lunes, 8 de febrero de 2016

Reforma gregoriana


En el último tercio del siglo XI la Santa Sede se hizo presente en la vida ordinaria de la Iglesia en España, a la que consideraba un todo común, a pesar de estar repartida entre reinos diferentes. Los Papas pretendieron hacer fluidas sus relaciones con los reinos hispánicos y lograr que su autoridad se extendiera de forma ordinaria. Para ello desde 1064 enviaron legados que les representaban y tenían autoridad en toda la Península.

La influencia del Papado se dejó sentir en cuatro aspectos importantes de la vida religiosa:

1- La unificación de la litúrgica de los reinos hispánicos con el resto de la Iglesia occidental.

Se logró mediante el cambio de rito mozárabe por el rito romano, iniciado en Aragón en 1071 y continuando luego en Navarra (1076) y Castilla (1078).


2- Renovación de los cuadros dirigentes de la Iglesia peninsular.

Supuso el abandono del sistema de obispos-abades de las diócesis y monasterios más importantes de los reinos cristianos peninsulares.

En el Reino de Navarra-Aragón esta tarea la llevó a cabo el abad Frotardo de Thomieres, legado papal desde 1083, que comenzó designando a los franceses Pedro de Andouque en el obispado de Pamplona y Raimundo en la silla abacial de Leire, para más tarde nombrar al obispo de Jaca (1086) y al de Roda (1094). Durante el reinado de Alfonso I el Batallador siguieron produciéndose los nombramientos de franceses para todas las diócesis de su reino: Roda (1104), Pamplona (1115), las recién reconquistadas Zaragoza y Tarazona (1118-1119).

Los nombramientos estuvieron acompañados del reforzamiento de los cabildos catedralicios mediante la implantación de la regla de San Agustín.


ABADÍA DE CLUNY


3- La implantación de la regla benedictina en grandes monasterios.

Siguiendo el modelo de Cluny, afectó a todos los reinos cristianos peninsulares, aunque las soluciones empleadas variaron según los monasterios. Por ejemplo, los monasterios de Nájera y Carrión, en Castilla, fueron incorporados a Cluny.

En cambio, en Sahagún se implantó la observancia de Cluny y se nombró abades franceses (Roberto en 1079 y Bernardo en 1080), pero sin que la abadía leonesa fuera integrada dentro del patrimonio de Cluny. 

En Aragón y Navarra ocurrió algo similar: se nombraron nuevos abades en Leire (Raimundo, 1083) e Irache (Arnaldo, 1099), pero ambos monasterios no se vincularon a Cluny.


4- La donación de numerosas iglesias y bienes a monasterios franceses dentro de los reinos de Aragón y Pamplona.

En tierras navarras fueron beneficiosas de estas donaciones San Saturnino de Toulouse, Santa Fe de Conques, San Ponce de Thomieres, San Martin de Seez o el monasterio de la Selva Mayor de Burdeos.

Con independencia de las medidas concretas y las diferentes soluciones que se aplican en cada sitio y en cada momento, lo cierto es que la Iglesia navarra siguió las mismas pautas que la aragonesa, impulsadas por la política de sus comunes soberanos, y que no diferían sustancialmente de las que se aplicaron en Castilla. Las cuestiones planteadas eran comunes, como también era común el sustrato de todas las iglesias locales de la España cristiana y, consecuentemente, también las decisiones fueron similares.


PAPA GREGORIO VII