por distintas villas o ciudades, se estudiaban las 4 secciones: agricultura; ciencias y artes útiles; industria y comercio; política y buenas letras. Estas 4 secciones genéricas se perfilan en 2 planos: el adelanto de las ciencias, especialmente las consideradas útiles, y el fomento de la economía en su área de actuación. Los dos planos estaban íntimamente trabados en cualquier caso, pues la elaboración teórica debía ponerse al servicio de la mejora técnica y de la educación popular y debía repercutir en el progreso de las fuerzas productivas.

SÍMBOLO Y LEMA DE LA SOCIEDAD: HIRURAK BAT (LAS TRES, UNA)


Los instrumentos esenciales para llevar a cabo la tarea fueron, prácticamente en todos los casos, la redacción de memorias e informes y la creación de escuelas de formación profesional. En este sentido, la Sociedad Bascongada, por una parte, fue un gran centro de recepción de la ciencia europea a través de los viajes al extranjero de sus miembros y de la acogida en su seno de prestigiosos sabios foráneos y, por otra, se embarcó en ambiciosos proyectos educativos.

El resultado del proyecto de los Amigos del País fue un estrepitoso fracaso al no hacer nada por plantear la génesis de una experiencia secularizada y, menos aún, por generalizar una instrucción pública, dos tareas con las que se hubiese perfilado algún atisbo de modificación de las condiciones de desigualdad sociales, culturalmente esquizofrénicas, económicamente explotadoras y políticamente paternalistas.

Dos tareas que aquellos caballeros no llegaron ni a concebir, pues fomentar una experiencia secular hubiese significado que se empeñasen en transcender ante todo sus propias barreras religiosas y morales, buscando un marco de libertad de creencias y un clima de libre y pública expresión en las actividades cotidianas. Y, además, para ello era preciso generalizar una instrucción pública, proporcionando a las gentes sometidas un instrumento de emancipación cultural; lo cual suponía proscribir su viejo hábito paternalista, furibundamente elitista, actuando de modo absolutamente radical en el quicio de la escindida cultura en la que se desarrollaba la vida del país.

Para empezar, era necesario que hubiesen optado por la alfabetización general de las gentes. Pero aquellos caballeros actuaron de forma alienada y sumisa en enormes naderías y vastísimos quehaceres poco menos que inocentes. Es más que probable que en la historia cultural vasca ideales tal altos jamás cayeron tan bajos.


SEMINARIO DE NOBLES DE VERGARA


Una gran preocupación fue la educación de los jóvenes, su formación y preparación cultural, científica y moral. Escogió como seminario el Colegio del Monumento de Loyola en 1769, bajo el nombre de Real Seminario de Vergara. El propio Carlos III contribuyó con respetable suma para los profesores de las cátedras de química y mineralogía y para sus respectivos laboratorios.

Se convirtió así el Seminario en un centro cultural de primera importancia en Europa, en el que se contó con profesores extraordinarios procedentes algunos de toda Europa, entre los que destacaron Proust, Chavaneaux, Brisseau, así como otros científicos de primera fila como los hermanos Elhuyard, Erro, Mas, Samaniego, Santibáñez, Foronda y otros muchos que contribuyeron a que los estudios de Vergara llegaran a conocerse y valorarse en toda Europa.

En 1778 se creó en dicho Seminario el Laboratorio Químico, iniciándose estudios de Química y Metalurgia. En este laboratorio se elaboró la ley de las Proporciones Definidas, que consigue hacer maleable el platino y forjar diversas piezas, y se descubre el aislamiento del wolframio o tugsteno. Se trabajaron los aceros y la mejora de las técnicas de ferrerías.

La Escuela de Ingenieros de Minas, la primera que tuvo carácter civil, fue fundada en 1777 por orden de Carlos III. Se instaló en Almadén (Ciudad Real), donde ya existía algún tipo informal de enseñanza, para aprovechar un elemento importantísimo, las minas de azogue, material insustituible entonces para conseguir el amalgamamiento de la plata, fuente de riqueza de primerísimo orden en la América hispana, especialmente en Méjico.

Esta Escuela comenzó su actividad en un contexto histórico similar a otros centros: Sajonia (Freiberg 1767), Hungría (Schmnitz 1770), Francia (París 1778).

Las Escuelas de Dibujo fundadas en Vitoria, Bilbao y Vergara en 1777, y poco más adelante en San Sebastián y Placencia. En Vitoria sigue funcionando convertida en Escuela de Artes y Oficios Artísticos, y con una importante actividad de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País en su Junta de Fundación.

Esta gran idea ha aportado positivos avances en campos como el industrial, el agrícola, el científico, y el cultural para las Provincias vascongadas que indudablemente tendría sobre estas bases un florecimiento económico.

También se adquirió la granja en San Miguel de Basauri, para experiencias agrarias, la Casa de Misericordia en Vitoria, y se intentó fundar una Escuela de Náutica en San Sebastián.


INSTALACIONES DE LA SEDE DE LA SOCIEDAD


6. ESCUELA ROMANA DEL PIRINEO Y LA REVISTA HERMES

Se denomina como Escuela romana del Pirineo a un grupo de intelectuales vascos surgido en Bilbao a principios de los años veinte del siglo XX, que solía colaborar y reunirse en la redacción de su principal medio de expresión: la revista Hermes. De carácter elitista y culturalmente aristocrático, su mentor fue Miguel de Unamuno, y estaba integrado entre otros por Rafael Sánchez Mazas, Ramón de Basterra, Pedro Mourlane Michelena, Luis Antonio de Vega, Fernando de la Quadra Salcedo, José Félix de Lequerica, Jacinto Miquelarena, Pedro Eguillor, Joaquín de Zuazagoitia, etc.

Como herederos del pensamiento de Unamuno y la Generación del 98, su ideología era profundamente españolista, regeneracionista e imperial; hasta tal punto muchos de ellos fueron precursores años después del naciente fascismo e integrantes de Falange española. Todos ellos colaboraron con el bando nacional durante la Guerra Civil española.

La publicación Hermes, Revista del País Vasco tenía su sede en Bilbao, de ella salieron 85 números entre enero de 1917 y junio de 1922. Nacida con la bonanza económica e industrial de Vizcaya, concebida y financiada por los nacionalistas, fue dirigida por Jesús de Sarría y en ella colaboraron autores vascos y no vascos de la talla de Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Fernando de la Quadra Salcedo, Ramón de Basterra, Pedro Mourlane Michelena, Rafael Sánchez Mazas, Telesforo de Aranzadi, Alejandro de la Sota, Salvador de Madariaga, Enrique Díez-Canedo, José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez. La parte gráfica corría a cargo de Aurelio Arteta, Luis Bagaría, Román Bonet Bon y Antonio de Guezala.

En Hermes no sólo se trataban temas de arte y literatura, mayoritariamente novecentista, sino también asuntos políticos o culturales que interesaban a un público esencialmente burgués y nacionalista, si bien no hasta el extremo de impedir la pluralidad ideológica en sus páginas. De hecho, la revista se mostró crítica con la figura de Sabino Arana y acogió al núcleo de la llamada Escuela romana del Pirineo (Ramón de Basterra, Rafael Sánchez Mazas, Pedro Mourlane Michelena), muy próxima a los nacientes fascismos europeos y germen intelectual de la futura Falange Española. Lo que consiguió la lujosa Hermes fue, en definitiva, superar el estereotipo folclórico vasco para mostrar y afirmar otra visión más amplia y urbana, más ecléctica y civilizada, a tono con la sociedad europea de la época.