miércoles, 22 de junio de 2016

Expansión territorial de Navarra con Sancho I Garcés


Tras la muerte de Fortún, en el 905, el último de los reyes pamploneses de la dinastía Íñiga, fue proclamado Sancho I Garcés el Grande, primer rey de la dinastía Jimena hasta el 925. Este fue artífice de una expansión territorial más allá de las iniciales fronteras anexas a Pamplona, gracias a sus fuertes vínculos con los demás reinos cristianos. Siendo aliado de Ordoño II de Asturias reconquistó Estella, Nájera y Calahorra.

Pampona y León se afirmaban como monarquías hispánicas cristianas en lucha reconquistadora frente al islam y sus uniones matrimoniales se hicieron más necesarias que nunca ante la amenaza islámica. Por eso, Sancho I de Pamplona y García I de León establecieron una política colaboracionista y una alianza militar frente al poder de Córdoba. La alianza pamplonesa-leonesa, aparte de rechazar el peligro que era común a toda la Hispania cristiana, favoreció la expansión reconquistadora de ambas monarquías.


SANCHO I GARCÉS ENTERRADO EN EL CASTILLO DE MONJARDÍN


En el valle del Ebro se produjo un vacío de poder cuando en el año 907, Sancho I tendió una emboscada al líder de la dinastía Banu Qasi de Tudela, muladíes conversos descendientes de los hispano-godos Casio, que ejercían el poder islámico desde varias generaciones.

Sancho I inauguraba su reinado con un importante avance por tierras de Estella, ocupando las fortalezas musulmanas hasta el Ebro e instalándose definitivamente en San Esteban de Deyo (Monjardín). En el 914, tomó Calahorra y cuatro años más tarde Alanje y Nájera. Además mantuvo la influencia sobre el pequeño Condado de Aragón.

Simultáneamente, García I de León, apoyando la acción del rey pamplonés, obtuvo una importante victoria en Arnedo. Su hermano Ordoño II le sucedía en el trono, dando muestras de agresividad frente al islam, mediante las expediciones reconquistadoras de Évora y Mérida.

La debilidad que en esos momentos atravesaba Al-Ándalus permitió fortalecer las tierras navarras por la ribera del Ebro y del Arga así como de la alta Rioja. Los monasterios de San Millán de la Cogolla y Albelda protagonizaron la actividad cultural y repobladora del momento.



BATALLA DE VALDEJUNQUERA 


El emir de al-Ándalus, Abderrahman III, proclamaba la guerra santa contra el infiel cristiano. Deseoso de gestar un mortal golpe a los enemigos del norte peninsular, se puso al frente de un impresionante ejército compuesto por levas cuajadas de entusiastas soldados de Alá y comenzaba un calendario de azote y guerra para las huestes cristianas.

En el verano de 920, los pueblos y ciudades a ambos lados de la frontera se preparan para las aceifas, pero esta vez el ataque musulmán estuvo encabezado por el emir. Los servicios de espionaje de ambos bandos trabajan para establecer estrategias.

Lo que en principio parecía una aceifa sobre Zamora se desveló como un ataque generalizado contra Navarra. El rey Ordoño II, quien esperaba una acometida sobre Simancas, acudió a toda prisa en ayuda del rey pamplonés Sancho I. Todo fue inútil y las tropas de ambos monarcas coaligados fueron abatidas en la batalla de Valdejunquera. De ese llano navarro entre los valles estelleses de Guesalaz y Yerri, llamado por los cronistas árabes Muez, fueron pocos los caballeros y guerreros cristianos que lograron escapar junto a sus reyes por los montes de Andía. De cualquier forma, navarros y leoneses mantuvieron las fronteras establecidas.


EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 920


El inicial auge militar de los reinos cristianos hispánico a comienzos del siglo X fue frenado por esta contundente derrota, a pesar de lo cual las fronteras no experimentaron modificación, ni rompieron la alianza política y militar de colaboración reconquistadora navarro-leonesa. Por eso, tres años después, los ejércitos de Sancho I y Ordoño II emprendieron la reconquista de La Rioja, recuperando Nájera y Viguera para el Reino de Pamplona. La alianza se reforzó mediante el matrimonio entre Ordoño II con Sancha, hija de Sancho I.

En la primavera del 924, Abd Al Rahman III proclamaba el Califato de Córdoba de su dinastía Omeya, con total independencia política y religiosa del Califato de Damasco de los Abbasies. Su primera acción militar como califa fue una expedición de saqueo a Pamplona y control sobre el territorio de los Banu-Qasi. Puso en marcha un contundente ejército de castigo que, tras remontar el valle del Ebro desde Tortosa a Zaragoza, se unieron los tuyibíes. Juntos entraron, en julio, en Navarra, procediendo a la destrucción sistemática de todo cuando encontraron, incluida Pamplona, que fue abandonada por sus habitantes, refugiados en las montañas. Regresaron por el sur, arrebatando Tudela a los Bau Qasi, cuya dinastía fue enviada a Córdoba para su integración en el ejército. Su poder en la zona había terminado.

Además, impuso un régimen de pago de tributos a los reinos cristianos del norte. Esta presión suponía un peligro, tanto para la frontera oriental de Pamplona como para la frontera oriental de León, que se agravaría con la muerte de Ordoño II en el 924 y la de Sancho I dos años después.


EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 924


La muerte de Sancho I Garcés, en el 926, llegó cuando su heredero García I Sánchez era un niño. Su madre, doña Toda, consiguió gobernar el reino con diplomacia y fortalecerlo mediante uniones matrimoniales de sus hijas con los principales mandatarios de los reinos hispanos cristianos.

En el 939, el califa Omeya realizó una dura aceifa contra el Reino leonés, con el propósito de quebrantar por la vía de las armas la alianza navarro-leonesa. La batalla de Simancas dio como resultado la derrota del ejército cordobés y el avance leonés al sur del Duero. La derrota de Abd Al Rahman III fue la primera gran victoria cristiana.

García I Sánchez reinó hasta el 970. A su muerte Navarra ya era la potencia hegemónica entre los reinos cristianos peninsulares. El auge navarro coincidió con el declive de León y el ascenso de Castilla. 

Los reyes Sancho II Abarca y García II Sánchez mantuvieron la política displicente de sus ancestros con respecto a los musulmanes de Al-Ándalus.


EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 934


EXPEDICIÓN DE ABD AL-RAHMÁN III DEL 937