domingo, 29 de mayo de 2016

Estructura social vasca de la Alta Edad Media


Desde la Alta Edad Media, la estructuración social giraba en torno al parentesco y lazos de linaje. Se trataba de una sociedad feudal, surgida por las relaciones entre grupos humanos basadas en la propiedad comunal de la tierra, pero a medida que fue avanzando la Edad Media, se fue instaurando la propiedad familiar.

Como consecuencia de ello, fueron formándose dos grandes estamentos sociales: la tradicional nobleza y los labradores.

La nobleza se encontraba al frente de la sociedad, que abarca desde el Señor de Vizcaya, los Parientes Mayores o alta nobleza hasta los Parientes Menores o pequeños hidalgos.

Los Parientes Mayores llegaron a formar una auténtica oligarquía señorial, que en ocasiones establecieron enlaces entre sí, como el que realizaron los Leguizamón y Arbolancha, familias vecinas en Begoña y en Echévarri respectivamente. Algunos de ellos, como los Butrón, los Mújica y Avendaño, adquirieron cierta influencia en la Corte castellana y se mantuvieron en contacto matrimonial con grandes casas nobiliarias del reino: Juan Alonso de Mújica, Pedro de Avendaño, Juan de Avendaño, etc. Los Haro y los Ayala han sido las dos casas nobiliarias vizcaínas que mayor acercamiento realizaron hacia el Reino de Castilla, contribuyendo en las cruzadas de la Reconquista y posterior repoblación.

Parte de esta alta nobleza se fue incorporando a las nacientes villas y participando en el desarrollo mercantil, como es el caso de los Zurbarán en Bilbao, enriquecidos a través del comercio. Tanto en el medio rural como en el urbano, los Parientes Mayores rivalizaron constantemente por el poder durante la Baja Edad Media, construyendo casas-fuertes y torres para su defensa y demostración de la superioridad de su linaje.

Las mayores rentas las obtenían a través de la propiedad territorial y jurisdiccional del señorío y provincias, que les proporcionaban derechos derivados de la propiedad de la tierra, censos sobre los campesinos, derechos eclesiásticos, ciertos monopolios, derechos comerciales, donaciones reales, etc. que les plantearon problemas con los labradores y con la Corona.

La renta obtenida por los Parientes Mayores era una renta típicamente señorial, derivada en parte de las mercedes reales y la ocupación de cargos y, principalmente, de la tierra y de su poder sobre los hombres, en base a unas relaciones sociales de carácter feudal.


PESCADORES, POR VALENTÍN DE ZUBIAURRE


En un segundo estamento nobiliario se situaban los Parientes Menores, quienes fueron también llamados caballeros, infanzones o hidalgos. Estaban establecidos escalonadamente de manera desigual entre ellos según su nivel de renta y posición en el seno de la familia, y relación feudal y de consanguineidad con respecto a sus Parientes Mayores. Por ello, una parte de la baja nobleza vivía a cuenta de los Parientes Mayores, mientras que otra parte contaba con recursos propios.

En la Baja Edad Media sufrieron una época de crisis, al igual que los Parientes Mayores, generando problemas sobre jurisdicción y competencias planteados por las villas.

Las rentas que obtenían de manera similar a la de los Parientes Mayores fueron recortadas. La renta de la tierra, por ejemplo, solo era obtenida por la propiedad titular, no jurisdiccional. Sus ingresos estaban más vinculados a su propia actividad personal, como la explotación de sus tierras, comercio o artesanía.


LABRADORES


El otro gran bloque tradicional vino representado por los labradores: unos eran campesinos libres y los otros son los collazos.

La población vasca vivía en comunidades de solares esparcidas por los diferentes valles. Guipúzcoa, por ejemplo, estaba constituida por unidades territoriales de solar aglutinadas y organizadas por grupos domésticos en torno a un monasterio o iglesia. Eran comunidades de parentesco donde se establecían las alianzas, tanto de afinidad y matrimonio como de administración y uso del patrimonio, incluida su transmisión. Unos solares matrimoniaban con otros solares, dependiendo de la calidad de la alianza la mejora patrimonial.

A los núcleos de familiares propietarios del solar se les trataba de hidalgos, sin que el término señalase aún naturaleza nobiliaria alguna. Y a las gentes y familias ligadas al grupo, pero que no eran propietarias del solar, se les llamaba labradores. Aquéllos tenían prerrogativas sobre éstos, situados de hecho en otro escalafón, y con el paso del tiempo tanto fueron acrecentándose sus prerrogativas que, según consigna un texto de 1397, disponían ya de la facultad de "pedirles en derecho":
"...los fidalgos de tomar sus jantares et todos sus derechos en sus caserías et de les pedir en sus montes et sus seles que de derecho les pertenesce."

viernes, 27 de mayo de 2016

Francés de Álava Beamonte

Embajador del rey Felipe II en París y capitán general de la Artillería




Natural de Vitoria, donde nació en 1518, Francés de Álava Beamonte era hijo de Fernando de Álava y Magdalena de Beaumont y Navarra. Duramte su infancia residió en Álava y Navarra por razones familiares.

Cursó estudios en Valladolid mantenido por su tío segundo Diego de Álava y Esquível, oidor de los Consejos de Castilla y de Órdenes.

Perteneció a la Orden de Calatrava desde 1543, año en que fue incluido en la Casa y Corte del Rey Católico. A los 30 años heredó el mayorazgo de Diego de Álava. Fue capitán y continuo del emperador Carlos V, formando parte de los Tercios de Infantería desplegados en Italia, Alemania y Flandes.

En 1562, el rey Felipe II le nombró embajador real en Francia de carácter extraordinario para el cumplimiento de misiones concretas encaminadas principalmente a la restauración católica en toda Europa y al espionaje para dotar de valiosa información a la Monarquía de los Habsburgo.

En 1565, contribuyó a transportar el cuerpo de San Eugenio, primer arzobispo de Toledo, desde el monasterio de Saint-Denys.

En 1567, fue finalmente nombrado embajador ordinario en París, cargo que desempeñó hasta 1571, cuando fue sustituído por Diego de Zúñiga. Existe un informe redactado a petición del monarca para poner en antecedentes a su sucesor en la embajada francesa con el título Los Advertimientos y relación de las cosas de Francia dada por D. Francés de Álava, embajador de Felipe II en París (1564-1571).

Volvió a Madrid en 1572, para asesorar al rey sobre Francia y Flandes. Desde el 17 de mayo de 1572 fue capitán general de la Artillería de los Reinos y Coronas de Castilla y Aragón y perteneció al Consejo de Guerra.

Su última actividad en la Corte fue el viaje a las Cortes de Monzón en 1585, muriendo al año siguiente. Nunca se casó pero tuvo en París un hijo llamado Diego.

Su vida, antecedentes familiares y copiosa correspondencia inédita con Felipe II (1564-1570) ha sido estudiada por Pedro y Justina Rodríguez en Correspondencia inédita de Felipe II con su embajador en París (1564-1570), publicada en san Sebastian en 1990 por la Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones.


martes, 24 de mayo de 2016

Casa natal de Oquendo


La casa natal de Oquendo está situada en la ladera de Ulía de la ciudad de San Sebastian/Donostia. En ella se ubica el Museo de Oquendo, más conocido como Casa de la Cultura. La casa solar de la saga de marinos Oquendo es un edificio remodelado en 1950 por el arquitecto Joaquín Yrizar y Barnoya, por iniciativa del alcalde Javier Saldaña, dentro de los actos del VIII Centenario de la Ciudad que tuvo lugar ese año. Gonzalo Manso de Zuñiga, director del Museo de San Telmo, fue el responsable del contenido interno de la casa, manteniendo sus características originales así como numerosos objetos del almirante.

Fue el almirante Miguel de Oquendo, padre de Antonio, el que compró la casa en el siglo XVI, convirtiéndola en una especie de residencia de verano, en una época en la que Ulía estaba a las afueras de la Parte Vieja de San Sebastian. Los Oquendo, además, poseían otras dos viviendas: la casa de la calle Narrica y una casa-torre junto a Santa María, edificio que actualmente alberga a la Sociedad Gaztelubide, además de huertas, molinos y tierras en las cercanías de San Bartolomé.

Miguel, hijo de Antonio y nieto del que adquirió la finca, fue el encargado de dar el aspecto típico de un caserío guipuzcoano al edificio heredado de sus mayores al tiempo que conservó las tierras próximas como lugares de labranza. Abandonada la casa por los Oquendo, las huertas y viñedos que la rodeaban se convirtieron en tierra yerma y arenosa. Algunos años más tarde los herederos arrendaron el edificio como caserío, permaneciendo como tal durante dos siglos en los que sufrió distintas modificaciones en su estructura: los bajos se adaptaron como cuadra y los altos como lugar para guardar el heno.




El año 1939 el edificio conocido como Manteo Tolare fue donado al Ayuntamiento por la marquesa de San Millán, debiéndose recordar que el título de Marqués de San Millán fue concedido al nieto de Miguel de Oquendo por el rey Felipe IV. Por esta donación en la escalera central se colocó una placa con la siguiente leyenda:
"En memoria de la Ilustrísima Sra. Doña Blanca Porcel y Guirrior, marquesa de San Millán, que donó a la ciudad de San Sebastián esta casa solar de sus antepasados los señores de Oquendo"


La actual casa-museo consta de planta baja, con un gran zaguanete con dos puertas que dan paso al despacho del almirante, a la que está contigua una antigua capilla en la que se puede admirar una imagen de San Sebastián. Se conserva la primitiva gran escalera que sirve de acceso a la gran sala en la que Oquendo, en su testamento, dispuso que se conservaran todas las banderas y trofeos de guerra recogidos a los enemigos. En el primer piso existen cuatro dormitorios que han sido habilitados como salas dedicadas a los marinos guipuzcoanos: Lezo, Elcano y Churruca. El del ángulo sureste es del almirante Oquendo, y está amueblado con toda propiedad con muebles de la época. Junto al vestíbulo está la cocina con una campana de chimenea.

sábado, 21 de mayo de 2016

Expedición punitiva de Óñez de Loyola a Curalaba


Martín García Óñez de Loyola fue un capitán guipuzcoano cuya fama, prestigio y riqueza le llegaron gracias a sus actuaciones militares en contra de la sublevación indígena del Virreinato del Perú.

Martín nació en 1548 en Azpeitia, siendo sobrino de San Ignacio de Loyola. En septiembre de 1568, con apenas 19 años y siendo capitán y caballero de la Orden de Calatrava, Oñez de Loyola emprendió un viaje a Perú en compañía de su tío, el recién nombrado virrey de aquel territorio Francisco de Toledo.


MARTÍN GARCÍA ÓÑEZ DE LOYOLA


En 1572, recibió el encargo de formar parte de la tropa que debía capturar al último inca, Túpac Amaru, que se encontraba refugiado junto a sus hombres en la remota Vilcabamba. Otros virreyes y capitanes habían fracasado en esa empresa. Los españoles, por fin, consiguieron doblegar a los naturales, pero el cabecilla de aquel ejército escapó a las montañas, aunque posteriormente fue localizado por un destacamento al frente del cual iba García Oñez de Loyola. Este fue quien lo apresó y llevó a Cruzco, donde finalmente fue ajusticiado.

Como recompensa el virrey le nombró corregidor en varios pueblos del Perú y le permitió casarse con una sobrina de Túpac Amaru, descendiente de Atahualpa y bautizado con el nombre de Beatriz Clara Colla. La pareja sólo tuvo una hija, Ana María Oñez de Loyola, quien residió con su madre en Concepción desde 1593. Con esa boda se emparentó con la antigua nobleza de aquella tierra. Entre el señorío de Urubamba heredado por su nueva esposa y las tierras y los bienes que le fueron concedidos por sus servicios, el matrimonio acumuló una gran fortuna, sustentada y ampliada además porque García Oñez de Loyola fue nombrado gobernador de Potosí, en 1578.


LOS CONQUISTADORES QUIÑONEZ, OÑEZ DE LOYOLA Y VISCARRA


En 1581, se le otorgó el cargo de gobernador y adelantando del Río de la Plata, pero postergó el inicio de esa actividad por retrasos en la aprobación eclesiástica de su matrimonio. Poco después, el rey Felipe II le confirió el mando de la difícil capitanía general de Chile y hacia allí se fue. Después de partir del puerto de El Callao y seguir la ruta marítima marcada con anterioridad por el piloto Juan Fernández terminó recalando en Santiago, en 1592. Nombró secretario a Domingo de Eraso, sargento mayor a Miguel de Olaverría, y obispo electo de Santiago a fray Pedro de Arzuaga, todos ellos de origen vascongado.

Lo que se encontró al llegar allí fue una guerra abierta y cruenta con los araucanos. Oñez de Loyola se distinguió por su buen trato con los indios a los cuales consiguió reducir a cambio del abandono de las armas. Sentó así un importante precedente de política de negociación entre los españoles y los naturales, que sería aplicado de manera masiva en el siglo XVII.

La labor de pacificación de los mapuches no terminó ahí. La Guerra de Arauco y la aparición de corsarios ingleses en las costas de Chile fueron las principales preocupaciones de su gobierno. El peligro de un alzamiento mayor por parte de los indígenas seguía presente y los recursos eran escasos.


EXPEDICIÓN DE PACIFICACIÓN DEL ARAUCO


En abril de 1593, Oñez se reunió en Concepción con el objetivo de organizar una expedición de pacificación del Arauco. Contó con los soldados de más experiencia para analizar el estado de la guerra, se preparó un informe escrito sobre la materia, e inició su primera campaña. Sólo con 200 hombres pudo mantener la paz en la zona de Arauco.

Sin embargo, Óñez de Loyola se dio cuenta de que sin refuerzos no lograría su objetivo, por lo que pidió refuerzos al Perú pues en su actual campaña se mantenía con solo poco más de 200.

Considerando esta situación, Oñez de Loyola envió, en febrero de 1593, a Miguel de Olavarría al Perú. En un extenso memorial que allí presentó a las autoridades, Olavarría resumió la compleja situación que vivía el descatamento: pobreza, falta de tropas para la guerra, continuas epidemias y deserción de los soldados; elementos que hacían parecer que la Conquista española había fracasado.

Mientras tanto, los viajes de Francis Drake y de otros ingleses estimularon la presencia de corsarios en los mares del sur. Durante el gobierno de Oñez, la aparición del corsario inglés Richard Hawkins, en 1593, encendió la alarma en el Perú. Había entrado al estrecho de Magallanes en su nave The Dainty, y desembarcado en Valparaíso. La ciudad fue prácticamente tomada por el inglés, quien llevaba una tripulación de 75 hombres bien armados. Se apoderó de unas pequeñas naves que estaban en la bahía y de otra mayor, que venía desde Valdivia con una carga de oro en polvo y manzanas. Hawkins permaneció allí hasta el 2 de mayo, sin que nadie lo molestara. Antes de zarpar, cobró un rescate de 2.500 ducados por parte de las presas, es decir, de las naves capturadas, devolviendo los artículos que no le servían y dejando en libertad a los marineros apresados.

Las urgentes necesidades defensivas del virreinato retrasaron el envío de refuerzos a la expedición de Oñez de Loyola.


EXPEDICIÓN DE PACIFICACIÓN DEL ARAUCO


Al conocerse en Santiago la noticia de las andanzas de Hawkins, se dispuso que en Valparaíso se preparase una embarcación, la que al mando del capitán Juan Martínez de Leiva, pudo adelantarse a la llegada del corsario inglés al Perú y puso sobre aviso al virrey. Por su parte, el gobernador Oñez mando construir un fuerte en aquel puerto, iniciativa que, sin embargo, no se concretó.

La imprevisión de Hawkins permitió su captura, en 1594, en la bahía de Atacames, en la costa ecuatoriana. Posteriormente, fue remitido a España, donde cumplió su condena. El fracaso de la expedición de Hawkins detendría por un tiempo la navegación corsaria por estos mares.

La expedición de castigo contra los mapuches iniciada por Oñez de Loyola no recibía los hombres solicitados por dos razones: por un lado, las autoridades ordenaron que no reclutara a más hombres desde España o desde el Perú; por el otro, se prohibió a los vecinos de Santiago y otras partes del sur a tomar parte en aquella aventura, permitiéndoles únicamente el abastecimiento necesario de alimentos para los expedicionarios.

No obstante, la soledad del gobernador, la paz aparente de Arauco le permitió realizar algunos avances. En mayo de 1594, estableció el fuerte de Santa Cruz en la confluencia de los ríos Bío-Bío y Laja, con el objetivo de controlar la zona de Catirai y Mareguano. Este establecimiento fue posteriormente elevado al rango de ciudad con el nombre de Santa Cruz de Oñez, en 1595. A fines de 1594, fundó en la ribera norte del Bio-bío, el fuerte Jesús.

Finalmente, les llegaron dos órdenes religiosas, los padres agustinos y los jesuitas. Estos últimos tendrían una gran importancia en los futuros sucesos ocurridos durante la colonia en Chile hasta su expulsión.

El Gobernador decidió no esperar más, e inicio las campañas del sur con el reducido contingente con el que contaba. Tres años después, llegó un refuerzo de ciento cuarenta hombres, pero no bastan, a lo que se sumó la negativa de Santiago de enviar más hombres. La escased de refuerzos no fue responsabilidad del virrey, que ofrecía generosas ofertas para unirse al ejército, sino porque el nombre de Chile estaba tan manchado por esa guerra interminable que nadie deseaba arriesgar su vida yendo a ese infierno.



FRONTERA SUR DE CHILE ENTRE MAPUCHES Y ESPAÑOLES SOBRE EL RÍO BIOBIO
 


Con los nuevos contingentes llegados desde el Perú y las tropas con las que ya contaba, en enero de 1597, Oñez de Loyola inició una nueva expedición. Sin mucha resistencia pudo levantar un fuerte en Purén con el nombre de San Salvador de Coya. Los meses que siguieron a esta fundación fueron difíciles para sus habitantes debido a los ataques indígenas. A ello se sumó un invierno bastante lluvioso, que en Santiago provocó el desborde del río Mapocho y en el sur impidió la remisión de los recursos necesarios a los establecimientos españoles siempre en guerra. En el verano de 1598, el gobernador interrumpió las acciones bélicas.

La difícil situación que se vivía hacía presumir una tragedia. El cacique Pelantaro se rebeló contra los españoles e inició una ofensiva a la que se unieron otros grupos de nativos de la zona. Estando Oñez en La Imperial le llegó la noticia de que en Angol los mapuches habían recomenzado sus ataques. Dos expedicionarios habían sido asesinados a manos de los indígenas, nuevamente alzados en armas.

La expedición de pacificación volvió a su curso el 21 de diciembre de 1598 con 50 hombres. El objetivo era acabar de una vez por todas con la rebelión, dirigiéndose a las peligrosas ciénagas del río Lumaco, lugar en el que los araucanos se habían hecho fuertes.

En el segundo día de marcha, los expedicionarios encontraron un sitio llamado Curalaba, cuyo significado era el de "piedra partida", a orillas del río Lumaco, encajonado allí por altas barracas. Allí acamparon sin tomar precauciones ante el peligro de posibles ataques. Confiados en su potencial militar Oñez de Loyola cometió el error de descuidar la vigilancia intensiva.

Los mapuche liderados por Pelantaru se enteraron de su llegada y esperaron la noche para atacarlo por sorpresa. En la noche del 23 al 24 de diciembre, los indígenas se acercaron al campamento y, al trueno de sus gritos y cuernos, se lanzaron al ataque de los expedicionarios. Totalmente sorprendidos, Óñez de Loyola y dos de sus soldados que estaban a su lado intentaron defenderse, pero sucumbieron traspasados por las picas de los indios. En el ataque murieron casi todos los españoles, con excepción del clérigo Bartolomé Pérez, hecho prisionero, y Bernardo de Pereda, soldado que quedó tirado en el campo de batalla con 23 heridas en el cuerpo pero aun vivo. La cabeza de Oñez de Loyola fue separada del cuerpo y paseada en una pica. Posteriormente su cráneo fue utilizado como recipiente ceremonial. Este incidente fue llamando como el Desastre de Curalaba.

Este ataque fue continuado por una sublevación general de los indígenas, que arrasaron con los poblados españoles situados al sur del río Biobío. Los mapuche cayeron sobre La Imperial, se sublevaron en Villarrica, obligaron a despoblar la ciudad de Santa Cruz y los fuertes aledaños, e intentaron caer sobre Concepción, donde fueron rechazados. Durante 1599, el levantamiento general se mantuvo. En la primavera asaltaron e incendiaron la ciudad de Chillán; en noviembre siguiente atacaron Valdivia y en enero de 1600 cayeron sobre Osorno.


PLACA HOMENAJE A ÓÑEZ DE LOYOLA AL SUR DEL RÍO BIOBIO


La magnitud de levantamiento, la destrucción causada y las medidas que se tuvieron que adoptar, marcaron, en definitiva, el término de la Conquista de Chile. A excepción de Valdivia, ninguna de la ciudades y fuertes fundados más al sur del Biobío sobrevivió, y los españoles renunciaron a establecerse en aquella región.

La expansión más al sur de este río se paralizó. A principios del siglo siguiente, un nuevo gobernador, Alonso de Ribera, estableció una zona de frontera y la creación de un ejército permanente para custodiarla. El territorio del virreinato del Perú se dividió. La Capitanía General de Chile tenía como frontera sur el río Biobio y  como frontera norte el canal de Chacao (exceptuando la posterior recuperación del territorio y ciudad de Valdivia en 1645, y la recuperación a fines de la colonia de los territorios al sur de esta ciudad, como la ciudad de Osorno). El territorio más al sur de Biobio se denominó como Chiolé.

Con este hecho se considera que se da fin al periodo de la Conquista de Chile, y es el inicio al periodo de la Colonia de Chile.

jueves, 19 de mayo de 2016

Organización socio-económica vasca en la Edad Media

La organización social giraba en torno al parentesco y lazos de linaje. Se trataba de una sociedad feudal. Al principio las relaciones entre grupos humanos se basaban en la propiedad comunal de la tierra, pero a medida que fue avanzando la Edad Media, se fue instaurando la propiedad familiar.

Como consecuencia de ello, fueron formándose grupos o rangos sociales: en el superior los senniores, dueños de las tierras más importantes; los denominados milites y homines, vasallos de los anteriores, que seguramente eran hombres de armas; y, por fin, los collazos que cultivaban las tierras. Estos dependían de los anteriores y había distintos niveles de dependencia.

Los profundos cambios sociales produjeron a largos conflictos,  especialmente las luchas entre banderizos o entre los linajes de hidalgos que se unían a los oñacinos y los gamboínos de Guipuzcoa y que se prolongaron durante los siglos XIV y XV.

Las luchas entre los hidalgos y los nobles fueron una manera de redistribuir los ingresos económicos, incrementaron la presión sobre los agricultores y atacaron a las villas que se estaban enriqueciendo. Como reacción contraria a la lucha entre nobles y bandos los pequeños nobles y los grupos de campesinos y habitantes de las urbes se crearon las hermandades.

Con ayuda de la Corona, lucharon contra los abusos de los linajes, limitaron totalmente la influencia de los parientes mayores y fueron la base de las nuevas instituciones y la organización de la provincia. Para finales del siglo XIV se estableció la paz. Sin embargo, las guerras de bandos y las hermandades no fueron las únicas consecuencias de la crisis de la Edad Media tardía: la herejía de Durango, que surgió en el segundo cuarto del siglo XV y duró hasta el XVI y los conflictos que se generaron como consecuencia de la misma se deben situar en el mismo contexto.

Tenían una economía basada en la ganadería, en la explotación forestal y, en menor medida, en la agricultura. Siendo relativamente pobre, parte de la población se vio obligada a emigrar, por ejemplo a los territorios conquistados en la península Ibérica a los musulmanes.

 
LABRADORES MEDIEVALES VASCOS


En el siglo XIII se estaban estableciendo en Vizcaya nuevas estructuras económicas. La creación de las villas suponía el impulso de actividades como la pesca, el transporte y el comercio. Los productos que se exportaban de Castilla hacia Europa del norte (sobre todo lana) y muchos de los que se importaban de esos países hacia el interior de la península Ibérica pasaban por Vizcaya y en aquella época los vizcaínos se dedicaban básicamente al transporte. Los privilegios de tráfico concedidos a Bilbao se sitúan en este contexto.

Junto a estos productos, los vizcaínos comenzaron a explotar y exportar otro, que era el hierro.
Sobre todo basado en las minas de los alrededores de Somorrostro se estableció la importante industria siderúrgica vasca.

Aunque la ganadería todavía era importante, la agricultura avanzó y en las villas se desarrollaron las actividades secundarias y terciarias citadas. Como consecuencia de todo ello, fue surgiendo, junto a los grupos de agricultores y a los hidalgos asociados al sector primario, una pequeña burguesía asociada a la economía urbana, que poco a poco iría adquiriendo mayor importancia.

La depresión de la Edad Media tardía (siglos XIV-XV), como en toda Europa occidental, provocó la congelación del crecimiento demográfico y la crisis económica.
 
 
HERREROS MEDIEVALES VASCOS
 

martes, 17 de mayo de 2016

Un inventor navarro: Jerónimo de Ayanz y Beaumont, por Nicolás García Tapia

 

 
 
Un inventor navarro, Jerónimo de Ayanz y Beaumont, 1553-1613
Nicolás García Tapia, Editorial Universidad de Navarra, Pamplona (2010), 269 páginas, Gran formato con ilustraciones

Entre 1553 y 1613 vivió uno de los personajes sin duda más interesantes del Siglo de Oro español: Jerónimo de Ayanz y Beaumont. Un auténtico, caballero inventor, de cuyas invenciones no podía sospecharse en una época tan temprana. Sobre las hazañas de este navarro tan ilustre e injustamente desconocido y sobre sus invenciones, tan portentosas para su época como los buzos autónomos o las barcas submarinas, diversas máquinas de vapor, aparatos para destilar el agua del mar o balanzas capaces de pesar la pata de una mosca, ha escrito el historiador Nicolás García Tapia seducido por un documento de 1606 hallado en el Archivo General de Simancas. Aparecían en él una serie de dibujos de máquinas cuya existencia nadie sospechaba en esa época y de cuyo análisis podía deducirse que no eran sólo el producto de la imaginación de un hombre sino el producto de esforzados trabajos y ensayos.

Los documentos revelaban además que unos ilustres científicos de la época habían examinado el funcionamiento de los instrumentos y de las máquinas y que, en consecuencia, el rey Felipe III concedía al inventor un privilegio para explotar sus invenciones con todas las garantías jurídicas de las patentes actuales.

En posteriores búsquedas, el autor verificó que alguno de sus inventos llegó incluso a las minas de plata de Potosí en Ámerica, cuya aplicación mejoró la producción. De acuerdo a García Tapia, nuevos documentos describen además a este ilustre hijo de Navarra como pintor, cantor y compositor musical, conocedor de todo lo referente al arte de la caballería y excelente lidiador de toros, autor de tratados de minería y tecnología, destacado militar por cuyas hazañas consiguió de Felipe II el hábito de caballero de la Orden de Calatrava de la que llegó a ser comendador, político y negociante hábil.
 

domingo, 15 de mayo de 2016

Vascos contra otomanos en el siglo XVI


Desde la toma de Constantinopla en 1453, el Imperio otomano extendió su influencia progresivamente por todo el mar Mediterráneo oriental y norte de África y expulsando de las costas a las flotas europeas. Además la acción de piratas berberiscos que llegaban hasta las costas del sur de Europa estrangulaba el tráfico mercante en todo el Mediterráneo.

El emperador Carlos V encargó al vizcaíno Rodrigo de Portuondo la protección de las aguas del Reino de Granada con su escuadra de 8 galeras y 2 bergantines. El 25 de octubre de 1529, este marino fue derrotado en aguas de Formentera por la flota turca, muriendo en combate, además 7 de sus galeras fueron apresadas.




En 1533, 5 galeras vizcaínas cargadas de trigo fueron atacadas por la flota del almirante turco Barbarroja pero pudieron escapar gracias al viento favorable. En 1534, Barbarroja con una escuadra de 82 galeras se apoderó de Túnez.

Ante estas muestras de supremacía naval otomana, Carlos I organizó una potente armada para recuperar la plaza de Túnez con las escuadras de España, Génova, Nápoles, Estados Pontificios y otros países mediterráneos hasta sumar 60 galeras, 25 galeotes, fustas y bergantines y 260 naos y carabelas transportando a bordo 26.000 soldados. El Señorío de Vizcaya aportó a la armada 2.000 soldados embarcados con 23 carabelas y 1 galeón.

Se consiguieron los principales objetivos: la destrucción de la flota turca; la toma de La Goleta y de Túnez, en los días 14 y 20 de julio de 1535; y la liberación de 20.000 cautivos cristianos, muchos de ellos guipuzcoanos y vizcaínos. Por contra, no pudo capturar a Barbarroja que se retiró a Argel, lo que supuso que las hostilidades prosiguiesen sin interrupción.

El 26 de septiembre de 1538, Barbarroja derrotó en aguas de Preveza a la escuadra imperial. Entre sus galeras estaba la del vizcaíno Machín de Munguía que se convirtió en el héroe de la jornada al defenderse con gran valentía del ataque simultáneo de varias galeras turcas. Su nave quedó con el casco destrozado y sólo sobrevivieron a bordo Machín y su Compañía de vizcaínos.




En el combate de Alborán de 1540 contra los piratas berberiscos destacó el capitán de las naves vizcaínas, Juan Ibáñez de Aulestia y Mendirichaga.

En 1541, se organizó otra armada para la toma de Argel y el apresamiento de Barbarroja. La componían 61 galeras tripuladas por 12.000 marinos, muchos de ellos vascos, y 400 naves de transporte con 25.000 hombres. Pero una fuerte tormenta hizo fracasar la expedición al barrer en una noche 14 galeras y 150 naves.

Al abdicar Carlos I en su hijo Felipe II, el nuevo monarca prosiguió la empresa de su padre. Después de firmar una alianza con el Papa y Venecia, concentró una escuadra de 280 naves al mando de Juan de Austria, que destrozó a las más de 300 de la escuadra turca de Alí Bajá. Fue el combate de Lepanto, el 7 de octubre de 1571. En la flota aliada figuraban numerosos marinos vascos como los capitanes Rodrigo Zugasti de Larrabezúa, Ochoa de Recalde, Cristóbal de Munguía y otros. Aquella victoria en el golfo de Lepanto supuso un freno para la expansión del Imperio otomano por Europa y significó la apertura comercial del mar Mediterráneo oriental para los vencedores.

viernes, 13 de mayo de 2016

Rodrigo de Portuondo


General de Mar al servicio de Carlos V, muerto en el combate de Formentera de 1523




Nacido en Mundaca, Vizcaya, a finales del siglo XV, Rodrigo de Portuondo fue un marino amigo de Ignacio de Loyola, se reencontró con él en Génova y lo llevó gratis a Barcelona en su nave.

En 1523, estaba al servicio del emperador Carlos V de España, como capitán general de Armada. Con este alto cargo se puso al mando de las cuatro galeras de la Flota del Reino de Granada, en 1529, para la guarda de estas costas.

El 25 de octubre de este año, tomó parte en el combate de Formentera, frente al islote de Espalmador, al mando de una escuadra de 8 galeras y 2 bergantines. Murió durante la lucha contra el corsario turco Hardín Cachidiablo (Drub el Diablo), a quien había estado buscando para acabar con sus fechorías (se le habían ofrecido 10.000 ducados para liberar a las familias moriscas prisioneras del turco). Cachidiablo capturó 7 de sus galeras y al su hijo, Domingo de Portuondo, quien, herido en combate, fue trasladado a Constantinopla, muriendo empalado en 1530.

Rodrigo de Portundo es un personaje de la novela Almirante del Sultán, en el que se inspiró Edward Rosset.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Aceifas contra Álava y Navarra

Durante los primeros siglos de la Reconquista, la práctica militar más frecuentada era la razia o aceifa veraniega. Las tropas de tanto de los Reinos cristianos peninsulares como del Califato cordobés o taifas de Al-Ándalus elegían el estiaje para sus incursiones por las tierras de nadie, zonas fronterizas entre cristianos y moros, creadas en los valles del Duero y del Ebro. El propósito final no era el de anexionar territorios, sino el de dar golpes, asolar y capturar prisioneros y riquezas, con la consiguiente desmoralización del enemigo. Este tipo de acciones guerreras se mantuvo durante casi toda la época conocida como Reconquista, con más o menos intensidad, según transcurrieran los acontecimientos en ambas zonas.

 
 
 
A finales del siglo VIII, fueron varias ciudades del norte las que sufrieron una oleada de aceifas, entre ellas Vitoria, que sufrió aceifas en 790 y 791. El emir de Córdoba Hisham I se lanzó a la conquista de algunos enclaves de la Septimania franca, gracias a las viejas alianzas y apoyos de los Banu Qasi.
 
Durante el siglo IX, las tierras de Álava volvieron a sufrir varias aceifas, pero fueron especialmente brutales en tres ocasiones: la de 838, la de 846 y la de 867.
 
Álava era conocida desde el siglo VII; su primer señor conocido es el conde de Eglyón. Está fuera de duda que estas tierras eran de soberanía asturiana como lo confirma un diploma de Jaca del 867 que dice:
"Reinando el rey Carlos en Francia, Alfonso, hijo de Ordoño, en la Galia Comata y García Iñíguez en Pamplona."

En el 823, con Abd al-Rahman II en el trono, la región de Álava sufría una violenta invasión que, según los cronistas musulmanes, se presentaba a sus ojos como la zona más adecuada para introducirse masivamente en el Reino asturiano. Según relatan los vencedores:
"Álava fue invadida, incendiada, devastada y saqueada, incluso tal vez más que de costumbre; los castillo fueron tomados o sometidos a rescate, los prisioneros árabes fueron liberados, y esta memorable campaña conservó entre los musulmanes el Álava."

El eterno rival de Abd al-Rahman II sería Alfonso II el Casto, rey de Asturias. Fueron frecuentes las expediciones de saqueo contra asturianos y pamploneses. En el 825 envió dos expediciones a la vez contra el Reino de Asturias. Fueron vencidos por Alfonso II en Galicia.

En 838, volvió a lanzarse con otro doble ataque, muerte y desolación, pero no conquista contra Álava, Galicia y algunos condados catalanes.

En 843, Abd al Rahman II derrotó a Beni Fortún y a los pamploneses. El sometimiento de los Muza a Córdoba hizo que el Reino de Navarra se aliara con el Reino de Asturias.




Más tarde, hacia el año 850, la primitiva Castilla pareció sufrir otro serio ataque.

A partir de mediados del siglo IX, el Emirato cordobés se encontró sumido en constantes sublevaciones internas que propiciaron nuevos principados independientes. Estos problemas internos hicieron desistir a Abd al-Rahman II de continuar con sus campañas militares durante al menos quince años. El propio Ordoño I de Asturias acudió a la llamada de auxilio de los rebeldes toledanos sin demasiado éxito.

Una alianza política y militar establecida entre Ordoño I de Asturias y García I Íñiguez de Pamplona hizo reaccionar a Muza II ibn Muza, valí Banu Qasi de Tudela y Zaragoza, quien emprendió una rura razzia contra Álava, condado perteneciente al Reino asturiano, en el 855.

Ordoño I organizó un sistema defensivo basado en la repoblación de la plaza de Amaya y la victoria en la batalla de Clavijo o de Albelda. Esto llevó a las autoridades cordobesas a plantear de nuevo aceifas de castigo contra Álava y la zona de los castillos (embrión de la futura Castilla).

En el año 860, los musulmanes atacaron Pamplona con la intención de asegurarse un pago regular de tributos. Mohamed I llegó a raptar al sucesor de la Corona navarra, Fortún Garcés, hasta poco antes de la muerte de su padre. En este reinado, Navarra sufrió varias expediciones de castigo por parte de los ejércitos de Córdoba y de sus aliados del Ebro, los Banu Qasi, que ya habían superado las controversias anteriores con la capital cordobesa y actuaban nuevamente como verdaderos conversos del Islam.

Debido a que toda la franca norte del Emirato estaba compuesta por estados hostiles (Asturias, Pamplona, Aragón, condados de la Marca Hispánica y los Banu Qasi), las aceifas cordobesas se fueron sucediendo: Huesca en 873; Navarra en 873, 874 y 978; Álava y Castilla en 877; Álava 890; Zaragoza y Tudela en 879; Zaragoza, Borja y Tarazona en el trienio 879 -881.


lunes, 9 de mayo de 2016

Blas de Lezo y la "invencible" inglesa en Cartagena de Indias

 


La flota inglesa, la agrupación de buques de guerra más grande que hasta entonces había surcado los mares (2.000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte, y 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica, más 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George Washington), superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II. Esta flota ha sido la segunda más grande de todos los siglos, después de la armada que atacó las costas de Normandía en la Segunda Guerra Mundial. Para hacerse idea del mérito estratégico de la victoria, baste decir que las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior, más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el África el Dragón y el Conquistador. Blas de Lezo, sin embargo, contaba con la experiencia de 22 batallas. Fue una gran victoria con una enorme desproporción entre los dos bandos.


The British invasion fleet was one of the largest in history, numbering 186 vessels (the Spanish Armada, in 1588 had 126 vessels), including ships of the line , frigates, fireships, and transports, with a total complement of 23,600 combatants and some 2,000 cannons. To counter this Blas de Lezo had at his disposal just 3,000 regular soldiers, 600 Indian archers, and the crews and troops of six ships of the line: the flagship Galicia and the ships San Felipe, San Carlos, Africa Dragón and Conquistador. Vernon was pretty sure of the victory, and news were sent to London that Cartagena had been conquered even before the battle had started. Yet Blas de Lezo's tactics took Vernon by surprise. Blas de Lezo ordered all his vessels be sunk, thus blocking the port. A pit was dug around the city walls, in order to prevent a direct assault. Trenches were displayed in zig-zag, in order to avoid the effect of cannon fire. Two soldiers were sent to the English camp, feinting surrender, providing the assailants with false information about the Spanish positions. At night, the Spanish army charged by surprise, using bayonnets, forcing the English army to retreat, despite the fact that they were heavily outnumbered

When the news that Cartagena hadn't been conquered reached London, and that the invading fleet had been humiliated by a much inferior force, king George II tried to avoid the truth from being printed.

sábado, 7 de mayo de 2016

Pedro de Zuazola

 
Secretario real del Consejo de Guerra del emperador Carlos V

 
ESCUDO DE ARMAS DE ZUAZOLA

 
Natural de Azcoitia, Guipúzcoa, donde nació a finales del siglo XV. Era señor de la casa de Floreaga, sobre la que fundó mayorazgo con su mujer María de Idiáquez, y patrono de la iglesia de Santa María la Real de su villa natal.
 
En 1512 figura como escribano del Juzgado civil y criminal de la Casa de Contratación de las Indias, ubicado en Sevilla.
 
En 1518 fue nombrado secretario real del Consejo de Guerra por petición del emperador Carlos V, acompañándole en sus viajes por Alemania y Flandes.
 
Los servicios prestados le valieron los nombramientos de caballero de la Orden de Santiago en 1523, y de la Espuela Dorada en 1531.
 
En 1533, Carlos V le concedió la gracia de añadirá su escudo de armas, y al de su mujer María de Idiaquez, el Águila Imperial en campo de oro. Además, le hizo tesorero personal fijándole cien mil maravedises de salario.
 
Tuvo entre otros hijos los siguientes:
Pedro de Zuazola, caballero de la órden de Santiago;
Juan de Zuazola caballero de la órden de Alcántara, oidor del consejo real y despues obispo de Astorga;
Francisco de Zuazola, fue oidor del consejo real, y fundó en Azcoitia un monasterio de monjas de Santa Clara con dos mil ducados de renta.
 
Testó en Ratisbona (Alemania) en 1532, muriendo en Barcelona en 1535.
 
Carta de Pedro de Zuazola, secretario del emperador Carlos I, al alcaide del castillo de Behobia, Hernan Perez de Yarza. 27 de noviembre de 1520:
"Señor. Reçebi la letra de v. m. de XXII del presente y luego ley al señor Cardenal la que le escrivio, y Su S.R. le responde a ella, y por esto no sera necesario repetir yo sobrello. Las cosas de aca estan muy adelante, porque en esta semana esperamos que se dara batalla de parte de Sus Magestades contar estos sus deservidores, y esperamos en Dios que sera de nuestra parte, pues sienpre aconstumbra favorecer la justicia justificada, la qual de parte de sus Altezas ha seydo en tanto grado que no pudiera ser mas. Porque allende los conplimientos passados, agora el señor Almirante, que con buena yntencion fue a la Junta de Tordesillas, les ofrecio en paz y en amor todo lo que ellos pueden ganar con mal y con guerra, y los de la dicha Junta no han querido venir en ello, antes dizen que por fuerça y por sus manos, y no por medios agen."

 
 

viernes, 6 de mayo de 2016

Fuenterrabía, "la muy Noble, muy Leal, muy Valerosa y muy Siempre Fiel"

En 1638, el rey Felipe IV otorgó a la ciudad de Fuenterrabía (Hondarribia) el título de "Muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siempre fiel", por la heroica resistencia ofrecida al Ejército francés durante el asedio de mismo año, en el ámbito de la Guerra de los Treinta Años.



miércoles, 4 de mayo de 2016

Juan Bautista de Donesteve

Natural de Mendaro, padre y abuelo de insignes marinos, con Juan Bautista de Donesteve comenzó toda una ilustre saga de hombres de mar: él en la construcción naval, y ellos en la Marina Mercante y la Armada Real.

Ingeniero naval y teniente de fragata, su formación como constructor naval la adquirió en los astilleros. Pero su dilatada carrera profesional la desarrolló, como otros tantos técnicos y marinos a la vez, en la Real Armada.

Sus servicios en la Real Armada comenzaron en 1728 y se prolongaron durante 57 años, en los cuales fue requerido para el desempeño de diversos cargos relacionados con el ramo de la construcción de bajeles.

Su primera etapa la pasó trabajando como constructor de navíos en el Real Astillero de Guarnizo, también por encargo de particulares y con destino al corso y al comercio.

La profesionalidad que acreditó en estas construcciones, así como los encargos que se le confiaron para el acopio de maderas para la construcción de ocho navíos en los años 1747 y 1748, le sirvieron para que el Rey le nombrara en noviembre de 1749 ayudante de Construcción. A partir de esta fecha, Donesteve dirigió todas las cortas y labras de maderas que se realizaron en la provincia de Santander para los barcos que se ejecutaron en los Departamentos de Marina de El Ferrol, Cádiz y Cartagena.

Después de ello y hasta 1766, Fernando VI le encargó la fábrica de un notable número de bajeles para el servicio de la Real Armada, y terminó las obras de los seis navíos de 70 cañones que el constructor inglés David Howell dejó a medio fabricar en Guarnizo. Todos estos trabajos y servicios le valieron para que en 1766 el monarca le nombrara constructor de la Real Armada, al tiempo que se le mandaba continuar con el cuidado de las cortas y labras de maderas para los seis navíos que se debían manufacturar en Guarnizo.

Un año después abandonaría las tierras santanderinas y desempeñaría su servicio a la Armada en tierras vascas y navarras, labor que fue clave tanto para los intereses de la Real Hacienda como para los del sector naval guipuzcoano. Concretamente, al servicio del Estado, porque en 1767 fue juez en las controversias que surgieron con los asentistas madereros Miguel Antonio de Yriarte y Belandía.

Asimismo, fue la persona encargada de acondicionar y preparar las gradas del Barrio Vizcaya para la construcción de un navío de línea de 70 cañones; y de separar para tal fin las piezas principales de la quilla, branques y codastes.

En Guipúzcoa, además de construir dos unidades en el nuevo astillero de Santa Catalina, proyectó la obra de remodelación del dique de Herrera (Puerto de Pasajes) para la conservación de las maderas.


MAQUETA DE NAVÍO ESPAÑOL DEL SIGLO XVIII