domingo, 29 de noviembre de 2015

Batalla de Simancas

Una coalición de fuerzas leonesas, castellanas y navarras se enfrentó al poderoso califa Abderramán III en verano del año 939 en la ciudad fortificada de Simancas, en la confluencia de los ríos Duero y Pisuerga.

Todo comenzó con la iniciativa del califa cordobés de emprender una expedición de ataque y saqueo a los reinos cristianos hispánicos que definió como Campaña de la Omnipotencia. Para emprender esta guerra santa consiguió reclutar un gran ejército formado por 100.000 soldados, formado por mercenarios andalusíes, militares profesionales, tribus bereberes, soldados de las provincias militarizadas, contingentes de las marcas fronterizas y un buen número de voluntarios. Estaban apoyados por una interminable columna de bestias de carga que transportaban víveres, pertrechos y armamento.

Emprendieron la marca desde Córdoba en junio del 939. El primer objetivo de la campaña era la estratégica ciudad de Zamora, ya que su toma supondría romper en dos la línea defensiva del Reino de León. Sin embargo, para llegar a Zamora, el pesado contingente debía superar primero Simancas, una ciudad a situada en la provincia de Valladolid.

En la ciudad fortificada de Simancas le esperaba el rey leonés Ramiro II, el rey navarro García I Sánchez y los condes castellanos Fernán González y Ansur Fernández, a cargo de sus respectivos ejércitos y que en total sumaban 20.000 efectivos.

El día 1 de agosto tuvo lugar la batalla de Simancas entre ambos contendientes en la margen derecha del Pisuerga, al noreste de la ciudad. Fue muy violenta y se prolongó durante seis días.


CASTILLO DE SIMANCAS


El empuje de los cordobeses fue colosal, pero la coalición cristiana aguantó con coraje hasta equilibrar las fuerzas. Durante cinco días se sucedieron las refriegas. Las bajas fueron tremendas, pero los cristianos mantenían su moral intacta al ver que los musulmanes no lograban penetrar sus filas ni poner en peligro la ciudad. Por contra, los generales árabes soportaban mal a los mercenarios eslavos y peor aún a los berberiscos. Al sexto día, Abderramán decidió levantar el campamento y emprender la retirada.

Pero Ramiro II no se conformó con resistir en la plaza y se lanzó en persecución del califa a quien alcanzó en un barraco de la provincia de Soria entre el río Riaza y Atienza: la emboscada Alhandega.

Como simbólico botín el monarca obtuvo el Corán y la cota de malla del califa, bordada en oro. Abderramán III encajó mal la derrota y al llegar a Córdoba mandó ahorcar a 300 de sus oficiales acusándoles de cobardía.

Como consecuencia de la batalla, la línea de repoblación del reino de León avanzó hasta el río Tormes, se iniciándose la repoblación del sur del Duero. La ciudad de Simancas no se convertiría en plaza fuerte de la cristiandad hasta su definitiva conquista en 1085, pero permanecerá siempre en el imaginario de la Reconquista por la gran derrota que sufrió Abderramán.


GARCÍA I Y RAMIRO II