sábado, 28 de febrero de 2015

Juana de Zárate, adelantada del Río de la Plata


En la segunda mitad del siglo XVI, la colonización americana llegó hasta el Perú fundando un virreinato en el sur del continente que lleva su nombre. Las expediciones pusieron rumbo hacia el sur, Chile, y hacia el este, Río de la Plata. En la sociedad peruana ya se había hecho realidad el fenómeno del mestizaje y numerosos colonizadores españoles se habían casado con aristócratas incas. De este modo, la jerarquía social previa, la del mundo precolombino, se prolongaba en el nuevo escenario hispánico. El origen mestizo no fue una tacha social en la mentalidad hispanoamericana de la época, sino con frecuencia un signo de distinción y gloria.

Una de esas mestizas fue Juana de Zárate, hija del conquistador vascongado Juan Ortiz de Zárate y de la princesa inca Leonor de Yupanqui.


JUAN ORTIZ DE ZARATE


Juan Ortiz de Zárate era natural de Orduña, donde nació en 1521. Marchó a América muy joven, allí tomo parte en las campañas de Pizarro y Almagro. En Chuquisaca (Bolivia) fue nombrado tercer adelantado del Río de la Plata, llegando a ser su gobernador y capitán general. A esta región comprendida en tierras de las actuales Argentina y Paraguay la bautizó como Nueva Vizcaya, fundando la ciudad de Zaratina de San Salvador (Zárate), en 1575, en honor a su tierra.

Juana de Zárate nació en Cruzco, la vieja capital inca. Pronto se trasladaría junto con sus padres a Chuquisaca, la actual Sucre boliviana. Juana se crió conforme a su rango principesco, bien avalada por la fortuna de su padre que, además de ser el más alto administrador colonial, era un gran terrateniente.

Juan Ortiz estableció un asentamiento, Asunción, desde el cual partían las expediciones hacia el interior del Río de la Plata. Sufrió diversos ataques por los indios en tierra y por piratas en el mar. Otros expedicionarios vascos como Francisco de Aguirre, Juan de Ayolas, Domingo Martínez de Irala o Juan de Garay le ayudaron a consolidar su proyecto colonizador en amplios territorios del cono sur de América.

Por último, Juan Ortiz marchó a España para conseguir el reconocimiento y la titularidad de "Adelantado del Río de la Plata" de manos de Felipe II. Pero es más, el monarca legitimó a su hija mestiza, Juana, como heredera del adelantazgo y el título de marqués a quien la desposase. Esta titularidad elevaba a la mestiza vasca a la condición de aristócrata; así lo expresaba la Cédula Real:
"Por la gracia de Dios, el Rey resuelve dar legitimidad a la unión de la Palla Inka con el capitán don Juan Ortiz de Zárate, y al conceder omnímodas facultades, libera a la descendencia femenina, Juana Ortiz de Zárate, de toda duda o mancilla, y quitamos toda infamia de ella, mácula y defectos que por razón de su nacimiento le puedan ser pues..."

Poco antes de que la muerte le llegara a Juan Ortiz, en 1576, el colonizador de Orduña dejó escrito su testamento, designando al futuro esposo de su hija y, por tanto, al legítimo heredero de la titularidad del Gobierno en Nueva Vizcaya, ya que Juana era una adolescente de quince años. Así lo dejó escrito su cronista, el clérigo y poeta Martín del Barco Centenera:
"Dejó en su testamento declarado que sea su legítimo heredero la hija que en los Charcas ha dejado, y aquel que fuere esposo y compañero suceda en el gobierno y el estado, según como lo tuvo él de primero. Y mande y rija, en tanto que ella viene, su sobrino Mendieta que allí tiene."

Primeramente, testamentó a favor de Mendieta, su sobrino, pero ante el mal gobierno y el despótico uso de sus funciones, Juan Ortiz decidió que quien se llevaría el atractivo de su hija y el cargo de adelantado sería una persona de su confianza: Juan de Garay. Medio pariente suyo y, también, natural de Orduña. Garay era un explorador veterano, un líder nato y un fiel escudero en sus expediciones y en su gobierno.


JUAN DE GARAY


Surgieron más pretendientes, siendo tres de ellos muy bien cualificados. El primero era Antonio de Meneses, ahijado del virrey del Perú, Francisco de Toledo; el segundo era Francisco de Matienzo, hijo del juez de la Audiencia de Charcas, Juan de Matienzo; y el tercero era Juan Torres de Vera y Aragón, noble oficial que ejercía en la Audiencia de Chuquisaca.

Finalmente, es ella quien eligió. El amor superaba al poder, y escogía al candidato menos influyente: Juan Torres de Vera. Se trataba del típico noble español del siglo XVI que consiguió gloria y blasones en campañas y conquistas, noble de espada y toga, de armas y leyes, pero bastante pobre. Natural de Sevilla, tenía 30 años en aquel momento y consiguió la preferencia de la “adelanta” del Río de la Plata, el más joven y apuesto de todos los pretendientes. Juan de Garay, fiel a su amigo y padre de Juana, avalaba el matrimonio, cumpliéndose la voluntad de contrayentes.


PROVINCIA DEL RÍO DE LA PLATA, SIGLO XVI


Surgieron disconformidades ante tal unión. La ley no permitía casarse a los oficiales de justicia dentro de su jurisdicción, y Torres lo era. El virrey del Perú, descontento ante la imposibilidad de sus planes, dictó orden de prisión contra Torres. Por otra parte, Matienzo también abría un proceso judicial contra el oficial. Juana fue apresada por las tropas del virrey, pero tuvo una grata sorpresa: la adelantada esperaba un hijo. Por lo que, fue encerrada en un convento.

Torres nunca fue reconocido como adelantado y gobernador de Nueva Vizcaya del Virreinato del Perú. La ley nunca se lo permitiría y los colonos nunca le reconocieron, aún después de que el virrey Francisco de Toledo muriese. Tampoco pudo marchar a España a confirmar la legitimidad del cargo.

La princesa Juana murió encerrada en 1584, con veintitrés años, según cuenta la leyenda de tristeza. Su hijo, Juan Alonso de Vera y Zárate, viajó a España para reclamar sus derechos, acompañado de su abuela y viuda de Juan Ortiz de Zárate, la princesa inca Leonor de Yupanqui. La Corona reconoció sus títulos y Juan Alonso fue gobernador de Tucumán, quien promovió, entre otras cosas, la fundación de la Universidad de Córdoba en el actual estado de Argentina.

No fue este el único caso de matrimonio entre un conquistador vascongado con una princesa india. Juan de Tolosa, explorador de la Nueva Vizcaya del virreinato de Nueva España (México), matrimonió con Isabel Cortés Moctezuma, hija de Hernán Cortés y de la princesa Isabel Moctezuma (una de las hijas del emperador azteca Moctezuma II).

Martín García Oñez de Loyola, gobernador de Chile en la última década del siglo XVI, contrajo matrimonio con la princesa incaica Beatriz Sapay Coya. Era pariente de San Ignacio de Loyola y en su gobernación se distinguió por su buen trato a los indios.

viernes, 27 de febrero de 2015

La organización del poder militar

 
Durante el Bajo Medievo y la Modernidad, en las Provincias vascongadas el poder militar reside en el señor de Vizcaya, que posteriormente fue el rey de Castilla, y de España, pero sólo en caso de guerra, por lo que recibirá parte de los impuestos. En algunos casos de guerra, los junteros y Parientes mayores o alta Aristocracia tomaron parte en la toma de decisiones. Cuando el rey de Castilla consiguió la titularidad del señorío de Vizcaya, la máxima autoridad de las Provincias vascas era un responsable elegido por las Diputaciones con el grado de Coronel.

Los Fueros provinciales establecían la obligatoriedad de realizar el servicio militar a los vecinos en edad de combatir y organizados por su municipio, pero sólo en el interior de su provincia y con fines defensivos. Las milicias municipales quedaban a las órdenes de los alcaldes que realizaban la instrucción militar los domingos por la tarde con todos los hombres entre 18 y 60 años.

Las tropas reales sólo podían transitar por los caminos fijados por el Diputado General. Los gastos eran asumidos a medias entre la Corona y la Diputación.

En cambio, las condiciones de los vascos en su aportación a las Reales Armadas eran diferentes. La Corona fijaba el número determinado de levas a reunir. Los gastos derivados de la organización de escuadras navales eran asumidos por la Diputación y a partir de ahí pagaba la Corona. Como nunca se reunían voluntarios suficientes se echaba a suertes; este método causaba tantos incidentes que las Diputaciones crearon una sección especial para la resolución de los conflictos.
 

DESFILE DE MILICIAS MUNICIPALES DE HONDARRIBIA

jueves, 26 de febrero de 2015

Alarde de los escopeteros de Tolosa


El Alarde de Beotibar se celebra en la guipuzcoana villa de Tolosa, cada 24 de junio, día de San Juan Bautista, patrón municipal, en conmemoración a la batalla de Beotibar y todas las demás que tuvo. Esta última batalla tuvo lugar el 19 de septiembre de 1321 en el guipuzcoano valle de Beotíbar, cercano a Berastegui, entre navarros y guipuzcoanos

Es el tradicional desfile de las milicias tolosarras está formado por compañías de escopeteros y de escopeteras. Las formaciones se reúnen en plaza Zaharra, frente al Ayuntamiento, para presenciar la diana anunciadora del comienzo de la fiesta.

Sus integrantes van ataviados con pantalón blanco y txapela, camisa o camiseta y chaleco por lo general con tendencia a tonos coloristas. Portan escopetas con munición de fogueo. Tras la verificación del armamento, realizan un primer desfile. Después de la misa mayor en la parroquia de Santa María, esperan a la procesión de San Juan en determinados lugares del casco antiguo donde lanzan salvas de ordenanza.

Una vez finalizado el desfile militar, los escopeteros vuelven a formar en plaza Euskal Herria para disparar las últimas descargas. Por la tarde, las compañías acuden a otra misa en la capilla de San Juan de Arramele.

 
 
 

Pasada la media tarde, en el Prado Grande de Igarondo asisten a la interpretación de la bordon dantza a cargo del grupo baile. Allí, veinticuatro jóvenes muestran al público el baile de bordones, precedidos de cuatro alabarderos y un pregonero que lleva una espada de rosas y claveles.

El alarde de armas termina en la plaza del Triángulo, donde los escopeteros lanzan la última descarga hacia el aire como señal de conclusión.
 
 

miércoles, 25 de febrero de 2015

El Dorado: Crónica de la expedición de Pedro de Ursua y Lope de Aguirre




El Dorado: Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre
Javier Ortiz de la Tabla, Alianza Editorial (2007), 176 pags.

De los numerosos episodios terribles que caracterizaron el transcurso de la conquista del continente americano, pocos han llamado tanto la atención a historiadores, literatos, psiquiatras e incluso cineastas como la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre por el Amazonas. Fue una aventura que se emprendió teniendo como objetivo el hallazgo de El dorado, mito en el que confluyeron realidades y fantasías, anhelos e intereses de diversos grupos humanos. Testigo presencial y superviviente afortunado del alzamiento de Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre fue Francisco Vázquez quien escribió su crónica hacia 1562, cuando los hechos estaban todavía muy recientes en su memoria.

El final de esta dramática relación que retrata como pocas la hoy casi inimaginable experiencia de aquellos hombres llegados a un continente virgen lo marca la muerte del fuerte caudillo de los marañones, solo, vencido y abandonado por todos los suyos, lejos de volver a pisar tierras peruanas, como pretendía.

La presente edición de Javier Ortiz de la Tabla aporta, además de un cuidadoso texto, numerosos datos sobre la azarosa vida del audaz rebelde Lope de Aguirre.

martes, 24 de febrero de 2015

Linaje de Villaviciosa de Pasajes


Los Villaviciosa fueron una saga de marinos naturales de Pasajes de la parte de Fuenterrabía, que produjo constructores navales y marinos esclarecidos, logrando un gran prestigio durante todo el siglo XVI.


Miguel de Villaviciosa fue su cabeza de familia, un capitán de marina que peleó bizarramente en varias batallas. Su servicio más señalado fue el que alcanzó en la conquista de Loja, en mayo de 1486, durante la Guerra de Granada en el reinado de los Reyes Católicos. Durante la contienda Villaviciosa se apoderó del pendón del rey Chico de Granada, por cuya hazaña se le dio el dictamen de Pendón de Oro, que añadió a su escudo de armas, juntamente con las medias lunas.

Más tarde, fue nombrado almirante general de la carrera de las Indias, uno de los primeros tras establecerse permanente esta ruta hacia el Nuevo Mundo. Durante muchos años fue conocida esta familia con el honorífico dictado de pendón de oro.

Miguel de Villaviciosa casó con Catalina de San Millán, perteneciente a una de las familias de Parientes Mayores de Cicúrquil. Tuvieron a cuatro hijos, el general Juanot, el capitán Miguel, los almirantes Juan y Juancho, y una hija, Catalina.

PASAJES, POR MENCHU GAL (1954), PINACOTECA DEL MUSEO SAN TELMO


Juanot de Villaviciosa fue un bravo marinero que concurrió a la expedición de la Florida liderada por general Méndez y Avilés, habiendo antes prestado servicios en Orán y Ceuta, de capitán de Infantería.

En 1582, fue nombrado general de la Flota de Guipúzcoa destinada para la expedición a la isla de San Miguel, cargo que no quiso admitir por ciertos motivos particulares, su avanzada edad.

Asistió, sin embargo, por su cuenta con una nave armada a su propia costa, con la que peleó valerosamente contra la escuadra francesa. Fue de los primeros en abordar con su nao la Sacre-Diepe, que la rindió, aunque murió de una manera heroica, de dos balas de fusil, siendo victorioso en el combate.


El rey Felipe II premió el valor de Juanot en la persona de su hijo Miguel, a quien hizo almirante. También fué hijo de Juanot el almirante Esteban, que murió en el Ferrol en 1597, y de esta familia descienden otros tres almirantes: Juanot el menor, Juancho y Domingo, así como el general Villaviciosa.


Miguel de Villaviciosa fue capitán de la Armada Real, como así cuenta su nieto Lope Martínez de Isasti en su Compendio historia de Guipúzcoa:

"fue capitán ordinario y de mar. Sirvió a su Magestad en compañía de su padre, con una nao suya, hasta el año de 1573 que le mataron con un mosquetazo los holandeses, yendo con bastimentos y municiones a los católicos, y le quemaron su nao en la entrada de la Reclusa en Flandes."


Joanes de Villaviciosa participó junto a Aramburu y Bertendona en la expedición de las Azores para derrotar a la flota británica en 1591.

Fue segundo al mando de una Armada liderada por Pedro Zubiaur en 1593, ganando los combates que ambos guipuzcoanos efectuaron contra una armada francesa e inglesa que se libró en la ría de Burdeos: la batalla del río Garona y la victoria de Blaya en 1593.

Fue ascendido a general de una escuadra del mar Océano por nombramiento de 11 de Septiembre de 1597. Murió en servicio en la isla del Cuervo, en el golfo de las Yeguas, el 4 de Agosto de 1598.

Sobrino del general Juan, el primero de los Villaviciosa en inaugurar la saga, fue el general y constructor naval Martín de Villaviciosa, quien supo compaginar sus servicios en las armadas con la manufactura de algunas naos y galeones que fueron la admiración de su tiempo. Una de estas unidades fue el galeón La Trinidad de 653 toneladas, fabricado en 1550.

Todo hace pensar que los Villaviciosa hicieron todos sus barcos en los astilleros de Pasajes, siendo Bordalaborda y el Barrio Vizcaya dos de los emplazamientos que eligieron para tal efecto. Algunas de estas embarcaciones participaron en varias expediciones, como por ejemplo la de Magallanes; y otras, las de mayores tonelajes, formaron parte de las Armadas del Mar Océano.

EMBARCACIÓN DE LA EXPEDICIÓN DE MAGALLANES Y ELCANO

Hay otros varios de este apellido que bien merecerían ser nombrados y cuyos servicios fueron premiados más tarde con el título de Marqués de Villaviciosa.

lunes, 23 de febrero de 2015

Casa-Torre de Calderones y Salazares


La Casa-Torre de Calderones y Salazares está situada en Nograro, pueblo y concejo perteneciente al municipio de Valdegovía en la provincia de Álava. Es una torre construida a finales del siglo XIV y principios del siglo XV.

La Casa-Torre se halla ligeramente descolgada del resto del pueblo y formando parte de un complejo edificatorio más completo. Una barbacana cercaba la torre por sus costados norte, este y sur. Sólo el lateral norte parece mantenerse con un poco de dignidad, poseyendo en él una de las entradas al interior. Conserva sus fachadas y mantiene restos del remate almenado, matacanes y garitones. En los muros se aprecian saeteras, aspilleras, vanos de arco apuntado y en el piso principal uno en arco conopial. Quedan algunos restos de los muros que protegían el recinto fortificado y aún se aprecian restos de un oratorio dedicado a Santiago, probablemente del siglo XVI.


 

sábado, 21 de febrero de 2015

Fortún Garcés, un rey cautivo en Córdoba

Ultimo rey de Pamplona de la dinastía Íñiga


FORTÚN GARCÉS EL MONJE


Nacido en el año 870, fue hijo del rey García Iñiguez y de la reina consorte Urraca de Aragón, y conocido como el Monje o el Tuerto.

Estuvo preso en Córdoba desde que fue capturado en el 860, tras la invasión de Pamplona por parte de Mohamed I. Tras plegarse a sus deseos y pagar un fuerte rescate, fue liberado en el 878. Como su padre había muerto en 870, ese mismo año fue coronado rey de Pamplona, el último de la dinastía de los Íñigo. Durante su cautiverio anadalusí gobernó como regente García Jiménez, hijo de Jimeno García de la dinastía Jimena.

Su reinado se caracterizó por una situación de debilidad, sufrió varias expediciones de castigo por parte de los ejércitos de Córdoba y de sus aliados del Ebro, los Banu Qasi, que ya habían superado las controversias anteriores con la capital cordobesa y actuaban nuevamente como verdaderos conversos del Islam.

Perdió algunas fortalezas por las fuerzas militares de Lope ibn Muza como Castro Salviniano, cerda de Luesia, en 891, y Aibar, junto a Sangüesa, en 892. Pero posteriormente entabló buena relación con el Banu Qasi Lope ibn Muhammad.

Estuvo casado posiblemente en 845 con Oria (Aurea), de filiación desconocida. Tuvo varios hijos: Iñigo Fortúnez, Aznar Fortún, Blasco Fortún, Lope Fortún y Oneca Fortúnez. Esta última se casó, posiblemente en 847, con el emir de Córdoba Abd Allah, tuvieron a Muhammad, y también casada con su primo-hermano Aznar Sánchez de Larraún y, de ese matrimonio, nació Toda Aznárez, que luego fue la esposa de Sancho I Garcés.

En 905 abdicó retirándose tras los muros del monasterio de Leyre. La causa fue el descontento de los nobles pamploneses ante el modo en que Fortún estaba llevando los destinos del reino y decidieron prescindir de él, de acuerdo con algunos miembros de su propia familia. La única mención que aparece en las fuentes dice que “surrexit in Pampilonam Sancio Garseanes”, esto es que Sancho García (Sancho I Garcés) se levantó para desposeer el trono.

Sancho I Garcés era hijo de García Jiménez, quien había sido regente durante el cautiverio. Este rey ampliaría el reino con la incorporación de las tierras riojanas y la zona media navarra, bajo la cual el reino alcanzó una mayor extensión territorial a costa del islam y de los señoríos cristianos vecinos.

DINASTÍAS ÍÑIGO Y JIMENO

 

viernes, 20 de febrero de 2015

Compañía Navarra en la Expedición de conquista de Albania


La Compañía Navarra fue una tropa de mercenarios, la mayoría de ellos provenientes de Navarra y Gascuña, que lucharon en distintos territorios griegos y de su entorno a finales del siglo XIV y principios del XV. El término Compañía Navarra es un término moderno, informal y en cierto modo no demasiado académico de llamar a estos mercenarios.

La primera compañía fue creada por Carlos II de Navarra para luchar contra Carlos V de Francia. Tras la paz conseguida en 1366, los soldados se organizaron en una compañía bajo las órdenes de Luis de Evreux, conde de Beaumont-le-Roger y duque de Durazzo por su matrimonio con Juana. Luis era hermano de Carlos II de Navarra, quien le apoyó en su intento de retomar Durazzo y el Reino de Albania. Asimismo, Carlos V de Francia ayudó a Luis con 50.000 ducados.




En 1372 la compañía creció gracias al reclutamiento efectuado por Ingeram de Coucy, quien contrató a 500 lanzas y 500 arqueros a caballo, la mayoría de Gascuña. Aunque estos soldados fueron reclutados para servir en Albania se organizaron en Nápoles. Entre 1375 y 1376 muchos hombres de Navarra se alistaron en la compañía y viajaron directamente a combatir en Albania. Las listas de soldados enrolados se conservaron en Pamplona donde se puede observar la gran cantidad de ingenieros que formaron parte de la compañía. Las tropas salían de Tortosa y cobraban 30 florines aragoneses de oro al mes.

En 1376, Luis y la compañía navarra tomaron Durazzo y restablecieron el Reino de Albania. Luis murió ese mismo año dejando a la compañía sin trabajo por lo que se pusieron bajo las órdenes de Pedro IV de Aragón en 1377 y se organizaron en cuatro compañías, mandadas por los gascones Mahiot de Coquerel y Pedro de la Saga, y los navarros Juan de Urtubia y Guarro.

JUAN DE URTUBIA EN LA PELÍCULA LA CONQUISTA DE ALBANIA


La primavera o el verano de 1378, la compañía llegó a Morea siguiendo la llamada de Gaucher de La Bastide, prior de los Caballeros Hospitalarios en Toulouse y comandante del Principado de Acaya, y probablemente legado de Nerio I Acciaioli, mercader florentino. Gaucher contrató a Mahiot y los hombres que restaban de la compañía para un periodo de ocho meses, coincidiendo con el periodo de cautividad al que fue sometido el Gran Maestre Juan Fernández de Heredia.

Mientras tanto, Juan de Urtubia estaba en Corinto con más de 100 soldados. Tras dejar el servicio de la Orden del Hospital, la compañía pasó al servicio de Jaime de Baux, quien reclamaba el trono de Acaya. Mahiot y la compañía navarra gobernaron Morea bajo los auspicios de Jaime de Baux. En 1379, Urtubia invadió Beocia y saqueó Tebas con el apoyo del arzobispo de la ciudad, Simón Atumano. Llegados a este punto, la compañía navarra tomó un papel diferente. Algunos de los hombres que habían servido bajo el mando de Urtubia pasaron de nuevo bajo el mando de Mahiot en Morea. La compañía se organizó a si misma como un virreinato en Acaya bajo el mando de tres capitanes: Mahiot, Pedro Bordo de San Superano y Berard de Varvassa.

COMPAÑÍA DE NAVARRA EN LA PELÍCULA LA CONQUISTA DE ALBANIA


Durante los dos años siguientes, la compañía gobernó Acaya y alquiló sus servicios a la Orden del Hospital.

Cuando Jaime de Baux logró obtener el trono imperial de Constantinopla, los líderes navarros recibieron títulos imperiales por el apoyo prestado en Acaya. Tras la muerte de Jaime en 1383, la compañía navarra era el poder gobernante en la Grecia franca, y sobre ellos recayó la responsabilidad de reorganizar el estado y de proteger el nuevo príncipe. Mientras la compañía rehusaba reconocer a los herederos de Jaime de Baux sin pruebas que fueran costosas de suministrar, mantuvieron el poder en Acaya y fueron autorizados por los barones del reino para negociar un tratado con la República de Venecia, que se alcanzó el 26 de julio de 1387. En 1386, Pedro de San Superano sucedió a Mahiot como líder de la compañía.

jueves, 19 de febrero de 2015

Martín de Rentería

 
General de la Real Armada del Mar Océano en el siglo XVI, conocido por ser el marinero que derrotó a Barbarroja

 

Natural de Rentería, donde nació en 1526, Martín de Rentería Uranzu, fue un valeroso capitán cuyos méritos excepcionales, por sus brillantes hechos de armas, le colocan entre las figuras más notables de Guipúzcoa.

Con Juan de Lazcano, fue Rentería de los primeros que pusieron en uso la protección del casco de las naves, siendo el referido artefacto sacas de lana dando su empleo sorprendentes resultados por permitir esta defensa de la nave acercare con gran seguridad a los bajeles enemigos. Hazaña que hizo Machin en varias ocasiones, dispersando él con una sola nao muchas de los contrarios que le acosaban violentamente.

En 1515, Aruch Barbarroja atacaba Bugía, quemando sus naves como hizo Hernán Cortés y sitiando la plaza. Martín de Rentería, que se encontraba estacionado en Argel con cinco naos vizcaínas, acudió en ayuda de la plaza, en la defensa de Bugía. Su acción permitió la llegada de auxilios de Mallorca, Valencia y Cerdeña. Efectuó desembarcos con su gente de mar, atacando los flancos de los sitiadores, clavándoles la artillería y, finalmente, tras la muerte de Xaca Barbarroja (hermano de Aruch), los turcos y berberiscos se ven obligados a retirarse hacia el interior.

En 1518, luchó contra el corsario Cachidiablo, por cuya señalada acción se le concedió el uso de escudo de armas en las que figuran su galeón atacado por cinco galeras, siete galeones, cinco fustas y un bergantín, aludiendo al heroico comportamiento de haber luchado contra todas estas naos a las cuales hizo huir a pesar de haberle matado a casi toda su gente.

En 1525, la nao de Machín se encontraba encalmada frente a las costas de Alicante. Una flota berberisca de 18 naves, entre galeras, galeotas y fustas, que estaba saqueando el litoral levantino, le ataca con su artillería. Martín soportó el fuego enemigo, sufriendo numerosas bajas, pero los berberiscos no se atrevieron a abordarle por el nutrido fuego con que les recibía cuando lo intentaban. Al anochecer, empezó a soplar una brisa que permitió a Martín alejarse de sus atacantes.

El caso fue estudiado en los ambientes navales de la época, por la resistencia mostrada por la nao al no haberse hundido después de un ataque artillero de varias horas.

 
 
 


En 1526, luchó contra el bey de Argel, Barbarroja, así como contra los franceses en la defensa de Fuenterrabía en 1521 y 1523. Carlos V le concedió el título de general y el escudo de armas.

Cuando incendiaron en 1512, los franceses la villa de Rentería, la casa de Machin fue de las pocas que se salvaron, no así algunas propiedades suyas cuando el levantamiento de los Comuneros de Guipúzcoa, los cuales le quemaron un caserío por hallarse al servicio del Emperador.

En 1528, Martín de Rentería abordó al corsario francés Juan Florín en el cabo de San Vicente, prendiéndole con toda su gente siendo ajusticiado tan terrible pirata.

En 1534, el Emperador ordenó a Martin de Rentería preparar en la costa de Guipúzcoa y Vizcaya una Armada de veinte zabras, de la que fue capitán principal, para acudir con ellas con la mayor presteza posible a unirse con otra armada para la defensa de la costa contra las incursiones de Barbarroja.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Expedición de saqueo a San Juan de Luz de 1558

 
El saque de San Juan de Luz fue un acto militar englobado en la Guerra hispano-francesa de 1556-1558 que pasó inadvertido. Felipe II reinaba en España y Enrique II en Francia. 
 
A mediados del siglo XVI, ambas monarquías eran las dos grandes potencias políticas y militares de Europa. Ya desde finales del siglo anterior, España y Francia efectuaron una sucesión de guerras que no parecían acabar, denominadas Guerras de Italia, y cuyo objetivo principal fue el control del Reino de Nápoles.
 
También los Países Bajos fueron un escenario del enfrentamiento, y desde allí los Reales Tercios de Infantería españoles atravesaron la frontera norte francesa en 1557. Las armas hispánicas se imponían con contundencia a las galas en la batalla de San Quintín.
 
Sin embargo, los franceses no se rindieron y con la intervención del ejército que operaba en Italia, invadieron los Países Bajos por el sur. Esta situación enfrentó de nuevo a ambos ejércitos, que mediante la aplastante victoria española en la batalla de Gravelinas en 1558, dejó bien claro la superioridad de la Infantería española. Es más, incluso parecía posible hacer un desfile militar hacia París e imponer unas condiciones de paz favorables. El rey Felipe II actuó con prudencia ya que las arcas del estado estaban exhaustas y el mantenimiento en territorio francés de más de 30.000 hombres hacía difícil la soldada.

 
BATALLA DE GRAVELINAS
 
 
Mientras tanto, el ejército francés reaccionó organizando un frente defensivo al rededor de París, en torno al río Somme, cuya pérdida causó la definitiva derrota para la Monarquía francesa.

Durante el verano de 1558, 30.000 españoles y 50.000 franceses vivieron momentos de máxima tensión, una especie de guerra fría en la que solo hubo pequeños choques entre exploradores y vigías. Los franceses, a pesar de su superioridad numérica, no se atrevieron a atacar a los españoles, ya que las dos recientes derrotas les habían desmoralizado. Felipe II envió un mensaje al rey Enrique II advirtiendo que estaban dispuestos a ejecutar incursiones militares desde cualquier territorio español que rodease Francia.
 
El monarca español ordenó la puesta de marcha de una flota naval de asalto por el sureste de Francia. Sería un golpe inesperado, ya que estaba situado a varios cientos de kilómetros del principal frente de combate al norte de Francia. La expedición estaba liderada por el virrey de Navarra, Beltrán de la Cueva II, que tenía una doble misión: saquear en el rico sur francés y destruir el puerto marítimo de corsarios de San Juan de Luz.
 
PUERTO DE SAN JUAN DE LUZ, SIGLO XVIII
 

En esta base naval se refugiaban una nutrida flota de corsarios: piratas que operaban bajo “patentes de corso” promovidas por el rey de Francia. Su cometido era el saqueo de forma legal de aquel barco que no estuviera bajo protección francesa, siendo los barcos españoles los más apetecibles. Las capturas y botín obtenido por los corsarios eran repartidos ente las tripulaciones y su monarca. En aquellos tiempos, no solo Francia, las monarquías de toda Europa, incluida España, concedía patentes de corso a capitanes de barco.
 
Estos corsarios franceses tenían sus principales caladeros de presas en el mar Cantábrico, erosionando el comercio marítimo de los puertos vascongados con Flandes hacia el norte y con Sevilla hacia el sur, y de forma puntual en el mar Caribe.
 
El puerto de San Juan de Luz está situado en el denominado "País vasco-francés", una base corsaria que actuaba como una auténtica soga en la garganta de los puertos vascos y también de los navarros que comerciaban por el mar, estrangulando su comercio. Desde los puertos del Cantábrico oriental, la lana castellana era transportada a los de Flandes, donde se revalorizaba su precio para su posterior manufacturación textil.

Solo una guerra declarada entre ambos países podría dar caza a los barcos corsarios y saquear sus puertos, ya que la poderosa flota que formaban hacía muy difícil hacerles frente de forma aislada. El inicio de un conflicto armado posibilitaría la eliminación de aquel nido de piratas, y la guerra entre Francia y España en el año 1556 ofrecía un buen pretexto.


PUERTO DE ZIBURU Y SAN JUAN DE LUZ, SIGLO XVIII


Tuvieron que pasar dos años desde la declaración de guerra hasta que en julio de 1558, se hubiese preparado una flota española que emprendiera una operación punitiva  de depredación y saqueo contra el puerto marítimo y la villa de San Juan de Luz.

La expedición estaba al mando de Beltrán de la Cueva que reunió unos 3.000 hombres, los cuales se componías de tropas reales y milicias de Guipúzcoa y Navarra, apoyados por una pequeña flota naval. No era un número de tropas muy numerosa, ya que no era necesario mantener guarniciones de control en los lugares saqueados.

Los españoles penetraron por varios puntos de Navarra y Guipúzcoa concentrándose en la zona costera francesa, para llegar al objetivo final de San Juan de Luz. A medida que avanzaban, iban saqueando las villas y puertos y adquiriendo un rico botín.
 
La invasión por el sur sorprendió a los franceses y su resistencia fue prácticamente casi inexistente, ya que no esperaban este ataque preparado en gran secreto por lo españoles y no habían elaborado un plan defensivo. Para la Monarquía francesa, el frente norte era en aquel momento más importante, París estaba siendo amenazada, y el resto de sus fronteras eran secundarias.
 
 
TERCIOS DE INFANTERÍA ESPAÑOLES
 
 
La expedición fue casi un paseo y el puerto y la villa fueron destruidos con intensidad en una operación de castigo que duró varios días. Las viviendas fueron demolidas una a una, siendo solo respetados el hospital y la iglesia. Aunque no hubo bajas entre la población, fueron advertidos de una represalia mayor si intentaban reconstruir el municipio.

Capturaron algunas embarcaciones corsarias, pero la mayoría supo de la incursión de los españoles por la costa y pudieron escapar del puerto antes de su llegada para refugiarse en puertos franceses vecinos. Según Beltrán, la expedición había conseguido todos sus objetivos, y pasaría tiempo hasta que aquel puerto volviese a reanudar su comercio marítimo y a organizar actividades corsarias.

La permanencia en territorio francés era ya inútil pues no eran tropas de ocupación. Además, podían atraer a fuerzas francesas vecinas que superasen en número de efectivos. Cumplida la misión, con un enorme botín obtenido, y ante la escasez de los españoles retornaron al sur.

El objetivo secundario era la movilización de tropas francesas desde el frente norte hacia el sur, para reducir su operativo defensivo frente a los tercios españoles allí establecidos. Pero aquella estrategia no surgió efecto, y los franceses no enviaron refuerzos al sur.
 
 
 UBICACIÓN DE SAN JUAN DE LUZ 


Durante el viaje de regreso, la expedición de Beltrán pasó por la villa de Ciboure. Una delegación vecinos de la villa consiguió que Beltrán aceptarse un pacto de no agresión ya que estos eran enemigos y rivales de los de San Juan de Luz, sin relación algunas en sus actividades corsarias. También ofrecieron su ayuda durante para facilitar su regreso al territorio español. Aun que ambas partes firmaron un acuerdo de paz, varios oficiales guipuzcoanos no lo acataron y ordenaron a sus hombres la quema del pueblo, llegando a quemar algunas casas. Beltrán reaccionó furioso, ya que el hecho era una desobediencia a su persona. Pero los oficiales rebeldes supieron protegerse y Beltrán ejecutó a uno de los líderes de la trama.
 
El virrey de Navarra siempre quiso que se respetasen en la medida de lo posible las leyes internacionales, y que aunque se hiciese un expolio y un destrozo sistemático, la población civil no sufriese daño.

Sin embargo las autoridades militares de la zona no eran de la misma opinión, de hecho, el gobernador de la cercana localidad de Bayona, escribió indignado a Beltrán sobre el brutal suceso de San Juna de Luz, condenándolo enérgicamente. Beltrán respondió que el suceso era un acto legítimo, porque aquella base corsaria era perjudicial para el comercio español.

 
PUERTO DE BAYONA EN 1776
 
 
La tensión entre ambos bandos fue muy tensa. Los franceses tenían en su poder un náufrago español que fue asesinado. Beltrán respondió amenazando al gobernador de Bayona de que si esta sería su habitual actuación, permitiría libertad de saqueo a sus tropas sin control alguno. Hasta que la incursión española cruzó la frontera por Irún sin problemas.

Beltrán ordenó a sus tropas una alerta defensiva, manteniendo una constante vigilancia en la frontera, ante una previsible respuesta francesa. Y, aunque hubo algunos amagos, no hubo un intento serio. Mientras tanto, las negociaciones de paz entre españoles y franceses en el norte iban en curso.
 
Finalmente, la paz entre España y Francia se aseguró mediante la firma del Tratado de Cateau-Cambrésis, el 2 de abril de 1559, y el matrimonio entre Felipe II y la hija de Enrique II, Isabel de Valois.



CARTULARIO DEL SIGLO XVI CON EPICENTRO EN EL MAR CANTÁBRICO,
POR JOAN MARTINES

martes, 17 de febrero de 2015

Escultura a Miguel López de Legazpi en Zumárraga



 

La broncínea escultura en homenaje a Miguel López de Legazpi, situada en la plaza Mayor de Zumarraga, fue realizada en bronce el año 1897 por el escultor segoviano Aniceto Marinas García, siendo el pedestal obra del arquitecto Juan Moya.

Miguel López de Legazpi Gurruchategui nació en Zumarraga en el primer quinquenio del siglo XVI. En el año 1527 se hizo cargo de la escribanía de la alcaldía mayor de Arería (Guipúzcoa).

Pasó a la historia por ser el adelantado y administrador colonial de las islas Filipinas y fundador de Manila en 1565, capitán general de mar y tierra del mar Océano en el siglo XVI.

 
 
La estatua va colocada sobre un precioso pedestal de mármol rosa, en el cual en artística cartela de dorado bronce, se halla grabada la siguiente dedicatoria:
 
A la Excma. Diputación provincial de
Guipúzcoa
dedican este recuerdo de la erección del
monumento á
Don Miguel López de Legazpi

 
 

lunes, 16 de febrero de 2015

Primera batalla de Albelda


La primera de las dos batallas efectuadas en las tierras del municipio de Albelda tuvo lugar en verano de 851. Fue una victoria de Muza ibn Muza sobre los gascones que habían invadido las tierras del Condado de Pamplona que controlaba la dinastía de los Arista.

Desde el 849 el duque Sancho de Gascuña se mantenía sublevado contra Carlos el Calvo y pretendía pasar al sur de los Pirineos junto a su cuñado Emmenon, conde de Perigord, por la vía romana que unía Burdeos con Astorga y que cruzaba el Ebro por Logroño. Por su parte, Carlos el Calvo acababa de sofocar la rebelión del conde Guillermo y de firmar con Abd al-Rahman II una tregua.

 

Los gascones cruzaron los puertos pirenaicos sin ninguna oposición de los pamploneses, cuyo rey Iñigo Iñiguez Arista se encontraba enfermo desde hacía dos años. Avanzaron hacia el sur hasta llegar a Albelda, en las inmediaciones de Viguerra, a orillas del rio Iregüa. Allí les salió al encuentro Muza ibn Muza con sus tropas, derrotando a los invasores en la primera batalla de Albelda en el verano de 851.

El primer día de la batalla los combates fueron desfavorables para los Banu Qasi, y Muza recibió hasta 35 heridas de lanza. A pesar de ello, al día siguiente los Banu Qasi atacaron con su jefe Muza en cabeza. Derrotaron a los gascones y tomaron prisionero al duque de Gascuña y al conde de Perinord.

Como consecuencia de la victoria, el prestigio de Muza ibn Muza aumentó por haber salvado al país de la invasión gascona. Carlos el Calvo compró la libertad del duque y el conde que, una vez en sus dominios, aceptaron su autoridad y cesaron en su rebeldía.

 
REINOS Y CONDADOS DEL NORESTE PENINSULAR, SIGLO IX

sábado, 14 de febrero de 2015

Pedro de Ursúa

Teniente de gobernación de Santa Fe de Bogotá, fundador de las ciudades de Pamplona y Tudela del virreinato de Nueva Granada (Colombia) y líder de la expedición del Dorado por el río Marañón (Amazonas)
 


Pedro de Ursúa Díaz de Aux y Armendáriz era natural de Baztán, al norte de Navarra, donde nació en 1526. Era hijo de hidalgos locales, pero sin llegar a pertenecer a la más alta nobleza. A los 20 años llegó a Cartagena de Indias donde su tío el juez de residencia Miguel Díaz de Armendáriz lo apadrinó. A los 23 años, en 1545, fue nombrado teniente de gobernación de Santa Fe de Bogotá por su tío.

Nombrado justicia mayor de Santa Marta, Ursúa se destacó en la pacificación de los panches al suroccidente de Santa Fe. Desde entonces, marchó en expedición por el norte del virreinato de Nueva Granada, fundando la villa de Pamplona, en la región de Norte Santander, en 1549.

A su regreso a Santa Fe, en 1550, la recién fundada Real Audiencia lo encargó de pacificar el país de los muzos. Derrotados los muzos, Ursúa fundó la ciudad de Tudela, la cual fue destruida por los indios derrotados poco tiempo después. Al poco tiempo, derrotó a los tayronas.

Fue renombrado justicia mayor en Santa Marta a servicio del nuevo virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza. El objetivo de este cargo era el de pacificar a los tayronas de la sierra de los Tayrona y, más tarde, en Nombre de Dios, con el fin de reprimir una rebelión de cimarrones. Esta última tribu fue derrotada y su Bayano apresado para ser juzgado en España.

Tras el éxito de la expedición, Ursúa acompañó a Hurtado de Mendoza a Lima, consiguiendo el beneplácito del virrey para, por fin, poder iniciar una expedición en busca de “el Dorado”.

Ursúa organizó una expedición para encontrar el tan codiciado metal por el río Marañón, descubierto años antes por Francisco de Orellana. Durante esta expedición, en la cual Ursúa partió acompañado de su amante Inés de Atienza, encontró la muerte, en 1561. El móvil estuvo en una conspiración dirigida por un compañero de expedición: Lope de Aguirre. Aguirre continuó como líder de la expedición, proclamándose en rebeldía contra la corona Española.
 
 
BUSTO DE PEDRO DE URSÚA

Según escribe Toribio de Ortiguera sobre Ursúa:
“Galán, gentil hombre y bien traído; de mediana estatura, bien proporcionado, aunque un poco adamado; la barba taheña y bien puesta: de muy buena y afable conversación; muy inclinado a cosas de misericordia y caridad, grande amigo de soldados y de conquistas y de descubrimientos de indios.”

viernes, 13 de febrero de 2015

Fiesta del Moro: el Alarde de la batalla de Valdejunquera


La Fiesta del Moro es celebrada cada 15 de agosto de cada año en la villa Antzuola, perteneciente a Guipúzcoa, en recuerdo de la batalla de Valdejunquera de 920, una de las primeras batallas de la Reconquista española.

La batalla de Valdejunquera enfrentó en los valles de Guesalaz y Yerri un 26 de julio del 920 a los tres monarcas más poderosos de la península ibérica de comienzos del siglo X, es decir, a Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, contra Abd al Rahman III, emir de Al-Ándalus. Valdejunquera debió de corresponder a algún modesto paraje de Guesalaz, situado con toda probabilidad entre los concejos de Muez, Irujo y Arguiñano.

Indudablemente participaron los guipuzcoanos en la batalla ya que en aquellos momentos eran parte del Reino de Pamplona. La realidad histórica es que Abd al-Rahman III venció a los pamploneses bajo el mando del rey Sancho Garcés y a los leoneses coaligados. La tradición popular pretende elogiar la valentía de los mozos de Antzuola, que acudieron en socorro de los pamploneses y leoneses. Llegaron a tomar contacto con el enemigo musulmán al día siguiente tras la derrota cristiana, y según la leyenda, la compañía militar antzuolatarra recuperó la bandera y derrotó al emir Abd al- Rahmán III en las tierras navarras de Valdejunquera.



En la Fiesta del Moro se relata una supuesta victoria cristiana y un juramento de fidelidad del emir de Córdoba a la villa de Antzuola, que no es más una leyenda épica muy lejos de la realidad histórica. También se leen bertsos del poeta José María Iparraguirre, compuestos expresamente para este acontecimiento.

La música que acompaña la marcha militar rememora una partitura que data de 1761 conocida como Marcha de Fusileros para Pífanos y Tambores de Espinosa. Música de Ordenanza de Carlos III.

La otra protagonista de esta celebración es la bandera, que recorre las calles de Antzuola. La particularidad de esta última insignia está formada por la traza de los distintos dibujos que en ella se plasman, similares a algunos de los cuarteles del escudo de la villa, diseñados en la Certificación de Armas de 1745.

 




miércoles, 11 de febrero de 2015

Esteban de Garibay, cronista del Siglo de Oro español

Historiador y cronista real de Castilla del siglo XVI, autor del famoso Compendio Historial

 
ESTEBAN GARIBAY
 

Natural de Mondragón, Guipúzcoa, donde nació en 1533. Durante su juventud fue soldado, participando en varios enfrentamientos contra los franceses y alcanzando el grado de alférez. Más tarde, estudió en la Universidad de Oñate, Vitoria, Alcalá y Salamanca. También participó en la vida política local y guipuzcoana como alcalde de Mondragón. Posteriormente, viajó hasta Sevilla, pero fijó su residencia en Toledo y, finalmente, en Madrid. En 1575, se entrevistó con Felipe II y fue nombrado bibliotecario de cámara.

Incluido en el entorno de los Idiáquez, guipuzcoanos bien relacionados en los Consejos, intentó recuperar la condición de "Reino" para la Provincia de Guipúzcoa, lo que no consiguió al faltar el apoyo de las Juntas Generales. Fue nombrado cronista real de la Corte en 1592.

Escribió varias y voluminosas obras sobre historia, heráldica y genealogía. Su principal aportación a la ciencia histórica fue Los Quarenta Libros del Compendio Historial de las Crónicas y Universal Historia de todos los Reinos de España, escrita en los años 1556-1566. Esta obra sería conocida más brevemente como Compendio Historial, que serían publicados en los años 1570-1572, por Plantino, en Amberes, ya que esta ciudad era un importante centro editorial del Imperio español.

Cuando regresó de Flandes y atravesó Francia, tras haber efectuado la impresión de su compendio, escribió sobre Francia:
“Llegamos ya de noche a la ribera del Bidasoa, que divide a Francia y España, y pasándole en la barca ordinaria, desde que me vi en suelo de España alabé a Dios, y volví los ojos a Francia diciendo que nunca Su Divina Majestad permitiese que yo tornase a atravesar tierra de tantas herejías y maldades sin justicia, y cabalgando luego en los mismos caballos pasamos a Irún, primer pueblo de España en este camino, y allí pudimos descansar esta noche con quietud de espíritu.”

Esta obra le dio un gran prestigio a costa de empeñarse e incluso sufrir embargo y cárcel entre 1577 y 1578.

Como cronista real de la Corte publicó Letreros e insignias reales de todos los serenísimos Reyes de Oviedo, León y Castilla, en 1593, y Origen, discursos e ilustraciones de las dignidades seglares de estos reynos que publicó parcialmente.

En 1594 cesó toda actividad como consecuencia de un ataque de apoplejía, aunque continuó intentando publicar las Ilustraciones Genealógicas de los Catholicos Reyes de las Españas, que es sólo una parte de sus investigaciones genealógicas (Grandezas de España, en la Real Academia de la Historia).

La mayoría de sus trabajos los realizó en castellano, pero en muchas ocasiones utilizó el euskera en sus obras, siendo muy conocidos por ejemplo los refranes que recogió. Además realizó una gran recopilación de refranes y de canciones y cantos fúnebres (eresiak) acerca de las guerras de banderizos como Milia Lasturkoren eresia.

 
COMPENDIO HISTORIAL

 
Garibay se mostró toda su vida muy orgulloso de su estirpe vascongada, pues consideraba, como muchos otros paisanos suyos de tiempos anteriores y posteriores, que lo vasco era la forma más perfecta e incontaminada de lo español. En su opinión, la vascongada era la más acendrada, ennoblecedora y primigenia de las hidalguías por proceder directamente de los primeros pobladores que trajo Túbal, el nieto de Noé, a tierras españolas. Los descendientes directos de ellos, sin cruce con otros pueblos llegados posteriormente, serían los vascos, como lo probaría la pervivencia entre ellos del vascuence, lengua originaria de los españoles traída por Túbal.

Además de los hechos históricos de los siglos pasados, Garibay recogió en sus obras acontecimientos recientes e incluso contemporáneos al momento de su redacción. Por ejemplo, relató los numerosos enfrentamientos entre los habitantes de las dos orillas del río Bidasoa, que él tan bien conoció por su cercanía y por haber incluso recogido testimonios de los participantes. La vida en la Guipúzcoa de las primeras décadas del siglo XVI se vio a menudo alterada por esta constante lucha entre unos y otros.

Según recoge Garibay, los del otro lado del Bidasoa, conocidos en aquellos días como gascones, labortanos y navarros, entraban en lucha al grito de “¡Saint Denis, Saint Denis!”, y los guipuzcoanos al de “¡Santiago, Santiago, España, España!”.

Varios de estos enfrentamientos son rememorados anualmente en los alardes que han llegado hasta la actualidad. Por ejemplo, el alarde de Fuenterrabía, que rememora el levantamiento del sitio sufrido a manos del ejército francés en 1638.

El más conocido es el alarde de Irún, celebrado en conmemoración de la victoria española sobre los franceses el 30 de junio de 1522. Aquel día, festividad de San Marcial, los vecinos de Irún, en colaboración con el ejército, vencieron a las tropas francesas que intentaban recuperar el reino de Navarra recientemente conquistado por las de Fernando el Católico.

 
ALARDE DE SAN MARCIAL EN IRÚN
 

Siguiendo el pormenorizado relato que los hechos nos dejó Garibay, los franceses, en cuyo poder se encontraba Fuenterrabía, deseaban tomar el castillo de Behobia porque “sentían a oprobio que teniendo ellos a Fuenterrabía, hubiese tornado a poder de españoles esta fortaleza a media legua de aquella villa”.

Unos cinco mil soldados atravesaron el río Bidasoa por Biriatou, en silencio y de noche para no ser apercibidos. Los dos capitanes que organizaron la respuesta española fueron Miguel de Ambulodi, de Oyarzun, y Juan Pérez de Azcue, de Fuenterrabía. De este último escribió Garibay que era “de los más animosos y arriesgados capitanes que en este tiempo había en la nación española”.

Cuando estos dos capitanes supieron de la entrada de las tropas invasoras, decidieron impedirles tomar la fortaleza de Behobia seguros como estaban de que, de conseguirlo, lo utilizarían como trampolín para continuar el avance. Pero no quisieron tomar ninguna iniciativa sin acordarla con el capitán general de la provincia, Beltrán de la Cueva, por lo que fueron a comunicárselo a San Sebastián. Éste, pareciéndole difícil empresa debido a la poca tropa de la que disponía y considerando que su tarea habría de ser más bien defender la ciudad de San Sebastián que la tierra llana, se mostró reacio a salir:
“Entonces los capitanes replicando, después de largas persuasiones que le hicieron, que si él no lo quería hacer, que ellos por servir a su Príncipe, y defender sus mujeres e hijos y patria, lo harían.”

El capitán general, viendo su valeroso ánimo, salió a Rentería con la mayor parte de sus soldados. La victoria fue completa, causando gran mortalidad entre las tropas invasoras y entrando en tierras francesas en su persecución.
“Los naturales de la tierra, no contentos de victoria tan señalada y necesaria, alcanzada sin efusión de sangre propia, quisieron entrar en Francia, especialmente un vecino de la misma tierra, llamado Juan Pérez del Puerto, dueño de la casa de Aguirre.”

Este Juan Pérez del Puerto, persiguiendo a los franceses más allá del Bidasoa, quiso continuar el avance “pretendiendo pasar con más gentes a la ruina de la tierra”, por lo que comenzó a incitar a los suyos a avanzar sobre la tierra francesa gritando a grandes voces:
“¡Santiago, Santiago, España, España, victoria, victoria!”
 
Ante lo cual todos quisieron pasar a la otra parte, prohibiéndolo el capitán general para evitar los posibles daños que tal imprudencia pudiese causar. Hasta aquí el relato de Garibay. Éstos son los sucesos conmemorados desde hace cinco siglos por los irundarras en su famoso alarde.
 
 
ESTEBAN DE GARIBAY

martes, 10 de febrero de 2015

Vascos en la Conquista del Birú


La conquista de México había tenido un efecto fulminante entre los españoles de los dos lados del Atlántico. Hernán Cortés tomó Tenochtitlán en 1521 y rápidamente se extendieron los colonizadores por todo el territorio de la Nueva España. Por el sur el alavés Pascual de Andagoya fundaba la ciudad de Panamá en 1519.

Desde este punto se iniciaba la conquista de América del Sur. Consiguiendo la confianza del capitán general Pedrarias Dávila, Andagoya continuó su misión exploratoria hacia el sur con el objetivo de informar sobre estas tierras, por ello, pidió licencia "para ir a descubrir al cacique Perú en la costa adelante del golfo de San Miguel".

Unas 50 leguas del litoral colombiano fueron recorridas por Andagoya entre 1521 y 1523, llegando hasta Cachama, territorio de la tribu de los Cueva.  Se instaló en San Juan como gobernador y allí conoció al cacique de Chochama que le pidió ayuda para luchar contra sus enemigos, la gente de Birú. Acompañó al cacique de Chochama, y en una semana se presentó a las puertas del Birú, territorio denominado Tahuantinsuyo. Remontó un caudaloso río y sometió a los caciques que estaban en guerra. Aquí tuvo noticias del fabuloso imperio incaico, un rico territorio denominado el Pirú o Birú. Su delicado estado de salud le obligó a regresar a Panamá donde difundió la noticia.

Andagoya escribió la crónica La relación de los sucesos de pedrarias de Dávila en las provincias de Tierra Firme o Castilla del Oro, y de lo ocurrido en el descubrimiento de la mar del Sur y costas del Perú y Nicaragua. Se trataba de las primeras referencias sobre estas zonas recién exploradas, y que apuntaban hacia el corazón del Imperio inca.

Las informaciones de Andagoya no pasaron desapercibidas para el alcalde de la ciudad de Panamá, un extremeño llamado Francisco Pizarro, quien decidió en 1524 conquistar aquel territorio desconocido. Entonces se asoció con Diego de Almagro y con el vicario de la ciudad, Hernando de Luque. Almagro se encargó de la logística, comprando el Santiago y contratando a 112 hombres. Luque se ocupó de encontrar financiación y Pizarro de dirigir las exploraciones.

La primera expedición partió de Panamá en noviembre de 1524. Recorrió la comarca que había descubierto Andagoya, intentaron desembarcar en distintos puntos de la costa ecuatoriana, pero todo estaba lleno de indios hostiles. De esta primera experiencia regresó la expedición a Panamá para reorganizarse. Pizarro llegó con siete heridas, Almagro tuerto, y Luque pronto abandonó la empresa.

En 1526, reanudaron las expediciones hacia el sur americano, esta vez más lejos, donde avistaron más tribus indígenas y más hostiles, pero también empezaron a encontrar objetos tallados en oro, por lo que vieron confirmar la leyenda del Birú, anteriormente relatada por Andagoya. Continuaron las exploraciones buscando el codiciado “Dorado” en estas tierras durante meses hasta que en 1527, maltrechos y hambrientos, se ubicaron en la isla del Gallo.

Allí Pizarro mandó a Almagro conseguir refuerzos en Panamá. El gobernador, Pedro de los Ríos, enterado del fracaso de la expedición y antes las órdenes recibidas por Juan Tafur, exige el regreso de todos los exploradores de Pizarro. Cuando la orden llegó a la isla del Gallo, se produjo uno de los episodios más célebres de la Conquista del Nuevo Mundo: la decisión de los Trece de la Fama.

 
LOS TRECE DE LA FAMA
 

Pizarro no aceptó las órdenes de superiores, fue un hombre de honor y determinación, que no pretendía volver derrotado después de tantos esfuerzos, pero eso ofrecía a sus hombres seguir o regresar. Pizarro expuso una disyuntiva, trazó una raya en el suelo con su espada y con pocas palabras comentó a sus expedicionarios: “Por este lado se va a Panamá, a ser pobres. Por este otro, al Perú, a ser ricos. Escoja el que fuere buen castellano lo que más le estuviere”. Trece hombres cruzaron la línea, denominados los Trece de la Fama. Fue un gesto más osado y valiente que el “Hundid las naves” de Hernán Cortés. Entre los trece, se encontraba un vizcaíno, Domingo de Soraluce, natural de Idiazabal.

El líder extremeño mandó a otro hombre, Bartolomé Ruiz, quien sumaría el 14 de sus seguidores, buscar refuerzos a Panamá. El caso es que gracias a la tozudez de Pizarro y a la osadía de estos trece, que en realidad fueron catorce más Pizarro, se abordó finalmente la exploración hasta el Perú. Porque el gobernador de Panamá, superado por la tenacidad de Pizarro, terminó autorizando el envío de refuerzos suficientes para, desde la isla del Gallo, surcar el litoral hacia el sur. Y esta vez si que apareció el fabuloso Birú. Los aventureros vieron multitud de gentes vestidas con ricos atuendos, innumerables objetos de oro y plata, ricos templos, animales exóticos como las llamas, etc. Fue un conjunto de grupos tribales sin relaciones entre sí en 1.300 d.C., pero integrados en una sociedad imperial entre el 1.400 y 1.537, y que se colapsó con la presencia de los colonizadores.

Era el gigantesco Imperio de los incas, ellos lo llamaban Tahuantinsuyo. Pedro Cieza de León describió Perú como un extenso territorio que se pierda desde Quito hasta la villa de Plata (Sucre), que tiene una longitud de setecientas leguas de norte a sur, y una anchura de más de cien leguas de levante a poniente. El Estado Inca estaba fuertemente centralizado en Cuzco (Cruzco); al norte se dispersaban poblados y aldeas de agricultores; la Amazonía, una región inmensa con una baja densidad de población, dedicada al cultivo; al sur, las tribus recolectoras se alternaron con tribus de campesinos. Los límites del Imperio Inca se asentaron sustentados por tribus con una agricultura integrada, una estructura económica y un sistema productivo, articulados desde Cuzco.

Con las muestras que reunió de la riqueza incaica, Pizarro decidió marchar a España y exponer el hallazgo al emperador Carlos I: objetos tallados en oro y plata, mantas de lana, y hasta un par de llamas. El emperador le recibió en Toledo, en julio de 1529; se emocionó tanto al conocer el episodio de los Trece de la Fama que resolvió hacerlos a todos hidalgos, y al que ya lo fuera, caballero de Espuela Dorada. Pizarro fue nombrado adelantado y alcalde de una tierra sin explorar, pero que ya recibe el nombre de Nueva Castilla. Las capitulaciones las firmó la reina Isabel de Portugal, esposa de Carlos I y madre del futuro rey Felipe II.


RUINAS INCAS DEL MACHU-PICCHU


La expedición definitiva partió de Panamá en 1532. Estaba formada por tres barcos, 185 hombres y 27 caballos, entre los que estaban los cuatro hermanos de Francisco Pizarro. Su socio, Diego de Almagro, continuó a cargo de la logística, viajando constantemente a Panamá para proveer a la expedición de lo necesario. Contribuyeron a las primeras fundaciones de Pizarro en el Perú los vascos Antonio Navarro, García de Salcedo y Juan de Abendaño.

Durante meses tantearon el territorio, un mundo tan fabuloso como enigmático. Desde el sur de lo que hoy es Colombia, a través del actual Ecuador, cruzaron selvas y pasaron montañas hasta llegar al norte de Perú. Una hazaña física impresionante.

El imperio al que llegaron aquellos aventureros era una civilización en decadencia. Las grandes epidemias habían llegado al menos diez años antes que los expedicionarios de Pizarro. La viruela, el sarampión y la peste porcina se habían propagado desde México hasta Perú y causado estragos, especialmente entre las poblaciones de las zonas cálidas. Las epidemias fueron devastadoras en una población virgen pero suficientemente densa como para transmitir el contagio. Al mismo tiempo una encarnizada guerra civil estaba devastando a la población, ya que los hermanos Atahualpa y Huáscar, pretendientes al trono, luchaban hasta la extenuación. Atahualpa apresó a Huáscar y mandó matar a todas sus mujeres y a todos sus hijos.

Los expedicionarios aprendieron pronto lo que estaba sucediendo en Perú. Conocieron una vieja leyenda que hablaba de los enviados del dios Virococha, blancos y barbudos; pero también vería que bajo los incas había varios pueblos oprimidos: huancas, chachapoyas, cañares, yanaconas, etc. Todas aquellas tribus sometidas vieron a los expedicionarios como a libertadores.

Pizarro solicitó audiencia con Atahualpa, enviándole sucesivos mensajes, mientras continua al mando de la expedición que sigue estudiando el país y tomando contacto con sus gentes. Un día, Pizarro recibe el primer mensaje de Atahualpa, se traba de unos patos degollados, drástica advertencia para que los expedicionarios no avanzaran más. Finalmente, recibió un mensaje que le cita en Cajamarca, una vieja ciudad abandonada. Pizarro sabía que era tan sólo una trampa, pero como hizo en la isla del Gallo, nada le haría retroceder.


 
GURREROS INCAS
 

El encuentro tuvo lugar el 15 de noviembre de 1532. Los aventureros de Pizarro quedaron impresionados ante tan enorme ejército: más de 10.000 guerreros divididos en diferentes escuadras, ataviados de distintas maneras, algunos de ellos exhibían armaduras, patenas y coronas de oro u plata. Detrás marchaba una lujosa cohorte de nobles que cantaba y bailaba mientras acompañaba a Atahualpa, sentado en una litera de oro, precedido por siervos que mullen con alfombras el suelo que pisan los porteadores. Enfrente, 156 españoles barbudos y hambrientos, con una fraile dominico llamado Vicente Valverde, unos 20 arcabuces, 70 caballos y unos cuantos falconetes ligeros, pero estruendosos. La aproximación entre la breve compañía de Pizarro y la multitudinaria horda de Atahualpa era, aparentemente, pacífica, pero nadie ignoraba que acabase de forma violenta.

Al encuentro fue el padre Valverde, quien intentó presentarse como un enviado de Dios, con una Biblia en una mano y un crucifijo en la otra, objetos que el inca despreció

Fue gritar "Santiago" y entrar a descabello. Tomaron los falconetes, dispararon los arcabuces, los jinetes se precipitaron sobre la muchedumbre de indios con Pizarro a la cabeza, abriendo hueco y deshaciendo la muralla humana que protegía a su líder, hasta llegar a Atahualpa. El soberano inca fue apresado, sus huestes salieron de estampida o quedaron paralizados ante la fuerza destructiva de aquellas armas de fuego y el atronador sonido que emitían. En media hora de batalla, el imperio más vasto, rico y poderoso de América se derrumbó sobre sí mismo.

Atahualpa ofreció a Pizarro un rescate en oro y plata por su libertad. Y este se lo cobró, unos 6.000 kilos de oro y casi 12.000 kilos de plata; una inmensa fortuna que el inca guardaba en Cuzco, su capital. Aquel tesoro está considerado uno de los más ricos de la historia. En el reparto que hace Pizarro participan los vascos Cristóbal de Mena, Juan Salcedo, Gómez Carranza, Lope Vélez de Guevara, Pedro de Aguirre, Nicolás de Azpitia, de caballería; Pedro de Vergara, Juan Pérez de Tudela, Gaspar de Marquina, Martín de Marquina, Francisco Martínez Zárate y Juan Vergara, de infantería. Estos nombres constan en el Acta de la repartición del tesoro de Atahualpa, en la Colección Muñoz. Ms.

Para activar la remisión de los tesoros marcharon al Cuzco "tres soldados particulares que fueron Pedro Moguer, Francisco Martínez de Zárate y Martín Bueno, los cuales, llevados en hombros de indios, reclinados en hamacas, anduvieron las doscientas leguas que hay de Caxamalca al Cuzco". Estos regresaron con más noticias sobre sus riquezas.

Mientras tanto, el fracasado pretendiente al trono imperial, Huáscar, llega a Cajamarca. Allí intentó negociar para rescatar a su hermano. Enterado este, ordenó a sus emisarios que lo asesinen. Los expedicionarios juzgaron al emperador por aquel delito y lo ejecutan.

En Cajamarca se incorporó Almagro y sus hombres, y junto a los de Pizarro, decidieron emprender camino hacia Cuzco, presentándose la expedición a las puertas de la capital en noviembre de 1533. Durante el trayecto, tribus que estaban enemistadas con Atahualpa, partidarias de Huáscar, o que estaban en contra de la dominación inca se incorporaron a la expedición, entre ellas, los huancas del valle del río Mantaro.

Pizarro establece la administración en las provincias y ciudades del territorio colonizado: en el acta de fundación de Cuzco, figuran: Antonio Navarro, García de Salcedo, Francisco de Castañeda y Tomás de Echeandía.


FUNDACIÓN DE TRUJILLO


En 1535, Pizarro fundaba la Ciudad de los Reyes, en el valle de Lima, que estableció como capital del virreinato del Perú. En el acta de fundación aparece el veedor García de Salcedo, oficial del rey, hijo de Hernando de Salcedo, posiblemente procedente de Güeñes. El primer alcalde de Lima fue Nicolás Ribera, gaditano pero hijo de madre vasca, Beatriz Laredo y Esquibel, y uno de los “trece de la fama”. En la sesión del 13 de Agosto de 1535 fue recibido por regidor perpetuo Diego de Arbieto, natural de Orduña. En 1536 fue diputado de la ciudad y en 1537 tenedor de bienes de difuntos. En 1537 era Pedro Navarro procurador de Lima, alcalde en 1543 y más tarde regidor perpetuo.

Según la obra de P. Bernabé Fundación de Lima, aparecen los primeros pobladores de esta ciudad a los que se les otorgaron solar, algunos de los cuales fueron de origen vizcaíno: los citados Pedro Navarro y el veedor García de Salcedo; el escribano del cabildo Pedro de Castañeda; el encomendero de Jauja Juan Berrio; el encomendero de Guamanga Francisco Isasaga; Jerónimo Zurbano, que fue naviero en el Pacífico y sobrino de los oidores del Consejo Real Leguizamo y Aguirre; Juan de Larrínaga, que peleó en Chupas, a favor de Almagro y después tuvo el mando de un navío; Juan de Larrínaga Salazar, natural de Bilbao, llegado más tarde al Perú, fue electo dos veces alcalde ordinario de Lima. También estaban otros vizcaínos como Juan López de Recalde, Luis García San Mamés y Bachiller Guevara.

Alarmados Pizarro y Almagro por la presencia de Pedro de Alvarado en Puerto Viejo (Ecuador) toman sus medidas. En el ejército de Alvarado, compuesto por gente muy lucida y principal, iban los vascos Cristóbal de Ayala, Pedro de Añasco, Mateo de Lazcano, Antonio Ruiz de Guevara y Lope de Idiáquez, y el navarro Juan de Rada.

Alvarado y Almagro se encontraron en las llanuras de Riobamba y llegaron a un acuerdo. La flota de Alvarado, unos doce navíos, y la tropa expedicionaria, pasaban a la expedición comandada por Pizarro y Almagro. Alvarado recibió cien mil pesos oro a cambio de regresar a su gobernación de Guatemala. El acuerdo fue ratificado por Pizarro en Pachacámac, cerca de donde se emplazaría Lima.


 
CAPTURA DE ATAHUALPA EN CAJAMARCA



En 1534, Almagro fundaba Trujillo, entre los primeros fundadores se encontraban varios expedicionarios vascos: Pedro Gonzalo de Ayala, Francisco Pérez de Lazcano, Pedro Lazcano Gaona, Domingo de Soraluce, Juan de Ureña, Juan Villafranca de Lazcano, Francisco de Zamudio e Iñigo Ortíz de Zúñiga. Como primer regidor del cabildo de Trujillo fue nombrado, en 1536, Domingo de Solaruce, uno de los “Trece de la Fama”.

Francisco Pizarro poco a poco fue consiguiendo el control de todo el extinguido Imperio de los incas, pero algunas concesiones a sus hermanos, entre otras razones, produjo el enfrentamiento con su socio Diego de Almagro quien pretendió estar al mando de la capital. Este asedió Cuzco en 1537, y tras tomar la ciudad, apresó a los hermanos Hernando y Gonzalo Pizarro. Entonces, solicitó la gobernación de la misma a su socio Francisco, propuso encontrar una solución negociada. En aquel ejército almagrista, estaban integrados los vizcaínos Lope de Idiáquez, Rodrigo de Salcedo, Vasco de Guevara, el guipuzcoano Marticote y el navarro Juan de Rada, hombre de confianza de Almaro. Este ejército había formado parte de la expedición de conquista de Chile, pero Almagro decidió volver al Cuzco después que Rada le llevara las providencias que le había traído Hernando Pizarro de España.

No hubo acuerdo y se desató la lucha entre pizarristas y almagristas. Los hermanos consiguieron escapar, uniéndose a su hermano, los Pizarro organizaron una ofensiva de la que salieron victoriosos. Almagro fue ejecutado en la batalla de las Salinas, el 26 de abril de 1538, en la que intervinieron muchos vascos: Pedro de Vergara, Diego de Urbina, Alonso Pérez de Esquivel, Alberto de Orduña, Alonso de Mendoza y un Anduiza que lucharon por Pizarro, a los que habrían que añadir los almagristas de la expedición de Chile.

Entre los caídos por los soldados de Pizarro estaban: Juan de Urrutia, Pedro de Salazar, Alonso de Ariza, Pedro de Leguizamón , Esteban Francisco de Miravalles y Juan de Armenta. Fueron apresados, además de Diego de Almagro y su hijo, Juan de Rada, Lope de Idiáquez, Juan Ortiz de Zárate y Vasco de Guevara, además de sus principales capitanes supervivientes. El vasco Juan de Balsa representaba a Diego de Almagro en el proceso incoado por Hernando Pizarro. Al cabo de tres meses en prisión, Almagro fue ejecutado.

 
CARTULARIO JOAN MARTINES SIGLO XVI


En 1539, el extremeño fue nombrado marqués gobernador del Perú y autorizó la organización de una expedición hacia Chile al mando de Pedro de Valdivia. Los almagristas fueron desterrados del Cuzco. Diego de Almagro, hijo, y Juan de Rada quedaron como huéspedes-presos en las casas de Pizarro en Lima, pero pronto fueron puestos en libertad, despojados de todos sus bienes. Almagro declaraba en su testamento que tenía una gran suma de dinero con el gobernador de la que dejaba por heredero al rey.

En virtud de una provisión real nombraba gobernador de Nueva Toledo a su hijo Diego y hasta su mayoría de edad a Diego de Alvarado. Las reclamaciones a este respecto no obtuvieron respuesta, pero se anunciaba la llegada de Vaca de Castro como juez en comisión. Los almagristas, liderados por Juan de Rada, sospechaban que Vaca de Castro venía a favorecer a Pizarro, conocieron la orden de detención del Diego de Almagro, el hijo, y decidieron vengar la muerte de su líder. Asaltaron los aposentos de Pizarro y dieron muerte a Francos de Pizarro quien hizo con su sangre una cruz en el suelo momentos antes de morir, el 26 de junio de 1541. Entre aquellos almagristas que acompañaron a Rada estaban Domingo Ruiz, Martín de Bilbao, Juan Sojo, Bartolomé de Arbolancha y Martín de Zazo. Entre los heridos que defendían al gobernador se encontraban Francisco de Vergara y Juan Ortiz de Zárate.


EXPANSIÓN TERRITORIAL DEL IMPERIO INCA