domingo, 29 de noviembre de 2015

Batalla de Simancas

Una coalición de fuerzas leonesas, castellanas y navarras se enfrentó al poderoso califa Abderramán III en verano del año 939 en la ciudad fortificada de Simancas, en la confluencia de los ríos Duero y Pisuerga.

Todo comenzó con la iniciativa del califa cordobés de emprender una expedición de ataque y saqueo a los reinos cristianos hispánicos que definió como Campaña de la Omnipotencia. Para emprender esta guerra santa consiguió reclutar un gran ejército formado por 100.000 soldados, formado por mercenarios andalusíes, militares profesionales, tribus bereberes, soldados de las provincias militarizadas, contingentes de las marcas fronterizas y un buen número de voluntarios. Estaban apoyados por una interminable columna de bestias de carga que transportaban víveres, pertrechos y armamento.

Emprendieron la marca desde Córdoba en junio del 939. El primer objetivo de la campaña era la estratégica ciudad de Zamora, ya que su toma supondría romper en dos la línea defensiva del Reino de León. Sin embargo, para llegar a Zamora, el pesado contingente debía superar primero Simancas, una ciudad a situada en la provincia de Valladolid.

En la ciudad fortificada de Simancas le esperaba el rey leonés Ramiro II, el rey navarro García I Sánchez y los condes castellanos Fernán González y Ansur Fernández, a cargo de sus respectivos ejércitos y que en total sumaban 20.000 efectivos.

El día 1 de agosto tuvo lugar la batalla de Simancas entre ambos contendientes en la margen derecha del Pisuerga, al noreste de la ciudad. Fue muy violenta y se prolongó durante seis días.


CASTILLO DE SIMANCAS


El empuje de los cordobeses fue colosal, pero la coalición cristiana aguantó con coraje hasta equilibrar las fuerzas. Durante cinco días se sucedieron las refriegas. Las bajas fueron tremendas, pero los cristianos mantenían su moral intacta al ver que los musulmanes no lograban penetrar sus filas ni poner en peligro la ciudad. Por contra, los generales árabes soportaban mal a los mercenarios eslavos y peor aún a los berberiscos. Al sexto día, Abderramán decidió levantar el campamento y emprender la retirada.

Pero Ramiro II no se conformó con resistir en la plaza y se lanzó en persecución del califa a quien alcanzó en un barraco de la provincia de Soria entre el río Riaza y Atienza: la emboscada Alhandega.

Como simbólico botín el monarca obtuvo el Corán y la cota de malla del califa, bordada en oro. Abderramán III encajó mal la derrota y al llegar a Córdoba mandó ahorcar a 300 de sus oficiales acusándoles de cobardía.

Como consecuencia de la batalla, la línea de repoblación del reino de León avanzó hasta el río Tormes, se iniciándose la repoblación del sur del Duero. La ciudad de Simancas no se convertiría en plaza fuerte de la cristiandad hasta su definitiva conquista en 1085, pero permanecerá siempre en el imaginario de la Reconquista por la gran derrota que sufrió Abderramán.


GARCÍA I Y RAMIRO II

viernes, 27 de noviembre de 2015

Hermandad marítima de las Marismas


La Hermandad de las Marismas fue una federación de los principales puertos del Cantábrico que formaron un poder naval de primer orden al servicio de Castilla, manteniendo autonomía en sus relaciones comerciales internacionales, y en algunos casos, llegando a enfrentamientos bélicos con franceses e ingleses. Surgió ante la creciente importancia e influencia de los puertos del Cantábrico que monopolizaron el comercio exterior de Castilla y proveyeron de barcos y marinos que dieron a este Reino la hegemonía en el Atlántico.

La primera asociación organizada entre puertos del Cantábrico fue la Hermandad de las Cuatro Villas, formada por Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera.

A esta agrupación de villas de la costa cántabra se unen en 1296 las villas costeras vascas más Vitoria para defender sus intereses comunes, dando origen a la Hermandad de las Villas de la Marina de Castilla o Hermandad de las Marismas. La forman Santander, Laredo, Castro Urdiales, San Vicente de la Barquera, Bermeo, Guetaria, San Sebastián, Fuenterrabía y Vitoria.

La sede central se estableció en Castro Urdiales, donde tres delegados firmaban los documentos de la asociación con un sello que representaba un castillo sobre las olas y la leyenda "Seello de la Hermandat de las villas de la marina de Castiella con Vitoria".



La finalidad de la Hermandad era defender sus intereses comerciales y derechos municipales frente al poder del rey, que habían ganado por su participación en las campañas de la Reconquista de Andalucía. Fue utilizado, además, como un medio para evitar conflictos entre los puertos cántabros en sus relaciones comerciales con Francia, Inglaterra y Flandes. Viene a ser una organización similar a la famosa Liga Hanseática.

El poder y la autonomía de esta hermandad era tal que legislaron sus litigios particulares entre sí y pactaron acuerdos comerciales o de paz y guerra con otros puertos de otros reinos, incluso se permitían establecer pactos con los reyes de Inglaterra. Si bien los puertos estaban sujetos a la autoridad real, en el mar, los barcos de la Hermandad gozaban de una amplia libertad e independencia. Pero a pesar de esta libertad y autonomía, los convenios firmados por la Hermandad con poderes extranjeros los gestionaron como una entidad autónoma dentro de la Corona de Castilla, nunca como un Estado independiente.

Los marinos guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos, integrados junto a sus vecinos cántabros en la Hermandad de las Marismas, mantuvieron relaciones comerciales con Flandes y tuvieron constantes enfrentamientos con los comerciantes de Bayona, llegando muchas veces a saqueos y enfrentamientos armados.

Para conseguir sus objetivos, la Hermandad intervenía y se defendía en el mantenimiento de los privilegios de cada una de las villas, el respeto de los acuerdos internacionales de Castilla, la búsqueda de soluciones en lugar neutral a los conflictos que se presenten entre las villas de la Hermandad, y la defensa mediante represalias contra quien ataque a sus miembros y a pagar entre todas los daños injustos que se puedan causar por defender los derechos pactados.

Esta autonomía y libertad de los puertos cantábricos no sólo fue realizada respecto a Castilla, sino también respecto a las Juntas Provinciales de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava.


BATALLA NAVAL DE LA ROCHELLE (1372) DE LA GUERRA DE LOS 100 AÑOS


Entre sus acciones más notables se encuentran los continuos enfrentamientos entre los navíos de la Hermandad y los ingleses de Bayona:

-En 1296, los tutores de Fernando IV quisieron imponer a estas villas un tributo del cual estaban exentas, lo que originó una reunión en Castro de las referidas villas, constituyendo la Hermandad de la marina de Castilla con Vitoria.

-En 1311, los comisarios de Castro Urdiales, Laredo y Santander firmaron en Fuenterrabía un acuerdo de paz con los de Bayona y Biarritz, sólo entre dichos puertos.

-El mismo acuerdo se aprobó en 1328 entre estas dos ciudades francesas y San Sebastián.

-Entre 1338 y 1339, la Hermandad facilita barcos a Felipe V de Francia en su lucha contra los ingleses durante la Guerra de los Cien Años.

-Finalmente, en 1351, la Hermandad firma un acuerdo de paz con Eduardo III de Inglaterra en el puerto de Swyne.

-Por un pacto directo entre la Hermandad y el rey Eduardo IV de Inglaterra formalizado en 1473, navíos de la Hermandad combaten en aguas de Inglaterra en la Guerra de las Dos Rosas.

-En 1481 ofrece al contador Alonso de Quintanilla naves para la empresa contra el turco.

-En 1536, las villas de Guipúzcoa, Vizcaya, Encartaciones y Cuatro Villas, acuerdan su último pacto, un tratado de libre comercio con Bayona, San Juan de Luz, Capbretón y Biarritz durante el transcurso de las guerras hispano-francesas.



A partir del siglo XV, tras la muerte de Pedro el Cruel, la Hermandad del Cantábrico empieza a fragmentarse y a agrupar sus puertos según sus divisiones provinciales. En 1349 las villas marineras de Guipúzcoa se agrupan con el objetivo de hacer unidad y hermandad al servicio de Castilla y del suyo propio. La oposición de la aristocracia guipuzcoana, celosa de su poder y privilegio comercial, consiguieron su temprana disolución.

La tendencia a la centralización de las funciones que terminó en la unión de reinos y el nacimiento del Estado moderno, la actividad de la Hermandad fue disminuyendo. La creación del Consulado de Burgos en 1494, durante el reinado de los Reyes Católicos, lograron derogar el poder de la Junta de Castro Urdiales, sede de la Hermandad, y su desaparición definitiva, aunque posteriormente estos puertos alcanzasen algún acuerdo comercial puntual.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Pedro de Peralta y Ezpeleta

Noble, político y militar, líder de los agramonteses y Condestable de Navarra durante la Guerra Civil de Navarra


PEDRO DE PERALTA Y EZPELETA

Nacido en 1421, Pedro de Peralta y Ezpeleta fue un noble navarro hijo de Pedro Martínez de Peralta y Ruiz de Azagra (también conocido como Mosén Pierres de Peralta "el viejo") y de Juana de Ezpeleta y Garro, hija del barón de Ezpeleta de la familia de los señores de Ezpeleta y Gallipienzo y hermana de mosén Beltrán de Ezpeleta, primer vizconde de Val de Erro. Fue llamado también como Mosén Pierres de Peralta "el joven". Primer conde de Santisteban de Lerín, barón de Marcilla, señor de Peralta, Funes, Cárcar, Andosilla, Marcilla, Falces, Undiano, Azagra y Caparroso.

Se casó dos veces; en primeras nupcias en 1440 con Ana de Brabante; y después con Isabel de Foix y de Albret, de la familia real Navarra. Mantuvo estrechas e importantes relaciones con los Reyes Católicos y con la Casa de Aragón, recibiendo poderes de parte de ellos a través de su amigo y consuegro Alfonso Carrillo de Acuña (arzobispo de Toledo) para acordar el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

Fernando el católico le concedió en 1513 al nieto de éste Alonso Carrillo de Peralta, el marquesado de Falces consolidando su poderío sobre toda la comarca. La familia residió por cinco siglos en el castillo-palacio de Marcilla, desde la construcción de éste por su padre Pierres Viejo.

Hasta 1936 se mantuvo en poder de los marqueses de Falces en el Castillo de Marcilla, la espada Tizona del Cid, la cual fue entregada por los Reyes Católicos a Pedro de Peralta y Ezpeleta en agradecimiento a sus servicios prestados a causa de su matrimonio.


ESCUDO HERÁLDICO

lunes, 23 de noviembre de 2015

Pedro de Zubiaur

 
Pedro de Zubiaur (Cenarruza-Puebla de Bolívar, Vizcaya, 1540 – Dover, Inglaterra 1605). Militar español y marino vasco del siglo XVI. Inició su actividad como marinero en 1568. Luchó en la Guerra anglo-española (1585-1604) bajo las órdenes del rey Felipe II, donde consiguió sonadas victorias contra los ingleses.
 
 
 

sábado, 21 de noviembre de 2015

Pueblos prehistóricos en las actuales Navarra y Euskadi


La aportación recibida por historiadores y geógrafos griegos y latinos sobre las tribus prehistóricas del norte peninsular ha sido de vital importancia para conocer su ubicación geográfica y sus estilos de vida. El legado aportado durante la romanización por Según Tito Livio, Estrabón, Pomponio Mela y Plinio en el siglo I d.C., y por Ptolomeo en el siglo II d.C. ha servido de gran utilidad para conocer la extensión geográfica de las tribus del norte peninsular.

A la llega de los romanos, el norte peninsular estaba formado por una compleja amalgama de pueblos de orígenes muy diversos, que se distribuían por el territorio de manera un tanto diferente según fue transcurriendo la conquista y se fueron sucediendo varias reformas en la administración territorial. Desde el oeste hacia el este, los pueblos prehistóricos que ocuparon los territorios de Navarra y Vasconia fueron los siguientes:


PUEBLOS PREHISTÓRICOS DEL NORTE PENINSULAR

 
BERONES

Ocupaban la Rioja alavesa, la Rioja alta logroñesa, y algunas zonas ribereñas del Ebro en Navarra y Álava. Su capital era Varia, de discutida localización entre La Custodia (Viana) y el monte de Cantabria, cerca de la ciudad romana de Vareia (Logroño). Es posible que ciudades como Gracurris y Calagurris, tras ser vencidas por los romanos, fuesen entregadas a los vascones por su colaboración, y que esto mismo se hiciese con el resto de su territorio. Su epigrafía y toponimia eran celtas y vascas, y su teonimia mayoritariamente celta.

El carácter céltico de los berones está fuera de toda duda, pues al reconocimiento implícito que de esta identidad hacía Estrabón hay que sumar los restos lingüísticos que han dejado en monedas y téseras de hospitalidad (pequeñas láminas metálicas simbólicas), así como los antropónimos y topónimos que se conservan. Los restos arqueológicos de su ajuar material (armas, utensilios, recipientes), las ruinas de poblaciones y fortificaciones y los ritos funerarios también indican esta procedencia.

A continuación, siguiendo el litoral cantábrico de oeste a este, se encontraban tres tribus diferenciadas e independientes, de origen indoeuropea, cuya epigrafía, y toponimia era celta, aunque parte de su teonimia estaba vasconizada.



BERONES


AUTRIGONES

También llamados Allotrigones, se extendían por el norte el territorio comprendido entre el norte de Burgos, los ríos Saurio (Asón) y Nesua (Nervión) y el litoral Cantábrico. Se extendía, por tanto, por la Vizcaya occidental, la Cantabria oriental, el Burgos de la Bureba, el tercio occidental alavés, y quizá una parte occidental de La Rioja actual. Virovesca (Briviesca) es conocida por los autores romanos como la capital de este pueblo. De su romanización surgiría el actual pueblo castellano y su lengua latina.



CARISTIOS

También llamados Carietes, asentados en el norte desde el Nesua (Nervión) hasta el río Deva (Deva), ocupaban la Vizcaya oriental, la Guipúzcoa occidental, y la zona central de Álava hasta la sierra de Cantabria por el sur. Sus ciudades principales era Tullica (Tuyo) y, emplazadas sobre la calzada romana que iba de Astorga a Burdeos: Suessatio (probablemente la actual Zuazo) y Veleia (Iruña de Oca).

La irrupción con mayor fuerza del cristianismo en la antigua Caristia introdujo gran número de palabras latinas, lo que hace que el euskara de los descendientes de los caristios, los actuales hablantes de vizcaíno o dialecto occidental, posea, en comparación con otros dialectos, el mayor porcentaje de términos de origen latino.

AUTRIGONIA
 

VÁRDULOS

Estaban concentrados por el norte desde el río Deba  hasta el Bidasoa, es decir, la Guipúzcoa oriental hasta el occidente de Navarra, y al sur hasta parte de Álava, limitando por el este con los vascones. Los centros urbanos más importantes eran Tullonium (Alegría) y Segontia Paramica (Ocáriz). Ambos pueblos se encontraban originalmente constreñidos en la parte más meridional de estos territorios, pero tras las Guerras Cántabras se extendieron por las laderas montañosas que llegan hasta el Cantábrico. En tiempos del emperador Claudio, y tras la reorganización administrativa que realizó, los várdulos hubieron de ceder una salida al mar a los vascones por la zona de Oiasso (Irún).

De ellos descienden los actuales hablantes de guipuzcoano o dialecto central del euskara. Posiblemente el término de origen celta várdulo proceda de la raíz Bar-, que significaba "limite", "extremo" o "marca fronteriza", por lo que Vardulia significaría "tierra fronteriza". Esta traducción viene avalada también por la del actual topónimo Gipuzkoa/Guipúzcoa, que proviene de la raíz vasca Ipu-, cuyo significado es "borde" o "límite", al que se le añade el sufijo -oa que significa "comarca" o "tierra". La unión de estas dos terminaciones genera el topónimo de Ipuzkoa, siendo la /g/ inicial un fonema incorporado para mejorar su pronunciación. Los topónimo de Vardulia y de Ipuscoa, como tierra fronteriza, son escritos por primera vez en las Crónicas de Alfonso III de Asturias en 1025. Alfonso III refiere a Vardulia como la Castilla nuclear y originaria de dicho condado en el siglo VIII.


Los autrigones, los caristios y los várdulos, no eran pueblos de lengua euskérica, sino de origen indoeuroepeo como los anteriores cántabros, astures y galaicos. Es decir, eran tribus celtas, y por eso se asemejaban más cultural, social y lingüísticamente a los cántabros del oeste que a los vascones del este. Esta conclusión está comprobada por la toponimia, la onomástica, la arqueología y la lingüística de historiadores y antropólogos como Caro Baroja, Sánchez Albornoz, Bosh Gimpera, Menéndez Pida o Gómez Moreno. El ejemplo más verificable está en la hidronimia, esto es los nombres de los ríos, a los que se considera como los topónimos más constantes en el tiempo. Los estudios realizados indican un fuerte componente indoeuropeo que perdura hasta la actualidad: Deva, Nervión, Cadagua, etc. Por otra parte, la antroponimia demuestra que los nombres personales de los habitantes de la zona son igualmente de filiación indoeuropea. Sus creencias también revelan la creciente influencia céltica, así como los ajuares encontrados en las necrópolis caristias de Berreaga y Carasta.


 
VARDULIA

 
VASCONES

El territorio original de los vascones se correspondía con casi la totalidad de la actual Navarra y el noroeste aragonés. Su límite occidental era el territorio várdulo y la desembocadura del Bidasoa. Al suroeste limitaban con los berones y al sur con los celtíberos del valle del Ebro. Hacia el este se extendían por una franja occidental de los actuales territorios de Huesca y Zaragoza, hasta el valle superior del río Aragón, y la comarca comprendida entre Sos del Rey Católico y Alagón, pasando por Ejea de los Caballeros hasta las proximidades de Zaragoza, donde tenían como vecinos a los ilérgetes, edetanos, etc. Al norte, se extiende al otro lado de los Pirineos, en la Aquitania, en territorio de los aquitanos, lo que los romanos llamaron Saltus Vasconum, mientras que por el sur con el valle del Ebro riojano.

La relación vasco-romana se definió por una estrecha amistad y franca colaboración. Tras la conclusión de la Guerra Sertoriana, se les otorgó la ciudad de Calagurris (Calahorra), despoblada tras la heroica resistencia de sus habitantes, que fueron sustituidos por los vascones, más proclives a los intereses de Roma. También las ciudades de Cascantum (Cascante) e Iacca (Jaca), así como las zonas de Jacetania y de Sos-Sangüesa. Más tarde, se les ofreció una salida al mar por la zona de Oiasso (Irún) a lado oeste del río Bidasoa.

Ptolomeo, ya entrado el siglo II d.C., elaboró una lista de quince ciudades vasconas, entre las que destacan Pompaelo (Pamplona), Iacca (Jaca), Graccurris (Alfaro), Calagurris (Calahorra), Cascantum (Cascante) y Oiasso (Irún). Calagurris llegó a tener el título de municipium civium Romanorum, convirtiéndose en la ciudad vascona más importante, título que le fue concedido por Octavio como premio a los soldados calagurritanos que formaban su guardia personal tras su victoria sobre Marco Antonio y Cleopatra en Actium.

Esta relación de ciudades supone una ampliación del territorio originario vascón por zonas que con anterioridad estaban asignadas a otras tribus y cuya toponimia es claramente céltica e íbera.

Es posible, o al menos así lo consideran algunos historiadores, que el conocimiento del poder militar de Roma hiciese que, cuando los romanos llegaron a territorio vascón, estos últimos decidiesen colaborar con ellos en lugar de enfrentarse a sus ejércitos. Como consecuencia de ello y a modo de recompensa por dicha colaboración, probablemente los romanos entregaron a los vascones varias de las ciudades que conquistaron por la fuerza a otros pueblos. Según Tito Livio, en el 194 a.C., el cónsul Marco Porcio Catón tomó Jaca mediante una treta. Posteriormente en el año 188 a.C., el pretor Escipión Nasica venció a los celtíberos cerca de Calahorra. Y, ya en el 178 a.C., es cuando se considera que se inicia la romanización vasca con la fundación de Gracurris (Alfaro) por parte de Sempronio Graco sobre los restos de Ilurcis.

Por lo tanto, los territorios de expansión de los vascones más allá de su original serían las actuales ciudades de Jaca, Alfaro hasta el río Leza al lado de Agoncillo, las Cinco Villas, una zona del Alto Aragón, un y la ribera del río Ebro por Aragón hasta Alagón.


VASCONIA


Parece que Ptolomeo utilizó el término vascón en un contexto puramente administrativo y no étnico. Estas ciudades integrarían alguna circunscripción de uno de los pueblos integrados en ella. El territorio asignado a los vascones era por entonces una zona de confluencia donde una población de variados orígenes (indoeuropeo, pirenaico, céltico e íbero) convivía y se relacionaba. Presentaba un panorama étnico y cultural mucho más complejo que el de los otros pueblos. Los elementos materiales eran objetos de comercio y las influencias culturales pasaban de unos a otros, de manera que las investigaciones modernas no han conseguido adscribir una comunidad a una u otra etnia.

Los historiadores latinos dejaron de referirse a los vascones como una etnia más del norte peninsular, para englobarlo bajo el etnónimo “vascón” a poblaciones muy diversas. Es decir, los vascones eran referidos de una manera conjunta al variado mosaico étnico y cultural con el que se encontraron en Navarra. Esto fue el resultado de la percepción que experimentaron antes elementos extraños unos invasores como fueron los romanos.

La toponimia, la epigrafía y la teonimia del territorio vascón eran euskéricas, celtas e íberas.
Sobre su lengua hay muchas teorías y aun hoy no se tiene una certeza absoluta sobre su origen, pero la más popular y la que más defienden los expertos es que es una lengua ibérica más de las existentes hasta la llegada de los indoeuropeos (celtas), con la particularidad de que se ha mantenido hasta hoy, evidentemente con muchas aportaciones a lo largo de tantos siglos.

Su sustrato racial tampoco era diferente al del resto de tribus de la península, y los restos fósiles hallados en tierras vascas no tienen ninguna particularidad respecto a los hallados en otras zonas de la península Ibérica. Con la ayuda de los romanos, se quitarían de encima la presión indoeuropea y se extenderían hasta Guipúzcoa, Vizcaya y la Aquitania, desplazando a Várdulos, Caristios y Autrigones hacia el oeste. A pesar de que muchos pseudo-historiadores nacionalistas nieguen o minimicen la romanización de Euskalherria, lo cierto es que ésta existió, sobretodo en la zona de Álava y en menor medida en las zonas montañosas del norte. Ya en época visigótica, los vascones mantuvieron conflictos bélicos con los visigodos, los francos al otro lado de los Pirineos y los suevos, que ocupaban la zona de Galicia. Nuevamente la geografía de la zona jugó su papel, y gozaron de más libertad en las bruscas montañas que en los llanos de Álava y Navarra; estos enfrentamientos se mantuvieron a lo largo de toda la época visigótica.

Muchas civilizaciones antiguas sufrieron estos vendavales humanos venidos de la mar, viendo cómo sus flotas y puertos costeros eran arrasados, sus habitantes supervivientes vendidos como esclavos, convertidos en galeotes o devueltos a su lugar después de pagar un rescate. En tierras vascas, las distintas invasiones hacían que los autóctonos huyeran hacia el interior y no fue hasta la venida de los romanos, cuando el vascón se asentó definitivamente en la costa.

Festo Avieno, conocido por su obra Periplo Marsiliota, calificaba a los vascones como “hombres inquietos”, y Silio Itálico elogió su valor escribiendo que “despreciaban el caso y la loriga en las luchas y eran célebres por su ligereza”. Son los mismos guerreros a los que se refirió Tácito cuando expresó que las cohortes de vascones aseguraron la victoria de Galba sobre los britanos y sobre los germanos. Una crítica en cuanto a su procedimiento: “atacan por la espalda al enemigo desprevenido”, una consideración personal que bien pudiera ser una astucia bélica efectuada durante toda la historia de la humanidad.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Sancho II Garcés Abarca, primer rey de Navarra

Primer rey que se tituló de Navarra, mantuvo alianzas políticas y militares con los reyes cristianos hispánicos para luchar contra Al-Hakam II y Almanzor.

 
SANCHO II GARCÉS ABARCA

Sancho II Garcés Abarca era hijo del rey pamplonés García I Sánchez y de Andregoto Galíndez, hija del conde de Aragón Galindo II Aznárez.


Fue rey de Pamplona entre los años 938 y 994. Aun siendo menor de edad, se le encomendó la tenencia del Condado de Aragón que gobernó junto a su tutor Fortún Jiménez. Al alcanzar la mayoría de edad, gobernó el condado como regulus “aunque siempre bajo la autoridad de su padre el rey de Pamplona”. Cuando se coronó rey de Pamplona, tuvo que encomendar la gobernación de Aragón a su madre Urraca, primero, y a su hermano Gonzalo Sánchez, después. El rey necesitaba controlar todo el reino delegando el gobierno a alguien de su máxima confianza, como eran los miembros de la familia real, y estos gobernantes a su vez debían concentrar todos sus esfuerzos en el área concreta asignada.

Con motivo de la donación de la villa de Alastue hecha por el rey de Pamplona al monasterio de San Juan de la Peña en 987, se tituló rey de Navarra, siendo el primero que usó este nombre: “reinando Yo, D. Sancho, rey de Navarra, en Aragón, en Nájera y hasta Montes de Oca...”. En esta época los Reinos de León, Pamplona y el Condado de Castilla estaban unidos por lazos familiares; la Monarquía pamplonesa sostenía a Ramiro III de León, menor de edad.

Además mantenía una superioridad sobre su hermano Ramiro Garcés Abarca, controlando, a través de este, el Reino de Viguera y las conquistas dinásticas en La Rioja. Los diplomas de la época explicaban la relación jerárquica que relacionaba a ambos: “regnante… príncipe nostro Sancio in Pampilona, et sub illus imperio frater eius Ranimiro in Vekaria et in Leza”.

En septiembre de 971, envió embajador al Califato de Córdoba para entrevistarse con el califa omeya Al-Hakam II. Junto al representante pamplonés coincidieron embajadores de León, Burgos y Monzón, tratando de renegociar las fuertes exigencias califales.

La embajada pamplonesa estaba encabezada por Velasco, gobernador de Nájera, que no llegó a ningún acuerdo. Un mes después, Jimeno, el hermano del rey, consiguió un nuevo acuerdo, pero quedándose allí como cautivo para garantizar el cumplimiento de lo pactado por parte de sus parientes.

En 975, Sancho Abarca apoyó al Ejército de Castilla en su intento de tomar el castillo de Gormaz, pero fueron derrotados en los campos de batalla por el general cordobés Ghalig. Y nuevamente la expedición de Sancho Abarca fue derrotada en Estercuel (Teruel) por el ejército del valí de Zaragoza, Abd al-Rahman al-Tuyibí, cuando este se dirigía a Gormaz para apoyar al ejército cordobés.

A pesar del correctivo sufrido por los sarracenos, el rey Sancho II y el conde castellano García Fernández continuaron su alianza. Cuatro años más tarde, en el 979, ambos magnates marcharon en una expedición conjunta por tierras de Soria y Guadalajara. Las buenas relaciones eran fluidas entre ambas familias tanto en lo político como en lo militar.
 


SANCHO II GARCÉS ABARCA


Cuando murió Al-Hakam II en el año 976, le sucedió su hijo Hixam II, tutelado por Almanzor, un hayib, especie de primer ministro con ansias de poder que no dudó en conspirar contra el mismo califa. Era tan peligrosa su posible llegada a poder califal que Sancho Abarca continuó estableciendo colaboraciones políticas y militares con los reinos cristianos peninsulares.

Almanzor consiguió derrotar en Torrevicente (Soria) al califa Hisham II, a su gran general Ghalib, e incluso a Ramiro de Viguera, que dirigía las fuerzas cristianas. Una semana después, Almanzor volvía a derrotar a los cristianos en Rueda (Valladolid), esta vez de forma rotunda, reafirmando su poder en Córdoba. Las tropas de Almanzor vencieron en 981 a los cristianos en Torrevicente, al sur de Soria, después en Rueda, a 12 km de Tordesillas, y por último en Tarancueña, cerca de Osma.

También en 983 los ejércitos del conde castellano García Fernández, del rey leonés Ramiro III, y del navarro Sancho Garcés se enfrentaron con las tropas de Almanzor en la batalla de Simancas, donde fueron derrotados y murieron luchando muchos cristianos.


La muerte alcanzó a Ramiro III de León, poniendo en riesgo la capacidad defensiva de su aliado el Reino de Navarra. Almanzor aprovechó la situación para organizar otra expedición saqueadora por tierras del río Ebro. Tras destruir y someter todo lo que encontraba a su paso, hizo firmar al rey pamplonés un tratado bastante humillante que consistía en la entrega de su hija Urraca para su harén. Más tarde, nacería Abd al-Rahman Sanchuelo, hijo de Urraca y Almanzor.  

A pesar de esta relación familiar entre ambos estados, Almanzor continuó saqueando las tierras del norte peninsular verano tras verano. Cualquier duda en la conducta de sumisión al califato se traducía en una expedición punitiva inmediata. Del total de 52 aceifas que se organizaron bajo el califato de Almanzor, 9 se desarrollaron en tierras navarras. En una de ellas murió uno de los hijos del rey, 
Ramiro Sánchez. La aceifa más terrible fue la del año 992: Almanzor tomó la fortaleza de Uncastillo, cruzó toda Navarra asolando las tierras y atravesó los Pirineos llegando a Gascuña. 

Esta arrolladora demostración de poder militar hizo que Sancho Abarca mostrara vasallaje a Almanzor en persona. Así encabezó una misión diplomática a Córdoba, llegando a la ciudad el 4 de septiembre de 992. Después de entregar cuantiosos regalos para el victorioso Almanzor pudo pactar con él. Estando en la corte del califa, se encontró con su hija Urraca, también llamada Abda, a quien había entregado como esposa a Almanzor en 982 y que le había dado un hijo, Abd al-Rahman Sanchuelo, heredero al Califato de Córdoba. Antes de emprender el viaje a Pamplona, entregó a su hijo Gonzalo Sánchez como rehén para dar seguridades a Córdoba de una actitud de sumisión, regresando en 993.


En esos tiempos León sufría un guerra civil y Castilla se recomponía como podía de las sucesivas acometidas cordobesas, por lo que Sancho II busco protección en Gascuña. Allí, el conde Guillermo Sancho estaba casado con Urraca, la que fuese anteriormente esposa de Fernán González de Castilla. 

Fundó el Monasterio de San Andrés de Cirueña en 972 y el 24 de noviembre de 978 se encontró en la fundación del Infantazgo de Covarrubias, creado por los condes de Castilla García Fernández y su esposa Ava para su hija, Urraca, sobrina de la esposa del rey Sancho, Urraca Fernández con quien había casado, posiblemente, en 962, hija de Fernán González y de Sancha de Pamplona. Antes de 950 Urraca había estado casada con Ordoño III de León y en 956 casó con el futuro Ordoño IV el Malo, de quien se separó.


TUMBA DE SANCHO II GARCÉS ABARCA
EN EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE NÁJERA



Falleció en 994, unos meses antes que el conde castellano García Fernández, y fue enterrado en la iglesia del monasterio de Santa María la Real de Nájera (La Rioja). A sus pies se halla el panteón real (reconstruido entre 1556 y 1559) en el que están enterrados varios reyes de Pamplona y de León. Le sucedió García II Sánchez.

De su matrimonio con Urraca Fernández nacieron:
García el Temblón, rey de Pamplona, casado con Jimena Fernández.
Gonzalo, que gobernó el condado con el título de regulus y bajo una “pequeña corte condal de caballeros de la tierra”.
Urraca la Vascona, entregada por su padre en 982 a Almanzor, adoptó el nombre árabe Abda, teniendo un hijo con el califa, Abderramán Sanchuelo
Ramiro  (m. 992).

martes, 17 de noviembre de 2015

Mediohombre. La batalla que Inglaterra ocultó al Mundo




Mediohombre, la batalla que Inglaterra ocultó al Mundo
Alber Vázquez, Editoral INEDITA, 2012, 316 págs.

Al almirante Blas de Lezo, con sólo tres mil hombres y seis navíos a su cargo, se le ha encomendado la defensa de Cartagena de Indias. Frente a él se prepara el desembarco más audaz de todos los tiempos: Inglaterra ha enviado doscientas naves y casi treinta mil hombres para arrasar la ciudad. Cualquiera en su sano juicio se habría rendido de inmediato. Cualquiera excepto Lezo. Blas de Lezo es Mediohombre, el estratega más genial de todos los tiempos. Autobiografiado por el también guipuzcoano Alber Vázquez.

Esta es su historia y la historia de una defensa heroica y singular: el Sitio de Cartagena de Indias. Una gran novela de aventuras, en la que una brillante reconstrucción del hecho histórico y un ritmo trepidante mantienen al lector enganchado de la primera a la última página, acercándonos a un episodio olvidado de la Historia en el que se impusieron el ingenio y el valor.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Armada del Cantábrico en la Guerra de los 100 años


El otro gran conflicto bélico de la Baja Edad Media para los marinos de la costa del mar Cantábrico, junto a la Reconquista, fue la Guerra de los Cien Años, desarrollada entre los años 1337 y 1453, entre Inglaterra y Francia, en donde Castilla fue continua y fiel aliada de esta última, prestando una aportación vital para su victoria final y expulsión de los ingleses de territorio francés.

La gran mayoría de los puertos involucrados eran los del Cantábrico oriental, es decir, los puertos que conformaron la Hermandad de las Villas de la Marina de Castilla o Hermandad de las Marismas, desde San Vicente de la Barquera hasta Fuenterrabía, y la mayoría de los participantes fueron marinos vascos y montañeses, aunque también se involucraron castellanos de todas las procedencias.




La Crónica de don Enrique II escritas por el alavés Pedro López de Ayala, conde de Castilla, es un documento esencial para el conocimiento del siglo XIV español ya que están plagadas de los enfrentamientos de la Marina castellana, sobre todo con musulmanes e ingleses. Las batallas tenidas con la marina inglesa fueron constantes, y la mayoría de los encuentros fueron victorias para las armas castellanas que forjaron así una hegemonía en el Atlántico que duraría varios siglos.

El rey inglés Eduardo III protestó en numerosas ocasiones por daños recibidos de flotas castellanas (vascas-santanderinos, gallegos y asturianos) que atacaban a los barcos ingleses. Los puertos castellanos acusados fueron: Fuenterrabía, San Sebastián, Guetaria, Motrico, Lequeitio, Bermeo, Portugalete, Castro Urdiales, Laredo, Santander, San Vicente de la Barquera, Avilés, Ribadeo, La Coruña, Noia, Pontevedra y Ponte Bayona del Miño.

Por ejemplo, en la importante victoria del combate de La Rochela sobre los ingleses (1372), recogida por Froissart en sus famosas Crónicas, describe las hazañas marinas de la Escuadra guipuzcoana y su adelantado mayor, Rui Díaz de Roj, a las órdenes del almirante Bocanegra, que regresó triunfante a Santander cargado de botín y prisioneros ingleses.


BATALLA NAVAL DE LA ROCHELLE, 1372


En 1375, la Escuadra castellana capturó 85 naos inglesas y en 1377 las Escuadras castellana y francesa, a las órdenes de los almirantes Sánchez de Tovar y Vienne, saquearon numerosas ciudades costeras inglesas. Al año siguiente, tras una nueva derrota inglesa, desembarcaron los castellanos en Cornualles, dedicándose de nuevo al saqueo y la destrucción.


OFENSIVAS DE TOVAS Y VIENNE CONTRA INGLATERRA


En 1380, 20 galeras castellanas remontaron el Támesis e incendiaron varias poblaciones (Gravesend, Winchelsea) no lejos de Londres.

En las arriesgadas y victoriosas acciones del almirante montañés Pero Niño participaron de nuevo numerosos marinos vizcaínos, como Martín Ruiz de Avendaño. Niño saqueó Cornualles de nuevo, atacó Burdeos poniendo en fuga a las naves inglesas que en el puerto se encontraban, así como los puertos de Portland y Poole; venció a los ingleses en sangrienta batalla en la isla de Jersey, y otras muchas acciones por las que Pero Niño es recordado como uno de los marinos más eminentes de la historia de España.

En 1419, los castellanos, dirigidos por el montañés Rui Gutiérrez de Escalante y el alavés Fernán Pérez de Ayala, atacaron duramente el ducado de Bretaña y Bayona, quemaron San Juan de Luz y Biarritz y asolaron la tierra de Burdeos, cuyos dominios eran británicos.

Tras una consecución de victorias de Francia desencadenadas en el tramo final de la Guerra, la ocupación inglesa fue reduciéndose al ducado de Aquitania, que fue atacado por el ejército francés y por mar por las Armadas franco-castellanas.

Bayona, una de las últimas ciudades resistentes por los ingleses, fue atacada por mar por las naves guipuzcoanas hasta su definitiva rendición en agosto de 1451.


ESCULTURA DE EMBARCACIÓN DEL SIGLO XIV,
CATEDRAL VIEJA DE VITORIA

viernes, 13 de noviembre de 2015

Batalla de Calatañazor


La Batalla de Calatañazor fue una supuesta batalla que habría tenido lugar en esta localidad soriana el verano del año 1002. En ella parece que Almanzor se vio obligado a huir tras luchar contra los ejércitos cristianos hispánicos coaligados por sus respectivos reyes: Sancho García de Castilla, Alfonso V de León y Sancho III de Pamplona. Sin embargo, la mayoría de los historiadores actuales consideran dicha batalla más un mito que un hecho real, probablemente creado para compensar el sentimiento de inferioridad que las continuas victorias de Almanzor produjeron en los reinos cristianos.


CASTILLO DE CALATAÑAZOR


De entre las fuentes cristianas, el cronista Lucas de Tuy fue el primero en narrar el encuentro de Calatañazor. Según él, después de una campaña contra Galicia, Almanzor se adentró en Castilla, saliendo a su encuentro el rey de León Alfonso V (y no Vermudo II, como apunta el cronista). Continúa:
"...e en el lugar que se dize Calatanasor muchos millares de Sarrazines cayeron, et si la noche non cerrara el día, ese Almançor fuera preso. Enpero, en esse dia non fue vençido, mas de noche tomó fuyda con los suyos."

Al amanecer de un día de julio del año 1002, el rey leonés ordenó a los suyos que atacasen el campamento amirí, pero los cordobeses habían desaparecido, y todo el botín que capturaron se reducía a las tiendas de campaña y diversos enseres de escaso valor. Añadió el obispo historiador de la crónica que en la persecución de los mahometanos jugó un papel significante el conde García Fernández de Castilla (que llevaba siete años muerto, y en realidad fue su hijo Sancho García).

El prelado incorpora además el germen de una mítica leyenda, señalando que el día de la batalla, un extraño personaje, que identifica con un pescador, lloraba gimiendo, a veces en árabe, otras en lengua romance, diciendo: en Calatañazor perdió Almanzor el tambor. Para el cronista, este espejismo era el diablo que "llorava la cayda" de los moros.

En cualquier caso, Almanzor se negó a comer o beber, muriendo al llegar a la ciudad de Medinaceli. La Historia silense sentencia:
"Pero, al fin, la divina piedad se compadeció de tanta ruina y permitió alzar cabeza a los cristianos, pues pasados doce años Almanzor fue muerto en la gran ciudad de Medinaceli, y el demonio que había habitado dentro de él en vida se lo llevó a los infiernos."

Rodrigo Jiménez de Rada y la Estoria de España de Alfonso X ofrecen una versión idéntica de los hechos, con la excepción del espectro que anuncia el próximo final de Almanzor se aparece en Córdoba.


CABALLEROS CRISTIANOS


Con respecto a las fuentes mahometanas, la versión más completa es la proporcionada por al-Maqqari, autor del siglo XVII que recopiló a numerosos historiadores medievales. Según éste, a comienzos de 1002, Almanzor se preparó, siguiendo su costumbre anual, para romper la frontera cristiana, dirigiendo sus ataques hacia Castilla. El arabista Lévi-Provençal apunta como uno de sus objetivos el monasterio de San Millán de la Cogolla, que fue arrasado. Siempre según el cronista, Almanzor ordenó que se sumara a su hueste un considerable contingente de tropas norteafricanas con las que se encontró, según lo acordado, en Toledo. Desde allí partió hacia la ribera del Duero, en cuyas proximidades causó estragos y cuyas tierras devastó. Remontando el curso del río consiguió poner pie en los dominios del conde de Castilla. Pero un enorme ejército cristiano le sorprendió acampado cerca del castillo llamado de las Águilas, en Calatañazor. Almanzor atacó esta hueste a la cabeza de sus propias tropas y fue derrotado, con grandes pérdidas.

De regreso de esta expedición, se sintió enfermo (quizá de una herida recibida en combate), pero continuó haciendo la guerra a los infieles y devastando su territorio hasta que la dolencia se complicó de tal manera que tuvo que ser transportado en una litera, sobre suaves cojines y cubierto por un baldaquino y cortinas que le protegían de la vista de su ejército. En tal estado llegó a Medinaceli, donde la enfermedad se agravó lo suficiente para provocarle la muerte la noche del 10 de agosto de 1.002.

Sintiéndose morir, el caudillo de al-Ándalus pidió a su hijo Abd al-Malik que le recibiera para darle las últimas instrucciones. Cuando vio llorar a su sucesor, el agonizante Almanzor le reprochó su falta de valor con palabras que se convirtieron en realidad: "Esta me parece la primera señal de la decadencia que aguarda al imperio."


ALMANZOR

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Carlos de Ibarra

Almirante del Mar Océano, Capitán General de los Galeones de la Carrera de Indias, Miembro del Consejo de Guerra durante el reinado de Felipe III




Natural de Eibar, donde nació en 1587. Caballero Alcántara y de Santiago; Comendador de Villahermosa, Señor de Centenera, Taracena, Villaflores y Valdefuentes. Empezó su carrera en la Corte de Felipe II siendo su menino y gentilhombre. Sus dotes marineras le dirigieron pronto hacia las rutas oceánicas, asumiendo el mando de varias flotas con destino a  América desde 1618, dando apoyo y cobertura a las flotas Indias llenas de mercancías, sufriendo los efectos de la Guerra de los Treinta Años.

Los metales preciosos resultaban claves para mantener a la Corona en tan devastador conflicto. A raíz de ello, y como las acciones bélicas no solo ocupaban Europa, sino que se extendían a América, Ibarra forjó su leyenda sorteando tempestades y enfrentándose a holandeses, ingleses y franceses.

En 1621, su carrera alcanzó su máxima heroicidad cuando tuvo que conducir desde Cartagena de Indias hasta las costas hispanas atravesando el Atlántico más de 20 buques con cargamentos de oro, plata y esmeraldas, por valor de más 30 millones de pesos en metálico y barras. Una poderosa escuadra holandesa tres veces superior a la suya, con 24 navíos, ubicada en aguas del mar Caribe tenía la orden de hacerse con tan valioso cargamento. Intentó cerrarle el paso, pero Ibarra sostuvo con ella tres combates a lo largo del Atlántico.

La captura de una de las urcas rivales y su llegada a Sanlúcar de Barrameda, el 13 de noviembre del mismo año, permitió saber que los holandeses perdieron las naves insignia y capitana, así como otros cinco buques más. Las bajas holandesas llegaron a 450 hombres, entre ellos cinco capitanes, y, por supuesto, la flota de la Carrera de Indias de Ibarra no había sido apresada, arribando a su destino.

No obstante, Ibarra pagó cara la victoria. Aparte de quedar inútiles varias naves y perder casi 200 hombres, su salud se resintió de gravedad durante estas acciones en el Atlántico. Nunca se recuperaría del todo.

Luego prestó otros eminentes servicios a la Monarquía española cuando fue enviado al mando de la Escuadra de Cataluña de 14 navíos para sofocar la rebelión de Cataluña, habiéndose distinguido notablemente, muriendo en Barcelona poco después del año 1639.

Estos eminentes servicios a España, así como los de su padre, hermano y ascendientes Ibarra, motivaron la concesión a su favor de la real merced de título de vizconde de Centenera, en Madrid, el 17 de Febrero de 1638, siendo también primer marqués de Taracena.


lunes, 9 de noviembre de 2015

Lope de Aguirre, el Loco


Lope de Aguirre (1510 - 1561), apodado El Loco por los españoles, también El Peregrino como se denominaba a sí mismo y El Tirano fue un explorador y conquistador español de Sudamérica.


 
 
Durante 10 meses llegó a asesinar a 72 personas de su expedición que él consideraba que no eran útiles o no estaban implicados en la empresa.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Armada de Vizcaya en la Baja Edad Media

El año 1068 Sancho II de Castilla concedió a la sede episcopal de Oca permiso para pescar en varios puertos cántabros. Se cree que, entre finales del siglo IX y principios del X la población, que había abandonado la franja costera vizcaína por temor a los ataques vikingos, volvió a ocuparla y fueron apareciendo las localidades y asentamientos que conocemos en la actualidad. Pero no hay referencias escritas hasta el año 1082, en la donación de la ermita de San Miguel en Bermeo: "et illa ecclesia S. Micaelis arcangeli in portu de Vermelio, in ora maris, cum suos morturos ad illa pertinente". Esta repoblación fue lenta. Los puertos pesqueros y comerciales se fueron desarrollando a partir de los siglos XII y XIII.

Bermeo recibió su fuero en 1236, convirtiéndose en cabeza de Vizcaya, y en 1296 pasaba a formar parte de la Hermandad de las Villas de la Marina de Castilla con Vitoria. Refiriéndose a Bermeo, un documento de 1269 menciona "cinco cabañas" a orillas del mar, lo que parece indicar que la actividad pesquera todavía era estacional. Pero también describe instalaciones más importantes, y dice que hay dos puertos, mayor y menor, y que el menor se puede cerrar con una cadena. También menciona otros dos fondeaderos llamados Arcaeta y Portuondo, que probablemente estarían en la ría de Mundaca. Bermeo y otras villas costeras fueron convirtiéndose en importantes centros pesqueros y comerciales hasta el desastre de la peste negra del verano y otoño de 1348.


NAO VASCA DEL SIGLO XVI EN EL DINTEL DE UN EDIFICIO DE PLENTZIA


En esos puertos, la actividad pesquera fue adquiriendo cada vez más importancia, especialmente la caza de la ballena. Y el hecho de ser los puertos naturales para la exportación de hierro vizcaíno y lana castellana hacia Inglaterra, Francia, Flandes y los Países Bálticos los convirtió también en puertos comerciales.

En el siglo XIII hay constancia de fábricas en la ría del Nervión y en los puertos mayores. Ya en el siglo XIV se plantean pleitos entre Ondarroa y Lequeitio y entre Lequeitio y Marquina por el aprovechamiento de los bosques, cuyos árboles son necesarios para la construcción naval. Aunque no se puedan considerar astilleros, se construyen barcos en Ondárroa en Icaran, en Lequeitio junto a la orilla del río Lea. En Bermeo en 1357 el convento de San Francisco se encuentra cerca "del arrabal donde se labran las naves", o sea en la zona que se denomina Ribera y en Bilbao se construyen barcos en las orillas de la ría.

En el siglo XV se fueron consolidando los astilleros, y su funcionamiento pasó a ser regulado al tiempo que aparecen las industrias auxiliares como ferrerías o cordelerías que se instalan en sus proximidades. En Lequeitio el astillero está en la parte sur de la Plaza del Astillero, en Bermeo en la Ribera, en Plencia en el camposanto, Ondarroa y Berriatua comparten astillero y se carenaban barcos en Amallo, Rentería y Asánsolo. Pero el mayor auge de los astilleros es en Bilbao, donde desde el actual Puente de San Antón hasta Portugalete hay multitud de gradas, fábricas y playas, pasando a ser a partir del siglo XV el centro de la construcción naval de Vizcaya. Al ser punto de paso obligado entre Orduña y Bermeo, Bilbao le fue quitando protagonismo a Bermeo para convertirse en el puerto y la villa más importante de Vizcaya. En el siglo XV, los astilleros de Bilbao y el comercio lanero con Francia y Flandes eran muy importantes. Y en el siglo XVI, Portugalete rivalizaba con el puerto de Bilbao.

Durante los últimos siglos de la Baja Edad media, los reyes de Castilla ya venían otorgando privilegios a los armadores que construyeran naves cada vez más grandes, así en 1436, premiaban los barcos de más de 600 toneles de capacidad. En 1495 los Reyes Católicos ofrecieron 100 maravedis por tonelada de más de gratificación anual para los armadores que construyeran grandes navíos de más de 600 toneladas. Isabel la Católica en 1502 mandó al corregidor de Vizcaya promover la construcción de barcos de guerra de gran tamaño.


NAVE VASCA DEL SIGLO XV EN EL DINTEL DE UN EDIFICIO DE ORIO

jueves, 5 de noviembre de 2015

Esculturas ecuestres de Juan de Oñate en EEUU

 
La estatua ecuestre dedicada al explorador Juan de Oñate y Salazar en la norteamericana ciudad de El paso es la más grande del mundo. Está situada en la avenida Air Way junto al aeropuerto de la ciudad, en el estado de Texas.

Fue realizada en broce por Jhon Sherrill Houser entre 1997 y 2006, e inaugurada al año siguiente., tiene un peso de 18 toneladas, una altura de 10 metros y está fuertemente asentada sobre una base de casi tres metros.

Es la segunda de las doce esculturas en bronce levantadas por la Fundación XII Travelers Memorial of the Southwest en ciudades del suroeste norteamericano para recordar la historia de los colonizadores de América en estos territorios.


ESTATUA DE JUAN DE OÑATE EN EL PASO, TEXAS

 
Además, Juan de Oñate cuenta con otra estatua ecuestre situada en la ciudad de Alcalde, en el estado de Nuevo México.

 
ESTATUA DE JUAN DE OÑATE EN ALCALDE, NUEVO MÉXICO

martes, 3 de noviembre de 2015

García I Sánchez, y la intervención de la reina madre Toda

Segundo rey de Pamplona de la dinastía Jimena, continuista de la política de alianzas con el Reino de Asturias


SANCHO I GARCÉS


García I Sánchez nació en 919, y su reinado abarcó desde 925 hasta su muerte en 970. Fue hijo de Sancho I Garcés y de Toda, nieta del rey Fortún Garcés, por tanto, es el segundo rey de Pamplona de la dinastía Jimena.

A la muerte de Sancho I Garcés, el 10 de diciembre de 925, le heredó su hijo García Sánchez, a los seis años de edad, bajo la tutela de su tío Jimeno Garcés, cuya muerte provocó una crisis por el control de la tutoría. Gracias a la intervención de su madre la reina Toda y a la mediación de Abderramán III, la situación quedó controlada.

Después de ser García mayor de edad en 933, asumió la tutela de Andregoto Galíndez su prometida y por consiguiente el gobierno del Condado de Aragón, hasta que el matrimonio fue anulado antes de 943, año en que aparece por primera vez con su segunda esposa, Teresa Ramírez.

La intervención de la reina madre Toda en los asuntos de gobierno influyó para que el Reino de Pamplona alcanzase una posición relevante entre los reinos cristianos en los años venideros. Tres de sus hermanas estuvieron casadas con reyes leoneses: Urraca con Ramiro II, Sancha con Ordoño II y Onneca con Alfonso IV. Por esta causa, los navarros intervinieron en las guerras civiles del Reino de León. Al morir Ramiro II, los navarros mediaron, ayudando la reina Toda a su nieto Sancho para ocupar el trono y, después, cuando Sancho fue expulsado por su otro nieto Ordoño el Malo, la reina madre intercedió para que Abderramán ayudase a su nieto Sancho a recuperar el trono.

En 939 participó en la coalición formada por Ramiro II de León, Fernán González y tropas asturianas y gallegas, que obtuvieron una gran victoria sobre las de Abderramán III en la batalla de Simancas.

En 953 ofreció junto a su madre Toda al monasterio de San Martín de Albelda (La Rioja) la villa Bagibel, situada en los montes de Cameros, primera vez que apareció escrita esta denominación geográfica.

En 961 tomó parte en las disputas entre el Condado de Castilla y el Reino de León y apresó a Fernán González, conde de Castilla, pero se negó a entregarlo a los musulmanes.

En 963 formó una alianza cristiana contra Alhakén II y fue derrotado por los musulmanes.

Murió el 22 de febrero de 970 y fue sepultado en el pórtico de la pequeña iglesia de San Esteban, en el castillo de Monjardín.


SANCHO I GARCÉS



Contrajo primer matrimonio con Andregoto Galíndez, hija del conde de Aragón Galindo Aznárez II y Sancha Garcés. Galindo Aznárez no había tenido hijos varones legítimos, por lo cual el condado de Aragón lo heredó su hija Andregoto y después su hijo Sancho. Andregoto fue repudiada por su marido antes de 943 y se retiró a sus tierras de Aybar donde falleció después de 971. Esta unión matrimonial daría lugar a la posterior unión de Aragón y Pamplona. De este primer matrimonio nacieron:

Sancho II Garcés Abarca, rey de Pamplona y conde de Aragón

Toda Garcés

Urraca Garcés, contrajo un primer matrimonio con Fernán González, conde de Castilla. Después de enviudar en 970, Urraca regresó a Pamplona y después de julio de 972, contrajo un segundo matrimonio con Guillermo Sánchez, conde de Gascuña.


García Sánchez se casó por segunda vez alrededor de antes de 943 con Teresa Ramírez hija del rey Ramiro II de León y de Adosinda Gutiérrez, naciendo de este matrimonio:

Ramiro Garcés de Viguera, primer rey de Viguera., que murió en 981 luchando contra Almanzor.

Jimeno Garcés, que estuvo como rehén en Córdoba.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Vascos en la Armada de la Carrera de Indias Occidentales del siglo XVI


Las numerosas guerras libradas por España durante el reinado del emperador Carlos I habían favorecido el ataque de piratas y corsarios a los buques que comerciaban con las Indias. En 1522 dos de las tres naves que Cortés enviaba a España con los tesoros aztecas fueron capturados por Juan Florín, corsario italiano al servicio de Francia. El conflicto con este reino generó el montaje de más artillería en los buques, el desarrollo de nuevas tácticas, el ingenio de nuevos modelos de barcos como los galeones, así como la creación de escuadras guardacostas y escoltas de la Flota de Indias.

Desde que el sistema de comercio y navegación trasatlántico entre España y el Nuevo Mundo se instauró en el siglo XVI, la Corona tuvo una participación total en la regulación de las flotas. Sus intereses eran demasiado grandes y tenía una especial preocupación por el control del comercio y la seguridad de los contingentes.

Ante las graves pérdidas para la Hacienda Real que ocasionaba la captura de un barco mercante, el gobierno de Carlos I decidió en 1543 la obligación de que los mercantes fuesen armados y navegasen en grupo, en “conserva”, y escoltados por un buque de guerra sufragado por un impuesto especial, la “avería”, gravado sobre el valor de mercancías que llegaban de las Indias por los galeones.

La situación se agravó en la mitad del siglo XVI, con el aumento del valor de los cargamentos sobre todo a la vuelta, en el denominado torno-viaje. En la década de los 40 se descubren los yacimientos de plata del Potosí, en Bolivia, y de Zacatecas, en México. En los siguientes años, prosiguieron otros descubrimientos sucesivos de menor importancia en Guanajuato, Cuencamé, San Luis de Potosí, Sombrerete y Pachuca.


GALEÓN ESPAÑOL DEL SIGLO XVI


La producción masiva de plata se desarrolla con el sistema de tratamiento del mineral inventando por Bartolomé Medina. En 1555 consigue aplicar con éxito la técnica de la amalgama en la obtención de la plata. A partir de entonces, los navíos españoles transportan a través del océano Atlántico en el torno-viaje el cargamento más preciado por unidad de peso, a excepción del oro, la plata. Desde aquel momento una mercancía usual de las flotas que zarparon a las Indias fue el azogue, para el tratamiento de la plata americana, el cual pasó a ser un monopolio del gobierno. El Perú se abastecía de este producto gracias a la mina de Huancavélica, pero no así México, que dependió siempre de los envíos procedentes de las minas de Almadén, en Ciudad Real, o de Idria. Los azogueros fueron los buques especializados en el transporte del azogue que se guardaba en odres de piel.

Al aumentar el valor de las mercancías, los riesgos de su transporte a la península se multiplicaron. Además de los riesgos producidos por las condiciones climáticas y de navegación, como fueron los huracanes y tempestades, las flotas estaban expuestas al ataque de corsarios, piratas y flotas enemigas, cuya amenaza no sólo se encontraba a lo largo de las rutas de navegación, sino en los puertos de las provincias indianas.
        
La América española estaba dividida en dos virreinatos: el de Nueva España (México), al norte; y el del Perú, en el sur. Por esa razón se decidió enviar dos flotas anuales, una para cada virreinato. En la costa de Andalucía se preparaban las dos flotas tomando como base principal la ciudad de Sevilla. Era una ciudad interior y segura, comunicada con el mar mediante el navegable río Guadalquivir en cuya desembocadura se encontraba el puerto de Sanlúcar de Barrameda, a 86 kilómetros. Muchas de aquellas naves que fueron contratadas en Sevilla y que zarparon desde Sanlúcar, fueron construidas en astilleros vizcaínos y guipuzcoanos aprovechando la experiencia marinera de las provincias vascas y la consistente madera de sus bosques. Parte de la guarnición y la tripulación que integraban aquellos convoyes mercantes y buques defensivos procedían del mismo origen.

La denominada Carrera de Indias implicaba el transporte a la ida en los barcos de los artículos manufacturados de origen europeo (telas holandesas, francesas e italianas), sedas españolas y algunos productos agrícolas españoles (vino, aceite, frutos secos, etc.), y los metales preciosos americanos a la vuelta. A estas mercancías se incluían otras como el hierro vizcaíno y los pertrechos de guerra, que se enviaban con destino a las guarniciones militares. Estaban organizados de manera similar con un número variable de navíos mercantes españoles y extranjeros. Tras repostar en las islas Canarias cruzaban el Atlántico a favor de los vientos alisios, con dirección nordeste-sudoeste, y de las corrientes marinas favorables.



PRINCIPALES RUTAS COMERCIALES DEL IMPERIO DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA
ESPAÑOLAS Y PORTUGUESAS



La Real Cédula de 10 de julio de 1561 determinó la organización de los navíos mercantes con salida del puerto navegable de Sevilla, bajo la protección de los navíos de guerra de la Armada Real, denominada Armada de Guardia “haciéndoles escolta y guarda... y traiga el tesoro y de particulares”. La protección de los navíos mercantes iba a cargo de al menos dos buques de guerra: la capitana y la almiranta; estaban gobernadas por un capitán general y un almirante respectivamente, y su mantenimiento seguía siendo el impuesto de la “avería”. Surge así la denominada Flota defensiva de la Carrera de Indias.

En primavera, generalmente en el mes de abril, zarpaba la Flota de Nueva España, que recibió el nombre genérico de La Flota, con destino final en Veracruz (México), donde se celebraba una gran feria comercial a su llegada. Al llegar al sur del Caribe, algunos barcos se apartaban del rumbo general y se dirigían a su destino específico en Puerto Rico, Cuba o La Española. Tras hacer las reparaciones oportunas y pasar nueve meses en los puertos se concentraban en La Habana (Cuba) para volver al verano siguiente.

El segundo convoy era la Flota de Tierra Firme, que retrasaba su partida hasta julio o agosto y estaba amparado por una escolta mayor, de varios galeones armados, por lo que recibió el nombre genérico de Los Galeones. La razón estaba en el torno-viaje por las grandes cantidades de plata extraídas de las minas del Perú. Su destino final era Nombre de Dios, en el istmo de Panamá. En los primeros años del siglo XVII esta localidad quedó abandonada a causa de su clima malsano, y la población se trasladó a Portobelo por ser un puerto mejor situado y de más fácil defensa. Al llegar a la isla de Margarita (Venezuela), Los Galeones se dividían en dos grupos. Mientras uno bordeaba la costa de Nueva Granada, territorios de las Venezuela y Colombia actuales, el otro grupo se dirigía directamente a Cartagena de Indias y a Panamá. Aquí arribaba desde Lima la Armada del Mar del Sur con la plata y otras riquezas del Virreinato del Perú. En una gran feria anual, Perú intercambiaba hombres y mercancías con la metrópoli peninsular, en su única oportunidad comercial de carácter oficial.

Con posterioridad Los Galeones regresaban a Cartagena de Indias, donde pasaban el invierno y zarpaban a La Habana, para el regreso conjunto con La Flota a través de los estrechos de Florida. Retornaban a España con los metales preciosos para el pago de las mercaderías que ocupaban a veces hasta la boca de los cañones.



EMBARCACIONES MERCANTES DE LA CARRERA DE INDIAS


A partir de 1563-1566, durante el reinado de Felipe II, este sistema quedó establecido de manera definitiva. Desde entonces, varias familias de origen vascongadas de amplia tradición y reconocida experiencia en las artes marineras se dedicaron a escoltar los convoyes mercantes de la Carrera de Indias: los Eraso, los Alcega, los Oquendo, los Echeverri, los Vallecillas, etc.

Los marinos vascos siempre tomaron parte en la organización de la Carrera de Indias desde el primer momento en que se fundó el sistema marítimo de comunicaciones que unía las provincias de ultramar con la metrópoli de la Monarquía española. Es por ello que, de igual manera, los astilleros de la costa vasca se encargaran de proveer de barcos (naos, galeones, etc.), de pertrechos y de recursos humanos al nuevo sistema mercante. Los vascos fueron protagonistas en la ocupación de los mandos cualificados de las unidades de Armada: capitanes, almirantes y capitanes generales. Los dirigentes de la Casa de Contratación tuvieron en cuenta la tradición naviera de los vascos, los cuales había ayudado a reconquistar por mar las tierras de Andalucía, había tomado relevancia de las Guerras de Italia, se había encargado del comercio de la lana mediante la Carrera de Flandes, y habían sido vanguardia de ataque durante la Guerra de los Cien Años.

A medida que fue avanzando el siglo XVI y entraba el XVII, la presencia vasca fue cada vez mayor en los puestos cualificados de las Armadas y Flotas indianas, así mismo los constructores navieros tomaron especial relevancia en dura pugna con los astilleros andaluces y criollos indianos.

Los capitanes generales y almirantes eran las máximas autoridades del convoy.
Tomaban parte activa de su organización: sobre las embarcaciones mercantes, sobre la artillería defensiva, sobre los espacios vacíos utilizados para su propio comercio particular, sobre las fechas de partida y duración de las ferias, etc. Más tarde, debían ofrecer un balance comercial ante el Consejo de Indias o ante el propio monarca.

El primer general vasco de la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias fue Juan López de Isasti, hijo de Joanes de Isasti, natural de Rentería. En 1543 escoltó a la flota de Indias con dos naos y una carabela desde su salida en Sevilla hasta las islas Canarias. Encontró allí una nao francesa y tres pataches que habían capturado una carabela española cargada de vinos de las islas. López de Isasti los atacó inmediatamente, logrando rescatar la carabela. Después rindió la nao francesa, y por último, forzó a emprender una desesperada huida a los pataches restantes. Regresó con su magnífica presa a Sanlúcar y entregó a las autoridades los 70 prisioneros franceses, que se enviaron a servir a las galeras, como represalia al trato que aquella nación infligía a los cautivos españoles.

Al año siguiente, el general Juan López de Archuleta fue nombrado para capitanear la flota que partió en julio desde La Habana con regreso a España. Estaba compuesta por veintisiete naos y carabelas mercantes y un galeón armado.

Hortuño de Ibarra fue el primer almirante de la Flota de Nueva España. Partió en abril de 1560 y regresó en agosto de 1560. Llevó la primera remesa de mercurio al virreinato. Nombrado general de la misma flota compartida con Esteban de las Alas, partió en mayo de 1561 hacia Sanlúcar en agosto de 1562.



GALEÓN ESPAÑOL DEL SIGLO XVI


Cristóbal de Eraso, como general, e Íñigo de Lezoya, como almirante de la Flota de Nueva España, partieron de Sanlúcar en julio de 1567 y regresaron al mismo puerto al año siguiente. Eraso pertenecía a una familia vizcaína en la que muchos de sus miembros ya habían sido o eran marinos. De nuevo, desde el mismo puerto de salida y llegada y al año siguiente, Eraso y Lezoya hicieron de escolta de los galeones de Pedro Menéndez de Avilés.

En 1571, Eraso continuó al frente de la Flota de Nueva España escoltando la Carrera de Indias. Partió de Sanlúcar en agosto y regresó en noviembre del año siguiente. Este retraso se debió a la falta de noticias sobre los precios de las mercancías en el virreinato, además tuvo complicaciones en la obtención de bastimentos.

En 1576, se le otorgó el mando del galeón capitana de la Armada de Tierra Firme como escolta de una enorme flota de la Carrera de Indias, siendo así su capitán general. Partió en julio y regresó en agosto del año siguiente.

Junto a su hermano Álvaro de Eraso dirigió la expedición de la Armada de Tierra Firme de 1578, formada por diez naos navales y cuatro mercantes.

Desde esta fecha hasta 1579 realizó varios viajes de ida y vuelta en estas flotas, y diversas singladuras por la costa americana. Ese mismo año, marchó a las islas de Barlovento en persecución de corsarios, y al socorro de las naos de la Flota de Nueva España a cargo de Antonio Manrique, derrotadas en un temporal. En concreto rescató a la capitana y otra nao.

En uno de sus viajes a la península se le encontraron unas barras de oro en uno de sus buques que no había declarado. Las autoridades de la Casa de Contratación le amenazaron con denunciarle, a lo que respondió: “Yo podría dar a cambio unas barras de mucho más valor, los huesos de mi hijo primogénito muerto en América mientras servía en uno de los buques de la Armada”.

Otro de más de esta familia de marinos vizcaínos fue Miguel de Eraso. Como general de la flota de Tierra Firme partió en 1582 de Sanlúcar, y tras sustituir a Álvaro Flores al mando de la Armada, regresó al año siguiente. Volvió a gobernar la Flota de Tierra Firme en 1587, siendo sustituido por Juan de Urbina Apalóa al año siguiente.


EMBARCACIONES MERCANTES DE LA CARRERA DE INDIAS


Juan de Alcega, perteneció a una dinastía de Alcegas, natural de Fuenterrabía, generales y almirantes de flotas: Pedro, Diego, Juan, Cristóbal. Su padre llegó a ocupar el rango de general en la armada de Isabel la Católica. Escoltó a las flotas transatlánticas de galeones hacia América, como quedó patente en su Carta al Presidente del Consejo de las Indias.

Alcega tuvo brillantes actuaciones contra los piratas y corsarios del Mediterráneo en las primeras etapas de su carrera, y más tarde fue uno de los principales comandantes de la escuadra del viaje que hizo el monarca a Londres para reclamar el trono de Inglaterra. La experiencia demostrada le sirvió para ser nombrado general de la Flota de Indias y de los Mares del Sur en 1572. Al mando de la Flota de Nueva España compuesta de once navíos, escoltó a la mercante desde Sanlúcar, y regresó al año siguiente con la Flota de Tierra Firme y los galeones mercantes de Menéndez de Avilés.

Años más tarde, su hermano Diego de Alcega, también participó en las expediciones de la Flota de Nueva España efectuadas en 1574 como almirante, y en 1584 como general.

Martín Pérez de Olazábal fue almirante de la Flota de Nueva España en 1585 junto a Juan de Guzmán como capitán. Esta expedición sufrió las inclemencias del tiempo durante el torno-viaje a Sanlúcar, perdiendo ocho naos, entre ellas la capitana. Pérez de Olazábal sustituyó a Diego de Alceaga como capitán de esta flota debido a su muerte en 1588. Durante el viaje de regreso, los convoyes se accidentaron. Esta circunstancia propició que parte del tesoro tuviese que ser desembarcado en las islas Azores, y posteriormente se trasladase a Lisboa, y por tierra a Sevilla.