viernes, 30 de octubre de 2015

Urdaneta en las islas Molucas


El cosmógrafo Andrés de Urdaneta recibió su bautismo de mar a los 17 años, en la Expedición a la Especiería (Molucas) al mando de García Jofre de Loaysa que Carlos V envió en 1525. Se trataba de la segunda expedición transpacífica española en la carrera que Castilla y Portugal mantenían por el dominio de aquellas islas de enorme valor económico. El responsable náutico de la expedición era el también guipúzcoano Juan Sebastián Elcano, que mandaba la nao Sancti Spiritus. En esta nave embarcó Urdaneta, en un cargo sin especificar pero de responsabilidad, era una especie de estudiante en prácticas. Durante el trayecto Urdaneta hizo de letrado, firmó como testigo documentos trascendentales como el testamento de Elcano, asumió diversas responsabilidades náuticas y criticó varias veces en su diario a su jefe directo por su gestión náutica.

La expedición, compuesta de 7 naves, zarpó el 24 de julio de 1525 de La Coruña. Tras reponer provisiones en La Gomera, se dirigieron al estrello de Magallanes pero, en vez de navegar al sudoeste para alcanzar la costa de Brasil aprovechando los vientos Alisios, descendieron sin embargo por la costa de África hasta llegar a la costa de Guinea. Tras un incidente con una nao portuguesa, el 15 de octubre fondearon en la isla de San Mateo y, a partir de ahí, pusieron rumbo en dirección a Brasil, a donde llegaron el 5 de diciembre.


ANDRÉS DE URDANETA, POR VÍCTOR VILLÁN


Una fuerte tempestad hizo que la nao capitana se separase del resto de la flota. Tras muchos incidentes y algún motín, el 26 de mayo atravesaban el Cabo de Hornos adentrándose en el océano Pacífico.

El 30 de julio de 1526 fallecía el capitán Loaysa sucediéndole al mando Juan Sebastián Elcano quien, a su vez, morirá unos días más tarde. En tales condiciones, el 14 de septiembre recalaban en la isla de Guam donde apareció un marinero de la expedición de Magallanes llamado Gonzalo de Vigo que se convertirá, debido al conocimiento adquirido de lenguas, costumbres y conocimientos, en una de las fuentes de referencia para Urdaneta. Finalmente, el 6 de octubre solo una de las 6 naves iniciales al mando de Carquizano llegaba a su destino, la isla de Mindanao (Caraga).

En enero de 1527, llegaban a Tirode, en el archipiélago de las Molucas, asentados en Zamafo. Los expedicionarios identificaron las fortificaciones de los portugueses. Al mismo tiempo, Urdaneta se convertía un mediador entre los expedicionarios y los caciques locales de la región. Ante la negativa de los castellanos de abandonar la isla, el primer contacto violento con los portugueses tuvo lugar el 18 del mismo mes. Desde ese momento varios enfrentamientos esporádicos se fueron sucediendo y en uno de ellos Urdaneta sufrió heridas de pólvora.

Durante 9 años, Urdaneta permaneció en la isla de Gilolo (Halmahera) dedicándose a la construcción y reparación de naves, demostrando sus dotes de diplomático, estratega y observador, mientras mantenía una rivalidad con algunas tribus moluqueñas y con los portugueses.

La posición española en las islas Molucas se reforzó con la llegada de la expedición de Álvaro de Saavedra, pero terminó tras la firma del Tratado de Zaragoza de 1529, por el cual el rey Carlos V entregaba los derechos de colonización de las islas Molucas y Filipinas al rey de Portugal. A pesar de la marcha de los castellanos asentados en estos dominios, Urdaneta permaneció en la región durante varios años más.

Del fracaso de los intentos de retornar a América por el Pacífico y de su trato con navegantes asiáticos, fue adquiriendo conocimientos sobre los pueblos, la geografía, el clima y la navegación local que resultarán cruciales para el tornaviaje de 1565. Además llegó a aprender el malayo y algunas otras lenguas del sudeste asiático (el tidore, el ternate, el chamorro, etc.).



MAPA DE LAS ISLAS MOLUCAS DEL SIGLO XVII


Tras la toma de Tidore por los portugueses y el peligro de sublevación de los nativos contra los europeos establecidos, el 15 de febrero de 1535 Urdaneta emprendió el regreso a España a través de los dominios portugueses Malaca y Cochín, hasta alcanzar Lisboa el 26 de junio de 1536, dando así la vuelta al mundo.

En la capital lusa, la Guardia Mayor le requisó sus escritos, sus libros y todos los materiales acumulados durante su estancia en el Pacífico: una documentación de gran valor técnico y estratégico, que incluía los derroteros de los viajes de Loaysa y Saavedra, mapas y otras memorias. No obstante, el 26 de febrero de 1537 pudo entregar a Carlos V en Valladolid una Relación escrita de los sucesos de la armada del comendador Loaisa desde el 24 de julio de 1525 hasta el año de1535, que era un relato del viaje, hecho de memoria, que reflejaba sus dotes de observación, el gran conocimiento de las islas y su interés por los rendimientos de aquellas.

En todo caso, la expedición de Loaysa había servido para asentar las bases del conocimiento para que 30 años más tarde se consumara el tornaviaje a través del Pacífico y, con él, la consolidación de la presencia de Castilla en las Filipinas y la apertura de una de las rutas comerciales fundamentales de la modernidad.



NATIVOS DE LA ISLA DE LOS LADRONES ANTE UNA EMBARCACIÓN COLONIZADORA