domingo, 3 de abril de 2016

Pasajes: los orígenes de Blas de Lezo


Pasajes, o Passaia en eusquera, es una población muy antigua construida a los pies del monte Jaizquibel y en torno a una ensenada, donde está su puerto. Pero, en realidad, son tres sitios distintos. El primero es Passaia propiamente dicho, en la orilla izquierda, que en la actualidad está físicamente pegada a San Sebastián, donde están los muelles del puerto comercial. Pasajes de San Pedro, justo enfrente, es la zona que conserva un carácter marinero más marcado, y que en ella atracan los barcos de pesca. Al otro lado del estuario, cruzando en barca, se halla Passaia Donibane, o Pasajes de San Juan, la parte más antigua, que con sus empinadas calles de piedra es la zona que mejor ofrece una idea de cómo debía ser todo en la Edad Moderna.

La parte antigua, tanto de San Pedro como de San Juan, muestra ese carácter medieval debido a sus calles angostas, sus casas de piedra y sus bajos arcos que cruzan la vía. Pasajes de San Pedro dependía jurídicamente de San Sebastián y tenía gran relación comercial con Francia.

El puerto es el centro neurálgico sobre el cual gira la actividad económica de Pasajes de San Pedro y San Juan. Ha destacado desde sus orígenes por su inmejorable configuración, con una grandiosa había y un fondo de aguas profundas y tranquilas, de fácil defensa a los que se refugian en él, tanto de las galernas y tempestades del Cantábrico, como de los ataques de piratas y corsarios, pues para proteger toda la bahía bastaba cerrarla con una pesada cadena de hierro. Hasta el siglo XV, se le denominaba puerto de Oyarzun, y formaba un todo con las localidades de Rentería y Lezo. San Juan y San Pedro eran en aquellos tiempos dos pequeños lugares a orillas de la bahía. 

Las magníficas condiciones del puerto, su riqueza en madera, en mineral de hierro así como la proximidad al mar Cantábrico propició que sus habitantes emprendieran actividades laborales prácticamente en exclusiva a la mar.



PUERTO Y RÍA DE PASAJES EN EL SIGLO XVIII


En tiempos de los Reyes Católicos se construyó una torre en San Pedro, y después un almacén o lonja comercial que servía como lugar de encuentro para el tráfico que se desarrollaba entre ambos lados del canal de entrada al puerto. Éste es el origen del nombre de Pasajes (lugar de paso) aplicado a todo el municipio actual. 

La pesca fue su primera actividad, pero a partir de 1540 creció la importancia de Pasajes como base para la pesca del bacalao y la caza de la ballena en el Atlántico norte y, más tarde, en Terranova. Allí pasaban el invierno los barcos pesqueros procedentes de toda la comarca e incluso de la región francesa de Gascuña. El comercio de la grasa de la ballena, de la lana y de otros productos favoreció el desarrollo económico de la comarca.

En el siglo XVI se añadió el carácter militar con la construcción de la flota del general Pedro de Bobadilla. Partían desde Pasajes muchas de las expediciones marítimas que se organizaron durante los reinados del Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV. En tiempos de paz el puerto acogía navíos de todos los países.

De modo natural le siguió la construcción de barcos con la creación de los astilleros de Bordalaborda que fabrican enseres y pertrechos para los convoyes que viajaban a América. En el canal de entrada al puerto se armaban los barcos que se construían en los astilleros del interior de su bahía, así como los que se fabricaban en los demás puertos de la provincia de Guipúzcoa. 



PLANO DEL PUERTO Y RÍA DE PASAJES EN 1760


A toda esta actividad hay que añadir las dedicadas a la "patente de corso", de vieja tradición. Por este medio, los particulares armaban a su costa navíos para hostigar a alguno de los muchos enemigos del Imperio español, recibiendo como contrapartida el valor del buque y la carga, una vez deducida la parte correspondiente a la Real Hacienda. Prueba de ello es lo que, en 1663, declaraba el capitán Mateo de Laya, natural de Pasajes:
"Que de 1655 a 1660 navegué por Capitán de distintas fragatas del corso de la Escuadra Real del Norte, con patente de S.M. Que en el transcurso de este tiempo apresé diferentes navíos de los enemigos de la Corona, y de entre ellos dos fragatas de guerra, la una francesa, con 20 piezas de artillería y 150 hombres, siendo capitán de ella un caballero de la Orden de San Juan, que también andaba al corso como nosotros, y la otra una fragata de turco, con 22 piezas de artillería y 380 turcos, la cual llevé a Cádiz, siendo Gobernador de las Galeras de España el Sr. D. Melchor de la Cueva, duque de Alburquerque."

En el siglo XVIII, el puerto de Pasajes era próspero y dinámico gracias a la fundación y actividad de la Real Compañía de Guipuzcoana de Caracas, una empresa mercante de capital vascongado que suponía el remedio más eficaz para contener el contrabando holandés sobre los productos del territorio que en la actualidad forma el estado de Venezuela. Además, Pasajes se había convertido en uno de los principales centros de la construcción naval en Guipúzcoa.


Por tanto se trata de una zona con gran riqueza, no solo económica, también cultural fruto del intercambio de relaciones entre personas de distintos ámbitos y nacionalidades, llenos de experiencias que contar y negocios que emprender. En sus puertos se podía escuchar hablar en castellano, vasco, inglés, holandés y francés, dando también a sus gentes gran riqueza lingüística. Por si fuera poco se trata de una localidad con una ecología espectacular.



PUERTO Y RÍA DE PASAJES EN EL SIGLO XVIII


Uno de los vecinos más ilustres que ha dado Pasajes, si no es el que más, fue Blas de Lezo y Olavarrieta. Pertenecía a una familia de tradición marinera, tanto en la paterna como en la materna, que se trasladó a Pasajes de San Pedro.

Este ambiente abierto y aventurero, con sus leyendas exageradas y las fantasías típicas de la gente de mar, influyó con determinación en las aficiones del joven Blas. Como la mayor parte de sus vecinos, se convertiría en marino.

Esta devoción por la mar estaría aún más marcada por el hecho de ser el tercer hijo varón de los Lezo-Olavarrieta. Poco futuro podría brindarle su tierra natal de no ser el primogénito. La institución del mayorazgo hizo que en la España del antiguo régimen las perspectivas de los hermanos menores fueran muy limitadas. El hijo mayor heredaba la casi totalidad de los bienes de la familia, quedando los demás a sus propios recursos.



ESTATUA DE BLAS DE LEZO EN CARTAGENA DE INDIAS