viernes, 13 de noviembre de 2015

Batalla de Calatañazor


La Batalla de Calatañazor fue una supuesta batalla que habría tenido lugar en esta localidad soriana el verano del año 1002. En ella parece que Almanzor se vio obligado a huir tras luchar contra los ejércitos cristianos hispánicos coaligados por sus respectivos reyes: Sancho García de Castilla, Alfonso V de León y Sancho III de Pamplona. Sin embargo, la mayoría de los historiadores actuales consideran dicha batalla más un mito que un hecho real, probablemente creado para compensar el sentimiento de inferioridad que las continuas victorias de Almanzor produjeron en los reinos cristianos.


CASTILLO DE CALATAÑAZOR


De entre las fuentes cristianas, el cronista Lucas de Tuy fue el primero en narrar el encuentro de Calatañazor. Según él, después de una campaña contra Galicia, Almanzor se adentró en Castilla, saliendo a su encuentro el rey de León Alfonso V (y no Vermudo II, como apunta el cronista). Continúa:
"...e en el lugar que se dize Calatanasor muchos millares de Sarrazines cayeron, et si la noche non cerrara el día, ese Almançor fuera preso. Enpero, en esse dia non fue vençido, mas de noche tomó fuyda con los suyos."

Al amanecer de un día de julio del año 1002, el rey leonés ordenó a los suyos que atacasen el campamento amirí, pero los cordobeses habían desaparecido, y todo el botín que capturaron se reducía a las tiendas de campaña y diversos enseres de escaso valor. Añadió el obispo historiador de la crónica que en la persecución de los mahometanos jugó un papel significante el conde García Fernández de Castilla (que llevaba siete años muerto, y en realidad fue su hijo Sancho García).

El prelado incorpora además el germen de una mítica leyenda, señalando que el día de la batalla, un extraño personaje, que identifica con un pescador, lloraba gimiendo, a veces en árabe, otras en lengua romance, diciendo: en Calatañazor perdió Almanzor el tambor. Para el cronista, este espejismo era el diablo que "llorava la cayda" de los moros.

En cualquier caso, Almanzor se negó a comer o beber, muriendo al llegar a la ciudad de Medinaceli. La Historia silense sentencia:
"Pero, al fin, la divina piedad se compadeció de tanta ruina y permitió alzar cabeza a los cristianos, pues pasados doce años Almanzor fue muerto en la gran ciudad de Medinaceli, y el demonio que había habitado dentro de él en vida se lo llevó a los infiernos."

Rodrigo Jiménez de Rada y la Estoria de España de Alfonso X ofrecen una versión idéntica de los hechos, con la excepción del espectro que anuncia el próximo final de Almanzor se aparece en Córdoba.


CABALLEROS CRISTIANOS


Con respecto a las fuentes mahometanas, la versión más completa es la proporcionada por al-Maqqari, autor del siglo XVII que recopiló a numerosos historiadores medievales. Según éste, a comienzos de 1002, Almanzor se preparó, siguiendo su costumbre anual, para romper la frontera cristiana, dirigiendo sus ataques hacia Castilla. El arabista Lévi-Provençal apunta como uno de sus objetivos el monasterio de San Millán de la Cogolla, que fue arrasado. Siempre según el cronista, Almanzor ordenó que se sumara a su hueste un considerable contingente de tropas norteafricanas con las que se encontró, según lo acordado, en Toledo. Desde allí partió hacia la ribera del Duero, en cuyas proximidades causó estragos y cuyas tierras devastó. Remontando el curso del río consiguió poner pie en los dominios del conde de Castilla. Pero un enorme ejército cristiano le sorprendió acampado cerca del castillo llamado de las Águilas, en Calatañazor. Almanzor atacó esta hueste a la cabeza de sus propias tropas y fue derrotado, con grandes pérdidas.

De regreso de esta expedición, se sintió enfermo (quizá de una herida recibida en combate), pero continuó haciendo la guerra a los infieles y devastando su territorio hasta que la dolencia se complicó de tal manera que tuvo que ser transportado en una litera, sobre suaves cojines y cubierto por un baldaquino y cortinas que le protegían de la vista de su ejército. En tal estado llegó a Medinaceli, donde la enfermedad se agravó lo suficiente para provocarle la muerte la noche del 10 de agosto de 1.002.

Sintiéndose morir, el caudillo de al-Ándalus pidió a su hijo Abd al-Malik que le recibiera para darle las últimas instrucciones. Cuando vio llorar a su sucesor, el agonizante Almanzor le reprochó su falta de valor con palabras que se convirtieron en realidad: "Esta me parece la primera señal de la decadencia que aguarda al imperio."


ALMANZOR