sábado, 25 de abril de 2015

Batalla de Valdejunquera


El Reino de Pamplona se inició con Sancho Garcés I (905-925), primer rey de la dinastía Jimena, que puso todo su empeño en recuperar los territorios arrebatados por los Banu Qasi del Ebro. Estos eran poderosos musulmanes que controlaban grandes territorios del valle del Ebro, descendientes lejanos del conde Casius, un aristócrata godo que se convirtió al Islam en el 714 para mantenerse en el poder.

El proyecto de Reconquista que emprendió Sancho I hacia el 910, la llevó a la práctica en el cuadrante suroccidental de la actual Navarra, entonces País de Deio, que comprendía las tierras entre el Arga y Álava. El resultado final fue la toma de la fortaleza de San Esteban sobre el monte Monjardín.

La batalla de Valdejunquera enfrentó un 26 de julio del 920 a los tres monarcas más poderosos de la península ibérica de comienzos del siglo X, es decir, a Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y Ordoño II, rey de León, contra Abderramán III, emir de Al-Ándalus. El escenario fueron los valles de Guesalaz y Yerri. Valdejunquera debió de corresponder a algún modesto paraje de Guesalaz, situado con toda probabilidad entre los concejos de Muez, Irujo y Arguiñano.

PINTURA DE ORDOÑO II DE LEÓN



El emir Abderramán, de claros orígenes navarros, viendo que sus generales eran derrotados una y otra vez por los reyes cristianos del norte peninsular, decide ponerse al frente de un poderoso ejército. Sale de Córdoba el 4 de junio del 920. Sancho Garcés I, el joven rey de Pamplona, mantiene a la sazón un férreo cerco a la ciudad mora de Tudela, que gobierna un Banu Qasi. El emir pasa por Toledo y enfila el camino de Atienza hasta alcanzar Medinaceli (Soria). Allí, en vez de internarse por el desfiladero del Jalón, ruta habitual del valle del Ebro, se dirige a tierras del Duero, donde emprende una dura represión, arrebatándole al rey de León las plazas que tres años antes le había quitado. Desde San Esteban de Gormaz, en apurada marcha de cinco días, cruza el Ebro y se presenta al fin en la sitiada Tudela, el 19 de julio, un mes y medio después.

El rey Sancho, incapaz de hacer frente a tamaña fuerza, retrocede a Calahorra y Arnedo, momento que debió de aprovechar para pedir ayuda a su amigo Ordoño, que según el historiador José María Lacarra, se hallaba por tierras de Nájera. Liberada la ciudad, el emir envía por delante a la caballería al mando del gobernador Banu Qasi, que por las inmediaciones de Sartaguda pasa el Ebro y toma al asalto la fortaleza de Cárcar. Pero no se detiene ahí, sino que se dirige hacia el corazón del País de Deio, arrasando todo lo que encuentra. El objetivo primordial tan al norte no podía ser otro que recuperar el castillo de San Esteban sobre el Monjardín, que el rey Sancho había conquistado hacia el 910.

La empresa prometía ser ardua, por lo que la caballería debió de esperar al emir, que se hallaba en Calahorra. Sancho desde Arnedo también se pone en marcha hacia Deio, acaso con el propósito de defender el enclave, pero viendo que el ejército del gobernador acampaba en Dachero o Dixarra, un paraje a orillas del Ega que mencionan las crónicas árabes, se lanza al asalto por el glacis del Montejurra, pero fracasa y se ve obligado a huir hacia los montes de la sierra de Andía, únicos que podían acogerlo en aquellas circunstancias. Al cabo de la jornada llega por fin Abderramán.


ESTATUA SANCHO I DE PAMPLONA


Por otra parte, Ordoño había conseguido unir sus fuerzas a las de Sancho en el transcurso de las últimas horas. El leonés habría cabalgado por Álava hacia el valle de la Barranca, y por el de Zumbel, entre Urbasa y Andía, habría ido al encuentro de Sancho. El más que previsible asalto moro al castillo del Monjardín quedaría descartado ante lo más apremiante: perseguir a los cristianos, a los que encuentran finalmente en los valles de Guesalaz y Yerri, bien porque buscaron un lugar propicio para el combate o bien porque acabaron atrapados tras la férrea persecución. El día de la lucha llega el 26 de julio del 920. El Emir logra vencerlos, causándoles gran mortandad. Los reyes huyen, salvándose por los montes. Los musulmanes emplean tres días en destruir pueblos y cosechas de los valles, y retornando al Ebro, por la ruta de Atienza se presentan al cabo de unas semanas en Córdoba, portando cientos de cabezas cristianas que exhiben orgullosos.


La batalla de Valdejunquera, de 920, es celebrada en Anzuola (Guipúzcoa) cada 15 de agosto de cada año, conocida como Fiesta del Moro. Indudablemente participaron los guipuzcoanos en la batalla ya que en aquellos momentos eran parte del reino de Pamplona. La realidad histórica es que Abd al Rahman III venció a los pamploneses bajo el mando del rey Sancho I Garcés y a los leoneses coaligados. Una tradición popular pretende que los mozos de Anzuola acudieron en socorro de los vascones llegando a ponerse en contacto con el enemigo musulmán al día siguiente de la batalla, que fue una derrota cristiana. Los de Anzuola, según la leyenda, se habrían apoderado de una bandera mahometana con otras presas.