lunes, 1 de febrero de 2016

Transmisión romana del Cristianismo


La transmisión de la fe y la cristianización del territorio de los vascones y, en concreto, de Pamplona provinieron del valle del Ebro y tienen que enmarcarse en un contexto hispánico, que define desde sus propios orígenes una sólida conexión entre la Iglesia local de Navarra y el conjunto de la Iglesia española. 

La difusión del Cristianismo entre los vascones respondió a dos presupuestos:

1- la correspondencia entre romanización y cristianización.

La nueva fe se propagó más fácilmente allí donde la civilización romana había arraigado más profundamente, es decir, en lo que Tito Livio llamó ya en el siglo I a.C. ager vasconum, la parte meridional del territorio vascón, que era la más cultivada.

2- la diferencia entre el medio rural y urbano.

El Cristianismo se propagó rápidamente por las ciudades, pero su difusión en zonas rurales fue bastante lenta, de tal forma que coexistieron con otros cultos durante bastante tiempo.


VILLA ROMANA DE LAS MUSAS EN ARELLANO (CERCA DE ESTELLA)


Según los estudios de J. Goñi, J. Caro Baroja, J.J. Sayas o R. Jimeno, el Cristianismo se extendió desde la costa mediterránea a los largo del rio Ebro, a través de la vía romana que lo remontaba desde Tarraco a Briviesca y Astorga. Por eso, las primeras noticias de la presencia cristiana provienen de zonas meridionales y orientales de Navarra, e induce a creer que vino del centro del valle del Ebro.

Durante el siglo IV, Calahorra, considerada ciudad celtíbera por Tito Livio, y vascona por Estrabón y Ptolomeo, se convierte en la primera sede episcopal de la zona.

Pero, dentro del actual territorio de Navarra, el primer indicio de cristianismo es la pilastra de Gallipienzo, fechada a finales del siglo IV, y la primera comunidad cristiana corresponde a Cascante, en el año 465. Cascate se correspondía a la diócesis de Calahorra, que abarcaba la cuenca medio-alta del Ebro.

Pamplona era la ciudad más importante al norte del eje del Ebro, cruce de dos importantes vías romanas, se convirtió en foco de cristianización desde finales del siglo III, a la vez que otras ciudades hispanas situadas en grandes calzadas.

Una generación más tarde, en el siglo IV, el cristianismo llega al pie del Pirineo, ya que tal proceso es gradual, en especial en áreas rurales. El proceso de cristianización coexiste con los cultos paganos.

El poeta Prudencio (348-410) habla del paganismo pasado de los vascones. Las predicaciones en los siglos VI y VII de San Prudencio, San Millán y San Amado denotan la presencia del paganismo. Lo mismo indican algunos ensañamientos contra obispos o poblaciones cristianas en el siglo V y VII, protagonizados por gentes salidas del territorio vascón, como los registrados en Tarazona (449) o Zaragoza (653).


VILLA ROMANA DE LAS MUSAS EN ARELLANO (CERCA DE ESTELLA)