lunes, 22 de junio de 2015

Vinculación de la Capitanía general de Guipúzcoa al Virreinato de Navarra

La relación de los conflictos jurisdiccionales entre los capitanes generales de Navarra y la Provincia guipúzcoana, sobre todo en el ámbito judicial, decidió resolverlos el rey Felipe II vinculando el cargo de capitán general de Guipúzcoa al de virrey de Navarra, que también era capitán general de este reino. Y así, en 1572, en Vespasiano Gonzaga de Colona recayeron ambos cargos, designación bien aceptada por la Provincia. El rey dejó como delegados en Fuenterrabía un teniente de capitán general y un alcaide de la fortaleza de esa plaza que fueron quienes suscitaron los escasos conflictos de competencias que se plantearon en los primeros años. 
 
Sin embargo, las tensiones continuaron y no se refirieron sólo a las derivaciones de la ausencia del capitán general, sino que se extendieron al terreno económico y otras de mayor alcance potencial, como el intento de fragmentar territorialmente la provincia protagonizando en 1577 por unos vecinos de Rentería, valle de Oyarzun y la villa de Fuenterrabía de separase de la Hermandad de Guipúzcoa. Al plan se opusieron San Sebastián y las villas mayores, y al no ser apoyado por todas las corporaciones implicadas no prosperó, pero puso en evidencia las diferencias de intereses reinantes.
 
 
VESPASIANO GONZAGA DE COLOMA


La reiteración de solicitudes de la provincia de que se separaran los cargos de capitán general y virrey dio fruto en 1579. Año en que precisamente comenzaba una intensa actividad en la frontera guipuzcoana por los movimientos de tropas francesas y desde entonces hasta 1590 las relaciones entre las autoridades militares y la provincia fueron bastante cómodas y menos conflictivas, un clima que cambió con la llegada a la capitanía general de Juan Velázquez, donde permaneció hasta 1598, en donde se reprodujeron las alarmas fronterizas y no faltaron problemas de relación entre las autoridades de los dos ámbitos.

El siglo XVII se inició de nuevo con la unión de los cargos de capitán general y virrey navarro, que salvo breves períodos se mantuvo hasta 1662, pese a las peticiones de separación formuladas por la Provincia. Las designaciones de estos cargos eran facultad reconocida del soberano y estaban motivadas por el deseo de afrontar en las mejores condiciones la guerra y su incidencia en el territorio de Guipúzcoa, que desde 1635 se agravó como consecuencia de la declaración de guerra francesa. Fueron años en que la provincia negoció con Felipe IV para la salvaguardia de sus atribuciones militares, que consiguió en sucesivas cédulas reales que constituyeron el cuaderno foral de 1696:
“La conservación de estas antiguas libertades, plasmadas en el nombramiento de los coroneles y el gobierno de sus propias tropas, estaban sustentadas en el propio pacto de sujeción a la superior autoridad del monarca, que veía así limitada su potestas por estos condicionamientos. Las relaciones de fidelidad seguían estando presentes, pero en esta doctrina, ahora ya foral, estas relaciones políticas ante ambos poderes, aunque reconocidos desiguales, se sustentaban en los vínculos de sujeción directa de la entidad provincial al poder emanado de la figura del monarca y no al de sus delegados, como sucedió igualmente en otros ámbitos del gobierno.”

 SIERRA DE ARALAR, FRONTERA FÍSICA ENTRE GUIPÚZCOA Y NAVARRA