jueves, 1 de octubre de 2015

Carlos de Amézola y el asalto a la costa inglesa

En 1588 dio comienzo en Francia la Guerra de los tres Enriques, que enfrentó al rey Enrique III de Francia, al duque de Guisa y a Enrique III de Navarra por la Corona de Francia. Tras la muerte de los dos primeros, Enrique de Navarra, protestante, se convirtió en rey. Eso no podía ser tolerado por Felipe II de España, por lo que apoyó a la Liga Católica y envió un ejército a Bretaña al mando de Juan del Águila.

Los ingleses, como protestantes y enemigos de España por la guerra que había comenzado en 1585, apoyaron a Enrique de Navarra y enviaron tropas a Francia.

En 1595 Juan del Águila decidió organizar una expedición de castigo contra Inglaterra. El 26 de julio del mismo año, zarpaban del puerto de Blavet cuatro galeras, Capitana, Patrona, Peregrina y Bazana, pertenecientes a las Galeras de la Guarda de la Costa de Bretaña y reforzadas con infantes y arcabuceros. Su capitán era Carlos de Amézola (también llamado Carlos de Amézquita o de Amézqueta), un notable capitán que sirvió a las órdenes de Diego Brochero y muchas veces a bordo de las galeras reales en corso contra los ingleses. Su destino era atacar por sorpresa las costas de Inglaterra.




Primero pasaron por el puerto francés de Penmarch en donde consiguieron 3.000 ducados que se utilizarían en adquirir víveres y pertrechos. El 2 de agosto, avistaban por la mañana las costas de Cornwall después de navegar sin contratiempos las 100 millas que separaban a ambas costas y en apenas 24 horas de navegación favorable.

Efectuada la aproximación a la costa, pusieron pie a tierra 400 arcabuceros y algunos piqueros, en la bahía de Mounts, entre los cabos Lands End y Lizard. Formando un escuadrón con una vanguardia y dos mangas de arcabuceros, enfilaron la población de Mousehole, mientras que tres de las cuatro galeras lo cañoneaban para poner en fuga a las gentes que trataban de defenderlo. La cuarta galera, Peregrina, estaba guardando las espaldas del pequeño ejército español por si navíos ingleses, decidían contratacar. Después de esta población cayeron también Newlyn, Saint Paul, Church Town y posiblemente otras villas cercanas.

Esta pequeña expedición de asalto consiguió rendir el fuerte de Penzance, defendido por alrededor de 1.200 hombres entre soldados y lugareños.

Al día siguiente, 4 de agosto, después de pernoctar en las galeras, desmontar la artillería del fuerte y traspasarla a las galeras y de incluso celebrar una misa, los soldados españoles tenían la siguiente noticia: la flota inglesa reaccionaba desde Plymouth junto una fuerza de unos 8.000 hombres de infantería, para retomar Penzace o apresarles a su regreso.




Los invasores pensaron en combatir atrincherándose en el fuerte recientemente conquistado, pero se percataron de la debilidad de las defensas y los muros y optaron por abandonar sus correrías en tierras de Cornwall. Para ello tuvieron que burlar no solo al ejército inglés, cuyas vanguardias se aproximaban, sino a la flota inglesa salida de Plymouth para darles caza. Los españoles no solo reembarcaron con celeridad, sino que además durante la noche burlaron a los primeros barcos ingleses que habían acudido para darles caza.

En plena mar ya, el día 5, con el alba y quizás con fuerte viento de poniente, encontraron una flota holandesa de alrededor de 46 bajeles de unos 200 toneles de porte, todos además artillados e incluso protegidos por cuatro buques de guerra de la misma nacionalidad, que les cortaba el paso. Durante la Guerra de los 80 años, los rebeldes holandeses fueron aliados de los protestantes ingleses y, por tanto, encarnizados enemigos de la Monarquía española.

Lo normal, habría sido escabullirse entre las brumas y nieblas del mar. Carlos de Amézcoa mandó entablar batalla hasta abrir paso entre los barcos de aquella flota de contención: "Pardiez, no sería de caballeros que el cacareo de una gallina luterana nos haga temblar. Cargad pues los cañones".

La flota de Carlos de Amézola consiguió pasar abriendo fuego contra las naves de contención. Durante el encuentro, dos bajeles holandeses fueron hundidos y otros dos seriamente dañados, hasta el punto que debieron ser abandonados por sus tripulaciones. A cambio, los españoles dejaron 20 muertos y dos galeras con numerosos impactos, aunque a flote y con el pabellón en alto.

Por fin, después de vencer al inglés y al holandés, el día 10 de agosto, quince después de la partida, las cuatro galeras llegaban a Blavet.