lunes, 15 de junio de 2015

Batalla de Atapuerca

El origen de la Batalla de Atapuerca se encuentra en la supresión por el rey García III Sánchez, rey de Pamplona-Nájera, una de las diócesis del Reino de Castilla, concretamente la de Valpuesta. Desde el punto de vista geoestratégico, el rey Fernando I de León y conde de Castilla contempló esta decisión eclesiástica como un ataque político. Ambos reyes descendían de Sancho III Garcés el Mayor.
 


Durante el reinado de García III el de Nájera existían cuatro diócesis en las tierras de Castilla y Álava: Oca-Burgos, Amaya-Muñó, Álava, y entre Castilla y Álava la diócesis de Valpuesta. En la carta fundacional del monasterio de Santa María la Real de Nájera que fundó García III en 1052, pasaban a la jurisdicción del obispo de Nájera: la Bureba, Oca y otras villas hasta Santa María del Puerto en Santoña, lo que equivalía a diezmar las diócesis castellanas a favor de la najerense, que además, gracias a Santoña, podía bloquear la salida de los comerciantes burgaleses hacia el mar y aquel acceso a las salinas de la costa. Valpuesta, sita junto a la Bureba, era frontera entre castellanos y alaveses, y comprendía Laredo y las actuales tierras vizcaínas de las Encartaciones hasta Orduña con su arciprestazgo.

Es decir, por vía eclesiástica el rey García III pasaba todas las iglesias de los territorios de Castella Vetula que habían sido incorporadas a su reino a la diócesis de Nájera-Calahorra, que se llegó a llamar diócesis de Castilla la Vieja, bajo preeminencia de Santa María la Real.

VILLA DE VALPUESTA
 

García III trataba los territorios castellanos como una prolongación del Reino de Pamplona-Nájera, sin tener en cuenta la soberanía leonesa cuyo representante era su propio hermano Fernando I.

Las fuentes en común acuerdan que hubo serios agravios personales entre los monarcas fraternos aunque para sus cortesanos más allegados éstos tuvieran también intereses de fondo en cuanto a posesiones y jurisdicciones limítrofes en el alto Ebro. Es una política religiosa muy fuerte quitarle una diócesis a Castilla en pleno siglo X, cuando los obispos eran autoridades religiosas y políticas de primer orden en cualquier reino. Por otro lado, aquella continua concentración de patrimonio y rentas en torno a monasterios como san Millán y de diócesis como la de Nájera, tan vinculados al Reino de Pamplona, fue una causa de carácter económico.

Ante este nuevo escenario geoestratégico, reaccionaron los nobles de villas castellanas como Espinosa de los Monteros, Medina de Pomar, Briviesca o Villarcayo, entre otras, que interpretaron la supresión de la diócesis de Valpuesta como un “jaque al rey” castellano-leonés. Los dos reinos decidieron resolver sus diferencias en una batalla en campo abierto.


MONUMENTO A GARCÍA III EL DE NÁJERA, MUERTO EN COMBATE EN ESTE CAMPO


La batalla de Atapuerca tuvo lugar en la llanura frente a la Sierra de Atapuerca entre las villas de Agés y Atapuerca, al nordeste de Burgos el día 1 de septiembre de 1054. Durante el enfrentamiento García III resultó herido de muerte por un noble castellano, falleciendo en los brazos de San Íñigo con menos de 40 años. Diluido el fragor de la batalla, los nobles navarros proclamaron rey a su hijo Sancho IV Garcés, que apenas contaba con 14 años de edad, después de haber rendido homenaje al vencedor Fernando I.

Los navarros guardaron campo durante la noche y vigilia para llevar el cuerpo inerte de García III en procesión fúnebre al panteón recientemente edificado por él mismo en Nájera: el monasterio de Santa María la Real.

Fernando I acudió personalmente junto a la capilla ardiente de su hermano y a la proclamación y jura de su sobrino como nuevo rey de Pamplona, al que prometió guardar bajo su protección como rey imperante en Hispania. Se concertó la recuperación de territorios castellano-alaveses y la frontera de ambos reinos en línea con el Ebro desde el camino de Santiago en Logroño como término de paz.

Fernando I se anexionó la comarca para su reino que era en ese momento territorio pamplonés. Un año más tarde, Diego Flaínez, padre del Cid Rodrigo Díaz de Vivar, reconquistaba los castillos, entonces pamploneses, de La Piedra y de Úrbel del Castillo que cerraban el paso a través del valle del alto Urbel.

Este hecho de armas es conmemorado en Atapuerca desde 1996 el último domingo del mes de agosto mediante unas jornadas medievales y la representación popular de la batalla.



REPRESENTACIÓN DE LA BATALLA