miércoles, 11 de mayo de 2016

Aceifas contra Álava y Navarra

Durante los primeros siglos de la Reconquista, la práctica militar más frecuentada era la razia o aceifa veraniega. Las tropas de tanto de los Reinos cristianos peninsulares como del Califato cordobés o taifas de Al-Ándalus elegían el estiaje para sus incursiones por las tierras de nadie, zonas fronterizas entre cristianos y moros, creadas en los valles del Duero y del Ebro. El propósito final no era el de anexionar territorios, sino el de dar golpes, asolar y capturar prisioneros y riquezas, con la consiguiente desmoralización del enemigo. Este tipo de acciones guerreras se mantuvo durante casi toda la época conocida como Reconquista, con más o menos intensidad, según transcurrieran los acontecimientos en ambas zonas.

 
 
 
A finales del siglo VIII, fueron varias ciudades del norte las que sufrieron una oleada de aceifas, entre ellas Vitoria, que sufrió aceifas en 790 y 791. El emir de Córdoba Hisham I se lanzó a la conquista de algunos enclaves de la Septimania franca, gracias a las viejas alianzas y apoyos de los Banu Qasi.
 
Durante el siglo IX, las tierras de Álava volvieron a sufrir varias aceifas, pero fueron especialmente brutales en tres ocasiones: la de 838, la de 846 y la de 867.
 
Álava era conocida desde el siglo VII; su primer señor conocido es el conde de Eglyón. Está fuera de duda que estas tierras eran de soberanía asturiana como lo confirma un diploma de Jaca del 867 que dice:
"Reinando el rey Carlos en Francia, Alfonso, hijo de Ordoño, en la Galia Comata y García Iñíguez en Pamplona."

En el 823, con Abd al-Rahman II en el trono, la región de Álava sufría una violenta invasión que, según los cronistas musulmanes, se presentaba a sus ojos como la zona más adecuada para introducirse masivamente en el Reino asturiano. Según relatan los vencedores:
"Álava fue invadida, incendiada, devastada y saqueada, incluso tal vez más que de costumbre; los castillo fueron tomados o sometidos a rescate, los prisioneros árabes fueron liberados, y esta memorable campaña conservó entre los musulmanes el Álava."

El eterno rival de Abd al-Rahman II sería Alfonso II el Casto, rey de Asturias. Fueron frecuentes las expediciones de saqueo contra asturianos y pamploneses. En el 825 envió dos expediciones a la vez contra el Reino de Asturias. Fueron vencidos por Alfonso II en Galicia.

En 838, volvió a lanzarse con otro doble ataque, muerte y desolación, pero no conquista contra Álava, Galicia y algunos condados catalanes.

En 843, Abd al Rahman II derrotó a Beni Fortún y a los pamploneses. El sometimiento de los Muza a Córdoba hizo que el Reino de Navarra se aliara con el Reino de Asturias.




Más tarde, hacia el año 850, la primitiva Castilla pareció sufrir otro serio ataque.

A partir de mediados del siglo IX, el Emirato cordobés se encontró sumido en constantes sublevaciones internas que propiciaron nuevos principados independientes. Estos problemas internos hicieron desistir a Abd al-Rahman II de continuar con sus campañas militares durante al menos quince años. El propio Ordoño I de Asturias acudió a la llamada de auxilio de los rebeldes toledanos sin demasiado éxito.

Una alianza política y militar establecida entre Ordoño I de Asturias y García I Íñiguez de Pamplona hizo reaccionar a Muza II ibn Muza, valí Banu Qasi de Tudela y Zaragoza, quien emprendió una rura razzia contra Álava, condado perteneciente al Reino asturiano, en el 855.

Ordoño I organizó un sistema defensivo basado en la repoblación de la plaza de Amaya y la victoria en la batalla de Clavijo o de Albelda. Esto llevó a las autoridades cordobesas a plantear de nuevo aceifas de castigo contra Álava y la zona de los castillos (embrión de la futura Castilla).

En el año 860, los musulmanes atacaron Pamplona con la intención de asegurarse un pago regular de tributos. Mohamed I llegó a raptar al sucesor de la Corona navarra, Fortún Garcés, hasta poco antes de la muerte de su padre. En este reinado, Navarra sufrió varias expediciones de castigo por parte de los ejércitos de Córdoba y de sus aliados del Ebro, los Banu Qasi, que ya habían superado las controversias anteriores con la capital cordobesa y actuaban nuevamente como verdaderos conversos del Islam.

Debido a que toda la franca norte del Emirato estaba compuesta por estados hostiles (Asturias, Pamplona, Aragón, condados de la Marca Hispánica y los Banu Qasi), las aceifas cordobesas se fueron sucediendo: Huesca en 873; Navarra en 873, 874 y 978; Álava y Castilla en 877; Álava 890; Zaragoza y Tudela en 879; Zaragoza, Borja y Tarazona en el trienio 879 -881.