viernes, 30 de septiembre de 2016

Juan de Zamudio y Tellitu

Gobernador y capitán general del Tucumán a finales del siglo XVII




Juan de Zamudio y Tellitu era natural de Baracaldo, Vizcaya, donde nació en 1653. Provenía de familia de nobleza local, heredando la casa de Bagaza.

En 1666, con trece años de edad comenzó su Carrera militar enrolado en la Real Armada española a las órdenes del almirante general Mateo de la Haya.

Un año más tarde, tomó parte de la expedición a Tierra Fierme, es decir, en la América continental, a cargo del príncipe de Monte Santo y en la expedición de Francisco de Avaria en 1669, sirviendo como cartógrafo. Navegó por el Virreinato de la Plata y realizó servicios en el de Perú. Junto a él siempre estuvo su sobrino Juan Crisóstomo de Dizido y Zamudio, quien llegó a ser alférez real, maestre de campo y capitán de milicias.

En 1688, consiguió el hábito de caballero de la Orden de Santiago.

En 1696, fue nombrado gobernador y capitán general del Tucumán, cargo que desempeñó hasta 1701. Durante su gobierno, se trasladó el obispado de Santiago del Estero a la ciudad de Córdoba, se reconoció la frontera y se mantuvo, como hicieron sus predecesores, la guerra con los mocovi para lograr su pacificación.

 
MAPA DE LA PROVINCIA DE TUCUMÁN EN EL SIGLO XVII
 

Casó con Inés de Salazar-Muñatones y Azoca en la catedral de Buenos Aires, en 1677. Esta mujer había nacido en esta ciudad, pero su ascendencia paterna era originaria de Somorrostro, siendo sus padres Pedro de Salazar Muñatones, natural de Muskiz, y Luisa de Azoca y Hurtado de Mendoza, del linaje de Salazar.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Romanización de los vascones


Tradicionalmente se ha considerado a los vascones como un pueblo primitivo, aislado del resto de  pueblos que le rodeaban y que no participó de la civilización romana, por ser una tierra de bajo interés económico para el Imperio. Los hallazgos arqueológicos en tierras vascas y navarras continuamente desmienten estas teorías, demostrando que la romanización, en todos los aspectos, fue muy superior a otras tierras de aquel imperio.

La Romanización fue un proceso efectuado desde el siglo II a.C. hasta el siglo IV d.C. Tal labor no consistió únicamente en agrupar a la población del valle medio del Ebro en unidades superiores, sino el desarrollar un mundo urbano, unido por magníficas vías de comunicación. El territorio que hoy ocupa Navarra se encontraba mayoritariamente descompuesto en el momento de la conquista por Roma. En el año 196 a. C. llegaron los romanos a tierras donde habitaban las tribus vasconas, entonces apenas existían ciudades, vivían dispersos por el territorio, relacionados mediante pequeñas aldeas y sin poseer puntos comunes de referencia.

La acción de Roma posibilitó la agrupación en torno a núcleos urbanos bien ubicados, a partir de los cuales pudiera entrar la civilización y efectuar un auténtico cambio de mentalidad, influyendo en la identidad de los individuos. Dentro de la ciudad, el individuo se realizaba como persona, en el ejercicio de sus derechos cívicos, se sentía protegido por sus murallas, rendía la memoria a sus antepasados y daba culto a los dioses.

La mayor transformación que experimentó esta tierra se produjo entre el siglo I a. C. y el II d. C., período durante el cual la mayor parte del territorio vascón se romanizó intensamente, cubriéndose de explotaciones y poblaciones romanas. La romanización de Álava y al menos dos tercios de la actual Navarra fue tan intensa como la zona que más de la península, lo que explica la posterior aparición de lenguas romances autóctonas en tiempos medievales.

En época de Augusto, Estrabón recogió el nombre de solo tres ciudades romanas: Pompaelo (Pamplona), Oiasso (Irún) y Calagurris (Calahorra). Siglo y pico después. Ptolomeo ya hacía referecia a dieciséis: Oiasso, Pompelón, Itourissa, Biturís, Andelos, Nemanturísta, Kournónion, Grakousrís, Kalagorsíca, Báskonton (o Káskonton), Ergaouía, Tárraga, Mouskaría, Sétia y Alaouna.

Todas estas ciudades siguieron el modelo romano: eran entes autónomos, gestionados por una oligarquía local y contaban con amplios territorios. Aquellas ciudades ofrecían monumentalidad y esplendor: las magníficas termas de Pamplona, la infraestructura hidráulica de Andelos, y su templo dedicado a Apolo, las amplias calles de San Clara, las villas decoradas con ricos mosaicos que llenaban el territorio de los vascones, etc. Pocas zonas del norte peninsular reúnen tan amplia cantidad de restos romanos como las actuales Navarra y Álava.

El sufijo -ain, tan habitual en la toponimia vasco-navarra es una derivación del latino -anus, que servía para designar la propiedad de la tierra. Hoy en día, se encuentran topónimos con el sufijo -ain, como Amatriain (Emeterius), Astrain (Asterium), Ballariain (Valerius), Barañain (Veraniaunm), Bariain (Vareius), Beriain (Verianum), Brutain (Brutus), Cemborain (Cembulo), Eristain (Evaristus), Indurain (Induro), Guendulain (Guendulo), Laquidain (Licinius), Maquirriain (Macerianum), Marcalain (Marcellus), Mariain (Marius), Marsain (Marsaeus), Muniain (Munio), Senosiain (Sinesius), Paternain (Paternanum), Urabain (Urbicus), Urbicain (Urbicus), etc. Costumbre que continuó en la Edad Media, como Beslascain, de Belasco.

Muy abundante en Álava es la toponimia con el sufijo -ano, como Amillano (Emilius), Atano y Ataun (Atilius), Arriano (Arrius), Ciriano (Cyritus), Galdacano (Galdus), Liquiniano (Licinio), Legutiano (Legutius), Libano (Libius), Lubiano (Lubianum), Luquiano (Lucianum), Miñano (Minianum), Sendadiano (Sendadianum), Sollano (Sollius), etc. O terminaciones en -ana, como Añana (Annius), Barberana (Barbarus), Casterana (Castor), Leciñana (Licinio), Subijana (Subius), etc.

Las terminaciones -ona y -ango son de origen euskérico, incorporadas a nombres latinos originales, como Abiango (Avianus), Berango (Veranius), Durango (Duranius), Cuartango (Quartus), Mallona (Maius), Lemona (Lemonius), Letona (Letius), etc. Y de la misma manera, ocurre con los sufijos -az-ez-iz, como Albéniz (Albanus o Alba), Apellániz (Ampelius), Apraiz (Apricano), Estíbaliz (Estivus), Gasteiz (Gasteius), Gordéliz (Gordelius), Marquínez (Marcus), Petríquiz (Petrus), etc.

El latín dejó su impronta léxica en la toponimia de la costa vasca como Portugalete (Portuondo), Forua (Forum), Getaria (Cetaria), Irún (Oiasso), Easo (Oeaso, San Sebastián), etc.



CALZADAS Y CIUDADES DE LA HISPANIA ROMANA

Lo más espectacular de la acción de Roma fue la red viaria que vertebró el territorio vascón y unió sus ciudades, y las integró al resto de ciudades hispanas. Fue una de las redes de calzadas más densas de toda Hispania, mantenida y renovada permanentemente por las autoridades romanas. Por la actual Navarra circulaban dos de las vías principales del norte de Hispania: 
1. la vía León-La Junquera, que atravesaba, paralela al Ebro, toda la Ribera.
2. la vía Astorga-Burdeos (via Asturica Augusta-Burdigala), que tras cruzar la Llanada alavesa, entraba por la Barranca, y tras dejar Pamplona se dirigía a Burdeos por Valcarlos.

La red secundaria no se quedaba muy atrás; desde Zaragoza y con destino a Pamplona partía una de las vías más antiguas de Hispania, la cual tras atravesar las Cinco Villas de Aragón, cerca de Egea de los Caballeros, se dividía en dos: una para cruzar la Navarra Media a partir de Santa Cara y la otra para transitar por Sangüesa con destino a Pamplona y terminar en Irún. Dos vías más completarían el trazado. Según Estrabón, existía, paralela al Pirineo, una calzada que con origen en Tarraco (Tarragona), a través de Ilerda (Lérida) y Osca (Huesca), alcanzaba Pamplona para luego unirse en Logroño a la gran vía que procedía de León, mencionada anteriormente. Y por último desde Alfaro y el Ebro, partía una calzada que ascendía por la Navarra Media con destino también en Pamplona.

Este entramado de calzadas convirtió a Pamplona en un núcleo fundamental de comunicaciones, ya que todas las vías de la zona del valle medio del Ebro menos una pasaban por esta ciudad, y cuyo desarrollo permitió en la capitalidad del futuro reino de Navarra. El otro gran beneficio fue su contribución a la integración, no solo del territorio de los vascones, sino del todo el valle del Ebro y la Hispania romanizada.


YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA VILLA DE LAS MUSAS DE ARELLANO

Los territorios de las tribus indoeuropeas caristios, várdulos y autrigones, asentados en el actual País Vasco, también experimentaron una notable romanización, aunque en menor intensidad que las tierras vasconas.

En territorio autrigón, se construyó el Portus Amanum, en Castro-Urdiales, en el que Vespesiano fundó la colonia para veteranos de Flaviobriga; y la villa de Otañes.

En territorio caristio, destaca la importante cantidad de yacimientos encontrados en la ría de Guernica y sus alrededores, tales como estructuras portuarias, edificios, hornos, explotaciones mineras y varios tipos de asentamientos. También se hallan testimonios numismáticos en la ría y el casco urbano de Bilbao, Tritium Tubolicum, en Motrico, así como en otras localidades como Sopelana, Plencia y Bermeo.

En territorio várdulo, se construyeron el puerto y ciudad de Oiasso (Irún), y el fondeadero de Fuenterrabía. Son sobresalientes los hallazgos que se han encontrado en Irún, diversas estructuras constructivas como la estructura de madera del muelle y el varadero de la ciudad de Oiasso, una necrópolis, unas termas, un pequeño templo en los cimientos de la actual ermita de Santa Elena, y numerosos restos numismáticos, vítreos y cerámicos. Otras prospecciones dibujan un núcleo urbano de 12 a 15 hectáreas, con una planta reticular, en donde había almacenes, tiendas y talleres. Se cree que también poseía un foro y un teatro.

Oiasso era la base comercial de las rutas marítimas desde las que partía la distribución de mercancías hacia el interior, al valle del Ebro y a las grandes calzadas romanas que pasaban por la actual Navarra. Las ánforas halladas en Oiasso demuestran que, incluso al final del Imperio romano, el aceite y el vino de Bizancio llegaban regularmente a los puertos atlánticos. Además de dedicarse al comercio marítimo y ser uno de los principales puertos del Mare Externum, se dedicaba también a la minería.

En Oyarzun, topónimo proveniente de Oiasso, al pie de las peñas de Aya se encuentran las minas de Arditurri, tratándose de tres kilómetros de galerías romanas junto a las explotaciones modernas. Estas minas se dedicaban a la extracción de plata, la cual era exportada por los romanos desde el puerto de Oiasso. El hallazgo de galerías de drenaje, notable ejemplo de ingeniería hidráulica romana, indica que había detrás toda una estructura administrativa.

Es posible que el hidrónimo Bidasoa tenga su origen en Via ad Oiasso, tratándose este último de un camino que bordearía la ría y comunicaría la ciudad y el puerto con el interior peninsular.

Otras industrias mineras se desarrollaron en Lantzen en Navarra, Banka y Baigorri Baja Navarra, Escoriaza en Álava, y Somorrostro y Triano en Vizcaya, donde se extrajeron minerales como el hierro o la plata, para exportarlos a diferentes partes del Imperio romano. También se extrajo mármol rojo en Ereño. Existió producción de cerámica en Pamplona, y de vino en las villas navarras de Falces y Funes; industria de salazón en la Getaria guipuzcoana (topónimo proveniente del latín Cetaria, "salazón"); y termas romanas en la navarra Fitero. También en la ría de Guernica y en la del Nervión se han encontrado restos romanos de puerto y necrópolis.

Los romanos dejaron guarnecidas las plazas de Pamplona y Bayona desde las que no irradiaron latinidad, manteniendo en amistosa ocupación las tierras llanas desde el Ebro hasta una línea más al norte de Tafalla y Aoiz. Eran campos apropiados para el cultivo de cereales, vides y olivos, y no se preocuparon de dominar la abrupta montaña, erizada de riesgos, limitándose a conservar abiertas las vías de comunicación con las Galias. Esta idea es confirmada por Menéndez Pidal, por Carlos Clavería en su Historia del Reino de Navarra, o por Juan Carlos Elorza en su Historia del Pueblo Vasco. Este último historiador estimaba en más de ciento ochenta las inscripciones romanas en Álava, la más importante la de Veleia, cerca de Vitoria, y de doscientas cincuenta en Navarra; en cambio, entre Vizcaya y Guipúzcoa no pasan de veinticinco.

Como ejemplo de esta falta de aislamiento y del comercio existente se encuentra el hallazgo de diversas monedas acuñadas en tierras vasconas por la administración romana, ya desde los primeros años de su dominación, y que han sido encontradas en diferentes partes de la geografía vasca (denario vascón datado en la segunda mitad del siglo II a.C.).

TERMAS EN EL MONTE DE SAN JULIÁN EN BEIRE


La romanización dejó huella en la organización social y religiosa del territorio. Aparece la
estructura de las clases sociales: por un lado, grandes terratenientes y altos magistrados y por otro, siervos, esclavos y colonos. Entre ambas, se encuentran los hombres libres, los dueños de los "fundi" y los labradores sujetos al pago de "stipendia". En cuanto a la religión, junto a las divinidades propias (Selatse, Lakubegis) aparecerán dioses romanos.

Respecto a la cristianización del pueblo vasco, existen dos corrientes: una asegura una relativa rápida cristianización, y otra de una tarea lenta en relación a otros pueblos hispanos. Lo cierto es que el proceso de cristianización de los vascones se produjo, por lógica, a través de las calzadas del Imperio romano, y a un ritmo más lento que en otros casos. Por ejemplo, se tiene noticia de la existencia de martirios y de un obispado en Calahorra en el siglo V, y también en Pamplona, si bien en la zona norte no se alcanza una completa cristianización hasta la fase inicial de la Reconquista.

Donde aparecen muestras de romanización, aparecen muestras de cristianismo. Realmente, no es tan importante la cuestión de si fue antes o fue más tarde, sino que lo importante es que el Cristianismo se convertiría en uno de los pilares y señas de identidad de lo vasco, igual que el resto de pueblos hispánicos. Los romanos utilizaron criterios geográficos y étnicos para delimitar las fronteras políticas de los pueblos bajo su gobierno. La cordillera pirenaica sirvió como frontera política entre Hispania y Galias. Tras las reformas llevadas al comienzo de la era cristiana por Augusto, los aquitanos quedaron englobados en la provincia de Nevompopulania de las Galias, al norte pirenaico, mientras que al sur autrigones, caristios, várdulos, berones y vascones quedaron adscritos a la provincial Tarraconenese de Hispania Citerior.

Pero entre estos últimos se hizo una distinción administrativa en tiempos de Claudio, también en el siglo I d.C., que supuso la introducción de los conventus iuridici. Como pueblos diferenciados que eran los várdulos, caristios y autrogones, de raigambre indoeuropea quedaron englobados en el conventus cluniensis (convento cluniense), con capital en Clunia (Coruña de Conde, Burgos); los vascones y berones quedaron adscritos al conventus caesaragustanus (convent caesarugustano), con capital en Caesaraugusta (Zaragoza).

El último escalón de la estructura territorial estaba formado por las entidades locales. Estas instituciones fueron las elegidas por Roma para efectuar la asimilación de los pueblos indígenas. A través de las ciudades se pretendía transformar el espacio haciendo desaparecer las entidades tribales (gens y nationes). Había que romper los vínculos de solidaridad que unían a los particulares con estas viejas instituciones y hacerlos partícipes de una nueva relación interpersonal como era la ciudadanía. En los textos fueron apareciendo cada vez menos referencias a ilergetes, vascones, celtíberos o berones, mientras que aumentaban las referidas a los pampilonenses, calagurritanos o ilerdenses. Surgió así un mundo nuevo de ciudades.



NECROPOLIS DE ITURISSA

En Navarra, en localidades como Cara, Andelo, Cascatum y Pompaelo se comprueba ya desde el siglo I a.C. una continuidad de hábitats, pasándose de la ciudad indígena a la romana. La transición entre las antiguas estructuras políticas y sociales se hizo sin trauma. La presencia de Roma no hizo sino acelerar un proceso hacia el urbanismo ya iniciado mucho antes. Estas zonas de la ribera del Ebro y la depresión pamplonesa, conocidas como ager vasconum (campo de los vascones), quedaron plenamente insertas en la dinámica del imperio. La epigrafía (inscripciones en materiales duros) nos ofrece una amplia nómina de personajes ejerciendo labores religiosas, administrativas y militares en la provincia Tarraconense.

No ocurrió de la misma forma en el saltus vasconum (montañas de los vascones), expresión aplicada a las zonas más montuosas al norte de Pamplona. Se trataba de áreas apegadas a sus costumbres ancestrales y de difícil asimilación, ya que sus primitivos medios de vida no los hacían especialmente aptos para integrarse en la economía del imperio. No obstante, como parte del mismo, estaban obligados al pago de impuestos y a mantener el orden interno, que garantizara el libre tránsito de personas y bienes por la importante vía de comunicación que se extendía desde Astorga a Burdeos. Para asegurar el control del territorio de fundaron ciudades como Oiasso, Iturisa y Ilumberri (Lumbier).

El ager vasconum contó con una activa economía agrícola hasta el final del imperio y sólo hechos aislados como la invasión de francos y alamanes, que se produjo hacia el año 270, frenaron temporalmente la actividad. Aunque las fuentes escritas no se refieren a este hecho, los restos de incendios, incluida Pompaelo, fechados en esos momentos, así como los tesorillos que se van encontrando indican una situación complicada en esa época.

Tras este paréntesis violento, las gentes retomaron sus actividades. Sin embargo, este resurgimiento sólo se produjo en el campo, las ciudades fueron perdiendo importancia. La aristocracia urbana se trasladó a sus propiedades en el campo, conocidas como villae, que se convirtieron en unidades autosuficientes que no precisaban del exterior. A la vez, el complejo entramado administrativo y económico basado en las ciudades se fue difuminando. Esta aristocracia latifundista se hizo cada vez más autóctona respecto a las directrices imperiales, y reforzó su posición sobre los particulares a través de mecanismos de dependencia social como el colonado.

En esta situación cada vez más inestable aparecieron las menciones de autores como
AvienoAusonio o Paulino de Nola sobre el carácter inquieto de los vascones, y que se han interpretado por algunos autores como reflejo de su conciencia étnica y su carácter independentista. En el fondo fueron sólo movimientos sociales protagonizados por gentes que no aceptaban las nuevas relaciones interpersonales que se estaban implantando y que suponían una merma considerable de su capacidad de decisión sobre sus propias vidas. En zonas norteñas, los habitantes de las montañas se encontraban incluso en una situación mucho peor. La reforma del ejército les privó de un modo digno de ganarse la vida y las leyes imperiales eliminaban la movilidad social y obligaban a continuar el oficio paterno. La pérdida de importancia de las ciudades les hizo más difícil obtener mercancías antes usuales y que su economía primitiva de carácter pastoril no podía sustituir. En esta tesitura optaron por conseguirlas por cualquier medio, y el bandolerismo fue una opción más. Éste se veía además favorecido por su constante movilidad como pastores trashumantes.


YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA VILLA DE LAS MUSAS DE ARELLANO

El logro fundamental de Roma no fueron sus conquistas militares, sino el modo por el cual supo gobernar y dar estabilidad a un imperio plurilingüe y plurirracial, entendiendo que la única manera de consolidar y unir los territorios conquistados era hacer partícipes a todos los súbditos de los beneficios del conquistador, hasta tal punto que al final del proceso se identificaban unos y otros. Roma siempre recompensaba la paz, la estabilidad y la colaboración, por un lado, respetaba las particularidades de cada pueblo, por otro, permitía la total incorporación e integración en el mismo sistema político y estructura comercial.

Cicerón, en diálogo con Ático, afirmaba que todo hombre tiene dos patrias: la patria geográfica es aquella en la que se ha nacido, y otra, la patria jurídica es la adquirida en razón de la ciudadanía, es la llamada communis, la patria romana. Ambas son compatibles, según Arpinate, siempre y cuando la fidelidad a la patria romana esté por encima del amor por la patria geográfica.

Fueron 3 elementos los que se forjaron en la relación de Roma con esta parte del valle del Ebro:

1- la conquista facilitó la creación de un único pueblo, vascón, a partir de 3 tradiciones históricas y culturales muy distintas. Su aceptación del nuevo marco político romano y su plena colaboración, facilitó el surgimiento de una sociedad pluricultural que vivirá en total armonía, ya que las ventajas y novedades de los demás eran asumidas por los otros con total normalidad.

2- la romanización contribuyó a desarrollar el territorio con la creación de un entramado urbano, que aportó prosperidad social y económica de todo el Valle Medio del Ebro, y convirtió a Pamplona en punto central de referencia para sus habitantes.

3- la entrada de nuevas ideas y la aceptación de la cultura romana, que facilitó la densa red de carreteras, no se impusieron mediante la ruptura con su pasado, sino mediante la combinación de ventajas que suponía una civilización más avanzada. La romanización no fue agresiva en esta zona de Hispania, permitiendo la pervivencia de determinados particularismos.

Con las migraciones de los pueblos germanos hacia 275, se inició una época crítica para Vasconia, y el paso de otros pueblos por el Pirineo influyó en la ruptura definitiva de los vínculos con Roma (407-408).
 

viernes, 23 de septiembre de 2016

Juan López de Lazarraga


Secretario real y militar de los Reyes Católicos


ESCUDO DE ARMAS DE LARRAZAGA


Juan López de Lazarraga perteneciente al linaje de los Lazarraga de Oñate, Guipúzcoa, donde nació en el siglo XV.

Estuvo al servicio de los Reyes Católicos, fue su secretario real y contador mayor del Consejo Real, contador mayor de la Orden de Santiago, y testamentario de la Reina Isabel. Como militar, fue alférez en la conquista de Nápoles, y capitán en la toma de Navarra de 1512.

El 1511 se apoderó del castillo de Alegría-Dulantzi, en Álava. Allí ocuparía el cargo de alcaide por espacio de dieciséis años.


MONASTERIO DE BIDAURRETA EN OÑATE 


Su legado más importante fue la fundación del monasterio de Bidaurreta en Oñate, al cual dotó con numerosos bienes. También heredó el palacio de Echenagusia, el palacio de Jauregui, en Oñate, así como el mayorazgo de la torre y palacio de Lazarraga de la misma villa, el palacio de Zalduendo y el señorío sobre la villa de Virgala.

Pertenecía a una de las principales familias de Oñate y de la llanada alavesa, que contó con importantes personajes en la historia de Álava: diputados, alcaldes, consejeros y funcionarios reales; su cabeza de linaje fue Pedro Pérez de Lazarraga y su miembro más destacado fue el escritor Juan Pérez de Lazarraga.

El paso del contador Juan López de Lazarraga por la Corte de los Reyes Católicos significó un ascenso personal, siendo su familia beneficiada en tanto en el aspecto económico como en prestigio social, fundando una red de familiares que ocuparían puestos en la Corte durante generaciones. A finales del siglo XVI, la familia Lazarraga se encuentra extendida en una amplia zona de la llanada alavesa, donde ocupan los principales puestos concejiles y llegan a ser una de las familias más ponderosas.



PALACIO LARRAZAGA DE OÑATE

lunes, 19 de septiembre de 2016

Sellos de Forjadores del Imperio español


Desde 1960 hasta 1970, Correos emitió una serie de sellos titulado Forjadores de América. Fueron 11 series con un total de 69 sellos dedicados a marinos, expedicionarios y colonizadores que forjaron el Imperio español. Algunos de esos sellos estaban dedicados a vascongados: Andrés de Urdaneta, Miguel López de Legazpi, Juan Sebastián Elcano, Diego Henares de Lezama, Cosme Damián Churruca, Blas de Lezo, Juan de Garay y Francisco de Zumarraga.


ANDRÉS DE URDANETA



MIGUEL LÓPEZ DE LEGAZPI



JUAN SEBASTIÁN ELCANO



COSME DAMIÁN CHURRUCA



BLAS DE LEZO




DIEGO DE HENARES LEZAMA



JUAN DE ZUMARRAGA



JUAN DE GARAY




viernes, 16 de septiembre de 2016

Literatura épica medieval


Durante la Baja Edad Media, surge una moda literaria que se extiende a todos los escritores y poetas hispánicos. Una literatura época que trata de cantar los triunfos y los hechos gloriosos medievales con un sentidos nacional y no regional, son "fazañas" españolas contra el enemigo común, lo mismo se refiere a Alfonso VIII y Fernando el Santo que a Jaime I el Conquistador o a los almogávares de Roger de Flor.


MONUMENTO A LA BATALLA DE RONCESVALLES


En la Chanson de Roland se describe a la alianza de vascos y musulmanes que aniquilaron en Roncesvalles a la retaguardia de Carlomagno en el territorio de los vascones, en 778: "Espaigne, la bele" (v.59) de esta forma: "los soldados de Marganice" (caudillo de los vascones durante la invasion musulmana) "son peores que los diablos, con una nariz grande y unas anchas orejas" (v.1916-18) "dieron la estocada final a los ultimos caballeros". (Gautier de l'Hum, el arzobispo Turpin y Rolando). Los vascones destacaron de su fisonomía por estos dos rasgos que describió Roland hasta el punto de constituirse en un elemento fundamental de su identidad al denominar a un extranjero "cipayo" o "belarrimotz" (orejicortos).

Según un fragmento de la primera historia del Reino de Pamplona, Additio de regibus pampilonensium:
"En la era 944 [905] surgió en Pamplona un rey de nombre Sancho Garcés. Fue hombre de inquebrantable veneración a la fe de Cristo, piadoso con todos los fieles y misericorde con los católicos oprimidos. ¿A qué decir mucho ? En todas sus acciones se mostró magnífico guerrero contra las gentes de los ismaelitas; causó múltiples desastres a los sarracenos. Este mismo conquistó, en Cantabria, desde la ciudad de Nájera hasta Tudela, todas las plazas fuertes. Desde luego la tierra de Degio [Monjardín, en las cercanías de Estella], con sus villas la poseyó entera. La tierra de Pamplona la sometió a su ley, y conquistó asimismo todo el territorio de Aragón con sus fortalezas. Luego tras eliminar a todos los infieles, el vigésimo año de su reinado partió de este mundo. Sepultado en el pórtico de San Esteban [Monjardín], reina con Cristo en el cielo (Murió el rey Sancho Garcés en la era 964).
Luego, su hijo el rey García reinó cuarenta años. Fue benévolo e hizo muchas matanzas de sarracenos. Y así murió. Fue sepultado en el castillo de San Esteban (Murió el rey García en la era 1008).
Sobreviven sus hijos en su tierra, a saber, Sancho y su hermano Ramiro. A los que Dios Omnipotente guarde por espacio de muchos años, cuando transcurre la era presente de 1014 (976)."


MONUMENTO A LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA
(SEÑOR DE VIZCAYA DIEGO LÓPEZ DE HARO, ARZOBISPO RODRIGO XIMÉNEZ DE RADA Y REY DE NAVARRA SANCHO VII EL FUERTE)


Los vascones provenientes de los territorios de Álava y Guipúzcoa fueron una parte importante de los guerreros castellanos del Condado de Castilla durante el periodo de guerras conocido como Reconquista, que en el siglo IX consiguieron establecer un primer impulso político y militar, primero en la independencia del reino de León, y después en la expansión territorial por la meseta.

Así pues, el primer conde de Castilla, Fernán González, contó con la colaboración del señor de Vizcaya, Lope Iñiguez en la batalla de Hacinas, en 939. Su hijo Iñigo López murió durante una de sus campañas.

Un monje del Monasterio de San Pedro de Arlanza, a mediados del siglo XIII, escribió en versos alejandrinos el Poema de Fernán González, en el que dedicaba a la batalla de Hacinas 281 versos de los 740 de que consta el poema. En él incluye entre las huestes militares que acuden a la batalla al señor de Vizcaya Lope Iñiguez y a alaveses de Treviño:
"Fue dado por cabdillo don Lope el Vizcaino,
bien rico de manzanas, pobre de pan e de vino.
Con él fueron contados fijos de don Laíno,
e otro de la montaña que dicien don Martino,
había ahi de burgoñeses, otrosí de treviñanos,
de Castilla la Vieja hobo ahi buenos castellanos,
que muchos buenos fechos ficieron ahi por sus manos."
El arzobispo de Toledo, Rodrigo Ximénez de Rada, navarro, presagió el destino de la unidad de los reinos cristianos peninsulares y reconquista total del territorio del extinto Reino Hispano-visigodo, que llegaría dos siglos y medio después del reinado de Fernando III.


ARZOBISPO RODRÍGO XIMMÉNEZ DE RADA


Lope de Vega recordó en La Jerusalén conquistada la participación de los españoles de las distintas regiones en las grandes hazañas de las guerras contra el islam. Citó hasta los nombres de un capitán por región e insiste con estos versos:
"Ya la hidalga Vizcaya se apercibe,
los fuertes asturianos y leoneses,
la gente que entre el Segre y Turia vive
y en Duero y Miño algunos portugueses:
ya la imperial Toledo los recibe
y de rojo color cruzado arneses...
pasa la puente el batallón Gallardo."

El sepulcro del señor de Vizcaya, Diego II López de Haro el Bueno, participante en las Navas de Tolosa, enterrado en el monasterio de Santa María la Real de Nájera, lleva esculpido los siguientes versos:
"Fue de Vizcaya en su tiempo la gloria,
defendiendo a Castilla en su libertad,
sufriendo el destierro y la cautividad,
lo cual sobrepuja en bravura y gloria."

SANCHO VII DE NAVARRA EN LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA


No es de extrañar que en el siglo XVII, un secretario real de Felipe III dedicase unos versos a la importancia de los vascos en la fundación de Castilla y la aportación a la Reconquista:
"¡Oh Vizcaya cantabriana,
academia de guerreros,
origen de Caballeros,
donde toda España mana!"
El Poema de Alfonso XI, del siglo XIV recoge los mismos sentimientos:
"E ricos ommes de gran guisa
de Castilla la real, infanzones de Galicia
e cavaleiros de Portugal.
Lioneses, asturianos, gallegos, portogaleses,
biscaynos e guipuzcoanos,
e de la montaña e alaveses.
Cada unos bien lidiauan que siempre será fasaña,
e la mejoría dauan al muy noble rrey de España."

DIEGO II LÓPEZ DE HARO



Fernán Pérez de Guzmán, historiador y poeta castellano del siglo XIV, sobrino del canciller de Ayala y tío del marqués de Santillana, escribió sobre la descendencia de Sancho el Mayor de Navarra los siguientes versos, bajo el título de Loores de los claros varones de España:

"De Navarra subcedieron
a Castilla los que oy son
nobles reyes de Aragón:
desta línea descendieron.
Los castellanos ovieron
a su fijo don Fernando;
al que, en Aragón reinando,
don Ramiro le dixieron.
Gran razón es que se lea
e relate por fazaña
que si en los reinos de España
el menor Navarra sea,
es de gran gloria que vea
quien de su generación
a Castilla et Aragón
las impere y las posea"

lunes, 12 de septiembre de 2016

Miguel Díez de Armendáriz


Regente de la provincial de Nueva Granada y fundador de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá a mediados del siglo XVI


MIGUEL DÍEZ DE ARMENDÁRIZ


Miguel Díez de Armendáriz nació en Baztán, Navarra, en 1507. Era tío del adelantado Pedro de Ursúa y pertenecía a la rama alto-navarra (beamontesa) de la familia Armendaritz de Ultrapuertos. Estudió durante diez años en el Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca y luego cuatro en Francia.

Fue nombrado por la Corona visitador y juez de residencia en el Nuevo Reino de Granada, donde se le ordenó imponer las Leyes Nuevas de 1542 que suprimían las encomiendas y la esclavitud de los indios. Debió gozar de cierto prestigio profesional ya que este tipo de nombramientos se hacía para personajes ilustres, como los licenciados Tello de Sandoval en México y Núñez Vela en Perú, y otros para los restantes territorios indianos

El 22 de marzo de 1544, recibió la orden de visitar, ajusticiar, fiscalizar y hacer la residencia de las cuatro provincias de Cartagena, Santa Marta, Río San Juan y Popayán, que todavía no integraban lo que pronto sería el Nuevo Reino de Granada, territorios conquistados hacía pocos años. Su actuación se ubicaría en la transición neogranadina entre la conquista y la colonización.

En 1545, ya estaba en Cartagena de Indias, junto con Pedro de Ursúa al que nombró teniente de gobernación de Santa Fe de Bogotá. Inició de inmediato su cometido como juez de residencia, mandado llamar a dicha ciudad al gobernador Pedro de Heredia, que estaba en Antioquia. Le hizo un juicio muy severo, le encontró culpable de varios cargos y le remitió a España para dar cuenta de sus actuaciones. Nombró a Jorge Robledo gobernador provisional de Antioquia para implantas las Nuevas Leyes.

Tras Cartagena, envió a Sebastián de Belalcázar al Perú para publicar las Nuevas Leyes de Indias, además tenía previsto visitar Río San Juan y Popayan. Pero una insurrección de encomenderos liderada Gonzalo Pizarro en Perú hizo asesinar al gobernador Robledo y rechazar la autoridad de Armendáriz. Benalcázar pudo sofocar la rebelión acordando con los principales encomenderos que las Nuevas Leyes “se acatan pero no se cumplen”: se decidió suplicar al rey su derogación y suspender entre tanto su aplicación. Para llevar a España la súplica se comisionó como procurador a Francisco de Rodas, a quien respaldaron todos los cabildos payaneses.

Armendáriz recibió de la Audiencia de Santo Domingo los pleitos pendientes en las regiones que debía visitar, ya que no existía aún Audiencia en el Nuevo Reino. La querella que habían hecho Hernán Pérez de Quesada y su hermano Francisco contra el antiguo gobernador Alonso Luis de Lugo nunca llegó a celebrarse porque ambos muerienron en el camino desde de Santo Domingo hacia Cartagena.

Azmendáriz nombró a su sobrino Pedro de Ursúa gobernador interino de Santa Fe de Bogotá, donde había muchos problemas pendientes. Esta ciudad fue visitada por Armendáriz en noviembre de 1546, después de haber estado año y medio en Cartagena.


LEYES NUEVAS DE INDIAS


En enero de 1547, anunció las Leyes Nuevas de Indias. Los vecinos reacionaron contra ellas y decidieron nombrar procuradores para que fueran a España a suplicar su derogación. Desde la Corte, Carlos V suprimió la cláusula que prohibía otorgar las encomiendas en segunda vida, con lo que los ánimos se apaciguaron. Se enfrentó luego al gran problema de la concesión de las encomiendas, que resolvió ratificando las otorgadas por Jiménez de Quesada, con lo que surgieron muchas animadversiones hacia su persona.

Armendáriz envió algunas expediciones descubridoras importantes:

1. La expedición a la Sierra Nevada de Santa Marta, liderada por su sobrino Pedro de Ursúa, llegó al territorio Guane, pacificó a los panches al suroccidente de Santa Fe, exploró  el norte del Nuevo Reino de Granada y fundó la ciudad de Pamplona de Indias, en tierra de chitareros, el 1 de noviembre de 1549. Allí apareció el oro aluvional y Ursúa dejó bien organizada la ciudad, que gobernó durante un año.

2. La expedición para la pacificación de los muzos, que fue encomendada a Pedro de Ursúa por orden de la recién fundada Audiencia de Santa Fe, durante la cual fundó la ciudad de Tudela de los Muzos. También derrotó a los tayronas y sofocó una rebelión de cimarrones.

3. La expedición a los indios pantágoras, al mando del capitán Francisco Muñoz Pedroso, cruzó el río Magdalena y llegó a las llanuras donde luego se erigió la ciudad de Mariquita. Incluso trasmontó la cordillera hacia los nacimientos de los ríos Guarinó y La Miel, tierras antioqueñas a donde había enviado otra expedición Belalcázar.

4. La expedición de socorro a Lagasca, a quien envió cien soldados de caballería, que se unieron a otros doscientos de Belalcázar, contra Pizarro para la pacificación del Perú.

5. La expedición en busca de "el Dorado" por el río marañón, liderada Pedro de Ursúa, donde este sobrino de Armendáriz encontró la muerte debido una rebelión organizada por el vizcaíno Lope de Aguirre.

Además, fue abierto el camino a la Costa Atlántica, desde santa Fe de Bogotá por la actual Villeta.


FUNDACIÓN DE PAMPLONA DE INDIAS

Por cédula de 17 de julio de 1549 se fundó la Real Audiencia de Santa Fe, lo que significó la creación de una unidad jurídico-administrativa propia, desvinculada de los restantes territorios indianos. El visitador Armendáriz declinó en ella su mando al año siguiente, cargo que pasó a Alonso de Zurita.

Armendáriz decidió viajar a Santo Domingo, donde recibió orden de volver a Cartagena y permanecer en este puerto hasta que se completase la residencia. Posteriormente, emprendió viaje a España para apelar. Estuvo algunos años en la Corte, donde según el cronista Simón estuvo “viviendo en la angostura que vive el que no lleva recurso e bolsa”. Finalmente se hizo sacerdote y ganó por oposición una canonjía en la iglesia de Sigüenza, donde pasó sus últimos años hasta su muerte, ocurrida hacia 1553.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Blas de Lezo contra todo el Imperio británico




Valiente, honorable, buen estratega... muchos son los adjetivos que se pueden aplicar a grandes héroes como el almirante Nelson, cuyo nombre aún resuena en Gran Bretaña. Sin embargo, también son características de las que pudo presumir Blas de Lezo, un oficial tuerto, cojo y manco de la marina española que consiguió resistir el ataque de 195 navíos ingleses con apenas 6 barcos durante el Siglo XVIII.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Carlos de Trastamara y Évreux

Príncipe de Viana y cronista durante la Guerra Civil de Navarra


Nacido en Valladolid en 1421, Carlos de Trastamara y Évreux era hijo de Juan II de Aragón y de Blanca I de Navarra. Duque de Gandía, se educó en el castillo de Olite, en Navarra, durante el reinado de Carlos III el Noble, quien le proporcionó el Principado de Viana en 1423.

En Olite recibió una esperada educación bajo la dirección de Teodoro Craza, quien reunió una valiosa biblioteca. Aprendió hablar cinco lenguas, se aficionó a la literatura de tal modo que llego a traducir a Aristóteles y también a escribir ensayos y poemas.

En 1441, cuando Carlos llevaba ya dos años casado con Inés de Cleves y a los 21 años de edad, moría su madre, la reina Blanca I de Navarra. Se convierte en heredero de los Estados de Navarra y de Nemours, pero en el testamento de la reina Blanca, esta pedía a su hijo que no tomase el título real sin la bendición y el consentimiento de su padre, por lo que Carlos asumió la lugartenencia del Reino.

Blanca pensaba que con esta cláusula aseguraría la paz entre el hijo y el padre, pero Juan II no quiso ceder la corona y fue apoyado por el bando beaumontés en la destitución de su hijo. Juan que había sido rey consorte de Navarra no podía soportar dejar en manos de su hijo un poder que consideraba suyo y obligó al príncipe a gobernar en su nombre a pesar de que éste ya era rey por derecho sucesorio del Reino de Navarra.

El descontento de la nobleza navarra empezó a ser patente: los legitimistas beaumonteses tomaron partido por el príncipe de Viana y los agramonteses tomaron partido por el rey Juan. Ambos bandos se odiaban y lucharían en hasta provocar una Guerra Civil que desgastaría al Reino.

En 1451, y en la batalla de Aibar, Carlos es derrotado y hecho prisionero junto a su Condestable, Luis de Beaumont y otros nobles. Carlos permanecerá en prisión durante 20 meses y durante su encierro nacerá en Sos su hermanastro Fernando de Trastámara, hijo de su padre y de su nueva esposa Juana Enríquez. Años más tarde este niño se convertirá en Fernando el Católico.

 
AUSIAS MARCH LEYENDO POEMAS AL PRÍCIPE DE VIANA,
POR CEBRIAN MEZQUITA

Cansado de tanta belicosidad, Carlos marchó a la Corte napolitana de su tío Alfonso el Magnánimo, quien lo recibió con cariño y declaró sucesor después de su padre de los Reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia insular y el Principado de Cataluña. Durante su estancia en Messina retomó sus aficiones literarias escribiendo, traduciendo, haciendo versos y llegando a confraternizar con poetas y literatos de la época en especial con el valenciano Ausias March. Fue un tiempo de paz para su espíritu a pesar de que la situación con su padre continuaba siendo hostil.

En julio de 1459, Carlos decidió que no podía permanecer por más tiempo en Sicilia, ya que su padre ha nombrado a su hermanastro Fernando de 6 años de edad, duque de Mont-Blanc, señor de Ribagorza y señor de Balaguer, títulos que le correspondían a él por acuerdo matrimonial entre Juan y su madre Blanca.

Desde Mallorca escribió a su padre una carta llena de sumisión en la que se comprometía a liberar la parte de Navarra que todavía estaba en poder de los beamonteses y a no vivir ni en Navarra ni en Sicilia con tal de que los suyos no fueran oprimidos y conservar la sucesión y la heredad.

 

Mediante la Concordia de Barcelona de 1460, el rey Juan II perdonaba a su hijo y se comprometía a liberar a Luis de Beaumont y al resto de los nobles, prisioneros desde hacía 7 años. Carlos, que había permanecido ya siete meses en Mallorca, se embarca hacia Cataluña. El Príncipe de Viana permanecía viudo desde hacía años, tendiendo tres hijos ilegítimos.

Cuando a finales de 1460 se entrevistaba con su padre en Lérida le comunicó su intención de contraer matrimonio con Isabel I de Castilla, hermanastra de Enrique IV y futura Isabel la Católica. Entonces su padre lo hizo arrestar por supuestas deslealtades y traiciones por establecer acuerdos secretos con Castilla. Fue llevado después a Aitona y más tarde a la prisión de Morella.

Esta imprudente medida alborotó a todo el reino y catalanes y navarros se alzaron en su favor. La insurrección pronto llegó a ser general y Juan II tuvo que ceder y poner en libertad al príncipe el 25 de febrero de 1461.

Al llegar Carlos a Barcelona el 12 de marzo de 1461 se le hizo un recibimiento apoteósico convirtiéndose en un símbolo para los catalanes alzados contra Juan II. Por la Capitulación de Villafranca del Panadés, del 21 de junio de 1461, Carlos de Viana fue reconocido por los catalano-aragoneses alzados y como hijo primogénito de Juan II, como heredero de la Corona aragonesa, jurando su cargo como Lugarteniente perpetuo de Cataluña.

Pero poco después de esto, el 23 de septiembre de 1461, el príncipe moría a los 40 años, en el Palacio Real de la ciudad de Barcelona, no sin la sospecha de haber sido envenenado por su madrastra Juana Enríquez, madre del segundón Fernando. Esta fue la excusa para iniciar la contienda civil en Cataluña.

 
EL PRÍNCIPE CARLOS DE VIANA, POR JOSÉ MORENO CARBONERO

Redactó una Epístola a los valientes letrados de España, a la que hay que sumar su famosas traducciones como La condición de la nobleza de Angelo de Milán y la Ética de Aristóteles, traducción que, según la obra Hombres y documentos de la filosofía española de Gonzalo Díaz Díaz señala que "aunque inaceptable desde el punto de vista estrictamente literario, respondía al propósito muy generalizado en la época de ajustar mediante pequeñas omisiones y modificaciones el texto aristotélico a las exigencias de la religión cristiana, obtuvo un resonante éxito que mantuvo a lo largo de todo el siglo XVI".

También son destacables algunos otros títulos como Tratado de los milagros del famoso Santuario de San Miguel de Excelsis, Crónica de los reyes de Navarra y Epístola literaria.
 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Aceifas de Almanzor contra el Reino de Pamplona


A finales del siglo X, el Reino de Navarra era la potencia hegemónica entre los reinos cristianos peninsulares. El auge navarro coincidió con el declive de León y el ascenso de Castilla.

Los reyes Sancho II Abarca y García II Sánchez mantuvieron la política displicente de sus ancestros con respecto a los musulmanes de Al-Ándalus. 

Obsesionado por el esplendor y la gloria de la guerra santa, el caudillo cordobés Almanzor condujo 52 expediciones contra territorio cristiano hispánico. De ellas, 9 tuvieron relación más o menos intensa con el territorio navarro, y se efectuaron en los años 978, 982, 989, 991, 992, 994, 999, 1.000 y 1.001.


ALMANZOR


La aceifa del 978 fue una de las primeras que emprendía Almanzor, y en ellas se venía mostrando bastante conservador. En  los 68 días de incursión no entabló grandes batallas, sino que se dirigió hacia tierras navarras y, siguiendo por el valle del Ebro, tantearía las fuerzas de sus oponentes del norte, esto es, desde Huesca hasta Barcelona. Después de esta campaña, los cristianos pirenaicos se hallaban alertados acerca de la calidad del enemigo que había surgido ante ellos.

La Campaña de la Victoria, entre mayo de 981 y julio de 981, tuvo como enemigo del califa cordobés al amirí omeya Gálib, que controlaba plazas del centro peninsular y que tuvo que aliarse con sus vecinos cristianos del norte.

Según las crónicas de Ibn al-Jatib e Ibn Hazm, las tropas musulmanas del caudillo Gálid fueron ayudadas por un fuerte contingente cristiano formado por castellanos del conde García Fernández y pamploneses de Ramiro Garcés, rey de Viguera y hermano del rey Sancho II Abarca. Estas se enfrentaron las tropas andalusíes y beréberes de Almanzor.

El encuentro tuvo lugar el 9 de julio de 981 en tierras cercanas a la localidad soriana de Torrevicente. Según el cronista al-Udrí, fue una aceifa de una penetración profunda hacia el enemigo, con las dos victorias de Calatayud y Atienza, y que finalizó con la muerte de Gálib y de Ramiro Garcés. El cadáver del hijo García Sánchez de Pamplona fue enterrado en el monasterio de Leire.


PRINCIPALES CAMPAÑAS DE ALMANZOR ENTRE 981 Y 2002


La Campaña de las Tres Naciones de 982 estuvo formada por dos penetraciones: la primera por el Condado de Castilla y el Reino de Pamplona; la segunda desde Huesca por los Condados catalanes de la Marca Hispánica, llegando hasta tierra de francos.

Según la crónica de Ibn al-Jatib, Almanzor tomó como rehén a una hija de Sancho Garcés II de Pamplona con la que se casó tras convertirse al islam en la Corte cordobesa. Hijo de ambos fue Abdarrahman el Sanchuelo, nacido en 983. El propio Sancho Abarca realizó una visita a Córdoba para rendir pleitesía a Almanzor y homenaje a su propio nieto, consiguiendo un periodo de paz durante casi toda la década de los 80.

Según las crónicas cristianas, la incursión de 989, entre julio y octubre, las huestes de Almanzor conquistaron las ciudades castellanas de Osma y Alcubilla. Después, hicieron una entrada por las riberas del Ebro, tanto alavesas como navarras y riojanas. Las relaciones con Sancho II Abarca empezaban de nuevo a endurecerse.

Por otra parte, el relato de Ibn Idari se extiende al relatar la rebeldía de un príncipe omeya, la de un cabecilla tuyibí de Zaragoza y la de su propio hijo Abd Allah, contra Almanzor, rebeldía que fue dominada con ocasión de esta campaña.


SANCHO II ABARCA DEFIENDE A LOS MOROS EN PAMPLONA


Dos años después, en 991, Almazor lanzó un saqueo por tierras riojanas y castellanas. La Rioja Alta pertenecería al reino de Pamplona desde setenta años antes, gracias a las conquistas de Sancho Garcés, siendo Nájera una ciudad tan importante para el reino como lo pudiera ser Pamplona.

La Crónica de Alfonso III (siglo IX) asegura que la expedición arrasó las villas de Briones, Nájera y Cenicero, siguiendo de pasada por la tierra de Estella o de Tafalla, o las zonas bajas de Cárcar y Peralta.

Durante las aceifas anteriores, Almanzor había adquirido un conocimiento del territorio navarro que pudo aprovecharlo en la que emprendió en su ataque a Galis en 992. Entre mayo y junio de este año, el Ejército califal recorrió las llanuras de Navarra y parte de su zona montañosa, apoderándose de varios castillos y de sus defensores. En Pamplona, Almanzor recibió la sumisión de su rey Sancho II Abarca y una entrega simbólica de la ciudad, sin necesidad de lucha. Ante la sumisa actitud del pamplonés, Almanzor le haría prometer que iría a Córdoba para rendirle público acatamiento, además de llevarle fuertes tributos y más de cincuenta rehenes de la nobleza. Puede ser que le obligase a dejar expeditos los pasos de la frontera pirenaica y proporcionarle guías y auxilios para dar un escarmiento en Galias, conquistando algunos de los castillos de Guillermo Sancho de Gascuña.

En 994, García II Sánchez el Temblón ascendía al trono pamplonés como rey legítimo, primogénito de Sancho II Garcés. Motivo suficiente para que Almanzor estableciese otro pacto de sumisión hacia su autoridad, no sin antes devastar las tierras navarras.


ENTRADA EN LA MEZQUITA, POR EDWIN WEEKS (1885)


La campaña por Castilla y Navarra del verano de 994 situó al Ejército cordobés a las puertas de la fortaleza de San Esteban de Gormaz, junto al Duero, conquistada al cabo de cinco días y de allí marchó a Pamplona que sitió, y cuyos habitantes se le rindieron. Después se encaminó hacia Cellorigo, castillo asentado sobre diecisiete rocas, cada una de ellas con una alcazaba, fortaleza que fue conquistada el mismo día de la llegada.

Algunas crónicas cristianas en forma de anales, precisan que la conquista de Clunia fue en un sábado 16 de junio, por lo que el ataque a Pamplona y regreso por Cellorigo tendrían lugar en el mes de julio de 994. Esta sería la primera vez que Almanzor penetrase en Pamplona como dueño y señor, pues el ataque de 992 es de suponer que sería más bien rematado por un pacto que por una ocupación violenta.

García II tuvo que firmar otro humillante pacto que perduraría hasta 999. No obstante, en 995, un grupo de caballeros navarros atacó Calatayud, matando a un hermano del gobernador Hakam Abd al-Aziz. Las represalias de Almanzor no se hicieron esperar: de los rehenes que mantenía cautivos en Córdoba como fianza de los pactos firmados con Sancho II Abarca, ejecutó a unos cincuenta. Además, a su hijo Abd al-Rahman Sanchuelo le obligó a matar por su propia mano a uno de sus nobles parientes, y eso que no contaba más de doce años de edad.

En el verano del 999, Almanzor emprendió una algazúa contra Pamplona y Pallars, esta última penetración tal vez desde Zaragoza y con la ayuda de su hijo. En la crónica andalucí se repiten los mismos tópicos de siempre: se hizo una gran matanza, consiguió muchos cautivos y destruyó aldeas y castillos luego regresó a Córdoba.

Además de la Pamplona de García II Sánchez, se asoló el Condado de Pallars, regido por Miró, todo en la misma expedición.


TROPAS DE ALMANZOR REPRESENATADAS EN LAS CANTIGAS DE SANTA MARÍA


A comienzos del nuevo milenio, en 1.000, los cristianos se habían coligado. Razón de más para que Almanzor organizase uno de los últimos actos bélicos de su vida. Una expedición veraniega, que estuvo marcada por estos hitos: salida de Córdoba el 21 de junio; batalla de Cervera el 29 de julio; ataque a Castilla, la Rioja, Navarra y llegada a Zaragoza durante agosto; encuentro en Castilla el 5 de septiembre; regreso a Córdoba con llegada el 7 de octubre.


La trascendental batalla de Cervera de Pisuerga, que Almanzor sostuvo contra una coalición de los reinos cristianos, estuvo a punto de ser su perdición. Habían acudido todos los reyes galaicos, desde el extremo de Pamplona al de León. Sancho García, del Condado de Castilla, llevaba el liderazgo, por lo que se deduce que el rey pamplonés García II Sánchez habría fallecido ya. También el leonés Vermudo III había muerto unos meses antes, y su sucesor en el trono era un hijo de corta edad.

Las tropas coaligadas se apostaron en los peñones de Cervera (Burgos), donde presentaron batalla a Almanzor, y éste tuvo la suerte de cambiar el rumbo de los acontecimientos, con el resultado de una rotunda victoria y la subsiguiente persecución de los cristianos.

La última campaña de Almanzor tuvo dos frentes abiertos, primero realizó una incursión de saqueo por tierras de Galicia y Portugal, después marchó hacia Castilla pasando por la rivera alavesa y riojana. Su intención era romper la alianza de ejércitos cristianos hispánicos coaligados por sus respectivos magnates: Sancho García de Castilla, Alfonso V de León y Sancho III de Pamplona. Así se llegó a la batalla de Calatañazor, el verano del año 1002.

Según el cronista musulmán al-Maqqari, después de reunir tropas africanas en número considerable, Almanzor emprendió desde Toledo la marcha hacia el Duero, río que remontó para atacar al conde de Castilla, que estaba rodeado de tropas innumerables de los vecinos reinos cristianos; Almanzor, como no podía ser menos, dado que la fuente de información es árabe, derrotó a sus enemigos infligiéndoles grandes pérdidas. Después marchó hacia la rebelde Miranda de Ebro, por cuenca del río Najerilla, desde donde es fácil penetrar hasta el monasterio de San Millán, o tal vez de Almonastir, junto a Calahorra y San Adrián, y estas últimas tierras ya eran indiscutiblemente de Navarra. Posteriormente, sufriendo una grave enfermedad, Almanzor murió en Medinaceli, donde fue enterrado, en la noche del 9 agosto del año 1002.

En cambio, la versión cristiana de los hechos es contraria, logrando una gran victoria para las armas hispánicas con derrota y muerte del caudillo árabe en Calatañazor. Uno de estos cronistas fue el navarro Ximénez de Rada. Lo que sí se desprende de todos los relatos, es que los pamploneses estuvieron presentes en la lucha final.

Sin embargo, la mayoría de los historiadores actuales consideran que fue un mito más que un hecho real, probablemente creado para compensar el sentimiento de inferioridad que las continuas victorias de Almanzor produjeron en los reinos cristianos.


A Almanzor le sucedió en el mando su hijo Abd al-Malik, que durante seis o siete años más prosiguió la política de hostigamiento de los reinos cristianos que tan concienzudamente había ejercido su padre.



EN EL HARÉM, POR JUAN GIMÉNEZ MARTÍN