ORIGEN Y NATURALEZA DE LOS FUEROS MEDIEVALES

ORIGEN Y NATURALEZA DE LOS FUEROS MEDIEVALES
Los Fueros son el conjunto de leyes, normas, privilegios o exenciones que se concede a un territorio, municipio o persona. Durante la Edad Media, los fueros eran concedidos por los reyes o señores feudales a los pobladores de un territorio, a los habitantes de una ciudad, un grupo estamental, a los integrantes de un gremio profesional, a una institución o sector estamental.

La palabra "fueros" significa "leyes". Es el corpus jurídico de una determinada región, gremio, estamento, etc. La mayoría se gestaron en la Edad Media, y eran las leyes de los reinos, principados, y señoríos españoles. Los fueros tenían un carácter privilegiado y privativo, ya que etimológicamente está compuesto de: "Priv" que deriva de Privatus y que en latín significaba particular, específico, concreto;  y “Legio” que deriva de Legio, Lex, Legis y que en latín significa ley. Por tanto, los fueros fueron el conjunto de leyes de cada una de las entidades territoriales, económicas y sociales de España.

Existían una gran variedad de ordenamientos forales tanto en su naturaleza como en su finalidad:

Los Fueros estamentales continúan en la exención fiscal y militar, la sujeción a leyes y tribunales propios, la posesión de señoríos jurisdiccionales, la percepción de tributos sobre mercados, etc., de determinados estamentos sociales.

Los Fueros territoriales permitían el desarrollo económico de territorios, el mantenimiento de la fidelidad de señores feudales disconformes, la recompensa a servicios realizados, la reglamentación de una administración, la protección de lugares estratégicos, etc.

Los regímenes forales son característicos de la organización política y jurídica de Europa desde los orígenes del feudalismo hasta el siglo XVIII.


En Francia existió una pluralidad legislativa y administrativa hasta la Revolución de 1789. Las ciudades y provincias francesas se organizaban de diferentes usos, por ejemplo, en el modo de elección, funcionamiento y denominación de sus órganos de gobierno. Unos cargos eran designados por el rey, otros por una señor determinado, y otros eran electivos; estos cargos podían durar un determinado espacio de tiempo o ser vitalicios; podían ser elegidos o comprados. Tenían la dificultad añadida de que en ocasiones las legislaciones estamentales, territoriales y profesionales se entrecruzaban, anulando una a las otras.

Durante la Baja Edad Media, existió en Inglaterra una enorme multiplicidad de tribunales señoriales que otorgaban a los señores feudales un poder judicial hacia sus vasallos con sus propias normas y costumbres que variaban enormemente de un lugar a otro. Los reyes organizaron tribunales paralelos con un derecho común a todos los territorios con el objetivo de unificar y normalizar una disparidad legal y caos jurisdiccional existente entre los diferentes territorios de un mismo reino.


En España, el Fuero de Logroño fue otorgado a la ciudad por Alfonso VI de Castilla en 1095 para favorecer el rápido crecimiento de la población al ocupar la ciudad una situación fronteriza. Fortalecerla concediéndole igualdad jurídica de derechos, libertades y privilegios a sus habitantes, fueran francos o del lugar, suponía fortalecer el reino. Este fuero de población fue modelo para cerca de 80 ciudades más en todo el norte peninsular, suponía una concepción muy moderna de la sociedad y daba un trato de consideración a los peregrinos.



TEORÍAS SOBRE EL ORIGEN DE LOS FUEROS

El fuerismo del siglo XIX y posteriormente el nacionalismo vasco sostuvieron la teoría de que los fueros derivaban de las libertades ancestrales y de los usos jurídicos espontáneos de los vascones de tiempos inmemoriales y que los señores y los reyes no hicieron otra cosa que confirmarlos porque así se le exigía como requisito para aceptar su autoridad. En rigor, esta visión idealizada y mítica de los fueros surgió en el seno de la pequeña nobleza derrotada por la alianza de la Corona castellana y las villas a finales del siglo XV.
 
Los fueros medievales son privilegios concedidos por los reyes y por los señores a villa, estamentos y comarcas, por motivos de diversos y con diferentes propósitos. Hubo fueros para hidalgos y fueros para villanos, fueros para estimular determinadas actividades económicas o para impedirlas. Las fundaciones de villas iban generalmente acompañadas del otorgamiento de un fuero a sus moradores, porque la economía de las villas representaba una fuente de ingresos fiscales para la corona y los señores, mientras la pequeña nobleza que dominaba los campos estaba exenta de impuestos. Por otra parte, las villas de realengo suponían un firme apoyo para los reyes frente a la nobleza y sus facciones.
 
La teoría tradicional del fuero reconoce el papel fundamental del soberano como otorgante del privilegio, pero aduce al mismo tiempo que el fuero concedido por los reyes canoniza unos usos jurídicos no escritos cuyo origen radica en costumbres antiquísimas. La polémica foral vasca del siglo XIX opuso tres concepciones distintas:
 
1. Teoría de la concesión real o señorial del privilegio, defendida por los liberales.
 
2. Teoría del compromiso entre el derecho consuetudinario y la autoridad del soberano, defendida por los tradicionalistas.
 
3. Teoría del reconocimiento por parte de los reyes de una proto-constitución histórica anterior a la institución monárquica, defendida por los fueristas y nacionalistas.
 

El primer fueron que se otorgó en Vascongadas fue el de Jaca, en 1076, por el rey Sancho I Ramírez de Aragón (Sancho V de Navarra) y sirvió de modelo a los que siguieron dando a las villas los reyes navarros hasta el siglo XIII.
 
Además de los fueros de villas, existían en la Vasconia medieval fueros estamentales (de hidalgos), corporativos (de ferrones y mareantes), de castas (fueros particulares para judíos o mudéjares), eclesiásticos, etc. Lo característico del entramado jurídico medieval fue una enorme dispersión. No hay nada parecido a una legalidad uniforme. El llamado Fuero viejo de Vizcaya, que regía en la tierra llana, era un fuero de hidalgos, de codificación tardía (siglo XV) y, por supuesto, no se aplicaba a los labradores, que carecían de privilegios. Hasta las codificaciones forales del siglo XIV no existieron fueros provinciales, los llamados Fueros Nuevos, que tenían carácter y función muy distintos de los privilegios medievales.
 
Las instituciones representativas de los territorios aparecen históricamente en conexión directa con la conflictividad derivada de la dispersión foral. La visión romántica del fuerismo del siglo XIX contemplaba una Vasconia anterior a la Edad Media organizada en aldeas o "repúblicas" independientes cada una de las cuales se regía por su propia junta o biltzar. Toda esta visión mitológica carece de fundamento.

Las juntas no son anteriores al siglo XIV, y surgieron al mismo tiempo que otras estructuras afines en Europa occidental, donde las guerras y las epidemias diezmaron la población y debilitaron la posición de la nobleza respecto a los estamentos subalternos, que pudieron hacerse oír por los monarcas y, en muchos casos, imponer sus condiciones a los señores feudales.
 
En Vascongadas, como en toda Europa, se registró un descenso súbito de las rentas de la tierra, lo que impulsó a la nobleza rural a extorsionar a las villas. Para defenderse de los abusos nobiliarios, las villas buscaron el apoyo de la Corona de Castilla y se organizaron en hermandades. Las juntas fueron una consecuencia directa de estas alianzas contra los señores de la tierra llana.
 
En pleno declive del poder nobiliario surgiría el mito de unas juntas primigenias exclusivamente representativas de los linajes hidalgos, pero lo más parecido a esto fue la Cofradía de Arriaga, una liga nobiliaria que ejerció una poder de tipo señorial sobre Álava y Orduña y que se disolvió en 1332, entregando voluntariamente sus dominios a la Corona castellana a cambio de un fuero estamental.



CONCESIÓN REAL DE LOS ORDENAMIENTOS JURÍDICOS FORALES

En la Alta Edad Media, dos acontecimientos alteraron el orden jurídico-territorial del establecido Reino Hispano-visigodo: por una lado, se produjo la invasión musulmana y el asentamiento del califato de los Omeyas; por otro, los hispano-visigodos y tribus autóctonos se vieron obligadas a resistir en el norte peninsular formando un conjunto de señoríos, condados y reinos que serán el embrión del futuro reino de España.

Durante esta época, conocida como Reconquista, la influencia civilizadora de la Iglesia y, simultáneamente a ésta, la acción jurídico-militar de los diferentes reyes astur-leoneses, navarros y, sobre todos ellos, castellanos fueron perfilando desde la Alta Edad Media tardía una organización administrativa y económico-mercantil en los territorios de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa en la que los fueros constituyeron un instrumento indispensable de gobierno.

Así pues, desde una perspectiva histórica, la etnia vasca o la cultura euskalduna jamás constituyó una entidad política o administrativa definida o identificable dentro de unas determinadas fronteras geográficas sino, en todo caso, una característica etnolingüística o cultural compartida y subyacente en unas poblaciones que siempre estuvieron políticamente fragmentadas. Estas poblaciones se encuadraron desde la alta Edad Media dentro de los poderosos reinos franco-ibéricos existentes, los cuales las organizaron legislativamente mediante fueros e integraron dentro de su propia red mercantil, judicial y militar en un proceso de típica y benefactora ordenación territorial.

Dicho de otro modo, durante muy escaso tiempo no existieron reinos de euskaldunes con fueros soberanos por ser tales sino territorios de soberanía regia a los que los reyes francos, navarros y, fundamentalmente, castellanos otorgaron fueros singulares, siendo habitados o repoblados, al igual que otros próximos, por o con gentes euskaldunes.

Cuando un monarca castellano fundaba una villa, conllevaba el otorgamiento de un Fuero o instrumentos legales que regulaban las relaciones entre el Rey y sus vasallos, y aparecen como el reconocimiento por parte de la autoridad de una serie de exenciones y privilegios, a favor de una comunidad asentada o por asentar, en un determinado núcleo, respondiendo a un interés común por parte del poder real y de la comunidad beneficiada, quedando reestructurado el tejido social al fundarse nuevos núcleos de población con atrayentes condiciones de vida.

Tanto en Álava, como también en Guipúzcoa, fueron los reyes quienes llevaron a efecto, de manera exclusiva, la política de fundaciones de villas. El fuero se constituyó como una estrategia para fortalecer la posición real en aquellos lugares en detrimento de la nobleza feudal de la tierra.

Durante el reinado de Alfonso X el Sabio se tiene constancia de unos privilegios para varias villas asturianas, montañesas y guipuzcoanas (Pasajes, Zarauz, San Vicente de la Barquera, Guetaria, etc.) debido a los servicios prestados por sus marinos. Pero los fueros y privilegios de las villas marineras ya venían de atrás:

García, rey de Navarra, concedió fueros y privilegios a Santa María del Puerto Santoña.

Sancho el Sabio concedió el fuero de San Sebastián.

Alfonso VIII los de Castro, Santander, Guetaria, Laredo, Motrico, Fuenterrabía.

Fernando III el Santo los de Zarauz, Tuy, Cádiz y Sevilla, etc.

Juan I concedió la carta puebla de Orio, hasta entonces dependiente del fuero de San Sebastián

Las razones por las cuales los reyes castellanos realizaron un proceso de fundación de villas y ciudades y la concesión de fueros y cartas pueblas fueron de diversa índole: económicas, políticas, sociales, demográficas, militares, religiosas, etc.


LA JUSTICIA FORAL, ALEGORÍA DE ANSELMO GUINEA





1. ASPECTOS ECONÓMICOS

Tiene su origen fundamental en el establecimiento de rutas comerciales o puertos marítimos. Era de vital importancia el asegurar unas rutas y puertos para la exportación de productos del interior peninsular hacia Europa. Las bases del Reino de España fueron hasta mediados del siglo XIX, dejando al margen el tráfico mercantil con América centrado en los puertos de Sevilla y Cádiz, la lana de la Mesta, el trigo de Castilla y Aragón y, en menor medida, el aceite, el lino, la sal, el azafrán y el vino de diversos puntos de España.

El emergente eje de comercio exterior del reino castellano, realizado sobre todos los países de la Europa atlántica, se canalizó a través de sus puertos cantábricos, fundamentalmente los de su mitad oriental, de San Vicente de la Barquera a Irún.

Estos puertos de Guipúzcoa, Vizcaya y La Montaña (Cantabria) desempeñaron un papel esencial en la construcción de barcos de la marina naval y mercante castellana, y luego española, de los siglos XIII al XVIII.

En astilleros vascongados como los de Orio, Portugalete, Pasajes y Zarauz emplearon mucho capital humano y muchas rentas monetarias llegaron a esas tierras tan deprimidas económicamente.

Si bien su existencia de facto es anterior, en mayo de 1296 se reunieron en Castro Urdiales los procuradores de dicha villa, junto a los de Santander, Laredo, Bermeo, Guetaria, San Sebastián, Fuenterrabía y Vitoria, con el fin de organizarse para mejorar la defensa de sus intereses comerciales y derechos frente al poder real, celosos de conservar los derechos y exenciones que dichas poblaciones habían ido ganando por su importantísima participación en las campañas bélicas de Andalucía.

La villa de Orio era, en un principio, una parroquia denominada San Nicolás que estaba comprendida dentro del territorio asignado a la entonces villa de San Sebastián en su carta-puebla de 1180. Por consiguiente, Orio en su origen fue una aldea portuaria dependiente de la jurisdicción de San Sebastián, de escasa población. Para desarrollar el enclave portuario de Orio dependiente de Donostia, Juan I de Castilla, por privilegio dado en Burgos a 12 de julio del año 1379, otorgó Carta-puebla para la fundación de una villa con el nombre de Villarreal de San Nicolás de Orio, a cuyos pobladores otorgó el Fuero de San Sebastián.

Otro motivo de la fundación de villas dedicadas al comercio, fue el derecho mercantil, expresado en el caso de la villa de Bilbao, en los usos y costumbres del trato y del tráfico; usos y costumbres codificados después en los códigos u ordenanzas de las Universidades de Mercaderes y Consulados, como el de Bilbao.



2. ASPECTOS POLÍTICO-SOCIALES

Los motivos sociales y políticos que propician las alianzas y uniones con el Reino de Castilla surgen de la necesidad de independencia de la población con respecto a los señores feudales autóctonos en el caso guipuzcoano, o los señores feudales navarros en el caso alavés.

La fundación de villas y concesión de fueros en el siglo XIV son consecuencia de la falta de seguridad originada por las guerras de banderizos: fueron una forma de proteger a sus habitantes.

La villa entrañaba un nuevo sistema de poblamiento en una fase de crecimiento demográfico; suponía el amparo de los labradores frente a los excesos de los hijosdalgo.

A mediados del siglo XIV se produjo un cambio de coyuntura, al compás del cual se resintieron las viejas estructuras señoriales. Las nuevas villas nacieron como refugio y defensa de los labradores frente a las acometidas de los banderizos, empobrecidos y convertidos en bandidos. En este siglo de coyuntura económica adversa es cuando los señores territoriales, como el de Vizcaya, advierten que era más rentable percibir las rentas urbanas de los prebostes de las villas que las escasas que proporcionaban los merinos de las zonas rurales.

En unos casos para frenar los excesos de los hijosdalgos, que pugnaban por recortar los términos municipales, concedidos por las cartas-pueblas a las villas, y en otros, para amparar a los labradores, se fundaron las últimas villas de Vizcaya en el tercio final del siglo XIV.

En otros casos, era una manera de defender los límites del Señorío frente a la acometida, por ejemplo, de los guipuzcoanos en la zona oriental de Vizcaya, y donde nacen varias villas con este propósito expreso en sus cartas-puebla.

Por último, durante la Reconquista, la vida social del reino de Castilla se estructuró en parte en torno a la demostración del origen cristiano y pureza nobiliaria de linaje.

Esa mentalidad consiguió ver en los territorios vascongados un vivero incontaminado de sangre mora y judía, es decir, como una auténtica reserva espiritual y genética de cristianos españoles nobles desde la cuna, que servirían de cantera para ocupar futuros cargos de capitanes, obispos y secretarios reales.



3. ASPECTOS DEMOGRÁFICOS

La génesis de las villas es un paso más en el proceso de transformación de régimen feudal en sociedad moderna, mediante una fuerza social y económica que surge de los burgos, y es la burguesía, mercantil y artesanal.

El mismo sistema y régimen de propiedad familiar y transmisión troncal del patrimonio, dentro del Señorío y Fuero de Vizcaya facilitó la formación de las nuevas poblaciones o poblamientos de las villas, ofreciendo a los hijos que no participaban del mayorazgo un medio de vida distinto al rural o agrario, es decir, el comercial y manufacturero.

Por otra parte la producción excedentaria de la economía del caserío necesitaba de mercados que fueron los que se crearon en muchas de las nuevas villas vizcaínas. El fenómeno de las villas viene a coincidir con la expansión económica y crecimiento demográfico de los siglos XII y XIII, incluyendo el desarrollo del comercio marítimo. Las villas absorbieron el excedente de población del interior rural del Señorío y, otra parte, emigró al exterior, tanto hacia otras regiones meridionales de Castilla como cruzó el océano.



4. ASPECTOS GEOGRÁFICOS Y MILITARES

La concesión de privilegios y exenciones por parte del rey a las villas fundadas durante los siglos XIII y XIV surgen como premio o merced en recompensa a los servicios prestados y contribución en batallas de la Reconquista. En el año 1212, el señor de Vizcaya, Diego II López de Haro, encabeza la vanguardia del ataque cristiano en la batalla de las Navas de Tolosa. A partir de este suceso y en lo sucesivo los territorios de Vizcaya y Guipúzcoa conocieron un proceso de fundación de villas y concesión de cartas pueblas.

Durante la Baja Edad Media, las tierras vascas fueron consideradas zonas de gran interés geoestratégico, por su colindancia con Francia y por su acceso al mar Cantábrico. Era necesario establecer las bases de una férrea defensa frente al amenazante reino de Francia. Siglos atrás, Carlomagno intentó apoderarse del norte peninsular, incluso vinculó la Marca Hispánica pirenaica a su poder. Para defender la frontera terrestre guipuzcoana con Francia y con Navarra fue necesario fundar villas y ciudades defensivas en lugares despoblados. Hubo que privilegiarlas con la exención del servicio de armas para que siempre se dotaran de gentes en disposición de acudir a la lucha defensiva cuando fuese necesario, pero como contrapartida, las villas tenían que organizar sus propias levas marineras y militares, basadas en vecinos armados.

Como la empresa militar del momento, la Reconquista, y su repoblación se realizaba en dirección sur, fue aconsejable mantener en este territorio fronterizo una población constante, pero que además, fuese leal y fiel al rey para vigilar la aludida frontera con los francos, ahorrando así efectivos militares reales.

Otras razones fueron las necesidades del hierro vizcaíno para la fabricación de armamento militar y las de madera de roble de sus bosques para la construcción de flotas navales y mercantes. Las naves de la Hermandad de las Marismas, primero, y de la Armada de Vizcaya, después, contribuyeron de manera decisiva en la reconquista contra el moro de las ciudades costeras del sur.



CUESTIONES FINALES

Esta cultura pactista de concesión de relativas libertades y privilegios a los territorios vascones predominó sobre otra posible más coactiva debido al ahorro de recursos materiales que ello significaba, dándose así preferencia a los objetivos de expansión demográfica, territorial y económica del Reino hacia el sur.

El implantación en tierra vasca de una estrategia de nuevos poblamientos para incorporarlos a la red mercantil y militar del reino con máxima economía de fuerzas fue un modo de obrar habitual de la mayoría de los detentadores del poder político de cualquier época histórica y latitud. Así pues, el precio de los fueros vascos para un reino que andaba metido en empresas colosales era prácticamente anecdótico; o dicho de otro modo, en los nuevos territorios realengos los fueros no significaron ni más ni menos que el equivalente a una moderna ley de corte proteccionista y estimuladora de la actividad natalicia y comercial, con una relación coste/beneficio que resultaba óptima para todos los implicados.


Los "vizcaínos", como se les denominaba, tenían todas las prerrogativas de los demás castellanos. Todas pero no las mismas, tenían las que permitía o imponía su respectivo fuero provincial, ya que cada provincia tenía su ordenamiento jurídico propio. Pero eso era lo mismo que sucedía con todos los demás territorios castellanos, todos los cuales tenían su fuero. Es decir, los castellanos de Soria pagaban impuestos conforme a su fuero y los de Álava conforme al suyo, organizaban levas de soldados, cuando el monarca lo pedía, o se abstenían de organizarlas, de manera en que les obligaba o les permitía el respectivo ordenamiento jurídico.

En Vizcaya existían unos entes territoriales mediadores entre los municipios y el territorio de Vizcaya, y así surgen como instituciones peculiares, las Encartaciones, la Tierra Llana, el Duranguesado y las Villas. Todas ellas propietarias de sus propias asambleas que disfrutarían de un cierto poder y que contaban con representación en la Asamblea política de Guernica.

Por su parte, Álava se articulaba en lo que se denominaron Hermandades locales que integraban la Junta General, esto es, su principal órgano de gobierno.

Finalmente Guipúzcoa, fue tal vez la provincia donde más acusadamente se vivió la municipalización, articulándose en pequeños ámbitos de gobierno y jurisdicción llamados Villas.

De todo lo expuesto se desprende que no hubo nunca, un Derecho vasco o unos fueros comunes a modo de leyes u ordenanzas propias uniformes y homogéneas para todas las provincias vascas y/o para Navarra. Jurídicamente todas ellas eran entidades independientes con regímenes jurídicos distintos, y gozaban además, de una completa autonomía hacendística.

Con la paulatina incorporación al Reino de Castilla de las tres provincias vascas, los principales cuerpos normativos de éstas se verían en la obligación de albergar fórmulas intermedias que les permitiesen seguir manteniendo su foralidad. Debido a la cantidad de conflictos internos surgidos entre los municipios de cada provincia durante la Baja Edad Media, estos fueros precisaron de una remodelación entre sus representantes y el Rey.

Así, el Fuero Viejo de 1452, el Fuero Nuevo de 1526 y la Nueva Recopilación de Leyes de Guipúzcoa de 1696, introducen toda una serie de “pactos forales” basados en acuerdos entre estos territorios y el Rey, para reconocer y respetar los usos, costumbres y fueros de aquéllos. El Rey, o señor de Vizcaya, y así lo recoge el citado Fuero Viejo de Vizcaya, no podría modificar, ni mejorar los Fueros de esta provincia unilateralmente.

Los derechos forales vascos se escribieron en castellano. El primer libro escrito y publicado en lengua vasca vio la luz en 1545, cuando el quechua, el aymará, el nahua, el tolteca, el maya y el guaraní eran vertidas al alfabeto fonético castellano y transcritas o traducidas sus expresiones literarias a la lengua de Castilla y vaciadas en ellas los catecismos y leyes del nuevo orden hispánico de América. Nada de eso sucedió en el país vasco, porque no era necesario.

Durante la Baja Edad Media, aparecen estos 3 concretos cuerpos legislativos en los territorios forales de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, que para nada forman una unidad política y legislativa.

Lo que se pretende con la introducción de estos fueros privilegiados, a veces exclusivos, era dar unas ventajas muy importantes a esas provincias, especialmente Vizcaya y Guipúzcoa, por ser zonas estratégicas (proximidad con Francia, costa cántabra, hierro vizcaíno, flota vasco-cántabra, etc.). En Álava, al considerarse menos estratégica, la foralidad es más parecida a la del resto de Castilla, y con mayor obligatoriedad al pago de impuestos que Guipúzcoa o Vizcaya, pagando por ejemplo la Alcabala, principal impuesto.



ORIGEN MITOLÓGICO

La mitología de la Edad Moderna y la ideología nacionalista vasca en la Edad Contemporánea son los causantes del pensamiento en un origen fantástico de los fueros. Mitos y falsedades inventados para realzar el prestigio del fuero y para tratar de arrebatar poderes al rey, tales como el patriarca Túbal, la batalla de Arrigorriaga, la independencia de la cofradía de Arriaga para Álava, los fueros de Sobrarbe y Ribagorza para Zaragoza y Tudela, etc. que trataron de fundamentar una supuesta soberanía original.

En el caso navarro, entre los siglos XIII y XIV, el fuero de Tudela sirvió de base para la elaboración del Fuero General; con la territorialización del Derecho, avanzó en Navarra la mitificación de sus fuentes, ocultando el hecho que demuestra el origen de la voluntad soberana de ese Derecho, es decir, de la voluntad de los reyes. Los casos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, son parecidos, con idealizados y mitificados orígenes, con funciones ennoblecedoras y divinas, basadas en una supuesta antigüedad y un espíritu guerrero.