INDUSTRIA


1. INDUSTRIA DEL HIERRO EN EL MEDIEVO

La industria y tratamiento del hierro tiene una gran tradición en Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. Los romanos conocieron y explotaron algunas de las grandes minas de hierro de la zona occidental de Vizcaya y que, además de plata y plomo, extraían hierro de Arditurri, en Oiartzun.


1.1 LA FERRERÍA DE MONTAÑA

Durante la Edad Media se dieron las dos condiciones necesarias para lograr hierro: minas y bosques, y se desarrolló un sistema de industria ferretera basado en la Ferrerías de Montaña.

Después del procedimiento más antiguo que se conoce para extraer hierro que consiste en quemar madera y carbón vegetal en el monte, comenzaron a utilizar una especie de hornos consistentes en troncos carcomidos cubiertos de barro de un metro de diámetro y dos o tres de altura. Alternando carbón vegetal y mineral de hierro cubrían el horno, dejando un agujero por donde pasaba el aire necesario durante la combustión. Mediante el fuelle impulsado con la mano o el pie se soplaba el fuego y la escoria del hierro caía a un crisol.

Este antiguo procedimiento requería grandes cantidades de combustible. Para lograr un quintal de hierro eran necesarios nueve sacos de carbón de roble, haya o encina; más en el caso de utilizar carbón de castaño. El hierro no llegaba a fundirse y para lograrlo había que martillar la masa esponjosa incandescente. Los lugares donde se realizaban estas labores tomaban el nombre de ferrerías de montaña.




1.2 LA FERRERÍA HIDRÁULICA

Durante los siglos XI y XII, en Europa se comenzó a sacar provecho de la fuerza del agua para impulsar los mazos y los fuelles de las ferrerías, denominándose Ferrerías de Agua.

Las ferrerías hidráulicas son talleres artesanales de fabricación de productos cuya materia prima es el hierro, principalmente extraído de las cuencas mineral de Vizcaya. Las ferrerías se implantan en las orillas de los ríos para aprovechar al máximo los recursos hídricos, creando captaciones de agua en las regatas de los ríos para alimentar los diversos canales de la ferrería se aprovecha la fuerza motriz del agua en movimiento generando energía, captando agua para el enfriado del hierro, y facilitando el almacenaje en la lonja utilizando el rio como el medio de transporte.


Esta técnica hidráulica llegó en primer lugar a Navarra antes del siglo XIII debido a la influencia de los peregrinos que atravesaban el Camino de Santiago.

En cambio en otros lugares, sobre todo en zonas montañosas de Guipúzcoa y Vizcaya las ferrerías de montaña se mantuvieron hasta el siglo XVI. Desde entonces, las ferrerías que funcionaban con agua se llamaban ferrerías de agua y las que no, ferrerías de montaña.

Los restos que se han encontrado en los lugares en los que hubo ferrerías de montaña y de agua son completamente distintos. Los restos de escoria hallados en las ferrerías de montaña son negros, compactos y de fractura cristalina, mientras que los hallados en las de agua, son pardos, esponjosos y tienen pequeños trozos de carbón de madera. Los dos tipos de escoria son resultado de dos procedimientos distintos y por tanto, dos procesos físico-químicos distintos.

En cuanto a su tamaño, había grandes ferrerías de agua y otras más pequeñas llamadas tiraderas. En las grandes ferrerías se producían tochos o masas de hierro de entre 12 y 16 arrobas, mientras que en las tiraderas se producían tochos de 5 quintales. A pesar de que el trabajo de las tiraderas tenía un mayor costo, también era mayor la calidad de la producción.

En el edificio principal de la ferrería se situaban el almacén del mineral y el carbón de madera, el canal de agua de sillarejo y los desagües para la toma del agua del río, la rueda hidráulica o turtuki para aprovechar la fuerza del agua y unido a ésta, el brazo para impulsar los fuelles y el mazo.

Tres tipos de trabajadores trabajaban en las ferrerías: forjadores, fundidores y peones-cocineros:

1. los forjadores, eran los trabajadores mejor pagados y realizaban el trabajo que requería mayor habilidad.

2. los fundidores, se hacían cargo del mineral y el carbón y del control de los fuelles, hornos y fragua. Caldeaban el hierro o conseguía la masa de hierro incandescente y la colocaban en el martillo; trabajaban por turnos de cuatro horas, para mantener día y noche la producción del hierro incandescente.

El forjador se ocupaba del mazo y para ello controlaba el agua que entraba en la rueda hidráulica. Éste convertía el tocho de hierro fundido sin forma en barra.

3. los peones-cocineros, despedazaba el mineral, hacía los encargos, cuidaba de la olla y cumplía con otro tipo de tareas de segundo orden.

ferreria valle de lastur

2. INDUSTRIA DEL HIERRO EN LA MODERNIDAD

2.1 LA EXTENSIÓN DE LAS FERRERÍAS

La extensión de las ferrerías hidráulicas durante el siglo XVII por el territorio guipuzcoano y vizcaíno se debe a ciertas condiciones como su temprana implantación (como sucede en el Goiherri), las especiales condiciones de los recursos hídricos (como en el valle del Urola), la facilidad de aprovisionamiento o la proximidad de materias primas (minas o montes).

La antigua técnica de las ferrerías de montaña no desapareció bruscamente; es más, aun en el siglo XVII, las masas de hierro que resultaban del procedimiento antiguo se llevaban después a las ferrería de agua.

A mediados del siglo XVI, Guipúzcoa y Vizcaya contaban con 300 ferrerías de agua, de ellas, 118 estaban en Guipúzcoa (80 mayores y 38 menores). Las ferrerías de Guipúzcoa producían 120.000 quintales de hierro para la península, así como para otros lugares de Europa e incluso de América y de Asia.

En aquella época, en Guipúzcoa, había un gran número de ferrones, teniendo en cuenta que la población de esta provincia era escasa, ya que 3.500 hombres trabajaban en estos talleres.

Esta gran actividad se mantendría hasta mediados del XVIII, cuando el número de ferrerías se redujo a 58.

Existe en la actualidad buen número de ferrerías interesantes en estado de conservación-restauración donde la presencia del túnel, delata enclaves que han perdido buena parte de su identidad como ferrerías: Yarza o Igartza en Beasain, Sarikola en Orio, Aranzate y Urdanibia en Irun, Ameraun en Andoain, Arrabiola en Segura y un largo etcétera, hasta completar las cifras antes expresadas, si bien no siempre el grado de conservación y expresividad de los restos será lo bastante elocuente. La cuenca del Deva o de Urola fueron fozas con numerosos enclaves ferreteros y gran actividad metalúrgica.

Merece mención especial en la historia de la siderurgia en Guipúzcoa la fábrica de laminación de Rentería. En aquella fábrica creada por la Marquesa de Iranda, unos oficiales traídos de Alemania laminaban hierro, cobre, etc. aprovechando la fuerza del agua.

Algunas de las ferrerías trabajaban en aplicaciones militares. Se hicieron famosas como armerías las ferrerías de Soraluze, Eibar, Tolosa y Alegia. Las de Leitza, Erasun y Goizueta fabricaban clavos para la flota real. En las ferrerías de Tolosa y Banka de la comarca de Baigorri, en cambio, cañones y balas de cañón.

Debido a la fama de habilidosos, estos ferrones rápidamente encontraban trabajo fuera de su provincia, en Cantabria, Asturias, Galicia, Aragón, así como también en Francia y Portugal. No siempre se marchaban para enseñar el oficio, ya que en el caso de Juan Fermin Gilisasti, natural de Aia, marchó a Holanda para estudiar los secretos de la fabricación de grandes anclas, al regresar comenzó a exportarlas a Portugal, Francia e Inglaterra. A finales del siglo XVIII, 18 ferrerías se dedicaban a la fabricación de anclas. Es más, Gilisasti y sus trabajadores lograron superar las técnicas del extranjero.


2.2 LAS RENTERÍAS

La importancia que la minería y metalurgia del hierro cobraron en todo el territorio vasco durante la Edad Moderna, explica la creación y distribución geográfica de las renterías o casas-lonja. Estas fueron los puntos de almacenaje y comercialización donde se hacían efectivos los pagos de las rentas reales. En ellas se desarrollaron las instalaciones e instrumentos necesarios para cargar y descargar, pesar y almacenar, tanto el mineral en bruto como el hierro elaborado y semielaborado.

Debido a la naturaleza de su función (cobrar los derechos sobre el hierro) se distribuyeron por todo el territorio guipuzcoano y vizcaíno, tanto en puertos marítimos como fluviales desde Hondarribia y Errenteria, hasta Alzola en Elgoibar, pasando por Donostia-San Sebastián, Hernani, Arrazubia en Aia o Bedua en Zestoa, situados sobre otros tantos puntos de penetración y extracción de los productos desde el interior de la Provincia al mar.

El caso de Bedua, es uno de los que mejor conocemos. El linaje de Bedua venía disfrutando del privilegio de cobro de los derechos reales sobre el comercio y extracción de hierro desde fines de la Edad Media. Constituía el punto de arribada desde la ría del Urola, para tomar los caminos que remontaban el valle y alcanzaban ferrerías y pueblos del interior. En la orilla ligeramente acondicionada se procedía a la descarga del mineral importado desde Vizcaya, y también se almacenaban los productos que comercializaban los ferrones del entorno. Aunque el entorno se ha ido transformando, existe todavía la casa-palacio que a fines del siglo XVII construyeron los dueños del solar para alojar a su administrador. Es un edificio de filiación clasicista y marcado volumen cúbico en el que destaca su logia o triple arcada superior, orientada hacia la explanada donde antaño se llevaba cuenta del hierro en bruto y manufacturado que entraba o salía por este puerto fluvial.


2.3 LAS MEJORAS TÉCNICAS

Durante los siglos XVI y XVII, se producen una serie de mejoras técnicas en el proceso productivo de las ferrerías de agua:

Aparecen las ferrería hidráulicas de doble antepara superpuestas, mediante el cual, el primer depósito de agua accionaba la rueda de los fuelles, y el agua se recuperaba en el segundo para mover el martillo e incluso activar el molino que se construye, en ocasiones, adosado a él. Además, se levanta a los pies de la ferrería un segundo molino que recogía toda el agua sobrante de las tareas ferrona y molinera y volvía a ponerla en uso, antes de devolverla al arroyo.

A comienzos delo siglo XVII, aparecen las ferrerías de fuelles de madera, que sustituyen a los anteriores con fuelles de cuero. Estas soplantes mecánicas funcionaban mediante un simple sistema hidráulico que solía contener dos depósitos de agua, uno encima del otro, y unos tubos cónicos cuyo diámetro aumentaba de arriba hacia abajo. El depósito superior siempre estaba lleno de agua y a medida que esa agua bajaba por los tubos, el aire se desplazaba y se humedecía. La corriente de aire que se conseguía se desplazaba hacia el horno mediante las toberas. El resultado de este sistema no fue simplemente una forma de simplificar la maquinaria de las ferrerías. De hecho, debido a la humedad que flotaba en el aire, durante la combustión el monóxido de carbono se mezclaba con el hidrógeno, se creaba gas de agua, y éste participaba en la reducción del hierro.

También son frecuentes las ferrerías de molinos asociados.

Es interesante el caso de la Ferrería de Olaberría (Oiartzun) que combinaba funciones de ferrería mayor y menor a ambos lados del túnel, y donde la investigación ha podido determinar la presencia de una aize-arka o trompa para la alimentación de aire. Conserva casi el único ejemplo identificable de horno de calcinación.  

Otro tipo de ferrería interesante es la que representa Olazar de Eskoriatza, debido a la presencia del potente túnel hidráulico con bóveda de cañón interna. Igualmente sucede con Aurtenola en Mendaro, junto a la casa torre del mismo nombre.

También hubo mejoras técnicas en cuanto a los mazos. Para accionar los antiguos mazos, se colocaban cuatro levas en el brazo del mismo, consiguiendo aproximadamente 120 golpes por minuto. Ese ritmo de los golpes era de gran importancia, ya que si el ritmo era demasiado lento, el hierro incandescente se enfriaba.

En el siglo XVI, Marcos Zumalabe, natural de Balmaseda, inventó un mazo más pequeño, accionado por seis levas. A partir de entonces, las ferrerías contarían con un mazo grande y otro pequeño.


2.4 LOS PRODUCTOS FERREOS

En una tierra que en buena parte ha logrado sobrevivir gracias a la forja y exportación del hierro sorprende la poca cantidad de este metal que ha llegado a ser utilizado para consumo propio, la mayoría de los productos fabricados eran armas para los Tercios y Armadas Reales.

Durante los siglos XVI y XVII, los ferrones guipuzcoanos y vizcaínos lograron fama por su habilidad en la fabricación de productos del hierro, pero estos productos raramente llegaron a los caseríos, ya que su elevado precio solo los hacia aptos para ser utilizados en iglesias y palacios, el resto se vendían en el resto de España o Europa.

Solían fabricar rejillas para ventanas, bisagras, cerrojos, puertas metálicas con gruesos anillos colgantes y algunas sencillas incisiones geométricas, clavos con cabeza romboidal o en estrella, chapas de bocallave de perfil sinuoso y en algunos casos gruesos aldabones, como ornamentos y útiles del caserío. Arados de labranza, anclas, hachas, arpones, cascos y armaduras para militares, cañones y arcabuces, etc.

El acero obtenido en estos valles mineros era muy estimado, en particular, el de Arrasate. Por medio de una pragmática, el 4 de agosto de 1262, Alfonso X otorgó a Arrasate una cierta exclusiva para la producción de acero, exclusividad que los monarcas posteriores continuaron fortaleciendo durante muchos años; Juan II de Castilla en 1417 y 1454, los Reyes Católicos en 1490 y 1511 y Carlos V en 1536.

Los reyes de España, de paso por Guipúzcoa en sus viajes a Francia, solían visitar alguna de estas ferrerías. Por ejemplo, la visita realizada por Felipe III a Igartza, en Beasáin, quedó inmortalizada en un dibujo realizado por Truchuelo. Y el secreto de la fama de la espadas de Toledo se basada, en gran medida, en el acero de Arrasate; según un informe realizado por los armeros de la localidad en 1777 en el que afirmaban que el acero de Arrasate era mejor que el acero alemán o el de Milán.


MINEROS, POR DANIEL VÁZQUEZ DÍAZ


3. LA RENOVACIÓN DE LA INDUSTRIA DEL HIERRO EN EL SIGLO XVIII

Las ferrerías sufrieron un revés durante el siglo XVIII debido a la falta de preparación para hacer frente a las innovaciones tecnológicas de Europa. También surgieron las Machinadas: revueltas sociales entre campesinos y ferrones contra las reformas fiscales y económicas de los juanchos, aristócratas rurales y grandes comerciantes, que fueron aprobadas por los junteros.

Los contratos con la Corona, como el de surtir a la Armada de anclas y anclotes, aseguraba en ocasiones la pervivencia de un método que estaba llamado a desaparecer, puesto que las innovaciones técnicas de otras latitudes desplazaban progresivamente del mercado competitivo a los productos ferrones.

Como consecuencia del atraso tecnológico de las ferrerías y de la crisis de fines del siglo XVIII, surge la figura del Marqués de Peñaflorida, impulsor de la Real Sociedad Económica Amigos de País Vascongado, que mostró especial interés por la industria ferrona tradicional y su reconversión.

Algunas instalaciones ensayaron la transformación de sus primitivas estructuras para conseguir mejorar el proceso productivo mediante un ingenio dedicado al laminado, estirado y adelgazamiento del hierro y otros metales con cilindros accionados hidráulicamente, conocidos genéricamente como fanderías.


Paralelamente, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País buscará soluciones al sector tradicional del hierro fuente de riqueza secular en el territorio.

Sus estudios, informes y proyectos tuvieron resultados, en general, poco halagüeños y no obtuvieron los respaldos social y económico apetecidos.

Acertaron en el diagnóstico, el retraso tecnológico, pero las medidas correctoras propuestas, como la creación de una asociación de ferrones para perfeccionar la fundición y laboreo del hierro, o la promoción de nuevas fábricas al estilo de las suecas, tropezaron con las reticencias de los ferrones y operarios tradicionales.

Igualmente, sus propias iniciativas, como las experiencias de labra de acero de Aramburu en Arrasate-Mondragón o Zavalo en Bergara, la botonería de esta última villa o el intento de creación de una fábrica de hojalata y alambres, languidecieron sin remedio al faltarles el apoyo directo de sus entusiastas colaboradores.

Y es que, como no se llevaban a efecto renovaciones técnicas completas, por la desconfianza del sector y la resistencia a abandonar viejos sistemas, la competencia de las importaciones foráneas seguía siendo un escollo, en ocasiones insalvable. Sí consiguieron la aprobación de algunas medidas proteccionistas, orientadas a paliar la concurrencia de géneros extranjeros en sus mercados naturales (la península y las posesiones ultramarinas) en el último tercio del siglo XVIII, pero llegaron tarde, pues como ellos mismos habían observado ya en 1768 "un quintal de quinquillería que nos traygan equilibra con cincuenta y uno que estragimos nosotros y nuestra extracción queda en cero".

Varios aspectos lo justifican: los altos costos por unidad de producto en hierro y carbón vegetal, y la baja productividad, acentuada por la estacionalidad del trabajo. Así, si la creación de fábricas de nuevo cuño era complicada, difundir el uso del carbón de piedra -de una calidad poco rentable en las minas autóctonas- resultaba aún más difícil, a pesar de que las sociedad diseñó programas de aprovechamiento e incentivos en la economía de materias primas, que no encontraron el respaldo adecuado.

Por todo ello, la implantación de las fanderías no deja de ser el primer paso y el más relevante de reorientación del sector hacia fórmulas más acordes a los nuevos tiempos. La primera, no sólo en el País Vasco sino en el Estado, fue la Fandería de Rentería. Aprovechando la infraestructura de la ferrería de Gabiriola o Renteriola, su propietario, el Marqués de Iranda, comenzó la nueva etapa en 1771. Se dotó de una maquinaria entonces novedosa que cortaba mecánicamente el hierro, previamente recalentado en hornos de reverbero y con carbón mineral, y por medio de una serie de cilindros estirar, ensanchar y adelgazarlo convenientemente. Así, las labores de forja y manipulado se acortaban notablemente y no dependían sólo de la destreza y capacidad de los operarios. Se orientó a la manufactura de herraje, clavo, varillas y flejes.

A pesar de la importancia que podía haber llegado a tener la incorporación de esta nueva tecnología, la Guerra de la Convención y las destrucciones sufridas en la Fandería, impidieron que irradiase la renovación hacia otros lugares. Superados los conflictos bélicos, el enclave se destinó a la elaboración de harinas industriales con el nuevo sistema austrohúngaro.

También de iniciativa nobiliaria partirá la instalación del segundo ingenio, la Fandería de Iraeta (Zestoa) del Duque de Granada de Ega, construida aprovechando la Ferrería de Iraeta hacia 1774. Producirá frascos de hierro para transportar el azogue o mercurio que se obtenía en las minas americanas, y según la noticia aportada por Madoz a mediados del XIX ocupaba a cincuenta operarios.

Precisamente el desarrollado número de empleados motivó la creación de una colonia o barrio residencial, el ejemplo más temprano en Gipuzkoa. Un conjunto de 14 casas alineadas a ambos lados de una sola calle, presididas por la destacada casa del administrador y la ermita, serán el paradigma del origen de la colonia industrial en el territorio. Los inmuebles se presentan como unidades adosadas por los laterales, con la planta inferior destinada a dependencias de carácter agropecuario (cuadras) y un piso principal para vivienda. Los operarios accedían al disfrute de estos alojamientos a través de un contrato de alquiler, que proporcionaba también parcelas de terreno cultivable individuales, en la vega del barrio, donde obtener unos recursos complementarios.

La Fandería de Iraeta sufrió en 1844 una gran transformación a raíz de la suspensión del contrato de suministro al Estado. Se constituyó entonces como José Arambarri y Cía, que amplió la oferta de la fundición mecanizada dedicándose a la manufactura de hoja de lata, a imitación de los procesos de Inglaterra, Bélgica o Francia. Convertida desde 1855 en Fábrica de Hierro de Vera-Iraeta, ampliaría su actividad entrando en la explotación de minas de Vera de Bidasoa. Posteriormente, sus instalaciones serían aprovechadas por las primeras cementeras naturales del Bajo Urola.


Un tercer y último proyecto lo constituye la Fandería de Oñati, instalada también aprovechando una ferrería, la de Zubillaga, que fuera propiedad del Conde de Oñate, y bajo el impulso de la familia Gomendio. Nacida poco después de la Guerra de la Convención, sufriría en sus inicios las dificultades derivadas de las contiendas bélicas (guerra napoleónica y primera carlistada), lo que no hizo sino reducir sus expectativas de futuro. Como en las ocasiones precedentes, vivió una regular vida productiva, hasta que se desarrolló en la zona la metalurgia contemporánea.

Un caso interesante es también el de la Fábrica de Anclas, en Hernani. En 1750 y gracias a la mediación del Marqués de la Ensenada, las ferrerías de Fagollaga, Pikoaga y Ereñozu se comprometían a suministrar conjuntamente anclas y anclotes para la Real Armada. Leves variaciones en los talleres tradicionales y un lugar de entrega y control del asiento, fueron las únicas inversiones necesarias para respaldar esta actividad en Hernani, por lo que no supusieron ni renovación de las técnicas, ni de los equipamientos. Como los descalabros sufridos por la corona española arrastraron en su caída a las contratas dependientes, como ésta del aprovisionamiento de anclas, a mediados del siglo XIX estas ferrerías habían concluido su actividad.


LA INDUSTRIA, POR ADOLFO GUIARD


4. LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DEL SIGLO XIX

1832 es una fecha clave para el inicio de la revolución industrial en España y el avance del liberalismo, la economía capitalista y el desarrollo científico-tecnológico en España. Debido a que tras la muerte de Fernando VII, es proclamada Isabel II como princesa de Asturias y con ella se inicia el régimen liberal. El final de Absolutismo inaugura el primer alto horno para fundir mineral de hierro en Málaga. En Vizcaya, ello no tendrá lugar hasta 1849, fecha en torno a la cual se asiste al cierre de las últimas ferrerías vizcaínas, ya glosadas por Tirso de Molina a mediados del siglo XVII.

Entre 1841 y 1871, empresarios mineros y siderúrgicos locales como Arellano, Ybarra, Lezama, Gandarias, Allende, Chávarri, Zubiría, etc. inician la extracción y recogida de mineral a pequeña escala industrial. En los años siguientes, las leyes de inspiración liberal de reducción de impuestos forales a la exportación de mineral o, más concretamente, la Ley de minas de 1868, que derogó la normativa anti-exportadora precedente, multiplicaron esta exportación, de manera que alrededor de 1871 comenzaron a salir desde Vizcaya barcos cargados con hierro con destino a Inglaterra, Alemania y Francia. Los fletes de retorno con hulla o coque permitieron sustituir al carbón vegetal en las fundiciones y comenzar a producir ingentes cantidades de hierro colado, con grandes excedentes de capital de manera subsiguiente.

En 1876, al finalizar la 3ª guerra carlista, la política de Cánovas resulta clave para el definitivo despegue industrial vasco: la abolición de las aduanas interiores, el otorgamiento de facilidades para la atracción de capitales europeos, el establecimiento de franquicias para la inversión en ferrocarriles, etc., originan el desarrollo de una burguesía vascongada liberal en forma de empresariado librecambista radical cuyos intereses marcan, primero desde el liberalismo, después desde el proteccionismo, toda la política económica nacional española hasta 1959, en connivencia con el empresariado catalán.

A partir de esa fecha clave, 1876, y como consecuencia de la masiva exportación de hierro a Inglaterra, se registraron más de 60 compañías mineras concesionarias con participación de capital inglés, así como un número incuantificable de arrendamientos directos de las minas por parte de sus propietarios indígenas hacia estos inversores extranjeros, animados en su actividad por las expectativas de obtener grandes beneficios en comparación con la moderada cuantía de sus inversiones en la emergente economía vasco-española. En los 15 años siguientes, se produce una verdadera colonización de la ría de Bilbao por empresas autóctonas con accionariado variopinto enriquecidas por los excedentes de producción ya capitalizados y favorecidas por la reseñada reducción de impuestos a la exportación; Altos Hornos de Vizcaya S.A., La Basconia, Echebarria Aceros, etc., son algunos ejemplos. Más adelante, tras la debacle del 98, la siderurgia vasca recibe también la inyección de capital de los ricos indianos de origen vascongado que vuelven a España.

Es a partir de 1892 cuando el empresariado local evoluciona hacia posiciones proteccionistas al aparecer la tecnología siderúrgica de Thomas con la caldera de Siemens, motivo por el que las hematites vascas ya no resultan imprescindibles a la industria del acero europea, al poder producirse en Francia e Inglaterra, buen material incluso con mineral fosforado. Es por ello por lo que en 1893 se crea por industriales vascos y catalanes la Liga Nacional Española de Productores y la Liga Vizcaína, organizaciones gremiales que presionan para acotar el mercado español, esto es, para instaurar el proteccionismo más beneficioso en defensa de su actividad productiva.

Este modelo triunfa definitivamente hasta 1959 y que consistente en:

- Nacionalismo económico vasco-español
- Proteccionismo arancelario mercantil
- Intervencionismo político en la economía

Dicho sea de paso, no de modo tan paradójico surge simultáneamente la figura cómplice de Sabino Arana Goiri, el fundador del PNV, o sea, en este exacto y concreto punto de inflexión de intensificación de la presión proteccionista en la historia económica del País Vasco en los últimos dos siglos; Arana no significará, pues, sino el paroxismo o caricatura de un afán autarquizante de tintes casi numantinos.


ESTABLECIMIENTOS FABRILES EN VILLABONA


Todo lo anterior tiene como resultado a lo largo del siglo XX el progresivo final expansionista, optimista y exportador de la industria vasca y su sustitución por una política de protección de siderúrgicas, navieras y bancos compartida por todos los responsables políticos máximos de España, de Cánovas a Franco, pasando por Cambó o Primo, de claro carácter autárquico, sólo interrumpido por dos Guerras Mundiales, en donde desde el País Vasco se aprovisionó de hierro, munición y explosivos a los aliados, primero, y al Eje, en 1938, después.

En 1926, el presidente de la Liga Vizcaína elogia la dictadura del general Primo de Rivera por su típica política proteccionista del mercado interior, con fuerte control de precios y con empresas, fundamentalmente vascas y catalanas, sobredimensionadas y poco productivas, aunque destinatarias de contratos estatales españoles exclusivos. Ello hace que en 1929, la producción de hierro y acero alcance un culmen histórico.

Tras el paréntesis de la guerra civil, y de la entrega por parte de los nacionalistas vascos de los altos hornos a pleno rendimiento a las tropas sublevadas, entre 1939 y 1959 se continuó con este régimen de autarquía franquista e intervencionismo estatal. Incluso hasta la década de los sesenta, la extracción de mineral de hierro se subvencionó por el Gobierno español, el cual, por otra parte, dirigió importantes flujos financieros del ahorro nacional español de las Cajas públicas a la inversión en equipamientos industriales e infraestructuras del País Vasco, por no hablar de concesiones administrativas monopolísticas a industrias de capital vasco en, por ejemplo, el campo de la producción eléctrica.

Queda a la vista de estos hechos, que la relativa prosperidad industrial y económica del País Vasco esta directamente relacionada con la acción del Estado español, del mercado español, del capital español depositado en los bancos vascos o con destino al País Vasco, del proletariado español, de la energía española, del paraguas nacional español, de las políticas liberales primero y proteccionistas después del Estado español, y subvenciones del mismo.

EL ASTILLERO, POR AURELIO DE ARTETA


5. EL LIBERALISMO INDUSTRIAL

La Revolución industrial de las provincias vascongadas se inicia en el 1832 gracias al avance del liberalismo, la economía capitalista y el desarrollo científico-tecnológico en España.

Con la proclamación de Isabel II como reina empieza una época de reformas liberales en la política y en la economía de España llegando a otros aspectos nacionales. Pero también se adoptan una serie de medidas proteccionistas que aventajan a la empresa industrial vasca frente a la extranjera en el propio mercado nacional español.

Las principales reformas de carácter liberal y proteccionista que afectan a Vascongadas son:
-el traslado de las aduanas del Ebro al mar y a Irún, es decir, la supresión de aduanas interiores con el resto de España (1841)
-la ley de O'Donnell, que facilitaba la libre venta de armas en la península (1860)
-la adopción de nuevas tecnologías
-la apertura de los mercados extranjeros, americanos y europeos principalmente
-la desaparición del rígido sistema gremial
-la ley de minas (1868) que reduce los impuestos forales a la exportación minera
Estas medidas liberales en la economía conseguirán que la industria de los transformados metálicos alcance, a partir de la segunda década del siglo XIX, su época de esplendor.

Desde la entrada del liberalismo económico se inaugura el primer alto horno para fundir mineral de hierro en Málaga. En Vizcaya, sucede en 1849, durante esta década se cerraron las últimas ferrerías tradicionales, en un proceso de adaptación a las nuevas tecnologías.

La nueva ley liberal de 1841, traslada las aduanas interiores vascaS hasta Irún y el litoral cantábrico. Gracias a esta media la industria vasca encontrará en el mercado español su principal cliente y un estado proteccionista ante los productos industriales extranjeros, que intentan competir con los vascos en el mercado interior.


ESTACIÓN FERROVIARIA EN SALINAS DE LÉNIZ


En las décadas de 1850 y 1860, mineros y siderúrgicos vascos inician la extracción y recogida de mineral a pequeña escala industrial. La Ley de Minas de 1869 consigue una reducción de impuestos forales a la exportación de mineral. Esta ley de carácter liberal unido a la apertura hacia mercados extranjeros provocó una exportación masiva, de manera que alrededor de 1871 comienzan a salir desde Vizcaya barcos cargados con hierro con destino al Reino Unido, Alemania y Francia.
O explicado de otra manera, con la caída del Antiguo Régimen y la pérdida de los fueros, se pudo levantar la prohibición de exportar mineral de hierro, se creó una nueva fuente de riqueza. Además, algunas razones técnicas facilitaron la exportación. Hay que tener en cuenta que a pesar de que el procedimiento inventado por Bessemer en 1855 supuso un gran avance, tenía un fallo: no era capaz de eliminar el azufre y el fósforo. Y la mayoría de los minerales de hierro europeos contenían gran cantidad de fósforo, sobre todo el de Alemania.
El mineral de hierro de Somorrostro era muy adecuado para producir acero mediante el procedimiento Bessemer y por ello, comenzó a exportarse a Francia, Alemania y especialmente a  Reino Unido. A cambio, los británicos enviaban carbón mineral a los puertos del Cantábrico.

Los fletes de retorno con hulla o coque permiten sustituir al carbón vegetal en las fundiciones y comenzar a producir ingentes cantidades de hierro colado, con grandes excedentes de capital de modo consiguiente.
Otras de las leyes establecidas por la política liberal de Cánovas en 1876 fueron el otorgamiento de facilidades para la atracción de capitales europeos y el establecimiento de franquicias para la inversión en ferrocarriles, entre otras. Estas originan el desarrollo de una burguesía liberal en forma de empresariado librecambista radical, cuyos intereses están beneficiados por el liberalismo hasta finales del siglo XIX.
La masiva exportación de hierro a Inglaterra desde 1876 unido a las medidas liberales provocan que se registren más de 60 compañías mineras concesionarias con participación de capital inglés, así como un número incuantificable de arrendamientos directos de las minas por parte de sus propietarios locales hacia estos inversores extranjeros, animados en su actividad por las expectativas de obtener grandes beneficios en comparación con la moderada cuantía de sus inversiones en la emergente economía vasco-española.

En el último cuarto de siglo, se produce una verdadera colonización de la ría de Bilbao por empresas autóctonas con accionariado variopinto enriquecidas por los excedentes de producción ya capitalizados y favorecidas por la reseñada reducción de impuestos a la exportación. Pero estas siderurgias, también están dominadas por el capital extranjero.

Durante la época del proteccionismo se construye el ferrocarril minero desde Asturias-León-Palencia hasta Bilbao para llevar el carbón a las industrias vascas. De esta manera proveer de carbón a los altos hornos y siderurgias, tan necesario como nueva fuente de energía. Son importantes las inversiones en transporte, especialmente en instalaciones ferroviarias, que se hacen en las Provincias Vascas como en el resto de España con el fin de que los productos vascos tengan salida en el mercado nacional.

LOS DESCARGADORES, POR AURELIO DE ARTETA


6. DIVERSIFICACIÓN INDUSTRIAL 

6.1 LA INDUSTRIA EXTRACTIVA DEL HIERRO
Durante el siglo XIX, el principal centro de producción de mineral de hierro en España es el binomio Guipúzcoa-Vizcaya, donde se reúnen una serie de condicionantes muy favorables para la extracción: sus minas de hierro y otros metales, y muy cerca de la costa, conseguirán crear una importante industria extractiva e importadora de metales hacia el extranjero, así como desarrollar una industria siderúrgica gracias al carbón inglés que es importado.
La reforma de la Ley de Minas de 1868 reduce los impuestos forales que graban la exportación del metal extraído en las cuencas metalíferas.

En el resto de España también desarrolla la minería del cobre y la de la pirita, y la industria eléctrica y química, con la fabricación de jabón, vidrio, ácido sulfúrico, etc., en las compañías de Río Tinto y Almadén, de capital británico.


6.2 LA INDUSTRIA CARBONÍFERA
Durante la revolución industrial aparecen también nuevas aplicaciones para la obtención de energía.

Las fuentes de energía clásicas son la hidráulica y la eólica, pero estas energías restringen la ubicación y el desarrollo de la industria, porque están limitadas a una localización concreta.
La nueva fuente de energía es ahora el carbón, este mineral en su combustión hace que se mueva la máquina de vapor, que se convierte en todo un símbolo de la industrialización, pues supone un revolucionario medio de transporte de productos industriales. En 1833 se comienzan a instalar los primeros motores de vapor.
El carbón y la máquina de vapor, liberan a la industria de la dependencia de la ubicación de las fuentes de energía, pero la convierten en dependientes de las regiones donde existe el carbón, es decir, de las cuencas carboníferas.
El ferrocarril y el barco se convierten en imprescindibles para el transporte de los productos industriales a los mercados.
La constante innovación de los sistemas de producción industrial permite economizar el consumo de carbón, y utilizar el carbón de peor calidad, manteniendo el mismo nivel de producción. Estas mejoras se consiguen en España en la década de 1860. 

6.3 EL CARBÓN

El carbón es el material fundamental para la revolución industrial, pues además de ser la principal fuente de energía, es también un elemento en el sistema de producción de acero. En España las cuencas carboníferas se encuentran en León, Palencia y Asturias.
Pero este carbón español tiene que competir con el británico que llega a las costas vascas, donde se encuentran las cuencas de hierro y las fábricas siderúrgicas vascas. El carbón inglés es mucho más barato que el español, obligando al gobierno español a tomar una serie de medidas proteccionistas para evitarlo:

a. El arancel de 1862 permite un incremento del precio del carbón inglés importado a España, favoreciendo el consumo del carbón extraído en las cuencas españolas.

b. La implantación de industrias y capitales vascos en las cuencas carboníferas españolas, principalmente en Asturias, desarrollando una serie de siderurgias asociadas como las de Duro, Felguera, Mieres, Asturiana del Zinc o Trubia.

c. La construcción del Ferrocarril del Norte, para el transporte de materias primas y productos elaborados entre Asturias, Madrid y Vascongadas.

En 1891 caen drásticamente los fletes del comercio marítimo, y no se toman medidas proteccionistas, con lo que el carbón británico llega a Bilbao a un precio mucho más barato que el asturiano.

La industria asturiana entra en declive y comienza el auge de la siderurgia vasca. Todavía en 1906 se impone otro arancel proteccionista que obliga a las empresas españolas a utilizar carbón nacional, para salvar del declive a la minería asturiana, pero esta ha entrado ya en franco retroceso.


6.4 LA INDUSTRIA ELÉCTRICA

En la última década aparece la industria eléctrica. La electricidad se obtiene de la hulla, en pequeñas centrales que satisfacen una demanda local cercana. Aún no está desarrollada la tecnología que permite transportar la electricidad a grandes distancias. La auténtica liberación de la industria respecto de las fuentes de energía se conseguirá a principios del siglo XX.

6.5 LA INDUSTRIA QUÍMICA 

La industria química se desarrolla, principalmente, gracias al sector agrícola, a las papeleras, a la industria del jabón y a la industria textil. Sus productos, durante la mayor parte del siglo, serán manufacturas protegidas, por lo que habrá una política de sustitución de las importaciones por el consumo de artículos nacionales, lo que favorece la instalación de industrias químicas en el país.

Sin embargo, esta actividad tiene una gran dependencia exterior, ya que las patentes son extranjeras; y los capitales, en gran medida, también; patentes de Cros, Solvay o Nobel.

En 1872 se constituye la Sociedad Española de Dinamita en Bilbao con patente de Nobel.
En 1899, en Gerona, se instala la fábrica de cementos La Esperanza con el sistema de fabricación portland.


BARRIO OBRERO, POR AURELIO DE ARTETA


6.6 LA INDUSTRIA SIDERÚRGICA

La industria férrea de base se encarga de convertir el mineral del hierro extraído de las minas en lingotes o láminas, denominados productos semielaborados para su posterior transformación en productos totalmente terminados. En España durante el siglo XIX, esta industria de base del hierro se desarrolla en dos regiones: Asturias y Vizcaya. Asturias se dedica a la producción de láminas de hierro, Vizcaya a la producción de lingotes.

Aunque durante todo este siglo la mayoría de la industria férrea es de transformación, es decir, dedicada a la fabricación de productos elaborados para consumo final. Este tipo de industria de transformación metálica también es llamado siderurgia.
La ferrería tradicional con horno bajo, de carbón vegetal y de hierros de alta calidad, difícilmente se mantenía a principios del siglo XIX, y se consiguió mediante un proteccionismo ultramontano exigido por la burguesía vasca al Estado español, que hace competir a la fundición tradicional con la siderurgia moderna; ambas con capitales españoles.
Se trataba de un sistema de producción de hierro dulce que obtiene por medio de una tecnología un tanto anticuada, obtención de hierro directo o hierro colado, y porque empezaban a agotarse los bosques, la madera era su principal fuente de energía para fundir.
La transformación de la tecnología tiene su origen en los avances que dieron lugar en Reino Unido a mediados del siglo XVIII. Allí, la aceleración del proceso de industrialización supuso un gran aumento de la demanda de metales y se dieron cuenta de que no eran capaces de abastecer tal demanda. La familia de herreros Darby de Coalbrookdale encontró la solución al problema, que utilizaba coque elaborado con carbón pobre en azufre de la región, mejorando así el procedimiento. Y esto, transformó la geografía de la siderurgia por completo. Ante el rendimiento que ofrecían los nuevos métodos, era imposible, por mucha madera que hubiese en los bosques del País Vasco, mantener los antiguos sistemas siderúrgicos del territorio.

Durante el siglo XIX, fueron cerrándose una a una todas las antiguas ferrerías. En 1826 la mayoría de las ferrerías tradicionales habían desaparecido, en 1864 quedaban 20 ferrerías y en 1880, cuatro. En Vizcaya, en 1885 se cerró la última de las antiguas ferrerías y en Guipúzcoa, cuando, tras la segunda carlistada, la ferrería de Bengolea de Legazpia cerró sus puertas, ya estaban funcionando los Altos Hornos de Sestao, en 1886.

Pero, durante el siglo XIX, empiezan a llegar cambios e innovaciones en el sistema productivo industrial.
En 1831 se instala en España el primer alto horno, el de “La Constancia”, en Málaga, pero la falta de mineral y de carbón dará al traste con ella pronto.
Gracias a que el hierro que se consume es producido, mayoritariamente en Guipúzcoa, los primeros altos hornos en las Provincias Vascas se instalan en 1841, año en que se trasladan las aduanas a la costa. Aunque la maquinaria que utilizaba era importada.
Ese mismo año, 1841, se crea la sociedad “Santa Ana” en Bolueta, gracias  al aporte de capital producido por las relaciones con las colonias ultramarinas, que ya eran pocas, y las rentas agrícolas. Esta empresa puso en marcha los altos hornos que utilizaban carbón. Algunos años más tarde, en 1859, la empresa "Ibarra y Cia." construye en Baracaldo otros altos hornos.
También en Asturias se desarrolla la siderurgia en la década de 1840, utilizando un sistema de colado que utilizaba carbón de coque. Asturias tenía la ventaja de tener cuencas carboníferas para conseguir carbón más barato, incluso que el importado de Inglaterra, gracias a los aranceles proteccionistas.
Para evitar un precio alto del carbón, en el alto horno vizcaíno de “El Carmen” se instala un sistema de producción que consume carbón vegetal y hulla.
En las Vascongadas, las condiciones geográficas, un nivel insuficiente de materias primas, y ausencia de acumulación de capitales, hacen que su modelo de industrialización tienda hacia  la industria de los transformados metálicos.
El pequeño y mediano industrial partiendo de medios artesanales y escaso capital, establecido en varios sectores y aprovechando sus recursos naturales decide arriesgar en nuevos en negocios industriales de mayor envergadura, adoptando las tecnologías más modernas y novedosas frente a la tradicional. Aparece una nueva burguesía empresarial en diferentes sectores industriales.
La innovaciones industriales permiten la aparición de un sistema de fabricación de acero, que ahorra mineral y carbón y puede emplear hierros de peor calidad, con lo que se pueden aprovechar el mineral desperdiciado que hay en las escombreras.
Gracias a una progresiva innovación tecnológica a se van reduciendo las necesidades energéticas de carbón para producir acero. En 1827 eran necesarias 3 Tm de hierro y 4,5 Tm de carbón para producir 1 Tm de acero. En 1836 eran necesarias 2 Tm de hierro y 3,5 Tm de carbón para producir 1 Tm de acero.

En 1865 llega a España el novedoso sistema de producción que permite la inyección de aire caliente en el horno, lo que permite reducir el consumo de carbón drásticamente. El avance que inaugura el horno alto de Beasain en será el detonante de una serie de síntomas de evolución en el sector. Para producir 1 Tm de acero es necesaria 1 Tm de hierro y 1,5 Tm de carbón.
La disminución de las necesidades de carbón asturiano y la caída de los fletes de transporte del hierro británico en 1877, permite a la industria vasca arrebatar el liderazgo de la producción siderúrgica a la asturiana. La producción vasca se convirtió más barata y de mejor calidad.
En 1883 se instala el sistema productivo “Bessemer” en el alto horno de “El carmen”, situando a la planta a la altura tecnológica de las mejores empresas de Europa, y con unos precios muy competitivos.
Sin embargo, en esta fecha ya ha comenzado la crisis económica de la gran depresión y las medidas proteccionistas que se toman en toda Europa dejan a la moderna fábrica únicamente con el mercado interior, para vender sus productos. Este consumo es insuficiente para la fábrica.

El mercado es muy estrecho. Se compone, fundamentalmente, de: productos para la labranza, rejas, verjas etc., que se consumen en el medio rural; clavos, cadenas y otros productos propios de la industria naval; cañones, fusiles, etc., que consume la industria armamentística; ferrocarriles y barcos para el transporte; y cañerías y mobiliario urbano, para el consumo en las ciudades.

Esta demanda, además, es, en parte, cubierta desde el exterior, ya que parte del capital invertido en la siderurgia es extranjero. Además, el proteccionismo dificultó la adquisición de bienes de equipo en el extranjero, con lo que las industrias españolas se quedarían pronto viejas, y se irían sustituyendo por importaciones. Sólo en la última década del siglo se mitigó la crisis internacional, y la industria volvería a surgir.


6.7 LA INDUSTRIA ARMAMENTÍSTICA

En la revolución industrial la fabricación de armas exige diversificar la producción, al tiempo que empiezan a dibujarse distintas especialidades a nivel comarcal, e incluso municipal o local. En 1859 comienzan a asociarse entre sí los maestros pertenecientes a los desaparecidos gremios. “Ocho llaveros de Eibar” forman sociedad para fabricar llaves de fusil, pistola y revólver.
Lo mismo sucede en Soraluze-Placencia, donde se funda en 1862 la empresa "Euskalduna", de la que en sólo una década de actividad saldrán más de 70.000 armas.
Para entonces, los eibarreses hermanos Orbea en 1859, ya habían transformado su molino de Urkizu en una pequeña nave de elaboración de carabinas. Estos, con una gran visión de futuro, introducen pronto novedades técnicas en el proceso de elaboración, tales como el pulimento mecánico, niquelado por galvanoplastia y, lo que es más importante, la aplicación de la energía eléctrica en 1890, hecho en el cual debe considerárseles pioneros en Guipúzcoa.
A comienzos del siglo XIX, la “Casa Real de Soraluze” fue renovada y mantuvo su producción hasta 1875. Ciertamente, aquel mismo año, se deshizo la organización gremial y comenzaron a surgir empresas armamentísticas privadas como por ejemplo las existentes en la actualidad, “Orbea” en Eibar y “Euskalduna” en Soraluze.
Es importante la vocación armera del Deba Medio con Plasencia, Eibar, Elgoibar, Ermua y Bergara a la cabeza. A estos municipios se sumará la villa de Arrasate-Mondragón en un intento tardío por erigirse en centro de la armería guipuzcoana. La armería continuó siendo uno de los principales baluartes de la industria metalúrgica en Guipúzcoa a lo largo de los siglos XIX y XX.
La fabricación de armas alcanzará un desarrollo sin precedentes a finales del siglo XIX, gracias al uso de la energía eléctrica.
Junto a Orbea, Larrañaga y Joaristi, principales fabricantes, aparecen nombres como los de Victor Sarasqueta, Arizmendi, Trocaola, Aguirre, Zamacola y Cía, Crucelegui, Anitua, Beristain, etc. El personal vinculado a la armería supone ya, en 1906, el 54% del censo laboral de Eibar, el 50% en Soraluze-Placencia, donde la antigua “Euskalduna”, ahora “S.A. Placencia de las Armas”, que proporciona trabajo a 180 operarios y por último el 11% en Elgoibar. Eibar es reconocida por entonces como el centro armero peninsular.
Pero la excesiva dependencia de los mercados exteriores iba a provocar una crisis de gravedad hacia 1914, aunque la neutralidad de España en el conflicto -Primera Guerra Mundial- permitió una ficticia recuperación durante la contienda, que se verá abortada cuando tras el armisticio se restablezcan los centros productores europeos. La época dorada de la armería moderna es, por lo tanto, la comprendida entre 1900 y 1917. A partir de entonces, y fundamentalmente desde mediados de la década de los veinte, habría de imponerse el recurso a la diversificación productiva.


FÁBRICA DE ALBAYALDE Y MINIO EN RENTERÍA


7. BURGUESÍA Y EMPRESARIADO INDUSTRIAL EN EL SIGLO XIX


LAS EMPRESAS INDUSTRIALES
Durante el proceso de revolución industrial desarrollado en este siglo, la tradicional burguesía vasca aprovechando sus escasos yacimientos de hierro, siguiendo la antigua tradición férrica, explotando los recursos hídricos a su alcance e importando las necesidades de hierro en bruto y carbón mineral, se irá desarrollando sobre las nuevas tecnologías y novedosos sistemas industriales orientada con preferencia hacía la elaboración de amplias gamas de útiles y herramientas. Las empresas industriales vascas se dedican en gran parte a la siderurgia y la elaboración de productos de acero. La industria vasca de los transformados metálicos elabora útiles de forja como clavos, clavos, tornillos, puntas de París, herramientas, armas, etc.
La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País se reafirma en sus intentos de renovación constantes desde su fundación a mediados del siglo pasado.
La siderurgia de esta época también tenía sus defectos: escasa tecnología y el pequeño tamaño de las empresas. De todos modos, la siderurgia vasca estaba desfasada en relación con la europea, ya que la mitad de los altos hornos de las Provincias Vascas eran de carbón vegetal. A nivel nacional, por el contrario, la situación de la siderurgia vasca era óptima, el mercado nacional español de la siderurgia estaba controlado por empresas vascas
La concentración de esfuerzos en sociedades limitadas, donde dos o más empresarios unen sus recursos, será otra de las piedras de toque hacia la modernidad. Así es como la empresa de Arrasate-Mondragón Vergarajauregui, Resusta y Cía a principios de la década de 1860, se integra en una de las más importantes del territorio, la Unión Cerrajera de Mondragón.
También se crearon nuevas empresas con la participación de capital extranjero como Orconera Iron Ore Co. Ltd. y Societé Franco-Belge des Mines de Somorrostro.
Durante el último tercio de siglo XIX,  los talleres y las fábricas de productos metalúrgicos proliferan, crecen y se renuevan. La producción de armas aumenta, y lo mismo ocurre con otros productos, etc. Esto trae consigo una mayor demanda de materias primas y es así como nacen las grandes fundiciones.
Es el caso de S.A. Aurrera en Eibar, fundada en 1883. Surge de la iniciativa de un grupo de industriales eibarreses, que elaboraran hierro colado en dos cubilotes para abastecer al corolario de pequeños fabricantes de armas de la localidad, hasta ahora a expensas de las importaciones francesas y belgas.
Caso similar es el de Romualdo García en 1877, quien fundará San Pedro en Elgoibar, dedicándola a la fabricación de hierros al carbón vegetal. Este grupo se verá progresivamente reforzado con la aparición de otras como las de Molinao en Pasaia, Fundición Fossey en Lasarte o la Real Compañía Asturiana de Minas, que creó en Errenteria una fundición de plomo con la galena procedente principalmente de la mina San Narciso de Irún, o aquellas que formarán parte consustancial de empresas integrales como sucede en Cerrajera, la C.A.F., o Patricio Echeverría.
En los 15 años siguientes a 1876, se produce una verdadera colonización de la ría de Bilbao por empresas autóctonas con accionariado variopinto enriquecidas por los excedentes de producción ya capitalizados y favorecidas por la reseñada reducción de impuestos a la exportación: “Altos Hornos de Vizcaya S.A.”, “La Basconia”, “Echebarria Aceros”, “Tubos y Forjados”, “Alambres del Cadagua”, “La Euskeria”, etc., son algunos ejemplos de empresas siderurgias establecidas en Bilbao.
Debido a la influencia de este nuevo impulso, en 1880, la empresa de coque llamada "Vizcaya" construyó varios altos hornos. En 1882 se creó la "Sociedad Anónima Altos Hornos y Fábrica de Hierro y Acero de Bilbao" y en 1890 la sociedad "Iberia". De la fusión de estas tres empresas surge “Altos Hornos de Vizcaya”.
Otras nuevas empresas en el ámbito de la siderurgia fueron: Hijos de J. Jauregui” en Zornotza,  “Vasco-Belge” en Miravalles, “Maquinaria Guipuzcoana” en Beasain, “Viuda de Urgaiti e Hija” en Araia.
Más adelante, tras la debacle del 98, la siderurgia vasca recibe también la inyección de capital de los ricos indianos de vuelta a España.
La metalurgia ligera, la fabricación de herramientas agrícolas en Miravalles, Tolosa, Durango, Legazpia y Gasteiz, la fabricación de motores de barcos en Zumaia, o de ferrocarriles en Beasain, se desarrollaron a partir de 1914.

FÁBRICA DE BOINAS ELOSEGUI EN TOLOSA

LA BURGUESÍA INDUSTRIAL
Por una y mil causas, a mediados del siglo XIX, se produjo un intenso proceso de industrialización de las Vascongadas, menos intenso o ausente en el resto de España, salvo Cataluña.
En poco tiempo con el hierro de sus minas en Vizcaya y Guipúzcoa se fabricó acero y con el acero vasco, los vascos construyeron barcos, bicicletas, armas, maquinarias y ferrocarriles.
Desarrollando un talento financiero, los vascos, especialmente los bilbaínos, organizaron bancos que financiaron telares, fábricas de papel y empresas de toda índole, generando una riqueza.
Una formidable generación de empresarios vascos, modernos, eficientes, trabajadores entre los cuales se destacaron los vizcaínos Víctor Chávarri, la familia Ybarra, Horacio Echavarrieta, Eduardo Aznar, Federico Echavarría, Arellano, Lezama, Gandarias, Allende, Zubiría, etc. o los guipuzcoanos Kutz, Brunet, Elorza, Gurruchaga, Oreja, Alberdi, Echaide, Usandizaga, etc. y muchos más crearon riqueza y prosperidad.
Antes de esta generación de empresarios durante la primera mitad del siglo XIX, en Madrid destacó otra, no menos importante generación de vascos, que emigraron a la capital y desde allí realizaron su actividad empresarial como Francisco de las Rivas, Mateo Murga y Michelena, Estanislao Urquijo entre otros.
Con ello, la población vasca, siempre equilibrada o en merma, por la constante emigración de vascos a todas partes del mundo, se enriqueció.
ALGUNOS EXITOSOS INDUSTRIALES
VÍCTOR CHÁVARRI
Víctor Chávarri fue el primer capitalista vizcaíno. En 1901 funda la empresa Echevarría para fabricar aceros especiales, y Vizcaya. Tras la fusión de Altos Hornos, Vizcaya e Iberia, surge Altos Hornos de Vizcaya.
En poco más de veinte años, Chávarri levantó empresas, construyó ferrocarriles, tuvo negocios inmobiliarios, mineros, etc. Sus negocios motivaron su posterior actividad política, llegando a ser procurador en las Cortes. Fue, en definitiva, la persona que más influyó en la revolución industrial vizcaína y una de las más importantes figuras del desarrollo económico y político del País Vasco a finales del siglo XIX.
LA FAMILIA YBARRA
La familia Ybarra es conocida por ser una familia de industriales y financieros vizcaínos, vinculada al desarrollo de la siderurgia en Vizcaya desde 1827. Participaron en la creación del Banco de Bilbao en 1882, y promovieron la constitución de la sociedad anónima Altos Hornos de Vizcaya junto a Víctor Chávarri, en 1902.
Más tarde, uno de sus hijos, Javier Ybarra y Bergé fue presidente de Babcock & Wilcox y consejero del Banco de Vizcaya, Iberduero y otras empresas. Después de la guerra civil, presidió El Correo Español-El Pueblo Vasco. Presidente de la Diputación de Vizcaya en los años 40, fue cesado por haber solicitado la devolución de los Conciertos Económicos. En 1977 fue alcalde de Bilbao, y en el mismo año fue secuestrado y asesinado por la organización ETA.
IGNACIO MERCADER
Donostiarra ilustre de un carácter entero capaz de realizar las empresas más difíciles. Fue pionero en la construcción de barcos de vapor, para lo cual se trasladó a Inglaterra a fin de construir el primero que se llamó Mamelena nº1, en recuerdo a su mujer Elena Vidaur. Las pesquerías montadas como lo hizo Mercader eran las primeras de Europa en su género. Mas tarde hizo construir una verdadera flota pesquera llevando todos los vapores el mismo nombre con distinta numeración.
PATRICIO SATRÚSTEGUI Y BRIS
(San Sebastián, 1823 – 1888, Barcelona)
Barón de Satrústegui, fue gran Cruz del mérito naval. Se asoció en 1850 con Antonio López y López, fundando en Santiago de Cuba la casa Antonio López y Compañía encargando la construcción del vapor General Armero, primer buque de hélice de la Marina Mercante Española. Fue uno de los principales directores de aquella empresa que el año 1856, se estableció ya en España y constituyó después la Compañía Trasatlántica.



DIVERSIFICACIÓN Y DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA

La excesiva dependencia de los mercados exteriores iba a provocar una crisis de gravedad hacia 1914, aunque la neutralidad de España en el conflicto de la Primera Guerra Mundial, permitió una ficticia recuperación durante la contienda, que se verá abortada cuando tras el armisticio, se restablezcan los centros productores europeos. La época dorada de la armería moderna vasca es, por lo tanto, la comprendida entre 1900 y 1917. A partir de entonces, y fundamentalmente desde mediados de la década de los veinte, habría de imponerse el recurso a la diversificación productiva.
Un rasgo común a todas las empresas industriales vascas va a ser su escaso volumen y capacidad de productiva, en términos generales, a pesar de lo cual ocuparán un elevado número de operarios y registrarán las inversiones de capital más altas del panorama industrial guipuzcoano, exceptuados algunos gigantes capitalizados como los del sector papelero.
Según la Estadística Industrial de 1915 apenas una decena de establecimientos metalúrgicos superan los cien empleados, proliferando aquellos que no llegan a los diez obreros contratados.
Las grandes empresas son la “Sociedad Española de Construcciones Metálicas” en Beasain, “Unión Cerrajera de Mondragón” en Arrasate, “Orbea” en Mallabia, “Garate, Anítua y Cía” en Eibar, “Unión Cerrajera” en Bergara, “Fábrica de Cañones” en Soraluze, “Trocaola, Aranzabal y Cía” en Eibar, “Aizmendi” en Eibar, “Fábrica de Plomo de Capuchinos” en Errenteria, y “Fundiciones Molinao” en Pasaia.

Se inicia de esta manera la fabricación de bicicletas (G.A.C. en 1925; Orbea en 1929), la de máquinas de coser (Alfa en 1927), máquina herramienta (Parabán y Cía, Orbea y Larrañaga, Juan Esperanza, Cruz, Ochoa y Cía, Estarta y Ecenarro, en 1924), aparatos eléctricos (Anitua e Hijos, Solac), etc. tornillería, Aguinaga, Lete, Egaña y Madina; aparatos eléctricos, Hormaechea; utensilios domésticos, Elma; forja y estampación, Garaciaga; máquina-herramienta, Arriola y Cía, Forjas de Elgoibar, Alcorta, Unzueta y Cía, Mugarza, Ugarte y Cía, Crucelegui Hnos; cerrajería, La Industrial Mondragonesa y Metalúrgica Cerrajera; ferretería, Roneo y Altuna y Garay.
Atrás queda la exclusividad armera que había constituido la seña de identidad del bajo Deba y se dibuja uno de los comportamientos tipo de su tejido industrial: ampliar y reorientar el producto hacia mercados más novedosos o nacientes.

En el área de Donostia-San Sebastián nos encontramos con Talleres Urcola (1917), dedicados a la fabricación de material ferroviario y a la forja, y Herederos de Ramón Mugica que también construían material de transporte en general y ferroviario en particular. En Urretxu la empresa Honorio Alberdi S. A se empleaba en la elaboración de muelles de acero. Asociados a los grandes astilleros surgen sociedades metalúrgicas como Fundiciones Luzuriaga en Pasaia y Balenciaga en Zumaia. En Azkoitia, Acerías y Forjas de Azkoitia S.A., cuyo origen se remonta a 1515 y a la ferrería Zubillaga de Oñati, elaborará todo tipo de herramientas forjadas. En Tolosa Fundiciones Telleria (1842) que fabricaba hierro colado o Voith, casa de distribución de turbinas eléctricas, y, por último, en Lazcano Forjas Hijos de A. Albisu, fundada en 1848.

Es verdad que todavía el peso radica en la armería; la fabricación de armas y su industria auxiliar supone a mediados de los años veinte el 80% del sector transformador, pero aparece ya de manera incipiente la elaboración de accesorios de automóvil, equipamientos eléctricos, aparatos domésticos, y el mundo ligado a la ferretería, tornillería, cerrajería y máquina herramienta. Estas nuevas orientaciones pluralizadoras serán la solución al colapso definitivo de la industria armera.
Su evolución genérica, como tantos otros órdenes de la vida cotidiana, se vió truncada por la Guerra Civil, y no tanto por los desastres originados por la contienda como por las consecuencias que a nivel material, mercantil y humano tuvo la misma. Sin duda, en no pocos casos se quebró la regular presencia y relevo generacional al frente de los negocios y trabajos, como consecuencia de la actitud del franquismo frente a otras ideologías (nacionalismo vasco, liberalismo, comunismo, republicanismo... etc.) que descabezó en ocasiones la dirección de las empresas o mutiló su natural expresión ante el temor a las depuraciones. Por otro lado, el aislamiento internacional y el bloqueo económico generó un feroz estrangulamiento en las primeras décadas del régimen para el desarrollo industrial. Estrangulamiento que capearon como pudieron las fábricas integrales -a la larga beneficiadas por la reserva del mercado nacional para colocar sus productos-, al que sobrevivieron con dificultad algunas de las pequeñas empresas y del que nacerían en años posteriores sectores nuevos para cubrir la demanda de lo que hasta entonces había podido importarse sin dificultad.

Tanto es así que, a pesar de la destrucción, la escasez de materias primas y la depuración, a mediados de los años 50 el sector siderometalúrgico vuelve a retomar la cabeza en la industria guipuzcoana y aún sin ser hegemónico, su ritmo de desarrollo se convierte en el pulso económico del territorio y refleja como ningún otro la crisis petrolera de la década de los 70, la reestructuración de fines de los 80 y su apuesta por las nuevas tecnologías, diversificación y versatilidad en el fin de siglo.
La nómina de empresas en estos años es numerosa, pero sin duda las tres empresas más emblemáticas del sector por su dilatada trayectoria industrial y el peso adquirido en los balances económicos del territorio, han sido Patricio Echeverría en Legazpi, la C.A.F en Beasain y Unión Cerrajera en Arrasate-Mondragón.

ESTACIÓN  FERROVIARIA DE MALZAGA EN EIBAR


8. PROTECCIONISMO INDUSTRIAL EN EL SIGLO XX

A partir de 1892 el industrial vasco evoluciona hacia posiciones proteccionistas al aparecer la tecnología siderúrgica de Thomas (con la caldera de Siemens), motivo por el que las empresas industriales vascas ya no resultan imprescindibles a la industria del acero europea, al poder producirse en Francia e Inglaterra buen material incluso con mineral fosforado.

Es por ello por lo que en 1893 se crea por industriales vascos y catalanes la Liga Nacional Española de Productores y la Liga Vizcaína, organizaciones gremiales que presionan para acotar el mercado español, esto es, para instaurar el proteccionismo más obsceno en defensa de su actividad productiva.

Triunfa definitivamente hasta finales de la década de los 60 este modelo que consistente en:
- Nacionalismo económico vasco-español
- Proteccionismo arancelario mercantil
- Intervencionismo político en la economía


Todo lo anterior tiene como resultado a lo largo del siglo XX el progresivo fin expansionista, optimista y exportador de la industria vasca y su sustitución por una política de protección de siderúrgicas, navieras y bancos (de Cánovas a Franco, pasando por Cambó o Primo) de claro carácter autárquico, sólo interrumpido por dos Guerras Mundiales, en donde desde el País Vasco se aprovisionó de hierro, munición y explosivos a los aliados, primero, y al Eje, en 1938, después.

Tras la debacle del 98, la siderurgia vasca recibe también la inyección de capital de los ricos indianos vascos (que habían hecho fortuna en América) de vuelta a España.

En 1907 los empresarios vascos de la siderurgia ponen sus ojos en la minería marroquí de las montañas del Rif, en las minas de Vixan, y España inicia una política colonial sobre el norte de Marruecos, que le llevará a una cruenta guerra.

En 1926, el presidente de la Liga Vizcaína elogia la dictadura del general Primo de Rivera por su típica política proteccionista del mercado interior, con fuerte control de precios y con empresas sobredimensionadas y poco productivas, aunque destinatarias de contratos estatales españoles exclusivos. Ello hace que en 1929, la producción de hierro y acero alcance un culmen histórico.

Tras el paréntesis de la guerra civil (y de la entrega por parte de los nacionalistas vascos de los altos hornos a pleno rendimiento a las tropas sublevadas), entre 1939 y 1959 se continúa con este régimen de autarquía (franquista) e intervencionismo estatal. Incluso hasta la década de los sesenta, la extracción de mineral de hierro se subvencionaba por el Gobierno español que, por otra parte, dirigió importantes flujos financieros del ahorro nacional español de las Cajas públicas a la inversión en equipamientos industriales e infraestructuras del País Vasco; por no hablar de concesiones administrativas monopolísticas a industrias de capital vasco, por ejemplo en el campo de la producción eléctrica.

Es indudable que la relativa prosperidad industrial y económica del País Vasco tiene que ver con la acción del Estado español, del mercado español, del capital español depositado en los bancos vascos o con destino al País Vasco, del proletariado español, de la energía española, del paraguas nacional español...

El intenso proceso de industrialización del País Vasco, menos intenso o ausente en el resto de España, salvo Cataluña, dio lugar a que con el hierro de sus minas en Vizcaya y Guipúzcoa se fabricara acero, y con el acero, los vascos construyeron barcos, bicicletas, armas, maquinarias y ferrocarriles.

De la situación precaria y de explotación que los trabajadores tuvieron que sufrir en la mina y siderurgia vizcaínas de la margen izquierda del río Nervión, surgiría unos de los primeros lugares de España, en los que se afianzó con más fuerza una nueva ideología, el socialismo. Defendiendo el derecho de los trabajadores a una vida digna.

Desarrollando un talento financiero, los vascos especialmente los bilbaínos, organizaron bancos que financiaron telares, fábricas de papel y empresas de toda clase, lo que dio lugar a una burguesía industrial sin parangón en el resto de España, exceptuando de nuevo Cataluña.