martes, 30 de junio de 2015

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lunes, 29 de junio de 2015

La monja alférez en el cine y la literatura

El personaje de Catalina de Erauso fue un caso de anormalidad evidente, el juicio moral fue tan flexible como nítido: si aquella mujer no podía ser mujer, que viviera como hombre, pero llevando una conducto honesta; si aquel soldado merecía recompensa, que la disfrutara, aunque fuera una mujer; si aquel delincuente había obtenido el perdón real y absolución papal, sus delitos quedaban enjuagados, pero con la condición de no reincidir.

En 1784, Juan Bautista Muñoz descubrió la biografía de tan peculiar señora; tras caer en manos del científico guipuzcoano Joaquín Mária Ferrer fue publicado en París, en 1829, con el título Historia de la monja alférez, doña Catalina de Erauso, escrita por ella mismay traducida a varios idiomas. 




 En el mundo anglosajón fue conocida con el nombre de Teniente Nun. El escritor inglés Thomas de Quincey, cayó en la fascinación por la vida de Catalina en su novela The Nautico-Military Nun of Spain, escrita en el siglo XVIII. En ella, Catalina es una heroína romántica, una mujer hermosa, un genio de la espada. Mucho de cuanto se cuenta el este libro es difícil distinguir la realidad de la ficción, de él surgieron adaptaciones, así como obras de teatro, zarzuelas y películas. En sus memorias confesó alguna aventura lésbica, como cuando una ventera la sorprende "andándole a la hija entre las piernas"



El cine descubrió al personaje en 1943 cuando Emilio Gómez Muriel dirigió a la actriz mexicana María Félix, la Doña, en el papel de Catalina. La película La Monja Alférez fue producida por la compañía cinematográfica mexicana CLASA Films.

En 1986, Javier Aguirre retomó la historia con Esperanza Roy interpretando a la monja alférez.




sábado, 27 de junio de 2015

Epopeya carolingia de Roncesvalles

EL ENFRETAMIENTO ENTRE CAROLINGIOS Y SARRACENOS

A principios del siglo VIII, el ejército de los musulmanes de Tariq ben Ziyad se presentó en la península Ibérica iniciando la conquista del reino Hispano-visigodo. En pocos años, consiguen someter a la totalidad de las tierras del extinto reino, pero pronto su impulso conquistador ha encontrado un freno en las montañas cantábricas. 

La situación ha ido de otra manera en el noreste: en el año 713, los ejércitos musulmanes llegan al valle medio del Ebro donde gobernaba un conde de origen hispano-visigodo, Casio, que ante la amenaza, decidió convertirse al islam y someterse al califa de Omeya para mantener el poder. Así nació la dinastía de los Banu ibn Qasi. Pamplona es ocupada por Muza en 718 y obligada a pagar tributo a los gobernadores musulmanes que establecieron un protectorado.

Los moros encontraron abierto el camino hacia Francia. Los musulmanes cruzan los Pirineos en 720 a través del puerto de Roncesvalles con el propósito de invadir el Imperio carolingio y conquistar Europa. Primero atacaron Toulouse, continuaron hacia Tours, capital del ducado vasco-aquitano. Pero en 732 son derrotados por Carlos Martel en la batalla de Poitiers y frenó las ansias expansivas musulmanas.

Los vascones tras la derrota de los musulmanes en Poitiers tienen asegurada su independencia en las montañas, pero el valí Uqba recondujo la situación instalando una guarnición militar en dicha ciudad entre el 734 y 741. 

Los francos, no obstante, sacan las consecuencias oportunas y se proponen establecer un cordón protector en el Pirineo, apoyan a los cristianos rebeldes de las montañas y así nace la Marca Hispánica: una decena de condados dependientes de los reyes carolingios que abarcó desde Pamplona hasta Barcelona. De estos condados nacerán posteriormente los reinos de Navarra y Aragón y los condados de Cataluña.

Durante este periodo, finales del siglo VIII, aún no hay reinos españoles en el Pirineo. La única monarquía cristiana es la de Asturias, nacida de la resistencia de Pelayo. El rey es Alfonso II el Casto, noveno de este reino, hijo del asturiano Fruela y de la dama vasca doña Munia. Sus dominios se extienden de Galicia a Álava y llegarán siglos más tarde hasta Lisboa. Desde Oviedo, su capital, se proclamará “emperador de toda España”. 

Intercambió embajadas con Carlomagno, el emperador carolingio, pues era su aliado en la lucha contra el islam; en su tiempo se descubrió la tumba del apóstol Santiago, siendo Carlomagno uno de los primeros peregrinos en visitar la ermita de Santiago en Compostela. 

En el otro lado del frente, el poder musulmán conoce una de sus frecuentes fragmentaciones: los emires de los territorios del norte se rebelan contra el califa Omeya de Córdoba. Un punto clave de la rebelión es Zaragoza. Esa es la circunstancia en la que Carlomagno decide adentrarse en territorio español. En una de estas expediciones tendrá lugar la batalla de Roncesvalles.



REINOS CRISTIANOS HISPÁNICOS, INICIOS SIGLOS IX


LA ALIANZA MILITAR ENTRE SULAYMAN Y CARLOMAGNO

Gracias a la resistencia de Pelayo de 722 en Covadonga y a aquella victoria de Carlos Martel de 732 en Poitiers frente a los invasores musulmanes dio esperanzas y fe a los núcleos cristianos del norte peninsular para iniciar la heroica empresa reconquistadora. 

En este periodo el Condado de Pamplona mantuvo una relación de alianza con la dinastía de los Banu ibn Casi. Era esta familia de renegados, godos o hispanorromanos, cuyo antepasado Casio, del que toma el nombre, había sido conde en la región del Ebro. Sometidos a Muza, abrazaron la causa del Islam; uno de ellos era valí o gobernador de Pamplona el 792 y otro defendió Zaragoza frente a Carlomagno. 

Mientras tanto, el Imperio carolingio vive su esplendor cultural en el llamado Renacimiento carolingio. Carlo Magno domina en grandes territorios de Europa, defendidos en sus fronteras por "marcas", es decir, comarcas bajo su órbita de influencia, como en el caso peninsular lo es la Marca Hispánica. También Aquitania, al norte del Pirineo occidental ha sido sometido recientemente.

En 777, los carolingios consiguen una importante victoria frente a los sajones en Paderborn, que finalmente son sometidos. Allí, Carlomagno recibe la visita personal de Sulayman ibn al Arabí, más conocido como Sulayman Ibinalarabi, valí de Barcelona para informarle sobre el destronamiento de la dinastía de los Omeyas en Damasco y el advenimiento de los abasíes. 

Tras el asesinato de toda la familia de los Omeyas, el único superviviente Abd al-Rahman I, había huido de aquella ciudad y se había refugiado en Córdoba, apropiándose de Al-Ándalus con la ayuda de un ejército bereberes y yemeníes y proclamándose emirato independiente de Córdoba. Para esto tuvo que eliminar al emir de Córdoba, Yusuf al-Fahri, partidario de los abasíes.

El valí de Barcelona deja claro a Carlomagno que fue partidario de al-Fahri y que ambos tenían un enemigo en común: el nuevo emir de Córdoba. Además, entre sus compañías estaban Abd al-Rahman ibn Habib, el yerno del asesinado emir de Córdoba, y Hussayn ben Yahia, valí de Zaragoza y descendiente de uno de los compañeros de Mahoma. 

Entonces, le propone una alianza militar para invadir el emirato de Córdoba y derrocar a Abd al-Rahman. A cambio, se colocarían bajo la órbita de influencia del propio rey carolingio y le entregarían algunas de las ciudades del norte de España como Barcelona, Zaragoza o Jaca. 

Así lo escriben las crónicas:
¡Nada temáis! Enviad a Carlos, orgulloso y altivo, palabras de servicio fiel y de gran amistad. Le daréis osos, y leones y perros, setecientos camellos y mil azores mudados, cuatrocientas mulas, cargadas de oro y plata y cincuenta carros, con los que podrá formar un cortejo: con largueza pagará así a sus mercenarios. Mandadle decir que combatió bastante en esta tierra; que a Aquisgrán, en Francia, debería volverse, que allí lo seguiréis, en la fiesta de San Miguel, que recibiréis la ley de los cristianos; que os convertiréis en su vasallo, para honra y para bien. ¿Quiere rehenes?, pues bien, mandémosle diez o veinte, para darle confianza. Enviemos a los hijos de nuestras esposas: así perezca, yo le entregaré el mío. Más vale que caigan sus cabezas y no perdamos nosotros libertad y señorío, hasta vernos reducidos a mendigar.


La idea de una campaña en España seduce a Carlomagno quien encuentra en el pacto con Sulayman la posibilidad de aumentar la Marca Hispánica hacia el interior de la península. Probablemente encontraría hacia el sur muchas poblaciones cristianas impacientes por sacudirse el yugo mahometano.


 
CONDADOS DE LA MARCA HISPÁNICA, INICIOS SIGLO IX


LA CAMPAÑA DE CARLOMAGNO EN LA MARCA HISPÁNICA

Al año siguiente, Carlomagno reunió un numeroso ejército compuesto por soldados francos que se ven reforzados por los de todos los pueblos sometidos: francos orientales (ripuarios) y occidentales (sálicos), borgoñones, provenzales, aquitanos, septimanos, lombardos y bávaros, estos últimos dirigidos personalmente por el duque Tasilón. Este ejército cruzo el Pirineo dividido en dos contingentes: uno liderado por Carlomagno, junto a sus grandes barones como el conde de Palacio Anselmo, el senescal Ekkehart, y sobre todo el conde Roldán, que pasa por Navarra; y el otro grupo, dirigido por su hijo Carlomán y el condestable Geilón, por Huesca.

Carlos se dirigió hacia Pamplona. Esta ciudad, la principal de los vascones de Navarra, estaba en manos mahometanas. Sulayman mantiene su pacto, la ciudad es tomada por las armas y los gobernadores musulmanes rinden vasallaje y fidelidad a rey Carlos, aunque muestran hostilidad. Pero a este primer éxito, siguió la primera decepción ya que Carlomagno comprobó como los vascones, aunque cristianos, no acogían a los francos como libertadores sino como invasores.

Mientras que el ejército de Carlomagno seguía su avance por el curso del río Ebro hasta las puertas de Zaragoza, el ejército de Carlomán avanzaba por el este hasta Barcelona, donde la población cristiana se muestra más accesible a los francos. El valí Sulayman cumple con su pacto, entregando rehenes y partiendo de Barcelona con Carlomán hacia Zaragoza donde finalmente se reúnen ambos ejércitos francos. 

Al Hussayn ben Yahia es el valí de Zaragoza. Es también un enemigo del emir Abd al-Rahman, pero no tiene intención de entregar su ciudad. Zaragoza es una ciudad hermosa y rica, la más importante del noreste peninsular que acoge a gentes de todas las religiones. Unas murallas infranqueables protegen la ciudad.

No se sabe con seguridad las razones de aquel cambio de planes. Por una parte, Sulayman y Hosein se habían enemistado durante el transcurso de tiempo desde el pacto hasta la llegada. Además, los francos y los árabes poseen una cultura y una mentalidad muy diferentes, y cada bando considera al otro como algo bárbaro con el que no puede entenderse.

Ante los muros de Zaragoza, los francos inician un asedió que dura algunos meses, los zaragozanos resisten y los sueños de conquista de los caballeros francos se debilitan. Algunas ciudades, Huesca entre ellas, se le sometieron. Tuvo intenciones de negociar con Hosein ben Yahia, pero estas no alcanzan sus objetivos. 

Llegan malas noticias desde Sajonia, aprovechando la ausencia del ejército carolingio en su Imperio, los sajones se han sublevado. El rey Carlos reconoce que esta campaña ha sido un fracaso, pues no han conseguido ninguna victoria militar y ningún territorio nuevo ha sido cristianizado, por lo que da la orden de retirada, no sin destrozar todo lo posible en torno a la ciudad. Lógicamente, el rey tuvo la sensación de haber sido engañado por Sulayman por lo que es apresado junto con algunos de sus hijos y otros magnates musulmanes como rehenes.

Si bien consiguen un cuantioso botín de guerra por parte de los gobernadores sarracenos, este no financia a su ejército. La tropa queda disconforme y producen saqueos por cada villa y ciudad por la que pasan en el camino de vuelta. En Pamplona deciden derribar las murallas y asaltar la ciudad. El saqueo es absoluto. En ella existe una población formada en su mayoría por vascones paganos, aunque hay unas minorías de cristianos e islámicos.

Carlomagno y sus huestes subestimaban la capacidad de reacción que pudieran tener los vascones de Pamplona y de las tierras aledañas. Aún le esperaba más pues, en el camino, los hijos de Sulayman sorprendieron a los guardias y consiguieron escapar sin su padre. Estos reorganizan sus fuerzas militares y van en busca del ejército carolingio para sorprenderles en su huida.

Cuando cruzan los Pirineos en dirección a Francia por el estrecho paso de Roncesvalles, Carlomagno está en la vanguardia, mientras que Roldán y los principales nobles están situados en la retaguardia. Sus soldados caminan lentamente en los ascensos, el porte del botín y de la armadura resultan pesadas y el calor debilita más aún.

Entonces, una coalición de vascones de la montaña y de tropas musulmanas encabezadas por los hijos de Sulayman emprende un ataque sorpresa a la retaguardia del ejército franco a la altura del actual Roncesvalles, aunque otras fuentes la sitúan en Valcarlos. 




MONUMENTO A LA BATALLA DE RONCESVALLES


LA BATALLA DE RONCESVALLES DE 778

Roncesvalles es un punto fronterizo entre España y Francia, una cima en la cordillera pirenaica. En aquel paso, el 15 de agosto del 778 sucede la batalla de Roncesvalles. 

Los vascones son conocedores de aquellos bosques y caminos, aunque en clara inferioridad numérica aprovechan el factor sorpresa y el terreno para posicionarse con ventaja ante un ataque cerrado entre rocas y árboles y mejor resguardados entre cimas y laderas. Las tropas carolingias desfilan fatigadas por el desfiladero y estiradas en estrechas filas, debido a la extrema dureza de las fuertes pendientes rocosas coronadas por bosques.

Los asediantes coaligados lanzan una lluvia de dardos, flechas y piedras contra la retaguardia. La emboscada resultó efectiva: los francos no están acostumbrados a luchar en las montañas, se encuentran dispersos en una larga hilera, sus cascos y corazas son resistentes pero pesadas, es más resolutivo la puntería de unos arqueros resguardados entre rocas.

Tras la lluvia de flechas, los atacantes se aproximan, descienden, corren detrás de las rocas, saltan, se precipitan sobre los caballeros, caen sobre las basternas, golpean a sus conductores y se producen combates cuerpo a cuerpo; hay caballos heridos cuyos relinchos desencadenan el tumulto, gritos de reagrupamiento, caballeros sin montura que acaban siendo degollados por los montañeses. 

En este asalto muere Roland, duque de la marca de Bretaña (las fuentes castellanas le han llamado Roldán o Rolando), junto a los 12 Pares de Francia, entre ellos Anselmo, conde de la casa real, y el senescal Eggihard. Este noble se encargaba de custodiar la retaguardia. Según la épica, hizo sonar el cuerno para llamar al rey en señal de auxilio, pero el grueso de sus tropas continúan el camino hacia la llanura pasando San Juan de Pie de Puerto, punto de inicio de una Ruta Jacobea hacia Santiago de Compostela que se estaba formando por los peregrinos europeos, especialmente franceses. 

Los vascones vengan los saqueos que realizaron en sus tierras, los musulmanes liberan a Sulayman. Carlomagno nunca más vuelve a pisar tierra hispánica.

 

BATALLA DE RONCESVALLES

LAS REPERCUSIONES DE AQUELLA EMBOSCADA

Aquella batalla desencadenó diversas repercusiones tanto en los reinos de la península Ibérica como en el Imperio carolingio.

Esta es la primera derrota militar que sufre el Imperio de Carlomagno, gran emperador de Europa en la Alta Edad Media. Esta debilidad animará a otras marcas en su domino a sublevarse en su contra. Fue también un impulso reconquistador para los hispanos, pues asegurarían ahora la frontera del Pirineo frente al invasor franco y pondrían la mirada al sur para reconquistar las tierras al moro.

Mil años después, se repetirá este espíritu de resistencia y lucha contra los franceses, esta vez encabezados por el emperador Napoleón Bonaparte, en los sitios de Gerona y Zaragoza, en la llamada del tambor del Bruc, en la batalla de Bailén, en el levantamiento del 2 de Mayo madrileño, y en tantos otros heroicos sucesos de España.

El emir de Córdoba, Abderraman I, para evitar futuras incursiones carolingias y cortar rebeldías islámicas, se presentó ante Zaragoza en el 791; derrotó a los rebeldes y marchó contra sus aliados vascones. Conquistó Calahorra, luego Pamplona, sometió al valí Ibn Velasco bajo su órbita de poder y volvió a Córdoba con rehenes, quedando los vascones sometidos bajo soberanía de los Omeyas durante cerca de 20 años.

En el plano literario, los poemas y narraciones épicos describirán el suceso con todo el romanticismo medieval de la época. Destaca la Chansón de Roland en francés. Pero Roldán, sobrino de Carlomagno, se hará inmortal gracias a la literatura. Hoy en día, varios puertos, pasos o brechas llevan su nombre a lo largo de todo el Pirineo.


MUERTE DE ROLDÁN

viernes, 26 de junio de 2015

Efectivos de la Capitanía general de Guipúzcoa

Durante el reinado de los Reyes Católicos comenzó a existir una autoridad militar en Guipúzcoa, y ya en el siglo XVI existía una capitanía general, con sede en Fuenterrabía y normalmente adscrita al virreinato de Navarra, pues su virrey solía tener también el título de capitán general de Guipúzcoa.

Una vinculación que se consolidó a partir de 1517, cuando el virrey navarro Vespasiano Gonzaga Colonna consiguió el título de capitán general de Guipúzcoa y, aunque posteriormente, hay capitanes generales independientes (como García de Arce, en 1579, y Hernando Hurtado de Mendoza, en 1598) la Capitanía General dependía del virreinato navarro.

Desde la época de Juan de Cardona (1598), en Fuenterrabía quedó un teniente del capitán general, con el disgusto de las Juntas Generales de Guipúzcoa que deseaban deshacer la vinculación de ambos cargos. Esta petición fue conseguida en 1638, cuando el duque de Ciudad Real fue nombrado capitán general independiente del virrey, si bien en 1644 el conde de Oropesa los reunió durante dos años y en 1646, con la elección de Juan de Garay como capitán general, ambos cargos se volvieron a separar.


VESPESIANO GONZAGA
VIRREY DE NAVARRA Y CAPITÁN GENERAL DE GUIPÚZCOA


En el plano militar, los hombres que Guipúzcoa podía levantar para su defensa (unos 10.000) no estaban asignados ni repartidos, pues salvo los de Fuenterrabía y los de los puertos de mar que debían guardarse, acudían a la llamada desde los demás lugares y lo hacían sin recibir remuneraciones de Castilla. Como la tierra era pobre, la llamada militar resultaba onerosa para las haciendas de los afectados, por lo que sólo se recurría a Guipúzcoa en casos extremos.

Según Gallastegui:
“Casi todos (en Guipúzcoa) pueden salir con arcabuces y picas. Ningún lugar está con distancia señalada para socorro de otro. Todos tienen igual obligación a la asistencia del que tuviera más peligro. Sólo los que están más cerca del paso de Behovia, que son Irún (con 450 hombres), Oyarzun (con 600), Hernani (con 200) y Rentería y Astigarraga (con 200 cada una) acuden primero a él, ya que como están siempre sobre sus armas, llegan al repique de una campana… Los alcaldes de cada villa guipuzcoana son capitanes a guerra en cada ocasión, y se gobiernan por una coronel elegido, ordinariamente, entre un gran soldado o un gran señor.”

La sede de la máxima autoridad militar en Guipúzcoa, Fuenterrabía, situada en la misma frontera, prácticamente, fue siempre un punto caliente en las relaciones bélicas hispano-francesas, tanto en el siglo XVI como en el XVII. En principio, su posición geográfica le proporcionaba ciertas garantías defensivas, ya que por una parte la rodea el mar y no se puede batir desde allí; por el lado oriental, el más próximo a la frontera, la abraza el río Bidasoa, que convierte aquella zona en un lodazal, que la pone a salvo de cualquier ataque por ahí, y por el sur, la existencia de pantanos y juncales que en bajamar quedan en seco, hace pensar en la conveniencia de alguna obra como refuerzo defensivo.

Por el otro lado, tres baluartes, más bien pequeños, constituyen el nervio de la defensa. El denominado de la Magdalena se puede batir con facilidad desde una colina próxima, no ocurre lo mismo con el de Santa Engracia, de sólidas murallas; y el levantado en el cabo de Higuer, a dos tercios de la lengua de la villa, con capacidad para 20 soldados, era considerado como el freno de cualquier peligro que pudiera llegar por mar.

Constituían la guarnición de la plaza varios centenares de hombres, que sufrían los flujos de las circunstancias y de las disponibilidades de la hacienda regia. A principios del siglo XVII, los efectivos de las cuatro compañías allí destinadas no superaban los 400 individuos, pero había sobrada disponibilidad de armas, como sucedía también en San Sebastián.

Una situación que se mantuvo en términos parecidos hasta que en 1620, como consecuencia del estallidos de la Guerra de los Treinta Años, se la reforzó con tres compañías que en total suponían 166 hombres, y cuando estalló la Guerra con Francia de 1635, la preocupación de la Corte no decayó y mantuvo los efectivos, elevando algo las cifras de los hombres (sobre los 600) y procurando que estuviera bien avituallada en víveres y municiones.


FUENTERRABÍA EN 1476 CON LA MURALLA Y CASTILLO MEDIEVALES


Por lo que a San Sebastián se refiere, desde tiempos de Sancho III el Mayor, tenía una muralla defensiva y desde el siglo XIII ya consolidó para que pudiera resistir las nuevas posibilidades de la artillería. El ingeniero Villaturiel proyectó cerrar el monte de manera que el puerto quedase protegido y los franceses no puedan llegar por mar en caso de guerra. En el siglo XVII, comenzó la fortificación del monte Urgull con vistas a fundamentar la defensa en una ciudadela que protegiera el puerto y la ciudad y ella a su vez lo fuera desde el castillo.

La guarnición de San Sebastián a principios del siglo XVII estaba constituida por unos 350 hombres a las órdenes de cuatro capitanes, a los que hay que sumar los 40 que constituían la guarnición del castillo de La Mota y los artilleros que compartían con Fuenterrabía, que eran un total de 79. Las armas existentes no eran escasas y, particularmente, La Mota tenía armamento suficiente y en buen estado, tanto las piezas de artillería como las armas de fuego portátiles e individuales.

Por su parte, los virreyes navarros siempre tuvieron muy presente en sus planes militares a San Sebastián y la puesta en marcha de las diferentes obras de fortificación proyectadas, ya que pensaban que si el enemigo la conquistaba, podría saquearla impunemente o conservarla, y perdida ella, se perdería también el puerto de Pasajes, sus instalaciones artilleras y las de Rentería. La misma Fuenterrabía acusaría el hecho, pues su abastecimiento se veía afectado por la presencia del enemigo en esos lugares.

Pero hasta el estallido de la guerra no se advertiría ningún cambio significativo. En el inicio del siglo XVII, la guarnición de San Sebastián se mantuvo en torno a los 350 hombres más o menos. Cuando la Guerra de los Treinta Años se iniciaba, los planes de Madrid proyectaban elevar a 1.000 hombres la guarnición de San Sebastián y Fuenterrabía, de la que aquella se llevaba la peor parte: 887 plazas para las compañías allí destinadas y 51 para La Mota.



SAN SEBASTIÁN, SIGLO XVII

jueves, 25 de junio de 2015

Francisco de Urdiñola y Larrumbide

Conquistador, gobernador, comerciante y capitán general de Nueva Vizcaya del virreinato Nueva España a finales del siglo XVI y principios del XVII. Fue uno de los mineros más ricos de Nueva Vizcaya y de Nueva Galicia.

Poseedor y explotador de minas en Bonanza, en Mazapil, en Ramos y en el Río Grande de las Nieves, donde tenía ingenios para fundir y refinar el metal. Agricultor, vinicultor (construyó la primera bodega comercial de vino de América en Parras), propietario de uno de los latifundios más grandes de la tierra (sólo en Coahuila 30.000 km2 con 66 poblados), fue también uno de los ganaderos más importantes de Nueva España (México). Para aprovechar la lana de sus incontables ovejas, tenía en Patos fábricas de paños, bayetas y de sombreros de lana que proporcionaban propios rebaños de obejas. Y también tuvo industria de transporte, pues en varios documentos se mencionan sus jefes arrieros.

FRANCISCO DE URDIÑOLA

 
Natural de Oyarzun, donde nació en 1552 en la casa torre de los Urdiñola frente a la iglesia, hoy llamada Landetxe. Sus padres fueron Juanes de Urdiñola e Isabel de Larrumbide Echenagucia y Ugarte, familia pobre pero hidalga. Su arribo a la Nueva España y, especialmente, a los territorios de Nueva Galicia y Nueva Vizcaya se efectuó en 1572.

Llegó a México hacia 1572, probablemente a Zacatecas, donde había muchos vascos, puesto que Francisco de Ibarra se rodeaba de ellos. Coincidió su llegada más o menos con la muerte de Ibarra y tuvo incluso más mérito que él, puesto que fue el definitivo conquistador de Nueva Vizcaya, o mejor dicho el pacificador, puesto que este último prefería una mala paz a una buena guerra.

En 1579, fue herido por los indios en Nueva Vizcaya en un asalto a las minas de Indé. En 1580, luchó y pacificó la comarca del Saltillo con el capitán Diego de Aguirre. En 1581, socorrió con el capitán Alonso López de Loys a los mineros de Mazapil y por su ánimo y diligencia fue nombrado caudillo: soldado más valeroso y distinguido. Ese mismo año, prendió a los jefes indios Martín y Francisco el tuerto a su costa y misión, y el general Rodrigo del Río Losa le nombró capitán de Mazapil.

En 1582, atrapó al jefe chanala Machoquía, al jefe guachichili y a otros tres jefes que asaltaban a los mineros. Vigiló los caminos asegurando el comercio en beneficio de las minas. El mismo año, luchando contra los guachichiles prendió entre otros a la madre, mujer e hijos del capitán Melchor, indio muy ladino criado entre cristianos. Para conseguir la paz, trató bien a los presos y dio libertad a muchos, entre ellos a la madre de Melchor. Este le citó en la sierra y le dijo que fuera solamente con dos soldados. Allí el jefe rodeado de muchos indios le hizo subir sin arcabuz y al ver que lo hacía lo abrazó y Urdiñola consiguió su asentamiento en las minas de Mazapil.

 
ESCUDO DE LOS URDIÑOLA


En 1584, se volvió a alzar Melchor con el indio Pedro Rayado y los redujo volviendo a traer la paz; les proporcionó a su costa alimentos y vestuario y los asentó.

En 1586, segundo alzamiento de los indios en Saltillo dando muerte a Sagastiberri y robando muchos caballos. Venció a sus jefes Cilavan y Zapalinamé, los trajo a la paz y los asentó.

En marzo de 1587, firmó una paz ajustada con los indios de Mazapil, dándole libertad al indio esclavo Maztel o Cristóbal y buen trato en general.

En 1588, tercer alzamiento en Saltillo. Con maña los trajo a la paz y los asentó en pueblos y rancherías.

En 1589, cuarto levantamiento en Saltillo. Viendo que la paz no era duradera y que al no haber minas que defender en Saltillo resultaba muy caro enviar una gran partida de soldados, el virrey Velasco decidió poblarlo de tlaxcalas. Los tlaxcalas eran indios que ayudaron a los españoles en la conquista de Tenochtitlan, Ciudad de México. Por lo visto en las negociaciones con el jefe tlaxcala influyó mucho el padre navarro Gerónimo Mendieta.

 
PACIFICACIÓN DE INDIOS POR URDIÑOLA
 

El 14 de marzo de 1591, el virrey Luis Velasco refrendado por su secretario Martín López de Gauna ordenó al general Rodrigo del Río de Loza el asentamiento de los indios tlaxcalas en cinco poblados, teniendo que estar uno de ellos contiguo a Saltillo, dándoles mercedes y privilegios de conquistadores a los indios. Pero, el 11 de agosto, Rodrigo legó el asentamiento en Urdiñola por su rectitud, diligencia y habilidad demostradas, con el que partieron los 400 tlaxcalas con sus familias. Hay un listado de los indios comandados por Buenaventura de Paz, nieto de Xicotencatl del 6 de julio de 1591.

Urdiñola fue nombrado teniente gobernador y capitán general de toda Nueva Vizcaya y se ordenaba a todas las villas que se le obedeciese. La marcha debió de ser lenta pues llegaron el 2 de septiembre. Los indios de Saltillo los recibieron bien, cedieron parte de los manantiales y comenzó el reparto de las tierras más fértiles, quedando el pueblo fundado y así consolidada la precaria villa de Saltillo.

El 13 de septiembre, amojonó tierras para la iglesia y el convento y al sur de Saltillo asentó a los guachichiles y otras naciones que habían estado en guerra. Y el propio Urdiñola tomando de la mano a varios jefes indios les dio posesión de las tierras. Y a petición de los tlaxcaltecas que eran todos de San Esteban de Tizatlan lo bautizaron con el nombre de San Esteban de Tlaxcala, quedando dividido de Saltillo por una acequia y hoy en día por la calle Allende, convirtiéndose en ciudad al unirse a Saltillo el 5 de noviembre de 1827 y más tarde en capital.

Mientras cumplía sus deberes de gobernador no desaprovecho la oportunidad para aumentar sus extensas propiedades otorgándose mercedes que extendieron sus propiedades hacia el norte y hacia el sur de lo que ya poseía.

La fortuna principal de Urdiñola, la que pasaría a sus herederos, se formó de haciendas ganaderas y vinícolas que empezó a adquirir desde que fuera nombrado capitán de la tropa de Mazapil y que seguiría extendiendo hasta los últimos días de su vida. Desde el principio de la colonización de la Nueva Vizcaya se repartieron no solamente solares y caballerías a los fundadores de los pueblos, sino también extensiones mucho más amplias llamadas “estancias”, en los valles cercanos donde había agua, lo que permitía dedicarlas a la agricultura y a la cría de ganado.

La estancia fue adquiriendo sus características y dimensiones, hasta convertirse en la unidad de explotación típica de la Nueva España Mientras tanto, en la ciudad de México, los virreyes hacían esfuerzo por reglamentar la distribución de la tierra.

Las leyes de 1567 y 1574 definieron la extensión de una “estancia” de ganado mayor en 1 755 hectáreas, la de ganado menor en 780 hectáreas, y la de una caballería en 430 hectáreas. Las estancias se otorgaron con derechos definitivos de propiedad privada y se vendieron, donaron o legaron sin otro requisito que el registro del cambio de propietario ante un escribano público.

 
FUNDACIÓN DE SALTILLO
 

Cuando Urdiñola llego a la región oriental de la nueva Vizcaya, las tierras para la fundación de las villas de Parras y Saltillo se habían repartido ya, y al ver aquellos bellos pastizales vírgenes donde pacía el ganado, y como defensor que era de la región, no tardó en solicitar “mercedes” de tierras.

El 16 de agosto de 1583, el teniente de gobernador Francisco de Ibarra le cedió a Urdiñola un sitio de ganado mayor, seis caballerías de tierra para siembra, dos solares para casas con sus suertes de huertas y un ejido de molino sobre el río de los palmitos-nogales ubicado entre la villa del Saltillo y la de Parras. Ese mismo año adquirió por compra a Juan Alonso otra estancia de ganado mayor, dos ejidos de molino y dos caballerías de tierra en la Ciénega de los Patos. Estas dos estancias fueron el núcleo alrededor del cual se formaría la hacienda principal del latifundio que se denominaría San Francisco de los Patos.

En 1587, ya Urdiñola era dueño de 2 estancias más, una en Castañuela y otra en la Ciénega de San Juan. Y fue en ese mismo año que el tesorero de la Nueva Vizcaya, Juan de Ibarra, le acrecentó sus propiedades al cederle por donación, una merced que el mismo Ibarra había recibido días antes y que incluía las demasías de tierra que existieran desde Castañuela hasta San Juan, y las que hubieran también hasta la Ciénega de los Patos.

Pero Urdiñola deseaba tener terrenos en la región de Parras, y fue así que entre 1589 y 1590 le fueron mercedados 3 sitios más de ganado mayor y 16 caballerías de tierra entre castañuela y parras otorgadas por el general Alonso Díaz entonces teniente del gobernador Rodrigo de Río de la loza. En 1598, fecha de la segunda fundación de parras, Urdiñola había extendido sus tierras en parras hasta el ojo grande (el manantial principal de parras) mismo que tuvo que compartir con el pueblo de indios de parras (adjunto a su hacienda), y también con los jesuitas.



ALEGORÍA A FRANCISCO DE URDIÑOLA EN NUEVA VIZCAYA
 
 
En el año de 1591, Urdiñola recibió la comisión del virrey Luis de Velasco para trasladar 400 familias tlaxcaltecas hacia las poblaciones del norte de la Nueva España. Al Saltillo llegó con 71 familias y 16 indios solteros tlaxcaltecas el 2 de septiembre de ese año, y adjunto a dicha villa, fundó el 13 de Septiembre de 1591, el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, situado al poniente del Saltillo y separado de ésta por lo que hoy es la calle de Allende.

En 1594, Urdiñola fue acusado de haber asesinado a su esposa Leonor López de Lois y a un supuesto amante de nombre Domingo de Landaverde. Después de un proceso que duro 4 años en que la inquisición y la audiencia de Guadalajara se disputaban la jurisdicción, Urdiñola fue absuelto de la muerte de su esposa, pero no de la de Landaverde, luego de lo cual Urdiñola regreso al norte a sus terrenos con la idea de acrecentarlos aun mas, y para ello siguió adquiriendo tierras en las cercanías de saltillo que habían sido anteriormente mercedadas a sus primeros pobladores.

Al año de conseguir la libertad, el que había sido su enemigo, Santiago de Vera, nuevo presidente de la Audiencia de Guadalajara, encomendaba a Urdiñola como gobernador por su rectitud, diligencia y por ser amado y seguido por numerosos amigos y soldados en escrito del 12 de abril de 1600 y en otro del 15 de diciembre.

El 28 de mayo de 1603, el virrey conde de Monterrey le nombró gobernador y capitán general de Nueva Vizcaya por sus buenas virtudes y por dejación de Rodrigo de Vivero, tomando posesión del puesto en la villa de Durango el 23 de junio de 1603 y continuando en el cargo hasta 1614.

El anterior gobernador Rodrigo de Vivero y el teniente gobernador Alonso Maldonado no consiguieron aplacar en 1601 una gran rebelión de indios de la provincia. Pero Urdiñola trasladándose a Topia apresó a los cabecillas en poco tiempo, y sin derramar sangre pacificó la provincia, les regaló tierras y levantaron poblados.

Después atravesó Sierra Madre y se dirigió a la provincia de Sinaloa. Y el 31 de marzo de 1604 envió un informe general de Nueva Vizcaya a las Cortes, donde se reveló como estadista haciendo un informe sobre las riquezas y malos empleos, denunciando a latifundistas que compraban minas, pero no las explotaban por no pagar los quintos reales. Hizo una relación de minas y aconsejó medidas y legislación para corregir estos fraudes. Informó sobre la pacificación que como consecuencia trajo el descubrimiento de las minas de San Luís Potosí y otras, y pidió más soldados para Sinaloa. En los documentos relacionados con Urdiñola que formarían varios volúmenes, encontramos actos de gobierno, creación de obispados, fundación de pueblos, nombramiento de jueces, censos…


MAPA DE NUEVA VIZCAYA

 
En 1607, emprendió una expedición por haber sido muerto a flechazos fray Martín de Altamira, persiguiendo a los indios Quamoquanes hasta el río Sabinas. Ejecutando a los cabecillas consiguió la paz y trasladó los restos del padre a Saltillo. Como pago, el 8 de enero de 1610, el rey le hizo merced de 1500 pesos por decreto firmado en Madrid. A 30 leguas de Durango, provincia de Xocotilma, había una serranía abrupta donde vivían los xiximes, indios que asaltaban los caminos, mataban y se llevaban los muertos para comerlos. Entró en la serranía en 1610, construyendo caminos en sitios que parecía imposible abrirlos. Fue una campaña muy dura con muchas muertes y castigos de horcas, pero consiguió pacificarlos dándoles la libertad y congregándolos en cinco pueblos en partes muy cómodas. No se sabe cuando dejó el mandato, pero en 1615 ya era gobernador Gaspar de Albear.

Urdiñola otorgo testamento en su estancia de Santa Elena el 16 de julio de 1617. Al año siguiente el 4 de marzo de 1618 dicto un codicilio que por su extrema gravedad no llegó a firmar. Urdiñola debió haber fallecido poco tiempo después dejando como herederas universales a sus dos hijas María e Isabel Urdiñola de Lois.

El 27 de abril de 1619 el convento de Santo Domingo de la ciudad de México dono a los descendientes de Urdiñola, mediante una limosna de 4000 pesos, una capilla lateral de su iglesia de San Raymundo de Peñafort para depositar en ella los restos del capitán francisco de Urdiñola conquistador, gobernador, y capitán general de la Nueva Vizcaya.

miércoles, 24 de junio de 2015

Incorporación de la Capitanía general de Guipúzcoa a la defensa fronteriza de España

Fue durante el reinado de los Reyes Católicos cuando realmente comenzó a existir una autoridad militar en Guipúzcoa. En el siglo XVI ya existía una Capitanía General, con sede en Fuenterrabía y normalmente adscrita al virreinato de Navarra, pues su virrey solía tener también el título de capitán general de Guipúzcoa.

Una vinculación que se consolidó a partir de 1517, cuando el virrey navarro Vespasiano Gonzaga Colonna consiguió el título de capitán general de Guipúzcoa y, aunque posteriormente, hubo capitanes generales independientes (como García de Arce, en 1579, y Hernando Hurtado de Mendoza, en 1598) la Capitanía General guipuzcoana dependía del virreinato navarro. Desde la época de Juan de Cardona (1598), en Fuenterrabía quedó un teniente del capitán general, con el disgusto de la Juntas Generales de Guipúzcoa que deseaban deshacer la vinculación de ambos cargos. Esto último se consiguió en 1638, cuando el duque de Ciudad Real fue nombrado capitán general independiente del virrey, si bien en 1644 el conde de Oropesa los reunió durante dos años y en 1646, con la elección de Juan de Garay como capitán general, ambos cargos se volvieron a separar.

PLAZA FUERTE DE FUENTERRABÍA

En el plano militar, los hombres que Guipúzcoa podía levantar para su defensa (unos 10.000) no estaban asignados ni repartidos, pues salvo los de Fuenterrabía y los de los puertos de mar que debían guardarse, acudían a la llamada desde los demás lugares y lo hacían sin recibir remuneraciones de Castilla. Como la tierra era pobre, la llamada militar resultaba onerosa para las haciendas de los afectados, por lo que sólo se recurría a Guipúzcoa en casos extremos.

Según el historiador Gallastegui:
“Casi todos (en Guipúzcoa) pueden salir con arcabuces y picas. Ningún lugar está con distancia señalada para socorro de otro. Todos tienen igual obligación a la asistencia del que tuviera más peligro. Sólo los que están más cerca del paso de Behovia, que son Irún (con 450 hombres), Oyarzun (con 600), Hernani (con 200) y Rentería y Astigarraga (con 200 cada una) acuden primero a él, ya que como están siempre sobre sus armas, llegan al repique de una campana…
Los alcaldes de cada villa guipuzcoana son capitanes a guerra en cada ocasión, y se gobiernan por una coronel elegido, ordinariamente, entre un gran soldado o un gran señor.”

PLAZA FUERTE DE FUENTERRABÍA


La sede de la máxima autoridad militar en Guipúzcoa, Fuenterrabía, situada en la misma frontera fue siempre un punto caliente en las relaciones bélicas hispano-francesas, tanto en el siglo XVI como en el XVII. En principio, su posición geográfica le proporcionaba ciertas garantías defensivas, ya que por una parte la rodea el mar y no se puede batir desde allí; por el lado oriental, el más próximo a la frontera, la abraza el río Bidasoa, que convierte aquella zona en un lodazal, que la pone a salvo de cualquier ataque por ahí, y por el sur, la existencia de pantanos y juncales que en bajamar quedan en seco, hace pensar en la conveniencia de alguna obra como refuerzo defensivo.

Por el otro lado, tres baluartes, más bien pequeños, constituyen el nervio de la defensa. El denominado baluarte de la Magdalena se puede batir con facilidad desde una colina próxima, no ocurre lo mismo con el baluarte de Santa Engracia, de sólidas murallas; y el levantadobaluarte del cabo de Higuer, a dos tercios de la lengua de la villa, con capacidad para 20 soldados, era considerado como el freno de cualquier peligro que pudiera llegar por mar.

PLAZA FUERTE DE FUENTERRABÍA

Constituían la guarnición de la plaza varios centenares de hombres, que sufren los flujos de las circunstancias y de las disponibilidades de la hacienda regia. A principios del siglo XVII, los efectivos de las 4 compañías allí destinadas no superaban los 400 individuos, pero había sobrada disponibilidad de armas, como sucedía también en San Sebastián.

Esta fue una situación que se mantuvo en términos parecidos hasta que en 1620, como consecuencia del estallidos de la guerra de los Treinta Años, se la reforzó con 3 compañías que en total suponían 166 hombres, y cuando estalló la guerra con Francia en 1635, la preocupación de Madrid no decayó, elevando algo las cifras de los hombres (sobre los 600) y procurando que estuviera bien avituallada en víveres y municiones.

PLAZA FUERTE DE SAN SEBASTIÁN, SIGLO XIX

Por lo que a San Sebastián se refiere, desde tiempos de Sancho el Mayor, tenía una muralla defensiva y desde el siglo XIII ya consolidó para que pudiera resistir las nuevas posibilidades de la artillería. El ingeniero Villaturiel proyectó cerrar el monte de manera que el puerto quedase protegido y los franceses no pudiesen llegar por mar en caso de guerra. En el siglo XVII, empezó la fortificación del monte Urgull con vistas a fundamentar la defensa en una ciudadela que protegiera el puerto y la ciudad y ella a su vez lo fuera desde el castillo.

La guarnición de San Sebastián a principios del siglo XVII estaba constituida por unos 350 hombres a las órdenes de 4 capitanes, a los que hay que sumar los 40 que constituían la guarnición del castillo de La Mota y los artilleros que compartían con Fuenterrabía, que eran un total de 79. Las armas existentes no eran escasas y, particularmente, La Mota tenía armamento suficiente y en buen estado, tanto las piezas de artillería como las armas de fuego portátiles e individuales.

PLAZA FUERTE DE SAN SEBASTIÁN, SIGLO XVI


Por su parte, los virreyes navarros siempre tuvieron muy presente en sus planes militares a San Sebastián para la ejecución de las diferentes obras de fortificación proyectadas. Pensaban que si el enemigo conquistaba esta ciudad, podría saquearla impunemente o conservarla, y perdida ella, se perdería también el puerto de Pasajes, sus instalaciones artilleras y las de Rentería. La misma Fuenterrabía acusaría el hecho, pues su abastecimiento se veía afectado por la presencia del enemigo en esos lugares.

Pero hasta el estallido de la guerra no se advertiría ningún cambio significativo. En el inicio del siglo XVII, la guarnición de San Sebastián se mantuvo en torno a los 350 hombres más o menos. Cuando la guerra de los Treinta Años se iniciaba, los planes de Madrid proyectaban elevar a 1.000 hombres la guarnición de San Sebastián y Fuenterrabía, de la que aquella se llevaba la peor parte del león: 887 plazas para las compañías allí destinadas y 51 para La Mota.

martes, 23 de junio de 2015

Batalla de Ochandiano

La villa vizcaína de Ochandiano se fundó como una villa defensiva dentro de la merindad de Durango en un emplazamiento estratégico, en el límite con el territorio alavés y al pie de la ruta que unía la meseta castellana con la costa cantábrica cruzando el puerto de Urquiola. Fue una de las 14 villas que conformaban junto con Ortuña y la Tierra Llana, el Señorío de Vizcaya, con voto y asiento en las Juntas de Guernica. Ha presenciado grandes batallas por ser asiento de la nobleza del Señorío que se enfrentó por el control económico y abrió disputas entre la sociedad urbana y la nobleza rural durante los siglos XIV y XV.
 

 

Hay noticias de la batalla que libraron en 1295 por la posesión del señorío las tropas de Diego López de Haro contra las de Álvaro Díaz de los Cameros, unido al infant Juan y a María Díaz de Haro.

A principios del siglo XIV, se dio justo a sus puertas el combate entre Fortún Sánchez de Zamudio y Álvaro Díaz, enviado del infant Juan, pretendiente al Señorío de Vizcaya. En ella murió Díaz, en singular combate con Zamudio.
 
En 1355, siendo el conde Tello el señor de Vizcaya, un grupo de vizcaínos al mando de Juan de Avendaño batallaron en tierra de Ochandiano contra Juan de la Cerda, a quien el rey Pedro I de Castilla había encargado la conquista del Señorío. Los de Avendaño infligieron una grave derrota a sus enemigos, causando muchos muertos y prisioneros.

Pero esta guerra civil entre dos pretendientes a la Corona de Castilla fue aprovechada por los banderizos para convertir la villa de Ochandiano en su campo de lucha para solucionar sus discordias. La Villa padeció el saqueo, incendio, y todos los horrores de una guerra civil sin piedad y sin cuartel.




En marzo de 1415, Juan de Avendaño y Juan Alonso de Mújica ambicionaban la posesión de la Guia de Albina en Olaeta. Cada caudillo ocupaba un barrio opuesto en Ochandiano. Juan Pérez de Gamboa, del bando de Avendaño, prendía fuego el barrio que ocupa Mújica, ante la imposibilidad de hacerlo por las armas. Su plan fue exitoso ya que Mújica, herido de un saetazo, tuvo que replegarse con los suyos a un cerro colindante.

Al siguiente día, llegaron refuerzos a los Oñacinos y consiguieron establecer un tratado de paz, que solo duró unos días, pues muy poco después las calles de Ochandiano se tiñeron de sangre de ambas parcialidades.
 
Gómez González de Butron, protagonista en los sucesivos asedios a Munguía, volvió a pelearse de nuevo con los de Avendaño en 1437 en Ochandiano. En 1443 fue Avendaño quien atacaba a la villa, aliada entonces de Butron y saqueaba Aramayona, retirándose sin problemas satisfecho de su hazaña y de haberse vengado del desastre de 1437.
 
 
 

lunes, 22 de junio de 2015

Vinculación de la Capitanía general de Guipúzcoa al Virreinato de Navarra

La relación de los conflictos jurisdiccionales entre los capitanes generales de Navarra y la Provincia guipúzcoana, sobre todo en el ámbito judicial, decidió resolverlos el rey Felipe II vinculando el cargo de capitán general de Guipúzcoa al de virrey de Navarra, que también era capitán general de este reino. Y así, en 1572, en Vespasiano Gonzaga de Colona recayeron ambos cargos, designación bien aceptada por la Provincia. El rey dejó como delegados en Fuenterrabía un teniente de capitán general y un alcaide de la fortaleza de esa plaza que fueron quienes suscitaron los escasos conflictos de competencias que se plantearon en los primeros años. 
 
Sin embargo, las tensiones continuaron y no se refirieron sólo a las derivaciones de la ausencia del capitán general, sino que se extendieron al terreno económico y otras de mayor alcance potencial, como el intento de fragmentar territorialmente la provincia protagonizando en 1577 por unos vecinos de Rentería, valle de Oyarzun y la villa de Fuenterrabía de separase de la Hermandad de Guipúzcoa. Al plan se opusieron San Sebastián y las villas mayores, y al no ser apoyado por todas las corporaciones implicadas no prosperó, pero puso en evidencia las diferencias de intereses reinantes.
 
 
VESPASIANO GONZAGA DE COLOMA


La reiteración de solicitudes de la provincia de que se separaran los cargos de capitán general y virrey dio fruto en 1579. Año en que precisamente comenzaba una intensa actividad en la frontera guipuzcoana por los movimientos de tropas francesas y desde entonces hasta 1590 las relaciones entre las autoridades militares y la provincia fueron bastante cómodas y menos conflictivas, un clima que cambió con la llegada a la capitanía general de Juan Velázquez, donde permaneció hasta 1598, en donde se reprodujeron las alarmas fronterizas y no faltaron problemas de relación entre las autoridades de los dos ámbitos.

El siglo XVII se inició de nuevo con la unión de los cargos de capitán general y virrey navarro, que salvo breves períodos se mantuvo hasta 1662, pese a las peticiones de separación formuladas por la Provincia. Las designaciones de estos cargos eran facultad reconocida del soberano y estaban motivadas por el deseo de afrontar en las mejores condiciones la guerra y su incidencia en el territorio de Guipúzcoa, que desde 1635 se agravó como consecuencia de la declaración de guerra francesa. Fueron años en que la provincia negoció con Felipe IV para la salvaguardia de sus atribuciones militares, que consiguió en sucesivas cédulas reales que constituyeron el cuaderno foral de 1696:
“La conservación de estas antiguas libertades, plasmadas en el nombramiento de los coroneles y el gobierno de sus propias tropas, estaban sustentadas en el propio pacto de sujeción a la superior autoridad del monarca, que veía así limitada su potestas por estos condicionamientos. Las relaciones de fidelidad seguían estando presentes, pero en esta doctrina, ahora ya foral, estas relaciones políticas ante ambos poderes, aunque reconocidos desiguales, se sustentaban en los vínculos de sujeción directa de la entidad provincial al poder emanado de la figura del monarca y no al de sus delegados, como sucedió igualmente en otros ámbitos del gobierno.”

 SIERRA DE ARALAR, FRONTERA FÍSICA ENTRE GUIPÚZCOA Y NAVARRA