sábado, 27 de junio de 2015

Epopeya carolingia de Roncesvalles

EL ENFRETAMIENTO ENTRE CAROLINGIOS Y SARRACENOS

A principios del siglo VIII, el ejército de los musulmanes de Tariq ben Ziyad se presentó en la península Ibérica iniciando la conquista del reino Hispano-visigodo. En pocos años, consiguen someter a la totalidad de las tierras del extinto reino, pero pronto su impulso conquistador ha encontrado un freno en las montañas cantábricas. 

La situación ha ido de otra manera en el noreste: en el año 713, los ejércitos musulmanes llegan al valle medio del Ebro donde gobernaba un conde de origen hispano-visigodo, Casio, que ante la amenaza, decidió convertirse al islam y someterse al califa de Omeya para mantener el poder. Así nació la dinastía de los Banu ibn Qasi. Pamplona es ocupada por Muza en 718 y obligada a pagar tributo a los gobernadores musulmanes que establecieron un protectorado.

Los moros encontraron abierto el camino hacia Francia. Los musulmanes cruzan los Pirineos en 720 a través del puerto de Roncesvalles con el propósito de invadir el Imperio carolingio y conquistar Europa. Primero atacaron Toulouse, continuaron hacia Tours, capital del ducado vasco-aquitano. Pero en 732 son derrotados por Carlos Martel en la batalla de Poitiers y frenó las ansias expansivas musulmanas.

Los vascones tras la derrota de los musulmanes en Poitiers tienen asegurada su independencia en las montañas, pero el valí Uqba recondujo la situación instalando una guarnición militar en dicha ciudad entre el 734 y 741. 

Los francos, no obstante, sacan las consecuencias oportunas y se proponen establecer un cordón protector en el Pirineo, apoyan a los cristianos rebeldes de las montañas y así nace la Marca Hispánica: una decena de condados dependientes de los reyes carolingios que abarcó desde Pamplona hasta Barcelona. De estos condados nacerán posteriormente los reinos de Navarra y Aragón y los condados de Cataluña.

Durante este periodo, finales del siglo VIII, aún no hay reinos españoles en el Pirineo. La única monarquía cristiana es la de Asturias, nacida de la resistencia de Pelayo. El rey es Alfonso II el Casto, noveno de este reino, hijo del asturiano Fruela y de la dama vasca doña Munia. Sus dominios se extienden de Galicia a Álava y llegarán siglos más tarde hasta Lisboa. Desde Oviedo, su capital, se proclamará “emperador de toda España”. 

Intercambió embajadas con Carlomagno, el emperador carolingio, pues era su aliado en la lucha contra el islam; en su tiempo se descubrió la tumba del apóstol Santiago, siendo Carlomagno uno de los primeros peregrinos en visitar la ermita de Santiago en Compostela. 

En el otro lado del frente, el poder musulmán conoce una de sus frecuentes fragmentaciones: los emires de los territorios del norte se rebelan contra el califa Omeya de Córdoba. Un punto clave de la rebelión es Zaragoza. Esa es la circunstancia en la que Carlomagno decide adentrarse en territorio español. En una de estas expediciones tendrá lugar la batalla de Roncesvalles.



REINOS CRISTIANOS HISPÁNICOS, INICIOS SIGLOS IX


LA ALIANZA MILITAR ENTRE SULAYMAN Y CARLOMAGNO

Gracias a la resistencia de Pelayo de 722 en Covadonga y a aquella victoria de Carlos Martel de 732 en Poitiers frente a los invasores musulmanes dio esperanzas y fe a los núcleos cristianos del norte peninsular para iniciar la heroica empresa reconquistadora. 

En este periodo el Condado de Pamplona mantuvo una relación de alianza con la dinastía de los Banu ibn Casi. Era esta familia de renegados, godos o hispanorromanos, cuyo antepasado Casio, del que toma el nombre, había sido conde en la región del Ebro. Sometidos a Muza, abrazaron la causa del Islam; uno de ellos era valí o gobernador de Pamplona el 792 y otro defendió Zaragoza frente a Carlomagno. 

Mientras tanto, el Imperio carolingio vive su esplendor cultural en el llamado Renacimiento carolingio. Carlo Magno domina en grandes territorios de Europa, defendidos en sus fronteras por "marcas", es decir, comarcas bajo su órbita de influencia, como en el caso peninsular lo es la Marca Hispánica. También Aquitania, al norte del Pirineo occidental ha sido sometido recientemente.

En 777, los carolingios consiguen una importante victoria frente a los sajones en Paderborn, que finalmente son sometidos. Allí, Carlomagno recibe la visita personal de Sulayman ibn al Arabí, más conocido como Sulayman Ibinalarabi, valí de Barcelona para informarle sobre el destronamiento de la dinastía de los Omeyas en Damasco y el advenimiento de los abasíes. 

Tras el asesinato de toda la familia de los Omeyas, el único superviviente Abd al-Rahman I, había huido de aquella ciudad y se había refugiado en Córdoba, apropiándose de Al-Ándalus con la ayuda de un ejército bereberes y yemeníes y proclamándose emirato independiente de Córdoba. Para esto tuvo que eliminar al emir de Córdoba, Yusuf al-Fahri, partidario de los abasíes.

El valí de Barcelona deja claro a Carlomagno que fue partidario de al-Fahri y que ambos tenían un enemigo en común: el nuevo emir de Córdoba. Además, entre sus compañías estaban Abd al-Rahman ibn Habib, el yerno del asesinado emir de Córdoba, y Hussayn ben Yahia, valí de Zaragoza y descendiente de uno de los compañeros de Mahoma. 

Entonces, le propone una alianza militar para invadir el emirato de Córdoba y derrocar a Abd al-Rahman. A cambio, se colocarían bajo la órbita de influencia del propio rey carolingio y le entregarían algunas de las ciudades del norte de España como Barcelona, Zaragoza o Jaca. 

Así lo escriben las crónicas:
¡Nada temáis! Enviad a Carlos, orgulloso y altivo, palabras de servicio fiel y de gran amistad. Le daréis osos, y leones y perros, setecientos camellos y mil azores mudados, cuatrocientas mulas, cargadas de oro y plata y cincuenta carros, con los que podrá formar un cortejo: con largueza pagará así a sus mercenarios. Mandadle decir que combatió bastante en esta tierra; que a Aquisgrán, en Francia, debería volverse, que allí lo seguiréis, en la fiesta de San Miguel, que recibiréis la ley de los cristianos; que os convertiréis en su vasallo, para honra y para bien. ¿Quiere rehenes?, pues bien, mandémosle diez o veinte, para darle confianza. Enviemos a los hijos de nuestras esposas: así perezca, yo le entregaré el mío. Más vale que caigan sus cabezas y no perdamos nosotros libertad y señorío, hasta vernos reducidos a mendigar.


La idea de una campaña en España seduce a Carlomagno quien encuentra en el pacto con Sulayman la posibilidad de aumentar la Marca Hispánica hacia el interior de la península. Probablemente encontraría hacia el sur muchas poblaciones cristianas impacientes por sacudirse el yugo mahometano.


 
CONDADOS DE LA MARCA HISPÁNICA, INICIOS SIGLO IX


LA CAMPAÑA DE CARLOMAGNO EN LA MARCA HISPÁNICA

Al año siguiente, Carlomagno reunió un numeroso ejército compuesto por soldados francos que se ven reforzados por los de todos los pueblos sometidos: francos orientales (ripuarios) y occidentales (sálicos), borgoñones, provenzales, aquitanos, septimanos, lombardos y bávaros, estos últimos dirigidos personalmente por el duque Tasilón. Este ejército cruzo el Pirineo dividido en dos contingentes: uno liderado por Carlomagno, junto a sus grandes barones como el conde de Palacio Anselmo, el senescal Ekkehart, y sobre todo el conde Roldán, que pasa por Navarra; y el otro grupo, dirigido por su hijo Carlomán y el condestable Geilón, por Huesca.

Carlos se dirigió hacia Pamplona. Esta ciudad, la principal de los vascones de Navarra, estaba en manos mahometanas. Sulayman mantiene su pacto, la ciudad es tomada por las armas y los gobernadores musulmanes rinden vasallaje y fidelidad a rey Carlos, aunque muestran hostilidad. Pero a este primer éxito, siguió la primera decepción ya que Carlomagno comprobó como los vascones, aunque cristianos, no acogían a los francos como libertadores sino como invasores.

Mientras que el ejército de Carlomagno seguía su avance por el curso del río Ebro hasta las puertas de Zaragoza, el ejército de Carlomán avanzaba por el este hasta Barcelona, donde la población cristiana se muestra más accesible a los francos. El valí Sulayman cumple con su pacto, entregando rehenes y partiendo de Barcelona con Carlomán hacia Zaragoza donde finalmente se reúnen ambos ejércitos francos. 

Al Hussayn ben Yahia es el valí de Zaragoza. Es también un enemigo del emir Abd al-Rahman, pero no tiene intención de entregar su ciudad. Zaragoza es una ciudad hermosa y rica, la más importante del noreste peninsular que acoge a gentes de todas las religiones. Unas murallas infranqueables protegen la ciudad.

No se sabe con seguridad las razones de aquel cambio de planes. Por una parte, Sulayman y Hosein se habían enemistado durante el transcurso de tiempo desde el pacto hasta la llegada. Además, los francos y los árabes poseen una cultura y una mentalidad muy diferentes, y cada bando considera al otro como algo bárbaro con el que no puede entenderse.

Ante los muros de Zaragoza, los francos inician un asedió que dura algunos meses, los zaragozanos resisten y los sueños de conquista de los caballeros francos se debilitan. Algunas ciudades, Huesca entre ellas, se le sometieron. Tuvo intenciones de negociar con Hosein ben Yahia, pero estas no alcanzan sus objetivos. 

Llegan malas noticias desde Sajonia, aprovechando la ausencia del ejército carolingio en su Imperio, los sajones se han sublevado. El rey Carlos reconoce que esta campaña ha sido un fracaso, pues no han conseguido ninguna victoria militar y ningún territorio nuevo ha sido cristianizado, por lo que da la orden de retirada, no sin destrozar todo lo posible en torno a la ciudad. Lógicamente, el rey tuvo la sensación de haber sido engañado por Sulayman por lo que es apresado junto con algunos de sus hijos y otros magnates musulmanes como rehenes.

Si bien consiguen un cuantioso botín de guerra por parte de los gobernadores sarracenos, este no financia a su ejército. La tropa queda disconforme y producen saqueos por cada villa y ciudad por la que pasan en el camino de vuelta. En Pamplona deciden derribar las murallas y asaltar la ciudad. El saqueo es absoluto. En ella existe una población formada en su mayoría por vascones paganos, aunque hay unas minorías de cristianos e islámicos.

Carlomagno y sus huestes subestimaban la capacidad de reacción que pudieran tener los vascones de Pamplona y de las tierras aledañas. Aún le esperaba más pues, en el camino, los hijos de Sulayman sorprendieron a los guardias y consiguieron escapar sin su padre. Estos reorganizan sus fuerzas militares y van en busca del ejército carolingio para sorprenderles en su huida.

Cuando cruzan los Pirineos en dirección a Francia por el estrecho paso de Roncesvalles, Carlomagno está en la vanguardia, mientras que Roldán y los principales nobles están situados en la retaguardia. Sus soldados caminan lentamente en los ascensos, el porte del botín y de la armadura resultan pesadas y el calor debilita más aún.

Entonces, una coalición de vascones de la montaña y de tropas musulmanas encabezadas por los hijos de Sulayman emprende un ataque sorpresa a la retaguardia del ejército franco a la altura del actual Roncesvalles, aunque otras fuentes la sitúan en Valcarlos. 




MONUMENTO A LA BATALLA DE RONCESVALLES


LA BATALLA DE RONCESVALLES DE 778

Roncesvalles es un punto fronterizo entre España y Francia, una cima en la cordillera pirenaica. En aquel paso, el 15 de agosto del 778 sucede la batalla de Roncesvalles. 

Los vascones son conocedores de aquellos bosques y caminos, aunque en clara inferioridad numérica aprovechan el factor sorpresa y el terreno para posicionarse con ventaja ante un ataque cerrado entre rocas y árboles y mejor resguardados entre cimas y laderas. Las tropas carolingias desfilan fatigadas por el desfiladero y estiradas en estrechas filas, debido a la extrema dureza de las fuertes pendientes rocosas coronadas por bosques.

Los asediantes coaligados lanzan una lluvia de dardos, flechas y piedras contra la retaguardia. La emboscada resultó efectiva: los francos no están acostumbrados a luchar en las montañas, se encuentran dispersos en una larga hilera, sus cascos y corazas son resistentes pero pesadas, es más resolutivo la puntería de unos arqueros resguardados entre rocas.

Tras la lluvia de flechas, los atacantes se aproximan, descienden, corren detrás de las rocas, saltan, se precipitan sobre los caballeros, caen sobre las basternas, golpean a sus conductores y se producen combates cuerpo a cuerpo; hay caballos heridos cuyos relinchos desencadenan el tumulto, gritos de reagrupamiento, caballeros sin montura que acaban siendo degollados por los montañeses. 

En este asalto muere Roland, duque de la marca de Bretaña (las fuentes castellanas le han llamado Roldán o Rolando), junto a los 12 Pares de Francia, entre ellos Anselmo, conde de la casa real, y el senescal Eggihard. Este noble se encargaba de custodiar la retaguardia. Según la épica, hizo sonar el cuerno para llamar al rey en señal de auxilio, pero el grueso de sus tropas continúan el camino hacia la llanura pasando San Juan de Pie de Puerto, punto de inicio de una Ruta Jacobea hacia Santiago de Compostela que se estaba formando por los peregrinos europeos, especialmente franceses. 

Los vascones vengan los saqueos que realizaron en sus tierras, los musulmanes liberan a Sulayman. Carlomagno nunca más vuelve a pisar tierra hispánica.

 

BATALLA DE RONCESVALLES

LAS REPERCUSIONES DE AQUELLA EMBOSCADA

Aquella batalla desencadenó diversas repercusiones tanto en los reinos de la península Ibérica como en el Imperio carolingio.

Esta es la primera derrota militar que sufre el Imperio de Carlomagno, gran emperador de Europa en la Alta Edad Media. Esta debilidad animará a otras marcas en su domino a sublevarse en su contra. Fue también un impulso reconquistador para los hispanos, pues asegurarían ahora la frontera del Pirineo frente al invasor franco y pondrían la mirada al sur para reconquistar las tierras al moro.

Mil años después, se repetirá este espíritu de resistencia y lucha contra los franceses, esta vez encabezados por el emperador Napoleón Bonaparte, en los sitios de Gerona y Zaragoza, en la llamada del tambor del Bruc, en la batalla de Bailén, en el levantamiento del 2 de Mayo madrileño, y en tantos otros heroicos sucesos de España.

El emir de Córdoba, Abderraman I, para evitar futuras incursiones carolingias y cortar rebeldías islámicas, se presentó ante Zaragoza en el 791; derrotó a los rebeldes y marchó contra sus aliados vascones. Conquistó Calahorra, luego Pamplona, sometió al valí Ibn Velasco bajo su órbita de poder y volvió a Córdoba con rehenes, quedando los vascones sometidos bajo soberanía de los Omeyas durante cerca de 20 años.

En el plano literario, los poemas y narraciones épicos describirán el suceso con todo el romanticismo medieval de la época. Destaca la Chansón de Roland en francés. Pero Roldán, sobrino de Carlomagno, se hará inmortal gracias a la literatura. Hoy en día, varios puertos, pasos o brechas llevan su nombre a lo largo de todo el Pirineo.


MUERTE DE ROLDÁN