domingo, 11 de octubre de 2015

Marcos de Isaba

Marino del siglo XVI que destacó por su participación en el combate de Lepanto y por publicar un libro referente al Ejército llamado Cuerpo enfermo de la milicia española




Era natural de Isaba, Navarra. Nació poco después de que lo hiciera Felipe II (1527) y murió unos años antes que su rey (1598). Tuvo una intensa vida entregada a la milicia con una experiencia de 40 años tomando parte muy activa en las luchas que Felipe II mantuvo en las diversas posesiones europeas, en uno de los periodos más intensos de la Historia de España.

En Nápoles escribió, en unión de su cuñado Miguel Guerrero de Cáseda, un libro sobre la milicia, muy atrevido para su tiempo, donde quiso plasmar sus experiencias: Cuerpo enfermo de la milicia española, publicado en Madrid, en 1594. Reunía los abusos que según él existían en el ejército de la Monarquía hispánica. Hay una gran variabilidad de contenidos en la obra.

Sobre las disposiciones concernientes a los tiempos de ascenso Marcos de Isaba escribió:
"Hagamos y criemos de nuevo un soldado, el tiempo que ha de tener cuando comenzare, cuánto ha de ser obediente en tal nombre, cuánto ha de ser cabo de escuadra, sargento, alférez y qué edad ha de entrar para ser capitán y puesto en esto corra los grados y términos que es justo en la milicia tengan su fuerza y lugar y sea de esta manera."

El soldado debía tener una edad no menor de 20 años. Durante sus primeros cinco años en la milicia aprendió todo lo concerniente a usar de las armas, cumplir con las guardias, respetar a sus oficiales y obedecer las órdenes. Eran cinco años en los que el militar debía estar en permanente instrucción. Tras su periodo de formación, si ha cumplido con sus obligaciones podía ser promovido al primer empleo de la oficialidad: cabo de escuadra (un oficial en la milicia, inferior a capitán y a alférez).

Para infundir autoridad y para interiorizar sus obligaciones como cabo de escuadra con 25 años de edad, Isaba consideraba que era necesario preocuparse por la instrucción de su escuadra en el manejo de las armas, que obedezcan las órdenes sin murmuraciones, y hacerse respetar sin llegar a las manos. En dicho empleo puede estar un año y con 26 años ocupar plaza de sargento.


De sargento, debía cumplir 2 años y con 28 años optar a alférez. Con 3 años de alférez podía optar a capitán. De manera que con 32 años aproximadamente hasta los 50 años pueden ejercer como tal pues era edad robusta y sana para ejecución y obediencia en lo que se le encomendare.





Con ocasión de fallecimiento del capitán, se produce una reacción en cadena desembocando en una cascada de ascensos. Así, el alférez, si lo merece se pondrá al frente de la compañía; el sargento la plaza de alférez; el cabo de escuadra más antiguo conseguirá la plaza de sargento; y el soldado que sea buen cristiano, diestro y disciplinado, ocupará la vacante de cabo. Incidía, Marcos Isaba, en la importancia en el empleo de cabo de escuadra; entendiendo que el cabo de escuadra al saber cómo viven los soldados estará bien informado de todas las vicisitudes de la compañía.

Si se considerase por parte del capitán que el cabo de escuadra más antiguo de la compañía no tiene las capacidades para ser sargento, será el capitán el que se lo diga en una habitación aparte informándole de que en esa ocasión no se le puede ascender en grado, asegurándole que si hay enmienda en su comportamiento en una próxima ocasión se le ascenderá. Posteriormente se reunirá al resto de oficiales y la compañía y con "su parecer elegirá al que crea conveniente, a la misma vez, se hará lo propio con el soldado que deba de ocupar la escuadra del cabo que ahora asciende a sargento. Además se les hará entender que si cumplen su deber inherente al empleo que desempeñan "serán en los demás cargos ocupados y antepuestos, hasta llegar a ser capitanes..."




Destacado en el combate de Lepanto, donde mandó una compañía de 178 hombres, perteneciente al tercio de Miguel de Moncada.

Góngora y Torreblanca escribieron:

"En esta batalla, uno de los más valientes capitanes, que más se señalaron, fue don Marcos de Isaba, tan celebrado en la Austriada del Regidor de Córdoba, pues teniendo el Ochaliren las galeras de Malta, y degollada gran parte de los comendadores, les embistió y peleó tan valerosamente con este famoso capitán, que en breve rato se la volvió a ganar y rescatar y en particular la capitana de ellas con el general Jofre Justiniano, que sólo con otro comendador habían dejado con vida, con muerte de muchos genízaros, que son los nervios del poderoso brazo del turco, e hizo en aquel tan sangriento día otros hechos heroicos y notables, y después de muy grandes servicios, fue a Castellano de Capúa en el reino de Nápoles."

Julio Altadill escribió:

"Don Marcos de Isaba, que figura en las bibliografías militares como autor digno de atención, se revela en su libro, no sólo de gran pensador, sino también como un carácter entero y amante de la verdad a toda costa."