martes, 16 de febrero de 2016

Superación de las fronteras políticas por el dominio de los grandes monasterios


Las relaciones religiosas de carácter transfronterizo afectaban también a los grandes monasterios, que extendían sus dominios más allá de los límites del reino en el que estaban situados. La obtención de patrimonio marcaba la extensión de la influencia de un monasterio y señalaba la irradiación del culto a sus patronos, capaces de atraer voluntades y concitar donaciones, que eran reflejo de su influencia en las personas y los grupos sociales. Los ejemplos son múltiples.

El monasterio de Leire rebasó ampliamente el ámbito de Navarra. Obtuvo abundantes donaciones en las tierras de Aragón próximas a la frontera con Navarra, como la Canal de Berdún, la Valdonsella y Cinco Villas, pero también en puntos alejados del Somontano de Huesca y la Ribera del Ebro, hasta llegar a Zaragoza. Llegaba a la vertiente norte del Pirineo en tierras francesas, y al Cantábrico en San Sebastián.

Otra área de especial implantación fue la Rioja Alta y Álava, desde donde penetraba la Bureba. El monasterio de Irache desbordaba el territorio navarro, aunque no con especial intensidad, en las zonas próximas de Álava y La Rioja. El monasterio de La Oliva contó con importantes donaciones en las tierras fronterizas de Aragón.

Sin duda alguna la institución eclesiástica de Navarra que mayor proyección alcanzo fuera de las fronteras del reino fue la colegiata de Roncesvalles. Su estratégica situación en el Camino de Santiago y la labor asistencial que desplegó le concitaron adhesiones y donaciones en Francia, Italia e Inglaterra. Dentro de la Península Ibérica sus posesiones se extendían por Aragón, Valencia, La Rioja, Castilla, León, Galicia y Portugal.



MONASTERIO DE SAN SALVADOR DE LEIRE


Las instituciones eclesiásticas navarras se vieron involucradas en el proceso de reconquista y repoblación de Andalucía, como se desprende del repartimiento de Sevilla, donde recibieron importantes donaciones el obispo de Pamplona, la colegiata de Roncesvalles y el monasterio de Iranzu.

A su vez monasterios radicados fuera de Navarra obtuvieron iglesias parroquiales y bienes raíces dentro del reino, de tal forma que abundantes campesinos navarros entregaban sus diezmos a estas instituciones. El monasterio aragonés de San Juan de la Peña agrupo sus posesiones navarras en cinco prioratos, situados desde la cuenca de Lumbier hasta Estella. El monasterio de Montearagón poseyó 16 parroquias en Navarra centradas en los pies de monte de la Zona Media y en las Riberas del Arga y del Aragón. Las organizó en tres prioratos, con sede de Larraga, Ujué y Funes.

Los monasterios riojanos de Albelda y Najera obtuvieron bienes en la merindad de Estella, avanzado en algún caso hasta la Cuenca de Pamplona. El monasterio de San Millán se hizo presente en abundantes localidades de la Ribera de Estella, pero también en la de Tudela y alguna posesión alcanzo la Cuenca de Pamplona.

La vida, las devociones y las relaciones económicas derivadas de la administración de estos patrimonios fluían a uno y otro lado de las fronteras de Navarra. Contribuían a que la vida religiosa de una parte de los navarros se desenvolviera dentro de horizontes más amplios que los diseñados a proyectarse fuera de él, bien porque sentían la presencia de instituciones religiosas foráneas en su ámbito religioso más próximo, el de su propia parroquia.


MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE IRACHE