lunes, 29 de febrero de 2016

Adaptación de la geografía diocesana al Estatuto nacional

 
En 1512 Navarra fue conquistada y tres años después incorporada a la Corona de Castilla. Este hecho tuvo consecuencias en la vida religiosa y en la marcha de la diócesis como tal. Incidió en la propia geografía diocesana, en la incardinación de la Iglesia navarra en el seno de la española y en las relaciones con el poder político. A su vez, a lo largo del siglo XVI se pusieron en marcha los diversos intentos de Reforma de la Iglesia. Ambos fenómenos se entrelazaron en la trayectoria de la Iglesia Navarra.
 
La incorporación a Castilla coincidió con el desarrollo de la idea del Estado nacional y la Reforma protestante. Entre los objetivos del primero se encontraba el incremento de la cohesión interna de los súbditos y los territorios que lo componían, para los cual puso en marcha el viejo principio de la adaptación de la organización eclesiástica a las fronteras políticas. La Reforma protestante quebró la unidad religiosa de Europa Occidental y obligó a reformas institucionales destinadas a frenar el avance de las nuevas iglesias y sectas. Ambos fenómenos incidían en los territorios guipuzcoanos (arciprestazgo de Fuenterrabía) y navarros (arziprestazgos de Baztán, Cinco Villas y Santesteban) de la diócesis de Bayona. La dependencia de un obispo francés y el miedo a la expansión del calvinismo hicieron que los monarcas españoles presionaran ante la Santa Sede para incorporarse a la diócesis de Pamplona, cosa que Felipe II llevó a cabo en 1567.

Poco después se reajustaron las provincias eclesiásticas de acuerdo con las nuevas coordenadas políticas. En 1574 Felipe II consiguió que Burgos se convirtiera en sede metropolitana, a la que fueron adscritas las diócesis de Calahorra y Pamplona. Era un ejemplo más de la adaptación de la geografía eclesiástica a la civil. La nueva provincia eclesiástica castellana incorporaba territorios castellanos (como La Rioja o Vascongadas) y el territorio navarro, ensamblado a la corona castellana por vía de pacto.


CATEDRAL DE SANTA MARÍA DE TUDELA


Siguiendo el mismo criterio, Felipe II intentó que los territorios navarros dependientes de Tarazona salieran del ámbito aragonés. Para esto pensó en eregir una diócesis en Tudela (1597), pero la muerte del rey hizo fracasar el proyecto, que quedó paralizado durante dos siglos. El auge económico y demográfico de la ciudad a finales del siglo XVIII, su desarrollo cultural y el incremento de las tensiones entre sus deanes y obispos de Tarazona aconsejaron la creación de la diócesis de Tudela. El rey Carlos III promulgó el oportuno decreto (1782), sancionado luego por una bula del papa Pío VI en 1783. Con todo, la nueva diócesis nació lastrada por su pequeñez, que pronto hizo inviable su subsistencia en total independencia.

Este logro se vio compensado por una mutilación de la diócesis de Pamplona, que sirvió para adecuar las fronteras eclesiásticas y civiles de Navarra y Aragón. Para ampliar la diócesis de Jaca e incrementar sus exiguas rentas, el arciprestazgo de la Valdonsella fue segregado de Pamplona e incorporado a Jaca (1785).