viernes, 8 de mayo de 2015

Versiones de la Canción de Roldán


La obra literaria más antigua escrita en francés, entonces llamado lengua d´oil, es la Chanson de Roland (Canción de Roldán). Entre las versiones castellanas hay una del escritor Benjamín Jarnés, y otra en verso del humanista Luis Cortés Vázquez. Es un poema épico que narra la muerte del protagonista y sus compañeros, víctimas de una emboscada al pasar por Roncesvalles. Es una continua exaltación del sacrificio de la vida en aras de la fidelidad y el deber. Llega a la cumbre de la expresividad cuando Rodan hace resonar su cuerno para llamar en su ayuda a Carlomagno, de cuyo ejército formaba parte.
 
Incurre en el error histórico de atribuir el ataque a los sarracenos, cuando en la realidad fue obra de las gentes del país. Pero esa falta es explicable teniendo en cuenta que en el ciclo épico carolingio que inicia, el Emperador aparece como un cruzado empeñado en liberar España de los musulmanes. Y también como el liberador e incluso creador del Camino de Santiago.
 
Así lo relata el cantar:
"Recostado bajo un pino está el conde Roldán, vuelto hacia España su rostro. Muchas cosas le vienen a la memoria. Mas no quiere echarse a sí mismo en olvido; golpea su pecho e invoca la gracia de Dios. A Dios ha ofrecido su guante derecho: en su mano lo ha recibido, ha llegado a su fin. Dios le envía su ángel Querubín y San Miguel del Peligro, y con ellos está San Gabriel. Al paraíso se remontan llevado el alma del conde. Ha muerto Roldán; Dios ha recibido su alma en los cielos. El emperador llega a Roncesvalles. No hay ruta ni sendero, ni un palmo ni un pie de terreno libre donde no yazca un franco o un infiel."

 
 
 
 
Esta materia épica fue desarrollada en un extenso poema en latín, obra de un autor desconocido, la Historia de Carlomagno y de Roldán. Materialmente es una parte del Códice Calixtino. Su originalidad consiste en relacionarse con el Camino a los héroes de otros cantares de gesta franceses, entre ellos el mismo Rolando.
 
Escribió Bédier en su libro clásico sobre Las leyendas épicas las siguiente declaración:
"Una bella idea juntarlos en las Landas de Burdeos desde los cuatro ángulos del horizonte poético y encaminarlas hacia la tumba apostólica de Galicia, repartiendo sus reliquias por el camino, para que como peregrino ya triunfantes protegieran a la iglesia todavía militarnte."

El autor anónimo atribuye el poema al arzobispo Turpín, uno de los compañeros de Roldán, suponiendo que no murió en Roncesvalles, sino que estaba convaleciendo de sus heridas. La autoría verdadera se ha discutido mucho, desde el siglo XVI, y también la relación de este texto con los demás del Calixtino. Lo evidente es que surgió a consecuencia de la peregrinación y a su servicio. Una de las leyendas que incluye es que los fresnos que hay en las márgenes del Cea, cerca de Sahagún, eran las lanzas que retoñaban la víspera de la batalla, señalando a los que habían de morir.
 
 
 
 
La entrada en España es otro poema, muy extenso, de caso dieciséis mil versos, escrito en Padua en la primera mitad del siglo XIV, en una mezcla de francés e italiano. Relata cinco años de fantásticos combates del ejército carolingio en la península Ibérica.
 
Guy de Borgoña presenta a Carlomagno disfrazado de peregrino, para entrar de espía en una ciudad enemiga. Al final se le aparece un ángel, emprende de veras la peregrinación con sus caballeros, y en Santiago reza y hace su ofrenda.
 
Aseïs de Cartago se escribió el año 1200. Supone al protagonista coronado rey de España por Carlomagno. Acosado por los musulmanes, el Emperador le reconquista el país. El autor conoce también el Camino que Bédier dijo que le parecía una guía. Por una ciudad, Luiserne, ya en Galicia, in villa Viridi, no es real. Carlomagno sólo pudo entrar en ella cuando el Apóstol derribó milagrosamente sus murallas. Desde entonces quedó despoblada, convirtiéndose en un estanque de aguas muy oscuras con peces negros. Por eso se ha identificado con el lago de Carracedo, y la ciudad con la Valverde de Lucerna sumergida en el lago de Sanabria, que sólo pueden ver quienes a sus bordes estén en gracia la noche de San Juan. El poema recoge la tradición del conde don Julián, que abrió el estrecho de Gibraltar a los moros para invadir España, en venganza por la deshonra de su hija, la Cava, por el rey Rodrigo.
 
De la Canción de Agolant sólo ha perdurado un fragmento. Es de fines del siglo XII o principios del XIII. Se desarrolla antes de la batalla de Roncesvalles, y debió ser uno de los cantares que hacían de prólogo a la Chanson de Roland.
 
Hacia 1350, en el mismo idioma de La entrada de España, Nicolás de Verona escribió La toma de Pamplona. El argumento es mucho más extenso que el título, pues la ciudad navarra aparece sólo al principio. Nada más tomarla, Carlomagno se propone liberar todo el Camino, terminando con la conquista de Astorga, que estaba defendida por un rey pagano, Estourgant. Sahagún, Mansilla y León se rindieron al ver la benevolencia de Carlomagno con Carrión.
 
 
 
 
En España, el Poema de Fernán González supone que un conde lombardo peregrina a Santiago y facilita la fuga del héroe, a quien el rey de León tenía preso. Otra versión atribuye a la esposa del protagonista, que estando de visita cambió su ropa por la del marido. Un episodio de la leyenda del Cid, supuesto peregrino a Santiago con veinte caballeros, cuenta que un leproso le pidió limosna en un tremedal. Por la noche durmieron juntos. El Cid se despertó al sentir un soplo a sus espaldas, y no al leproso sino a san Lázaro y vestido de blanco.
 
No es de extrañar el abrumador predominio de la literatura francesa en este capítulo de la historia de Navarra, pues durante esta etapa, la épica española era muy pobre comparada con la del país vecino en pleno Renacimiento Carolingio. Aunque por su parsimonia imaginativa haya tratado de hacer la competencia a la historia, en detrimento de la realidad de ésta, si bien ello sólo ha sido posible con la complicidad de los historiadores.