viernes, 11 de marzo de 2016

Adaptación al Régimen liberal


La marcha de la Iglesia navarra en los siglos XIX y XX está íntimamente ligada a las transformaciones del mundo contemporáneo, de acuerdo con el contexto español en que estas se han producido hasta la actualidad. En todas ellas, la Iglesia navarra ha sido una pieza esencial dentro del contexto nacional, tanto dentro de las pautas tradicionalistas, que han estado presentes hasta hace poco, como en las transformaciones derivadas del Concilio Vaticano II, que coincidieron en la sociedad navarra con procesos de transformación social y económica de amplio calado.

La Iglesia navarra se vio afectada, como la de toda Europa, por la sacudida de la revolución y el cambio del Antiguo Régimen a la sociedad liberal. Fue una cuestión que consumió la primera mitad del siglo XIX. Ya en 1793-1795 la posición fronteriza convirtió a Navarra en teatro de la Guerra contra la Convención y en tierra de asilo para el clero francés reacio a la Revolución. Luego siguieron otras tres guerras: de la Independencia, Realista y Primera Carlista.

El Nuevo Régimen liberal defendía la abolición de privilegios de la Iglesia, la reforma de sus estructuras y la desamortización de sus bienes, que implicaba también su apropiación por el Estado y su posterior venta, con el objetivo de dinamizar el mercado de la propiedad rústica y obtener, a la vez, ingresos para paliar la crisis de la Hacienda Pública.


FRESCOS DE LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE ARTÁIZ


Después de dos intentos que no llegaron a consolidarse (1809, 1820), la desamortización eclesiástica se puso en marcha en 1835, impulsada principalmente por el ministro Juna Álvarez Mendizábal, y al año siguiente comenzó a aplicarse a los grandes monasterios navarros. En 1841, una ley de Espartero la extendió a los bienes del clero secular. La Iglesia tenía en Navarra 1.295 fincas urbanas, que rendían 242.390 reales de vellón, y 81.117 robadas de tierra (equivalente a 7.375 hectáreas), que apenas superaban el 3% de la superficie cultivada. NO hay datos de la extensión de los pastos y tierras improductivas que le pertenecían. El clero secular, encabezado por las catedrales de Pamplona y Tudela y el cabildo de Roncesvalles, era más rico, pues contaba con 869 de las fincas urbanas y 50.840 robadas de tierra. El clero regular, en el que destacaban los bienes de la orden de San Juan de Jerusalén y de los monasterios de Irache e Iranzu, reunía 435 fincas urbanas y 30.272 robadas de tierra. La desamortización afectó sobre todo a los regulares; los monasterios y conventos de frailes fueron suprimidos en su totalidad, salvo excepciones como los agustinos de Monteagudo. Las monjas se vieron privadas de sus bienes a cambio de títulos de la Deuda Pública, cuyo rendimiento fue decretado durante todo el siglo hasta dejarlas sumidas en la miseria. El clero secular perdió parte de sus bienes y pasó a depender del Estado, que le compensó con el pago se sueldos. Estas medidas influyeron poderosamente en la inclinación carlista de buena parte del clero, compartida por el obispo Severo Andriani (1830-1861).

La reconciliación de la Iglesia con el régimen liberal se produjo con el Concordato de 1851, que aceptó las ventajas ya realizadas de bienes eclesiásticos y el derecho del rey a seguir nombrado los obispos, a cambio del sostenimiento del clero por el Estado y la admisión de algunas órdenes religiosas. En el plano de la organización diocesana, el artículo 5 estipulaba la adecuación de las diócesis españolas a las nuevas provincias y, en concreto, a agregación de la diócesis de Tudela a Pamplona, aunque desde 1855 los obispos de Tarazona se convirtieron en administradores apostólicos de Tudela, lo cual suponía la anulación en la práctica de la diócesis tudelana. Además, las diócesis de Pamplona y Tudela abandonaron la provincia eclesiástica de Burgos y volvieron a la de Zaragoza. Para la diócesis de Vitoria, que abarcaba las tres Provincias Vascongadas y le supuso la pérdida de 95 parroquias de Guipúzcoa y la alavesa de Oyón. No se modificaron los límites con Calahorra (1861).


FRESCOS DE LA IGLESIA DE SAN SATURNINO DE ARTAJONA