jueves, 1 de septiembre de 2016

Aceifas de Almanzor contra el Reino de Pamplona


A finales del siglo X, el Reino de Navarra era la potencia hegemónica entre los reinos cristianos peninsulares. El auge navarro coincidió con el declive de León y el ascenso de Castilla.

Los reyes Sancho II Abarca y García II Sánchez mantuvieron la política displicente de sus ancestros con respecto a los musulmanes de Al-Ándalus. 

Obsesionado por el esplendor y la gloria de la guerra santa, el caudillo cordobés Almanzor condujo 52 expediciones contra territorio cristiano hispánico. De ellas, 9 tuvieron relación más o menos intensa con el territorio navarro, y se efectuaron en los años 978, 982, 989, 991, 992, 994, 999, 1.000 y 1.001.


ALMANZOR


La aceifa del 978 fue una de las primeras que emprendía Almanzor, y en ellas se venía mostrando bastante conservador. En  los 68 días de incursión no entabló grandes batallas, sino que se dirigió hacia tierras navarras y, siguiendo por el valle del Ebro, tantearía las fuerzas de sus oponentes del norte, esto es, desde Huesca hasta Barcelona. Después de esta campaña, los cristianos pirenaicos se hallaban alertados acerca de la calidad del enemigo que había surgido ante ellos.

La Campaña de la Victoria, entre mayo de 981 y julio de 981, tuvo como enemigo del califa cordobés al amirí omeya Gálib, que controlaba plazas del centro peninsular y que tuvo que aliarse con sus vecinos cristianos del norte.

Según las crónicas de Ibn al-Jatib e Ibn Hazm, las tropas musulmanas del caudillo Gálid fueron ayudadas por un fuerte contingente cristiano formado por castellanos del conde García Fernández y pamploneses de Ramiro Garcés, rey de Viguera y hermano del rey Sancho II Abarca. Estas se enfrentaron las tropas andalusíes y beréberes de Almanzor.

El encuentro tuvo lugar el 9 de julio de 981 en tierras cercanas a la localidad soriana de Torrevicente. Según el cronista al-Udrí, fue una aceifa de una penetración profunda hacia el enemigo, con las dos victorias de Calatayud y Atienza, y que finalizó con la muerte de Gálib y de Ramiro Garcés. El cadáver del hijo García Sánchez de Pamplona fue enterrado en el monasterio de Leire.


PRINCIPALES CAMPAÑAS DE ALMANZOR ENTRE 981 Y 2002


La Campaña de las Tres Naciones de 982 estuvo formada por dos penetraciones: la primera por el Condado de Castilla y el Reino de Pamplona; la segunda desde Huesca por los Condados catalanes de la Marca Hispánica, llegando hasta tierra de francos.

Según la crónica de Ibn al-Jatib, Almanzor tomó como rehén a una hija de Sancho Garcés II de Pamplona con la que se casó tras convertirse al islam en la Corte cordobesa. Hijo de ambos fue Abdarrahman el Sanchuelo, nacido en 983. El propio Sancho Abarca realizó una visita a Córdoba para rendir pleitesía a Almanzor y homenaje a su propio nieto, consiguiendo un periodo de paz durante casi toda la década de los 80.

Según las crónicas cristianas, la incursión de 989, entre julio y octubre, las huestes de Almanzor conquistaron las ciudades castellanas de Osma y Alcubilla. Después, hicieron una entrada por las riberas del Ebro, tanto alavesas como navarras y riojanas. Las relaciones con Sancho II Abarca empezaban de nuevo a endurecerse.

Por otra parte, el relato de Ibn Idari se extiende al relatar la rebeldía de un príncipe omeya, la de un cabecilla tuyibí de Zaragoza y la de su propio hijo Abd Allah, contra Almanzor, rebeldía que fue dominada con ocasión de esta campaña.


SANCHO II ABARCA DEFIENDE A LOS MOROS EN PAMPLONA


Dos años después, en 991, Almazor lanzó un saqueo por tierras riojanas y castellanas. La Rioja Alta pertenecería al reino de Pamplona desde setenta años antes, gracias a las conquistas de Sancho Garcés, siendo Nájera una ciudad tan importante para el reino como lo pudiera ser Pamplona.

La Crónica de Alfonso III (siglo IX) asegura que la expedición arrasó las villas de Briones, Nájera y Cenicero, siguiendo de pasada por la tierra de Estella o de Tafalla, o las zonas bajas de Cárcar y Peralta.

Durante las aceifas anteriores, Almanzor había adquirido un conocimiento del territorio navarro que pudo aprovecharlo en la que emprendió en su ataque a Galis en 992. Entre mayo y junio de este año, el Ejército califal recorrió las llanuras de Navarra y parte de su zona montañosa, apoderándose de varios castillos y de sus defensores. En Pamplona, Almanzor recibió la sumisión de su rey Sancho II Abarca y una entrega simbólica de la ciudad, sin necesidad de lucha. Ante la sumisa actitud del pamplonés, Almanzor le haría prometer que iría a Córdoba para rendirle público acatamiento, además de llevarle fuertes tributos y más de cincuenta rehenes de la nobleza. Puede ser que le obligase a dejar expeditos los pasos de la frontera pirenaica y proporcionarle guías y auxilios para dar un escarmiento en Galias, conquistando algunos de los castillos de Guillermo Sancho de Gascuña.

En 994, García II Sánchez el Temblón ascendía al trono pamplonés como rey legítimo, primogénito de Sancho II Garcés. Motivo suficiente para que Almanzor estableciese otro pacto de sumisión hacia su autoridad, no sin antes devastar las tierras navarras.


ENTRADA EN LA MEZQUITA, POR EDWIN WEEKS (1885)


La campaña por Castilla y Navarra del verano de 994 situó al Ejército cordobés a las puertas de la fortaleza de San Esteban de Gormaz, junto al Duero, conquistada al cabo de cinco días y de allí marchó a Pamplona que sitió, y cuyos habitantes se le rindieron. Después se encaminó hacia Cellorigo, castillo asentado sobre diecisiete rocas, cada una de ellas con una alcazaba, fortaleza que fue conquistada el mismo día de la llegada.

Algunas crónicas cristianas en forma de anales, precisan que la conquista de Clunia fue en un sábado 16 de junio, por lo que el ataque a Pamplona y regreso por Cellorigo tendrían lugar en el mes de julio de 994. Esta sería la primera vez que Almanzor penetrase en Pamplona como dueño y señor, pues el ataque de 992 es de suponer que sería más bien rematado por un pacto que por una ocupación violenta.

García II tuvo que firmar otro humillante pacto que perduraría hasta 999. No obstante, en 995, un grupo de caballeros navarros atacó Calatayud, matando a un hermano del gobernador Hakam Abd al-Aziz. Las represalias de Almanzor no se hicieron esperar: de los rehenes que mantenía cautivos en Córdoba como fianza de los pactos firmados con Sancho II Abarca, ejecutó a unos cincuenta. Además, a su hijo Abd al-Rahman Sanchuelo le obligó a matar por su propia mano a uno de sus nobles parientes, y eso que no contaba más de doce años de edad.

En el verano del 999, Almanzor emprendió una algazúa contra Pamplona y Pallars, esta última penetración tal vez desde Zaragoza y con la ayuda de su hijo. En la crónica andalucí se repiten los mismos tópicos de siempre: se hizo una gran matanza, consiguió muchos cautivos y destruyó aldeas y castillos luego regresó a Córdoba.

Además de la Pamplona de García II Sánchez, se asoló el Condado de Pallars, regido por Miró, todo en la misma expedición.


TROPAS DE ALMANZOR REPRESENATADAS EN LAS CANTIGAS DE SANTA MARÍA


A comienzos del nuevo milenio, en 1.000, los cristianos se habían coligado. Razón de más para que Almanzor organizase uno de los últimos actos bélicos de su vida. Una expedición veraniega, que estuvo marcada por estos hitos: salida de Córdoba el 21 de junio; batalla de Cervera el 29 de julio; ataque a Castilla, la Rioja, Navarra y llegada a Zaragoza durante agosto; encuentro en Castilla el 5 de septiembre; regreso a Córdoba con llegada el 7 de octubre.


La trascendental batalla de Cervera de Pisuerga, que Almanzor sostuvo contra una coalición de los reinos cristianos, estuvo a punto de ser su perdición. Habían acudido todos los reyes galaicos, desde el extremo de Pamplona al de León. Sancho García, del Condado de Castilla, llevaba el liderazgo, por lo que se deduce que el rey pamplonés García II Sánchez habría fallecido ya. También el leonés Vermudo III había muerto unos meses antes, y su sucesor en el trono era un hijo de corta edad.

Las tropas coaligadas se apostaron en los peñones de Cervera (Burgos), donde presentaron batalla a Almanzor, y éste tuvo la suerte de cambiar el rumbo de los acontecimientos, con el resultado de una rotunda victoria y la subsiguiente persecución de los cristianos.

La última campaña de Almanzor tuvo dos frentes abiertos, primero realizó una incursión de saqueo por tierras de Galicia y Portugal, después marchó hacia Castilla pasando por la rivera alavesa y riojana. Su intención era romper la alianza de ejércitos cristianos hispánicos coaligados por sus respectivos magnates: Sancho García de Castilla, Alfonso V de León y Sancho III de Pamplona. Así se llegó a la batalla de Calatañazor, el verano del año 1002.

Según el cronista musulmán al-Maqqari, después de reunir tropas africanas en número considerable, Almanzor emprendió desde Toledo la marcha hacia el Duero, río que remontó para atacar al conde de Castilla, que estaba rodeado de tropas innumerables de los vecinos reinos cristianos; Almanzor, como no podía ser menos, dado que la fuente de información es árabe, derrotó a sus enemigos infligiéndoles grandes pérdidas. Después marchó hacia la rebelde Miranda de Ebro, por cuenca del río Najerilla, desde donde es fácil penetrar hasta el monasterio de San Millán, o tal vez de Almonastir, junto a Calahorra y San Adrián, y estas últimas tierras ya eran indiscutiblemente de Navarra. Posteriormente, sufriendo una grave enfermedad, Almanzor murió en Medinaceli, donde fue enterrado, en la noche del 9 agosto del año 1002.

En cambio, la versión cristiana de los hechos es contraria, logrando una gran victoria para las armas hispánicas con derrota y muerte del caudillo árabe en Calatañazor. Uno de estos cronistas fue el navarro Ximénez de Rada. Lo que sí se desprende de todos los relatos, es que los pamploneses estuvieron presentes en la lucha final.

Sin embargo, la mayoría de los historiadores actuales consideran que fue un mito más que un hecho real, probablemente creado para compensar el sentimiento de inferioridad que las continuas victorias de Almanzor produjeron en los reinos cristianos.


A Almanzor le sucedió en el mando su hijo Abd al-Malik, que durante seis o siete años más prosiguió la política de hostigamiento de los reinos cristianos que tan concienzudamente había ejercido su padre.



EN EL HARÉM, POR JUAN GIMÉNEZ MARTÍN