sábado, 18 de junio de 2016

Estamentos sociales vizcaínos en la Edad Media


LOS LABRADORES

Durante la Edad Media, en los territorios de unas Provincias vasca que se estaban formando, un abundante número de labradores dependía de sus señores feudales y estaban suscritos al solar que servían, estando sometidos al pago de censos y prestaciones. Esta presión de servidumbre entre campesinos y señores se incrementó durante la Baja Edad Media, surgiendo situaciones de conflictos.
Entre estos labradores dependientes se diferenciaban dos tipologías diferentes:

1- los censuarios o los dependientes del Señor de Vizcaya, que, a su vez, podían estar cedidos a otros señores particulares.

2- los dependientes de los pequeños señores vizcaínos o Parientes Mayores.

Los labradores dependientes del Señor de Vizcaya ocupaban las tierras pertenecientes a éste en el Señorío. Con el tiempo, se trasladaron a las villas fundadas, perdiendo su condición de cesuario y adquiriendo la de vecino.

Estaban unidos a la tierra que trabajaban, que no podían abandonar, como quedó de manifiesto en el Fuero Viejo. El Fuero Nuevo también les prohibía abandonar sus caseríos censuarios que debían estar siempre poblados. En cambio, sí gozaban de la  posibilidad de poblar nuevo solar, si bien éste seguiría siempre afecto a su propietario y volvería plenamente al mismo en caso de que el labrador desamparara su casa.

Estos labradores eran frecuentemente donados por el señor, que podía disponer de ellos libremente, por la estricta dependencia a que estaban sometidos. Ejemplos de estas donaciones fueron, entre otros, los labradores que donados a las villas en el momento de su fundación, como sucedió en el caso de Ondárroa y Guerricaiz, o a particulares, bien Parientes Mayores, bien a iglesias y monasterios. Estas donaciones suponían fundamentalmente que los receptores de las mismas pasaran a cobrar los censos de esos labradores, como quedó de manifiesto  en la provisión de Enrique III de 1401, en la que ordenó que se paguase a Cenarruza los 2.156 maravedíes que le correspondían por los labradores censuarios de Bolivar. Estas donaciones se hacían en juro de heredad, lo que permitía que los labradores así donados pudieran pasar a los herederos de los primeros beneficiarios.

Estos censuarios están sometidos al pago de censos al señor. En el siglo XV esta obligatoriedad estaba ya unificada en un censo global para todos ellos de 100.000 maravedíes. De moneda vieja, o 200.000 de la blanca, que permaneció inalterable durante todo el siglo, y al estar así fijados parecía que los censuarios son eximidos del resto de los censos regulares, a excepción del diezmo y los demás de carácter eclesiástico. Aunque todos ellos estaban sometidos a las mismas condiciones, no significó una igualdad en cuanto a recursos económicos. Por el contrario, entre estos censuarios existían situaciones diferentes, así lo demuestra la queja planteada por los de Ereño sobre su encabezamiento: se declaran con menos recursos que los de otras merindades, de los que dicen "que son más poderosos que ellos".

MOMTE SOLLUBE, POR AURELIO ARTETA


A cambio de estos censos, el señor de Vizcaya les debía protección, lo cual se ejerció principalmente de cara a los hidalgos y Parientes Mayores. Fue por esto por lo que, a fines del siglo XV, acudieron a los Reyes Católicos, quejándose de las usurpaciones de montes y dehesas realizadas por los hidalgos vizcaínos, lo cual les perjudicaba directamente al restarles zonas de aprovechamiento común.

Los linajes vizcaínos no sólo poseen labradores dependientes por percibir donaciones de censuarios, sino que también tienen dependientes propios, sometidos a su poder y autoridad y de los que recibían censos. A grandes rasgos, estos campesinos debían tener una situación similar a la de los censuarios, aunque sin duda gozaban de peores condiciones económicas y jurídicas; como aquellos, se encontraban unidos a la tierra y al señor, que podía venderlos o donarlos, pero, al tener más cerca la autoridad señorial, el peso de ésta debía ser mayor.

Así pues, entre los labradores dependientes existían dos escalas distintas, los censuarios y los ligados a los linajes vizcaínos. Estos campesinos, al menos en ciertos casos, y seguramente con más frecuencia y libertad los censuarios, tenían sus propios usos y costumbres para regirse y formar ciertas comunidades en las anteiglesias, asó como para organizar colectivamente la explotación de los comunales, el trabajo, la ayuda mutua, etc., junto con los libres. Ahora bien, con todo, su situación era precaria, lo que les llevó no sólo a abandonar el solar y acudir a poblar otros nuevos, sino también a dirigirse a las villas y liberalizarse en ellas o convertirse en sus dependientes.

En general, el campesino vizcaíno bajomedieval constituyó una compleja clase social en la que existieron diversas situaciones. Una porción de ese campesinado se unió a las villas, pasando a depender de ellas o a constituir una parte de sus vecinos, perdiendo así su condición y adquiriendo la de villano, aunque en muchos casos sigan ligados al mundo rural.

A finales del siglo XV, el porcentaje de campesinos parcelarios propietarios de la tierra que trabajaban debía ser el 50% del total; es decir fueron en aumento seguramente como consecuencia de la progresiva apropiación de las tierras comunes por parte de aquellos descendientes de labradores dependientes, que salían de la casa familiar por necesidad de subsistencia, pero no abandonaron el mundo rural.


DANZA VASCA


LOS HABITANTES DE LAS VILLAS

En función del Fuero de Logroño, y de las propias cartas puebla, la población urbana es, en primer lugar, franca y libre, y junto a esto la villa goza de autoridad y jurisdicción propia. Este hecho, así como su actividad comercial y artesana, dota a esta población de un nuevo estilo de vida y una nueva mentalidad, diferente a la predominante en el mundo rural circundante, a pesar de las vinculaciones que con él mantiene. No es extraño, entonces, que los grupos urbanos, que se añaden y entrelazan a los rurales tradicionales, influyan sobre estos y su evolución, al tiempo que les proporcionan nuevas fuentes de riqueza. Sin embargo, la “burguesía” no será bien recibida en el mundo rural, particularmente entre los linajes que reaccionarán frente a ella, utilizando para defender sus privilegios, instrumentos de carácter jurídico, como los Fueros, y también en ocasiones, las armas, lo que provocará, choques entre ambos.

Las villas se constituyen, en la mayor parte de los casos, sobre un núcleo de población preexistente, en cuya composición debían predominar los labradores, cuya condición cambia al darse el Fuero. Ahora bien, las cartas puebla van dirigidas a labradores e hidalgos, y además, hay que resaltar el hecho de que en las villas se asentarán también Parientes Mayores y extranjeros.

Los labradores que acudían a las villas durante la Baja Edad Media debieron ser abundantes y, en este sentido, es significativo que, a finales del siglo XIV, cinco villas se fundaran por su petición (Guerricaiz, Miravalles, Mungía, Larrabezúa y Rigoitia). Una vez avecindados en la villa, parte de los labradores pierde su condición de dependencia convirtiéndose en hombres libres, otros buscan un amparo a esa libertad, o bien obtener un medio de subsistencia cuando el medio rural no se lo proporciona. Este caso sería el de los labradores libres o segundones de éstos, que acuden al mundo urbano ante la falta de tierra o la extrema escasez de ésta.

Desde el punto de vista cuantitativo, el segundo elemento que destaca entre aquellos que acuden a poblar las villas son los linajes, cuyo interés por este mundo parece aumentar a partir de finales del siglo XIV. Por una parte, es una salida para los segundones en un momento en el que se impone el mayorazgo, por otra, es un medio de asegurarse un medio de subsistencia por parte de aquellos cuya fortuna familiar es restringida. Estos linajes se integran en la población urbana y se encuentran en la base de esa naciente burguesía; ahora bien, no siempre pierden sus derechos, encontrándonos así con que ciertos vecinos siguen manteniendo su situación privilegiada hidalga.

Elementos procedentes de los grandes linajes y Parientes Mayores acuden también a las villas. Ya desde su conversión en villa, en 1366, los Meceta están asentados en Guernica. Miembros de la familia Salazar aparecen en Portugalete, donde ocupan cargos del concejo. Los Leguizamón, asentados en Bilbao, alcanzan gran poder en esta villa y son, quizá, los ejemplos más claros del proceso que lleva a los Parientes Mayores a asentarse en las villas.

Como dato anecdótico podemos señalar que este escudo se encuentra también, en la Basílica de Nuestra Señora de Begoña. Por ser los Leguizamón los patronos de Begoña, tenían derecho al cobro de los diezmos de la dicha iglesia y por lo tanto disponen del único sepulcro que existe dentro de la misma. Se encuentra frente a su Altar Mayor y está rodeado por la leyenda “Sepultura de los patronos de Begoña”.


AURRESKU, POR AURELIO DE ARTETA


En las cartas puebla de las villas se establecen ya ciertos privilegios de carácter fiscal para aquellos que vayan a poblarlas; y en muchos casos como en Elorrio o Miravalles, a los primeros pobladores se les exime de todo pecho o pedido durante un determinado número de años, normalmente cinco. Incluso en ocasiones, este tipo de privilegios se hacen extensivos a ámbitos más amplios que la propia villa, y así Lequeitio, por ejemplo, goza desde 1334, entre otras cosas, de franqueza de portazgo en todo el reino, a excepción de Sevilla y Murcia.

Junto a esto, hay que resaltar el hecho de que las villas se dan a sí mismas su propio gobierno, saliendo sus autoridades de sus propios vecinos, como se especifica en las cartas puebla de Ermua y Guernica; ejercen justicia y, en algunos casos, como Bilbao, los vecinos de la villa no pueden ser emplazados fuera de ella.

En definitiva, la villa proporciona no solamente un medio de vida para aquellos elementos procedentes del medio rural, que cuentan con escasos recursos en el mismo, sino además una serie de ventajas que resultan atractivas en los siglos medievales, así como una protección de la que se carece en la Tierra Llana. Todos los vecinos de la villa son vasallos del Señor, lo que supone una protección a cambio de un dependencia muy laxa, dada la lejanía de aquél; y cuando el Señor pasa a ser el Rey, las villas escapan al poder señorial pasando a ser realengo, lo que aún aumenta más sus ventajas. Por otra parte la villa, a través de su sistema de gobierno, garantiza por sí misma a todos sus habitantes una protección; aunque el precio de esta protección es en ocasiones más elevado que el de la dependencia señorial estricta, siempre es preferible, por el marco legal en que se integra, que la dependencia de los Parientes Mayores de la Tierra Llana. A cambio de todo esto, y como vasallos del Señor de Vizcaya, los habitantes de las villas deben pagar pechos y prestar servicio de armas, pero las ventajas obtenidas a cambio parecen compensar con creces esas cargas.

Las actividades más características de las villas vizcaínas son la comercial y la naviera. Ambas constituyen las más importante fuentes de enriquecimiento urbano y en ocasiones ambas actividades son desarrolladas por las mismas personas. Si la actividad urbana más lucrativa es el comercio y particularmente el marítimo, hay que considerar que el mar es también centro de otras actividades que proporcionan ocupación e ingresos a los habitantes de las villas marineras. La construcción naval, los oficios marineros (pilotos, marineros, etc.) y la pesca. Por lo que se refiere a ésta, es una fuente de enriquecimiento o medio de subsistencia tanto para los que la practican directamente como para el grupo relativamente amplio de regateros que posteriormente la comercializan. En ocasiones, los pescadores, como los asociados en la cofradía de San Pedro de Bermeo, constituyen un importante grupo de poder en la villa, al tiempo que ésta protege esa actividad.

El artesanado y la práctica de los oficios y servicios es el otro grupo de actividades más típicamente urbanas que también se desarrollan en el Señorío. Los oficios artesanos son enormemente variados y tienden a cubrir todas las necesidades de los vecinos de las villas. Pero no hay que olvidar otras importantes actividades ejercidas por físicos, boticarios, escribanos, maestros de escuela (éstos están en relación con la necesidad de adquirir una mínima base cultural para el desarrollo de las actividades urbanas, especialmente el comercio), carniceros y tenderos en general, así como barberos.
La mayor parte de los habitantes de las villas mantienen su propiedad territorial anterior, o acceden a este tipo de propiedad tras conseguir un cierto enriquecimiento. Por su parte, los más destacados miembros de las villas relacionados con los grandes linajes o miembros de ellos, disfrutan de fuentes de renta semejantes a las de sus iguales en la Tierra Llana. Así explotan molinos y ferrerías, gozan de patronatos y reciben mercedes reales.

Ya en la última parte de la Baja Edad Media empezó a manifestarse la importancia de las villas en la maduración socio-política de los vizcaínos. Sus villas, y especialmente la de Bilbao y su puerto, fueron las puertas que abrieron a éste pueblo hacia el exterior y, al mismo tiempo, le permitieron enriquecerse no sólo económicamente, sino también culturalmente, con las relaciones que establecieron con los demás pueblos de España y del resto del mundo. Ya en el año 1443 se concluyó en Brujas un tratado en el que intervinieron cinco maestres titulados bilbainos; en 1480, en las Cortes de Toledo, se pedía a los reyes “Que deben mandar hacer galeras y naos en Vizcaya... pues para eso tienen buen aparejo”; y en el año 1496 en Bilbao se construyó parte de la escuadra que se utilizó para el viaje de casamiento en Flandes de la Princesa Doña Juana con el Archiduque de Austria (conocido en la historia como Felipe el Hermoso). Por cierto, el constructor vizcaíno fue Juan de Arbolancha, y en dicha flota iban también importantes personajes vizcaínos, entre ellos Gómez de Butrón y Mújica, que llegó a quedarse de Almirante de la escuadra, y Martín de Mújica, tesorero de Doña Juana.


CIUDAD MEDIEVAL


LAS MINORÍAS SOCIALES

En ésta época existían también minorías religiosas como los judíos y musulmanes. La convivencia en el País Vasco con las mismas fue en general pacífica. En Navarra estas dos religiones convivieron bien con la católica (sólo había musulmanes en la zona de Tudela, ciudad fundada por ellos en el siglo IX sobre la romana de Muskaria, y en Pamplona). A los musulmanes se les llamaba moros o sarracenos, eran descendientes de los que conquistaron esas tierras y vivían en el barrio de la morería. Pagaban una tasa por su libertad (como el resto por otros conceptos), tenían autonomía para realizar sus actividades o para la práctica religiosa.

Navarra era el único reino cristiano donde los judíos tenían consideración de ciudadanos, poseían su "fuero" propio dado en los municipios que residían y disposiciones en el Fuero General de Navarra, cuyos principales puntos tenían como objetivo salvaguardar sus derechos en materia de religión, propiedad y justicia. Su aparición en tierras vascas data ya desde la época del Imperio romano; su presencia fue importante en Alaba: Gasteiz, La Bastida y Agurain, así como en Segura, Orduña y Balmaseda. Vivían en sus barrios normalmente, como en el resto de reinos cristianos. Muchos fueron prestamistas (se prohibían por ley intereses superiores al 25% y préstamos entre católicos), siendo judío Ezmel de Ablitas el fundador del primer banco navarro (Tudela siglo XIV). El rey de Navarra y Aragón eran deudores de este rico comerciante que cobraba un 20% de interés; el rey de Aragón no pudiendo pagar su deuda dio en matrimonio a su hija con una gran dote. En el año 1234 el papa Gregorio IX ordenó a Teobaldo I rey de Navarra que obligara a los judíos a llevar distinto traje que los cristianos, según lo establecido en el Concilio General, lo cual no se practicaba en Navarra.

En el siglo XIV ésta convivencia pacífica cambió. Muchos judíos habían llegado expulsados de Francia, convertiéndose así en un grupo importante e influyente. En ese siglo XIV se produjeron matanzas de judíos en Estella (1328), Pamplona (1355) y Tudela (1361); ésta última tenía el barrio de judíos más numeroso. Estas matanzas conicideron con el antisemitismo clerical, la peste y hambruna de la que fueron chivos expiatorios. Los judíos fueron expulsados de Balmaseda en el siglo XIV. Alaba, aplicando las leyes castellanas, tomó medidas de discriminación contra los judíos en 1428 y 1487, como la de no salir de sus barrios o la de vestir con distintivos. Pero la primera gran expulsión fue la de 1492, cuando, por edicto papal confirmado después por los Reyes Católicos, los judíos que no se convirtieron al catolicismo fueron expulsados (los convertidos eran despectivamente llamados marranos por los cristianos), quedaban a salvo los del reino de Navarra, aún independiente. Los musulmanes corrieron la misma suerte que los judíos.


EL MENDIGO, POR ANTONIO LECUONA


No es éste el caso de los agotes, los conocidos como los "gitanos vascos", que ocupaban barrios separados y realizaban tareas que los vascos no querían realizar, no teniendo los mismos derechos que éstos (ni siquiera podía entrar a las iglesias). Muy probablemente se trataba de gente venida, sobre todo a Baiona y Baztan, huyendo en el siglo XIII de las más de dos mil leproserías abiertas al sur de Francia, principalmente tras el asalto a las mismas de Felipe V el Largo de Francia y Navarra para robarles el dinero. Estas personas eran conocidas como cagots en Francia (leprosos fingidos), de donde vendría Kagota y agota. Fueron estigmatizados desde el principio y obligados a llevar lazos distintivos. Las Cortes de Navarra prohibieron su discriminación en 1517, pero no se pusieron medios para su aplicación; en 1698 las Juntas Generales de Gipuzkoa les expulsó de su territorio por considerarles indeseables. Se decía que eran fácilmentes identificables pues desprendían un especial hedor y por tener las orejas más pequeñas.

En 1817, los últimos agotes que vivían en Leitza, Ituren, Elorriaga y en el barrio del valle baztanés de Bozate, en Arizkun, conseguirían la igualdad de derechos. Al que le sorprenda esto le diré que en España no se reconoció la libertad de culto definitivamente hasta la constitución de 1890, salvo en los años de las dictaduras, que no fueron precisamente pocos, y que las mujeres no han conseguido el derecho al voto hasta la muerte de Franco en 1975, fecha hasta la cual no podían firmar contrato alguno, equiparándoselas a menores y sordomudos.

Como anécdota contar que la "Carmen" del compositor francés Bizet (1875), escrita sobre un manuscrito previo comprado por el compositor de la famosa ópera, era una gitana del Baztan, es decir, una agote.

Los gitanos llegaron a la península Ibérica en el siglo XV, con sus carros, tradiciones y su lengua de la familia indo-aria relacionada con el hindú sánscrito, pues su origen era indio, aunque llegaron a través de Egipto, de ahí su nombre: gitanos, gypsi en inglés o ijitu en euskara. Las primeras noticias de gitanos en tierras vascas son del año 1435 en Olite (Navarra). Su leyenda negra deja huella en los cantos y cuentos de Euskal Herria desde el siglo XVI, siendo expulsados de Lapurdi en 1538, de Navarra en 1549, de Bizkaia en 1567 y de Gipuzkoa en 1697. En Baja Navarra fue establecida en 1722 una recompensa de 60 francos a todo aquel que atrapase a un gitano. En 1802 las suprefacturas de Maule y Baiona dieron orden de detener a todos los gitanos y deportarlos a las colonias francesas de ultramar. En la actualidad se dice que los únicos vascos monolingües son los gitanos de la localidad bajonavarra de Orzaize, ya que al no ser escolarizados, no saben francés.