viernes, 25 de septiembre de 2015

Andrés de Urdaneta y la Monarquía hispánica


Difícilmente puede encontrase en la historia de la Humanidad un ejemplo de tenacidad como el demostrado por España en la empresa del Pacífico. Una y otra vez se habían enviado a las islas Molucas y al Oriente desde España o desde las posesiones americanas, y una y otra vez el clima y las corrientes habían impedido el retorno por el océano Pacífico. Los García Jofre de Loaísa, González de Espinosa, Saavedra, Villalobos, Bernardo de la Torre, Íñigo Ortiz de Retes, etc., figuraban en esa nómina amarga de fracasos, y todo hacía suponer que el tornaviaje no era posible.

Y, sin embargo, Felipe II deseaba controlar el flanco del Pacífico para proteger los dominios españoles de América en su vertiente occidental, esa costa cuya fragilidad había demostrado Francis Drake con su ataque asolador sobre los puertos de la fachada pacífica sudamericana. A través del inmenso Pacífico podían llegar otras potencias y apoderarse del Imperio español.



 
La voluntad política de la Monarquía hispánica de controlar el mundo conocido y por descubrir partía ya desde 1480, año en el que los Reyes Católicos formalizaron con el Reino de Portugal el Tratado de Alcaçovas-Toledo. Este fue el primero de una serie de acuerdos (por ejemplo, las bulas papales Eximiae Devotionis y la Dudum Siquidem) cuyo objetivo es la repartición del mundo entre Castilla y Portugal, quedando definitivamente resuelto en 1494 con el Tratado de Tordesillas. En él se fijaba una línea de demarcación 370 leguas al oeste de Cabo Verde, reservando el hemisferio este para Portugal y el oeste para Castilla, que sólo puede tocar la demarcación portuguesa para el acceso a la suya.

La búsqueda de la Especería propició el impulso de las travesías de Portugal y Castilla para lograr encontrar un acceso directo por mar a los puntos de tráfico comercial situados en el sur de Asia. Apoyados de la labor de Enrique el Navegante y la Escuela náutica de Chigrés, a finales del siglo XV los portugueses ya habían logrado alcanzar Calicur bajo las órdenes de Vasco de Gama, e incluso más allá, las islas Molucas al mando de Antonio de Abreu. Mientras tanto, Castilla emprendía varias expediciones para encontrar un paso entre América y Asia a través de una ruta distinta.

Pese a que las primeras terminasen en un verdadero fiasco, fue la expedición que emprendió inicialmente Magallanes en 1519, finalizando Elcano en 1522, la que consiguió completar la primera vuelta al mundo de la historia y, por tanto, llegar a las islas Molucas con éxito. Una de las naves de esta expedición, la Trinidad, mandada por Gonzalo Gómez de Espinosa fue la primera en intentar llegar a la costa oeste de América desde Asia cuyo resultado fue infructuoso. La nave Trinidad partió desde la isla de Tirode y concluyó con el regreso al punto de partida.


MARIS PACIFICI (1589) POR ORTELIUS

 
Igual suerte habían corrido el segundo y el tercer intentos, ambos realizados desde Tirode por la nave Florida, de la expedición de Álvaro de Saavedra. En 1528 la nave volvió al mismo lugar de partida, y en 1529 fue a parar a la isla de Gilolo (Hawai), donde el comandante de la expedición encontró la muerte. Los vientos y corrientes contrarias y las tormentas impidieron alcanzar el objetivo americano, regresando a Tidore.

El 22 de abril de 1528, Carlos V vendió a Portugal sus pretendidos derechos sobre las Molucas y las Filipinas. Varios años más tarde, los pocos castellanos que allí quedaban y conocieron la noticia negociaron con los portugueses su retorno.

Quince años después, la expedición dirigida por
 Ruy López de Villalobos lo intentó otras dos veces, igualmente sin éxito, con la nave San Juan. La primera vez, al mando de Bernardo de la Torre, partió en 1544 de la isla de Sarangani, en las Filipinas, y la segunda vez, mandada por el alavés Íñigo Ortiz de Retes, zarpó de la isla de Tirode en 1545.

Cuarenta años más tarde, los intentos sexto y séptimo se verán coronados por el éxito. Una primera nave, el patache
 San Lucas, mandado por Alonso de Arellano y separado de la expedición de Legazpi en el viaje de ida, emprendió por su cuenta la ruta de regreso desde la isla filipina de Mindanao en 22 de abril de 1565 y llegó a Acapulco el 17 de julio, completando así la primera travesía del Pacífico en dirección oeste-este. No obstante, su conducta insolidaria, las escasas indicaciones náuticas legadas y la valoración de su empeño más como fruto de un afortunado azar que de una acción deliberada han menoscabado el mérito de la empresa en favor de la realizada por Andrés de Urdaneta.

Tras llegar la expedición de Miguel López de Legazpi a Cebú en Filipinas, era necesario establecer la
 ruta de vuelta o viaje de retorno hasta América: el Tornoviaje. Andrés de Urdaneta zarpó al frente de la nave San Pedro, junto al nieto de Legazpi, el capitán Felipe de Salcedo, desde San Miguel (Filipinas) el 1 de junio de 1565 y llegó a Acapulco (México) el 8 de octubre del mismo año.


 
EXPEDICIONES ESPAÑOLAS POR EL OCÉANO PACÍFICO EN EL SIGLO XVI