miércoles, 25 de marzo de 2015

Escenario geo-estratégico de las provincias Vascongadas


Las Provincias Vascongadas forma un región áspera, intrincada, montañosa y fácil de identificar, e incluso de aislar por tierra desde su inmediato contorno. Su habitad natural tiende a quedar disperso y las comunicaciones entre las poblaciones y con otras gentes aparecen bastante dificultadas, dado el tipo de relieve sobre el que están trazadas.

Los núcleos vascos de población se encuentran instalados cerca o al borde de una costa, la del mar Cantábrico, y cerca de una frontera natural, la de los Pirineos occidentales. La concreción político-administrativa siempre se hizo con referencia a unos vecinos: el Reino de Francia al noroeste, el Reino de Navarra al sureste, más acá del horizonte ocupado por el Reino de Aragón, el Reino de Castilla al suroeste, o el Reino de Asturias-León al oeste. Las gentes están acostumbradas a vivir en comarcas rodeadas o al amparo e influencia de diferentes reinos, algo típico de la Cristiandad medieval europea.





La costa Cantábrica sirve de puerta de entrada y salida, y sus puertos están interconectados por la mar. Entre las villas marítimas de Castro Urdiales (en Cantabria) y de Hendaya (en Francia), las poblaciones marineras de los abrigos de Bilbao, de Plencia, de Bermeo, de Lequeito, de Deva, de Zumaya, de Zarauz, de San Sebastián y de Pasajes se reconocen como verdaderos accesos abiertos entre mar y tierra. Y en consecuencia, se ofrecen como villas de nacimiento para grandes marinos y valientes marineros.

Los montes Pirineos occidentales también tienen asimilada su función de portal de acceso, que se inicia desde la costa hacia el interior, remontando el ascendente curso del  río Bidasoa. Una pequeña comarca, Oyarzun, es el escenario de varias campañas militares, zona de gran interés estratégico para asegurar el conjunto urbano y portuario de Irún-Fuenterrabía-San Sebastián y organizar una línea defensiva en el valle del Baztán si desde el Pirineo francés intentan invadir la ciudad de Pamplona.

Durante las Edades Moderna y Contemporánea, la historia de las campañas militares realzó la necesidad de dominar el territorio en cuyo epicentro está Oyarzun. El contacto de la sociedad vasca con el fenómeno de la guerra terrestre se agudizó sobre esta zona. Ante esta realidad defensiva, numerosas familias nobles vizcaínas y guipuzcoanas oscilaron entre enrolarse en la Real Armada o sentar plaza de soldado en los Reales Ejércitos, atraídos por un oficio que siempre consideraron noble.

Otras comarcas con gran disponibilidad social al servicio de armas se encuentran en zonas montañosas más al sur, Las Amézcoas, y en una zona plana, la Llanada de Álava.




El curso alto del río Ebro se presenta como el límite meridional de influencia natural. Se trata de una línea defensiva que une Miranda del Ebro, tras el paso de Pancorbo, con la ciudad de Vitoria y con el corredor de la Burunda, el nudo de Alsasua y el valle de Ulzama, que acoge a los puertos de montaña de Orduña y Arlabán y a las ciudades de Oñate y de Tolosa.

Para la supervivencia de estas tierras era vital la defensa de sus costas y fronteras que en muchas ocasiones son consideradas simples límites de sus administraciones. Pero a lo largo de la historia, el País Vasco ha carecido de ambiciones territoriales expansivas a golpe de espada. Ha preferido tomar parte de la Reconquista y repoblación de los espacios que fueron toman al islamismo los reyes navarros, aragoneses, castellanos y leoneses.

Muestra poliorcéticas de sus intenciones defensivas son sus numerosas fortificaciones intencionadas: los castillos medievales, las ciudadelas renacentistas y los cuarteles modernos. Las más patentes son las situadas en el borde de sus costas y fronteras, denominadas salvaguardas o salvatierras. Muy característico de esta mentalidad defensiva es el complejo Irún-Fuenterrabía-Jaizquivel, cuyo norte defensivo coincide con el norte geográfico.

Hay una diferencia notable entre las necesidades defensivas de las dos capitales portuarias (San Sebastián y Bilbao) y la capital que integra las comunicaciones interiores (Vitoria). La capital alavesa se destina a nutrir de guarnición a unidades en formación o en fase de adiestramiento. Vitoria, al igual que Pamplona o Jaca, es una ciudad de pié de monte, una ciudad de fin de etapa y una ciudad fuerte o plaza fortaleza. Solo ella ha asumido temporalmente la tarea de sustentar una cabecera orgánica de Capitanía General para el territorio vasco en su integridad, del mismo modo que la asumida por Pamplona (o por Burgos) para Navarra.

En el País Vasco fue surgiendo una nítida preferencia familiar y social por servir a la Corona a bordo de embarcaciones de las Reales Armadas que en el seno de las Viejas Guardias de Castilla o en el contexto de los Tercios expedicionarios hacia Italia o Flandes. Hay en este aspecto una diferencia con Navarra donde ocurría justo al revés.

El conflicto hispano-francés por la hegemonía del Mediterráneo occidental y por el fortalecimiento de los demás reinos de la Cristiandad frente a la amenaza turca importó más a los jóvenes de navarros que a los vascos. Recíprocamente, la respuesta involucración vasca en el descubrimiento, conquista y colonización de las Indias fue mucho más contundente en las gentes de la costa del Cantábrico que en el interior del Reino de Navarra.